Ayano 1:

Las inspectoras del bosque

Necesito un segundo para procesar lo que me ha pasado esta mañana. Son tantas cosas que espero recordarlas todas. Veamos: tuve un sueño extraño con un pirata, desperté en una habitación distinta a la mía, mis orejas crecieron y ahora soy una elfa, al asomarme por la ventana descubrí que estoy en un bosque enorme, cargo un arco con varias flechas y en este preciso momento me dirijo junto a Chitose, Funami-san y Toshino Kyoko a inspeccionar la sección del bosque que nos corresponde. No, esto no tiene sentido. Solo para empezar, ¿por qué soy una elfa?

Recuerdo aquella ocasión cuando Toshino Kyoko me engañó para acompañarla a la Comiket hace un tiempo. Pasé todo el trayecto de Takaoka a Tokio sin entender que estaba pasando, sorprendida por la repentina expedición a la capital del país y aún más por el motivo de esta. Bueno, si tuviera que comparar mi desconcierto de aquella ocasión con esta, ¡no sería ni la décima parte! Ni siquiera los inventos descabellados o los robots gigantes de Nishigaki-sensei me provocan tal impacto. Ya me acostumbré a ellos y no estoy segura de que eso sea algo positivo.

Pero esto... todo esto es algo completamente diferente y lo supera con creces sin importar por donde lo vea. ¡Hasta mi cuerpo ha cambiado! Muy bien, debo tranquilizarme. No comprendo qué ha pasado, pero no ganaré nada si solo me torturo una y otra vez buscando respuestas que no tendré con solo pensar en lo ocurrido. Será mejor aceptarlo y seguir adelante mientras busco respuestas. Estoy atrapada en otro mundo, uno muy diferente al que pertenezco. Lo más extraño de esto es que aquí se encuentran también muchas personas conocidas, no solo Chitose, Funami-san o Toshino Kyoko. En mi habitación hay un documento firmado por Nishigaki-sensei, así que ella también existe en este mundo. Supongo que Matsumoto-senpai también tiene una curioso, sin importar a donde vea, encuentro rostros familiares por todas partes. Reconozco a varias alumnas de Nanamori; muchas son humanas y hay otras tantas iguales a mí, con orejas alargadas; incluso vi a alguien con orejas de gato. ¿Ah? ¿Esos son unos centauros? No puede ser, terminé en un mundo de fantasía.

—¡Ah! Que buen clima hace hoy. Una mañana refrescante, ¿verdad? —comenta Toshino Kyoko de pronto. Veo que a lo lejos saluda a alguien.

—El clima tan amable debe ser buena señal —continua Chitose. Está sonriendo y su voz suena tranquila, igual a la Chitose que conozco. Hasta donde he visto, mantienen la misma personalidad que en mi mundo—. Este será un buen día para la inspección.

—Eso espero. Ahora vamos con las aprendices y no quiero tener dificultades con nada —dice Funami-san con la mirada fija en Toshino Kyoko—. ¿Verdad, Kyoko?

—Yo siempre me porto bien —responde con una graciosa expresión de molestia. Así que no solo las personalidades son iguales en este mundo. Parece que nuestras vidas tampoco difieren demasiado… excepto por el entorno. Creo que ya puedo hacerme una idea de quienes son nuestras aprendices.

—Y por eso nos atacaron esos fugultopps la semana pasada.

—¡Eso fue un accidente y lo sabes! —se defendió Toshino Kyoko de inmediato. Eso confirma que sí fue culpa suya, pero se niega a aceptarlo. ¿Y que serán los fugultopps? ¿Debo tener cuidado con esas cosas?—. Me tropecé por cargar con todas esas cajas y una cayó sobre su nido. Además, Sakurako también estaba jugando carreras conmigo.

—En serio… —suspiró Funami-san—. Kyoko, debes ser más responsable. Somos el modelo a seguir de varias aprendices, no solo de las nuestras. Y por alguna razón tú eres de las más admiradas.

—Debe ser por mi carisma natural, o por lo linda que soy, o por el gran talento que tengo como artista y pateando monstruos al mismo tiempo —se cruza de brazos, fingiendo pensar en todas sus cualidades. Bien, tal vez en este mundo sea más soberbia.

—Eso no podemos negarlo, pero deberías ser más precavida…

Pateando monstruos… ¿dijo pateando monstruos? Un momento, ¿eso significa que en este mundo existen monstruos y peleamos contra ellos? Y yo soy una elfa, cierto, en verdad tiene sentido que existan seres malignos si hay elfos en este lugar. Entonces la inspección se refiere a que debo tratar con monstruos, ¿o será otra cosa? Ya me puse nerviosa por eso. Acabo de llegar a este lugar y ahora debo pelear con algún monstruo… No es justo, ni siquiera tengo idea de que debería hacer o como pelear. Es verdad que tengo un arco y varias flechas conmigo, pero a diferencia de la Ayano de Tibitha, yo nunca he tomado un arma en mis manos. ¿Qué haré si debo pelear contra alguien? Si no puedo defenderme, seré una carga para ellas y eso no puedo permitirlo; por defenderme, tendrán que descuidarse y saldrían heridas. Ah… ¿por qué tenía que pasarme esto?

—Ayano, has estado muy callada —de pronto me habla Chitose. Sus ojos están fijos en mí y parece preocupada. Bien, ya notó que algo anda mal en mí, era cuestión de tiempo—. ¿Te sientes bien?

—Sí, sí, estoy bien. Ya sabes, solo es que dormí un poco mal —miento al decir esto. La verdad es que dormí muy bien y el malestar que sentía al despertar desapareció a medida que caminábamos. Noto que Chitose aún tiene una expresión de preocupación. Podrá ser otro mundo y ella no será la amiga que hice en Takaoka hace tiempo, pero siento un pequeño remordimiento por mentirle así. Por respeto a la amistad entre ella y mi yo de este mundo, creo que será decirle la verdad, al menos parte de esta—. Tuve una pesadilla y…

—¿Una pesadilla? —sus ojos se abrieron en una expresión de pánico y se llevó una mano a la boca, queriendo suprimir un grito. Eso solo me pone más nerviosa. ¿Tan malo es tener pesadillas en este mundo?—. ¿Qué clase de pesadilla? ¿Quiénes estaban ahí? ¿Era sobre la inspección de hoy?

Definitivamente debí quedarme callada. Ahora no solo yo estoy asustada, también Chitose lo está y si Funami-san o Toshino Kyoko nos escuchan, se pondrán igual. Por suerte siguen discutiendo. Sea lo que sea, tengo que calmarla antes de que las demás sospechen algo. Intento sonreírle, pero es difícil con todo el alboroto que ella misma provoca. Solo me queda tomarle una mano y fijar mis ojos en los suyos para tranquilizarla un poco y poder pensar mejor en mi respuesta.

—No fue nada relacionado con la inspección. Ni siquiera soñé con el bosque —procuro hablarle en voz baja. Poco a poco, su expresión se relaja, aunque aún parece asustada—. Fue algo muy diferente, era una habitación. No creo que sea el lugar para contártelo.

—Tienes razón, no queremos asustar a las demás —Chitose, deja de preocuparme de esa manera. No creo que mi sueño con el pirata Leo pueda considerarlo una pesadilla.

—Podríamos ir a mi casa después de la inspección para hablar de esto.

—Está bien, no tenemos que alterar a las demás por ahora. Solo espero que no sea nada aterrador como la última vez.

—No, nada de eso. Más que aterrador fue… extraño —¿qué quiere decir eso de "como la última vez"?

Esto ya no me está gustando para nada, pero, aunque me de miedo, tengo que investigar sobre este mundo y sobre quien era mi yo en este lugar. Quería agregar algo más, pero justo cuando estaba por hablar, sentí un fuerte jalón en mi brazo. La voz de Toshino Kyoko se hizo más fuerte y, sin darme cuenta de cómo pasó, ya estaba a su lado, siendo abrazada por ella. ¡Ah! ¿Có-cómo pasó? Estaba tan concentrada en Chitose que no pude reaccionar.

—Además, si algo malo pasa, tenemos a la poderosa Ayano en nuestro equipo —la escucho decir. No estoy segura de que hablaban, pero me siento alagada... ¡y aterrada! Estoy demasiado cerca de Toshino Kyoko como para decirle algo. Por más que quiero responderle, no logran salir palabras de mi boca. Ya sé que no es la misma Toshino Kyoko que conozco, pero actúa igual que ella y me siento igual de nerviosa ahora que estamos tan cerca. Y es que no importa cómo lo vea, ambas son la misma persona, pero cada una adaptada al mundo en el que vive.

—No puedes depender de Ayano para resolver tus errores todo el tiempo —le regaña Funami-san. Parece cansada de decirle eso.

—A-así es Toshi… digo, Kyoko —tengo que forzarme por hablar como lo haría mi yo de este mundo. No debo mantener la pronunciación japonesa o me verán raro. Con un paso me alejo de ella y como la responsable vicepresidenta del consejo estudiantil que soy, tomo la actitud más autoritaria posible—. Tú debes ser responsable por tus actos y no esperar a que yo los solucione.

—Y lo soy, pero a veces hay cosas que se escapan de mis posibilidades —responde haciendo un puchero. ¡Eso es trampa! Busco a Chitose con la mirada, esperando obtener algo de ayuda, pero es inútil. La encuentro sin anteojos, con la mirada perdida y sangrando de la nariz.

—E-eso es asunto tuyo. Solo hazte responsable de tus errores y se buen ejemplo para tu aprendiz.

—Como digas, capitana Ayano —responde haciendo un saludo militar y sin dejar de sonreírme. Me gusta mucho que siempre sea tan alegre, pero, como puedo ver, no importa en que mundo se encuentre, Toshino Kyoko siempre será igual de descuidada.

Continuamos el camino por unos minutos más hasta llegar a un túnel construido con un tronco gigantesco. ¡Es del mismo tamaño que el edificio principal de Nanamori! Está por completo hueco; la corteza del árbol es tan gruesa que, pese a la altura, se alcanza a ver a la perfección. Por dentro y por fuera se ve como varias plantas crecen entre las grietas del tronco, algunas parecen solo manchas verdes como el musgo, pero hay otras que sobresalen por lo largas que son. Cerca del techo se ve a varios pajarillos de colores brillantes salir volando desde su nido y, alejado de estos, hay una criatura muy parecida a un búho con una cola larga y un par de plumas sobresaliendo de su cabeza. No dejo de repetírmelo, esto es una obra de fantasía… parece que entré a un videojuego. A un lado del túnel hay varias piedras apiladas y, sentadas sobre estas, noes esperan nuestras aprendices. Tal como lo pensé, estas aprendices son nuestras amigas de primer año. En cuanto nos ven, nos saludan con un gesto de mano excepto por Yoshikawa-san. Es difícil dejar los honoríficos. Intentaré llamarlas por sus nombres.

—¡Maestra Yui! —grita dando un salto de la piedra y corriendo hacia Funa… digo, Yui. Al paso le saltó Toshino Kyoko para atraparla pero, para mi sorpresa, un remolino se formó ante ella y la apartó del paso de Chinatsu. ¿Eso fue magia?

—Que ruda eres con tu otra maestra, Chinatsu —le dice Toshino Kyoko desde el suelo.

—Ah… disculpe por eso, maestra Kyoko —le responde sin mostrar el menor arrepentimiento. Se vuelve de nuevo hacia Funami-san y aferrandoce a uno de sus brazos, continuó con su saludo, ignorándonos a Chitose y a mí—. Maestra Yui, estoy lista para la inspección de hoy. Traje todo lo que nos pidieron y algunas cosas más. Sé que todo nos será muy útil.

—Muy bien, Chinatsu. Me gusta que seas así de precavida —responde Yui. Por su rostro, parece que está sufriendo con el agarre, contrario a la amplia sonrisa de Yoshikawa-san. Perdón, Chinatsu. He visto esa imagen tantas veces—. Disculpa, pero mi brazo…

—¡Estamos listas para partir, maestra! —gritó Sakurako acercándose a mí. Supongo que ella es mi aprendiz.

—Sakurako... no incomodes a tu maestra tan temprano —comenta Himawari. Ella viste una túnica parecida a la de Chitose con un gran estampado de un girasol sobre el pecho—. Entiendo que estés emocionada, pero tómalo con calma.

—Lo tomo con calma, pero también le doy prioridad —Alza los brazos. Cielos, tiene los músculos muy marcados en este mundo—. Algún día seré la mejor inspectora de bosques y luego una gran aventurera.

—Tienes una aprendiz muy entusiasta, Ayano —dice Chitose. No sé porque, pero me viene a la mente aquella vez en que Oomuro-san intento imitarme por toda una tarde. No quiero pasar de nuevo por eso, fue algo incomodo—. Eso es bueno.

—Eso creo, aunque a veces puede ser demasiado entusiasta —espero haber dicho algo correcto.

—¡Muy bien tropa! —Toshino Kyoko toma la iniciativa. Mientras hablaba con Chitoses, ella se paró frente a nosotras y desenrolló un mapa. Es el mismo mapa del bosque que tengo en mi habitación de este mundo, solo que tiene encerrado un sector con un círculo rojo—. La comandante Nishigaki nos manda a esta sección del bosque para una inspección de rutina.

—¿Han reportado algo extraño ahí? —pregunta Himawari.

—No realmente, pero cerca de ahí parece haber actividad humana fuera de lo común. Como les dije, solo es una inspección de rutina.

—No puede ser muy complicado entonces —escucho a Chinatsu murmurar. Parece que mi oído es más fino en este mundo.

—¡Entonces andando! Por cierto, ¿alguien ha visto a Akari?

—Aquí estoy, Kyoko.

Todas saltamos del susto. Akaza-san de pronto apareció a un lado de Toshino Kyoko. Ella estaba calmada, mirando extrañada nuestra reacción a su repentina respuesta.

—¡Akari! ¿En dónde estabas?

—Todo el tiempo he estado aquí —dice ella, pero estoy segura que hace un momento no estaba con nosotras. ¡Apareció de la nada!


Mientras caminábamos hacia el punto de reunión con las aprendices, me estaba preguntando en que consistiría la inspección. No sabía nada de lo que haríamos una vez en nuestra área asignada ni cómo debía proceder, ni siquiera sabía cuáles son las condiciones normales del bosque donde vivimos. En el trayecto pude ver animales extraños, como ardillas del tamaño de un perro grande o unos pájaros de mi tamaño cuyos picos eran alargados y parecían estar hechos de piedra. Esos son los fugultopps de los que hablaron Yui y Toshino Kyoko. Por lo demás, creo que estaba preocupada por nada. A grandes rasgos, la inspección solo consistió en buscar árboles talados, plantas maltratadas y cualquier rastro de actividad anormal en la sección del bosque que debíamos revisar. Lo más difícil fue esto último, pues no encontraba la manera de buscar dichos rastros; no había huellas ni nada parecido. Entonces Chitose y Himawari tomaron sus respectivos bastones, arrojaron un polvo brillante al suelo y recitaron un hechizo que no pude entender muy bien. De inmediato, el suelo brilló con un destello blanco dejando ver unas pisadas parecidas a las de un animal de gran tamaño.

—Oh… entonces sí había algo por aquí —menciona Sakurako al mirar las huellas que se dirigían a los arbustos.

—Parece que son de un skogbalí joven —agrega Furutani-san acercándose a las pisadas. Yo hago lo mismo, más que nada para ocultar mi desconocimiento del animal que produjo esas huellas—. Debió pasar por aquí hace unas horas.

—¿No se supone que su sector está al sur del bosque?

—Tranquila Chinatsu, aunque es raro verlos por aquí, suelen avanzar hasta esta parte del bosque —le responde Toshino Kyoko llevando sus manos a la cintura—. Puede que aún esté cerca y eso es peligroso. Son seres territoriales y se ponen agresivos si invadimos su madriguera.

—Pero no encontramos ninguna durante la inspección —digo. De nuevo siento que los nervios quieren invadirme, pero hago lo mejor para controlarme.

—Lo más seguro es que solo estuviera de paso —nos dice Yui cerrando una libreta. Se guardó la pluma en un bolsillo—. Será mejor volver a dar nuestro informe.

—Bien, pero aun así tengan cuidado de donde pisan.

Estábamos por retirarnos, cuando noté que Sakurako estaba mirando entre los arbustos. Ella suele ser muy distraída y siempre se pierde en sus pensamientos, pero hasta donde la conozco, ella hubiera sido la primera en salir corriendo al escuchar que acabamos nuestras labores del día. Me acerco a ella y trato de ver sobre su hombro. No me cabe la menor duda, está buscando algo.

—¿Se te cayó algo, Oomu…este, digo, Sakurako?

—No, Himawari ya guardó todas mis cosas—responde sin darle mucha importancia. Se da la vuelta y me mira fijamente—. Hoy has actuado al raro, maestra. A todas nos has llamado por nuestro apellido.

—¿Eh? Ah eso… bueno es que ya empezaba a olvidarlos y quería asegurarme de que aun podía recordarlos —digo con una risa. Que mala excusa inventé, pero a juzgar por su cara, se la creyó—. Pero dime, ¿qué buscas entonces?

—¡Oh! Es que nos falta Akari.

¿Akaza-san? Me doy la vuelta y empiezo a contarnos. Dos, cuatro, seis, siente… Es verdad, nos falta ella. ¿Cómo es que no nos dimos cuenta? Aunque eso siempre pasaba en mi mundo, Akari Akaza suele desaparecer y reaparecer de la nada. O quizá solo ignoramos su presencia, pero no entiendo cómo puede pasar. Le hago señas a Toshino Kyoko para que se acerque. ¡No me veas con esa cara de desentendida! Claro que te estoy hablando, así que ven acá.

—¿Qué ocurre Ayano? —pregunta cuando al fin logro hacer que se acerque.

—Yo debería hacerte las preguntas a ti. ¿No te das cuenta que nos falta tu aprendiz?

—¿Akari? Ja, pero si ella está justo aquí —con toda la seguridad que puede, señala un punto del bosque a su espalda donde solo hay plantas. Ella se da la vuelta y comienza a buscar con la mirada a Akaza-san hasta que cae en cuenta de su ausencia—. ¡Ah! ¡Es verdad! ¡Akari no está!

—¿Otra vez desapareció? —reclama Yui—. Te dije que debías vigilarla muy bien.

—¡Estaba a mi lado hace unos segundos! —responde Toshino Kyoko. ¿Uh? Creo que escuché algo sobre los gritos de mi equipo, pero no distingo que es.

—Chicas, no empiecen a gritar —les dice Chitose. Gracias, ahora puedo escuchar mejor ese ruido, aunque sigo sin identificarlo—. Tenemos que ir a buscarla, no pudo ir muy lejos.

—Aun así, será complicado. A Akari se le da muy bien desaparecer su presencia —comenta Yui con un suspiro. Creo escuchar un grito y algo más… ¿gruñidos?—. No sé cómo lo hace.

—Hemos intentado controlar esa habilidad suya, pero sigue activándola de manera inconsciente —la voz de Toshino Kyoko me distrae… pero estoy segura de que escucho un grito y unos gruñidos que cada vez se vuelven más fuertes. Si tan solo guardaran silencio un momento—. Yo digo que nosotras empecemos a buscar a Akari y las aprendices pueden esperarla aquí.

—Me parece buena idea —dice Chitose—. ¿A quién dejamos a cargo?

—¡A mí, a mí! —grita Sakurako con fuerza. ¡Basta! Necesito un poco de silencio—. Soy la aprendiz de la líder del grupo, deben dejarme a mí.

—Yo no creo que seas la opción más sensata —le contradice Himawari. Ya van a empezar a pelear… debo evitarlo.

—¿Y tú si lo eres, bruja pechugona?

—¡¿Cómo me llamaste?!

—¡Disculpen! —grito con fuerza. De inmediato todas me voltean a ver sorprendidas. Me da algo de pena y sé que fui grosera, pero de alguna manera debía conseguir que guardaran silencio—. ¿Pueden dejar los gritos? Creo que escuché algo.

Ahora que nadie está hablando, puedo escuchar con atención los alrededores. Ya no tengo dudas, al volverme una elfa mejoró mi audición. Ahora concéntrate… estoy segura de escuchar un grito y parece que es de Akari. ¡Sí! Es ella y se está acercando por…

—¡Por ahí! —señalo los arbustos detrás de nosotras. El grupo retrocede y toman sus armas, precavidas en caso de algún ataque. Las plantas se empiezan a sacudir hasta que de estas sale Akaza-san, cubierta de hojas y ramitas. Está asustada y no para de gritar.

—¡Lo siento! No quería incomodarte —grita. Oh… los gruñidos también se acercan y en verdad parecen molestos.

Tal vez sea porque no pudo detenerse y el pánico le hizo correr en línea recta o solo tengo muy mala suerte, pero Akari sigue su paso y no se detiene hasta casi estrellarse conmigo. Me toma del hombro y con un salto, termina detrás de mí. Los gruñidos continúan, cada vez haciéndose más fuertes. Los arbustos por donde ella salió se siguen agitando hasta que de estos sale un... un... ¡es un jabalí muy grande! Tiene el tamaño de un automóvil ¡y se dirige hacia mí! ¡Detente, detente! No sé si fue por un reflejo o porque lo hice, pero extendí ambas manos hacia el jabalí. Sentí como Akaza-san se aferraba a mi ropa mientras las demás gritaban mi nombre o solo buscaban distraer al animal. Cierro los ojos con fuerza y siento como si algo fluyera por mis brazos. Escuché un golpe seco y luego silencio.

—¡Wooo! ¡Así se hace Ayano! —escucho el grito eufórico de Toshino Kyoko. Después de ella, las demás también celebran lo que acaba de ocurrir.

Abro mis ojos. Aún tengo las manos extendidas hacia el jabalí, pero en vez de verlo a él, frente a mi hay unas raíces gruesas que parecen una jaula en la cual está atrapado el animal. Eso... ¿eso lo hice yo? Puedo escuchar que mis amigas y compañeras celebran lo que hice, que Akari me agradece por salvarla y también pide perdón por el inconveniente, pero no puedo concentrarme en sus palabras. Solo puedo mirar mis manos.


Extracto del Archivo General de Bestias y Monstruos de Tibitha.

Fugultopp. Ave nativa del Gran Bosque de Tudoria. Pueden medir entre un metro y medio a un metro setenta centímetros de altura. Con las alas extendidas pueden medir poco más de dos metros. Su pico está hecho de un hueso tan duro que parece una roca. Principalmente lo utilizan para perforar los árboles en los cuales construyen sus nidos, pero no dudaran en atacar a picotazos a cualquiera que invada su hogar. Suelen vivir en grupos de hasta 10 individuos y, pese a su tamaño, se alimentan únicamente de insectos.

Skogbalí. Porcino nativo del Gran Bosque de Tudoria. Si bien su habitad natural es la sección sur del bosque, cercana a la capital del reino, la actividad humana y las áreas de ganadería le han desplazado a otros sectores. Es común verlo en las secciones centrales y occidentales del bosque. Su alimentación consta principalmente de plantas verdes, hongos y raíces, aunque algunos investigadores señalan que algunos skogbalí pueden comer insectos y roedores pequeños a falta de sus principales alimentos. Son muy territoriales, no dudarán en perseguir a cualquiera que se les acerque.

La Gran Domadora Dia Trory los define como animales poco inteligentes y sumamente irritables, algo que les vuelve ineficientes en batalla. Recomienda no intentar domarlos.