Kobayashi 1:
¡Al ataque!
Abro la puerta de mi habitación y me acerco al armario. Sabía que esto pasaría en algún momento, así que debía estar preparada. Hasta donde he investigado, mi yo de este mundo es una guerrera de leyenda conocida como la caballero dragón que nace cada quinientos años y recibe ese título por su facilidad para relacionarse con los dragones.
Independiente a si es hombre o mujer, el título de caballero dragón se refiere a una persona que es amada por los dragones y no solo puede hacer alianza con ellos, también es capaz de usar su poder en batalla. Esto último me parce algo difuso, ¿quiere decir que puedo usar a los dragones a mi favor o yo misma puedo lanzar fuego o rayos? Ayer intenté usar alguna habilidad de dragón, pero no ocurrió nada. Supongo que eso se debe a mi desconocimiento de este mundo y su naturaleza, en verdad no tengo idea de que pueden hacer los dragones en esta realidad porque en la mía no existen.
Pero no tengo tiempo que perder. La familia de Saikawa está en problemas y debo ayudarles cuanto antes. Hasta donde sé, esta región ha sido atacada durante mucho tiempo por diferentes bandas de ladrones. El rey me mandó a cuidar este lugar porque es una ruta comercial muy importante, pues conecta a la capital con los puertos. Sí, supongo que tiene sentido tanto la presencia de todos esos bandidos y que la Kobayashi de Tibitha viva en un pueblo como este a pesar de su importancia. Personalmente no me incomodaría un lugar así, es tan tranquilo y el paisaje es hermoso. Excepto cuando lo atacan criminales peligrosos. ¡Debo darme prisa!
Llego al primer armario y lo abro. Dentro está la armadura que uso pelear, lista para ponérmela y salir a la acción cuanto antes. ¿Qué tan frecuentes son los ataques? Me paro frente a esta y con solo tocarla, sus partes se separan del perchero para flotar directo a mi cuerpo. Esto de la magia tiene muchas ventajas. Algo que llevaría mucho tiempo se vuelve inmediato gracias al hechizo que tiene la armadura. Je, me siento como la heroína de un manga durante el proceso de transformación. Por último, tomo el casco en mis manos y me lo pongo. Es la única parte de la armadura que no está encantada. Bien, hagamos esto. No puedo negarlo, tengo miedo por lo que pueda ocurrir en el campo; nunca he estado en una pelea y me aterran los resultados que esto pueda tener, pero no es motivo para detenerme ni acobardarme. Las personas de esta región cuentan conmigo para proteger sus tierras. No seré la persona que ellos creen, pero estoy ocupando su lugar. A pesar de mis temores, tengo la obligación de defenderlos. Además, tengo a mi lado la fuerza de Tohru; dudo que esos bandidos puedan hacer algo en contra de un dragón.
—¡Estoy lista, Kobayashi! —la puerta se abrió y Tohru entró gritando. Me doy la vuelta, lista para salir del castillo. Ella se ve muy emocionada por esto, aunque no ha dejado de usar su traje de sirvienta. Quisiera preguntarle si está bien ir a pelear con esa ropa, pero descubriría que no soy la Kobayashi de este mundo—. Esos miserables bandidos recibirán su castigo por atacar estas tierras.
—No pierdas el control Tohru —tengo que decir eso, se ve decidida a todo y de su boca salieron pequeñas flamas—. Vamos a detenerlos y capturarlos, no matarlos, ¿entendido?
—Siempre eres tan considerada con los enemigos, aunque no lo merecen —de acuerdo... esta Tohru me da un poco de miedo cuando habla de esa manera. Es diferente tratar con ella aunque tenga la misma personalidad que la Tohru de mi mundo; cuando está feliz es demasiado empalagosa y busca cualquier pretexto para abrazarme. Ambas son así y también pueden ponerse muy serias cuando se trata de algo importante o ven algo que consideran incorrecto. Y claro, aunque las dos pueden hablar de una manera tenebrosa, esta Tohru es mucho más peligrosa—. Esas escorias deben ser aniquiladas.
—Pero también necesitamos saber de dónde vienen y que buscan en realidad. Ya pagaran sus crímenes en prisión.
—Eres tan compasiva con todos —dice en un suspiro—. ¡Casi como una diosa!
—No es para tanto —al igual que la Tohru de mi mundo, no duda en elogiarme de maneras exageradas—. Andando, ya perdimos mucho tiempo.
—No te preocupes, Kobayashi. ¡Llegaremos en un instante!
Ambas salimos corriendo de la habitación, avanzamos por el pasillo al mismo paso. Puedo escuchar como el metal de mi armadura se golpea al avanzar y la espada a mi costado permanece en su lugar a pesar del movimiento. No solo he recibido las habilidades de mi contraparte de Tibitha, también estoy ocupando su cuerpo. Con mi condición física actual, difícilmente podría moverme con esta indumentaria y, claro, noté que mis músculos están más desarrollados en este mundo. Ahora me tengo cierta envidia. Si regreso a mi mundo, buscaré el tiempo para inscribirme a algún gimnasio. En un instante llegamos hasta las puertas del castillo donde nos esperaban Kanna y Saikawa. Ambas mantienen sus manos sostenidas. Saikawa aun solloza mientras Kanna intenta consolarle y le dice que todo estará bien. En cuanto ambas nos ven, se nos acercan, obligándonos a detenernos.
—Kobayashi —me dice Kanna. Sus ojos azules parecieran brillar y aunque su voz permanece tranquila, es evidente que está molesta—. Yo también quiero ir.
No me sorprenden esas palabras. Al igual que en mi mundo, Kanna es muy amiga de Saikawa y pasan mucho tiempo juntas. Todos los días regresan juntas de la escuela, a veces Saikawa se queda a comer en mi departamento o Kanna va unas horas con ella. De pronto tengo que ir por Kanna después del trabajo porque se queda hasta tarde con su amiga, aunque eso es siempre un problema. La hermana de Saikawa es fanática de las sirvientas, igual que yo, y podemos pasar un largo rato hablando sobre eso. Por cierto, en este mundo, ella es una de las sirvientas que trabajan en mi castillo. Demonios, y justo hoy es su día de descanso tenían que atacar a su familia.
—Aprecio mucho que quieras acompañarnos, pero es mejor que te quedes aquí.
—Pero yo también puedo pelear.
—Lo sé y contigo sería más rápido —por cierto, creo que olvidé decirlo antes, pero Kanna también es un dragón. Aunque aún sea una niña, en su verdadera apariencia es tan grande como Tohru y en extremo poderosa. No quiero imaginar cómo será cuando crezca —. Pero debes quedarte aquí y cuidar de Saikawa. Ella te necesita en este momento.
Solo me mira en silencio. Cuando se pone así es difícil imaginar en qué está pensando o como ha tomado mis palabras.
—Está bien. Me quedaré con ella y la protegeré.
—Cuento con eso, Kanna —le digo. Acaricio su cabeza para despedirme y al fin abro las puertas para salir del castillo.
Apenas pongo un pie afuera, me encuentro con una multitud preparando varias carretas con agua y otras con unas jaulas para apresar a los bandidos. La gente me ve y, aunque puedo ver sus expresiones de alegría, ninguno se detiene a decirme algo o pedir indicaciones. De inmediato comprendo que eso es porque ellos ya saben cómo deben actuar en estas situaciones. Los ataques de este tipo deben ser más habituales de lo que pensé. ¿Por qué será? Algo me dice que esto no se trata de una simple pandilla de bandidos, debe existir otro motivo detrás de estos ataques. Pero ya me preocuparé de eso después.
—Tenemos todo preparado, Kobayashi —Takiya es el primero en hablarme. También lleva una armadura, aunque más ligera que la mía. Detrás de él esta Fafnir que se acerca a Tohru, ignorándome por completo—. Nosotros nos encargaremos de apagar el fuego, así que puedes ir tras esos tipos con toda libertad.
—Excelente. Te lo encargo, esas tierras son muy importantes.
—Lo sé. Y más porque la familia Saikawa es muy amiga tuya.
—Más te vale no dejar que esos miserables bandidos se escapen —escucho a Fafnir hablar a mis espaldas. Me doy la vuela. Pensé que me hablaba a mí, pero estaba equivocada. Sus palabras eran para Tohru.
—No lo harán. Ya verás cómo los atrapamos a todos, ¡no importa cuantos sean! —le responde con mucho entusiasmo. Supongo que los dragones tienen un gran espíritu de combate—. ¿Verdad, Kobayashi?
—¡Seguro! Ahora vamos por ellos antes de que sea tarde.
—¡Entendido!
Ya lo había visto hace un par de días, pero el proceso de transformación se sintió igual de sorprendente. El cuerpo de Tohru comienza a brillar hasta que no puedo distinguir nada de ella; se ha vuelo una silueta luminosa que crece a cada instante hasta alcanzar un gran tamaño. Su figura humana poco a poco adopta la forma de un dragón, con una larga cola que se enrosca ante mí; las alas le brotan del torso y los cuernos sobresalen de una cabeza alargada. A medida que el brillo se debilita, puedo ver las escamas verdes de Tohru, sus grandes colmillos y sus brillantes ojos. La transformación ha terminado y yo solo puedo verla sin decir nada, la impresión es tan grande. No estoy segura si podré acostumbrarme a esto.
—¡Vamos Kobayashi! ¡No hay tiempo que perder! —escucho su voz en mi cabeza. En ese estado ella no puede hablar, pero utiliza telepatía para comunicarse.
Ahora tengo un problema. Debo subir a su espalda, pero no sé cómo hacerlo. Supongo que si uso la cola como escalón… sí, funciona y es más firme de lo que pensé. Sus escamas son suaves, pero no me resbalo al contacto. Bien, subiré poco a poco para evitar cualquier incidente. No es fácil hacerlo, pero creo que voy bien, solo debo tener cuidado de no lastimarla y no perder el equilibrio. Con cuidado… cuidado… ¡Ah! Resbalé un poco, pero estoy bien.
—Oye Kobayashi… ¿te encuentras bien? —me pregunta Takiya. Por su voz no puede creer lo que ha visto y su mirada lo confirma. También Fafnir mantiene la vista fija en mí, sin decir una sola palabra. Desde que lo vi aquí por primera vez no ha dejado de mirarme en silencio.
—Sí, sí. Lo estoy. No se preocupen por mí y sigan con el plan —les digo fingiendo toda la seguridad que puedo, aunque por dentro estoy demasiado nerviosa. Confío en que me pase lo mismo que durante ese entrenamiento y pueda pelear como lo hace mi yo de este mundo. Por fin llego al lomo de Tohru, justo sobre su cuello—. ¡Lista! Vamos Tohru, ya perdimos mucho tiempo.
—No te preocupes, llegaremos en un instante.
Quisiera decir que esa fue solo una expresión como suele usarse en mi mundo. ¡Pero no es así! No estoy segura si está utilizando alguna magia especial o esta es la velocidad a la que siempre vuela, ¡pero vamos muy rápido! Solo han pasado unos segundos y el castillo ha quedado atrás, tanto que ya se ve muy lejano. Debajo de nosotras se distinguen las casas de los vecinos, la calle principal y algunas personas que caminan con total calma, como si nada estuviera pasando pero que al vernos se detienen. Supongo que ya saben que significaba ver a Tohru en el cielo. Cada vez nos acercamos más a nuestro destino. Puedo ver varias parcelas en llamas, aunque el humo aun es escaso, debe ser porque el incendio apenas comenzó. Logro distinguir una casa y frente a esta a unas personas rodeadas por varios sujetos armados. ¡Ahí están los bandidos!
—¡Tohru!
—¡Lo sé! Esos malvados pagaran.
—¡Cuidado, tienen varios arqueros!
Y en cuanto lo dije, varias flechas volaron hacia nosotras. Pensé que Tohru intentaría evadirlas, pero en vez de eso las recibió sin ningún daño; las puntas de los proyectiles golpearon su cuerpo y rebotaron sin provocarle ni una sola herida. A pesar de eso, los arqueros continúan atacando de manera desesperada, no apuntando a Tohru, sino a mí. Las flechas siguen subiendo sin descanso y golpean a Tohru en el pecho y estómago, pero ni una sola es capaz de lastimarla. Ah, por fin se han quedado sin flechas. ¡Es nuestra oportunidad! Apenas nos dan un descanso, Tohru aprovecha para bajar hasta tierra. Sus patas producen un pequeño temblor en el suelo que desorienta a los bandidos. Ellos se olvidan de la familia Saikawa para rodearnos con sus espadas y lanzas. Son al menos quince hombres y, aunque parecen malos, no logran imponer ninguna clase de temor. Diría que ellos están más asustados que yo. Con cuidado, pero tratando de mirarme fuerte, me deslizo por el lomo te Tohru y bajo por una de sus patas delanteras. En el momento en que toco el suelo, ella comienza a brillar y toma de nuevo su apariencia humana.
—¡Señorita Kobayashi! —escucho la voz del señor Saikawa.
—Tranquilo señor, ya estamos aquí para hacernos cargo de estos tipos —¿cómo debería actuar? No quiero parecer un personaje de anime, pero no se me ocurre otra manera de encarar a estos bandidos. Mejor no diré nada, solo tomaré mi espada y que comience la pelea.
—¡Ataquen muchachos! ¡No podemos darnos el lujo de fallar! —ordena uno de los bandidos que llevaba una armadura. Así que ese es su líder. No puedo dejarlo ir por ningún motivo.
Los hombres empuñaron sus armas y se lanzaron directo a nosotras. Con gritos y estocadas temerarias, comienzan su ataque poco eficiente. Tohru no duda ni un momento; se lanzó contra un par de ellos tan rápida que es imposible verla. Cuando todos nos dimos cuenta, ella ya estaba ante los agresores y los derribó de un solo golpe a cada uno, cayendo inconscientes. Por más asombroso que resulte, no puedo darme el lujo de distraerme con las habilidades de Tohru, yo también tengo que pelear.
Empuño con fuerza la espada para recibir el primer ataque. Es una estacada directa al pecho, nada difícil de detener. Comparado con Takiya, este hombre es muy débil y lento, pero no dudo que para una persona común resulte una amenaza. Sin ningún problema puedo desviar cada uno de sus ataques que, conforme los realiza, cada vez se vuelven más débiles. Parece que ya está cansado, ¡es hora de golpear con todo! Igual que en las practicas, tomo la espada con ambas manos y con un solo ataque logro desarmarlo. Él da unos pasos atrás, en un intento por huir de mí. Quiero alcanzarlo para derribarlo, pero un par de lanzas me lo impiden. Dos bandidos me detienen el paso mientras su compañero se aleja para buscar otra arma. Este es el inconveniente por enfrentarnos a más de un enemigo. ¡Bien! Tengo que hacerles frente a estos dos.
A mis espaldas escucho a Tohru lanzando insultos (aunque refinados) a los bandidos que enfrenta. Su voz se mezcla con los quejidos de sus oponentes y el sonido de metal golpeando con mi arma. No tengo idea de cuánto tiempo ha pasado desde que comenzamos el enfrentamiento, aunque ya he sobrevivido más tiempo del que creí aguantar. Que suerte que conservo las memorias de combate de la Kobayashi de este mundo; no estoy segura de cómo es posible esto, mi cuerpo parece moverse por sí mismo según lo hacen mis oponentes y el contrataque viene cuando encuentro una abertura en sus movimientos. ¡Ahí! Uno de los hombres intenta retroceder mientras el otro avanza. Aprieto los dedos y le lanzó un golpe con la espada que logra partir en dos su arma. Se ha quedado paralizado del asombro y de inmediato le golpeo el estómago con la empuñadura de mi arma. Él se dobla de dolor, cayendo de rodillas. De pronto, siento un golpe en mi costado y mi hombro es empujado con fuerza por el otro bandido.
¿Estoy herida? No. No siento ningún dolor. Doy unos pasos atrás y miro mi hombro. Hay una marca sobre la armadura, muy cercana a una abertura que fue el objetivo de aquel bandido. Por suerte no logró dar en donde debía, pero estuvo muy cerca. De haber subido más me hubiese herido. Ambos retrocedemos unos pasos y preparamos nuestras armas. Aún tengo miedo de arruinarlo, sin embargo, él refleja pánico en su mirada. Debo usarlo a mi favor. Ahora yo tomo la delantera y doy el primer ataque que logra romper su lanza. El susto parece ser suficiente para inmovilizarlo y conectar un puñetazo directo en su rostro. Su cuerpo se tambalea, negándose a caer. Intentaré golpearlo de nuevo para hacerlo rendirse de una buena vez. Me acerco de nuevo y... ¡Wah! ¿De dónde salió esa espada?
—¡Vas a caer, caballero dragón! —grita el líder. Él se interpuso entre mí y su subordinado. Vuelve a atacarme con un par de movimientos amplios, marcando distancia entre sus colegas caídos y nosotros. Apenas puedo seguirle el ritmo, de pronto siento que tanto la armadura como la espada me pesan. ¿Qué está pasando? Hace un momento me movía con facilidad, pero ahora apenas puedo defenderme. Cada vez me resulta más complicado moverme… maldición, ya no puedo seguir peleando y veo que otro de esos sujetos se acerca.
Al fin ocurre lo que tanto temía, mi cuerpo ya no puede seguir peleando. Mis movimientos se vuelven toscos e inexpertos; el dominio con el cual comencé el combate desapareció de la nada y ahora me encuentro arrinconada por estos dos hombres. No puedo creerlos, ¿este es el fin? No puedo permitirme quedar aquí, me falta mucho por conocer y aun debo volver a mi mundo. El líder de los bandidos se lanza con toda su fuerza, tirándome un fuerte golpe con su espada que logra desarmarme. Lo escucho gritar, frenético, alardea su superioridad sobre mí. Yo solo me quedo paralizada, no puedo moverme debido a la mezcla de miedo y el peso de esta armadura. ¿Qué puedo hacer en esta situación? Él tiene la ventaja, está armado y sabe cómo usar la espada, pero he olvidado las habilidades que mi otra yo dominaba. Lo veo sonreír, se siente vencedor en esta pelea. Si no hago algo, lo que sea, será el fin.
—¡Kobayashi! —escucho el grito de Tohru.
En un instante, Tohru aparece frente a mí. Su puño extendido golpea en el rostro al bandido con tal fuerza que él sale disparado en el aire y cae lejos de mí, totalmente inconsciente. Me he salvado por mera suerte. De no ser por la aparición de Tohru, yo ya… ya estaría muerta. Me siento aturdida, el corazón me golpea con fuerza en el pecho y siento tanto mis manos como el sudor de mi frente helados. Apenas pude salvarme de esta gracias a Tohru. Si no hubiera estado conmigo… no, basta. No tiene ningún sentido pensar en eso. Por ahora solo debo calmarme… aún tengo mucho que hacer aquí. O eso creía. Al mirar a los alrededores, compruebo que todos los bandidos están inconscientes en el suelo o son incapaces de moverse; solo están ahí tirados, quejándose de dolor. Entonces, mientras yo lidiaba con tres sujetos, Tohru acabó con el resto y aun pudo salvarme. El poder de un dragón en su forma humana.
—¡Kobayashi! ¿Estás bien? ¿No estás herida? —me pregunta desesperada. Intenta quitarme la armadura con sus manos, pero las uniones se niegan a ceder ante su fuerza—. ¿Te hicieron algo? No perdonaré a estos malditos humanos si lograron lastimarte.
—Descuida... —le digo al fin. Ahora que estoy más calmada, siento que las fuerzas vuelven a mí. La armadura se comienza a sentir más liviana y respirar me resulta más sencillo—. Estoy bien… no lograron lastimarme.
—¿Estás segura? Es muy extraño que algún hombre pudiera desarmarte…
—Creo que me confié y se aprovechó de eso. No te preocupes por mí, te aseguro que estoy bien. Mejor atiende a la familia Saikawa; debieron pasarla peor que yo.
—De acuerdo… ¡pero! Si te sientes mal por algo o te duele alguna parte del cuerpo, tienes que decírmelo.
—Lo haré, no debes preocuparte por eso.
Sin duda, Tohru no quiere alejarse de mí y tampoco quiero que lo haga, temo que alguno de estos hombres pueda levantarse de nuevo y volver al ataque, aunque me parece imposible ahora que los miro a todos incapaces de moverse. No tengo grandes conocimientos médicos, pero al menos tres de ellos presentan fracturas, pues alguna de sus extremidades esta doblada de una manera que no debería. Me acerco a la espada y la levanto. ¿Qué ocurrió? Todo iba bien, en las practicas con Takiya podía moverme como si nada, también anoche cuando fingía enfrentarme a alguien, incluso al comenzar esta pelea. Ni la espada ni la armadura me resultaban pesadas, podía moverme sin problema alguno y de la nada, perdí el control de mi cuerpo. Aunque no sabía qué hacer, me seguí moviendo hasta que mis brazos y piernas dejaron de responder. ¿Qué fue lo que me pasó? En esta ocasión tuve suerte… pero ¿qué será cuando Tohru no pueda ayudarme?
