1 La sirvienta frustrada
Mi nombre es Rina y soy una de las tres sirvientas que trabajan para el Ministro Kuroki de Tarquia. Conseguí este trabajo gracias a las recomendaciones de mi prima, quien también trabaja para la familia. Si bien, mi verdadera meta era volverme una empleada del palacio y con suerte casarme con algún soldado reconocido o, ¿por qué no? con uno de esos nobles que suelen ir tras las criadas en un acto de rebeldía, no puedo quejarme de este lugar. Ha resultado mucho mejor de lo que esperaba. No me apena decir que a mis XX años (¿Qué? ¿Esperabas que te dijera mi edad? No, no, eso es un secreto) lo he pasado bien en esta casa. La señora es muy amable, no me carga de trabajo y hasta compartimos interesantes charlas mientras cocinamos; el señor no suele darme complicación alguna porque es escaso el tiempo que pasa en casa, siempre se va muy temprano y suele llegar tarde… cuando no le mandan de viaje. Pero más allá de ser una ayuda para la señora, mis labores se centraron en atender a los dos hijos de este matrimonio: Tomoko y Tomoki Kuroki.
Me gustaría decir que los problemas suele darlos el joven Tomoki por ser el hermano menor, pero no. Él es sumamente independiente, tranquilo, quizá un tanto irritable, pero nada que haga imposible convivir con él. De hecho, mi trato con él suele ser igual que con el señor Kuroki. No suele pedirme nada más allá de una toalla antes de ir a bañarse o alguna merienda, pero todo de manera muy ocasional. Esta familia es muy interesante… siento que podrían arreglárselas muy bien sin servidumbre. Otras sirvientas con las que he hablado suelen quejarse de la carga de trabajo que sus amos dejan, llegando a labores ridículas solo para ocuparlas en algo.
Pero como decía, aunque los señores no sean exigentes y el joven Tomoki apenas me solicite, debía haber alguien que realmente me necesitara en este casa. Eso me lleva a hablar de la hija mayor y potencial gran hechicera Tomoko Kuroki. ¿Por qué lo digo? Porque ella es el perfecto ejemplo de que un mago puede ser torpe y brillante a la vez, que ambiciona conocer el mundo pero tiene unas habilidades para socializar… pues… nulas. Por mucho tiempo, yo fui su única amistad junto con la señorita Naruse. Porque así fue como desarrollamos nuestra relación, más que vernos como ama y sirvienta, éramos amigas, cómplices y hasta llegué a ser su asistente en algunos experimentos. Incluso me usaba para practicar sus habilidades de conversación con resultados bastante alentadores que se derrumbaban en un instante cuando se acercaba a algún extraño. Pero si hablamos de sus habilidades mágicas, mis palabras se quedarían cortas; me atrevo a decir que ella será mucho más poderosa que su padre. Creo que también está consciente de ello y si no ha ido a la Academia de Magna Luna, es a causa de su ansiedad social. Todo lo que sabe ha sido gracias a su padre, los maestros hechiceros de la corte real y a su propia curiosidad. Esta última suele ser algo peligrosa.
Y eso nos lleva al incidente de hoy. No es la primera vez que la señorita Tomoko es víctima de sus prácticas, siempre hay una herida que atender, una quemadura que curar, un antídoto que buscar, en fin. Tampoco es la primera vez que un hechizo de amnesia le rebota, ya había pasado hace un tiempo… ¡pero esta ocasión es sumamente frustrante para mí! Está bien, comprendo que reconociera a su familia, no hay problema con eso… ¡¿pero recuerda a sus amigas y no a mí?! ¡A mí! Yo, que he pasado tantos años a su lado, que la he acompañado desde niña cuando aún no tenía a nadie a su lado. Recuerda a esas chicas que apenas tienen dos años en su vida, pero a mí, que he sido su asistente de investigación, que ha realizado hechizos de diferente tipo en mí, que le he dado todo lo que me ha pedido aunque estos fueran deseos pervertidos… no. No me recuerda.
¡Ah! ¡Que frustrante!
Y comenzamos una semana especial de este fanfic. Estos 8 días se subirán pequeños textos narrados por otros personajes cercanos (¿o no?) a nuestras protagonistas. Conozcamos más sobre Tibitha y sobre lo que les espera a nuestras chicas.
