7 Me estorba

—Señor, ya sé que no debo cuestionar sus decisiones, pero en esta ocasión me parece que ha superado sus propios límites. Una cosa es tratar con simples bandidos y campesinos desesperados, pero... contratar a un asesino, eso ya es un exceso. Al menos es mi forma de verlo. ¿En verdad piensa llegar a esto? Si me da unos días para plantear el asunto ante el parlamento, podría lograr que su majestad convoque a la caballero dragón a la capital. Si ya esperamos todos estos meses, podemos esperar un par más. Esos campesinos no harán nada, ni lo descubrirán, señor. Tampoco la señorita Kobayashi lo sabrá. Así que, por última vez, se lo pido, abandone esta descabellada idea. Es muy peligrosa para usted. ¿Qué no le importa la manera en que esto ensuciaría su nombre? Si esto llegara a saberse, es el fin. ¿Lo comprende, mi señor? Caerá de la gracia de su majestad, de las cortes y del parlamento. Será acusado de traidor, igual que esos piratas. Porque esto no se trata de solo despojar a unas cuantas familias de sus tierras, está atentando en contra de una de las personas más importantes para el reino de Nosor, de una leyenda viva. Se lo suplico... déjeme tomar cartas en el asunto, no es necesario llegar a esto.

—Hablas demasiado. Cuando quiera tu opinión, la pediré. Pero por ahora, solo guarda silencio.

—Sí, señor.

—Todo eso que dices, por supuesto que lo pensé. Conozco todos los riesgos que corro por hacer esto, pero ya no puedo esperar ni un día más. Así que no me fastidies con esas tonterías, ¿entendiste?

—Entendido, señor. Yo… me disculpo si le he incomodado.

—Haces evidente tu falta de experiencia con esas declaraciones, pero descuida, comprendo que no es culpa tuya ser tan joven. Solo permíteme hacerme cargo de esta situación por mi cuenta. La caballero dragón es un estorbo que pronto será eliminado.

Quisiera tener la suficiente confianza en las palabras del gobernador, pero me es imposible confiar en sus palabras. Lamentablemente, también soy un cómplice en este plan para asesinar a la señorita Kobayashi. Si algo sale mal, no solo será el fin de este avaricioso hombre, mi vida se ira a la basura igual que la de él. Maldita sea. Y este sucio bar… ¿teníamos que permitir a ese hombre elegir el lugar de encuentro? Esto no me gusta nada.

La puerta de la bodega, o al menos eso creo que es, se acaba de abrir. De ahí sale un hombre vestido con un traje por demás elegante y unos anteojos completamente negros. Pocas veces se ven unos como esos. En sus labios hay una sonrisa llena de confianza, tan sospechosa como temible. Así que este es el tal Kaiba…

—Ah, señor gobernador. Es un honor tenerlo en mi humilde negocio. No todos los días me encuentro con personalidades tan distinguidas.

—Basta de palabrerías. Tú sabes a que vine hasta este lugar.

—Oh sí, su carta fue muy específica. Matar a la caballero dragón… no es tarea fácil, pero tengo a la persona adecuada para eso.

—Pensé que me dejarías elegir entre tus asesinas.

—Lo sé, pero quise facilitar las cosas. Le aseguro que es la mejor opción que podría encontrar, además tengo asegurada su lealtad a toda costa.