Diana 2:

Encantamientos 101

Al fin tengo un poco de calma y soledad en esta academia. Sé que no es la manera correcta de lidiar con los problemas, pero me vi obligada a huir de mis compañeros. Gracias a Hanna y Bárbara entendí que soy muy popular en este mundo, pero no pensé que eso significaría ser vista casi como una maestra. Una cosa es recibir saludos y cumplidos por parte de cada persona que encuentre en el pasillo, quizá alguna carta de admiración o declaraciones de amor. Ese era mi concepto de popularidad basado en la experiencia de mi mundo; sin embargo, en Tibitha parece tener otro significado. Eso, o puede deberse a las habilidades propias de mi otra yo.

En efecto, los saludos y cumplidos hacia mi persona no faltaron, pero sentí que todas esas palabras tenían más una intención de ponerme en un pedestal. Además, eran numerosas las personas que me pedían ayuda con sus clases: en cada esquina escuché a alguien en busca de algún consejo de mi parte para solucionar alguna complicación con sus hechizos. Ya fueran los trazos de un sello, la pronunciación de algún conjuro o la aprobación de una pócima. En ningún momento pararon esa clase de peticiones. Quisiera decir que las rechacé de manera gentil y eso era lo que tenía pensado hacer cuando comenzó el asedio de estudiantes. Creí que bastaría con algo tan sencillo como decirles que no podía atenderles en ese momento, que sentía un poco de malestar por la mala noche que pasé y quería descansar un poco. Si bien, no era algo que pudiera salvarme de recibir ese tipo de atención al día siguiente, sí era posible conseguir tiempo para elaborar un mejor plan para adaptarme a esta realidad o al menos conocer lo más básico de la magia. Sin embargo, las cosas no ocurrieron de esa manera.

A lo largo del día ocurrió un suceso sumamente extraño que se repitió cada vez que alguien me pedía ayuda pero también durante las clases prácticas. Me explico. Apenas terminó la clase de la maestra Clío, unas estudiantes de un grado menor se acercaron a mí y pidieron que revisara un círculo mágico. Pensé en decirles que tenía prisa y que mejor buscaran ayuda de una maestra, pero antes de poder hablar ya tenía el pergamino en mis manos. Lo leí y no solo eso, comprendí los símbolos dibujados y hasta corregí uno de estos antes de devolverlo a sus dueñas. Una parte de mí se preguntó cómo era posible que supiera el error que cometieron, pues desconozco por completo el uso de la magia; pero otra parte, como una voz lejana en mi cabeza, decía que resolver aquello fue muy fácil.

Como ya dije, eso se repitió varias veces durante todo el día. Después de la clase de historia de la magia, tuvimos una enfocada en los encantamientos de objetos mediante círculos mágicos. El maestro entró en el aula sin decir una sola palabra, mostraba una cara de pocos amigos y aunque le saludamos, él solo nos indicó que tomáramos asiento. Llegó hasta su escritorio, tomó una tiza en su mano y comenzó a escribir la actividad del día. Apenas terminó, uno de los muros del aula giró, revelando un depósito de piedras.

—Ustedes ya saben hacer esto, así que tomen una petravita —dijo al sentarse. Extendió un pergamino, mismo que comenzó a leer. Este hombre es el contrario de la maestra Clío; ella se mostró muy entusiasmada aun cuando la vi bostezar muchas veces y el maquillaje para ocultar sus ojeras era evidente. En cambio, este maestro mantuvo un rostro de fastidio todo el tiempo, apenas nos miraba y su voz me pareció un tanto grosera—. Tienen veinte minutos exactos y está prohibido pedirle ayuda a la señorita Cavendish. A trabajar.

Al principio me preocupé mucho por esa actividad; al ser nueva en esta realidad, carezco del conocimiento básico de la magia. O eso pensaba. Estaba en mi lugar, con una roca brillante llamada petravita sobre un pergamino, un tintero y una pluma a mi derecha. No había forma en la cual yo pudiera realizar el conjuro con éxito; solo podía dibujar un círculo sobre el pergamino y garabatear símbolos que viera en alguno de los libros de texto. Era lo único a lo que aspiraba pero para mi sorpresa, todo lo hice de manera instintiva. Apenas tomé la pluma, mis manos comenzaron a dibujar por sí mismas los símbolos mágicos en el pergamino. Fue lo mismo que ocurrió al salir de clase de la maestra Clío; mi cuerpo se movía por si solo y dibujó el círculo mágico alrededor de la piedra, escribí los símbolos y en unos cuantos minutos ya había terminado. Durante todo ese proceso escuchaba mi propia voz dentro de mi cabeza, susurrando lo que debía hacer. Tomé mi varita y con esta toqué la piedra que de inmediato comenzó a iluminarse al mismo tiempo que el círculo mágico.

Speculo —dije. Los símbolos en el pergamino brillaron como más intensidad, se despegaron del papel y rodearon la piedra. Retiré la varita y tanto el círculo de luz como la piedra dejaron de brillar. Había terminado con la actividad de la clase.

Miré al reloj que estaba sobre las pizarras, no habían pasado ni diez minutos y ya había terminado con el trabajo del día. Giré la vista. Era la única persona en toda el aula que no hacía nada; a donde me dirigiera veía estudiantes aun ocupados con el encargo del maestro, algunos trazando el círculo mágico con gestos dudosos en sus rostros, otros parecían aún más confundidos y buscaban las respuestas en sus libros. Akko era de este último grupo. El maestro alzó la vista de su pergamino, clavó la mirada en mí por unos segundos y volvió a su lectura sin cambiar su expresión.

¿Cómo es que pude realizar el hechizo? En su momento me tomó por sorpresa el hecho de trazar los símbolos del círculo mágico y poder activarlo sin mayor complicación. Lo mismo se repitió en las clases posteriores, desde la elaboración de una poción curativa cuyos ingredientes conocía de la nada, o el manejo perfecto de magia elemental de agua. En todos esos casos, sin contar los innumerables consejos que me fueron pedidos por el resto de los alumnos, mis movimientos fueron casi instintivos y escuchaba las respuestas en mi cabeza como si yo misma me las dijera. Ahora que lo he pensado con más detenimiento, creo que he dado con una posible respuesta. Si en esta realidad ya existía una Diana Cavendish a la cual estoy suplantando, puede que no sea un reemplazo por completo. Creo que solo mi conciencia ha sido transportada a Tibitha y estoy habitando en el cuerpo de mi otra yo. Es una conclusión apresurada, lo sé, pero tiene sentido. La voz que escucho en mi mente es de la Diana de este mundo quien me guía de alguna manera, aunque se trate solo del uso de magia, lo más difícil con lo que debo lidiar. Eso me deja aun con más dudas sobre mi presencia en Tibitha.

—Se acabó el tiempo —dijo el maestro apenas las manecillas marcaron los veinte minutos que nos dio—. Señorita Cavendish, al frente. Los demás esperen su turno, si no acabaron el encantamiento ni se les ocurra terminar en este momento.

Tomé la piedra encantada y me acerqué al maestro. Conforme bajaba los escalones escuchaba dos tipos de comentarios que el resto de mis compañeros susurraban a mi paso. Algunos hablaban de mí admirando mis habilidades mágicas, me ponían como el ejemplo de una estudiante ideal y perfecta, el modelo a seguir de todos aunque no faltó quien con una notoria envidia deseaba ser tan diestro como mi yo de esta realidad. Pero también escuché a aquellos que fallaron en la realización del encantamiento; quienes con toda su frustración me miraban pasar a su lado.

—Yo sé que no todos son prodigios de la magia, pero eso no significa que puedan fallar en un ejercicio tan básico como este —se giró hacia mí y extendió una mano. Yo solo me aferré a la piedra encantada que tenía—. ¡Eldingar!

La sensación causada por su conjuro fue impresionante, su voz se sintió como un trueno tan potente que hizo vibrar todo mi cuerpo. De sus dedos vi salir un destello blanco que se dirigió a mí en un abrir y cerrar de ojos. La luz formó un relámpago que se impactó contra mi piedra encantada, en ese momento ante mis ojos se formó una barrera apenas visible en la cual rebotó el hechizo del maestro y se dirigió en su contra, pero en vez de evitarlo, solo lo detuvo con la misma mano que lo produjo.

—Eso es lo mínimo que sus amuletos reflectores deben hacer —dijo volviendo a dirigirse a sus alumnos—. Uno por uno, vamos a revisarlos. Los que no terminaron y quienes fallen ya saben cómo funciona esto. Señorita Cavendish… —se volteó a verme. Por más que busqué en su rostro, no encontré vestigio de emoción alguna—. Tome asiento, ya terminó por hoy.

Pasé la siguiente media hora observando como mis compañeros probaban la eficacia de sus recién hechos amuletos reflectores. En menor medida se presentaron resultados satisfactorios como ocurrió en el caso de Sucy, Constanze y Yasminka, pero lo más común fue la presencia de algún error en el encantamiento. El objetivo era regresar el hechizo al maestro, sin embargo, casi todos los amuletos rebotaban el rayo en una dirección completamente diferente a la que deberían. Lotte falló por poco y el relámpago impactó en la puerta, Hanna también tuvo un error y el rebote se dirigió al techo mientras que Bárbara lo mandó al suelo. En poco tiempo, el aula se llenó de manchas negras provocadas por los rebotes descontrolados, aunque al profesor parecía no importarle. Su expresión seria no cambiaba por nada. Hasta que llegó el turno de Akko.

Primero Amanda tuvo un resultado negativo al rebotar el rayo hacia la ventana y romperla, lo cual le valió un reclamo del maestro. Otros prefirieron no poner a prueba su amuleto al saber que habían cometido un error en el encantamiento. A pesar de eso, el maestro les obligó a participar a sabiendas de los malos resultados. Pero ninguno fue tan desastroso como el de Akko. Se presentó segura de sí misma, con una confianza que le nació de la nada, aunque durante la elaboración del amuleto parecía mucho más confundida que yo, algo que es mucho decir tomando en cuenta mi desconocimiento sobre esta realidad. Yo sabía muy bien que esa seguridad era solo una pantalla para esconder su verdadero sentir. Se plantó frente al maestro y esperó a que lanzara el rayo. Casi podía ver el pánico en su cara, pero debo admirar su determinación por afrontar la situación, al menos ella sí terminó con la actividad. El maestro disparó su hechizo y la habitación se llenó de gritos de pánico. El rayo impactó directo sobre el amuleto de Akko, la barrera se activó, pero en vez de reflejar el ataque, esta se rompió y golpeó a Akko directo en el pecho, mandándola a volar hasta que el muro la detuvo. Cayó al suelo de inmediato, sin mover un solo dedo y la piedra que debía ser un amuleto quedó a pocos centímetros de sus manos, hecha pedazos.

—¡Akko! —grité preocupada con mi voz ahogada por el resto de los gritos.

—Maldita sea… ¡Kagari! —renegó el maestro, acercándose a Akko. Le dio vuelta, examinando su cuerpo en busca de signos vitales. Yo sentí como un escalofrió me recorría cada extremidad del cuerpo. Quería bajar de inmediato para estar al lado de Akko, pero también estaba asustada. Afortunadamente, ella reaccionó poco después y sentí que mi corazón volvía a latir con normalidad—. ¿Señorita Kagari? ¿Puede oírme?

—Lo escucho, maestro Silver—respondió Akko con una voz forzada. Apenas podía abrir la boca—. Esto… ¿Qué pasó?

—Falló de manera desastrosa en la elaboración de su amuleto —dijo el maestro. Era la primera vez que noté una variación en su rostro y su voz. Estaba molesto—. Espero que esto sea una lección definitiva para usted. Ya es hora de que espabile o se retire, de lo contrario terminará muerta antes de graduarse. Señorita Yanson, señorita Manbavaran; llévenla a la enfermería para que la curen cuanto antes. Y usted señorita Kagari —de nuevo endureció la voz, me dio la impresión de estar guardando todo el enojo que tenía en ese momento—, la espero más tarde junto a los demás que fallaron.

—Sí maestro… —alcanzó a responderle Akko mientras se levantaba con dificultad.

Sucy y Lotte se acercaron a Akko. Ambas le ayudaron a caminar hasta la puerta del aula. En verdad parecía estar lastimada por el ataque del maestro; su cuerpo aun temblaba a causa de la descarga eléctrica, las extremidades no le respondían del todo y cada paso, tan lento como pesado, le provocaba una mueca de dolor. El aula se llenó de murmullos sobre Akko, pero la diferencia a los que escuché sobre mi persona, los comentarios eran negativos. La opinión generalizada la tenía como una incompetente, hacían mofa de su reciente error y recordaban otros encantamientos fallidos.

—¡Silencio! —ordenó el maestro. Todos le obedecieron al instante—. Si la señorita Kagari falló en esta actividad, es solo asunto de ella. Y sepan ustedes que la mayoría no logró el resultado esperado. Ahora sigamos trabajando.

Durante los minutos que faltaron para que la clase concluyera, no pude evitar pensar en todo lo que se ha dicho de Akko en esta academia. Puedo imaginar solo una parte de los comentarios que ha recibido en persona y de todos aquellos que se quedan en los pasillos, cosas aún peores de lo que podrían decirle en la cara. Me recuerda a lo ocurrido en Londres, cuando estábamos en el mismo colegio. Un lugar muy exclusivo, el cual todo mundo veía como la escuela ideal para hijos de familias adineradas; incluso se decía que algún miembro de la realeza había asistido, aunque nunca se nos dijo de quien se trató. Fue un año el que Akko duró ahí, la hija de un hombre que tuvo la buena suerte de ser promovido en su trabajo y eso le valió ser enviado a Inglaterra con toda su familia para atender los negocios de la empresa para la cual trabaja. Debo decir que cuando nos conocimos, Akko no me dio la mejor primera impresión. Me parecía una chica ruidosa, torpe, muy descuidada y en extremo impulsiva. Eso siempre le trajo problemas en clase y con todos los demás, incluyéndome. Pero con el tiempo aprendí a entenderla. Pese a sus defectos, no podía negar que era muy persistente cuando se lo proponía. Supongo que eso me hizo cambiar mi opinión sobre ella; no es la más destacada en los asuntos académicos, pero siempre se empeña por mejorar, aunque sus ansias por avanzar más rápido de lo que puede suele traerle problemas. Y eso también ocurre aquí.

—Señorita Cavendish —me llamó el maestro al final de la clase. Esperó a que todos los demás se fueran para continuar—. Tengo entendido que usted y Kagari se llevan bien.

—Así es maestro Silver. La considero una gran amiga.

—Admito que tengo muchas preguntas sobre su amistad. Sin embargo, también debo admitir que no es algo que me incumba. Iré al punto. Tal vez usted pueda hacer que Kagari ponga algo de empeño en sus prácticas.

—Yo le aseguro que ella se esfuerza…

—Todos los días, hasta el cansancio —me interrumpió, adivinando lo que iba a decirle—. La maestra Úrsula dice lo mismo, ya lo he escuchado. Pero todo ese esfuerzo no vale nada si Kagari no aprende a ser paciente ni a enfocarse en sus deberes. Ya es suficientemente malo que a este nivel solo pueda realizar magia de soporte, pero si es incapaz de dominarla… habrá problemas.

—Haré lo que pueda por Akko.

—Sé que así será. Ya puede retirarse.

Al parecer, la situación de Akko es peor de lo que pensaba. Si en mi mundo ya era un problema que aprendiera algebra o ciencias sociales, no quiero imaginar los problemas que tiene en esta realidad al querer aprender algo más peligroso. Y para empeorar las cosas, me he comprometido a ayudarle sin tener una idea clara de cómo o si seré capaz de hacerlo. De no ser por esa voz en mi cabeza, habría fallado en la elaboración del amuleto y ahora estaría con Akko en la enfermería. Durante el resto de las clases ya no vi a Akko. Cuando les pregunté a Lotte y Sucy por ella, me dijeron que le ordenaron descansar mientras se recuperaba del ataque. Por suerte no fue algo de gravedad. Aun así, debía volver durante la tarde con el maestro Silver para corregir el amuleto reflector.

Todo eso ocurrió en mi primer día en Tibitha. No quiero imaginar cómo serán el resto de mis días en esta realidad. Por una parte, estoy agradecida por contar con esta conciencia para guiarme durante las clases y cuando los demás alumnos me piden ayuda, aunque temo perder el contacto con esa voz interior. Puede que sea una figuración mía, pero en un par de ocasiones la sentí más distante que durante la elaboración del amuleto. Pero sobre todo, mi mayor preocupación es el acoso que he recibido por parte de toda la academia. ¿Mi otra yo debía lidiar con eso a diario? No quiero pensar en cómo se sentía al verse acosada tanto por chicas como chicos en todo momento. Comprendo muy bien que ser una prodigio llame la atención de las personas a tu alrededor y es hasta natural que se acerquen a ti para pedir ayuda, sin embargo, lo que se hace en este lugar ya es acoso. Ni siquiera pude tomar un respiro durante el descaso; apenas se interrumpieron las clases, me vi rodeada por todos aquellos que se equivocaron en la elaboración del amuleto. De no ser por Hanna y Bárbara, creo que aun estaría atendiendo a todas esas personas. Es una suerte que pudiera escabullirme del edificio y encontrara este lugar. Cierro los ojos, solo quiero descansar un poco del asedio estudiantil. Ah… si esto es algo cotidiano, ir a la biblioteca me será imposible…

—¡Hola Diana! —escucho la voz de Akko acercarse, tan animada como siempre. De inmediato abro los ojos y antes de poder levantarme, ella ya estaba sentada a mi lado—. Que extraño es ver a la estudiante prodigio de Manga Luna por aquí. ¿Te ocultas de tus admiradores?

—Necesitaba un momento de soledad —respondo. Mirándola con atención puedo notar que tiene la ropa chamuscada y parte de su cabello está quemado—. ¿Pero qué pasó contigo?

—Oh, ¿esto? No es nada, solo unas cuantas manchas por la clase extra del maestro Silver. Ahora utilizó magia de fuego. ¡Y lo mejor de todo es que el amuleto al fin me quedó bien! Me tomó más de cinco intentos, pero lo logré… bueno, tal vez el resultado no fue un reflejo exacto, pero al final pude hacer que el hechizo regresara al maestro —cada una de sus palabras demostraba un gran entusiasmo por haber logrado tal proeza. Aun cuando le tomó mucho trabajo y seguramente más de un regaño, había logrado su cometido. Mi única preocupación en este momento es que ninguna de esas quemaduras en la ropa le llegase a la piel, pero juzgado por su energía, ella se encontraba bien, incluso después del percance que sufrió en la mañana—; claro… le dio en una pierna y casi se quema su ropa. ¡Pero le pareció un resultado aceptable! Mi perseverancia lo ha logrado de nuevo.

—Me da gusto oír eso. Sin embargo, no deberías cantar victoria tan fácil.

—¿A qué te refieres con eso?

—Tú misma lo dijiste, Akko. El resultado de tu amuleto no fue perfecto y tanto el maestro como tú lo saben.

—Déjame celebrar esta pequeña victoria aunque sea una noche —me dice. En su cara se dibuja uno de sus gestos de inconformidad. En un principio me molestaban, pero con el paso del tiempo comenzaron a hacerme gracia—. Además, si te lo pido de buena manera, me ayudarás a afinar los detalles, ¿cierto?

¡Es idéntica a la Akko de mi mundo! Siempre venía a pedirme ayuda con sus tareas y proyectos, incluso estudiábamos juntas cuando se acercó la época de exámenes finales. Claro que esto no siempre fue así; al principio no podíamos llevarnos muy bien hasta que por cosas del azar terminamos trabajando juntas en un proyecto. Después de eso, se volvió muy habitual vernos juntas… no solo en el colegio. Y siempre que algo se le complicaba, yo le explicaba las cosas con calma y paciencia. Demasiada paciencia. No es que quiera mostrarme orgullosa por eso ni presumirlo, pero si Akko mejoró sus notas fue por toda la ayuda que pude brindarle. A como veo las cosas, mi yo de este mundo ha hecho lo mismo desde antes que el maestro Silver lo pidiera. Por otra parte, admito que extrañaba esto… aunque sigo en contacto con Akko, la distancia y la diferencia horaria entre ambos países lo hace algo complicado.

—Sabes que no puedo negarme. Solo si me prometes prestar atención y empeñarte de verdad.

—¡Lo prometo! —responde con entusiasmo—. No puedo fallar en esta academia si quiero ser como Shiny Chariot, la bruja aventurera más famosa de Tibitha.

No sé de quien habla, pero se ve tan emocionada que no quiero arruinarlo. Solo la dejaré ser por el momento, no quiero cortar la inspiración que tiene solo por mi desconocimiento de esa tal Shiny Chariot.

—Bueno, si ese es tu objetivo, no debes perderlo de vista —le digo. Esperaba otro de sus arrebatos de alegría, que hablara sobre Chariot pero en vez de eso, solo me mira fijamente, diría que hasta extrañada. ¿Qué clase de reacción es esa? Se supone que dije algo bueno, ¿por qué reacciona así?

—¿Y ese cambio tan repentino? Siempre me dices que Chariot no es el mejor ejemplo a seguir —obtuve mi respuesta más rápido de lo esperado. Acaba de pasar justo lo que temía, actuar de una manera distinta a como lo haría mi yo de esta realidad. Sabía que pasaría en algún momento, pero no pensé que tan pronto—. Que dejó de lado los principios de Magna Luna y desprestigiaba la academia por enfocarse a ser una aventurera más… ¡¿Al fin cambiaste de opinión?! —por suerte… estoy con Akko—. ¡Lo sabía! Estaba segura que algún día tú también comprenderías lo asombrosa que es Shiny Chariot. Quiero decir, trabajar para reyes o inventar cosas es increíble, ¡pero la magia no solo es eso! —exclamó. Alzó los brazos de manera violenta y una mueca de dolor se dibujó en su rostro—. Au…

—¿Estás bien? —de pronto se llevó la mano sobre el hombro.

—Sí… es solo que me lastimé durante la prueba del amuleto. Una bola de fuego me logró tocar.

—¿Una bola de fuego? Akko… ¿no deberías ir a la enfermería a tratarte esa quemadura?

—No te preocupes por eso, Sucy ya me dio una pócima curativa, debería hacer efecto en unos minutos. Además, tengo mis clases con la maestra Úrsula y ya casi es hora.

—Oh, es cierto —sí, ya había escuchado eso en la primera clase y con el maestro Silver. Esto me sorprende un poco, Akko tomando clases extracurriculares. En mi mundo siempre fue un problema hacer que cumpliera con actividades fuera del horario escolar, pero aquí es diferente. Parece más enfocada en su objetivo. Puede ser que me aproveche de eso, mi situación actual requiere adaptarme lo más pronto posible a este mundo y como no sé cuánto puedo confiar en esa voz interior, debería acompañar a Akko en su siguiente lección. Así tendré un poco de práctica. Espero no complicar las cosas—. Antes de irte…

—¡Te prometo que haré mi tarea! No pasará lo mismo de esta mañana.

—Me da gusto oír eso, pero no es de lo que quería hablar. Hay un asunto que me gustaría tratar con la maestra Úrsula. ¿Podría acompañarte un momento?

—¡Claro! Vamos a esperarla juntas. No debe tardar.

—¿Esperarla?

—Sí. Es curioso que eligieras este lugar para esconderte. Aquí es donde la maestra Úrsula me da clases. Un poco lejos de los edificios principales, pero nadie nos interrumpe.

—Entiendo —miro a los alrededores. A donde vea solo se pueden encontrar plantas y algunos árboles solitarios. Estamos muy cerca de la muralla que delimita a la academia y alejadas del bullicio. Salvo una silueta que se acerca, quien asumo es la maestra Úrsula, no hay nadie en los alrededores. Solo estamos Akko y yo, apartadas del resto. No está mal, me agrada la calma de este lugar.

—¡Maestra Úrsula! ¡Por aquí! —calma que solo Akko es capaz de romper con sus gritos frenéticos—. ¡Tendremos compañía esta tarde!

La mujer de cabello azul y anteojos que vimos a la distancia cada vez estaba más cerca. A su lado flotaba una caja de la que sobresalían algunas tablas de diferentes grosores. Nos saludó a ambas antes de llegar hasta el árbol, aunque era evidente su sorpresa al verme en ese lugar. Yo recuerdo haberla visto un par de veces en los pasillos de la academia, siempre noté que tenía la vista puesta en Akko. No con un gesto de desprecio como lo hacía el maestro Silver, sino algo muy distinto. Tristeza diría yo. Se acerca a ambas con una sonrisa que intenta ser amistosa. Pese a su actitud, es evidente que mi presencia le ha tomado desprevenida. Espero no ser una molestia para ninguna de las dos.

—Señorita Cavendish, no esperaba verla aquí —comenta la maestra. Ahora que está cerca, veo que los objetos en su caja son más variados. Hay incluso una espada y una bandeja metálica. ¿Qué es lo que hacen exactamente?

—Tengo que hablar con usted, pero no quiero interrumpirles. Esperaré a que termine con Akko.

—Entiendo, pero tampoco quisiera quitarle su tiempo, señorita —hace una pequeña pausa. Se ajusta los lentes y cómo si acabara de tener la mejor idea del mundo, golpea su mano izquierda con el puño derecho—. Podríamos hablar mientras Akko práctica. No me tomará mucho tiempo explicarle este hechizo.

—Puedo esperar, no se preocupe.

—¡Qué bien! —exclama Akko—. Diana me verá en acción. Ya verás lo asombrosa que puedo ser.

Palabras muy animadas que me esperaba, ahora el único detalle es saber si podrá cumplirlas. Ya que no quiero sufrir ningún accidente, me hago a un lado y regreso al árbol en el cual descansábamos. Akko y la maestra Úrsula se alejan unos pasos. Cómo ya lo había dicho, es muy extraño ver a Akko tan emocionada por una clase y aún más cuando se trata de una extracurricular. Me pregunto si eso que me dijo el maestro Silver tendrá que ver en esto. Ya lo averiguaré en su momento. Por ahora solo me fijo en como la maestra toma las tablas y las hace flotar frente a ella. Cada una de esas tablas es de un grosor diferente, hay algunas muy delgadas que podrían romperse con facilidad y otras tan gruesas que bien podrían usarse para construir una cabaña.

—Muy bien Akko. Espero que estuvieras practicando la pronunciación del hechizo de fortaleza.

—¡Lo hice! Anoche pasé buen rato practicando, hasta que Sucy me arrojó una pócima de sueño.

—Ah… bueno, eso no importa ahora —Akko siendo Akko. Su respuesta no solo tomó a la maestra desprevenida, también a mí—. Lo realmente importante es que estuviste practicando y eso ya significa un gran avance. Bien… ahora presta atención. Ya que el hechizo lo usarás en ti misma, es necesario que canalices el flujo mágico hacia tu interior. ¿Cómo lo haces?

—Dirijo la varita hacia mí.

—Muy bien. Esa es la manera más sencilla. Ahora solo debes hace un ligero giro con la muñeca —y conforme da las indicaciones, la maestra Úrsula realiza los pasos—. Procura hacer un círculo pequeño que termine apuntando a tu pecho. Concentra el flujo mágico, que todo fluya hacia ti misma y di el hechizo… ¡Roobur! —al instante, su cuerpo se iluminó con una luz blanca que desapareció en un parpadeo. Se acercó a una de las tablas más gruesas y le dio un puñetazo. El resultado fue romperla, dejando un agujero en el centro—. Y listo. Así es como funciona el hechizo de fuerza.

—Asombroso… ¡Bien! Es mi turno.

Vaya que Akko está emocionada por eso. Desde aquí puedo ver sus ojos brillar. Ahora que recuerdo, ella siempre fue fanática a esa tipo de historias que involucraban magia. Hasta llegó a prestarme los tomos de un manga llamado Little Witch Academia. La protagonista era igual de ruidosa que ella. Bien, debo concentrarme, para eso quise quedarme en este lugar. Tengo que acostumbrarme al uso de la magia. Veamos… un círculo pequeño que termine apuntando a mi pecho. Lo tengo. ¡Oh! Sentí algo. Debe ser el flujo de magia recorriendo mi cuerpo. Apenas lo noté durante las clases, pero cuando se está por realizar un hechizo, se puede sentir como algo fluye por el cuerpo. Es una sensación muy extraña… Bien, de nuevo. Hago el circulo y… ¡Roobur! Ahí está la luz, también pude notar el flujo de magia pero no he notado alguna diferencia. Miro el árbol. Hagamos una pequeña prueba. Aprieto el puño y lo golpeo. ¡Vaya! No me dolió nada y en el lugar donde di el puñetazo ha quedado un agujero. No logré atravesarlo de lado a lado, pero este resultado aun me parece asombroso.

—¿Repasando las lecciones, señorita Cavendish? —escucho la voz de la maestra a mis espaldas. Me doy la vuelta y veo que está a mi lado, con un gesto tranquilo. Más allá está Akko, repasando una y otra vez el hechizo—. Un hechizo básico de soporte no debería ser problema.

—Es solo que las vi practicar y también quise intentarlo. No suelo hacer este tipo de hechizos.

—Comprendo. Y más cuando su fuerte es la magia elemental —pese a su manera amable de hablar, es evidente que mi presencia le preocupa. Por otro lado, acabo de descubrir a qué tipo de magia es afín mi yo de Tibitha—. Akko estará ocupada unos minutos con esto, si gusta podemos hablar de ese asunto que mencionó.

—Akko… ¿no puede escucharnos?

—No, está muy ocupada —deja salir un suspiro y de nuevo se acomoda los anteojos—. Es sobre ella, ¿verdad?

—Sí. Después de la clase del maestro Silver… él me pidió que le ayudara a Akko en sus prácticas.

—Entonces ya estamos en problemas… —dijo. ¿Problemas? No debo conocer mucho de Tibitha para tener una sospecha de lo que esos problemas pueden significar. Estamos en una academia y hasta donde he entendido, tiene una reputación que mantener lo cual se traduce en exigencias para sus alumnos. Y Akko tiene problemas para cumplir con esas exigencias—. Pensé que tenía hasta el final del año para nivelar a Akko. Pero sí él te lo pidió, puede que los demás maestros cambiaran de opinión.

—Debe tratarse de eso. Lo que quiero decir es… ya que el maestro Silver me ha pedido apoyar a Akko, quisiera acompañarla en estas clases. Claro, si no es un inconveniente para usted.

—Oh no, para nada. Eres bienvenida a acompañarnos cuando quieras —me dice con una sonrisa apacible—. Estoy segura de que Akko estará más que feliz con tu presencia. Creo que mientras más le apoyemos, los resultados serán mejores.

—También espero eso.

—¡Diana! ¡Maestra Úrsula! —nos grita Akko. En sus manos tiene la espada que había en la caja y ante nuestras miradas la dobla con suma facilidad. Luego se da la vuelta hacia las tablas. Una a una comienza a golpearlas, comenzando por la más delgada hasta la más gruesa. La última fácilmente era tan gruesa como un poste de luz y pudo partirla a la mitad sin complicaciones—. ¡Lo logré! ¡Pude realizar el hechizo!

—Bien hecho, Akko —le dice la maestra. Luego se dirige hacia mí, pero su mirada ha cambiado. No es la misma expresión amable y alegre que vi al principio, sino que algo en su rostro parece más solemne—. Si me disculpa, debo darle otras instrucciones a Akko.

—Adelante, maestra.

Esa mirada… había algo extraño en su expresión, pero no puedo saber que era. Ese cambio tan repentino me tomó por sorpresa y no sé qué imaginar sobre ello. ¿Será que en verdad no me quiere cerca mientras da estas clases a Akko o algo más sobre mi le incomodará? ¿Y si… ella pudo notar que no soy la Diana Cavendish que todos creen?