Ai 2:
Me enfrenté a un gigante de piedra. ¡Así fue mi segunda aventura en Tibitha!
¡Hai domo! ¡La primera youtuber interdimensional Kizuna Ai está aquí! Ah… en verdad, cómo me gusta tener una cámara en este lugar. Haría unas tomas increíbles para algún video especial y titularlo… no sé, "Me transporté a un mundo de videojuegos" o "El viaje interdimensional de Ai-chan", sí, algo por ese estilo. ¡Pero! No tiene caso gastar tiempo, esfuerzo ni imaginación en eso. ¿Por qué no? Bueno, la respuesta es más que sencilla. No puedo hacer nada por registrar este viaje tan repentino. No creo que existan cámaras en esta realidad, mucho menos computadoras y ni se diga de internet. Además, la gente nunca se creería que estoy en otro mundo. Todos, desde los espectadores casuales hasta los más críticos (y los espías industriales) llegarían a la misma conclusión: gastos millonarios con un diseñador profesional. Y no me refiero a uno cualquiera, sino a uno de calidad hollywoodense. Aunque pensándolo bien, me he quedado corta. Esto no lo haría una sola persona, no, no y no. Sería necesaria la intervención de todo un estudio, cosa que no puedo permitirme pagar. Bien, basta de eso, ya había dicho que no perdería tiempo hablando de este tema.
Ya sé lo que están pensando: Ai-chan, ¿aun en esta situación lo único que te preocupa es no tener material para tu canal? ¡Estás en otra dimensión! Jeje, bueno, eso no es del todo cierto. Digo, en parte tienen razón al decir que me preocupa obtener material nuevo para mi canal, pero comprendan que si esa es mi prioridad tengo un motivo muy, muy, muy importante para que así sea. Después de todo, se trata de mi medio de vida; de ahí obtengo todos mis ingresos y no solo me refiero a YouTube, también de todos los patrocinios que recibo y de la mercancía con mi nombre que se puede vender. Sin embargo, como creadora de contenido me veo obligada a estar produciendo nuevo material que, primero, mantenga a mi publico entretenido y, segundo, atraiga a más personas para así aumentar mi cantidad de seguidores. ¡Es un trabajo muy duro! Por supuesto que esta experiencia me servirá para organizar algo a futuro. ¿Qué sería bueno? Quizá un manga… ¡Sí! ¡Las aventuras de Ai-chan, la youtuber interdimensional! Algo como un universo alterno, tal como está pasando ahora, narrando mi aventura en un mundo nuevo… sí es que puedo regresar a Japón.
Aunque solo ha pasado un día desde mi llegada, he tenido mucho tiempo para pensar en lo que ocurrió. ¿Podré volver a la tierra? ¿Tengo alguna misión importante en este mundo? ¿Soy la elegida por los dioses para salvar a Tibitha? La verdad es que no tengo idea y tampoco me preocupa mucho eso. ¿Por qué? Bueno… realmente no es una prioridad resolver este misterio y, aunque lo hiciera, nada me garantiza que pueda volver a mi mundo. Así que decidí una cosa muy importante: en vez de preocuparme por regresar a la Tierra, dejaré que todo fluya con calma. Tarde o temprano me enteraré de lo que hago aquí. Lo mejor en este caso es disfrutar de mi nueva vida hasta que ese capitán, una linda diosa o un sabio anciano me digan que me trajeron a este mundo con el fin de enfrentarme al Rey Demonio. ¡Justo con en el anime! Estoy viviendo el sueño de todo otaku y no lo voy a desperdiciar. Mi única preocupación sería el mantenimiento de mi casa… espero que mis colecciones estén en buen estado. El hecho de mantener vivo el canal ya pasaría a un segundo término. Sí la Ai de este mundo ocupa mi lugar, debería ser capaz de adaptarse igual que yo. Por otro lado, si solo desaparecí (o estoy muerta… que espero no sea así), sé que mi equipo logrará salir adelante durante mi ausencia. ¡Y podré tener un lindo y emotivo regreso a casa!
Hablando de lindo… ¡encontré unos gatitos cuando volvía a casa! (Es decir, la de mi yo de este mundo). Estaban escondidos detrás de unas hierbas a la entrada del pueblo y, como necesitaba algo que revitalizara mi alma después de trabajar arduamente quitando y recolectando piedras, me puse a jugar con ellos. ¡Son tan lindos y suavecitos! Parecen pequeños tigres, solo que de un color más arenoso y con la cola enroscada. Si hago que la extiendan, ¡mide el doble que el resto de su cuerpo! Por cierto, los golpes con esa cola duelen… mucho. Pero son tan juguetones que perdí no sé cuánto tiempo con ellos, incluso obligué a Luna-chan a acompañarnos. Al principio se negó, pero después de un par de maullidos y ronroneos, logramos convencerla. Sí, yo también estuve maullando y ronroneando. El problema ahora es que los gatitos (que no son gatitos, tienen un nombre distinto que no recuerdo) nos empezaron a seguir por todo el pueblo y ahora no podemos hacer que se alejen de nosotras, especialmente de mí.
—Te lo advertí, Ai. Si te acercabas mucho a esos pisikas1 —gracias, Luna-chan. Estos lindos gatitos se llaman pisikas—, te iban a seguir hasta casa. ¿Ahora cómo te desharás de ellos?
—¿Deshacerme de ellos? ¡Pero son tan lindos! Solo mira sus caritas tan tiernas —tomo a uno de los gati... digo, pisikas y se lo acerco—. Mira sus orejitas, sus patitas tan suavecitas y sus colitas tan bonitas.
—¡No puedes decir que eso es una colita! Mide el doble que el resto de su cuerpo.
—Lo sé, ¿no te parece asombroso?
—Hoy estás muy rara, Ai —dice antes de darse la vuelta y seguir caminando. Tras ella, uno de los pisikas la sigue. Yo tomo a los otros dos en mis manos para alcanzar a Luna-chan. Creo que he sido algo descuidada en mi comportamiento; he dejado que la emoción me supere cuando debería ser más cautelosa—. Pero… me da gusto verte tan feliz.
—¿Por qué no estarlo? —le pregunto. Quizá termine por descubrir que no soy la misma Ai que conoce, pero también puede que descubra más sobre mi vida en esta realidad, algo de suma importancia para adaptarme al nuevo medio en el que vivo—. Fue un día muy entretenido, aunque solo recogimos rocas del camino. ¡Pero! Pasamos toda la tarde juntas, nos divertimos y lo mejor de todo… ¡tenemos a estos lindos animalitos con nosotras! —y como si los pisikas me entendieran, los tres maullaron al mismo tiempo. ¡Son tan bonitos!
—Si quitamos el hecho de que son animales salvajes y sus coletazos duelen como el mismo infierno… sí, supongo que son lindos —¡logré que lo dijera! Toma al único que sigue en el suelo y juguetea con él moviendo sus dedos—. Hablando en serio, que estés tan tranquila mientras esperamos la llegada de los mercaderes me parece un poco extraño. Siempre te presionas durante esta temporada.
—Lo estuve pensando un poco y llegué a una conclusión —es la hora de mentir… más de lo que ya he hecho. Aunque tampoco es que vaya a decir la gran mentira, solo usare las mismas reflexiones que hice hace unas horas, pero ubicándolas en un contexto totalmente diferente. Ya verán cómo funciona.
—¿Por fin dejaste de usar los puños para usar la cabeza?
—Que grosera.
—¿Grosera? No creo que decirte la verdad sea una grosería —responde mientras acaricia al pisika con delicadeza. Y eso que no los quería. El gato parece dormirse en sus brazos—. Tú siempre te has caracterizado más por saltar a la acción y aplastar los problemas con un puño —termina con una risa—. Para serte sincera, envidio mucho tu fuerza física. Ya quisiera tener algo así para pelear.
—¿Pero ¿qué dices? No necesitas de superfuerza para defender al pueblo —le respondo. Uno de los pisikas saltó al suelo y empezó a restregarse en mis piernas—. Tus habilidades con las armas ya deben ser suficientes. Además, tener tanta fuerza es un fastidio, luego la olvido y rompo vasos o platos.
—O ventanas —dice entre risas, recordando el incidente de esta mañana—. Siempre tienes que romper cosas. Pero es parte de ti, así que no puedo hacer nada para evitarlo.
—¿Y eso fue un cumplido?
—Tómalo como quieras —dice con una cara burlona—. ¿De verdad piensas quedarte con estos pisikas?
—¡Claro! —son tan lindos que no puedo negarme a llevármelos. Además, siempre quise tener un gato, pero con tantas responsabilidades en la Tierra, creo que nunca podría atenderlo—. Yo podría quedarme con estos dos y tú con ese.
Luna-chan se queda en silencio. Solo me mira fijamente a los ojos sin mostrarme gesto alguno, ni de enojo o inconformidad, pero tampoco de alegría. ¡Nada! Su expresión es tan blanca como su cabello; no puedo saber que piensa. Quiero creer que está considerando darle un lugar a este lindo animalito y por eso no me responde. Sí, aunque Luna-chan sea una gritona a veces y hable muy rápido, tampoco toma decisiones a la ligera. Prefiere analizar todas las posibilidades antes de… ¿eh? Acaba de dejar al pisika sobre mi cabeza.
—Suena tentador, pero no quiero. Es mejor que se queden contigo —me pone la mano en el hombro—. Yo no tengo tanto espacio, pero estoy segura de que tú los cuidaras como se debe —en seguida me suelta y empieza a caminar a grandes zancadas—. Uf, necesito un baño urgente. Te veré durante la ronda nocturna. ¡Hasta luego!
Sí hay una cosa que no cambia entre ambas Luna-chan, es esa manera tan estridente de saludar y despedirse. Hasta mis nuevas mascotas se estremecieron por semejante grito. Y ella, sin decir nada más, se fue caminando como si nada. ¡Bien! Si ella no quiere tener la compañía de una de las criaturas más lindas que he visto, no voy a preocuparme. ¡Yo misma me haré cargo de todo! Vengan conmigo pequeños, Mamá Ai-chan verá por ustedes. Esto… ahora tengo un gran problema. ¡¿Dónde queda mi casa?!
Debo admitir que, para ser una heroína, justiciera y protectora de este pueblo… las cosas no son como esperaba. Eso o es un día tranquilo. Uno demasiado tranquilo. Mientras buscaba la casa de la Ai de este mundo, tuve que recorrer gran parte del pueblo de Akita para dar con el lugar exacto. ¡No me lo tomen a mal! Recordaba que mi casa estaba cerca de la plaza principal y el pozo… pero no podía encontrarla ni con esa información. Al salir del pueblo no me tomé la molestia de siquiera ver alguna seña particular de mi casa o el color de sus paredes. Para explicarles, las construcciones aquí se miran todas iguales, salvo algunos decorados en las puertas y los colores de sus muros. Por eso es importante distinguir algo distintivo. Luego pensé en buscar una casa con la ventana dañada. ¡Esa debía ser mi marca! Seguramente, creí erróneamente, el señor Fuji seguiría reparando mi ventana. No había manera de que un señor tan viejito hubiese terminado de arreglar esa ventana tan pronto. De nuevo estaba en un error; por más que busqué no encontré nada. A donde viera, todas las ventanas estaban enteras y ni restos de aserrín se veían en el suelo. Esto es peor que el primer día de escuela, ya saben, cuando no saben dónde quedan las aulas y se pierde toda una clase buscando la correcta.
¡Pero no estaba hablando de eso! Mi discurso era sobre el contraste entre la expectativa y la realidad, ¿verdad? Bien, ya estoy concentrada. Como decía, al estar atrapada en un mundo de fantasía como lo es Tibitha, me esperaba algo diferente. Ya sé que hay monstruos y seres peligrosos, también hay especies que combinan rasgos animales con humanos, magia, frutas extrañas y una masa negra apestosa que tomos comen como si fuera lo más delicioso del mundo (¡pero no me atrevo a probarla!). Todo eso es lo que se esperaría de un mundo así, excepto una cosa: las aventuras. ¡Capitán Leo! ¿Dónde están las aventuras de Tibitha? Todo luce tan calmado que realmente dudo la existencia de algún conflicto que requiera la aparición de una heroína interdimensional para salvar al mundo.
Claro, no niego que he tenido algo de acción, pero no es el tipo de acción que se espera en un viaje épico. Mientras buscaba mi casa me encontré con varias personas que, a sabiendas de lo asombrosa y fuerte que soy, pidieron mi auxilio. Era muy obvio, por más fantasioso que resulte Tibitha, que en este pueblo no encontraría una misión tan asombrosa como, por ejemplo, recuperar un tesoro invaluable de las manos de un grupo de bandidos o rescatar a la única princesa heredera de un reino lejano, está bien, lo entiendo y me parece lógico. Pero eso no quita el hecho de que mis expectativas fuera altas. Todo lo que hice fue ayudar a mis vecinos con tareas simples cómo cargar unas cajas, buscar una pelota y partir un poco de leña. Bueno, eso ultimo no fue tan malo. ¿Recuerdan esa escena de Avengers: Age of Ultron en la que él Capitán América parte leña con las manos? Jo, pues pude recrearla y se siente genial experimentar ese nivel de fuerza. Así fue mi primer día y aunque no quiero criticar la vida de mi otra yo, que sin duda es más emocionante comparada con la mía, no es lo que pensaba; todo se trató de pequeños trabajos (si es que puedo llamarlos así) para mis vecinos.
Al fin, después de más de dos horas buscando mi casa, por fin di con esta gracias a que el señor Fuji estaba sentado frente a la puerta. Le agradecí por su trabajo y se despidió, llevándose su silla a rastras. Bueno, con la ventana reparada ya es una preocupación menos, ahora mi único problema es saber con qué puedo alimentar a mis nuevas mascotas.
Entro a la cocina y me pongo a buscar entre las alacenas. Veamos, son básicamente gatos; no solo se ven así, también sus lenguas tienen esa textura rasposa y maúllan como unos gatos comunes. Si ese es el caso, algo de pescado debería estar bien, ¿no? Aunque vivo en un desierto y no creo tener tal cosa. ¿Tal vez pollo? Porque existen aquí, ¿verdad? A ver… tengo algunas frutas y unas verduras, semillas, frutos secos, pan; todo luce muy bien pero no parece que sean cosas aptas para unos felinos. Supongo que iré a comprarles algo, quiza en la tienda me ayuden a descubrir que comen. Volteo para buscarlos, uno está sentado a media cocina, mirándome con atención. Los demás están más alejados, uno en la sala acostado en una silla y el tercero camina por ahí, volteando a todas partes. Ay, son tan lindos. Espero que no hagan destrozos.
De acuerdo, no tengo mucho que ofrecerles, pero aún me queda un mueble sin abrir. Está apartado del resto y no estoy segura de que material sea… ¿piedra? También tiene escritos unos símbolos en la puerta. Lo abro y… oh… ¡está frio aquí adentro! Esperen, ¿es un refrigerador? ¡En este mundo existen los refrigeradores! Está lleno de frascos y botellas, algunos recipientes con carne y creo que hasta hay un trozo de queso. Y esta botella de aquí es leche. ¡Perfecto! Puedo darles un poco de leche mientras voy a buscarles comida. También necesitaré dinero. ¿Dónde lo guardará la Ai de este mundo?
Tomo un plato vacío de la alacena y vierto sobre este la leche. Claro, antes de servirla me tomé la molestia de comprobar que si fuera lo que creía. Tiene el mismo sabor que en mi mundo. Dejo el plato sobre el suelo; el pisika que estaba conmigo se acerca, huele con curiosidad la leche y como si quisiera decirme "oh, ¿esto es lo que creo?" se me queda viendo. No es que fuera a entenderme, pero afirmo con la cabeza. De inmediato vuelve a oler la leche y empieza a beber. Cielos, ¡qué bonito! Los otros dos lo miran desde la sala y vienen corriendo como si se tratara de una carrera. Y así, cada uno comienza a beber del plato. Son tan tiernos. Uno voltea a verme, sus bigotes están llenos de gotitas blancas; se sacude y vuelve a hundir la cara en la leche. ¡No me canso de verlos! Podría quedarme aquí hasta que terminen. Además, he hecho trabajitos todo el día, ¡merezco un descanso!
—¡Señorita Ai! —o tal vez no. Se escuchan varios golpes apurados en mi puerta acompañados por unos gritos desesperados de un muchacho. Sí, yo quería una aventura, ¿pero justo ahora que veo gatitos tomando leche?—. ¡Señorita Ai! ¡Es una emergencia!
Ya entendí. Sin muchos ánimos me acerco a la puerta y al abrirla me encuentro con un muchacho que apenas debe estar iniciando su adolescencia. Parece asustado.
—¡Señorita Ai, la necesitamos rápido! —me dice. Toma mi mano e intenta sacarme. Obviamente no voy a dejarme.
—Este… antes que nada, ¿podrías decirme que pasa? —creo que soné muy grosera. ¡Perdón muchacho, no era mi intensión! Aunque también te apareces en mi casa de pronto gritando…
—¡Un petravita ha entrado al sur del pueblo!
—Un petravita… —murmuro. ¿No es el nombre de los gigantes de piedra? Sí, y también de esas rocas que estuve recogiendo con Luna-chan—. Ya veo… No te preocupes —pongo mi mano sobre su cabeza y levanto el pulgar de la otra. ¡Al fin una aventura, tal como quería!—. ¡Todo está bajo control! ¿Podrías llevarme a dónde está ese monstruo?
Ah sí… ¡arruiné el momento de genialidad! Mientras sigo a este muchacho no puedo dejar de pensar en eso y la vergüenza me carcome por dentro. Seguramente tengo la cara toda roja, puedo sentirlo. Pero es mejor un segundo de pena que una tragedia, así que puedo soportar muy bien esto. ¡Es la hora de romper unas cuentas piedras! Je, no me sentía tan emocionada desde que hice promoción de la película Alita: Battle Angel. Ahora yo soy el "ángel de batalla" que defenderá a su ciudad del peligro. Mis poderosos puños al fin tendrán algo de acción.
Creo que hemos recorrido la mitad del pueblo corriendo y no tengo idea de cómo pude soportarlo, en mi mundo apenas camino de casa a la tienda, no debería tener esta condición física. Sin embargo, ya que es un mundo de fantasía y me gusta mucho no cansarme después de tres zancadas, no pienso cuestionar nada. ¡Gracias dioses de Tibitha!
Conforme nos acercamos a los límites del pueblo veo que las casas parecen vacías, no hay gente en las ventanas ni luces encendidas, todas las puertas y ventanas permanecen cerradas y las pocas personas con las que me encuentro se apresuran a entrar a sus casas. Sí, debe ser por el miedo a ese monstruo. Y al fin lo veo. Ante mis ojos se distingue la figura de un gran hombre hecho de piedra. Nos da la espalda, pero aun así es sorprenderte verlo moverse entre las casas. ¡Debe medir unos cinco o seis metros! Cielos, no quiero imaginar los desastres que podría ocasionar si se torna violento. Ahora que lo veo, eso es lo extraño, no parece estar atacando a nadie, solo merodea por las calles.
—Ai, por aquí —escucho la voz de Luna-chan. Volteo a mi izquierda, encontrándome con Luna-chan y varios soldados. Ella me hace señas para acercarme mientras los hombres no pierden de vista al ser de piedra.
—Gracias por traerme, muchacho —le digo a mi joven guía—. Ahora ve a esconderte, no dejes que ese petravita te vea —momento. A ver, es un consejo muy lógico, pero sentí que no lo dije yo.
Aun con esa sensación extraña sigo caminando hacia Luna-chan. No sé qué pasa conmigo, pero desde ese momento en que mandé al chico a esconderse he sentido algo dentro de mi cabeza. No es algo desagradable o malo, solo raro, muy muy muy raro. Solo puedo describirlo como una voz susurrando dentro de mi cabeza que habla sobre cómo enfrentar al petravita, donde golpear, como evitarlo o alejarle del pueblo... y lo más extraño de esto es que se trata de mi propia voz. ¿La otra yo me está tratando de guiar? ¡Muchas gracias Ai-chan de Tibitha! Solo un pequeño problemita, uno que casi no importa: no te entiendo nada si hablas tan bajo y rápido. En serio, te agradecería que fueras más clara con tus palabras, no tengas miedo de hablar conmigo, ambas somos la misma persona.
—¿Cuántas personas corren peligro en esa calle? —pregunta Luna-chan a uno de los soldados. Veo que lleva un par de picos colgados a su cintura. Yo no traje ningún arma.
—No debería haber peligro para los civiles. Todos se escondieron o huyeron apenas notaron su cercanía.
—¿Alguna agresión hasta ahora? —pregunto de pronto. ¿De verdad lo hice yo? Creo que sí… ya no tengo certeza de nada.
—Negativo. Solo ha merodeado por ahí sin provocar daños.
—Menos mal —respondo tranquila. Es curioso, pensé que era mi sentido heroico, pero no puedo llamarlo así. En verdad estoy preocupada por esta gente. Miro de nuevo al gigante de piedra, se ha acercado, pero sigue sin hacer nada más que caminar despacio.
—¡Oigan! —de pronto grita Luna-chan a los soldados—. ¿Lo atacaron? Desde aquí puedo ver que su cuerpo tiene varios golpes.
—Nosotros no hicimos nada señorita. Esos monstruos se ponen violentos cuando ven a alguien cerca, ¿por qué lo atacaríamos? —ya entiendo, por eso todos se encerraron en sus casas.
—¿Están seguros? Ya es muy raro ver a uno de esos dentro del pueblo, pero tan golpeado…
—Luna-ch… este, Luna. ¿No deberías bajar la voz? —le digo casi en un susurro.
—¡¿Eh?! ¿Pero qué dices? —y ella, por el contrario, casi me grita en el oído—. Esas cosas son casi sordas. Estaremos bien mientras no nos vea.
—Señoritas… ¿Qué hacemos para sacarlo del pueblo?
—¡En eso estoy pensando! Denme un momento —contesta Luna-chan tan ruidosa como siempre. Aunque diga que el monstruo de piedra es casi sordo, cada vez que grita me pone nerviosa.
—Tal vez… solo deberíamos dejarlo pasearse por ahí —les digo. De pronto todos se me quedan viendo; siento que mis piernas tiemblan y el heroísmo que había ganado de camino a este escondite se perdió en un instante. ¡No es hora de la ansiedad social!—. Si no ve a nadie, es cuestión de tiempo para que se canse, ¿no?
—Eso es muy aburrido… pero también es la opción más segura —admite Luna a regañadientes. Supongo que ella tenía tantas ganas como yo de moler a golpes a ese gigante, pero si no hace nada malo, ¿para qué confrontarlo?
—Entonces ese será el plan a seguir —les digo a los soldados—, nos limitaremos a vigilar la actividad del petravita. No intervendremos a menos que sea necesario.
—¡Entendido!
Ya sé que no es el acto más heroico de todos y es hasta una labor aburrida solo vigilar a este enorme ser de piedra. Para ser sincera, yo era la que tenía más ganas de participar en una batalla que nadie (en segundo lugar estaba Luna y luego los soldados), pero comprendí que no era muy buena idea lanzarnos al ataque si el petravita no planeaba atacarnos; de hacerlo solo provocaríamos daños al pueblo que no sé cuánto costaría reparar y menos quiero pensar en la destrucción resultante. Tampoco tengo idea de cuan poderoso es este monstruo, pero a juzgar por su tamaño y que es un ser hecho de piedra, considero que es demasiado fuerte.
Ah… no sé cuánto tiempo ha pasado, pero esto ya se está volviendo muy aburrido. La gran idea que tuve de vigiar a este gigante de piedra me está hartando y por lo visto no soy la única. Los soldados ya no le prestan tanta atención como al principio, ni se diga de Luna-chan que hasta está bostezando. Pero aun así debemos seguir firmes en nuestra tarea de proteger al pueblo de Akita y a su gente. Ellos dependen de nosotros y no podemos defraudarlos en estos momentos de necesidad. Lo único que no me gusta es que el gigante se está acercando a donde estamos escondidos; sus pasos retumban en la tierra, bajo nuestros pies se siente un temblor leve que se vuelve más fuerte a medida que se acerca. Tengo la gran curiosidad de verlo cara a cara, pero también un mal presentimiento… en gran parte por la advertencia de que solo atacan aquello que ven.
No… algo no está bien. Esto se ha tornado muy silencioso y ese petravita ya se ha tardado mucho en avanzar. Veamos… Ai de Tibitha, ¿tienes información? ¿Algún tip? ¿Holaaaa? Creo que la línea directa con la otra yo está fuera de servicio; los murmullos pararon y eso no me hace sentir tranquila. Por lo que hemos visto, este gigante no solo avanza muy lento, también es sumamente precavido. Se detiene antes de pasar ante una encrucijada o pasillo, cómo si buscara a alguien o más bien lo evitara. Notamos que ya está muy cerca de nosotros y optamos por cambiar de escondite. Los primeros soldados comienzan a caminar para rodear la casa detrás de la que nos escondemos cuando un maullido llama mi atención. Al darme la vuelta veo a uno de los pisikas que me llevé a casa, mirándome con sus ojitos inocentes. ¡¿Me estuvo buscando todo este tiempo?!
—¡Ai! ¿Qué hace ese animal aquí? —empieza a regañarme Luna-chan.
—N-no lo sé. Debió salirse de casa —le digo mientras tomo al felino en mis manos. Definitivamente no es consciente del ambiente, pues ha empezado a ronronear apenas lo sujeto—. No pasa nada, yo me encargo.
—¡Te dije que no los trajeras! Estamos trabajando y ese pisika será una car… oh no —sin terminar de hablar, se queda paralizada con una expresión de miedo—. ¡Corre, Ai!
¿Sería este el mal presentimiento que tenía? La combinación de su grito y la expresión de espanto en su cara volvieron todo mucho peor. Siento que el tiempo comienza a correr de una manera distinta. Me doy la vuelta, aun sujetando al pisika; mis manos sudan y mi aliento se vuelve más helado después de cada respiración. Ante mis ojos está el petravita, un gigante de piedra tosco, lleno de golpes en su pecho y una roca con un par de rasgaduras que simulan ser sus ojos. ¡Es impresionante! Nuestras miradas (o eso creo) se cruzan y de inmediato su actitud cambia. Pasa de un actuar precavido a violento en un instante. Su mano aprieta el muro sobre la cual se ha posado y la otra la extiende tratando de atraparme. ¡Hey! ¡¿Por qué se mueve tan rápido?! De un salto (instintivo) me aparto de su alcance, siempre protegiendo a mi mascota de esos dedos rocosos. De nuevo nuestras miradas se encuentran y una vez más arremete contra mí. Intenta entrar con todas sus fuerzas en el pasillo, dañando la estructura del muro. ¡Justo lo que queríamos evitar!
"Aléjate…" escucho en mi cabeza. ¡La Ai de este mundo volvió a hablarme! ¿Saben que significa eso? Exacto ¡hora de actuar! Parece que soy su objetivo, así que es mi deber alejarlo del pueblo. Lo siento gatito, pero no pienso ponerte en peligro. Volteo de nuevo hacia Luna y sin decirle nada, le arrojo a mi mascota. Escucho un maullido y un grito de sorpresa proveniente de Luna, pero no pienso hacerles caso, mi único objetivo en este momento es deshacerme del gigante de piedra que tengo enfrente. Sus dedos rocosos intentan alcanzarme a toda costa y tener que atravesar un pasillo estrecho no parece importarle. Está dispuesto a todo por atacarme. ¿Siempre reaccionan así al ver a un humano?
Corro hacia su dirección y sin saber muy bien como lo hago, salto a su mano para subir por su brazo. ¿Se me ocurrió hacer esto? ¡No! ¿Tengo idea de cómo lo he hecho? ¡Tampoco! Es como si mi cuerpo se estuviese moviendo solo. Antes de llegar a su cabeza, el gigante sale del pasillo al dar unos pasos atrás y yo, al ver que la calle está libre, salto directo al suelo. En todo momento, el petravita me sigue con la mirada e intenta atraparme. Es más rápido de lo que esperaba, pero algo torpe. Termino frente a él con unos metros de por medio; le hago señas para que me siga y eso parece enojarlo aún más de lo que ya estaba. Ambos corremos por la calle solitaria, menos mal que es amplia por aquello del paso de los carruajes. A este ritmo, pronto estaremos fuera del pueblo y podré pelear contra este monstruo sin correr riesgos de lastimar a alguien inocente. De vez en cuando, por mi propia voluntad, me doy la vuelta para hacerle burlas y que no pierda su interés en perseguirme. Imaginen que de pronto decide cambiar de objetivo. ¡En esta zona es muy peligroso!
Finalmente veo la salida del pueblo. El único problema es que se encuentra cerrada y no hay tiempo para llamar a alguien que pueda abrirla. Lo siento mucho por esto que haré, ¡les prometo que ayudaré a repararla! Aprieto mi puño con fuerza y… ¡blam! De un golpe mando a volar la puerta para cruzar el umbral. Detrás de mí se escucha un golpe tremendo que me obliga a mirar. El petravita sigue con su carrera y para alcanzarme tuvo que derribar la construcción de piedra. ¡Muy bien! Ahora que estamos en el desierto, es hora de que tú y yo arreglemos… ¡Woah! ¡Espera! ¡Aún no estaba lista!
Sin las casas estorbándole, este gigante se mueve con mayor libertad. Apenas me detuve para encararlo y no ha parado de atacarme. Menos mal que soy mucho más rápida que él y el suelo no es solo de arena suelta; gracias a ambos factores puedo esquivar sus golpes que se quedan marcados en el suelo. Hay una sola cosa que resulta clara en este momento: está decido a aplastarme. Los golpes se dirigen a mi sin ninguna consideración y cada vez me resulta más difícil esquivarlos conforme nos acercamos a las arenas. ¡Bien! Ya me toca pasar a los golpes. El último ataque que me lanza logro detenerlo con mi propio puño y su mano comienza a fracturarse. ¡Que poder! El mío, obviamente. Dada la constitución de su cuerpo, tengo que fracturarlo golpe a golpe. Mis manos comienzan a moveré por sí solas, impactando su puño varias veces y con la fuerza suficiente para romper parte de la piedra. ¡Esto es asombroso! En mi vida había tenido una pelea y ahora estoy dominando la lucha contra un gigante. Aleja su mano de mi e intenta golpearme con la otra. Por suerte, alcanzo a evadirlo y responder con un par de golpes más.
—¡Ai! —escucho la voz de Luna acercarse—. ¡Deja de perder el tiempo y arráncale la cabeza!
La cabeza… ¡Ah! Ese debe ser su punto débil. Con la gran fuerza que tengo debería ser suficiente para destrozarla de un puñetazo. Un detalle que no he pasado por alto es la extraña composición de su cuerpo, no se trata de una figura hecha de una sola piedra, nada de eso, más bien se trata de un montón de rocas unidas por… no sé, ¿magia? No veo ningún tipo de unión entre cada una de sus partes. ¡No es momento de pensar en eso! ¡Ah! Por poco me pisa. Este monstruo está decidido a derrotarme, pero no voy a darle ese gusto. Me arrojo hacia sus piernas para darle una patada tan fuerte como me es posible. Se escucha un golpe seco y parte de su rodilla se desprende del resto del cuerpo, aunque apenas se tambalea. Por la parte trasera, Luna-chan comienza a golpearlo con sus picos y, a pesar de desprender pequeños trozos de roca, el daño no es tanto como el provocado por mis golpes. Nuestro enemigo sacude la pierna que le atacamos, obligándonos a retroceder.
—Esto es raro… se está comportando muy violento —me dice Luna-chan—. ¿Segura que no le hiciste nada antes?
—¿En qué momento? —le pregunto—. ¡Nunca había visto algo como eso!
—¿Ah? ¿Cómo que nunca…?
—¡Atrás!
Con un empujón (algo fuerte la verdad) aparto a Luna-chan de mi lado e intercepto el golpe del gigante con mis dos manos. Este golpe sí que me dolió, pero puedo soportarlo sin muchos problemas. No… ¡no pienso perder por ningún motivo! El peso de este gigante, combinado con su fuerza bruta es impresionante, cada vez me resulta más difícil resistir la caída de su puño. ¿Qué está pasando? Oh no… creo que mi superfuerza me está abandonando… ¡me vuelvo débil! Y no amigos, no estoy dramatizando ni nada parecido, realmente estoy perdiendo fuerza. Mis piernas tiemblan ante la presión provocada por el puño de este monstruo. De pronto, con un movimiento violento, lanza un manotazo que barre el suelo y me arroja hacia la arena. Termino de cara al suelo, con el cuerpo y el cabello repletos de arena; la cabeza me da vueltas y no solo eso, estoy temblando… ¡temblando de miedo! ¡Este monstruo acabará conmigo! Me doy la vuelta con la esperanza de despertar de esta pesadilla y lo único que veo es al gran petravita avanzar hacia mí y a Luna corriendo detrás de él. Parece que intentó distraerlo, porque uno de sus picos está incrustado en la mano del gigante. Yo solo quiero levantarme, pero no puedo. Estoy paralizada por el miedo.
—¡Ai! ¡Reacciona! —escucho la voz de Luna-chan algo lejana. Creo que ese golpe me afectó más de lo que debía.
"El pico…" ¿Ah? ¡La voz de la otra Ai! Ha vuelto en el momento en el que más la necesitaba. Inexplicablemente (que soso, pero es la única palabra que puedo usar en este momento) me levanto y en vez de quedarme parada, empiezo a correr contra el gigante que cada vez está más cerca. Siento como si mi cuerpo de moviera solo, sin que yo se lo ordenara. El petravita al verme cerca lanza un golpe que logro esquivar para quedar cerca de la mano donde tiene clavado el pico, de nuevo intenta golpearme y alcanzo a evadirlo. El pico ha quedado a mi alcance; lo tomo del mango y de un tirón lo arranco de su mano rocosa. El monstruo se gira al verme para intentar atacarme con sus pesadas manos, pero yo reacciono más rápido; con toda la fuerza que tengo, arrojo el pico directo a su cabeza. Es un momento que dura solo un segundo, pero yo percibo como una larga secuencia de película. Mi proyectil sale disparado y con un zumbido se impacta justo al centro de su cabeza; se escucha el metal golpeando en la piedra y esta se rompe en cientos de pedazos que se dispersan en el aire. El cuerpo deja de moverse al instante y cae directo al suelo sin intentar detenerse. Ahora solo es un montón de piedras que me rodean. Mis piernas vuelven a temblar, ¡estuve a punto de morir! Vaya heroína… ni siquiera pude hacer las cosas por mi cuenta.
—¡Ai! ¡Por Cosmos y Caos! —dice al acercarse a mí. Quisiera que me viera de otra manera, no así, de rodillas y temblando de pies a cabeza—. Eso fue horrible. Intenté distraerlo, pero solo le interesaba ir detrás de ti… ¿Ai?
—Lu… ¡Luna-chan! —no puedo evitarlo. ¡Aun sigo asustada y con ganas de llorar! Esta fue una primera batalla espantosa. Lo único que puedo hacer en este momento es abrazar a mi amiga para intentar calmarme.
—¡O-oye! ¡Me rompes las costillas!
—Perdón… —alcanzo a decirle. Tengo que forzar mi voz para no llorar.
—Al menos sé que no estás herida —me dice. Dejo de apretarla con tanta fuerza y ella, a cambio, corresponde al abrazo que le estoy dando—. Nunca nos había tocado uno tan agresivo… que extraño. Pero ya pasó, ¡lo derrotaste!
Te equivocas… no fui yo, de eso estoy segura. Ese montón de piedras están en el suelo, pero yo solo fui una espectadora de lo que mi cuerpo hacía por sí mismo. Sin embargo, no pienso decirlo en este momento. Estaba tan emocionada por mi primera aventura y resultó ser más aterrador de lo que pensé. Tengo mucho que aprender antes de ser una verdadera heroína.
Pisika: De pisik, gato en kurdo.
