Luka 2:
El llamado del océano
No puedo dejar de mirarlo. Por más que lo intente, me es imposible apartar la mirada del océano que rodea esta isla. No es que me impresione o le encuentre algo sorprendente a este lugar; exceptuando el hecho de tratarse de otro mundo, no existe diferencia alguna entre esta playa con lo que acostumbro a ver en la Tierra. A decir verdad, si no fuera por las cosas como la ropa, algunas plantas y ciertos artefactos, diría que me encuentro en una isla cualquiera perteneciente a mi mundo. He visto varias películas y documentales en los que aparecen islas tropicales como esta. Basándome en esto, puedo decir que las diferencias son mínimas entre ambos mundos. El mayor contraste que he encontrado es el tamaño de algunas plantas y árboles; aquí son más grandes. Por supuesto, solo hablo desde mi limitada percepción. Estoy segura de que las ciudades deben ser muy distintas a las de mi mundo.
Por más que intento, me es inevitable apartar la vista del mar. Lo más extraño de todo es la sensación que me causa. Podría llamarla nostalgia, pero ¿cómo es posible que un lugar el cual nunca he visto antes pueda producir eso? Tendría sentido si me recordara a mi mundo, quizá a ese día de descanso que tuve con el resto del grupo en el cual, por primera vez en mucho tiempo, nos alejamos del estresante mundo de la música. Sin embargo, no es así. Siento una gran necesidad por entrar al agua y no me refiero a solo entrar a bañarme un momento, sino a quedarme ahí por horas y nadar tan profundo como se pueda. No estoy segura de hacerlo, si lo pienso un poco, me parece una muy mala idea seguir ese impulso de saltar al océano. No sé qué clase de animales existan en esta realidad y tener semejante impulso tampoco es algo normal. Por ahora solo me quedaré aquí, mirando el panorama mientras espero el regreso de Miku, Gumi y los gemelos Kagamine. Eso si es que vuelven hoy, desconozco cuanto tiempo deben navegar para llegar al pueblo más cercano.
"En verdad has puesto mucho empeño para acostumbrarte a nuestro modo de vida". Es lo último que me dijo Meiko antes de retirarse y en verdad me ha dejado pensando en el significado de esas palabras. Me siento en la arena, abrazando mis piernas. El océano se mece con calma; sin duda es un buen día para ir a nadar, pero no pienso entrar al agua hasta estar segura de que no hay nada peligroso. Me pregunto a que se refería Meiko. Seguramente soy la más reciente en la tripulación de piratas y de ahí que tengan la preocupación por no adaptarme al nuevo estilo de vida. Es posible, sí. Ahora la pregunta más adecuada sería, ¿quién soy en este mundo? Al momento de cambiar lugares con mi otra yo, era una pirata. ¿Y antes de eso? Podría ser tantas cosas; la hija de algún noble o una civil más del montón, quizá descendiente de una familia de pescadores. Eso debe justificar que mi comportamiento sea diferente, por momentos, al que debería tener una pirata. Puedo aprovecharme de eso por un tiempo.
¡Bien! No voy a descubrir nada si me quedo aquí sentada en la playa. Si quiero respuestas debo ir a buscarlas a mi habitación; ahí debo tener algo que me hable sobre la vida que mi otra yo tenía hasta este momento. Las opciones son tan variadas que debo estar lista para llevarme una gran sorpresa, aunque no creo que sea posible que me encuentre con algo más extraño que despertar en otro mundo y ser besada por la chica que me gusta en mi realidad. Cielos, han pasado demasiadas cosas en un instante y aun no puedo procesar la información del todo. ¿Uh? Creo que llevo demasiado tiempo al sol, me pareció ver algo en el agua. No debió ser nada importante, tal vez algún pez o alguna otra criatura marina. No voy a investigarlo sola, podría ser peligroso. ¿Otra vez? Esta sensación de ser observada no puede provocarla un animal cualquiera. Esto es muy incómodo, será mejor irme cuanto antes. No quisiera provocar a algún ser peligroso o algo mucho peor: revelarle nuestra posición a cualquier enemigo que podría estar detrás de la tripulación.
Me he internado entre los árboles y el paisaje es realmente maravilloso. No le había prestado mucha atención a todo lo que me rodeaba mientras caminaba hacia la playa debido a mi prisa por querer despertar y, en una gran medida, a alejarme lo más rápido de la casa para no robarme ese enorme atún que tienen en la cocina. Eso también es un poco extraño de mi parte. Casi por instinto estuve a punto de arrojarme hacia el filete y comérmelo ahí mismo. Espero que lo guardaran, porque si vuelvo a verlo estoy segura que no dudaré en saltar sobre él y llevármelo. Tan solo de recordarlo, me ha gruñido el estómago.
Ahora que veo con atención el entorno de la isla, noto cada vez más diferencias entre ambos mundos. En la Tierra, por ejemplo, la flor más grande registrada es la aro gigante, también llamada flor cadáver, midiendo más de dos metros. Su sola aparición ya es un hecho extraño y existen pocos ejemplares en el mundo, pues está en peligro de extinción. Sobra decir su nombre proviene de su aroma y su forma no es la que predomina en la mente de las personas, quienes asocian más una rosa o una margarita al momento de imaginar una flor. Ahí tenemos una gran diferencia entre Tibitha y la Tierra. No solo las plantas son más grandes, también las flores son enormes y, aunque no llegan a los dos metros, calculo que la mayoría llegan a medir unos sesenta o setenta centimetros. Claro que hay especies pequeñas, pero predominan estas flores gigantes de colores llamativos. Además, desprenden una fragancia agradable. Quisiera tomar alguna y mirarla de cerca, pero eso sería tan peligroso como saltar al mar: no conozco los riesgos que estas flores podrían presentar. Nada me garantiza que no tengan veneno. Dejaré la exploración para otro momento.
Sigo avanzando por el sendero. Es increíble el lugar en el que he terminado. A donde mire hay una planta o árbol enorme que cubre por completo le sol con sus hojas, no al grado de simular la noche, pero la vegetación es lo suficientemente densa para cubrir la mayoría del camino con sus sombras. De no ser por eso, este lugar sería en exceso caluroso. Parece que no hay animales en esta isla; no he visto ninguno rondando entre los árboles, ni restos de su existencia. De hecho, excepto por el camino que sigo y la casa, parece que apenas se ha alterado la naturaleza de esta isla. Es posible que solo estuviese habitada por insectos antes de nuestra llegada.
Conforme me acerco a la casa, veo que se acumulan cajas y barriles a cada lado del camino. Por mera curiosidad me asomo a una de estas. Vacía. La madera parece nueva, está limpia y no presenta daño alguno, exceptuando a los clavos con que fue armada. Debe ser alguna de las cajas que robamos en algún momento y lo que contenía ya fue vendido o está enterrado en la arena. Se supone que eso hacen los piratas, ¿no? La mayoría de las cajas están en buen estado, son pocas las que presentan algún golpe o daño en su estructura. Y casi todas están vacías al igual que los barriles, excepto por las últimas dos. Una está llena de armas; espadas, escudos, cuchillos y lanzas están acomodados para aprovechar al máximo las dimensiones de la caja. ¿Acaso fabricamos todo esto? No lo creo. Todos tienen grabado el mismo símbolo en las empuñaduras, incluso algunas tienes daños en algunas partes. Ya sé, son armas robadas. Lo he confirmado al mirar en la otra caja; también está llena, pero de armaduras, o, mejor dicho, restos de estas. Somos todos unos bribones, no dejamos nada para nuestras víctimas.
—Luka, me da gusto ver que ya estás mejor.
Al darme la vuelta, veo a Kaito parado a medio camino. Tan sonriente como suelo verlo en la Tierra, incluso tiene una bufanda azul al cuello que le llega hasta las rodillas. Este encuentro sería de lo más normal excepto por una cosa: el hacha que lleva en una mano. En este momento solo puedo imaginarme una escena sacada de un anime gore donde el personaje feliz es en verdad un asesino a sangre fría. Que interpretara Uninstall hace tiempo y ese sangriento video que grabamos para la misma ayuda mucho a mi imaginación, pero no de una manera agradable.
—Solo fue un pequeño malestar, nada de qué preocuparse.
—Lo tengo muy en claro —responde aún sonriente—. Miku estaba más preocupada que nadie, incluso más que tú.
—Sí, Meiko ya me dijo eso. No quería preocuparla tanto, pero ya sabes cómo se pone cuando se trata de estas cosas —espero no estar equivocándome con esto.
—Es cierto, pero solo cuando se trata de ti.
—No seas exagerado. Ella se preocupa por todos nosotros en igual medida.
—Seguro... y que noqueara a diez soldados solo porque uno te acorraló no es ningún favoritismo.
—Sí lo pones así... —¿de verdad hizo algo como eso?
—O cuando cruzó toda la nave para acercarse a ti porque te dieron un puntazo en la pierna.
—Una herida en batalla siempre es...
—Y hace unos días quiso robarse una pomada sanadora porque te quemaste el dedo al cocinar —¿esto es en serio o una broma por parte de Kaito? Mirándolo a los ojos puedo concluir que… lo dice en serio. En mi mundo, Miku suele alarmarse mucho cuando algo pasa a mi alrededor, aun cuando se trate de algo tan simple como una caída de mi celular. No quiero ni imaginar que ocurre aquí donde tenemos armas en cada batalla, pero si es capaz de enfrentarse a un ejercito completo solo por mi…
—Está bien, admito que tienes razón en todo. Miku puede ser muy alarmista cuando se trata de mí, pero supongo que me he ganado ese beneficio, ¿no lo crees?
Es claro que estoy hablando en broma, aunque parezca que presumo de mi relación con Miku. Solo espero que Kaito lo tome en ese sentido. No quiero causar un malentendido por desconocer mi verdadera posición en este mundo ni alguna discusión entre la tripulación. Debí ser más cuidadosa, tal vez he dicho algo fuera de lugar y podría desconcertarle. Ahora tengo miedo de haber actuado mal, aunque solo estoy respondiendo desde la percepción que tengo de la situación y en base a nuestras interacciones en la Tierra. Esta sería una broma muy usual entre nosotros. Pero no ha dicho nada, solo me mira con esa sonrisa que ha comenzado a incomodarme un poco. Se acerca a mí y… deja el hacha en el suelo; sus dos manos se apoyan en mis hombros.
—En verdad… creo que lo tienes más que ganado —se puede notar un cambio en su tono de voz. Ya no está ese tono divertido del inicio, ahora lo percibo más cálido—. Es lindo verla tan feliz contigo. Deberíamos agradecerte por alegrarle la vida de nuevo.
—Yo… no sé qué decir… —alegrarle la vida de nuevo. Esta respuesta es la que menos esperaba escuchar; estaba lista para gestos de desconcierto, preguntas incomodas y hasta sospechas de ser una usurpadora. Todo eso me parecía una posibilidad. Escuchar un agradecimiento me ha sorprendido.
—Mientras lo decides —me suelta y toma el hacha de nuevo. Haciéndome caminar frente a él, me dice su gran propuesta—. ¿Podrías ayudarme a cortar leña?
—Se-seguro —¿y acaso tengo opción? Tal vez pueda aprovechar esto para obtener algo de información. Aun quiero saber qué era eso que vi en el mar hace poco. Tal vez era mi imaginación, con tantas cosas que han pasado, mi mente pudo jugarme una mala broma y hacerme ver cosas que no estaban ahí, pero no puedo estar tranquila con eso. Tengo el presentimiento de que sí había algo ahí y no solo eso, me estaba observando.
Pasamos por un costado de la casa, en el cual vi algo aún más sorprendente. Lo que pensé era una vivienda de gran tamaño construida en el corazón de esta isla, en verdad fue otra cosa en sus inicios. Un largo madero, sobre el cual ondeaba una desgastada bandera negra, sobresalía del muro. En un principio me pareció solo un detalle que le habían colocado para indicar a quien pertenece este territorio, pero que equivocada estaba; al madero le seguía una unión de paredes inusual en la construcción de una casa. Las tablas se curveaban hasta quedar unidas en una punta de la cual surgía el madero que funcionaba de asta. Bajo este, con un marcado deterioro, se mantenían los restos de lo que parece la cabeza de una figura femenina. Me detuve un momento. La mayoría de las ventanas están tapadas por unas tablas diferentes y las que se mantienen abiertas son más grandes que las anteriores. No sé cómo pude ignorar esto; la casa en verdad es un barco que fue adaptado y lo que estoy mirando es la proa. Pero… ¿cómo llegó hasta acá? El mar está muy lejos.
Como si no fueran bastantes las exageraciones existentes en esta isla, me encuentro a Kaito delante de una pila de troncos y tablas tan alta como la casa misma. ¡Esto es ridículo! No veo de donde pudo salir tanta madera, a menos que se traten de restos que hemos tomado de otros barcos; pero los troncos… no parecen árboles que crezcan en este lugar, sino de un bosque. Y son enormes. ¿Por qué todo aquí tiene que ser tan grande?
—Hoy hace muy bien tiempo, así que solo necesitamos la suficiente para pasar la noche— dice a la vez que me entrega un hacha. Pensé que sería más pesada en mis manos, pero no me es difícil levantarla—. No tardaremos mucho.
—Tranquilo, no tengo mucho que hacer hoy —le respondo—. De todas maneras, quería preguntarte algo.
—¿Eh? —la sonrisa se borró de su rostro. Sus labios ahora se abren en una expresión de miedo, sus ojos parecen encogerse y la cara se la ha puesto blanca por completo. Lo he asustado, reconozco ese gesto. Es usual verlo cada vez que olvida la carpeta con las letras de sus canciones o cuando hace algo que incomoda a Meiko—. Yo no sabía que era tuyo. ¡Los gemelos me dijeron que no había problema si lo tomaba! ¡En serio! Nadie me dijo que tú lo habías apartado.
—Kaito, ¿de qué hablas?
—Del ultimo frasco de pure de aquamomo… ¿no ibas a reclamarme por comerlo?
—Ni siquiera me había dado cuenta —tampoco sé que es un aquamomo, pero tengo que seguirle la corriente. Trato de mostrarme más seria, debo convencerlo de que estoy molesta por comerse algo mío—. Pero ya hablare de eso contigo más tarde. Yo solo quería saber si no has notado actividad inusual en el mar.
—Algo inusual —poco a poco recuperó la calma. Aunque es el mayor del grupo, también es el más nervioso. En verdad me da curiosidad saber cómo se comporta como pirata. De todos nosotros, solo veo a Meiko como tal y, quizá, a los Kagamine. Ambos tomamos los pedazos de un tronco que están en la pila, los colocamos en unas bases de piedra para poder cortarlos—. No, absolutamente nada. Han sido unas semanas muy tranquilas, aunque hace un par de días vi un barco volador que venía del este, pero nada más. Supongo que sería algún noble.
—¿Eso es todo?
—Sí. ¿Acaso viste algo extraño? ¡No me digas que a los marineros de Nosor!
—No estoy segura de eso, en verdad lo dudo. Es solo que hace poco, cuando estaba en la playa me pareció ver algo o… alguien en el agua. No lo sé, me dio la sensación de ser vigilada.
—Oh eso. Entonces están de vuelta —dice recuperando su tono habitual de voz. Da la impresión de haber olvidado que se comió el postre que mi otra yo había guardado. He pasado por eso demasiadas veces desde que empezó el grupo que ya no me interesa, pero entre piratas podría tratarse de algo más importante y significativo. En cambio, su reacción a lo que acabo de decirle es demasiado tranquila y no estoy segura de como tomarlo; me inquieta no saber a qué se refiere—. No hace mucho que te visitaron y ya te extrañan. Yo sería igual si tuviéramos que separarnos de pronto, así que creo comprender lo que sienten.
No comprendo de que está hablando, ¿acaso se refiere a mi familia? Esto se está complicando demasiado y lo peor del asunto es que no puedo hacer preguntas al respecto ni tengo certeza de cómo hablar o actuar ante esto. Lo único que me viene a la mente es cortar los maderos que tengo ante mí con la esperanza de no provocar alguna sospecha con mi silencio; tal vez mostrarme callada y melancólica sea lo adecuado en esta situación. Lo extraño aquí es que él lo ve con algo relativamente normal y comprensible, pero yo tengo un lio en la cabeza justo ahora. No solo la nostalgia por el océano, también esa sensación de ser vigilada desde el agua. Aquello que creí ver en el mar me estaba observando, no fue coincidencia percatarme de su presencia. Pero lo más importante es saber qué era eso y su relación conmigo. Kaito dijo que me extrañan. ¿Mi familia son marineros? O tal vez...
—¡Ahí estas, Megurine! —la voz de Meiko nos hace saltar del susto. Ambos nos giramos y nos encontramos con nuestra amiga, cruzada de brazos y complementando su atuendo con un delantal—. Se supone que me ayudarías con la comida, pero estas aquí jugando a la leñadora con Kaito.
—Lo siento… lo olvidé.
—Eso veo, este despistado ya te está contagiando, ¿eh?
—¡Oye! Estoy justo aquí —me parece escuchar a Kaito a la distancia. Ah, es cierto, él sigue aquí con nosotras—. No deberías hablar de esa manera frente a otras personas.
—Vamos, hoy nos toca preparar algo especial y no podemos perder el tiempo cortando leña —dice antes de tomarme de la mano. Sin agregar nada más y gracias a su descomunal fuerza, tira de mi brazo para conducirme al interior de la casa mientras Kaito se queda parado frente a la pila de leña recién cortada.
—¡Pe-pero ella me estaba ayudando! —le reclama Kaito. Nosotras seguimos caminando como si no hubiese dicho nada. Este es un trato casi idéntico al que recibe en la Tierra y, como suele suceder, me siento un poco culpable por ser así; sin embargo, entre la cocina y cortar leña, prefiero pasar el resto del día cocinando.
Entramos a la cocina, colmada de frascos y utensilios que daba la impresión de no poder tocar nada sin que las demás cosas se cayeran. La mayoría de las alacenas estaban ocupadas por comida conservada en frascos de cristal oscuro pero lo más llamativo fue ver un gran mueble de madera que me recordó a un refrigerador; excepto por el material con el cual fue construido, era idéntico al electrodoméstico de mi mundo. Incluso su color era blanco. Meiko se acercó a este, lo abrió y para mi sorpresa, me llegó una sensación helada desde su interior. ¡En verdad se trata de una nevera! ¿Cómo puede existir en este mundo algo así? Sacó un par de botellas y un pequeño plato con un… un… oh cielos, eso es un trozo de aquel gran filete de atún que vi en la mañana. Solo con verlo, puedo sentir que se me hace agua la boca y mi estomago comienza a rugir. De nuevo esta sensación tan… fuerte.
—No pongas esa cara, siento que te estoy torturando —dice. Su voz me ha despertado del trance en el cual me vi atrapada por mi repentino apetito—. Sé que estás luchando contigo misma, por eso te separé esta porción. No es mucho, pero espero que con esto puedas controlarte hasta la hora de comer.
Solo puedo mirarla, trato de no demostrarlo, pero sus palabras me inspiran cierto temor. Ella sabe lo que estoy pasando, lo que indica una cosa muy importante: es común en mi yo de este mundo sufrir estos repentinos ataques de hambre al ver atún. Esto es algo que me intriga de sobremanera, ¿qué puede motivar este repentino y desmedido apetito? Tan solo con ver este trozo de filete siento la necesidad de comerlo; quiero arrebatarlo del plato y devorarlo tal como está. No entiendo qué puede causar esta sensación tan fuerte. Maldición. Reprimiendo todo lo que puedo mis propios instintos, estiro la mano hacia el plato y lo acerco hasta mí. Meiko solo mantiene los ojos clavados en mi a la vez que da un trago a una de las botellas. Es seguro que ese líquido es una cerveza. El estómago me ruge de nuevo, pero debo resistir todo esto. Por suerte hay un par de cubiertos cerca. Los tomo, mis manos tiemblan sin control debido a la ansiedad causada por el hambre, pero debo ser fuerte. Me aferro al cuchillo, corto un poco del filete y me lo llevo a la boca con ayuda del tenedor. No me importa que se encuentre crudo, no puedo contenerme más tiempo. Por Dios… está… está… ¡está delicioso! No puedo creer lo bien que sabe. Es tan suave, pero con el sabor muy definido, en verdad una delicia. Necesito comer más, pero también tengo que controlarme. Quiero que esto dure el mayor tiempo posible.
—Vaya, vaya —escucho la voz de Meiko. En verdad estoy haciendo un gran esfuerzo para serenarme después del primer bocado—. Sabes que no hay problema alguno si quieres comer más rápido. Estas entre rudos piratas, no hay a quien impresionar.
—No se trata de eso, Meiko —respondo después de dejar el filete a la mitad—. Quiero que esto dure el mayor tiempo posible.
—Oh, se trata de eso —sonríe. Ahora luce más divertida por mis palabras. Da otro trago a la botella que ya está a la mitad de su contenido—. La capitana ya te está contagiando sus manías, ¿eh? Nada mal, Luka —termina de hablar entre sonrisas.
Me da un par de codazos en el hombro y camina por la cocina hasta desaparecer detrás de una puerta. No es que me desagrade su presencia, al actuar de manera idéntica a su contraparte de la Tierra, me hace sentir que no estoy en un terreno hostil y, quien sabe, tal vez pueda contar la verdad más pronto de lo que pensé. Eso me quitaría un gran peso de encima. Mi única inquietud ahora es saber si podrían darme un poco más de este atún. ¡Es delicioso! Bien, contrólate Luka, debes mantener la compostura a pesar de estos inexplicables instintos. Aunque de todas maneras estaría fascinada por este filete, es tan bueno que no se parece a nada que haya comido en mi mundo; el sabor es muy parecido, pero tiene ese algo que le hace destacar a lo que acostumbro. No quiero que se acabe, pero me temo que eso es imposible. Es el ultimo bocado, tan satisfactorio como frustrante.
—¿Acabaste? —me pregunta Meiko. Ni siquiera me di cuenta de cuando volvió.
—Sí, muchas gracias por esto —me doy la vuelta para agradecerle como es debido y entonces… la veo parada como si nada, cargando una cesta de gran tamaño, toda llena de diferentes verduras—. Creo que en verdad me hacía falta.
—Eso significa que ya tienes energías para ayudarme —sin el mayor esfuerzo, deja la cesta sobre la mesa y tomando un cuchillo de uno de los cajones, me lo entrega—. Ahora a pelar y cortar todas estas verduras. Debemos tener lista la comida antes de que llegue la capitana.
¿Todas? Son demasiadas. ¿Qué pasa con esta isla y su afán por exagerar las cantidades? ¿En verdad siete personas se comerán todo esto?
¿Cuántas horas pasaron? La ausencia de un reloj afecta a mi percepción del tiempo. De lo único que puedo estar segura hasta ahora, es que mis manos están adoloridas después de pelar y cortar vegetales durante toda la tarde. Incluso me corté un par de veces lidiando con esas extrañas patatas. O eso es lo que parecen. Una vez peladas y cortadas, tienen la misma apariencia y consistencia; pero lograrlo es algo complicado. Más que la fina tira de piel propia de las patatas de la Tierra, la cascara de sus similares de Tibitha es dura y gruesa, parecida a la de un coco, aunque a simple vista no dan esa impresión. Al fin, después de tantas molestias, pude terminar con la canasta de verduras sin mayores inconvenientes, solo un par de cortadas que a cualquiera le pueden pasar.
Mientras me ocupaba con mi labor, de vez en cuando miraba lo que hacía Meiko. Actuaba cómo solo ella sabía hacerlo: un largo trago a su bebida para tomar fuerzas y rebanar el enorme trozo de carne con el que apareció poco después de darme las verduras; otro trago considerable, seguía el gran filete de atún que solo me estaba provocando. Pude contenerme gracias a la porción que me dio antes. Un trago más a la cerveza y comenzó a cocinar. Las ollas se escuchan borbotear y un aroma apetitoso se apodera de la cocina. Esto es peor que ver el atún, cada segundo que pasa solo me provoca más hambre. Si crudo sabía bien, ya me imagino lo delicioso que estará una vez preparado.
Me asomo por una de las pequeñas ventanas. La luz del sol aún se percibe con intensidad, pero es evidente que no le queda mucho al día. Tal vez falta una hora para el atardecer y con eso iniciará mi primera noche en este mundo. Creo que lo he hecho bien; a pesar de las dificultades, pienso que he actuado de manera correcta. Es cierto que varios detalles aun me desconciertan, en especial aquellos referentes a mi yo de este mundo, pero es cuestión de tiempo para comprender lo que ocurre. Es inevitable, en cualquier momento descubriré quien es Luka Megurine en Tibitha. Por ahora solo quiero quedarme en esta cocina y deleitarme con el aroma de la comida preparada por Meiko. Si así huele, no puedo imaginar el sabor que tendrá. Esta mezcla de olores tan placenteros es suficiente para descansar mi cabeza de tanta locura que he presenciado. Lo mejor de todo esto es que en esta realidad no tengo porqué cuidar en extremo lo que coma. Esta noche cenaré muy bien.
—¡Luka! —Kaito entra a la cocina, aun con un hacha en mano—. ¡Meiko! Ya regresaron y necesitamos ayuda para descargar las provisiones.
—¿Pueden adelantarse? Aún falta un poco para tener lista la comida y no quiero que se queme.
—Pero tú eres la única que puede cargar esas cajas sin problema —insiste Kaito. No estoy segura de cuales sean sus intenciones, pero creo que quiere evitar levantar cosas tan pesadas.
—¡Que va! Ustedes también son fuertes. Andando, no les hagan esperar, que deben venir cansados.
Casi a empujones, Meiko nos sacó a ambos de la cocina y poco faltó para que nos echara de la casa. Antes de que eso ocurriera, nosotros mismos salimos por nuestra cuenta. Kaito dejó el hacha a un lado de la puerta principal y juntos nos dirigimos al muelle de la playa. El barco aún estaba alejado de la isla, pero se acercaba con el fuerte soplo del viento y en poco tiempo lo tuvimos frente a nosotros. No estoy muy enterada en navegación, es una materia de la cual apenas conozco algunos términos gracias a algunas películas que vi y una que otra lectura que he hecho, así que no puedo emitir una opinión de experta. Sin embargo, me llama mucho la atención que el navío es más pequeño que la nave con la cual fue construida la casa. He de suponer que existe un buen motivo para ello. Aun así, el tamaño del barco que acaba de tocar puerto es considerable. Y eso en la proa es… ¿un puerro gigante? Tenía que ser Miku la capitana.
—Que linda sonrisa —me dice Kaito en un susurro—. Me da envidia que Miku y tú tengan una relación tan bonita.
—¿E-eh? —¡no! ¡Has entendido esto mal! Yo… solo me dio gracia ver el adorno de la proa.
Cielos, ¿cómo puede decir esas cosas tan a la ligera? Siento que mis mejillas están ardiendo. Qué pena tener que escuchar algo así y más cuando un malentendido lo provocó. Debes tener más cuidado con tus palabras, Kaito. ¡Hasta tuve que cubrirme la cara por la vergüenza! Y él solo se ríe. Me parece escuchar la voz de Miku cerca, ¿dijo mi nombre? Quito las manos de mi rostro para buscarla con mayor facilidad. No solo la veo, sino que se acerca a mi corriendo a una velocidad considerable. ¿Tanto me extrañó? No es que se ausentara durante tanto tiempo. Espera, no se detiene y cada vez la veo más cerca. ¿No pensara en…?
—¡Luka! —grita antes de saltar sobre mí. Y sí, lo ha hecho.
—¡Miku! ¡Espera! —no sé para qué me esfuerzo, es imposible detenerla en este momento.
—¡No sabes cuánto te extrañé!
Es lo último que escucho ante de sentir como su cuerpo caía sobre mí, con un impulso tan fuerte que me hizo tambalearme. Es imposible mantener el equilibrio, tengo que dar unos pasos atrás para evitar caerme y que Miku se aferre a mí con tanta fuerza no lo hace nada sencillo. No, no tengo idea de que hay atrás de mí, escucho un grito de Kaito y siento el roce de una mano sobre mi brazo. De inmediato, el viento sopla en mi nuca y pierdo por completo la sensación de equilibrio. Ambas caemos del puerto sin la posibilidad de evitarlo. Gritamos juntas, aunque por distintos motivos; Miku me da la impresión de divertirse, yo, en cambio, estoy asustada. En un segundo, la caída se detiene y el viento detrás de mi cabeza se vuelve un golpe de agua en el cual nos sumergimos. Ya en el agua nos soltamos. ¿Cuántos metros caímos? Me dolió un poco la espalda, pero no es algo insoportable. Ambas nadamos hacia la superficie; ella solo se ríe por su travesura, como si esto fuera lo más divertido que pudo haber hecho. Quiero amonestarla cuento antes, pero se ve tan feliz que no tengo valor para decirle nada.
—¡Lo siento! Estaba muy animada por verte que me excedí un poquito —se disculpa o eso intenta. Su entusiasmo es admirable, debo decirlo.
—¿Un poquito? Parecía que estabas tomando una base del ejercito —bromeo con ella. Se ríe ante mi comentario y con eso comprendo que he actuado de manera correcta. ¿Qué? Siento mis piernas extrañas.
—Solo recuperaba mi más grande tesoro —agrega entre risas. Intento reírme o al menos mostrarme alagada, pero temo verme muy forzada. Aunque sus palabras son lindas y me dan un poco de pena, la sensación en mis piernas me distrae demasiado. No sé cómo describirlo. Se siente muy extraño, como si se hubiesen pegado y solo pudiera moverlas juntas—. ¿Luka? ¿Estás bien?
Esto es… es imposible. Mis manos también se sienten distintas. Hay algo entre mis dedos que se estira cuando los abro. No puede ser. Las miro y tienen escamas. ¿Escamas? Mis manos están cubiertas por escamas rosadas que llegan hasta mis codos. ¿Qué está pasando? E-entonces yo… Miro al agua y el calor que sentí por recibir tanto cariño de Miku desaparece de pronto; ahora me siento helada del susto, respirar se vuelve difícil y simplemente no puedo creer lo que veo. Distingo una gran cola rosada en donde deberían estar mis piernas. Esto quiere decir que yo… soy… soy… ¡¿soy una sirena?!
