Ayano 2:
Sakurako, la imparable
Pongamos un poco de orden a los sucesos que me han ocurrido en estos días. Las cosas han pasado tan rápido que apenas puedo comprenderlas y me he visto obligada a anotar todo para tratar de entender un poco mi situación. En resumen: desperté en un mundo llamado Tibitha, descubro que soy un elfo y no solo eso, mis amigas y conocidas tienen una versión paralela en esta realidad; juntas formamos parte de un escuadrón de inspectoras del bosque en el que vivimos, Sakurako es mi aprendiz y, lo que más me asusta de todo, tengo el superpoder de controlar el crecimiento de las plantas a voluntad. ¿Es correcto llamarle así? En los videojuegos sería una habilidad. Será mejor dejarlo así, en una habilidad especial.
Lidiar con eso fue muy complicado. A mis amigas… mejor dicho, a las amigas de la Ayano de este mundo, aquello les pareció asombroso, pero no por la manifestación de tal habilidad. Ellas ya están acostumbrarlas a ver semejante habilidad en acción. Su reacción me produjo una extraña sensación ante la cual no supe cómo reaccionar en un inicio y tuve que actuar de la manera que me pareciera más lógica, pero fue muy difícil. Aplaudieron mi rápida respuesta ante el ataque de ese enorme animal y sus cumplidos no se hicieron esperar; todas alabaron lo que hice, algunas con mayor entusiasmo que otras. Chitose se acercó a mí de inmediato para saber si me encontraba bien, me revisó todo el cuerpo en busca de alguna herida que no tenía; Sakurako, en cabio, presumía de ser mi aprendiz y alardeaba con algún día ser tan buena como yo. Eso fue un poco vergonzoso, ¡pero Toshino Kyoko lo superó con facilidad! Si-sin motivo aparente se arrojó hacia mí, me abrazó con fuerza y comenzó a decir cosas que no puedo recordar sin sonrojarme. Estaba tan apenada por tantos halagos, sofocada por su abrazo tan fuerte y sorprendida por lo que acababa de pasar, que no sabía qué hacer.
Las palabras de Toshino Kyoko aun suenan en mi cabeza. No paraba de decir "Ayano, eres increíble" o "Ayano, eres la mejor". ¡Ah! Ba-basta, es demasiado para mí. Con solo recordarlo me da mucha vergüenza y siento un cosquilleo muy curioso en mis orejas. Sí, por extraño que suene, esa parte es la más susceptible de mi cuerpo. Pero hablando sobre lo ocurrido con el jabalí gigante, aún estoy aturdida por el poder que tengo en este mundo. En su momento no tenía nada claro y era incapaz de poner atención a todo lo que veía y escuchaba; por un lado, la misma sorpresa de manipular plantas, por el otro, el enorme animal que golpeaba las raíces con el afán de liberarse y, por último, toda la atención recibida. No estoy segura de como pude mantenerme firme ante todo eso; mis recuerdos son borrosos desde entonces hasta que entregué el reporte a la maestra Nishigaki. Perdón, comandante Nishigaki. Para mayor asombro, resulta que también la presidenta Matsumoto tiene una doble en este mundo y, al igual que yo, ¡es una elfo! Cada paso que doy en este mundo me revela una nueva sorpresa.
Desde entonces y durante los cuatro días que llevo en esta realidad, la rutina ha sido similar. Despertar en la mañana, alistarme, inspeccionar la zona del bosque que le es asignada a mi equipo, entregar el reporte y volver a casa. Por suerte, no se han presentado más incidentes con animales salvajes ni hemos encontrado actividad sospechosa. La mayoría de las complicaciones se deben a esa habilidad que tiene Akaza de desaparecer de pronto, lo que nos hace terminar más tarde nuestros recorridos. Es gracias a esto que Chitose y yo no tenemos tanto tiempo para hablar, por más que ambas tengamos la necesidad. Creo que se trata de una idea mía, pero desde el momento en que me vio aquella mañana, ella sabe que algo ha cambiado en la Ayano que conoce. He notado algunas miradas de parte suya cuando intento trabajar, mismas que disimula en cuanto me doy vuelta. Sí ya sospecha que no soy quien conoció como Ayano, me veo en la necesidad de confesarlo y tal vez de esa manera podamos encontrar una solución a esta situación. Solo estoy esperando un día de descanso para poder hablar con calma.
¡Pero no he perdido el tiempo desde que desperté en Tibitha! También descubrí que en este mundo vivo sola. Ya que el bosque es habitado por diferentes razas, todas estas eligen a sus representantes y mis padres tienen la labor de ver por los intereses de todos los elfos, por lo que se mudaron a la capital del reino. Estoy agradecida por ese golpe de suerte, realmente es muy oportuno verme a solas en casa. Tengo la facilidad de investigar cuanto quiera sin la preocupación de ser descubierta o cuestionada por algún comportamiento extraño. No puedo negar que me da un poco de miedo el entorno desconocido al que llegué, pero las cosas se han desarrollado tan tranquilas que no he tenido ninguna dificultad en casa. Con toda tranquilidad he sacado todos los libros que había en mi habitación y algunos en la biblioteca familiar. Son tantos tomos que no sé por dónde empezar. Libros de historia, otros de magia, hasta novelas y un código de leyes he encontrado.
Por las tardes, después de cumplir con mis labores, regreso a casa y comienzo a leer todo lo que pueda. Cómo primero debo saber lo más básico sobre el lugar donde vivo ahora, busqué un libro sobre geografía. Por suerte, la Ayano de este mundo tiene uno. Así descubrí que Tibitha es un mundo tan grande cómo la Tierra y no se limita a un simple país de ensueño. ¡Todo esto es real! Hay diferentes continentes, océanos, montañas y demás. Tal cómo dijo el hombre de mi sueño, el continente en el que estoy se llama Lilium, también conocido como el Continente Norte. Se compone de dos grandes extensiones de tierra y varias islas; los reinos existentes son 6: Jinten, Tarquia, Nosor, Daera, Astorus y Tudoria, donde vivo. Encontré también información sobre diferentes regiones del mundo, cómo el desierto de Tarquia, las praderas de Jinten, la llanura de Nosor y, al menos para mi interés inmediato, el Gran Bosque de Tudoria. Ese apartado lo tuve que leer por completo, no quiero pasar por un momento bochornoso por desconocer lo más básico de la zona donde he pasado toda mi vida. Del mismo modo, encontré un libro titulado "Archivo General de Bestias y Monstruos de Tibitha". Es tan grande y detallado, lleno de mapas, ilustraciones y tablas sobre los diferentes animales que habitan en este mundo y todo se encuentra dividido por regiones, así que no me fue complicado encontrar este bosque. Pero debido a su extensión, no he terminado de leerlo.
Sin embargo, dentro de todo lo que he visto hasta ahora, lo más impresionante es algo que no puedo ver. ¿Cómo decirlo? Esto comenzó durante la primera noche que pasé aquí; estaba en mi habitación buscando entre los libros cuando me pareció escuchar una voz. Lo primero que hice fue buscar a quien me hablaba, aunque con mucho miedo porque se suponía que estaba sola. Tomé una flecha y comencé a caminar por toda la casa sin encontrarme a nadie; revisé tanto puertas como ventanas, todas estaban cerradas y no había muestras de actividad alguna. Estaba por volver a mi habitación cuando la voz sonó de nuevo, pero ahora con más claridad. ¡Descubrí que era mi propia voz la que hablaba! O, mejor dicho, era mi otra yo. La voz siguió sonando en mi cabeza hasta que entendí lo que decía: solo era un recordatorio para regar una planta. Desde entonces, no ha parado con el recordatorio. No estoy segura de cuán importante pueda ser esa planta, pero tanta insistencia proveniente de mi otra yo me hace pensar que no se trata de una simple decoración.
Este no es el único momento en el cual me habla. Mientras camino por el bosque, ya sea en mi trayecto a casa o durante las inspecciones, puedo escuchar susurros en mi cabeza que me indican por donde ir o que plantas y animales es mejor evitar. En verdad es muy útil tener esta voz guía... pero también sumamente perturbador. Me deja pensando en que ha sido de la Ayano de esta realidad. Primero creí que estaría tomando mi lugar en la Tierra, pasando por las mismas penas que yo al verse en un mundo distinto al que conoce. Pero escuchar su voz y que esta misma se muestre tan atenta al mundo que me rodea... no estoy segura de que pensar al respecto. De alguna manera, ella sigue aquí.
Por ahora lo más importante es adaptarme a la nueva vida y esa voz es de gran ayuda para conseguirlo. Tras el ataque de ese animal, ¿cómo era su nombre? ¡Ah sí! Un skogbalí. Después de ese incidente, me propuse alistarme para cualquier otro imprevisto similar y eso significa que necesito aprender a dominar mi habilidad especial. Lo que hice cuando nos atacó esa bestia fue meramente una casualidad, un reflejo que nos salvó a todas. Tengo que estar lista para lo que se pueda aparecer en el bosque y por eso me he puesto a practicar por unas horas al día. Comencé a hacerlo con pequeñas plantas que encontré en casa. En mis primeros intentos no obtuve resultados; por más que me concentrara en hacer crecer las plantas, no pasaba nada. No crecía una sola hoja ni una rama, todo seguía igual después de no sé cuántos intentos. Fue hasta el tercer día que conseguí hacer algo. La misma voz en mi cabeza me dijo que intentara con calma, tenía que respirar profundo y visualizar lo que quería lograr. Me llevó toda la tarde, hasta que conseguí que creciera una hoja. ¡Una hoja! No sé por qué, pero me sentí muy emocionada. Hice muchos otros intentos, siempre con la idea de hacer crecer más hojas. Antes de dormir, mi habitación ya parecía un jardín.
Sé que no es mucho lo logrado, pero cualquier avance me sirve para comenzar el dominio de estos poderes. No importa si lo acepto o no, la única manera que tengo para vivir en este mundo mientras busco la manera de volver al mío es seguir sus reglas. Pero ¿por qué tenía que pasarme a mí? Esta situación sería más llevadera para alguien Funami-san. Con todo lo que sabe de videojuegos, seguro que encontraría cómo solucionar este problema. También Toshino Kyoko podría superar esto con facilidad. No, ¿qué estoy diciendo? Ella lo disfrutaría, sería un sueño hecho realidad porque estaría atrapada en un anime y lo menos que buscaría sería la manera de volver a Japón. De seguro iría más allá de su deber, se escaparía de las inspecciones para conocer más del bosque y haría todo lo posible por abandonar este lugar para conocer Tibitha en su totalidad. Sí, esto sería mejor para ella, no para mí. ¿Por qué estoy pasando por esto entonces?
Bien, no me sirve de nada hacerme ese tipo de preguntas. Podría quedarme aquí sin hacer otra cosa más que pensar en lo que ocurrió, pero no encontraría respuestas; en vez de eso he pasado las últimas noches leyendo y practicando mis habilidades. Aunque me falta mucho por aprender, es lo mejor que puedo hacer. No creo que sea sencillo encontrar la manera de volver a mi mundo, sé que pasaré por muchas dificultades y solo hay una cosa que me ayudara a sortear lo que viene: mi propia voluntad. Menos mal que recuerdo el nombre de ese pirata, esa debe ser una buena pista para comenzar. Tal vez la maestra Nishigaki sepa algo sobre él. Ya le preguntaré en cuanto sea posible. ¿Tendré que pedir una cita para verla?
—¡Ayano! ¡Ayano!
¿Chitose? ¡Y esos gritos me asustan! No es normal que ella grite de esa manera. Corro a la puerta para abrirla de inmediato. El corazón me late con fuerza y siento las manos heladas. Piensa, ¿qué pudo pasar para que Chitose se comporte de esa manera? Todas las opciones que me vienen a la mente son horribles.
—¿Qué pasa? ¿Por qué esos gritos?
—¡Es urgente! —me dice apenas abro. No está sola. Detrás suyo está Himawari con cara de preocupación—. Sakurako ha desaparecido.
—Sakurako... ¿qué? ¡¿Qué?!
—Desapareció —comenta Himawari. Sus manos están tan temblorosas como las mías. No puedo creer que este escuchando esto—. Se internó a una de las áreas de vigilancia y no ha vuelto. Le dije que no lo hiciera... es tonta. Debí seguirla cuando pude.
Esas últimas palabras parecían un reclamo hacia ella misma y no una molestia con Sakurako. En la tierra ellas dos tienen una amistad un poco extraña. Dicen no soportarse, se la pasan insultándose y Sakurako suele comenzar competencias sin sentido entre ambas o a fastidiar, pero, a pesar de eso, siempre están juntas. Son vecinas y, según he escuchado, hacen la tarea juntas. Se llevan mejor de lo que ellas mismas dicen y hasta lo que he visto en esta realidad, las cosas no son muy diferentes. Claro que hay algunas provocaciones entre ellas, pero son similares a las que ya conozco. Todos los comentarios que se hacen entre ellas son burlas a sus cuerpos o a su comportamiento. Aun así, no pueden estar separadas. Sin esperar más explicaciones, volví a mi habitación, tomé mi arco, las flechas y volví con mis amigas. No estoy segura de cómo lo haré, pero es mi responsabilidad encontrar a Sakurako antes de que algo le ocurra. Por favor, Ayano de Tibitha, ¡ayúdame a solucionar esto!
Los caminos del pueblo me parecieron el doble de grandes a medida que avanzábamos. Por más que corríamos, no sentí que nos acercáramos a la parte inhabitada del bosque y el tiempo me pareció ir más lento. Tal vez no es solo mi preocupación la que me domina en este momento; el ver a Chitose tan desesperada y a Himawari tan alterada, me ha afectado más de lo esperado, sin contar que tal vez, mi otra yo pueda contagiarme sus emociones. Esto es demasiada presión, sin embargo, tengo que superarlo. Seguimos avanzando por el sendero principal y pasamos el acceso a lo más profundo del bosque. Ni siquiera tuve tiempo de preguntar qué ha pasado o por qué Sakurako vino sola a este lugar. En cuanto me lo dijeron solo atiné a correr sin pedir más información.
Un segundo, ya recordé en donde estamos. Esas raíces gigantes que salen del suelo, los arbustos aplastados… ¡es el mismo lugar donde nos atacó el skogbalí! Ya veo, tuvieron que cortar las raíces que hice crecer para detenerlo. Espero que no les diera muchos problemas; aunque escuché que vendrían domadores a encargarse de él, en el Archivo General leí que son animales difíciles de tratar. A juzgar por las huellas en el suelo y los cortes en los árboles cercanos, me atrevo a decir que no les fue fácil. ¿Qué hizo a Sakurako volver a este lugar? No parece haber mucho que hacer aquí.
—Es por acá —nos llama Himawari. Pasamos una serie de árboles delgados en cuyos troncos se pueden ver talladas varias cruces y el nombre de Sakurako. Otro tiene una flecha que va directo al suelo, señalando unos trozos de tela y una funda de espada. Esto no lo revisamos el día de la inspección; creo que sale de los límites de nuestra área.
—Esa tela parece arrancada —les digo a ambas. Es toda negra, pero los trozos no son suficientes para adivinar de que prenda provienen. La funda, en cambio, no creo que sea de ella. No recuerdo que use armas.
—La funda también parece que la arrancaron y miren, está llena de rasguños —agrega Chitose. Me acerco para ver lo que señaló y es verdad, la correa que le ajusta a la cintura se ha roto y toda la extensión de la funda está llena de rasguños… más bien cortes. Se puede ver a través de estos.
—Himawari, ¿por qué Sakurako volvió a este lugar? ¿Qué es lo que busca?
—Al invasor del bosque —responde después de hacernos esperar unos segundos. Antes de decirnos esto, miró a todos lados, como si comprobara que estuviéramos solas—. Por eso volvió a este punto.
—¿De cuál invasor habla? —pregunta Chitose.
—Es algo que escuchamos en la oficina de la comandante Nishigaki cuando fuimos a entregar el reporte de hoy. Estaba hablando con Rise y ya saben que la comandante puede ser muy ruidosa a veces. Parecía emocionada por la plática y Sakurako se quedó a escuchar. Le dije que no debíamos hacer eso, pero no me hizo caso.
—No había escuchado nada sobre un invasor —vuelve a decir Chitose. La veo muy interesada en el tema. En cambio, yo me siento como una extraña en esta conversación—. ¿Y tú, Ayano?
—Tampoco —le respondo.
—Es un tema del que pocos están informados —Himawari vuelve a hablar. Se ve un poco más tranquila, pero sigue nerviosa. Juntas comenzamos a caminar, siguiéndola. En los árboles se ven algunas cruces talladas por Sakurako, pero conforme avanzamos, estas se vuelven escasas—. Nishigaki no quiere poner en alerta a los escuadrones hasta confirmar su sospecha y tener certeza de a quien estamos buscando. Por lo que entendimos, hay varios reportes que incluyen avistamientos de skogbalies fuera de sus territorios, además de comportarse más agresivos de lo normal.
—Igual a lo que pasamos —comenta Chitose. Ya veo, si las coincidencias son tantas, tiene sentido comenzar a sospechar en que algo inusual está ocurriendo—. Eso quiere decir que alguien o algo les está atacando.
—Al menos es lo que se cree.
—En pocas palabras —le interrumpo—, ¿Sakurako vino sola al bosque para investigar las sospechas de la comandante Nishigaki?
—Sí. Aunque no vino sola. Me hizo seguirla hasta aquí, aunque le dije que no deberíamos hacerlo. Estuvimos discutiendo todo el camino hasta que ya no quise acompañarla —con cada palabra, pude sentir que el sentimiento de culpa se volvía más grande. No solo estaba preocupada por Sakurako, también se sentía responsable de esta situación—. Pensé que me seguiría en cuanto la dejara sola, pero no lo hizo. Cuando volví al punto donde nos separamos, ella ya no estaba.
—No tiene sentido culparte por eso ahora —agrega Chitose. Puso una de sus manos sobre el hombro de Himawari—. Si ustedes tuvieron algún problema, ya lo solucionaran después.
—Exacto, lo importante es encontrarla —les digo manteniéndome lo más positiva. No puedo asegurar nada, pero si las cosas no son tan diferentes entre ambos mundos, estoy segura de que Sakurako estará a salvo. Aunque a veces puede ser algo torpe, también es intrépida y si en la Tierra es capaz de atrapar insectos y serpientes con las manos, no me imagino lo que puede lograr en un mundo como este. El mayor problema sería encontrarla. ¿Uh? Creo ver algo. Me adelanto a mis amigas para ver mejor. No estoy segura de que sea algún indicio sobre el paradero de Sakurako, pero aun así algo está fuera de lugar—. Esperen… ¿qué es eso?
Parece algo peludo, pero está en el suelo sin moverse. Demasiado delgado para tratarse de un animal, pero dudo mucho que sea un tapete. Me acerco con cuidado, no sea que en verdad se trate de algún ser peligroso. Mis amigas se quedan atrás, solo mirando. Ugh, de pronto me llegó un aroma nauseabundo. ¡Ah! Efectivamente, es un animal, pero ya está muerto y solo dejaron parte de la piel y sus huesos. Cielos, es horrible. Los árboles a su lado tienen varias manchas de sangre, hasta el suelo se mira negro. Cerca se ven los restos de una fogata y más huesos apilados cerca de esta.
—Son restos de un skogbalí —Chitose lo dice con toda naturalidad. Igual Himawari no le da la mayor importancia. Tiene sentido, aquí debe ser habitual encontrar animales muertos, pero para mí no deja de ser aterrador—. Casi no dejaron nada.
—Aquí solo hay huesos… y más restos de piel —les digo. Alrededor de la fogata había unos cuantos huesos más. Todos estaban llenos de arañazos y había otros cuantos rotos. Quien sea este invasor, no solo es fuerte, también es un despiadado. Había unos pedazos de piel que ya empezaban a secarse, solo que estaban manchados de sangre. A juzgar por su forma, los cortaron con mucha precisión. Si llevamos esto a la maes… digo, a la comandante Nishigaki, podríamos confirmar su teoría del invasor. No cabe duda de que esto fue obra de una persona. Sin embargo, estamos aquí por otro asunto más urgente.
—La comandante tiene razón, hay un invasor en el bosque —la voz de Himawari comenzó a temblar. Creí que sería por la preocupación, pero al mirarle la cara no puedo asegurar si lo hace por eso o se debe al enojo que tiene con Sakurako—. Y esa tonta… anda por ahí como sin nada —este… creo que está enojada.
—No te preocupes por eso —intento calmarla. Aunque me da la impresión de estar molesta, en el fondo sé que en verdad tiene miedo de que algo le pase a Sakurako—. La encontraremos antes que él. Tal vez si nos dividimos… ¿uh?
No puedo terminar la frase. Verán, estas orejas de elfo no solo son una parte sensible al tacto, también he ganado una mejor audición y soy capaz de escuchar sonidos lejanos, mismos que mis amigas humanas no logran captar. Dormir estas noches ha sido un poco difícil gracias a este detalle y justo acabo de escuchar algo parecido a unos gruñidos muy graves. No son como los del animal de otro día, estos son distintos, más fuertes y largos. ¿Eso es una voz? No estoy segura, pero los gruñidos se están intensificando poco a poco. Y no solo eso, ¡se dirigen hacia nosotras!
—¿Pasa algo? —me pregunta Chitose un tanto asustada.
—Algo viene hacia nosotras —señalo uno de los árboles que tenemos al frente. Puedo oírlo muy claro—. No sé qué sea, pero viene por ahí y cada vez avanza más rápido.
—¿Otro skogbalí? —tanto Himawari como Chitose han tomado sus respectivas armas. Las dos utilizan bastones, solo que el de Chitose es más largo y parece hecho con una rama muy gruesa.
—No, este suena muy distinto. No logro distinguir aun que es.
—¡Lo veo! —gritó de pronto Himawari. Se aferró a su bastón, vi que Chitose hacía lo mismo, alistándose para la posible pelea.
No estoy muy segura de que hacer, ¿debería usar mis poderes o el arco? No lo sé, me he concentrado tanto en mis habilidades con las plantas que dejé a un lado la practica con el arco y las flechas. Ambas opciones son limitadas y tengo que actuar rápido. Sin estar segura de nada, tomo una flecha y la acomodo al arco para tener listo el tiro. Si las cosas se complican, estoy segura de que encontraré la manera de usar mi habilidad especial y repetir lo que hice el otro día con el skogbalí. Los árboles comienzan a moverse de manera frenética, sus hojas se mecen y algunas se caen debido a la fuerza del movimiento. Una figura de gran tamaño, toda negra, se acerca hacia nosotras. Poco a poco, su figura se define hasta que la poca luz que tenemos nos revela que se trata de un animal gigante… ¡un oso gigante nos ataca!
—¡Un ursvart gigante! —grita Chitose—. ¡Apártense de su camino!
No tuvo que decirlo dos veces. Apenas asomó la cabeza entre los árboles, saltamos a un lado para dejarle el paso libre. El oso gigante, de pelo todo negro, se detuvo antes de estrellarse con los árboles y soltó un fuerte gruñido. Se puso de pie por un momento y se dejó caer frente a nosotras. Nos quedamos quietas mientras nos miraba; una a una, nos recorrió con sus ojos brillantes. Mostraba los colmillos cada vez que respiraba hondo, pero no atrevía a atacar a pesar de tener las garras listas. No sé cómo puedo mantenerme de pie ante semejante oso. ¡Es enorme! En mi mundo no crecen tanto, pueden ser más grandes que una persona, pero no llegan a estos extremos. Una sola de sus patas podría aplastarnos sin problema alguno. Oh no, se está acercando demasiado y de nuevo se levanta. Mi arco no podrá hacerle nada, ¡mis flechas son diminutas comparadas con su gran tamaño!
—¡Scutum! —exclamaron al mismo tiempo Chitose y Himawari.
Frente a nosotras aparece una burbuja apenas visible. La garra del oso se estrelló sobre esta barrera protectora con un fuerte estruendo. Por un momento creí que se rompería, pero soportó el golpe por completo. Al ver que su garra no pudo llegar a nosotras, el ursvart en vez de sorprenderse o alejarse, se enojó más y volvió a golpear con fuerza. Cada zarpazo retumba en mi cabeza y la idea de que rompería esa delgada burbuja me parece cada vez más cercana. Tengo que idear algo para salir de esto. Mientras ellas dos puedan soportar los golpes estaremos bien, pero no podemos solo esperar a que este animal gigante se aburra. Tal vez sí hago crecer un árbol para golpearlo… o atarlo con raíces… ambas son buenas opciones, solo tengo que concentrarme para… ¡crack! ¡¿Qué fue eso?
—¡Maestra! —grita Himawari—. ¡Está por romper la barrera!
—Aguanta un poco más… —responde Chitose. No puedo imaginar por lo que esté pasando, pero su voz suena forzada—. Ayano… el ursvart es más fuerte de lo que pensé.
—Aguanten un poco, voy a detenerlo —pero no puedo pensar con claridad. Hacer brotar una hoja me costó varias horas de práctica y mucha concentración. Actuar en una emergencia así es... vamos, tranquila y has brotar unas raíces, tal cómo pasó cuando atacó el skogbalí. Los azotes del oso cada vez me parecen peores, me es difícil enfocarme y, lo peor de todo, es que no logro escuchar la voz de la otra Ayano.
De nuevo la barrera emite un sonido parecido a un cristal rompiéndose. Levanto la mirada y puedo ver como las garras del animal han perforado nuestro muro. Himawari ha caído de rodillas a mi lado y Chitose… veo como sus piernas tiemblan. La burbuja intenta cerrarse de nuevo, sin éxito alguno. Las garras del oso son más rápidas y poderosas, de un segundo zarpazo ha logrado destruir nuestra una protección y ahora estamos vulnerables. Es mi última oportunidad para actuar, pero no consigo que crezca ni una sola hoja. ¡Por favor! Solo una raíz, algo para defendernos.
La enorme garra cae sobre nosotras y de nuevo la barrera cruje. Ahora Chitose cae de espaldas; puedo ver cómo pedazos de la burbuja caen sobre nosotras, desvaneciéndose tras dejar unas pequeñas chispas en el aire. Sentí el aliento pesado del ursvart sobre mi cabeza. Sus garras se elevaron una vez más sobre nosotras y no podía hacer nada. Mi cuerpo está helado, no puedo creer la situación en la que nos encontramos. Todo depende de mí y no puedo hacer nada. No logro escuchar a mi otra yo, tampoco puedo usar mi habilidad, ni siquiera disparar una flecha. La bestia gigante deja caer su garra sobre nosotras... esto es... ¿un grito? ¡¿Qué pasó?! De la nada el ursvart se estremece, da unos pasos atrás y se tambalea. Una figura humana acaba de caer justo enfrente de mí. No puedo creerlo... es... es...
—¡Oye! —esa voz es inconfundible. Estridente como solo ella sabe ser, tan enfadosa como decidida al momento de proponerse algo. Se le caen unas cuantas hojas del cabello y la ropa está llena de manchas de tierra y hierba—. Aun no termino contigo, grandote.
—¡Sakurako! —Himawari nos ha ganado el grito. Todas nos encontramos igual de sorprendidas por su repentina aparición. Y yo agradezco que fuera tan oportuna en llegar, debo admitir que nos salvó a las tres.
—Maestras —su expresión parece confundida al vernos detrás de ella, pero de inmediato cambió al notar la presencia de Himawari. Ahora parece molesta—. Y el monstruo pechugón. ¿Qué hacen aquí?
—Vinimos a buscarte —le digo mientras ayudo a Chitose a levantarse—. Himawari nos dijo que estabas perdida.
—¡No me perdí! —reclama Sakurako. Volteo la mirada a Himawari y entre ambas se podía notar una gran tensión. En verdad no es nada extraño—. ¡Estaba investigando al invasor cuando ese ursvart apareció y lo empecé a seguir! Ni siquiera había pensado en como volver al pueblo.
—¡Admite que estabas perdida! —reclamó Himawari. No es hora de empezar una discusión.
—¡Que no me perdí!
—¡Chicas! ¡El ursvart! —grita Chitose. Por un momento había olvidado nuestra situación con los gritos de estas dos.
No sé cómo ocurrió, ni el por qué, pero tras escuchar a Chitose, mi cuerpo se movió solo hacia ella. La tomé en mis brazos y juntas huimos del ursvart con un salto que aun no comprendo como pude dar. Sakurako aterrizó a mi lado, cargando a Himawari como su de un costal se tratase y, pese a los reniegos de ambas, no perdieron detalle del comportamiento del oso gigante. Al percatarse que no estábamos bajo sus garras, se volteó confundido, buscándonos desesperado. Desde nuestro escondite entre los árboles podemos verlo sin problema. Sigue gruñendo en todo momento, pero ahora que sus movimientos se volvieron lentos, puedo ver que una de sus patas traseras cojea. Lo más fácil sería culpar a Sakurako; el golpe que le dio hace poco pudo herirle, pero ella le atacó de frente. Debe haber otra razón para esa herida.
—No pienses que quiero culparte —comenzó a decir Himawari. Ya me imagino otra discusión entre ellas dos—, pero ese ursvart es demasiado violento. Dime que no le lastimaste esa pata.
—¡Claro que no! Yo sería incapaz de lastimar de esa manera a un indefenso ursvart —este... ¿indefenso?—. Está así de molesto porque tiene algo clavado en su pata. Quise quitárselo, pero en cuanto me acerqué se enojó y comenzó a atacar.
—Por eso se comporta tan violento —dice Chitose—. No podemos dejarlo así, está herido y es un peligro no solo para otros inspectores, también para el pueblo.
En eso tiene razón. Ahora somos nosotras cuatro, pero si se acerca a la parte habitada del bosque, las victimas podrían ser bastantes. Además, es nuestro deber como defensoras del bosque. ¿Pero cómo podemos atender a semejante animal gigante? Ni siquiera podemos acercarnos para... "Dormirlo". ¿Uh? Ahí está la voz de la Ayano de este mundo. ¡Claro! Hay dos hechiceras en el grupo, podemos lanzarle un hechizo de sueño para que caiga dormido y así atenderle. Solo que detenerlo será un problema.
—Tenemos que dormirlo —les digo. Espero que esta sea una buena idea.
—Con el tamaño que tiene necesitaremos lanzarle más de un hechizo —me dice Himawari.
—Eso no es problema. Lo complicado es detenerle el tiempo suficiente para no fallar —Chitose parece más segura de mi idea. Himawari voltea a verla, primero la noto nerviosa. Las dos cruzan miradas—. Estoy segura de que podemos hacerlo.
—Confío en lo que dice, maestra.
—No confíes en mis palabras —le responde con una sonrisa—. Debes confiar en ti.
—¿Y cuál es el plan para dormirlo, maestra? —me pregunta Sakurako.
Solo veo una posibilidad para conseguir nuestro objetivo. Es riesgoso y todo depende de que las cosas salgan a la perfección; sé que ellas cumplirán con su parte, pero tengo dudas sobre mí. No puedo permitirme fallar. Ahora que tengo la voz de mi otra yo lista, puedo hacerlo. ¡Tengo que hacerlo!
—Muy bien, escuchen con cuidado. Sakurako, tú te encargarás de atraerlo hacia nosotras, cuando esté en posición yo me encargaré de detenerlo y entonces le lanzan el hechizo de sueño. ¿Entendido?
—¡Suena muy fácil! —grita Sakurako. De inmediato da un salto y sale de nuestro escondite. Se adelantó a nosotras, pero está bien, eso no significa un problema.
—Espero que esto no complique las cosas —menciona Himawari.
—No debería. Bien, ustedes esperen aquí.
Ahora es mi turno de salir. Respiro profundo, debo mantener la calma pase lo que pase; no importa cuán estruendosos que sean esos golpes o los gritos de Sakurako. La veo correr en círculos frente al enorme oso, mientras este le sigue sin poder alcanzarle. A pesar de su agresividad inicial, parece que esa bestia ya comienza a cansarse. ¿Cuánto tiempo hace que Sakurako lo encontró? Esas preguntas no importan ahora, solo debo centrarme en usar mis poderes. No es fácil pensar con claridad cuando el ambiente está lleno de gritos y gruñidos, pero debo hacer mi mejor intento.
Imaginar que del suelo brota una gran raíz, solo debo hacer eso. Concéntrate... ya lo hiciste una vez, puedes hacerlo de nuevo. La tierra tiembla cerca de mí, debe ser porque Sakurako y el ursvart se acercan. Mantén la calma y enfócate. Puedo sentirlo, esa energía que fluye a través de mi cuerpo, tal como ocurrió en mi habitación o en mi primera inspección, aunque ahora percibo algo más. Es como si este flujo no solo recorriera mi cuerpo, puedo sentir que también pasa por el suelo bajo mis pies. Mis brazos se levantan solos, creo que en este momento no soy yo quien tiene el control; tanto Sakurako como el oso se acercan a mí, no puedo evitar sentirme nerviosa, aunque también hay una extraña calma en mi interior que crece poco a poco. Ya casi están donde los quiero, solo avancen unos metros más. ¡Ahora! Abro por completo mis manos y ese flujo de energía se vuelve más fuerte. El suelo cruje con violencia, varias grietas se abren y de estas aparecen varias raíces tan gruesas como los árboles que nos rodean. Atrapan una a una las patas del ursvart hasta dejarlo inmovilizado justo frente a mí; lo único que puede agitar con cierta violencia es su cabeza.
—¡Durmiens! —escucho a mis espaldas decir a Chitose y Himawari mientras dos estelas de luz pasan a mi lado y se impactan en la cara del oso. Sus sacudidas se reducen, pero no dejan de ser insistentes, por lo que ambas se vieron obligadas a repetir el hechizo hasta que, por fin, después de varios impactos, cayó dormido.
—Por fin lo logramos —dijo Himawari en un suspiro de alivio.
Me siento en el suelo, esto fue más cansado de lo que creí. Supongo que excedí mis límites al hacer crecer unas raíces tan grandes en tan poco tiempo, además de la agitación que acabamos de pasar. La voz de la otra Ayano ha desaparecido de pronto. Al menos apareció en el momento que más la necesitaba. El caso contrario a mi cansancio es Sakurako, a pesar de llevar no sé cuántas horas rondando por el bosque, sigue cómo si nada. Por eso deben llamarla "La imparable".
—Muy bien, es hora de quitarte esa molestia de la pata —dice acariciándole la cabeza. Sin perder el tiempo, se dirige hacia la pata lastimada.
—¡Espera! —Himawari la sigue, adelantándose a nosotras. Gracias a Chitose pude ponerme de pie—. Deberíamos esperar a que alguien más venga.
—Eso solo nos hará perder el tiempo y podrían robarnos nuestro logro. ¡No dejaré que nos quiten lo nuestro!
—Himawari tiene razón. Aunque esté dormido, no sabemos qué tan seria sea esa herida… —intento calmarla. Mi autoridad como su maestra debería… olvídenlo. ¡Acaba de retirarle dos espadas de buen tamaño de la pata lastimada! El ursvart solo dejó salir un gruñido de molestia, pero no hizo nada más. Sigue dormido como si nada hubiese pasado.
—¡Sakurako! ¡¿Qué has hecho?! —le reclama Himawari casi desesperada. En cambio, mi… aprendiz actúa como si aquello no tuviera importancia. Se siente extraño llamarla de esa manera.
—Lo que quería hacer desde un principio. Esto es lo que le tenía tan alterado.
Ambas espadas están bañadas en sangre. Ugh… es desagradable, pero las constantes hemorragias nasales de Chitose ya me tienen acostumbrada a ver cosas así. Ambas son largas y de una hoja gruesa, parecidas a las que usa Funami-san. Lo extraño de estas es que tienen la parte afilada llena de abolladuras, incluso en algunas partes están rotas. ¿Será una especie de trampa?
—Parecen espadas de los guardias reales —agrega Chitose—. Debemos reportar todo esto, ellos no tienen autoridad en el bosque.
—De eso puede encargarse Himawari. Yo iré a buscar al invasor del… ¡au!
—Nada de eso —le interrumpe Himawari tirando de su oreja. Ambas empiezan a caminar por el sendero que seguimos para llegar a este punto—. Vienes conmigo a avisar de esto. No te dejaré andar por ahí sola.
—Pero, pero… ¡maestra!
—Ve con ella, acabas de darnos un susto que no queremos pasar de nuevo —le digo. No sé por qué pensó que yo podría apoyarla después de lo ocurrido—. O me veré obligada a reportar tu mal comportamiento.
—¡No! Todo menos eso. Está bien —dice a regañadientes—. Iré con el monstruo pechugón.
—¡Deja de llamarme así!
Entre gritos y reclamos, las dos se alejan de nosotras. Es curioso como sus personalidades se mantienen entre ambos mundos. Volteo a ver ambas espadas. Obviamente no llegaron a este lugar por una casualidad o la mala suerte del oso. Unas armas como estas solo pudieron llegar hasta aquí por culpa de un ser humano… o alguna otra de las razas humanoides. Sea como sea, ya sean cazadores o guardias fuera de su área de jurisdicción, alguien es culpable de las heridas del ursvart que Chitose está atendiendo en este momento. Creo que la idea de un invasor es correcta y la imprudente expedición de Sakurako nos ha dado las pruebas que faltaban para confirmar las sospechas de la maes… comandante Nishigaki. Vaya primeros días he tenido en este mundo. Solo quiero volver a mi casa a descansar un poco.
Extracto del Archivo General de Bestias y Monstruos de Tibitha
Urs. Animales propios de los bosques y áreas gélidas de Tibitha. La terminación de su nombre dependerá del color de su pelaje. -vart se refiere a los de color negro, -vit para los de pelaje blanco y -brun para los de color marrón. Es común verlos deambular solitarios o en pequeños grupos durante las tardes, momento en el cual comienzan a buscar alimento. Sin importar la especie, sus garras representan su arma principal y estas se consideran unas de las más poderosas en el reino animal. Pese a su poder, los urs suelen ser pacíficos y no atacaran a menos que lo consideren necesario.
Ahora bien, existen dos variedades de urs. En la primera, estos no superan los dos metros de altura, pero en la segunda, los urs pueden medir entre siete y diez metros. A estos se les llama gigantes. Por desgracia, es imposible encontrar diferencias entre los cachorros de ambas variedades, pues estos miden lo mismo hasta el primer año, cuando los urs gigantes comienzan con su crecimiento acelerado, por lo que es común que las familias que capturan a un urs cachorro para tenerle de mascota descubran después de un año que han criado a un gigante.
Del latín "ursa" (oso) y del noruego "svart" (negro). Oso negro gigante.
