Kobayashi 2:

Una nueva rutina

Dragones. No importa en qué mitología se presenten; ya sea en oriente u occidente, siempre son descritos como las bestias más poderosas entre todas. Son temidos por la fuerza destructiva que poseen y por ser invulnerables a casi todo tipo de ataque. Pero no solo son de temer por sus atributos físicos. De igual manera destacan por su sabiduría; su longeva vida les permite acumular años de experiencia y conocimiento que no dudaran en utilizar contra sus enemigos. Puede parecer que estoy exagerando en mis palabras, incluso que tengo alguna fascinación especial con estos seres. Bien, no puedo hablar por mi contraparte quien tal vez si les tiene algún cariño especial, está en su título y convive con ellos; sin embargo, yo no comparto una gran admiración por estos. Solo estoy siendo objetiva. Debería bastarnos con recordar cuantas veces en las películas o libros de fantasía se describe a los dragones como seres poderosos, incluso en los videojuegos los enemigos más difíciles suelen ser dragones, ya sean los jefes finales o algún subjefe molesto. Incluso sus versiones más comunes y débiles pueden resultar complicadas. Ah, me he desviado mucho del tema principal.

Solo pensaba en lo poderosos que son los dragones porque me he empeñado en controlas la habilidad con la cual nací en este mundo. Ser la caballero dragón me da la facilidad de relacionarme con estos y también puedo utilizar su fuerza. En un principio no entendía a qué se refería, pero lo aprendí días después del ataque a la familia Saikawa. En verdad es tal cual lo dice, puedo utilizar algunas habilidades especiales de los dragones que me rodean, aunque para esto debemos tener una especie de pacto. Hasta donde pude investigar sin levantar sospechas, he realizado dicho pacto con Tohru y Kanna, cuyos atributos son, respectivamente, el rayo y el fuego. Fafnir se negó a hacerlo, aunque ha permanecido como un aliado y Lucoa dijo que aún no estoy lista. Por cierto, ¿dónde estará ella? Solo me dijeron que salió de viaje hace poco. Espero que vuelva pronto. No estoy segura del motivo, pero quiero hablar con ella.

Después de haberme recuperado de aquel desastroso combate con los bandidos, decidí una cosa muy importante: no volvería a pasar por algo como eso. No es que esos tipos me lastimaran de gravedad; usaba la armadura que me protegió de varios ataques que pudieron tener un desenlace fatal, así que mis peores heridas fueron solo algunas marcas provocadas por las mismas placas que me cubrían y un par de golpes apenas perceptibles. Creo que solo Tohru les prestó atención, yo no me había percatado de su presencia hasta que ella los señaló muy alarmada. Kanna y yo tuvimos que calmarla de inmediato, pues quería encarar a los prisioneros para reclamarles por eso. En un principio no vi en aquello nada peligroso, pensé que se limitaría a gritarles, tal vez darles un par de bofetadas, tal y como actuaria la Tohru de la Tierra. Pronto me di cuenta de mi error al asumir eso. En este mundo, ella es un dragón y aunque adopte la apariencia de una humana ¡su fuerza física sigue siendo la misma! Un simple golpe podría matar a esos malvados. Corrimos detrás suyo y, afortunadamente, llegamos a tiempo para evitar un homicidio múltiple. Entre nuestros esfuerzos por detenerla y a la ayuda de Fafnir, esos prisioneros siguen vivos.

Sobre el ataque de otro día, no hemos investigado mucho. Por el momento solo he esperado que esos sujetos hablen sobre sus motivos para atacar los campos de la familia Saikawa, aunque hasta ahora se han negado a hablar conmigo. Les he interrogado dos veces con ayuda de Takiya, pero no logramos sacarles nada de información. Fafnir se ofreció a dirigir el siguiente interrogatorio, con la única petición de hacerlo el solo. Para ser sincera, tengo miedo de lo que pueda ocurrir si le dejamos a solas y sin supervisión alguna. Hasta donde sé, a él no le agrada la compañía de los humanos, con las excepciones de Takiya y la mía, aunque esta última la soporta más por obligación que por gusto. No me molesta, es casi lo mismo en mi mundo. Sin otra opción, acepté su propuesta y para tranquilizarme, Takiya me prometió permanecer cerca de las mazmorras cuando iniciara el interrogatorio. Menos mal que él es capaz de controlar a Fafnir cuando se enoja. Es algo que permanece igual entre ambas dimensiones.

Por mi parte, en estos días he descubierto los muchos beneficios y responsabilidades que mi yo de Tibitha ha ganado por su título de Caballero Dragón. Las cosas no se limitan a vivir en un gran castillo en medio de las llanuras de Nosor. El poblado donde nos encontramos se llama Kinja. Además de alojar numerosas granjas, las principales fuentes de alimento para gran parte del reino, es un punto clave tanto para la caravana de mercaderes como para los viajeros y, aún más importante, es la principal ruta entre la capital y los puertos de la costa este. Básicamente, la seguridad de toda la región está en mis manos, en especial este pueblo. Quedamos justo a la mitad de camino, así que en este lugar las posadas son comunes como las bandas de ladrones. Ah... sin presiones, ¿verdad? Y pensaba que mi trabajo en la Tierra era estresante con esos repentinos pedidos con tiempos de entrega ridículos y un jefe descortés que me culpa de todo lo que salía mal. Aquí mi "jefe" directo es el rey, no el gobernador de la región ni un general reconocido del ejército. Fue él quien me mandó a este lugar por considerarlo necesario hace unos años y si ataques como el del otro día son comunes, con justa razón lo hizo. Si ponemos las cosas de esa manera, no solo debo quedar bien con el rey; los habitantes de Kinja también han depositado su confianza en mí.

Mi nueva rutina diaria es muy distinta a lo que hacía en la Tierra, aunque hay una cosa que para mi gusto se mantiene en ambas realidades. Mi sencilla vida consistía en despertar, desayunar, ir a trabajar, volver a casa, cenar con Tohru y Kanna, beber una o dos cervezas e irme a la cama para volver a lo mismo al día siguiente. Solo los fines de semana eran distintos, pero conservaban cierta similitud. Lo usual era quedarme en casa, acompañar a Kanna al parque o ayudar a Tohru con las tareas del hogar. Ocasionalmente íbamos al cine y, en caso de que los negocios del mercado local organizaran alguna festividad, asistíamos un rato. Viene muy bien para despejarme después de unas semanas de trabajo pesado y Tohru suele divertirse mucho. Es increíble como la chica extranjera que lloraba por volver a su país se volvió la más popular en el mercado y en el edificio de apartamentos donde vivimos. Sin darme cuenta, se hizo amiga de todos los vecinos, incluso de aquellos a quienes nunca les dirigí la palabra. Ni que decir de los vendedores, se lleva tan bien con ellos que suelen hacerle descuentos especiales cada vez que hace las compras y algunos hasta le han regalado de sus productos. Así, aunque mi vida no era una gran maravilla ni estaba rodeada de lujos, bastaba para sentirme cómoda y satisfecha con lo logrado. Bueno... tal vez solo la paga podría mejorar.

En este mundo, el dinero no es ningún problema, todo lo contrario. No estoy segura de cuánto me pagan, pues no encontré ningún comprobante ni nada parecido a un recibo de nómina. Lo que sí descubrí fue una gran bóveda llena de monedas y lingotes de oro. No está llena a reventar, pero aun así es más dinero del que he visto (y seguramente veré) en toda mi vida. Eso sin contar que el mismo rey se encarga de pagar los suministros del castillo donde vivo. Tanto el material para dar mantenimiento a la construcción como a las armas, hasta nuestra comida y bebida, corren por cuenta del reino mismo. Asombroso, ¿no? Como es de esperarse, esto no lo hacen solo por mi título. A la par de estos beneficios, tengo una gran responsabilidad con mucha gente y en este punto comienza la rutina de la Kobayashi de Tibitha. Apenas al despertar, Takiya ya me espera para una práctica con la espada. Dice que la finalidad es no perder ni un solo día la costumbre de usarla, en especial por las ocasiones en que no hay ataques al poblado. Después voy a desayunar y al terminar me alisto para dar la primera ronda de vigilancia por el pueblo. Al terminar, regreso al castillo a descansar un poco y atender la correspondencia que pueda llegar de la capital o los reportes y denuncias locales. Por suerte no ha pasado nada en estos días, además de los bandidos que detuvimos. Luego viene la hora de la comida y puedo matar un poco de tiempo antes del atardecer, cuando debo realizar otro recorrido por el pueblo que termina hasta ya entrada la noche. A diferencia de la Tierra, aquí me muevo mucho y no tengo días de descanso. Al final de la jornada, regreso al castillo para cenar y, lo mejor de todo, beber una buena cerveza. Debo agregar que es la mejor que he probado en mucho tiempo. No estoy segura de cuál sea el ingrediente clave o como sea su proceso de fermentación, pero en este mundo he encontrado la mejor cerveza de todas. No puedo compararla con ninguna de mi mundo, el sabor es tan diferente. Sé que resulta muy arriesgado decirlo, pero en verdad la voy a extrañar cuando regrese a la Tierra.

Hablando de las semejanzas, hay cosas que en verdad no cambian entre ambos mundos. No solo las personas a mi alrededor se mantienen idénticas a sus contrapartes de la Tierra; también las relaciones con su entorno. Kanna y Saikawa son muy buenas amigas; en los pocos días que tengo en Tibitha las he visto juntas la mayor parte del tiempo, ya sea porque vienen del campo o es Saikawa quien visita a Kanna para jugar. En un principio creí que se debía al ataque, pero al ver lo familiarizados que están todos con ella, me doy cuenta de la verdad: es una invitada frecuente en el castillo. Y sí, sabe a la perfección que Kanna es un dragón. Sin embargo, por encima de todo, la popularidad de Tohru es más sorprendente. Temía que, dada su naturaleza, las personas del pueblo le tuvieran miedo, pero es todo lo contrario. Igual que ocurre en Japón, esta Tohru es muy querida por todos y se la pasan regalándole cosas para comer. Claro, en otras ocasiones le piden ayuda para cargar algunas cajas pesadas. Escuchando las conversaciones de los vecinos, descubrí que toda esa admiración inició al detener a un ladrón en el mercado. Antes de eso, solo le miraban como una habitante más cuyo rasgo más característico eran los curiosos cuernos en su cabeza. Y hablando de ella, justo ahí viene. ¿Qué tanto está cargando?

—¡Kobayashi! ¡Ya volví! —me saluda desde lejos. A medida que se acerca, puedo distinguir todas las cosas que trae en sus brazos. Según recuerdo, se quedó en el pueblo para comprar un poco de tela, pero… veo unas canastas en sus manos llenas de comida. ¿Más regalos? ¿Y la tela dónde está?

—Bienvenida a casa —le digo tras limpiarme el sudor de la cara. Cielos, estoy agotada después de tanto ejercicio—. ¿Qué son todas esas cosas?

—Oh, ¿todo esto? Unos cuantos presentes del pueblo y esta canasta —señala la más grande y repleta de verduras—, es de la familia Saikawa. Dicen que es para agradecer por lo del otro día. ¡Ah! Seguí tu consejo y les dije que no hacían falta estos regalos, pero ellos insistieron. Me pareció descortés no aceptarlos.

—No te preocupes por eso, hiciste lo correcto —aunque pusieron demasiada comida en esta canasta. Incluso veo frascos con esa extraña y nada apetitosa pasta negra. No me atrevo a probarla, por más popular que sea en este mundo—. Aunque solo hicimos nuestro deber, ellos se sienten en deuda con nosotras.

—Bueno, si están admitiendo nuestra superioridad, no existe motivo alguno para sentirme culpable.

—Eso no es lo que dije.

Por otro lado, la Tohru de Tibitha, además de ser un dragón, es por demás soberbia cuando se compara con otras personas. Puede llevarse bien con los seres humanos, de eso no tengo duda; pero es frecuente escuchar esa clase de comentarios. No duda en aprovechar las ocasiones en las que puede alardear sobre la superioridad de los dragones sobre los humanos; no hay día en el que no diga algo así, ya sea presumiendo su fuerza, resistencia o demás características en las que superan a un humano promedio. Solo falta decirles que ella puede volar y los humanos no. Luego se da cuenta de lo molestas que me resultan sus palabras y, tras señalarme como una excepción a todo lo dicho, se queda callada. En eso es diferente a la Tohru de mi mundo; podría comparar las costumbres entre países y sorprenderse por algunas actitudes de Japón, pero nunca sentirse superior. Debo suponer que la soberbia es algo natural en los dragones, aunque ni Kanna ni Fafnir parecen tenerla. Um... definitivamente es cosa de Tohru.

—Por cierto, ¿de nuevo estuviste entrenando? —me pregunta. Aunque la respuesta es muy evidente debido a mi respiración agitada, el sudor en mi cuerpo y a los troncos llenos de cortes, comprendo que su intención es preguntar otra cosa—. Pensé que bastaba con la práctica de la mañana con Takiya.

—Quería aprovechar el tiempo ya que estaba libre.

—¿No debías mandar unas cartas a la capital?

—Fafnir lo hizo mientras recorríamos la ciudad —respondo. Tomo mi espada y me concentro en esta. Todo el tiempo me ha sido sencillo levantarla. Su peso no es un inconveniente, la siento tan ligera que puedo usarla con una sola mano a pesar de su tamaño. Solo durante ese enfrentamiento perdí las fuerzas y la destreza de usarla—. Dijo que no podía permitirme quedar en ridículo con mi mala caligrafía.

—¿Cómo se atreve? ¡La letra de Kobayashi es una de las más finas y delicadas de todo Tibitha! —está exagerando, como siempre lo hace.

Sus gritos me provocaron una risa que a ella se le contagió, pero al poco tiempo guardamos silencio, uno incómodo para ambas. Me siento extraña en este mundo; aunque he hecho lo mejor posible por adaptarme a este ritmo de vida y comprender todas las circunstancias que me rodean, simple y sencillamente no pertenezco a este lugar. Estoy viviendo el sueño de muchas personas, incluso de algunas a quienes conozco, y no puedo disfrutarlo. Al principio parecía genial tener esta experiencia de una vida en un mundo de fantasía, tal y como ocurre en las novelas que se han vuelto populares en estos últimos años; sin embargo, extraño mi monótona vida de programadora. En mi mundo no tengo la necesidad de proteger a tantas personas, ni de lidiar con bandidos ni dragones. Debe existir una manera de volver a Japón y estoy segura de que la clave la tiene ese hombre, el capitán Leo.

—Kobayashi —me dice Tohru. Volteo para verla en el acto, pero contrario a lo esperado, no me está dirigiendo la mirada. Tiene la cabeza baja, hasta parece desanimada.

—Dime.

—Estos días has actuado un poco extraño. Por momentos no pareces la Kobayashi que conozco —¿eh? ¿Soy tan diferente a la otra yo? Pero nadie ha dicho que me esté comportando de manera rara, hasta ahora. Pensé que sus preguntas terminarían por retomar la pelea con los bandidos. Ahora tomaron un rumbo distinto a lo que esperaba. ¿Será que ella, por ser un dragón, notó quien soy en realidad?

—¿Eso crees? —me estoy poniendo nerviosa. En el peor de los casos, me atacará y no creo poder contra ella.

—Sí. Y todo ha sido desde… —no puede ser. Pensé que estaba actuando de la manera correcta. Por otra parte, todo el tiempo me temía esto, es imposible no levantar sospechas—, la pelea con esos bandidos. ¡Kobayashi! Sé lo mucho que significa este pueblo para ti y como te sacrificas por todos los habitantes, incluso por nosotros los dragones, pero no debes castigarte de esta manera por el pequeño error que tuviste ante ellos. Eso pudo pasarle a cualquiera. Este… no estoy diciendo que sea una persona cualquiera, ¡sabes que no es así! Eres la humana más poderosa que conozco. Lo que quise decir es que… bueno, todos podemos cometer errores en el peor momento. No es para que seas tan dura contigo misma.

A fin de cuentas, sí está hablando de lo que yo pensaba. De cierta manera me alivia, no debo preocuparme por haber sido descubierta. Al menos por ahora. Solo debo encontrar el momento correcto para revelar la verdad sobre mi persona, pero aún es muy pronto. Tal vez debería comentarlo antes con una persona más tranquila, como Takiya o Lucoa. Estoy segura que cualquiera de los dos reaccionaría con calma y lo comprendería con más facilidad, en especial Lucoa; Tohru… es posible que no me crea al inicio o armaría un escándalo terrible. Debo actuar con cautela con ella. Aun así, admito que lleva algo de razón en sus palabras. El enfrentamiento con esos bandidos me hizo ver la verdad de este mundo; no estoy atrapada en un videojuego o un sueño, todo lo que ocurre es real, tiene consecuencias no solo para mí, sino para todas las personas a mí alrededor y lo que es más grave, puedo morir en este lugar. Lo entendí durante la pelea contra esos atracadores. También comprendí que no soy invencible; tengo a un grupo de dragones a mi lado, a varios guardias para acompañarme de ser necesario, incluso a un buen amigo como Takiya, pero nadie puede cuidarme todo el tiempo. La única que debe defenderme soy yo. Por eso debo aprender a dominarme, acostumbrarme cuanto antes a Tibitha y el estilo de vida de la otra Kobayashi.

—Entiendo lo que quieres decir, Tohru. No hace falta rebuscar palabras —le digo. Extrañaba estos momentos a solas con ella, cuando habla sin parar hasta decir cosas sin sentido. Aunque por ahora sus comentarios han sido de lo más acertados—. Sé que no debería ser tan estricta conmigo, sin embargo… es necesario. Mira a todas las personas que dependen de mí. No puedo fallarles —pero, sobre todo, no puedo fallarme.

Lo sé, puede parecer una acción egoísta de mi parte, sin embargo, es lo más lógico y necesario que puedo hacer si quiero salir viva de este lugar. Es difícil, debo conservar la compostura, hacerme pasar por alguien más cuya responsabilidad es la seguridad de todo un pueblo y al mismo tiempo conservar mi propia vida, misma que arriesgo en cada combate. No tengo idea de lo que pueda pasarme si llegara a sufrir una herida mortal y prefiero no descubrirlo. Intento sonar como una valiente guerrera, aunque por dentro estoy más que asustada. Por eso debo dominar las habilidades de mi otra yo. De alguna manera me ha guiado, pero nuestra conexión (por llamarle de alguna manera) se interrumpe de una manera muy sencilla. Algo debo estar haciendo mal, ¿qué será?

—Eres admirable, Kobayashi. ¡Eres la humana más admirable que he conocido! —y vuelve a ser la Tohru de siempre. ¡Ah! Me descuidé un momento y me abrazó. En la Tierra esto no es un problema, pero aquí tiene una fuerza exagerada—. Por eso sabía que era correcto pactar contigo. Tú le darías un buen uso a mis poderes.

—Me da gusto oírlo, pero... —rayos, sus brazos son demasiado fuertes—, me vas a romper las costillas.

—¡Lo siento! —dice soltándome de inmediato. Uf... sentía que podía partirme la espalda y apenas me dejaba respirar. Podrá parecer una sirvienta común y corriente, pero esconde toda la fuerza de un dragón en esa apariencia tan delicada. Au... espero que no me lastimara en serio.

—Descuida, estoy bien. O eso creo.

—¡De verdad lo siento! Eres tan asombrosa que a veces olvido que solo eres una humana y debo medir mi fuerza —de acuerdo. No sé cómo tomar ese comentario.

—Ya te lo dije, estaré bien —en serio se ve preocupada. Poco a poco me reincorporo. Parece que no me fracturó nada—. Solo debo recuperar el aliento. De todas maneras, ya había terminado con la práctica. Vamos, llevemos todo esto a su lugar.

—¡De acuerdo! Justo cuando volvía pensé en hacer la cena de hoy con esto. Tal vez un pullulaceus relleno con verduras y cubierto con salsa de hongos rubrus.

No tengo la menor idea de que sean los hongos rubrus, pero confiaré plenamente en ella y sus conocimientos en cocina. Hasta ahora ha cocinado todos los platillos que comí y ninguno me ha hecho daño; al contrario, me han dejado con ganas de seguir comiendo, siempre y cuando no se trate de esa pasta negra. Ese es otro punto en común entre ambas Tohrus, ambas adoran cocinar y siempre las veo ideando nuevas recetas. Aunque me pregunto cuanto tiempo le demoró a esta Tohru aprender a cocinar. La que yo conozco tardó un buen tiempo en acostumbrarse a usar un sartén. Según recuerdo, me dijo que solía comprar su comida, así que no sabía cocinar. ¿Y ahora? Bueno, busca cualquier pretexto para volver a la cocina, ya sea algún comentario positivo sobre Kanna en la escuela o que yo termine a tiempo una entrega en el trabajo, cualquier motivo es bueno para preparar algo especial. Para algunas personas puede ser algo cotidiano, pero para mí, la presencia de Tohru significa un gran beneficio. Desde entonces mi diera mejoró, no más sopas instantáneas. Me pregunto… ¿cómo era la vida de mi otra yo antes de conocer a Tohru? Supongo que podré preguntarle eso después, cuando al fin le revele mi verdadera identidad.

El camino hacia la cocina se siente extrañamente animado, aunque no he dicho ni una sola palabra. Con Tohru, tan parlanchina como siempre, tanto el tiempo como la distancia se vuelven cortas, ya sea en el poblado o aquí mismo en el palacio. Debe ser por la similitud entre ambas o tal vez la influencia de mi otra yo, pero me hace sentir cómoda a pesar de estar atrapada en un mundo diferente al mío. Claro, si ignoramos el hecho de luchar por mi vida, este es un lugar agradable. Me gusta este ambiente tan tranquilo y silencioso… al menos lo es hasta que Tohru comienza a hablar por cualquier motivo.

—Kobayashi —escuchamos de pronto. A mitad del camino nos encontramos a Fafnir. Su cara de pocos amigos lo hace ver como un villano de videojuego; de no ser porque es amigo de Tohru desde hace años, cualquiera desconfiaría de él.

—Ah, hola Fafnir. ¿Cómo te fue en el interrogatorio?

—No fue como esperaba —su voz es imposible de perturbar y solo tiene dos tonos: serio y molesto, por eso mismo no puedo saber qué tan malo es su descubrimiento—. Aun así, esos tipos dijeron algo interesante.

—¿Dijeron quien los mandó? —pregunta Tohru con mucho interés.

—Es mejor que los escuchen en persona —nos responde y se da la vuelta, caminando en dirección a las mazmorras. Esto me preocupa.

—¿Entonces puedo ir? ¿De verdad? —le vuelve a preguntar Tohru. Ambas caminamos detrás de él, aun con las canastas llenas de comida.

—No importa. Si quieres puedes matarlos —es la respuesta de Fafnir—. Ya no sirven para nada.

—Ni se te ocurra hacerlo —le digo de inmediato.

—¡¿Ah?! ¡N-no iba a hacerles nada! ¡Lo juro! —se defiende de inmediato. ¿Puedo estar segura de eso? La verdad no. Su naturaleza y personalidad le vuelven una persona muy peligrosa en esta realidad y aunque estemos hablando de unos bandidos peligrosos que intentaron destruir una granja, no se merecen ser aplastados por un dragón. O eso espero.

Como era de esperarse, el camino a las mazmorras fue extenso. Recorrimos el castillo de un extremo a otro hasta llegar a la torre más alejada de la entrada principal. Ahí nos recibieron dos guardias quienes amablemente se ofrecieron a cuidar las canastas que cargaba Tohru. Al principio se negó, pero al entender lo incomodo que sería pasear todas esas cosas por las mazmorras, prefirió aceptar el favor de esos hombres. Pasamos la puerta y en seguida nos recibieron unas escaleras de caracol que bajaban y cuyo final no se veía con facilidad. Esta torre es engañosa; no hay nada por dentro, excepto por esa escalinata y un puesto de vigilancia. Las celdas se encuentran bajo tierra, a muchos metros de la superficie. El trayecto comenzó a aburrirme a la mitad, cuando la luz del sol ya no podía percibirse y ambos dragones tuvieron que encender todas las antorchas disponibles. El aire, conforme bajamos, se sintió más frio y húmedo, hasta pesado de respirar, aunque en ningún momento se llenó con un olor desagradable. Pensé que este lugar apestaría, pero no fue así. Solo olía a tierra húmeda. Al final llegamos hasta una gran puerta de piedra con un par de dragones tallados. Fafnir se acomodó el cabello y de inmediato puso su mano en el hueco que quedaba entre las garras de ambos dragones; ambos brillaron con una luz verdosa y la puerta se recorrió hacia ambos lados para dejarnos pasar. Es la primera vez que miro algo así en este mundo.

—Por aquí. Tuvimos que ponerlos en celdas separadas —nos dice con una pequeña molestia en su voz. Tohru y yo nos miramos un momento y asentimos con la cabeza antes de seguirlo.

Estas mazmorras consisten en un solo pasillo con celdas en cada muro. Para iluminarlas se utilizan antorchas que están distribuidas entre cada jaula, además de una gran lámpara de cristal colgada en el pasillo central. A diferencia de las antorchas, esta lámpara funciona con unos cristales cargados de magia. Ingenioso, ¿verdad? Otra cosa que me sorprendió la primera vez que bajé fue notar lo vacío que estaba el lugar; no había prisioneros por ningún lugar ni indicios de haber usado esas instalaciones en los últimos días. Todo estaba muy limpio, al menos para la clase de sitio que es. Lo diferente a esta mañana, fue ver a los bandidos ocupando varias de las celdas. Al inicio los dejamos encerrados en dos, no vimos inconveniente en que compartieran el espacio; pero con el cambio hecho por Fafnir, ahora estaban por completo aislados el uno del otro, colocados de una manera en la cual no podían verse entre ellos. Y después de una larga caminata, llegamos al fondo del pasillo donde, sentado frente a una de las rejas, estaba Takiya perdiendo el tiempo con una libreta. Alzó la mirada al notar nuestra llegada y nos saludó con una sonrisa.

—Hasta que llegan. Se tomaron su tiempo.

—Sabes que no es un trayecto corto —le dije en broma. Él comenzó a reír.

—Bien, no perdamos más el tiempo —interrumpió de pronto Fafnir. Se acercó a las rejas y las abrió—. Entra.

No puedo mentirme a mí misma. Esta es una situación que me provoca miedo, mucho miedo. Y no lo digo por el encuentro con el bandido, sino por Fafnir. Aunque se trate de un aliado, su personalidad y la manera de hablar lo vuelven alguien de temer incluso entre nosotros. Con más compromiso que gusto, hago caso a su indicación ante las miradas de Tohru y Takiya. Ambos entramos a la celda donde el líder de aquella banda estaba arrinconado. Este, al ver como Fafnir se le acercaba, comenzó a temblar de miedo y a pedir clemencia. ¿Qué le habrá hecho para que reaccione así?

—Oh no, no de nuevo. Ya… ¡ya dije todo! —sus alaridos son desesperados. Casi me da lástima verlo así.

—No es a mí a quien debes hablarle —le responde Fafnir. Se hizo a un lado para que pudiera verme con más facilidad en aquella oscura celda—. Ahora dilo. Confiesa ante la caballero dragón lo mismo que me dijiste.

El bandido sigue temblando y sus labios apenas le responden. Noto lo difícil que le resulta respirar, pero con un esfuerzo que puedo catalogar de sobrehumano, respira profundo y logra hablar.

—Un hombre —alcanza a decir. Vuelve a tomar aire como si se le fuera la vida a cada palabra—. N-no vi su rostro, el siempre lleva una capucha. Él… él nos pagó para… para…

—¿Para? —le pregunto. Quisiera calmarle un poco. No parece que lleguemos a nada en este momento.

—¡Dilo de una vez, humano! —le ordena Fafnir.

—¡Matar a la caballero dragón!

—¡¿Qué?! —escucho el grito de Tohru.

Eso fue todo lo que entendí, si están diciendo algo más, no logro escucharlo. Las palabras de ese bandido es lo único que resuena en mi cabeza como un eco interminable. Alguien me quiere muerta.