Maina 2:

El Recinto de las Artes

—Gus… —se queja Aya con la voz tan alta que varias personas en la calle voltean a verla. Extiendo mi mano para intentar calmarla—. Gus… ¡Gus!

Demasiado tarde, no pude evitar que gritara.

—¿Qué rayos te pasa? —la pregunta Gus dándose vuelta. Tiene el ceño fruncido y se detuvo a media marcha—. Te has quejado desde que salimos de casa y no has parado de gritarme.

—¿Cómo no quejarme? Nos has hecho caminar todo este tiempo. El recinto queda demasiado apartado de casa —dice mientras se cruza de brazos—. Hubieras contratado algún coche.

—Aya tiene razón. Caminar tanto hace que me duelan los pies —le secunda Yuuka. No quisiera unirme a las quejas, pero tienen razón, la caminata ha sido muy extensa y ya me siento cansada. Dormir mal solo está empeorando esto—. Si seguimos así, no sé cuanto más puede soportar antes de lastimarme.

—Tómenlo cómo parte de su rutina de ejercicios. Una vez, un soldado me dijo que la caminata era un buen ejercicio.

—¡Eso no me importa! —vuelve a reclamar Aya—. ¡Reo! ¡Dile algo!

—Creo que ya le dijiste todo, Aya —le dice Reo. A diferencia suya, se mantiene tranquila y su voz parece contagiar esa calma suya. Incluso yo, que estaba asustada por caminar en esta ciudad desconocida, me siento más relajada cuando escucho a Reo—. Comprendo tu molestia, sin embargo, nuestra situación no es la mejor en estos momentos y por eso debemos ser solidarias con Gus. Cuando ganemos un poco más de dinero podremos rentar los coches que hagan falta, pero mientras eso ocurre debemos poner de nuestra parte.

—Ya escucharon a la líder, hasta no conseguir dinero suficiente, todos pondremos de nuestra parte para ahorrar —comenta Gus con una sonrisa confiada.

Durante la charla de esta mañana me quedó claro que pasábamos por algunas dificultades, sin embargo, parecen ser mayores a lo que creí en un principio. No sé hasta cuanto pueda ayudar, pero haré lo mejor que pueda mientras busco la manera de regresar a mi mundo. Al estar atrapada aquí, tengo el deber de seguir con la vida que llevaba mi otra yo. Solo me gustaría tener una guía que hiciera más fácil esto; me da miedo cometer un error por desconocer cómo es la vida en esta realidad.

—Un momento. Dices que todos debemos cooperar —escucho que Maki habla de pronto. Ella y Sorane se acercan a Gus con una actitud retadora que él no parece notar.

—Así es, sin excepciones. Debemos cuidar los gastos de la casa hasta que termine el festival.

—Entonces, eso incluye al dueño de la casa cuyos gastos en licor son considerables para nuestros pobres bolsillos —le dijo Sorane cruzándose de brazos frente a él. En un instante, Reo y Maki hicieron lo mismo, lo que pone muy nervioso a Gus.

—No puedes estar hablando en serio…

—Lo digo muy en serio.

—Acabas de reconocer que la situación es delicada y nosotras lo sabemos —agrega Maki cada vez más seria. No sabía que podía volverse tan intimidante—. También sabemos lo mucho que cuesta el alcohol.

—Bueno, eso es diferente… —intenta justificarse, aunque no puede mantenerles la mirada y cada vez se le dificulta más hablar.

—Gus, hablo en nombre de todas como la líder el grupo al decirte esto —de pronto, Reo relajó su expresión y nos miró con una sonrisa. Su voz tranquila me inspiró confianza de inmediato, tal y como ocurre antes de nuestras presentaciones en la Tierra. Les pide a Maki y Sorane que se retrocedan para no incomodar más a Gus. Ellas vuelven con nosotras, dejándola al frente—. Sabemos todos los esfuerzos que has hecho por nosotras, tan solo darnos una oportunidad para demostrar nuestros talentos ha sido mucho más de lo que cualquier otra persona pudo ofrecernos en esta ciudad y siempre te estaremos agradecidas por eso. Sin embargo, en tiempos difíciles como estos, creemos necesario hacer otro pequeño sacrificio con tal de mantener funcionando la casa. Yo entiendo que, para algunas personas, el alcohol es una manera de relajarse y lo usan para descansar de las dificultades que conlleva vivir, pero solo por esta temporada necesitamos que dejes de comprar licor, ese dinero hará falta para preparar los vestuarios o comprar comida. ¿Podrías hacerlo por nosotras?

Esa voz tan serena y las palabras tan exactas, además de conservar la calma en todo momento me parecen admirables. Por eso, ya sea aquí o en la Tierra, Reo es la encargada de llevar el liderazgo del grupo. Siempre he admirado eso de ella, cómo puede mantener la compostura en estas situaciones y otras peores, además de ser nuestro apoyo. Creo que esto es algo que solo ella podía hacer, de haber sido yo la encargada, seguramente lo habría arruinado. Olvidaría lo que debía decir y las cosas terminarían en nada. Pero eso no fue así, pudo presentarle la petición a nuestro benefactor de la mejor manera posible. El efecto de sus palabras ha sido tal que Gus se ha quedado mudo; solo le mantiene la mirada a Reo mientras intenta hablar. Cerró la boca en vez de decir algo y ahora se acaricia el mentón.

—Por Cosmos y Caos, nunca me habían pedido que dejara de beber de una manera tan rebuscada y elegante a la vez —dice al fin en un suspiro. Mete ambas manos en sus bolsillos y se da la vuelta para seguir caminando—. Está bien, ustedes ganan. Me las arreglaré con las reservas que tengo en casa. ¡Pero! Cuando acabe el festival compraré un barril de cerveza para mí solo.

—Me parece justo —responde Reo. Ambos caminan juntos y la tensión que hasta hace poco se notaba entre ellos ha desaparecido.

—Eso fue… increíble —murmuro al ver como ambos ya se han alejado de nosotras—. Reo… ¿cómo pudo idear todo eso en tan poco tiempo?

—Por algo es la oradora del grupo —dice Sorane.

—En verdad, desde hace mucho que habíamos pensado en decirle eso —me contesta Maki—.Reo ha ensayado ese dialogo por casi dos meses.

—¿Eh? ¿Ya lo tenían preparado? —no puedo creerlo, ¿lo anticiparon desde hace dos meses?

—Es algo que siempre hemos querido decirle desde que firmamos con él, aunque lo hemos guardado para cuando fuera un verdadero problema —menciona Sorane. Junto a ella retomamos la caminata—. Antes de quedarnos solas no importaba que comprara alcohol, pero ahora es diferente.

—Pudieron hacerlo antes. No es agradable lidiar con él cuándo está ebrio —les reclama Aya.

—¡Lo sé! Era desagradable acercarse cuando estaba borracho y ni hablar de su humor en la mañana. La resaca solo le volvía peor —agrega Yuuka casi a gritos. Parece no importarle que los demás puedan escucharla.

Es una pena que no pueda unirme a su plática, pero no tengo idea alguna de lo que dicen, y en general no tengo conocimiento de cómo es la vida en este lugar. Hasta donde puedo saber, somos una agrupación artística en este mundo, pero por las cosas que dicen no somos idols. Supongo que esa idea resultaría extraña en esta realidad. Aquí nos desempeñamos como artistas especializadas en varias cosas; han hablado de cantos y bailes, pero en mi habitación encontré unos guiones de teatro. También escuché a Maki y Yumeri hablar sobre unas pinturas que estaban terminando, además vi varios instrumentos musicales en la casa. Es un poco agobiante saber que estamos obligadas a desempeñarnos en varias cosas a la vez. Ahora debemos hacer de cazatalentos… pero no estoy segura de poder encontrar a alguien que pueda ayudarnos. ¿Y si me preguntan cómo estamos organizadas? ¿O me hacen preguntas sobre Gus? No puedo responder nada de eso. Estaré en serios problemas si se presenta tal escenario. ¿Uh? ¡Ah! Me han dejado atrás.

Quedarme sola en este momento no es lo ideal, ni siquiera estoy segura de dónde queda el recinto al que vamos. Menos mal que puedo verlas a lo lejos, si apresuro el paso puedo alcanzarlas. Es una pena que pierda de esta manera el primer recorrido que hago en Tibitha; quería conocer cómo es este mundo y observar mejor a las personas que me rodean. Sé que mis ojos no me engañaron cuando vi a esas chicas con orejas de gato ni a esa gente zorro andar por frente de la casa Goldman; si bien al principio me pareció algo imposible y creí que era debido a mi propia confusión, he notado a más personas así, no han sido muchas, pero las vi. Y no solo resulta sorprendente ver a tanta gente digna de un cuento de fantasía; la ropa es maravillosa, mucho más cómoda de lo que se veía; los edificios son tan bonitos y diferentes a lo que acostumbro a ver en la Tierra, llenos de estandartes y banderines, en algunos se mira a las sirvientas trabajar o solo a alguien mirar la calle que, debo decirlo, también es asombrosa. No tienen nada que ver con los anuncios luminosos de Japón ni el frio panorama de los edificios de oficinas. Las piedras que cubren el suelo están tan pulidas que no se siente ninguna molestia al pisar, incluso dan la impresión de brillar con el sol. De alguna manera debo conseguir tiempo para recorrer esta ciudad, al menos los lugares más importantes. Quiero volver a casa, claro, pero ya que estaré aquí hasta quien sabe cuándo, tengo que conocer el lugar donde viviré. ¿Qué es eso? ¿Es música? No solo eso, alguien está cantando también. ¿De dónde viene?

Camino hacia uno de los edificios más pequeños. De su puerta alcanza a salir un aroma a café y pan recién horneado. A medida que me acerco, la canción se escucha con mayor claridad y puedo distinguir dos voces. Ambas son chicas y noto como sienten cada palabra. Están afinadas y por completo coordinadas; sus voces, más que sonar juntas, parecen complementarse. Me acerco al lugar que parece una cafetería. Ahí están. Son dos chicas que dan la espalda a la puerta; una tiene el cabello rubio y largo hasta media espalda, usa un vestido todo blanco y toca un instrumento parecido a una guitarra. La otra usa un vestuario más discreto, un tipo de overol rosado, de piel morena y el cabello castaño peinado en una coleta. No logro distinguir el instrumento… parece una caja de madera, pero suena como un teclado. Nunca había visto algo como eso.

—Maina —escucho una voz detrás mío. Doy un salto por el susto y me giro al instante. Estaba tan concentrada en la canción de esas chicas que no me di cuenta de que Yumeri estaba atrás de mi—. Perdón por asustare, pero vi que te quedaste atrás y vine a buscarte.

—Lo siento… es solo que estaba pensando en algunas cosas y al final me quedé a escuchar a esas chicas.

—¿Ellas? —se asoma a la puerta. Para este momento, ambas han dejado de cantar y un par de hombres hablan entre ellos mientras las chicas solo esperan en silencio—. Seguro estaban en una audición. Si no me equivoco, esos dos son los dueños de la casa Olivier.

—Oh. No somos la única casa buscando más artistas.

—No hay que dudarlo. Pero no recuerdo que en Olivier buscaran más gente.

—Tal vez ellas pidieron la audición.

—Puede ser. Ah, tenemos que irnos, ya nos dejaron muy atrás.

—Esto… pero tal vez podríamos decirles…

—Vamos, antes de que Gus se dé cuenta que no estamos con las demás.

Es una pena que no pudiéramos quedarnos a escuchar la decisión de esos hombres. De no aceptarlas, pudimos haberles hecho la oferta de inmediato para audicionar con nosotras. En verdad eran geniales con su canción, aunque no escuché su interpretación completa. La armonía de sus voces y el sentimiento con el cual cantaban era simplemente asombroso. Quisiera poder hacerlo así de bien.

Y de pronto me ha llegado una preocupación nueva. Más que recibir un regaño de Gus o de perderme en esta gran ciudad, ahora he descubierto que estoy en un gran problema. Entiendo que aquí también soy una especie de idol, solo cambia el nombre a artista; hago lo mismo que es cantar y bailar, pero no tengo idea de cuáles son nuestras canciones ni la coreografía en la que mi otra yo ha trabajado. ¿Cómo puedo lidiar con eso? No es tan sencillo decir que he olvidado todo de la noche a la mañana, no es para nada creíble. Debo encontrar una manera adecuada de solucionar este problema. No me gusta la idea de mentirles, pero no tengo opción. Tal vez fingir una lesión cuando sea momento de… ¡Ah! Me he golpeado con alguien. De nuevo estaba tan distraída que no pude prestar atención al camino y sin intención me estrellé. Me detengo de inmediato. Este… ¿Cómo debería pedir disculpas? ¿Será igual a como se acostumbra en Japón? Levanto la mirada y me encuentro ante un señor vestido todo de negro. Él me sostiene la mirada, pero no puedo distinguirle expresión alguna, se ha quedado serio. En el suelo miro un sobrero que debe ser de este señor. Lo recojo de inmediato y le sacudo el polvo. Esto es vergonzoso, mi primera interacción con un desconocido de este mundo y pasa esto. Sin estar muy segura de cómo actuar, le entrego su sombrero.

—Lo… lo siento mucho, señor. Estaba distraída y no lo vi. Le pido una disculpa —digo al mismo tiempo que agacho la cabeza. No creo que pueda mirarlo a los ojos; no quiero toparme con su mirada molesta.

—No tiene que preocuparse tanto, señorita. Fue un accidente, a cualquiera podría pasarle algo así.

Su voz no es para nada lo que esperaba. Creí que reaccionaria furioso por lo que hice, pero nada de eso; contrario a lo esperado, él parece no darle mayor importancia al incidente y me habla con total calma y amabilidad. Toma el sombrero de mis manos y sin prestarle mucha atención le da un par de vueltas, como si le buscara algún rasguño. Al no verle nada extraño, se lo pone y enseguida me sonríe. Hasta ahora he levantado la mirada. Para mi sorpresa, su rostro parece tan tranquilo como su voz, pero sus ojos me causan un poco de incertidumbre. Puede que sea la luz o el punto desde el cual lo veo, pero me dan la impresión de ser negros.

—Aun así... lo siento mucho, señor. Espero que su sombrero no se dañara.

—Para nada señorita, está en perfectas condiciones —de nuevo me sonríe. Esto se siente incómodo—. Gracias por levantarlo.

—De nada y… um, me da gusto que no le pasara nada. Este... sí me disculpa —hago una reverencia y me alejo casi corriendo de él. No quería extender más el asunto.

Yumeri, que me estaba esperando al inicio, ahora me sigue el paso. ¿Soy más rápida que de costumbre? En verdad siento que puedo correr más que antes, hasta me da la impresión de ser más ligera y tener mayor fuerza en mis piernas. Sin embargo, más inquietante me resulta ese hombre de ojos negros. Tal vez solo estoy dejándome llevar por eso; quizá en Tibitha sea una condición habitual y existen muchas más personas con unos ojos así. No sería extraño, ¿verdad? Después de todo ya he visto a gente con orejas y colas de animales. Comparado con eso, el color de ojos no es para nada llamativo. Por ahora no quiero pensar en eso más de lo debido. Lo importante ahora es alcanzar al resto del grupo o Gus se enojará conmigo y algo dentro de mi cabeza dice que debo evitarlo a toda costa.

Para mi buena suerte, Gus no se ha percatado de nuestra ausencia. Todo el camino lo pasó hablando con Reo y no miró hacia atrás en ningún momento. Cuando les alcanzamos, Maki me dijo que la primera en darse cuenta de mi ausencia fue Reo y por eso se enfocó en distraer a Gus mientras Yumeri me buscaba y... ¿uh? Que extraño. De la nada sentí algo desagradable. ¿Qué fue eso? Fue como si alguien me estuviera mirando, pero no encuentro nada. Tal vez solo sean mis nervios.

—¡Hemos llegado! —grita Gus cuando nos detenemos ante una gran plaza—. El mejor lugar para conseguir nuevos adeptos es este.

Todo el lugar está tan lleno de gente, mesas y carpas que es difícil encontrar un lugar vacío. Sobre el suelo empedrado camina una infinidad de personas. Algunas pasan sin ningún cuidado y a toda prisa, abriéndose camino entre la multitud. Otros caminan despacio e incluso detienen sus pasos para contemplar todo lo que hay a los alrededores. Por toda la plaza se pueden ver varios artistas presentando sus obras; veo a algunos escultores ofrecer sus pequeñas estatuas a quienes se les acercan. Lo mismo pasa con los pintores; sobre sus mesas han colocado varios cuadros para llamar la atención de la gente. También distingo a varios cantantes y músicos por los alrededores, ofreciendo sus interpretaciones a todos. Pero sin duda, lo más llamativo de la plaza es el edificio construido al fondo y las cinco estatuas frente a este. Cada una de estas representa a una mujer con diferentes facciones y con objetos distintos en sus manos. ¿Quiénes serán?

El edificio detrás de esas estatuas es enorme. No puedo estar segura de cuantos pisos tiene, pero supera por mucho a las construcciones que vi durante el camino. A medida que nos acercamos, veo con más detalle su estructura. Podría decir que es un palacio sumamente decorado. Tiene en total cinco puertas grandes de metal, con algo grabado en su centro, tal vez sean letras. Sobre cada una de estas entradas hay un arco de piedra que rodea un vitral con la imagen de una mujer. Desde aquí parecen ser las mismas mujeres de las estatuas. Hay un par de balcones a cada esquina del palacio de los cuales se extienden unas largas banderas rojas. Y lo más llamativo es la gran cúpula sobre el techo, formada con cristales de diferentes colores.

—¿Seguro que es lo mejor? —le pregunta Maki. Su voz me regresa a la realidad—. Casi todos aquí deben tener alguna casa.

—No se preocupen por eso. Muchos de estos artistas están tocando puertas en busca de alguna casa. Ahora vamos a buscar a alguien digno de la Casa Goldman.


Me gustaría decir que las cosas fueron sencillas en este punto del día. Comenzamos con mucho optimismo y decisión; no permitiríamos que la situación adversa por la cual atravesaba la Casa Goldman nos afectara hasta el punto de la desesperación… o eso creía. A medida que charlaba con los diferentes artistas, descubrí que la razón favorecía a Maki sobre Gus. No importó a que se dedicaran, las respuestas siempre fueron las mismas. Rechazaban la invitación diciendo que ya tenían lugar en otra casa y otros ni siquiera me dejaron hablarles; en cuanto escuchaban el apellido Goldman me ignoraron o de inmediato decían no estar interesados. Cada rechazo era más duro de escuchar y por lo visto, no fui la única que pasó por lo mismo. Si miraba a mi alrededor, era testigo de escenas similares con las demás chicas recibiendo respuestas negativas. Incluso Gus comenzó a liarse a gritos con más de una persona. Esto… quizá por eso recibimos tantos rechazos.

Las estatuas de estas mujeres me han llamado la atención desde un principio y ahora que estoy más cerca no puedo evitar acercarme. No lo había notado a la distancia, pero ahora me queda claro que sus posiciones son paralelas a cada puerta del gran edificio que tienen detrás. Oh, y cada una tiene una placa a sus pies. Está escrito en ese extraño idioma y aun así puedo leerlas con facilidad. Veamos. La primera dice "Pigma, diosa de la pintura y los colores". Ya veo… cada una de estas mujeres es una diosa de este mundo. La siguiente tiene escrito en su placa "Sermi, diosa de las artes escritas". A diferencia de la primera estatua, que lleva en sus manos un pincel, esta tiene una pluma y un pergamino que baja hasta sus pies. Al centro de la fila, con un cincel y un martillo se encuentra "Glyptis, diosa de la escultura". Cada una lleva un objeto referente al arte que representa. Le sigue "Ogaku, diosa de la música y el canto" cuyas manos cargan con una pequeña arpa. Por último, está "Daen, diosa de las danzas". De todas, esta resulta diferente. Las cuatro estatuas anteriores sostienen diferentes objetos, pero Daen no carga con nada en sus manos; sin embargo, da la impresión de estar en movimiento. Uno de sus brazos está extendido y uno de sus pies pareciera estar en el aire, como si de verdad bailara. Son realmente asombrosas y hermosas, con una cantidad de detalles increíble. Me pregunto cómo harían para esculpirlas.

—Maina —Reo me pone una mano sobre el hombro y doy un pequeño salto por la impresión—. ¿Estás bien? Te he notado muy distraída desde esta mañana.

—Perdón si te preocupo. Es solo que no dormí muy bien anoche y toda esta situación con el festival me pone nerviosa. Luce muy complicado, ¿no crees?

Esperaba alguna respuesta, pero no llega. Solo se queda callada y se gira hacia las estatuas. Se acerca a la escultura de Daen y posa una de sus manos sobre la piedra. Por un momento creí que su ánimo se esfumó por mi culpa, aunque no fue así. De nuevo me mira con una sonrisa tan radiante como pocas veces la he visto. Reo siempre tiene una expresión de alegría que muestra a sus fanáticos, pero solo nosotras sabemos lo que hay detrás de ese rostro: son horas de ensayos agotadores, muchos sacrificios que van desde la dieta hasta comportarse como lo manda su condición de idol. Solo nosotras conocemos la verdadera alegría de Reo, esa que muestra cuando nos aprendemos las coreografías o las nuevas canciones, la misma alegría que se esfuerza por contagiarnos ante un nuevo reto, tal como ahora.

—Yo también estoy ansiosa por eso. Mentiría si les dijera que no tengo dudas, pero no puedo dejar que eso me detenga. A pesar de todo, confió en que lo lograremos —señala el edificio frente a nosotras—. Sé que encontraremos más artistas para la casa y tendremos lista nuestra presentación en el Recinto de las Artes.

—Reo...

—Sin embargo... creo que nos iría mejor si nosotras nos encargamos de buscar gente. Gus está más nervioso y no parece irle muy bien.

—Vi como discutía con algunas personas hace poco.

—Yo también. Pero aun con ese carácter, en el fondo es una buena persona —me dice manteniendo su optimismo—. ¡Lo tengo! Ya que estamos aquí, podríamos pedir ayuda a las diosas. Cuando un artista está en apuros, no importa cuál sea el motivo, siempre puede pedir la intervención de las cinco diosas de las artes.

Esto se siente familiar. No porque lo hiciera en la Tierra durante alguno de los problemas que pasamos como grupo, no. Es... como volver a Japón por un momento y pararse frente a un templo. Reo baja la cabeza, junta sus manos y cierra los ojos. Yo hago lo mismo. Me pregunto si las diosas de las artes me podrán auxiliar para volver a mi mundo. Aunque tampoco quiero ser egoísta y abandonar a mis amigas de esta realidad...

Diosas de las artes, si es que pueden oírme, no sé cómo terminé en este mundo ni cual sea la razón por la cual ese capitán me trajo. Quisiera que me escucharan solo un momento. En este momento, las amigas de la Maina de Tibitha están pasando por unos días difíciles y agradecería mucho que pudieran auxiliarles. Este... no pido la solución inmediata a todos los problemas ni ser un éxito en el festival, solo quiero encontrar a alguien que pueda ocupar el puesto que ha quedado vacante en la Casa Goldman. No lo digo por mí, yo soy ajena a este mundo, pero debo actuar como la Maina que ellas conocen y pondré de mi parte. Déjenos dar un espectáculo en el Recinto de las Artes. Y... también quisiera saber cómo volver a mi mundo. Si tan solo pudiera encontrarme con el capitán de nuevo, yo...

¿Um? De nuevo esa sensación. Abro los ojos y busco por todas partes. La cantidad de gente a mi alrededor es considerable, todos caminan de un lado a otro y no logro distinguir a nadie que tenga su vista fija en mí. Tampoco hay alguien que parezca sospechoso. Es muy extraño y no me gusta. Me da miedo... ¿qué lo provocará?