10 Kumagoro
—Ya pasaron dos semanas exactas desde que el barco salió del puerto. Eso significa que hoy… hoy es el día. Seguramente viajaron toda la noche, así que tampoco deben tardar en llegar. Si me voy en este momento, llegaré a tiempo para ver como tocan puerto. Solo debo tener mucho cuidado de no ser visto en los alrededores del palacio...
Ese hombre de piel quemada por el sol y cabello descuidado es mi esposo y aunque no puedas creerlo, fue el príncipe heredero al trono de Jinten. Pero de eso ya hace un tiempo. Ahora no es más que otro ciudadano del reino, un hombre común como cualquier otro que podría encontrarse en la calle. Pasó de ser el Príncipe Sho Aihara a solo Sho Aihara. Eso debe ser motivo suficiente para no querer acercarse al palacio; no porque añore la vida que tenía antes de renunciar a su título, la cual no es muy distinta a la que tiene ahora.
Lo que Sho quiere evitar es ser visto por los empleados del palacio; ya sean sirvientes, guardias, jardineros, incluso se esconde de los recaudadores de impuestos. Si siempre actúa de esa manera, no quiero ni imaginar todo lo que hace para pasar desapercibido cada vez que vuelve de uno de sus viajes. Algo me dice que logra esconderse entre los carros de mercancías o algo más peligroso como usar pasos fronterizos ilegales. Pero todo sea para que ningún trabajador de la corona le reconozca y le suplique volver al palacio. Bueno, él siempre supo que esto se tornaría una situación muy difícil, en especial para Mei. Afortunadamente, ella tiene a Yuzu a su lado en todo momento.
—Sabes… sí tanto quieres verlas, solo tienes que ir al palacio y pedir una audiencia con ellas —le digo, aunque ya sé todos los pretextos que me dará para no seguir mi sugerencia—. O mejor aún, quedarte conmigo a fin de mes y esperar a que nuestras hijas vengan de visita.
Así es. Yo soy la madre de Yuzu y madrastra de la princesa de este reino. Ya sé lo que están pensando, ¿no me molesta no tener algún título de la realeza? Para ser sincera, eso no me importa, pero tampoco renegaría de este si existiera la manera de conseguirlo. Por suerte ya tengo todo lo que necesito y mis hijas procuran que no me falte nada. Lo único que quisiera en este punto de mi vida, es convivir con ellas más tiempo.
—No creo poder hacer eso. Si me presento en el palacio, todos los sirvientes me seguirán y comenzarán a preguntar por qué renuncié a mi título. No me dejarán solo ni un instante, cómo pasó en aquel festival.
—Lo recuerdo. Esos guardias no te dejaron en paz toda la noche —le respondo entre risas—. Fue muy gracioso, las personas que no sabían nada pensaron que eras un ladrón.
—Para mí no fue tan divertido…
—Lo siento, pero ¿qué esperabas si te la pasabas escondiéndote en cada rincón? A cualquiera le llamaría la atención ese comportamiento —me siento a su lado. Sho sigue con la mirada perdida en la ventana, esperando el paso del barco—. También podrías cancelar tu siguiente viaje, el continente sur no se irá a ninguna parte.
—Aunque haga eso, no tengo idea de cómo reaccionará Mei al verme. Debe pensar que soy un egoísta…
—Sí, estoy segura de que lo piensa —respondo de inmediato. Él voltea a verme sorprendido, sé que mis palabras no son las que esperaba—. Pero también te aseguro que ella entenderá tus razones, solo necesitan darse un momento para hablarlo con calma.
—Decirlo es muy fácil.
—Lo sé, pero créeme, es algo que ambos necesitan y mi experiencia me dice que esto será más sencillo de lo que piensas. Además, le encantó tu ultimo regalo. Los ojos le brillan cuando habla de Kumagoro. Creo que ese es un buen inicio para la conversación —y de paso, podrías explicarle el motivo para regalarle un cachorro de ursbrun gigante.
