Luka 3:

La pirata de las coletas

Soy una sirena. Lo descubrí de la peor manera posible y en el momento más inoportuno. No tenía ni la menor idea sobre la verdadera naturaleza de mi yo de este mundo, aunque ahora puedo comprender mejor algunas cosas que he experimentado a lo largo del día. Primero está el hambre atroz que me ataca cuando veo o huelo un poco de pescado. Apenas lo percibo, mi estomago comienza a rugir de manera feroz y la sensación de vacío se torna insoportable. Si mi otra yo pasaba por esto a diario, debo alabar su autocontrol. Yo apenas tengo un día en Tibitha y ya estuve a punto de robarme ese enorme y apetitoso filete... tan rosado y jugoso que se miraba. Podría comérmelo completo durante la cena...

¡No! ¡Deja de pensar en esas cosas, Megurine! Los instintos de este cuerpo son poderosos, pero debo mantenerme firme y conservar el control. No es la primera vez que me veo obligada a suprimir mis propios impulsos, después de todo, soy una idol con una imagen definida y trabajada durante años. Si en la Tierra soy capaz de conservar la calma a pesar de las horas interminables de ensayos y todas las restricciones a las que me ha sometido el contrato con la empresa, creo que estoy lo suficiente capacitada para lidiar con esto. Solo necesito respirar profundo para conservar la calma, cosa nada sencilla en este momento.

En segundo lugar, he comprendido también esa necesidad tan curiosa por arrojarme al océano. Ya me resultaba extraño ese deseo y la sensación de recibir un llamado por parte del mar. Al descubrir mi verdadera naturaleza, comprendí mejor todo eso. De nueva cuenta, solo era una respuesta de mis instintos. Mi cuerpo estaba pidiendo volver a su lugar de origen o, al menos, eso me parece. Durante el tiempo que estuve en el agua junto a Miku, pude sentir como cada musculo de mi cuerpo se relajaba, sobre todo la cola que, como humana, serían mis piernas. Durante gran parte del día las había sentido un tanto entumecidas. De la misma manera, esa imperiosa necesidad por arrojarme al agua desapareció y con ella el supuesto llamado que el océano me hacía.

En cuanto a mi impresión ante el descubrimiento de mi verdadera especie... no tengo idea de cómo pude salir de esa situación tan complicada. Supongo que las clases de actuación y toda mi experiencia en comerciales y videos musicales sirvieron para este momento tan complicado. Aunque por uno instante estuve en shock, las mismas circunstancias me ayudaron a disimular mi verdadero sentir. El accidente provocado por la desbordante emoción de Miku sirvió para justificarme, después de todo, nos habíamos caído del muelle y esto suponía un riesgo muy grande, bien pudimos golpearnos con los postes de madera o alguna roca afilada del lecho marino. Por suerte, no ocurrió ni una ni la otra, pero bien pude sacar provecho.

—¿Luka? ¿Estás bien? —escuché la voz de Miku. Sabía lo cerca que estaba de mí, pero el reciente acontecimiento me alejó de la realidad y sentía que me llamaba desde lejos. Admito que, de no ser por sus palabras tan insistentes, me hubiese quedado perdida en mis propios pensamientos—. ¡Oye, Luka! ¿Te pasó algo?

—Ah… —dudé un momento en responderle. Era evidente mi sobresalto al verme convertida en sirena, pero ella no debía saberlo. Entonces, hice lo primero que me llegó a la mente. Me llevé una mano a la parte posterior de mi cabeza y comencé a palpar con cuidado. Fingí una expresión de dolor y arrastrando mis palabras le dije—: Creo que me golpee la cabeza. ¿Mucha emoción, no crees?

—¡Lo siento de verdad! —lloriqueó al escucharme. No me cabe la menor duda ahora, en este mundo alterno todos conservamos nuestras personalidades. Así te golpee el hombro por accidente o te pise sin ninguna saña, Miku te pedirá perdón de inmediato. Pero si se trata de mí, incluso lo hará de rodillas. Le he dicho que no haga eso, ¿crees que me ha escuchado?—. ¡No era mi intensión lastimarte! Es solo que… me dejé llevar por la emoción y…

—Tranquila —le dije con toda la calma que pude reunir. Es irónico que yo, la persona más alterada en ese momento, fuera quien intentara serenar a Miku—. No creo que se trate de nada grave.

No fue nada sencillo mantener el temple acostumbrado cuando recién descubres que no eres humana. Por dentro estaba gritando de la impresión, sin embargo, no debía demostrar la mínima sospecha de ello o mis amigos piratas llegarían a una conclusión errónea. Le extendí una mano para que la tomara y así nadar juntas a la orilla. Tampoco es que estuviésemos muy lejos. En ese momento descubrí otra cosa, algo más que me ha hecho pensar en mi condición. De pronto, sé cómo usar este cuerpo acuático. ¿No debería tener dificultades al intentar mover mi cola? Ni siquiera puedo creer que he dicho esa frase y, para empeorar mis penas, no tengo a nadie con quien hablar de esto.

—¡Oigan! —nos llamó Meiko desde el muelle. Estaba cargando ella sola con dos costales bastante colmados debo decirlo—. ¿Piensan quedarse ahí hasta el anochecer o qué?

—¡Meiko! ¡Deja eso y ayúdame a sacar a Luka del agua! ¡Parece que se golpeó la cabeza!

—A mí me parece que se encuentra bien, no sangra y está consciente. ¿Qué tanto se pudo lastimar?

—¡Es una orden de tu capitana! —repuso Miku con una voz tan potente que por un momento la desconocí. No recuerdo cuando fue la última vez que ella le habló de esa manera a alguien.

—Miku, en serio —intenté calmarla. En este punto, ya me había olvidado de mi condición; lo importante era evitar una pelea entre ellas dos, aunque prestando atención a ambas, era un conflicto unilateral—. Estoy bien, no me pasó nada, ¿ves?

Con tal de calmar sus desbordados nervios, me di la vuelta para que ella misma pudiese corroborarlo. En ese momento sabía lo arriesgado de mi jugada. No tenía golpe alguno, menos una herida que requiriera atención médica, pero ver tan alterada a Miku por mi coartada en verdad me provocó un gran remordimiento. Por otra parte, mi actuación sí que surtió efecto ante mis compañeros de tripulación y pude recuperar un poco el control de mis propias emociones. Incluso olvidé por un momento que estaba sorprendida por mi verdadera naturaleza. Aunque ese gusto me duró muy poco tiempo.

—Te tomaré la palabra. ¡Pero a la menor molestia, haré que Kaito te atienda!

Así que él es nuestro médico. Bueno, cuando le vi esta mañana en verdad no me parecía un pirata ni nada similar. De ir por la calle, cualquiera pensaría que es un hombre común, sin ningún pasado criminal. Para ser sincera me parece muy curioso que en este mundo nosotros seamos piratas, algo por completo distinto a nuestras versiones de la Tierra. Allá somos un grupo de idols explotados en nombre de una disquera poderosa y con contratos llenos de cláusulas que limitan la mayoría de los aspectos de nuestras vidas; aquí estamos en un caso contrario. Debo suponer que somos buscados por las autoridades de uno o varios reinos. A pesar de ello, y aun cuando siento que estoy romantizando demasiado la idea, en esta realidad optamos por la libertad que la vida pirata nos ofrece.

Junto a Miku, nadé hasta la orilla de la playa donde ya nos esperaban nuestros amigos. Por un momento estaba conforme por la manera en que sobrellevé mi crisis. No levanté ninguna sospecha y gracias a la situación que yo misma cree, pude despejar un poco mi mente por concentrarme en otro asunto. El gusto y la aparente calma, como ya dije, duró poco. Cuando estuve a punto de llegar a la arena, me asaltó una duda repentina. ¿Cómo volvería a mi forma humana? Mi desconocimiento sobre este mundo es grande y, según acabo de descubrir, también sobre mi propia naturaleza. ¿Acaso necesitaba un conjuro para adoptar una apariencia humana? En caso de ser así, yo lo desconocía y eso era un sinónimo de problemas. Quise detenerme, fingir que algo se me había caído entre las aguas del muelle, aunque no había manera de que esa coartada diera resultado alguno sin mencionar que esa jugada solo me daría tiempo, mas no la solución al dilema.

Llegamos juntas a la orilla de la playa. Miku salió sin ninguna dificultad mientras que yo, por razones evidentes, tuve ciertas complicaciones para andar sobre la arena. Con una mezcla de incomodidad y cierto nivel de vergüenza unido al miedo a ser descubierta, me arrastré por la playa hasta que la mano de Miku me detuvo. Al principio sentí temor. La miré con una gran preocupación, temerosa de ver en ella un gesto de extrañeza al notar que aun mantenía mi verdadera forma, pero no fue así. En cambio, me mostró una sonrisa tierna y cariñosa, tan cálida que la sentí en el corazón. Me recordó a la Miku que conozco en la Tierra. Era la misma expresión de cariño que me dirige cuando estamos a solas, ya sea repasando nuestras canciones o solo matando el poco tiempo libre que tenemos. Quise decirle algo, pero ella me ganó la palabra.

—Permítame ayudarle, señorita sirena —me dijo con un tono dulce de voz.

Sin decir otra cosa, me tomó en sus brazos y me cargó. Es increíble como tiene la fuerza para hacerlo a pesar de ser tan pequeña y delgada. No, estoy en un error. La Miku de la Tierra es delgada, hábil para bailar y dueña de unas piernas potentes, aunque unos brazos delicados; en cambio, su contraparte de este mundo a pesar de lucir casi igual tiene más musculatura hasta donde he visto. Sus brazos, aunque delgados, se encuentran definidos y ni hablar de su fuerza, pudo levantarme sin el menor problema, algo que la Miku de mi mundo no es capaz de lograr. La última vez que intentó cargarme, ya no recuerdo porqué lo hizo, ambas terminamos sentadas en el suelo. Por el momento, me dejó sentada sobre unas cajas. Hasta ese momento me di cuenta de cuan larga es mi cola de sirena. Pensé que sería equivalente a mis piernas, lo cual fue un error; la extensión completa de esta era superior, no de un tamaño exagerado, pero si del suficiente para sobresalir de mi vestido y alcanzar la arena bajo mi improvisado asiento.

—¡Oh! Tus botas debieron quedarse en el agua —exclamó muy preocupada—. Ya vuelvo, voy a buscarlas.

—No tienes que... —intenté hablarle, pero un repentino beso en mi mejilla me hizo callar en el acto. Miku comenzó a andar con pequeños saltos hacia la playa y una brillante sonrisa infantil en sus labios.

—Si no las consigo se arruinarán ¡y ya sabes cómo fue difícil conseguirlas!

De esa manera sentenció nuestra conversación. Ah... muy en el fondo, le tengo envidia a mi yo de esta realidad. Tiene dos cosas que yo, por el momento y aunque las ansió con toda el alma, no puedo poseer. Aún peor, fue decisión mía rechazarlas. Una es la libertad, un estilo de vida libre de toda restricción impuesta por las leyes de la sociedad y, con un poder aun mayor, un contrato que ha terminado por esclavizarme. No es que desprecie mi trabajo como idol; en verdad disfruto dedicarme a la música, alegrar a cuanta persona escucha mi voz, provocar toda clase de sentimientos a la multitud de gente que nos brinda su tiempo durante los conciertos. Todo eso, junto al hecho de tener a mis amigos cerca, me ha brindado tantas satisfacciones que, indiscutiblemente, hacen que todos los sacrificios valgan la pena.

—¡Oye! —escuché un grito de Rin. Ella estaba parada al borde del muelle con un par de costales a sus pies—. ¡Miku! ¡Tienes que ayudarnos!

—¡Ya voy! ¡Solo déjenme buscar las botas de Luka!

Apenas terminó de hablar, nuestra capitana se arrojó de nuevo al agua. Ella es el segundo motivo de envidia. Lo supe desde la mañana que desperté en este nuevo mundo. Aun cuando desconozco por completo la sociedad de Tibitha, al menos en esta isla puedo estar con Miku de la manera que tengo prohibida en mi realidad. No hay una sociedad que pueda juzgarnos, una familia que nos mire con desprecio, ni un contrato que limite cada aspecto de nuestra vida; podemos ser nosotras sin ningún problema, expresar nuestros verdaderos sentimientos sin temor a perder todo lo que hemos conseguido. Mi otra yo es muy afortunada en comparación a mi situación. Aun así, no debería quejarme; es el camino que nosotras mismas hemos elegido, yo misma opté por guardar el sentir de mi corazón.

—Quien lo diría —escuché la voz de Kaito a mis espaldas—. La temida pirata de las coletas rebuscando en el agua las botas de su novia. Si esto se supiera, creo que ya nadie le tendría miedo. ¿Una toalla?

—Gracias —acepté su amable oferta. Tomé una de las toallas que cargaba con él y dejó la otra sobre las cajas que estaban tras nosotros—. Al menos nadie puede vernos aquí, ¿cierto?

—Cierto. Aunque... su novia es la próxima reina del océano. De saberse podría ser muy bueno para nuestra reputación —siguió hablando, creo que más para sí mismo. Sé que en esencia es la misma persona, pero se siente que hay algo distinto con este Kaito el que conocí en mi mundo. Ya he visto sus habituales torpezas, pero hay algo muy diferente entre ambos; en esta realidad me parece más tranquilo y, en especial, centrado. Un momento... me llamó la próxima reina del océano. ¿Lo dijo en broma?

—¡Oye tú! —de pronto, ambos dimos un salto de terror. La voz de Meiko sonó tan fuerte como un trueno durante la tormenta. Vi su mano alargarse hacia el hombro de Kaito y arrastrarlo con una facilidad asombrosa—. Deja de haraganear y ponte a trabajar. A ti te lo dejaré pasar porque estas transformada, pero este vago no tiene perdón de nadie.

—Solo... solo estaba tomando un pequeño respiro —intentó excusarse, aunque de nada le sirvió. El poderoso brazo de Meiko se lo llevó sin que pudiese oponer resistencia alguna.

Desde el día de nuestra primera firma de contrato, no había experimentado la sensación de recibir demasiada información en un periodo tan breve de tiempo. En aquella ocasión, nuestro representante junto al departamento legal de la discográfica nos explicó cada por menor de nuestro contrato en espacio de una hora. Tantas paginas no pueden ser asimiladas con facilidad cuando eres una joven que apenas inicia en el despiadado mundo de las idols, pero hice mi mayor esfuerzo por comprenderlo todo. Acababa de pasar algo similar en esta ocasión con el descubrimiento de mi cuerpo y las peculiaridades del entorno que me rodea.

Meiko es fuerte, demasiado fuerte. Pudo llevarse a Kaito sin la necesidad de realizar el menor esfuerzo y a pesar de la resistencia que él ofreció, de nada le sirvió. Ya le había visto cargar cosas pesadas a lo largo del día y aun me sorprende como es capaz de levantar varias cajas a la vez. Ella sola podría descargar todo el barco sin el mayor problema, pero estoy segura de que junto a Miku obligan a los demás a cooperar. Aunque pensándolo bien, es más probable que sea la misma Meiko, con semejante fuerza nadie querría negarse. Por otra parte, está lo último que me dijo Kaito. ¿Soy la próxima reina del océano? No entendí eso. Mi primera suposición es que semejante título se debe a mi relación con Miku. Tratándose de una pirata tan famosa y temida, como he escuchado decir a mis amigos, no dudaría que se refieran a eso. Pero cabe otra posibilidad, algo relacionado a un aspecto de mi persona que, por el momento, desconozco.

Lo anterior no es ninguna exageración. Mi último descubrimiento además de impresionarme me hizo desear saber más sobre la naturaleza de las sirenas. Que Kaito fuera tan amable al entregarme una toalla y que nadie se preguntara por qué seguía transformada a pesar de llevar varios minutos sobre tierra, fueron sucesos que adquirieron sentido una vez que mi cuerpo comenzó a secarse. Ya que estaba limitada a ver como mis compañeros de aventura trabajaban en el desembarco de las provisiones, comencé a secarme con el ánimo de correr a ayudarles. Podré estar atrapada en una realidad alterna, pero eso no es pretexto para actuar de manera descortés ni perezosa, además, creo que es algo que mi otra yo haría en esta situación.

Apenas estaba prestando atención, me escurrí el cabello e hice lo mismo con el vestido que aún se sentía pesado a causa del agua; froté mi cola de sirena con la toalla mientras pensaba en cómo solucionar la situación. Una posible solución era confesarlo todo de una vez y esperar la mejor respuesta posible de parte de este grupo de piratas. Estaba tan concentrada en ello que no me percaté del momento en que mi cuerpo comenzó a cambiar. Una vez que dejé la toalla a un lado, noté como mis manos habían vuelto a la normalidad. De inmediato miré la cola y en su lugar estaba mis piernas. ¡Volví a la normalidad antes de notarlo! Entonces, la clave es secar mi cuerpo, de esa manera puedo volver a ser humana. Ni hechizos ni magia alguna, todo se trata de algo tan sencillo como tener una toalla a la mano. Creo haber visto algo así antes en alguna película; la sirena protagonista podía cambiar transformarse al pisar tierra firme y volvía a la normalidad al entrar al agua. Ahora yo estoy viviendo esa parte de la historia.

Esto fue solo el primer día y aprendí mucho sobre mi otra yo. Mi verdadera naturaleza, la habilidad para pasar de humana a sirena, la vida amorosa que tengo aquí en Tibitha. A pesar de eso, miro al océano, cuyo llamado aun puedo sentir y me queda claro que aun debo averiguar muchas cosas sobre este mundo. Mi realidad ahora no se limita por los muros de un estudio de grabación ni un apretado horario de eventos, tampoco esta isla en medio del océano es todo lo que debo conocer; hay un pasado que desconozco, ¿por qué todos quisimos ser piratas? Es quizá mi mayor pregunta en este momento. También me asombra el inusual apetito que me ha azotado desde que volví a ser humana. Es tanto que mi estomagó no ha parado de rugir desde hace horas. Por suerte ya es hora de la cena y no puedo quejarme de mi porción.

—Esto… Luka… —balbucea Len sin perder ningún detalle de mi plato.

—¿Sí?

—En verdad… ¿piensas comerte todo eso? —pregunta al fin. Creo que quiso formular su cuestión de la manera menos ofensiva posible, aunque no existe manera alguna de hacerlo.

Su asombro no es para menos y para ser sincera, me encuentro igual. La porción que me sirvieron, por mandato de nuestra capitana, era más grande a las ofrecidas al resto de la tripulación. Demasiado grande, en verdad. Pero más desconcertante resulta, incluso para mí, que estoy comiendo sin ninguna dificultad el enorme filete de pescado. Tras mi transformación, fui afectada por un hambre terrible, aún peor de lo que había experimentado a lo largo del día. Por más que intenté mantener el control, resultó imposible ocultar los fuertes rugidos provenientes de mi estomago al cabo de unas horas. Me sentí en extremo avergonzada cuando ocurrió, pero a mis compañeros les provocó una sonora carcajada y un apuro en la cocina.

—Cómo si fuera la primera vez que la miras comer tanto —escucho a Rin decirle antes de sentarse a su lado—. Yo quisiera saber cuánto tardarás en comerte todo.

—Estoy segura que acabaré antes que ustedes —les respondo. En ambos se dibuja una sonrisa malvada que siempre me causa escalofríos. Tienen la misma expresión que sus contrapartes.

—¡Ya lo veremos! —contestan al mismo tiempo y, como si aquello fuese el inicio de una carrera, comienzan a comer a un ritmo apresurado.

Los miro en silencio mientras me dedico a lo mío: comer el enorme y delicioso filete que tengo frente a mí. No es por exagerar, pero este es uno de los mejores pescados que he comido en mi vida. La carne es tan suave que siento como se deshace en mi boca, es tan jugoso y sabroso que no puedo parar. Se trata de un sabor casi idéntico al del atún, solo que en esta realidad lo noto más concentrado, algo que se arregló con las hierbas y especias utilizadas por Meiko. Cielos, me da gusto saber de la existencia de sabores similares a los que estoy acostumbrada. La comida no supondrá un problema para adaptarme a Tibitha. De la nada se escucha una fuerte tos a mi costado; al voltearme veo a Len estremecerse de manera dolorosa mientras Rin le golpea la espalda con unas fuertes palmadas que resuenan por todo el comedor.

—¡Oigan ustedes, ya dejen de jugar! —ordenó Meiko con una voz potente. Al momento, los gemelos se quedaron callados, aunque Len siguió con su tos. Yo sigo comiendo el pescado con calma—. Tenemos negocios que atender.

—¿Ya es tiempo de otro asalto? —pregunta Gumi desde el fondo de la mesa.

—No es un asalto propiamente, pero si será un gran golpe —afirma Miku con mucha emoción. Para ser una pirata, es demasiado adorable—. Todo gracias a Gakupo.

—¡Que bien! ¿Qué descubrió mi hermano? —de nuevo escucho a Gumi hablar. Parece muy emocionada por esto.

—Para empezar, ya todo Nosor está lleno de carteles con nuestras caras, así que debemos tener mucho cuidado cuando vayamos al pueblo —dice Kaito con una sonrisa que intentaba ocultar la seriedad del asunto, aunque esto ya es algo delicado para toda la tripulación—. Ahora Gakupo es el único que conserva un poco de buena reputación.

—Igual casi no pisamos el continente —cometa Rin sin darle la mayor importancia a las palabras de Kaito.

—Sí, y los habitantes de Karib están de nuestra parte —agrega Len—. Podemos confiar en ellos.

—El problema es que al poner precio sobre nuestras cabezas, los aventureros comenzarán a perseguirnos. Quizá hasta se acerquen a la isla —menciona Meiko—. Aunque llevan las de perder aquí, ¿no es así, Luka?

—¿Perdón? —pregunto. No entiendo a qué se refiere y dudo mucho que solo por ser una sirena yo pueda enfrentar sola a un grupo de aventureros—. Lo siento, estaba un poco distraída.

Todos comenzaron a reír y yo, para no desentonar, los imité.

—Por ahora solo tendremos precaución. Habrá que vigilar el mar para evitar una emboscada —nos dice Miku. De pronto adoptó un semblante más serio, hasta parecía otra persona—. Sin embargo, lo importante no es eso. La verdadera novedad en el pueblo es que todos están felices porque cierto noble se marchará unos días a Jinten.

—¿Vamos a apoderarnos de toda la costa? —pregunta Rin muy emocionada. Len, de inmediato, se muestra preocupado por las malévola maquinaciones de su hermana.

—No, lo que nos interesa es esto —responde nuestra capitana.

Tomó un pergamino y extendiéndolo en tu totalidad, nos muestra un mapa lleno de notas, flechas y un gran barco dibujado en medio del océano. Todos lo miran con sumo interés, analíticos y hasta sorprendidos. Para mí, si algo resalta en ese mapa, es un apellido escrito con letras grandes.

—Otro barco de la familia Renxandt —señaló Gumi. Su mirada, por alguna razón, se iluminó.

—Así es. Nuestro amigo Hugo vuelve a transportar algo desde Astorus —nunca había visto a Miku tan seria. Todo rastro de alegría ha desaparecido y me parece hasta siniestra. Es un porte distinto al que suelo verle en la Tierra. Allá, su determinación nunca se aleja de su bueno humor, pero aquí es distinta—. Y ya saben lo que eso significa.

—¡Debemos quitárselo! —gritan todos mis amigos.

Por todos los cielos… apenas tengo un día aquí y ya participaré en mi primer crimen marítimo. Mejor aprendo a usar una espada lo más pronto posible, pero ya me preocupare por eso más adelante. Por ahora, lo único que me interesa hacer es terminar con este delicioso filete. ¡Es tan delicioso!


¡Hola!
Pido una disculpa por la espera tan larga. Pero más vale tarde que nunca!