Kobayashi 3:

La determinación de Tohru

Mentiría si dijera que no tengo miedo, incluso asegurarlo de esa manera se queda corto. Estoy aterrada por la situación, tanto que no podía salir del castillo sin la preocupación de caer en una trampa mortal o que una flecha me atravesara la garganta. No todos los días te enteras de que alguien quiere verte muerta y para lograrlo ha contratado a cuanto bandido se tope en el camino. Ni siquiera puedo acercarme al mercado a comprar una fruta sin la idea de ser atacada a traición por los vendedores, aunque Takiya siempre me asegura que puedo confiar en todos los habitantes del pueblo.

—Ellos te aprecian más que a cualquier otra persona —me dijo un día para animarme a salir del castillo—. No creo que alguno de los vecinos quiera hacerte daño, te respetan más que al gobernador o al rey. No hay nada que temer.

—Para ti es fácil decirlo, tu vida no está en peligro.

—Yo no estaría tan seguro. Pasamos juntos mucho tiempo, si alguien intenta lastimarte, lo más seguro es que yo también termine involucrado.

—¿Piensas defenderme?

—Aunque intentara evitarlo —me sonrió. Este Takiya, por más parecido que sea al de mi realidad, noto un comportamiento más noble. Debe ser por el mundo en el que vive, pues no imagino a su versión de la Tierra sacrificarse a tal grado por nadie—. Mi espada siempre estará a su servicio, caballero dragón.

Por un momento, tan solo por un momento, la imagen que tenía de Takiya desapareció por completo. El otaku que conocí en la Tierra distaba mucho de este valeroso guerrero. Supongo que la ausencia de videojuegos y anime influyen bastante en su comportamiento. No digo que mi amigo, el mismo que conocí en mi realidad, sea una mala persona, es un buen chico que siempre está cerca para darme una mano. Me ayudó con las clases de japonés para Tohru, también en algunas reparaciones en el departamento o prestándome dinero cuando me gastaba todo en cervezas. Pero llegar al punto de arriesgar su vida por la mía en una batalla, no estoy muy segura; siempre he pensado que el saldría corriendo sin pensarlo. No me molesta, sé que es algo imposible, al menos lo era en mi realidad. En Tibitha, veo que las cosas son muy diferentes.

—Además, si llegara a pasarte algo —agregó— ya no podría disponer de tu biblioteca. Aun me faltan muchas obras por leer.

Y todas las maravillas que comencé a creer sobre él, desaparecieron de pronto, aunque en cierta manera me alegra oírlo hablar así, es más cercano al Takiya que he conocido de siempre. El problema es que ahora no sé cuan desinteresada es nuestra amistad. Parece que no importa el entorno, está destinado a ser un gran fanático de la ficción.

—¡¿A dónde creen que van?! —la voz de Tohru nos detuvo antes de cruzar las puertas del castillo.

Al darnos la vuelta, estaba de pie justo a nuestras espaldas, con los ojos encendidos de furia y un par de nubes negras provenientes de su boca. Parece que sus dientes se han afilado, ahora todos dan la impresión de ser colmillos, además, sus manos han adoptado las escamas verdes de su verdadero cuerpo. No es la primera vez que la veo enojada y ya conozco su forma de dragón, aun así, verla de esta manera resulta intimidante.

—Tenemos que hacer la ronda de vigilancia —me apresuré a responderle.

—Ya veo. Takiya te convenció, ¿eh? —replicó lanzándole una mirada asesina. Menos mal que los dragones no pueden matar como los basiliscos—. ¡Quedamos que Fafnir y tú harían ese trabajo!

—Lo sé… ¡pero hay un buen motivo para que Kobayashi salga!

—Te escucho —respondió con una voz firme y la mirada clavada en Takiya.

—Todos sabemos de lo importante que es Kobayashi para el pueblo, ¿verdad? No solo es un símbolo de autoridad, es su esperanza y seguridad.

—Sí, ya sabemos que es muy importante para todos. Ve al punto.

—Justo ese es mi punto —cada vez, sus palabras sonaban más convencidas. Su temor por encararse a Tohru pasó a medida que hablaba—. No es extraño que se tome unos días para descansar, pero si desaparece por mucho tiempo, la misma gente dejará de confiar en ella. Ese es el valor que tiene Kobayashi para el pueblo de Kinja.

—¡Pero está en peligro!

—Siempre estoy en peligro, Tohru —interrumpí. ¿En verdad lo hice yo? Por un momento me sentí fuera de mí, como si esas palabras alguien más las pusiera en mi boca—. Siempre me arriesgo cuando salgo a vigilar, cuando atiendo algún llamado de auxilio. Es parte de mi deber y no puedo permitir que un cobarde cualquiera me impida cumplir el compromiso que tengo con esta gente.

Todo lo demás fue invención mía. Quise sonar lo más heroica posible, aunque para ello tuve que recurrir a mis recuerdos de una época más joven. No creí que todos esos videojuegos y manga de mi juventud (y algunos más actuales) terminarían por ayudarme en algún momento. Actuar como sus protagonistas ha resultado la manera perfecta para encajar en este mundo. Estoy atrapada en una de esas novelas que se han puesto de moda.

—Está bien —concluyó Tohru. Sus garras de dragón desaparecieron mientras cruzaba sus brazos. Exhaló una última nube de humo negro—. Esperen un momento, los acompañaré.

—¿De verdad? —preguntamos Takiya y yo al mismo tiempo.

—Sí. Solo daré unas instrucciones en la cocina —dijo tras darse la vuelta y avanzar por el pasillo.

Desde ese día, ni en una sola de las rondas de vigilancia faltó la presencia de Tohru. En principio, su compañía no fue una molestia, es muy querida por todos los vecinos y los vendedores del mercado le tienen un cariño especial desde que atrapó a un ladrón. Cosa extraña, la Tohru de la Tierra también hizo algo parecido, aunque fue más un accidente que un acto heroico. No puedo dejar de pensar en las similitudes existentes entre ambos mundos; no solo pasa con las personas y su comportamiento, también con algunos sucesos, aunque sean pequeños o importantes. Será interesante ver hasta qué punto ambos mundos son parecidos.

Lo que para nada resulta interesante es la actitud que Tohru ha tomado durante nuestros recorridos por el pueblo. Al parecer, ella se ha tomado más en serio que yo el asunto de mi amenaza de muerte. No es que me de pronto me parezca algo menor, sigo alerta por la situación y no bajo la guardia ante ninguna actitud sospechosa, pero ella ha llevado esto a un extremo que puede ser ridículo. Entiendo su preocupación, incluso agradezco la protección que un dragón puede ofrecerle a una humana como yo, solo que ha llegado a un exceso. No deja que nadie se acerque a mí, ya sea una anciana o un niño, sin antes revisar por completo su persona y los objetos que lleve consigo, algo que considero innecesario. Creo que su sola compañía es suficiente para alejar a cualquiera que intente lastimarme; dudo mucho que el asesino a sueldo más valiente y peligroso de Tibitha tenga el atrevimiento de retar a Tohru. La batalla contra un dragón debe ser una causa perdida si se hace de manera imprudente.

La compañía de Tohru nos ha traído, como era de esperar, muchas situaciones extrañas. Basta con que vea un arma, por pequeña que sea, para que en su cabeza suene una alarma y se arroje a detener una posible amenaza. No puedo negar su punto de que cualquiera puede volverse una amenaza contra mi vida, pero ella lo lleva a un extremo ridículo. El primer día pudo terminar sin incidentes, pero justo al terminar nuestro recorrido nos topamos con unos viajeros recién llegados desde la costa. Como en esa parte del reino se tienen los constantes ataques de una banda de piratas, es común que mucha gente vaya armada por su propia seguridad. ¿Pueden imaginar lo que pasó cuando Tohru los vio? Exacto, lo primero que hizo fue arrojarse contra ese grupo sin preguntar nada antes; por poco Takiya y yo la seguimos en su delirio, aunque ellos de inmediato dejaron las armas a un lado. En otra ronda, arremetió contra un carnicero del mercado porque salió con un par de cuchillos en mano a la calle. Su pretexto fue perseguir a una rata que escapó de su negocio. El incidente terminó en una llamada de atención para él, una disculpa por parte de Tohru y mi orden de no comprar carne en ese lugar. No es muy saludable consumir el producto que viene de un negocio con problemas de plagas o peor aún, que usen esas plagas como mercancía. No quise correr ningún riesgo.

Otra ocurrencia de Tohru es probar antes que yo todo lo que lleguen a ofrecerme la gente, ya sea una bebida o algo de comer, ni siquiera la importa si es un regalo o algo que compremos en algún restaurante; todo, sin excepción, debe ser probado por ella antes de llegar a mis labios. Al parecer, su sentido del gusto es más delicado que el de un humano y por ello puede reconocer venenos aun en cantidades pequeñas. Esto ha provocado que incluso beber agua se vuelva una labor complicada. Primero debo esperar su veredicto y una vez con su aprobación, puedo dar un trago. El problema es que se vuelve muy incómodo por ella; cuando acerco la copa o el vaso a mi boca, Tohru no deja de murmurar cosas raras, se sonroja y me mira con una expresión muy extraña, como si pensara en atacarme. Ignorar todo es muy difícil, pero con el paso de los días me he acostumbrado. Un poco.

Sin embargo, creo que todas estas precauciones y medidas de protección nos han alejado de la principal incógnita. Más que esperar el momento de un ataque o descubrir la manera en que sucederá, deberíamos preguntarnos quien está detrás de esta amenaza. Lo único que me parece obvio, es que ninguno de los bandidos que amenazan al pueblo y sus rutas principales son los responsables. Ellos deben odiarme; si yo no estuviera, sus fechorías serían más fáciles de cometer y podrían robar sin temor a que nadie les haga frente, pero dudo mucho que sean capaces de llegar a tal extremo. Además, lo harían ellos mismos en vez de contratar a otros bandidos de poca monta. El verdadero culpable debe ser alguien diferente, pero ¿quién y por qué? Cuando Fafnir interrogó a los prisioneros, ninguno dio un nombre.

—No tenemos idea de quien es —comentó uno al borde del llanto. Me niego a investigar cómo es que Fafnir realiza sus interrogatorios—. Manda a un mensajero y siempre se presenta encapuchado, nunca le vimos el rostro. Se le prometió mucho dinero a quien pueda asesinar a la Caballero Dragón, pero es todo lo que sabemos. No hay nombres, ni rostros, nada.

Todos los bandidos que atrapamos coinciden en lo mismo. Incluso dijeron que ese mensajero se presentó a varios grupos con la misma propuesta, pero solo ellos aceptaron. No hay mucha gente dispuesta a enfrentar dragones. Por otra parte, la recompensa podría ser una pista, aunque no es definitiva. Por el tipo de mundo en el que vivo ahora, solo se puede pensar en un tipo de persona capaz de ofrecer mucho dinero por matar a alguien. No sé cómo sean los casos de corrupción, pero los únicos con los fondos suficientes para contratar matones son los miembros de la realeza: reyes, príncipes, duques, cualquier persona con un título nobiliario. Aunque puedo pensar que también existen criminales con grandez riquezas.

La pregunta ahora es: ¿estoy enemistada con algún noble? Cuando le plantee la duda a Fafnir, se limitó a decir que mi vida social no le interesa; por su parte, Tohru y Takiya dicen que mi relación con los nobles y funcionarios es buena. El rey está más que conforme con mi trabajo, los altos mandos militares de la capital están felices porque gracias a mi presencia en Kinja ellos no deben abandonar sus hogares. Incluso el duque von Renxandt, gobernador de esta provincia, está agradecido con mis labores. Así que, por parte de los políticos y nobles poderosos, no tengo enemigos.

En cuanto a los grupos criminales, tampoco hay mucho de donde escoger. La mayoría son bandas menores de asaltantes de caminos. La preocupación más grande para el reino, en cuanto seguridad, es la tripulación de la Pirata de las Coletas. Ellos no son un peligro para mí, pues operan en las costas de Nosor y nuestros caminos no se ven cruzados. Ni ellos tienen que venir hasta aquí ni yo me veo en la necesidad de confrontarlos. Eso vuelve más complicado todo este asunto, nos hemos quedado sin sospechosos. En ese caso, lo único que nos queda es esperar. Mientras pueda disfrutar de las deliciosas cervezas de Tibitha, no hay problema.

—No entiendo cómo puedes estar tan tranquila, Kobayashi —me dice Tohru—. Hay gente mala tras tu cabeza y tú solo estás ahí, bebiendo con toda calma.

Después de cada ronda de vigilancia suelo volver al castillo, pero por hoy quise despejar un poco la mente y cambiar la rutina. Apenas terminamos con nuestro trabajo, desvié mi camino rumbo a una cantina para comprar varias cervezas. Luego de eso, salimos del poblado hasta llegar a un árbol que me pareció buen lugar para descansar un poco. No es que volver a casa me significara un problema, solo no quería estar ahí y preferí ver el atardecer desde el campo. Me dejé caer sobre el césped y una a una fui bebiendo las cervezas. ¡Esto es lo mejor del día, sin dudarlo!

—Claro que estoy asustada, mentiría si dijera que no —le respondo. Doy otro sorbo a la botella—. Pero tampoco se trata de vivir dominada por el miedo. No puedo dejar a un lado mis responsabilidades solo por esa amenaza.

—Aunque hace unos días no querías abandonar el castillo —puedo notar cierto tono de burla en su voz.

—Takiya me hizo cambiar de parecer. Mi influencia sobre toda la gente es más grande de lo que yo misma pensaba, no puedo acobardarme por algo como esto. Además, dudo mucho que cualquier bandido quiera acercarse a mi ahora que me acompaña un poderoso dragón.

Sus ojos parecen iluminarse. Me dirige una sonrisa llena de superioridad y tras llevarse las manos a la cintura, deja salir una risa orgullosa.

—Me da mucho gusto que admitas mi superioridad natural. No existe ninguna persona en todo este mundo que sea capaz de hacerme frente.

—Ya recuerdo porque no debo decirte ni un cumplido, te vuelves muy arrogante.

—¡No quería incomodarte con eso! —se apresura a responder. Sus aires de superioridad llegan a ser molestos, pero verla nerviosa por molestarme con su actitud es algo muy divertido—. Los dragones podemos ser un poco orgullosos.

—Yo no diría un poco —murmuro para molestarla. Siempre me ha parecido muy curioso cómo se puede sonrojar por cosas tan sencillas—. De todas formas, estoy agradecida contigo.

—¿Eh? ¿Por qué?

—Por apoyarme en todo momento. Creo que no he sido justa contigo por lo que has hecho estos días. Te agradezco por todas tus preocupaciones, por acompañarme y siempre vigilar a mi alrededor.

Esperaba una respuesta animada de su parte, como suele hacerlo cada que se le hace un comentario positivo. Al menos que desviara la mirada con algo de vergüenza tal y como lo había hecho hace poco o se quedara mirando al suelo. En cambio, su reacción fue muy diferente. Se quedó callada con una expresión un tanto curiosa; parecía sonreír y, a la vez, estar conmovida. Acomodó su cabello con la mano y sin decirme nada se acercó a mí, sentándose a mi lado. Ha permanecido en silencio unos segundos, solo contemplando el atardecer.

—Kobayashi, esto es lo menos que puedo hacer por ti —me responde al fin. Por primera vez desde que desperté en este mundo, pude ver una faceta de Tohru que no había visto ni aquí ni en la Tierra. Sus palabras me parecieron serenas, algo que nunca había percibido en ella—. Sabes que esta es la única manera en que puedo pagar lo que hiciste por mí.

—Yo… no sé qué decir a eso —las cosas han llegado a un punto que no esperaba. Desconozco por completo las circunstancias bajo las cuales Tohru y yo nos conocimos. Preguntar en este momento sería muy extraño, me pondría en peligro e incluso ella saldría lastimada.

—No tienes que decir nada, Kobayashi. Salvaste mi vida de esos malvados humanos y juré que te protegería por siempre como agradecimiento. Estoy en deuda contigo.

Me ha dejado sin palabras. ¿En serio esta es la misma Tohru que salió del castillo conmigo? Parece que hasta los orgullosos dragones pueden admitir que han recibido ayuda sin que sea algo vergonzoso; debe ser ese mismo sentimiento el que les vuelve tan agradecidos. Aunque también puede ser algo propio de Tohru. Sabía que debía existir un buen motivo para que un ser tan poderoso estuviese a mi lado y no solo eso, que estuviese dispuesta a trabajar como sirvienta, una labor que, si bien es muy exigente, va muy relacionada con la humildad y a un estrato social bajo. Espero que esto no se vuelva incomodo, al menos en mi mundo funciona. Pongo mi mano sobre su cabeza y le acaricio con delicadeza el cabello. Al principio parece sorprendida, pero casi de inmediato baja la cabeza para acurrucarse en mi hombro.

—¿Y mi título no tiene que ver en esto? —pregunto con una autentica curiosidad.

—Eso es un tema aparte. No tiene nada que ver con la gran persona que eres.

Tan solo por este momento quiero dejar a un lado las preocupaciones, tanto las referentes a la persona que quiere eliminarme como a mis deberes de guardiana en esta provincia. Alcanzo una botella de cerveza aun cerrada y se la ofrezco. Ella la toma y le da un largo trago que me da la impresión de haber acabado con media bebida. No está nada mal hacer esto, podría repetirlo una vez a la semana. La tranquilidad del lugar es muy agradable y la vista del atardecer es más que preciosa.

—Gracias por todo el esfuerzo que haces —le digo.


Fue un momento más que grato, pero como todas las cosas en la vida, no puede durar para siempre. Volvimos al castillo apenas oscureció y por primera vez fui testigo de la vida nocturna del poblado. Solo me era posible ver las casas iluminadas desde la comodidad de mi hogar sin tener un contacto directo con los vecinos; mis rondas terminaban mucho antes de que oscureciera y, si no se daba alguna situación que requiriera mi presencia inmediata, no había motivo alguno para abandonar el castillo. A decir verdad, la diferencia es muy grande, aunque ya me esperaba el ambiente.

Durante el día, las calles están concurridas a tal grado que en ciertos puntos es imposible pasar caminando, esto sin contar el escándalo propio de un pueblo. Aunque era muy distinto a la ciudad, no dejaba de ser un ambiente con sus sonidos característicos: gritos de vendedores, risas de niños, personas charlando sin cuidar la intensidad de su voz, en algunos casos hasta cantos de aves y los rechinidos provenientes de las carretas al girar sus ruedas.

En cambio, durante la noche todo era más tranquilo, pero solo en apariencia. Las calles estaban casi vacías lo que nos permitía avanzar sin mayor problema, aunque era común toparnos con algunas personas fuera de sus casas y los negocios. Las tabernas y posadas eran los lugares con mayor actividad; de sus muros lograban escaparse numerosas voces que reían y cantaban con buen ánimo. También nos encontramos con algunos jóvenes y varios trabajadores del campo que, quiero creer, volvían a sus casas. La mayoría de las personas se sorprendían con nuestra presencia, pero igual me saludaban con gusto. En una cantina hasta me ofrecieron unos tragos gratis, mismos que rechacé. Ya tengo varias cervezas encima y no quiero beber más alcohol, podría perder el control de mis acciones.

Tras una larga jornada que yo misma extendí, volvimos al castillo. Lo primero que hice apenas poner un pie en casa, fue regresar a Fafnir y Takiya por donde venían. Llevaban consigo una gran montaña de papel que no quise ni hojear. Les dije que revisaran todo por mí y si había algo importante, me lo entregaran hasta la mañana. Luego de eso subí hasta mi habitación para quitarme la armadura. En verdad fue cansado cargarla durante tanto tiempo; siento mis hombros pesados y la espalda me duele de vez en cuando, sin contar lo adoloridas que terminaron mis piernas.

—Seguro que terminaste agotada por cargar todo este peso extra a lo largo del día —escucho la voz de Tohru como algo lejano. Entre el cansancio y las cervezas, me siento un tanto somnolienta. Hoy tendré que dormir temprano—. Mandaré que te preparen la tina mientras cenamos.

—Quisiera solo tirarme en la cama y dormir —respondo—. Pero necesito bañarme. Bajaré en cuanto me lo digas.

—¡Claro! Haré que tengan todo listo tan pronto como sea posible.

Y sale corriendo. Sus pisadas son tan fuertes que puedo escucharlas al alejarse por el pasillo. Me gustaría tener ese nivel de energía, a pesar de estuvimos todo el día juntas y que hicimos casi lo mismo, Tohru está más fresca que yo. Que sea un dragón debe ser una gran ventaja; por más entrenada que esté una persona, no podría competir con la superioridad natural de estos seres.

Rayos, si me quedó aquí acostada voy a terminar por dormirme y en verdad necesito esa ducha. Ni en los peores días de gimnasia escolar había sudado tanto. ¡Bien! Un último esfuerzo para esta noche antes de dormir. Hasta ponerse cómoda conlleva un desgaste de energía, pero solo así podré recuperarme como es debido. Abro los ojos y lo primero que veo es un destello inusual sobre mí. ¿Es un… cuchillo?! ¡¿Qué?! De inmediato me doy la vuelta a la derecha para bajar de la cama. Puedo escuchar como el arma desgarra el colchón. ¿Qué está pasando? Alzo la mirada y logro distinguir una cabellera azul al lado de la cama seguida por otro destello. ¡Me acaba de arrojar otro cuchillo! Por poco he logrado esquivarlo, pero no fui lo suficiente rápida, pues ese proyectil logró rasguñarme el brazo izquierdo. ¡Necesito un arma cuanto antes!

Mi agresor rodea la cama para abalanzarse sobre mí con su cuchillo listo para atacarme. Logro retroceder y esquivarle por poco, pero de pronto, con su otra mano alcanza un segundo cuchillo con el cual logra rosarme la mejilla. ¡Eso duele! Intento alejarla con los brazos, pero me es imposible detener su avance. Ambas manos se dirigen hacia mi pecho; por suerte alcanzo a detenerlas. Apenas pude tomarle de las muñecas, aunque eso no detiene su embate; sus intenciones parecen imparables a pesar de que mi fuerza es superior a la suya. Entonces nuestras miradas se cruzan. Si bien, lleva el rostro cubierto por una máscara, puedo ver sus ojos profundamente azules, tan fríos como un par de témpanos de hielo y una firme intención asesina. Debo alcanzar mi espada… o aguantar lo suficiente para que llegue Tohru. Mi atacante me hace retroceder un par de pasos, si me lleva contra el muro todo se acabó. Date prisa Tohru. ¡Tohru!