Maina 3:

Cazatalentos

Me da mucha pena y tristeza decirlo, pero el plan de Gus para reclutar más artistas ha resultado un fracaso total. Hemos intentado hacer de todo, desde lo más sencillo como hablar con los talentos que frecuentan la plaza principal o buscar entre los negocios de comida y las posadas, hasta colarnos a los bares a altas horas de la noche para ver si algún musico o alguna bailarina quiere presentarse ante Gus. Ninguna de nosotras estaba segura de esto último, pero Yuuka terminó por convencernos a Yumeri y a mí. Al principio tenía miedo por el ambiente que encontraría, pero al final no fue tan malo como esperaba; aunque se trataba de la vida nocturna y esperaba algo más peligroso como hombres ebrios andando por la calle, negocios sospechosos y gente peligrosa en cada esquina, la realidad que viví fue muy distinta. Creo que las películas y los rumores de mis vecinas me hicieron pensar de ese modo.

El ambiente en general era muy tranquilo, aunque mi imaginación tampoco estaba tan equivocada. Llegamos a un camino conocido como "la calle de los cerveceros" porque la mayoría de los negocios eran bares especializados en esa bebida. Según me enteré, todos los dueños de esos establecimientos compiten entre sí para crear la mejor cerveza, por lo que cada uno tiene una receta distinta y siempre se encuentran experimentando. Elegir a cuál bar asistir depende del gusto de cada persona. Yuuka nos dijo que este era el mejor lugar para encontrar artistas sin alguna casa, la mayoría de las personas que se presentan en esta zona son independientes que no han encontrado un mecenas o no quieren uno. Al parecer a muchas casas no les agrada la idea de que sus talentos terminen por presentarse en lugares así o en su historial tengan ese tipo de trabajos. Esto puede ser un problema para mucha gente que no tiene otra opción para trabajar. Por otra parte, existen unos cuantos artistas que son pagados por los mismos bares, así que no necesitan de una casa para obtener dinero. De todas maneras, no importa si perteneces a una casa de artistas, eres independiente o si tienes tu propio negocio, la competencia es dura en cualquier ambiente.

Cuando llegamos a la calle de los cerveceros, fuimos recibidas por un ambiente que solo puedo describir como festivo. A su manera, me recordó a ese Japón nocturno que llegué a ver tras varias presentaciones de ChamJam. Pocas veces salimos tarde del auditorio, pero en esas ocasiones pude ver cómo era la vida nocturna en mi ciudad natal. Distaba mucho de lo luminosa que es la noche en Tokio, aunque igual me fascinaba la cantidad de luces que existen. En esta calle era lo mismo, todos los negocios estaban con sus luces encendidas y por todas partes se escuchaba música, en su mayoría melodías alegres interpretadas con instrumentos de cuerda y tambores, sin mencionar la cantidad de voces y risas provenientes de cada bar. La cantidad de personas andando por la calle también era numerosa y de lo más variada; había quienes usaban ropas finas y elegantes, otros tantos con sus prendas desgastadas y no faltaron otros que además de cargar armas, cargaban a sus espaldas una mochila de gran tamaño además de varios bolsillos en sus chaquetas o pantalones. Lo increíble es que, dentro de todo este ambiente tan diverso, nosotras tres destacábamos entre la multitud y no de la mejor manera; nuestra presencia se llevó más de una mirada de desconfianza.

—Vamos, no se queden atrás —nos insistía Yuuka. Estaba muy animada y parecía no darle importancia alguna a todas las miradas que nos ganamos—. Ya casi llegamos.

—¿Segura que es buena idea? —Yumeri, en cambio, caminaba a mi lado casi rosando mi hombro. Supongo que estaba asustada. Yo no tenía miedo, pero me preocupaba un poco la presencia de tantas personas armadas—. Las cosas podrían ponerse peligrosas.

—¿Qué dices? La mayoría de estas personas son aventureros. No lastimarían a nadie inocente porque eso significa meterse en problemas con el viejo Conway.

—¿Conway? —pregunté.

—Ya sabes, ese viejo amargado a cargo del Departamento de Aventureros. Dicen que tiene un carácter de los mil demonios y nadie quiere problemas con él. Por eso es seguro estar aquí.

—¿Y si aparece un bandido? —de nuevo, Yumeri dejaba salir sus preocupaciones. No tengo idea de cómo hizo Yuuka para convencerla de acompañarnos. La idea original era que Aya viniera en su lugar, pero rechazó la propuesta porque llegó muy cansada de su trabajo como mesera, justo como en mi mundo.

—Entonces sería el bandido más tonto del mundo. Ya les dije que está lleno de aventureros y justicieros, no habrá delincuentes por aquí. Solo tranquilícense.

—Calma Yumeri, ella tiene razón. Muchas de estas personas son aventureros y no dejaran que nada malo pase. A-además, entre nuestros espectadores también hay varios aventureros, si algo sucede ellos podrían ayudarnos.

—Aunque para eso deberían estar en la ciudad y a veces tienen que salir —Yuuka no es la mejor para brindarme apoyo. De todas formas, parece que Yumeri se ha calmado.

A pesar de las malas bromas de Yuuka y la cantidad de armas que vi a mi alrededor, me sentía tranquila por algún motivo. En cuanto supe que las personas armadas eran aventureros, mi preocupación por ellos disminuyó. Era hasta divertido contemplar esta parte de la ciudad, tan parecida a lo que podría ver en alguna serie de televisión o algún manga que leí alguna vez; a donde mirara, había espadas y escudos iluminados por las farolas de la calle, personas vestidas con armaduras completas o que solo cubrían algún punto vital, otros tantos cargaban bastones y varitas como lo harían los magos, sin mencionar que entre la multitud distinguí a muchas personas con orejas de animales. A mi lado pasaron un par de elfos; uno de ellos cargaba una gran mochila mientras el otro empujaba una pequeña carretilla llena de cajas con alimentos. Me pareció oír algo sobre la temporada de monstruos. Era como vivir en una novela de fantasía.

—Pero al menos sabemos que Eripiyo y su equipo están aquí —dijo Yumeri—. Ellos nunca abandonan la ciudad, todos sabemos eso.

—Es cierto... ¡qué suerte tenemos! Y Maina viene con nosotras, de seguro Eripiyo le da algo de dinero.

Es verdad, la Eripiyo-san de esta realidad es una aventurera. O algo así por la manera tan curiosa que tiene de trabajar: no acepta misiones que le hagan salir de la ciudad por más de medio día. No es que ella me lo dijera, ni siquiera nos hemos encontrado desde que llegué a este mundo; todo lo sé por los comentarios que hacen mis compañeras de grupo y el mismo Gus. También parece que ella es la beneficiaria que más dinero aporta a mi nombre y que nos ayuda a mantenernos hasta fin de mes. Todo lo hace porque soy su favorita; sin importar en que realidad no encontremos, Eripiyo-san siempre está ahí para apoyarme porque cree en mí. Espero algún día tener el valor suficiente para agradecerle como es debido y no solo darle un apretón de manos por el que ha pagado un boleto.

—¡Muy bien! ¡Llegamos! —gritó Yuuka con un tono triunfal.

—"Tantalus" —leí en el letrero sobre la puerta. Estaba abierto y la música se escuchaba con fuerza desde la calle—. Parece muy animado.

—Es un buen lugar. Uno de mis beneficiarios es el dueño —Yuuka entró con una gran sonrisa y nosotras hicimos lo mismo. Solo nos quedaba seguirla.

Por dentro, aquel negocio era más grande lo que aparentaba. La barra estaba justo a unos pasos de la entrada y a espaldas de dos cantineros había una multitud de botellas de todos tamaños y colores que no pude contarlas por completo. Ambos caminaban en círculos por el reducido espacio que tenían mientras unas chicas con atuendos parecidos a los de sirvientas llenaban las charolas con los pedidos de cada mesa. Al fondo, del lado contrario a la barra, había un pequeño escenario donde unos tres hombres tocaban unos instrumentos parecidos a las flautas y un chico con orejas de zorro los acompañaba con un tambor.

Entre la barra y el escenario, todo estaba repleto de mesas y estas se encontraban llenas de gente. La mayoría solo estaban sentados y charlaban entre ellos mientras les servían sus bebidas, las risas no faltaban en sus conversaciones y en si lucían muy animados, pero quienes destacaban eran los aventureros. Además de sus armas, eran los más escandalosos en el bar. En más de una ocasión, sus carcajadas, gritos y aplausos se escucharon por encima de los músicos. También eran los únicos que jugaban cartas con apuestas incluidas. Eso en Japón es un delito, pero aquí parece ser solo un entretenimiento más. Además de las apuestas y todos los aventureros armados, me llama la atención una escalera al fondo del salón, muy cerca del escenario. Esta parece bajar a un sótano.

—¡Marcus! —gritó Yuuka a uno de los hombres en la barra. El que tenía la cabeza cubierta por una bandana roja respondió con la mano—. ¿Dónde está Baku? Me dijo que podía venir.

—Señorita Yuuka, que gusto verla —cuando Marcus le respondió, me di cuenta de que tiene los colmillos de la mandíbula muy largos además que cecea al hablar—. El jefe la espera en el escenario de abajo. Oh, veo que trajo compañía.

—Sí, ellas son mis compañeras, Yumeri y Maina.

—Bienvenidas al Tantalus. ¿Gustan beber algo?

Yumeri y yo nos quedamos calladas sin saber en concreto que responder al ofrecimiento. Estábamos en un bar y era bastante obvio que nos ofrecían alcohol, pero ninguna de nosotras ha bebido algo así. Al menos en Japón, nadie del grupo tomaba ese tipo de bebidas por dos razones: somos menores de edad y también idols. Eso era algo prohibido para todas. Sin embargo, en este mundo parece que ni tus labores artísticas ni la edad son impedimento para consumir alcohol. Ninguna se animaba a responder, no queríamos vernos groseras.

—Gracias, pero así estamos bien —contestó Yumeri al fin.

—Andando chicas, que nos esperan —Yuuka nos tomó a las dos por el brazo y nos llevó con ella hasta el fondo del salón—. ¡Gracias, Marcus!

Atravesamos el salón de un extremo a otro. Cada mesa a nuestro alrededor estaba repleta de gente que reía, charlaba y apostaba. No solo los aventureros se entretenían de esa manera, cuando vi de cerca a los demás clientes noté que la mayoría jugaban cartas o algo parecido al dominó, pero las apuestas no solo eran de dinero, sino de otras bebidas o solo de los bocadillos que había a la mano. Siempre asocié las apuestas con algo malo, como deudas, enojos, mucha tensión entre los participantes; sin embargo, aquí no se siente ese ambiente. Todo son risas entre la gente, muchos tarareaban la melodía que los músicos interpretaban mientras nosotras nos internábamos más y más en aquel salón.

Bajamos las escaleras casi saltando por lo rápido que Yuuka nos tiraba del brazo. Al principio pensé que sería el despacho del señor Baku o la bodega del bar, pero estaba muy equivocada. ¡Era otro salón lleno de mesas y un escenario aún más grande! La iluminación era tenue, excepto por el escenario en donde se concentraba toda la luz. Este era de buen tamaño y no se limitaba a una plataforma que sobresalía del suelo; tenía un par de cortinas que colgaban a cada lado y otra más al fondo que cubría la pared del fondo. Esto parecía un pequeño teatro. Las mesas estaban vacías pero las más cercanas al tablado tenían unos pequeños carteles con varios nombres anotados. Justo en la mesa central estaba un hombre gordo con orejas de zorro dándonos la espalda. Antes de acercarnos a él, se dio la vuelta y alzó la mano para saludarnos.

—¡Señorita Yuuka, que bueno verla por aquí! —su voz era gruesa y potente, pero más que autoridad reflejaba un buen humor. Parecía que reía al final de cada palabra—. Y sus compañeras… Yumeri y Maina, ¿cierto?

—Sí, esos son nuestros nombres —contestó Yumeri.

—Pude recordarlas —dijo con una risotada que retumbó en el teatro—. Nada mal para alguien que solo ha asistido a dos presentaciones de la Casa Goldman. Tienen talento señoritas, eso lo puedo asegurar.

—Muchas gracias, señor —le agradecimos juntas. Es la primera vez que escucho algo así desde que llegué. Pocas personas nos hablan en la calle y quienes lo hacen por lo regular solo se refieren a Reo, Sorane y Maki.

—Oye, no estamos para recibir elogios —le interrumpió Yuuka—. Te conté los problemas que tenemos de cara al festival y dijiste que podrías ayudar.

—Cierto, cierto. Claro, no es garantía que acepten, pero varios artistas que se presentan aquí han buscado una casa sin éxito. Tal vez encuentren a los indicados.

—¿No interrumpimos su espectáculo? —me atreví a preguntar. Aunque Baku nos dio permiso, hablar con toda esa gente podría afectarles en su desempeño o atrasar la presentación.

—¡Para nada! —nos sonrió el señor a la vez que extendió sus brazos. Eran más grandes de lo que me parecieron en un principio—. La mayoría de los números de hoy ya pasaron y la obra comienza en poco más de una hora. Vengan, las llevaré a los vestidores.

Lo seguimos hasta el retablo y subimos a este. No había grandes diferencias a los escenarios que solía ver en Japón, excepto por la iluminación. En la Tierra se tienen grandes estructuras que sostienen los reflectores, pero aquí solo pude distinguir tres lámparas sobre nosotros y un montón de cuerdas que sostenían las cortinas. Caminamos hacia la derecha donde había una puerta; el señor Baku la abrió y nos invitó a pasar. Terminamos en un pasillo ancho y bien iluminado con diferentes puertas a lo largo, la mayoría estaban abiertas lo que permitía que escucháramos a todos los artistas que acababan de presentarse. Muchos charlaban entre ellos, seguían tocando sus instrumentos y los menos cantaban muy alegres. Era un ambiente muy animado. Por otra parte, pude ver a otros caminar de una puerta a otra con vestuarios en sus manos, algunos más repasaban el guion antes de salir a escena y había maquillistas dando retoques a los actores que saldrían a escena. No es la primera vez que veo tantos artistas diferentes alistándose para una presentación, pero el ambiente que percibí era muy distinto. Más que la tensión por estar en una competencia o preocuparse por la obra, todo era muy festivo.

—¡Todos suyos, señoritas! Solo les pido no entrar a esa puerta —señaló la primera a nuestra izquierda. Era la única que tenía un distintivo en comparación a las demás: un diamante rojo dibujado al centro—. Ahí está la señorita Ruby, nuestra actriz principal. Ella ya trabaja conmigo, así que no busca casa. Por lo demás, ¡pregunten a quien gusten!

Por un momento pensamos que esta era la oportunidad que esperábamos. No había que buscar entre las multitudes en las plazas ni preguntar a nadie si ya contaba con una casa de artistas que representar, además teníamos muchos músicos para elegir. Gus es un hombre que se enfoca en música y canto, por lo que otro tipo de artistas no son requeridos. Llenas de esperanza, nos atrevimos a hablar con cada persona que encontramos en los vestuarios. Pero la ilusión nos duró muy poco.

Al inicio los artistas nos recibieron con una sonrisa y de muy buena gana, se notaba la ilusión que les provocaba pertenecer a una casa, sin embargo, en cuanto escuchaban el nombre de Gus Goldman, sus rostros cambiaron. La mayoría agradecieron el ofrecimiento, pero rechazaron la invitación sin un motivo claro. Otros fueron muy directos y dijeron que nunca trabajarían con él. No lo entiendo, ¿en verdad tiene tan mala fama? Aunque no le conozco lo suficiente para defenderlo, no me parece un hombre malvado, solo un tanto exigente. Lo peor vino cuando un par de trompetistas quisieron probar suerte, nos costó un poco que aceptaran la invitación, pero dijeron que sí. No pasaron ni diez minutos cuando nos alcanzaron de nuevo. Se disculparon antes de cancelar su entrevista. Al parecer, otros de los artistas los escucharon y les dijeron que era mejor no presentarse ante Gus. Al final, salimos del Tantalus con las manos vacías.

—Y ahora no sé qué haremos. No encontramos a ningún artista que quiera presentarse ante Gus —la situación se ha vuelto más difícil. El señor Baku nos prometió que buscaría a más candidatos, pero nadie ha se ha mostrado interesado— y los pocos que aparecen son rechazados de inmediato. Ya pasó una semana desde que vinimos y no encontramos a nadie.

—Lamento mucho escuchar eso —me dice Marcus. Me ofrece un vaso con agua y yo lo acepto con gusto. Desde nuestra primera visita al Tantalus, él se ha mostrado muy amable conmigo y suelo visitarle antes de que abra el bar—. Sabía de algunos rumores sobre Gus Goldman, pero nunca creí que fueran ciertos.

—Yo no entendía por qué las personas lucias espantadas cuando lo mencionábamos, hasta ayer.

—¿Entonces el hombre es tan malo como dicen?

—No es malo, más bien es… —me detuve un momento a pensar. Gus tiene sus defectos, pero ser malvado no es uno de estos—. Es muy exigente con los artistas.

Sí, esa es la palabra que estaba buscando, pero cuando hablo de exigencia, no es como se espera de alguien que trabaja con artistas. Cuando estás en el medio, alguien exigente es una persona que siempre te hace trabajar en tu canto y baile, con sesiones de ensayo extensas y unos cuidados intensos para la salud; aunque nosotras también tenemos largos ensayos, el requisito con Gus es distinto. Una entrevista con él consiste en dos partes; primero está la presentación de un acto para demostrar tu talento y enseguida pasa a una serie de preguntas. Entre las pocas personas que han llegado a la casa Goldman, he visto a músicos y cantantes increíbles, con un talento que ya quisiera tener. Pero las cosas cambian cuando Gus comienza a hablar con ellos y le pregunta sobre sus aspiraciones o ideas sobre el arte que desempeñan.

—¿Ideales? No pensé que los mecenas se fijaran mucho en eso —el ceceo de Marcus me resulta divertido de escuchar.

—Lo sé, normalmente todo se trata de dinero y popularidad —hablo sin saber mucho sobre cómo funciona la industria del entretenimiento en Tibitha. En Japón lo importante es vender tus producciones y mientras más populares resulten, tienes más beneficios—. Gus se comporta distinto. Dice que el dinero es importante, pero cuando alguien responde que esa es su principal motivación, da por terminada la audición.

—Es un hombre difícil de complacer —cruza los brazos, parece que quiere decirme algo importante pero no se atreve. ¿Será que Marcus también es un artista?—. Señorita, ¿cómo es que usted logro entrar a la casa Goldman?

—¿Eh? Eso fue... —no tengo idea de que pasó en ese momento.

Desde que comenzamos a buscar personas para la casa, he buscado alguna pista sobre el pasado de mi otra yo sin tener muchos resultados. Aunque en algunos momentos de la noche, logro entrar a los recuerdos de la Maina de este mundo. No sé cómo lo hago, pero me vienen a la mente imágenes borrosas de presentaciones anteriores, como me tomaban medidas para el vestuario con el resto de las chicas y la primera vez que vi a Eripiyo-san desde el escenario. Un momento... ¿esto es otro recuerdo? Sí... ¡sí! Me veo sola en un escenario con las chicas sentadas atrás de Gus. Él tiene los brazos cruzados y me mira muy serio. Pareciera tener muchas dudas sobre mí y es entonces que me hace una pregunta:

"—¿Cuáles son tus aspiraciones artísticas?"

Esa es la pregunta que ha provocado muchos rechazos. En las entrevistas que he presenciado, los artistas siempre fallan al criterio de Gus. Muchos dicen que su único interés en pertenecer a una casa de artistas es el beneficio económico y de esa manera no tienen que trabajar; otros mencionan que su única motivación es el dinero, pero no les interesa explotar al máximo su potencial. Para ellos es suficiente cumplir lo que se pida con el mínimo esfuerzo. Y otros más decían cosas sobre trascender en la historia del arte e inspirar a las futuras generaciones, aunque quienes respondían de esa manera se tornaban inseguros al terminar de hablar y Gus los echaba llamándoles mentirosos. Gus Goldman no quería ese tipo de respuestas, todo lo que él quiere es sinceridad y un profundo amor por el arte, sin importar al que te dediques.

"—¿Y bien?"

"—Yo... yo... cuando era niña asistí al Festival de las Artes —en el recuerdo, comencé a hablar con una voz temblorosa y muy baja, apenas me entendí. Pero conforme respondía, mis palabras se volvieron más firmes—. Ahí vi el acto de una chica que cantaba y bailaba con mucha alegría. Todos la adoramos, no parábamos de ovacionarla. No niego que me gustaría recibir el aplauso del público, pero lo que más me motivó desde entonces es ocupar el lugar de esa chica. Quiero ser artista para despertar las emociones de la gente, sin importar que sea solo uno o cien. Eso es lo que me hace más feliz."

Entonces se hizo el silencio. Las chicas se miraron entre sí, todas con una cara de sorpresa, excepto Reo. Ella me sonreía y asintió con la cabeza. Gus se levantó del asiento y avanzó hasta las escaleras para subir al escenario, se detuvo frente a mí y puso su mano sombre mi hombro. Poco a poco, su mirada seria se transformó en una gentil, sus labios dibujaron una pequeña sonrisa.

"—Bienvenida a la casa Goldman, Maina. Empiezas ahora mismo."

—Le dije que solo quería dedicarme a esto para provocar emociones en la gente —respondo una vez que termina el recuerdo. Ahora todo está claro, ya sé que busca Gus y conozco la motivación de mi otra yo—. Eso es todo lo que quiere, un genuino amor por el arte.

—Así que se trata de eso, ¿eh? —me contesta con una risa confiada—. Ya sé quiénes pueden ser sus candidatas adecuadas.

—¿De verdad?

—Sí. Son un par de chicas que suelen tocar en la plaza de las artes. No siempre están ahí porque ambas trabajan. Por lo que he escuchado, ellas también tienen ciertos ideales.

—Debo buscarlas. ¿Cómo se llaman? ¿Dónde trabajan?

—No estoy seguro de donde trabajen, pero se llaman Carole y Tuesday —debo recordar esos nombres. Sería mejor si supiera donde trabajan, pero ya es mucha ayuda con lo que Marcus me ha dicho—. Carole es de piel morena y se peina con una coleta alta, Tuesday es una rubia con pecas y de piel blanca. Es todo lo que puedo decirle.

—Con eso es suficiente, Marcus —di unos pasos hacia la calle. No tengo tiempo que perder, debo decirles a las chicas cuanto antes—. Muchas gracias por todo.

—De nada señorita. Espero que tengan éxito con ellas.

Me despido con una reverencia, en verdad agradezco lo mucho que me ha ayudado en este momento; no solo me dio nombres de dos candidatas para nuestra casa, también me hizo entrar en los recuerdos de mi otra yo y pude conocerla un poco mejor. Aunque en cierta manera somos la misma persona, siento que existe una diferencia entre nosotras. A mí me da mucho miedo fallar como idol y perder a la persona más importante en mi carrera como tal, a veces siento envidia de las grandes filas que Reo o Sorane logran convocar. En cambio, a mi otra yo eso no parece importarle. Claro que teme fallar en esto, de eso estoy segura, pero está dispuesta a todo por ofrecer un gran espectáculo que conmueva a todos los asistentes. Ese es su mayor ideal. Creo que podría aprender algo de ella y aplicarlo en mi mundo, si es que alguna vez regreso.

En mi camino a casa me desvío un momento para dar un vistazo a la Plaza de las Artes. Con algo de suerte encuentro a ambas chicas en una presentación. Las calles se encuentran tan ajetreadas como era de esperar aun cuando ya falta poco para la noche y muchos de los artistas comienzan a guardar sus instrumentos. Me acercó a un par de malabaristas para preguntarles si conocen a alguien con el nombre de Carole o Tuesday. Me dicen no conocerlas y vuelven a lo suyo. Hago lo mismo un par de veces más, sin obtener nada. Nadie las conoce, hasta que una ancianita que vende flores se acerca a mí.

—Disculpa, pero he visto a unas chicas como las que describes —me dijo con una vocecilla suave.

—¿Eh? ¿De... de verdad? ¿Sabe dónde están?

—No sé dónde estén ahora, pero cada tres días vienen a tocar —se da la vuelta para señalar una esquina de Recinto de las Artes—. Siempre ocupan ese lugar y mañana es el día en que se presentan.

—Mañana... —lo repito. ¡Debemos estar aquí mañana! Traeré a todo el grupo para hablar con ellas. Si lo que Marcus me dijo es verdad, habremos salvado a la Casa Goldman—. Muchas gracias, señora, en verdad... le estoy muy agradecida.

—No hay de qué —toma una de las flores que le quedaron, una muy parecida a un lirio, y me la entrega con una sonrisa—. ¿Sabes? A mi nieta le gusta mucho como cantas.

—¿Su... su nieta? —no puede ser. Esta señora es... ¿de verdad es...?—. No me diga que... ¿su nieta es Eri...?

—Así es, Eripiyo. Ella siempre habla maravillas de ti y tus compañeras.

Aunque ya lo sabía, que una persona me lo dijera me dio mucha vergüenza, más porque se trataba de su abuela. Esto solo me hace pensar en todas las ocasiones que Eripiyo ha hablado de mí. ¿Será igual en la Tierra? Me halaga que comparta su afición y diga cosas buenas sobre mí y mi trabajo, pero el saberlo también me apena mucho, no sé cómo lidiar con ello. Que Eripiyo me lo diga de frente ya era un lindo cumplido que me alegraba y avergonzaba por igual, nunca encontraba la manera de responder a sus palabras, pero eso nunca parecía importarle. Ahora saber qué hace lo mismo con su familia es… es… ni siquiera puedo describirlo. Me conmueve y siento una gran felicidad acompañada por una gran vergüenza. ¿Cómo me describirá ante los demás?

No puedo sacarme esta idea de la cabeza. Estuve tan perdida en las palabras de la abuela que ni siquiera noté cuando se fue. Espero que no me creyera una mujer grosera. Y así, mientras camino rumbo a casa, sigo perdida en mis pensamientos. Tan solo imaginar a Eripiyo diciendo maravillas de mí frente a su familia basta para sonrojarme. No importa en cual mundo lo haga, conociéndola y hasta donde me han contado en Tibitha, Eripiyo es la misma persona en ambas realidades y su actuar no debe cambiar mucho. ¡Es que no puedo parar de pensarlo! Su tendencia a gritar, la emoción con la que se dirige a mi cada vez que hablamos, lo decidida que está en apoyarme. Me alegra tenerla como fan, es alguien incondicional dispuesta a todo, solo que a veces quisiera ser vista por ella como algo más que una idol o una artista... ¿uh? De nuevo. Me detengo y busco por todas partes. Igual que me ocurrió cuando estaba fuera del Recinto de las Artes, tengo la desagradable sensación de ser vigilada, solo que ahora es más intenso, como si algo estuviera por atacarme. ¡¿De dónde viene?! Puedo sentirlo, mi cuerpo se siente pesado y algo me aprieta el pecho. Respirar es difícil, siento que me falta el aire. Si tan solo pudiera avanzar un poco más, ya estoy frente a la casa, pero la sensación no me deja ni moverme. ¿Por qué ahora? ¿Qué es lo que pasa?

—¡Maina! ¡Maina! ¡Espera un poco! —esa voz… esa voz tan potente solo puede ser… ¡Eripiyo!—. ¡Maina! Disculpa que te moleste.

—Eripiyo-sa… —balbuceó. La veo al fondo de la calle. La sensación desagradable de ser vigilada desaparece mientras más se acerca. No entiendo que pasa, lo único que tengo seguro es que aquello no era culpa de Eripiyo, todo lo contrario, ella alejó al causante del malestar. Pero quien o que…

—Cielos, apenas iba a pedir verte —dice con toda naturalidad. Siempre me ha gustado su personalidad. Veo que carga con una espada en su cintura y una mochila grande sobre la espalda—. ¡No es que crea tener privilegios ni nada! Solo que debo decirte algo muy importante y, uh, pensé que sería mejor hacerlo en persona.

—Este… yo… —y como siempre que hablo con ella, mis nervios me dominan. No puedo pensar en cómo responderle, no logro articular las palabras que quiero decirle. En este momento solo quería arrojarme a ella y agradecer por alejar aquella sensación de peligro.

—¡Lo sé! No soy digna de robarte tu preciado tiempo y sé que están ocupadas con el próximo festival —¡No es eso, Eripiyo! ¿Por qué siempre tienes que hablar de esa manera? Quisiera interrumpirla, pero no logro que mi voz suene tan fuerte como la suya y una vez que empieza a platicar, no hay como pararla—, pero sentí que debía decirte esto. Al parecer, la temporada de monstruos inició antes, así que iré para ganar mucho dinero antes del festival. Lo siento porque no estaré presente en sus siguientes presentaciones, ¡pero cada día que pase enfrentando monstruos, lo haré en tu nombre!

—E-eso es... —no hay manera en que pueda responder a eso. Ni siquiera estoy segura de que debo sentir en este momento—. Por favor... ten cuidado.

—¡Lo tendré! Ya verás que vuelvo aquí sin un solo rasguño. Y antes de que me olvide —se quita la mochila y la abre. Escucho como mueve algunas cosas, parece el sonido de metales golpeándose, ¿ollas y sartenes? Entonces toma en sus manos un pequeño costal muy gordito y me lo entrega. ¡Vaya que está pesado! Ella sonríe orgullosa por darmelo—. Son las ganancias de la semana. Quería dártelas antes de irme.

—Eripiyo... mucha gracias —alcanzo a decirle. Tal vez mi voz no ha sonado tan fuerte, pero sé que pudo escucharme. Nuestras miradas se cruzan, puedo sentir como mis mejillas se encienden.

—Y... bien, debo irme —agrega con torpeza. ¿Acaso se puso nerviosa, o más bien la he incomodado?—. ¡Te deseo lo mejor, Maina!

Se apresura a colgarse la mochila de nuevo mientras mis labios no responden a mis deseos. Quiero corresponder a sus palabras, pero por más que intento no logro decirle nada. Eripiyo da la vuelta, comienza su camino para alejarse de mi por no sé cuánto tiempo. Es la primera vez que la veo en esta realidad y no soy capaz de decirle nada. Ni siquiera agradecerle como es debido por todo el dinero o por salvarme de esa sensación maligna. Vamos, solo dilo, es ahora o quien sabe hasta cuándo.

—¡Eripiyo! —lo hice, pude llamarle al fin. Ella se detiene de inmediato, se da la vuelta y me mira con una extraña mezcla de sorpresa y alegría—. Que tengas una buena cacería... um, pediré a los dioses por tu seguridad. Y... ¡te espero en el festival!

Poco a poco, puedo ver que su rostro se pone todo rojo y sus ojos comienzan a brillar. Se cubre la cara con ambas manos, creo que comenzó a temblar. De pronto se endereza, sus mejillas aún se encuentran sonrojadas y me dirige de nuevo una sonrisa más animada que antes. Sus movimientos se vuelven rígidos mientras da la vuelta, alza su brazo como si declarara una victoria. A veces su comportamiento puede ser muy extraño. Quisiera acércame a ella, pero me es imposible. ¡Acaba de salir corriendo tan rápido que apenas y puedo seguirla con la mirada!

—¡Te lo prometo! —escucho su voz a lo lejos—. ¡Me esforzaré todos los días!

Y así desaparece ante mis ojos. Eripiyo, sin importar el mundo donde se encuentre, no deja de ser la misma. Eso me alegra.

—Yo también te lo prometo —murmuro solo para mi—. Trabajaré muy duro todos los días.