18 Carta de la Reina Flammina al Rey Aihara
"Su majestad, Rey Aihara de Jinten, soberano de las tierras más floridas de Tibitha, gobernante sabio, gran amigo y aliado del reino de Daera, reciba mis saludos y mejores deseos. Su nieta, la princesa Mei, me ha informado del delicado estado de salud en el cual se ha encontrado las últimas semanas por lo que espero una mejoría en sus condiciones a la fecha que lea esto y rogaré a los dioses por su bienestar.
Bien. Concluidas las formalidades, ya debes saber lo que está por venir. Por tu bien y el de todo Jinten espero, señor Rey, que en este momento te encuentres bien de salud, tengas tus medicinas a la mano o al menos a un digno clérigo cerca, pues garantizo que a continuación leerás cosas poco agradables a ese juicio de anciano necio que tienes tan arraigado en esa cabeza tan canosa y arrugada. Seguro que ya tienes una idea, ¿no? Exacto, una vez más tendrás que soportar mi posición respecto a cierto asunto concerniente a tu nación del cual nunca estuve de acuerdo.
En primer lugar, estoy obligada a aclararte las cosas. No escribí esta carta a petición de nadie ni intento abogar por tu nieta. Creo que ella ya es lo suficiente mayor y tiene la capacidad para elegir el camino que más le plazca y beneficie en su vida. Expresarte sus deseos es algo que ella, solo ella, debería hacer. Cada palabra en esta carta proviene de mí, es mi pensamiento sobre esta situación, mi manera de ver las cosas y mis anhelos por decir lo equivocado que estás. Así es, ya hemos hablado sobre este tema en muchas ocasiones y mi posición no ha cambiado en absoluto.
Respeto el hecho de que sea una tradición en su familia, pero me atrevo a cuestionarla de igual manera. Hasta cierto punto puedo comprender la importancia de arreglar matrimonios, conservan el estatus, la realeza de la sangre, y todas esas cosas con las que ustedes los humanos están obsesionados. Pero maldita sea, no comprendo como un matrimonio puede ser tan importante para el trono. Supongo que esas son las diferencias entre nosotros. Tú tienes al matrimonio en un pedestal, glorificado y yo lo veo como algo innecesario. En serio, le das una importancia mayor de la que tiene. Tan solo mírame a mí, no me he casado ni tengo planes de hacerlo y no me ha impedido dirigir una nación.
¿A dónde quiero llegar con todo esto? Sinceramente, no se trata de presumir mis logros. Nada de eso. Ya tendremos ocasión para esa charla. Lo que en verdad quiero decirte es sobre Mei. Sé que es tu única nieta y la adoras (o eso espero); que como su abuelo solo quieres lo mejor para ella, pero tiene encima la gran responsabilidad de dirigir un reino y todo lo que conlleva usar una corona sobre la cabeza. Créeme, lo entiendo a la perfección. Entonces, si la vida ya será lo suficiente dura con ella, ¿por qué insistes en hacer tu voluntad en algo tan importante y personal? No es que desconfíe de tu juicio al momento de elegirle marido, aunque ya fallaste una vez. Por otro lado, acertaste al rechazar la propuesta de ese presumido de Nosor. Lo que quiero decir es que deberías olvidarte de ese matrimonio arreglado. Mei es una mujer lista y educada, estoy segura de que podrá encontrar a la persona adecuada para compartir su vida por cuenta propia. Y en caso de no necesitar a nadie, ¿qué importa? No seas tan terco, acepta otras posibilidades. ¿O debo recordarte cómo terminó el perfecto matrimonio que arreglaste para tu hijo?
Mantengo mi posición firme. Si continuas con los planes de celebrar ese matrimonio, estas en todo tu derecho, son decisiones ajenas a mí. Pero te advierto que no pienso asistir a ninguno de esos eventos; ni fiesta de compromiso, ni boda. Nada. Digo esto como amiga de Mei, no como reina de Daera. Te aseguro que mis intenciones de formar una alianza entre nuestros reinos permanecen firmes hasta el día de hoy y no me interesa cambiar de parecer; los beneficios para ambos son numerosos, además, nosotros pasaremos a la historia de Tibitha como unos revolucionarios. Yo, como la reina que abrió Daera a los humanos y tú como el rey que se acercó a Daera en cientos de años. Aunque sabemos que el verdadero mérito es de tu hijo y en los últimos meses de Mei, pero eso no lo sabrán los historiadores, ¿verdad? En resumen, nuestras relaciones diplomáticas permanecerán pase lo que pase, pero nuestra amistad personal dependerá de lo que ocurra en estos días.
Por último, al confirmar mi inasistencia a esa fiesta que planeas, me veo en la necesidad de nombrar a un representante. En este caso y porque ya le conoces, he decidido que Matsuri será mi embajadora para esta ocasión. Tiene toda mi confianza para desempeñar esta labor. Ella misma te entregará los documentos que le acreditan como tal y ya sabes lo que eso significa: cualquier cosa que le ocurra, es como si me pasara a mí en persona. Espero por tu bien y el de tus sirvientes que la traten como es debido. Un bocadillo rancio, una mala mirada, el más pequeño gesto de menosprecio hacia ella, será como si me lo hicieran y créeme, no quieres verme enojada.
Sin más que decir, espero que puedas poner orden en tus ideas y dejes de interferir en la vida de tu nieta.
Flammina Corignis, Reina de Daera"
No puedo dejar que el rey de Jinten lea esta carta. Definitivamente, no puedo permitirlo. Esto podría entorpecer las negociaciones entre ambos reinos, incluso comprometer nuestra alianza y desembocar en un conflicto mayor. ¿Qué pretendía mi reina al momento de escribir esto? Sé que sus intenciones son buenas y solo quiere apoyar a su amiga, pero no me parece que llamar anciano necio al Rey de Jinten sea la mejor manera. Por suerte, siempre estoy al pendiente de todas sus acciones y puedo evitar que haga estos desplantes. Simplemente debo cambiar la carta por una que yo misma escriba. Tantos años a su lado me han permitido imitar su descuidada letra a la perfección. En vez mandar toda esa declaración sobre el compromiso de la princesa Mei, esto será el nombramiento de Matsuri como representante de Daera. ¿El motivo? No veo motivo para justificar la decisión, así que lo dejare como asuntos personales. Su majestad comprenderá. Bien, con esto arreglado, puedo quedarme tranquila.
O eso creí. Flammina y yo nos conocemos bastante bien. No sé cómo lo hizo, ni en qué momento, pero volvió a cambiar las cartas. ¡Las cambió! De alguna manera, le quitó mi carta a Matsuri y le entrego la suya de nuevo justo antes de partir a Jinten. No me di cuenta hasta que fue muy tarde. Ah... espero que esto no sea problemático para nadie.
