20 La chica de la trenza

Oh cielos, oh cielos. Sabía que esto pasaría, pero no creí que tan pronto. No han pasado ni dos días desde que salimos de la ciudad y ya nos ataca un grupo bandidos. ¡No estamos ni a medio camino! Y mi hermano... ¿qué pensaba al contratar solo a esa chica para protegernos? El idiota se dejó llevar por una cara bonita, pero era evidente que ella sola no podría contra todos esos hombres. He logrado contar unos veinte, pero no me sorprendería que hubiese más por ahí. Estamos en el peor escenario posible.

¡Y pensar que todo estaba tan bien hace menos de una hora! No había sospecha alguna de estos bandidos, los guardias de la ciudad hasta nos aseguraron que no se han presentado conflictos en los últimos meses y ahora pasa esto. En momento así solo se puede pensar en lo peor; o bien, esos guardias nos engañaron y están compinchados con los ladrones o tenemos una suerte pésima. Fortuna nos ha abandonado.

¡Ah, no! No puedo dejarme vencer por la desesperación en un momento como este. No soy un guerrero, pero esta es mi gente, todos y cada uno de los mercaderes son mi familia y como tal debo protegerles. Además, esa chica debe estar pasándolo realmente mal por culpa de mi descuidado hermano. ¡Tranquila, Ranko, allá voy!

Con dificultad me acerco hasta el carro donde tenemos las armas. Un escudo y una espada serán suficientes para esto, además tampoco quiero afectar mucho nuestros posibles ingresos. Sí algo necesitan en estos pueblos son armas para defenderse de estos bandidos. Tengo que hacer todo lo posible para pasar desapercibido por esos hombres; si alguno llegase a descubrirme, se acabó. A mi alrededor solo escucho gritos mezclados unos con otros, voces de mujeres temerosas, de niños asustados y los insultos acompañados por órdenes toscas de esos malhechores. ¿Ese fue un grito de Ranko? Me asomo con cuidado y compruebo lo que acabo de escuchar, nuestra guardiana fue arrojada de uno de los carros y ahora se encuentra rodeada por esos hombres malvados. Un momento, esos tipos han dejado su asalto. Ahora se concentran en ella ¡Canallas! ¡Granujas! Pero ya verán, empuño la espada con fuerza y...

—¡Alto ahí, Daniel! —me detiene mi hermano. ¡¿Por qué?! ¿Acaso piensa abandonarla?

—¿Qué te pasa? ¡Tenemos que ayudar a Ranko!

—Ella estará bien, sabe lo que hace.

—¡Pero se enfrenta a una veintena de bandidos! ¡Son demasia...! —no, no puede ser lo que acabo de ver.

Ranko, esa chica bajita de apariencia delicada está enfrentando a un grupo de bandidos armados con dagas, palos y hachas. Ella no tiene ningún arma más que su cuerpo y, a pesar de las grandes diferencias, está ganando. Desarma a uno, lo derriba y arremete contra el siguiente. Se para en la cabeza de uno de ellos, con sus piernas lo impulsa para que se estrelle con otro de los bandidos y derriba a un tercero con una patada. Es increíble, esto no puede ser verdad. Se acerca al más grande de ellos y sus manos... ¡sus manos se mueven tan rápido que apenas puedo verlas! ¿Cuántos golpes acaba de dar? Aunque no parecen muy fuertes, la velocidad de los mismos hace tambalear el cuerpo de aquel hombre. El ejército de malhechores empuña sus armas de nuevo y arremeten contra Ranko, pero ella los esquiva a todos, alejándose de nosotros.

—No podremos alejarnos... —escucho a mi hermano decir. ¿Qué? ¿Alejarnos?—. ¡Sujétense de lo que puedan! ¡Aseguren de inmediato sus mercancías!

—¡Louis! ¡¿Qué está pasando?!

—¡Acabará con ellos en cualquier momento! —me grita con mucho apuro y sale corriendo hacia uno de los carros a dar la misma orden. Yo no entiendo nada.

Veo a mi hermano andando tan rápido como sus piernas lo permiten, mandando a los demás que se preparen para un fuerte viento. ¿Eso significa que Ranko es una bruja? Cada vez entiendo menos lo que ocurre con él, además, mi atención ha sido atrapada por la pelirroja que nos defiende con sus propias manos y piernas. Se alejó unos metros de nosotros, llevándose a todos los bandidos tras ella. Le he visto pelear de una manera muy peculiar en estos últimos momentos. De nuevo hizo esos golpes rápidos que, en vez de lastimar a su oponente, parecen provocarlo. También salta sobre las cabezas de los malvados asaltantes, aterriza sobre ellos y no deja de insultarlos ni burlarse. Todo eso mientras evita sus ataques. Esos tipos la siguen a donde vaya. Desde aquí parece que se mueven en una espiral frenética, llena de gritos furiosos por parte de ellos y carcajadas ofensivas provenientes del pecho de nuestra guardiana. ¿Qué planea hacer?

Ya han dado varias vueltas y lo peor ha ocurrido. No comprendo el plan de Ranko, se ha visto rodeada por completo de esos bellacos y el más grande de todos está por asestarle un golpe definitivo con un hacha. Sin embargo, antes de que el arma de ese gigantón caiga sobre la cabeza de nuestra guardiana, ella alza el brazo, lanzando un puñetazo al aire.

—¡Hiryu Shoten Ha! —grita con todas sus fuerzas. En ese momento, todo acabó.

El viento comenzó a soplar con tal fuerza que nuestros carros se estremecieron y la arena a nuestro alrededor nos golpea sin clemencia. Para el asombro de todos, donde hace un instante estaba Ranko y los bandidos, ahora había un tornado. Las arenas arremolinadas apenas me dejaban ver la silueta de Ranko, que permanecía con el puño en todo lo alto como si aquel fuera su gesto de victoria. A nuestros gritos se sumaron los de aquellos bandidos quienes, atrapados en las corrientes de aire, no podían hacer nada para salvarse. Louis... ¿quién es esta mujer?