22 La comandante Nishigaki entra en acción
Pocas veces ocurre algo tan asombroso, extraño o importante en este bosque que requiera mi presencia. Lo usual es encargarme del trabajo de oficina (lo que incluye leer reportes y agendarlos, responder correspondencia y otras cosas aburridas) mientas los equipos de inspectores se dedican al trabajo de campo. Yo ordeno las misiones, asigno encargados y ellos parten a cumplirlas. Son mis ojos y manos fuera de las oficinas. Por supuesto, en actos oficiales como las visitas de los representantes militares o de gobierno me es imposible enviar representante alguno. Aunque me encantaría poder evitar esas cosas tan tediosas.
Es obvio que las situaciones siempre se pueden complicar, pero todos los escuadrones bajo mi mando han demostrado ser más que competentes. La mayoría de las dificultades han sido resueltas por estos mismos y solo casos muy contados han requerido mi intervención, aunque procuro que esta sea indirecta. Ya sabes, reúno toda la información y doy la instrucción de cómo actuar. A pesar de ello, a veces requiero ensuciarme las manos. No tengo problemas con ello, pero prefiero que sea a causa de mis experimentos.
Sin embargo, nuestro asunto prioritario del momento sí que ha capturado mi atención en más de un sentido. Es tan grande mi interés que he sido capaz de renunciar a mis investigaciones de laboratorio solo para enfocarme en ello y salir de la oficina. No es un secreto, al menos para nuestro ministerio, que en el bosque habita un invasor potencialmente peligroso. ¿Qué tanto? Lo suficiente para matar skogbalies malhumorados y provocar la ira de un ursvart gigante sin ser aplastado, eso solo para hablar de las afectaciones en el bosque. Gracias a Sakurako Ohmuro, descubrimos que ese individuo ha robado armas de la guardia real; por su parte, los pocos que le han visto lo describen como un hombre con cabeza de skogbalí y una fuerza muy por encima del promedio. ¿Peligroso? Sin duda. ¿Interesante? Yo diría que mucho más.
Al recibir estos datos no pude evitarlo, sentí el impulso por lanzarme directo al bosque a buscarlo y descubrir de quien o que se trata. Si estamos ante una nueva variante de monstruo, es de vital importancia capturarle y encontrar una manera para contenerle en caso de existir más antes de que se vuelvan una amenaza. También es posible que se trate de una especie humanoide desconocida. En ese caso, ¡esto se pone mucho más interesante! Cielos, hace tiempo que no me sentía tan emocionada.
—¡Ahí está, comandante! —grita uno de mis guardias.
Al instante, todos se alistan para enfrentarlo. Puedo ver parte de su cuerpo entre las hojas de los árboles, pero apenas lo suficiente para distinguir una pierna y sus brazos. Es tan listo como veloz, salta entre las ramas para ocultarse y así neutralizar a mis dos arqueros. Bien, posee inteligencia, quizá podamos hablar con él. O eso creí por un instante. A mis espaldas escucho el grito de uno mis escoltas. Cuando nos damos vuelta, el invasor está listo para atacarnos y mi hombre yace en el suelo.
Mirando de frente al invasor me doy cuenta de su verdadero ser. Es un hombre con el cuerpo muy ejercitado, apenas vestido con un pantalón y cubre su cabeza con una máscara de skogbalí. Seguro que él mismo la hizo. Parece gruñir algo y con una carcajada que le desgarra la garganta, se arroja contra el resto de mis escoltas. Creo que grita algo... ¿acaso dice a la carga y de frente? Cuando me doy cuenta, ya ha derribado a los arqueros con una embestida y se enfrenta a un par de guardias. Dos contra uno y él les está dominando.
No solo está su fuerza bruta, tal que con un impacto dejó en el suelo a los arqueros, también maneja dos espadas melladas de una manera cuyo único adjetivo posible es salvaje. Su estilo de pelea también cabria en esa palabra. Se mueve muy pegado al suelo sin seguir una técnica fija, más bien parece moverse por instinto. Con un repentino golpe, deja fuera de combate a uno de los guardias y parece que el otro no tardará mucho en caer. Es hora de actuar. Si bien, mis habilidades de combate son... pocas, tengo mis habilidades de laboratorio. De mi cinturón tomo un par de huevos explosivos. Arrojo uno cuando veo que el guardia termina en el suelo y... ¡no puede ser! El invasor lo he esquivado. Intento con otro proyectil y de inmediato tomo un par más, sin tener resultados. Por más que lanzo mis inventos, no logro hacerle nada.
—¡No eres fuerte! —me grita antes de lanzarse contra mí. Puedo sentir un golpe firme sobre mi cuerpo, todo da vueltas y mi visión se apaga de a poco. Solo puedo ver como este invasor se pierde entre los árboles.
