23 Infiltración

Esperaba que la infiltración al castillo de la caballero dragón fuera más complicada. No lo sé, un ejército de guardias en cada esquina, numerosos vigías y un sinfín de empleados desfilando por cada pasillo. Sin embargo, las cosas resultaron más sencillas. Me arrepiento por todo el tiempo que desperdicié en la planeación de este trabajo. Más de dos semanas observando la rutina de los empleados, los habitantes del castillo y sobre todo ella, mi objetivo. Aunque hice lo correcto, nunca debo confiarme en un trabajo de esta escala.

No puedo cometer actos de imprudencia cuando se trata de algo tan importante. Ahora que medito las cosas en este momento de calma, noto que ocurrieron algunas inconsistencias en la rutina de este lugar. Los primeros dos días vi a la caballero dragón abandonar su castillo puntual, en ambas ocasiones a la misma hora. Al tercer día, la rutina cambió. En su lugar, quienes salieron a la ronda de vigilancia fueron un soldado cuyo rango no puedo especificar y un hombre de cabello largo y negro. Por su apariencia, él no es un militar, pero igual me es difícil adivinar su relación con mi objetivo.

Esta no fue la única inconsistencia. Al cabo de unos días, la caballero dragón volvió a sus labores ahora acompañada por una sirvienta con un par de cuernos. Esa chica en verdad es un dragón y, según mis fuentes, es la más fiel y poderosa que tiene a su servicio. Sería una locura atacarla entonces. Aunque estoy segura que mis habilidades dan para enfrentarme mano a mano con esa mujer, no puedo cantar victoria ante un ser tan fuerte como lo es un dragón. Hacerlo bajo esta situación es lo mismo que cometer suicidio. Pero el plan nunca fue ese. En primer lugar, un ataque a plena luz del día corre el riesgo de dejar testigos y si los hay, no solo se compromete mi escape. Es más fácil dejar pistas sobre mi identidad, los soldados están más alerta y no faltaran los pueblerinos que quieran verse como héroes o les domine la furia. Atacar a alguien como la caballero dragón puede despertar temor en la gente bajo su protección, pero también lo contrario. Al ser algo tan impredecible, no puedo correr riesgos.

En cambio, matarla en su propio hogar, aunque suene a un disparate, resulta más seguro si se hace bien. El sigilo y el silencio son necesarios para este trabajo, ya lo tengo todo previsto y planeado. Primero encontré su habitación. Se ubica en la torre central del castillo, como se esperaba. Era necesario ingresar de una manera discreta, lo cual fue sencillo. Una persona con poca experiencia pensaría en escalar, arriesgándose a ser descubierta por los vigías. Yo entré por la puerta principal, escondida bajo una carreta oficial del reino cargada de víveres. Fue muy cansado ir aferrada a la parte inferior de la misma, pero no iba a ocultarme entre los barriles de cerveza y los costales de comida. Durante la descarga, fue fácil bajar. Solo me dejé caer mientras los empleados tomaban las provisiones; tras eso solo tuve que correr en dirección contraria.

La ventaja que lugares tan grandes como estos es que ofrecen un sinfín de escondites. Por más gente que camine por sus pasillos, siempre hay una habitación, una armadura, alguna cortina innecesariamente larga perfecta para ocultarse. Sin embargo, este castillo tiene un obstáculo mayor: dragones. Sus sentidos son más desarrollados que los humanos, en especial su olfato. Por suerte, existen algunos desquiciados que gustan de robarles sus huevos o las escamas viejas de sus nidos. Ellos han desarrollado una loción a base de hierbas que puede esconder su olor. No fue nada barata, pero tuve que comprarla. El resto de la infiltración fue tan sencilla como caminar hasta esta habitación y encerrarme en su armario.

Finalmente ha llegado el momento de actuar. Esperé todo el día para esto. Está desarmada, sin su armadura y lo más importante: los dragones la dejaron sola. Abro la puerta del armario, parece la ocasión adecuada. Un puñalada limpia sobre el corazón bastará para dar por cumplida mi labor. Solo un poco más. Un paso más, una última estocada y Haru será libre.