24 La sonrisa de Conway
—Anda, Volkov, dinos la verdad. Somos colegas.
—¿La verdad? ¿De qué hablas?
—Sobre el viejo Conway, ¿de qué más podría preguntar? Eres el que más tiempo convive con él y quien mejor lo conoce, ¡debes saber algo!
Era imposible ocultarlo, aunque nunca se tuvo la intención de hacerlo. En el mundo existen personas que son muy expresivas así como otras muy reservadas. Yo pertenezco al segundo grupo. Ya sea que me encuentre feliz o molesto, prefiero guardármelo y mantener la compostura, aunque siempre existirán ocasiones en las que la gente o las mismas circunstancias son un impedimento. A pesar de todo, procuro mantener el control de mis emociones lo más que se pueda. En gran parte, pienso que este detalle de mi personalidad me ayudó a encajar en el ejército.
Conway pertenece al segundo grupo. Es un hombre que aun en su seriedad, no duda en expresar todo lo que piensa sobre alguna situación o sobre una persona. Esto último le ha valido muchas vistas de desaprobación entre la gente, ya sean miembros del ejército, funcionarios de gobierno o los mismos aventureros registrados en el Departamento. Ni se diga cuando su paciencia se agota o alguien le hace enojar; estalla sin medir sus palabras y llega al grado de amenazar a las personas. A pesar de ello, es un hombre más que confiable en su trabajo y por eso mismo se ha ganado el favor de la reina.
Mentiría si dijera que el Departamento trabajaría de igual manera sin la presencia de Conway. Antes de su nombramiento esto era un completo desastre: archivos incompletos sobre los trabajos realizados, un pequeño grupo de aventureros se hacía con los mejores encargos, una serie de corrupción entre los mismos funcionarios. Un desastre total. Entonces vino el general Conway a cambiarlo todo. Se acabaron los privilegios y los sobornos y, a pesar de ganarse muchos enemigos y una serie de ataques contra su persona, él permaneció firme en su cargo. Lo he visto en buenos momentos, así como en los malos; ganamos mucho, conocimos a personas excelentes, pero también hubo grandes pérdidas. Sin embargo, se mantuvo firme, siempre con ese humor explosivo que exigía resultados. Lo único inusual era verle sonreír.
—Lo siento, pero no tengo idea de que lo tenga de tan buen humor.
—Maldición Volkov.
Y se van. No me apetecía decirles el motivo que mantiene tan sonriente a un personaje tan duro como lo es Conway. Claro que lo sé, aunque no me lo dijo de frente, hemos pasado tanto tiempo juntos que puedo identificar los motivos de sus alegrías y tristezas, de enojos ni hablemos, pues él explota contra el mundo así será porque un insecto vuele sobre su cabeza. Como decía, no quiero revelarlo, es posible que para muchos sea motivo de burla.
—¡Volkov! —escucho su voz tan potente salir de su oficina. Me doy la vuelta y ahí está, con la expresión dura en el rostro—. ¿Tienes información de Eripiyo?
—Sí señor —le respondo—. Al parecer el rumor es cierto. Ella y su banda saldrán de la ciudad.
Me mira por uno momento y entonces, entre esos labios gastados por los años y ese semblante de hombre implacable, se dibuja una sonrisa.
—Perfecto. ¡Que buen día tendremos hoy! —concluye con una risotada que asustaría a cualquiera y vuelve a encerrarse en su oficina.
Sin duda, lo mejor que le ha pasado a Conway en muchos años es que Eripiyo y sus extraños amigos salieran por fin de la ciudad a buscar trabajos de mayor nivel.
