Buenas noches.
Aquí con una nueva carta, la cual viene presentada en una redacción diferente.
Espero les guste.
Carta 3.
Flores y almejas.
Querido Toothless.
No sé ni cómo empezar esta carta.
El día de hoy ha sido como uno de esos días en que realmente deseo que pudieras estar aquí, más que nada para que me pudieras ayudar a escapar de las dificultades en las que a veces me meto.
Te estarás preguntando, ¿ahora qué hice? ¿Qué loco plan se me ocurrió? Y te puedo imaginar balbuceando y gruñendo como solías hacerlo cuando hacía una tontería, pero ¿quieres saber lo gracioso? Ahora yo no busqué el problema, sólo quería ayudar, lo juro.
Y todo empezó por unas flores y unos crustáceos…
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Era un bello, brillante y friolento día en la nueva Berk. Los vikingos andaban de un lado a otro trabajando en sus actividades diarias como solían hacer todas las mañanas.
El jefe de Berk hacía solitariamente su rondín matutino para supervisar todas las actividades, pues con la llegada del inminente invierno todos debían de estar preparados, ya que su nuevo hogar prometía ser tan frío como el antiguo Berk y las nubes grises a lo lejos de la isla pronosticaban una próxima nevada.
Por otro lado, había algo más que supervisaba discretamente, aquello eran los detalles de su próxima boda, estaba a días de casarse con la mujer que amaba y estaba más que ansioso por que todo saliera a la perfección.
No dudaba de que aquello fuera a pasar, pues la organizadora era precisamente su prometida, la cual estaba muy dedicada a su labor que casi ya no tenía oportunidad para verla.
Una vez terminada la supervisión en el pueblo, subió por la pequeña colina que llevaba a su mejorada y enorme casa, para posteriormente dirigirse a la parte trasera de esta, en donde había un gran espacio que sería utilizado exclusivamente para los eventos vikingos. Un espacio circular cuyo suelo estaba hecho de madera, y como decoración principal tenía un pilar que sostenía una estatuilla de su padre: Stoick el Vasto, que, aunque no era tan grande como la que se había construido en el antiguo Berk, seguía teniendo un gran valor significativo.
Hiccup se acercó para admirarla y aun le sorprendía que, aunque hubiera pasado el tiempo, el escultor tenía intacto el recuerdo de cómo había sido una vez su progenitor. Luego, bajó su mirada al pilar, viendo con una sonrisa prácticamente la historia de su vida y la de su padre esculpida en piedra. Un gran detalle por parte del escultor vikingo.
El jefe de Berk siguió perdido en las imágenes del pilar remorando los recuerdos de cada una de las imágenes, hasta que de repente, unos gritos provenientes de la casa de su madre lo despertaron de su ensoñación.
—¡Ay no puede ser! ¡Lo eché a perder otra vez!¡Maldita porquería!
—¿Astrid? —susurró desconcertado, ya que aquellos gritos eran de su prometida.
Preocupado, rápidamente abandonó en el lugar en el que se encontraba y subió las escaleras que llevaban a la casa de su madre, mientras que los gritos de frustración y algunas cuantas groserías por parte de la vikinga aún eran audibles en casi todo nuevo Berk.
Estando a punto de llegar, Hiccup se dispuso a abrir la puerta de un empujón; sin embargo, estando a solo unos centímetros de lograr su cometido tuvo que frenar su correteo abruptamente ya que su madre repentinamente salió, cerrando la puerta tras de sí.
—¡Mamá!
—¡Oh, Hiccup! —exclamó Valka al apenas reparar en su presencia. —¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí?
—¿Qué pasa? ¿Qué hago? —repitió este confundido. — Más bien ¿Qué pasa allá adentro? —señalo la puerta que lo separaba de su gritona prometida.
Valka suspiró.
—Ay no te preocupes. —pidió como si no importara. —Está bien, sólo está un poquito estresada, ya sabes, por el asunto de la boda.
—¿Poquito estresada? —repitió Hiccup con una ceja arqueada, escuchando como en el interior de la casa Astrid parecía estar destruyendo todo lo que tenía a su alrededor.
—Es normal, se molestó porque arruinó un accesorio que quería usar para la boda, y como ya se le acabó el material… explotó de la frustración.
—¿Hay algo que pueda hacer?
—Creo que es mejor dejarla sola por el momento. —aconsejó Valka tomándolo por el hombro para incitarlo a que se marchara. —Mejor vayamos al gran salón para comer.
—¡No! —se apartó Hiccup sutilmente de ella. —No sin Astrid, precisamente venía por ella porque hace días que no nos acompaña, ya ni sé si come o no.
Valka rio por la ternura que le causaba ver a Hiccup preocupado, tal como Stoick alguna vez lo había sido con ella.
—Descuida ella está bien, si está comiendo, aunque solo un poco porque se le metió en la cabeza de que está engordando y le preocupa que su vestido no le quede.
—Ay dioses, ¿cómo puede decir eso? Ma… déjame verla.
—No señor, ya te dije que está bien, déjala tranquila. —lo empezó a empujar Valka para que se marchara, pues dentro de la casa había cosas que Hiccup aun no debía ver.
—¡Bueno, está bien! —se alejó este de su madre para evitar ser empujado. —Pero… por favor, dime qué es lo que le falta. Déjame ayudar, esta también es mi boda y quisiera cooperar.
Valka suspiró rendida, tomó del brazo a su hijo y lo encaminó para que bajara las escaleras con ella, una vez alejados de la casa, fijó su mirada en esta para cerciorarse de que nada ni nadie los estuviera escuchando.
—Echó a perder unas hojas y unas florecillas. —le susurró en secreto a su hijo y luego nuevamente fijó su vista a la casa. —Las estaba utilizando para hacer la tradicional corona de flores.
—Oh. —musitó Hiccup entendiendo el porqué del disgusto.
La tradicional corona de flores debía ser portada tanto por el novio y la novia, aquel adorno era, entre muchas cosas, un símbolo para la felicidad y para alejar los pensamientos negativos de los que se casaban (decían las costumbres). Esta generalmente era hecha con ramas, hierbas, hojas o flores y era un accesorio que no podía faltar ya que de lo contrario representaría un mal augurio.
— Pudo terminar con la que tú usarás. ¡Ay, y está preciosa! —contó Valka emocionada. —Pero cuando empezó con la suya pues… creo que con el estrés no le salió como quiso y de intentar arreglarlo o de estarla empezando otra vez se terminó el material, y por lo que me contó, bastante trabajo le costó conseguirlos, ya que no eran plantas de las que tenemos por los alrededores.
—Oh, ya veo, entonces ya sé qué hacer…—sonrió Hiccup con un plan en mente.
—¿Qué harás?
—Bueno se me ocurre que…
Se acercó Valka para que le contara su plan; sin embargo, en ese momento, un azotón de puerta se escuchó por lo alto, cuando madre e hijo se volvieron hacia la fuente de sonido, vieron que una muy molesta Astrid bajaba por las escaleras.
—¡Astrid! —exclamó Hiccup nervioso.
La vikinga, quien aun iba refunfuñando, dejó de hacerlo cuando vio a su prometido y rápidamente silenció sus quejas.
—Hiccup… ¿qué haces aquí? —preguntó nerviosa y enrojecida.
—Ah… venía por mamá y por ti para ir a comer al gran salón.
—Claro, claro… muero de hambre. —respondió esta tratando de calmar la frustración interna que sentía, y siguió bajando las escaleras para alcanzarlo.
—Conseguiré las flores. —le susurró Hiccup a su madre, para luego ir al encuentro de su prometida y fingir que todo estaba bien.
Valka sonrió con la idea de su hijo, el cual supuso sería un secreto, así que, siguiéndole la corriente, los acompañó al gran salón guardándose el plan de su hijo para si misma.
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El nuevo comedor de vikingos no era tan gran como lo había sido el gran salón de Berk; sin embargo, sin los dragones no hubo necesidad de hacerlo tan amplio.
Como era de costumbre, Hiccup, Astrid y Valka se sentaron con el resto de la pandilla, quienes como siempre tenían un tema de conversación que al final terminaba con una tonta discusión. Aunque Hiccup ahora no le estaba poniendo su atención a su grupito, solo por estar pensando en la manera de escaparse de Astrid sin que esta sospechara lo que iba a hacer.
La vio de reojo, esta estaba cabizbaja y muy apenas había probado un bocado, le preocupaba que estuviera tan estresada, y tampoco entendía el porque debía estarlo, si a su perspectiva todo estaba marchando a la perfección, y no necesitaban más para hacer de ese día algo muy especial.
—Ush… otra vez estos estúpidos crustáceos. —escuchó decir a Ruffnut de repente.
Hiccup se volvió hacia la gemela, viendo como esta le hacía muecas a la comida que recién había llevado Gobber para que entre todos degustaran, era un plato que en sí tenía una variedad de camarones, partes de cangrejos y algunos caracoles marinos. Seres que abundaban en la isla nueva y que ya no podían faltar en las comidas de nuevo Berk.
—¿Qué tienen de malo? —preguntó su hermano, comiendo de un solo sorbo a los caracoles.
—Que asco. —se quejó Ruffnut. —Yo quiero otra cosa ¡almejas por lo menos! o carne de venado, de oso o lo que sea… si sigo viendo a estos estúpidos crustáceos terminaré comiéndome a Fishlegs.
—¿Qué? ¿Y a mí por qué? —chilló el regordete Vikingo asustado.
—Es un decir. —rodó la gemela los ojos. —A menos que esté varada contigo en una isla desierta. —susurró para si misma.
—Pues es lo que hay "Ruffnit", así que te aguantas. —siguió comiendo su hermano a costa de ella.
—Gracias hermano… ¡¿QUÉ NADIE PUEDE ENTENDERME?! —empezó a dramatizar echándose sobre la mesa. —Sólo quiero algo diferente, pero a ¡nadie le importa!
—A mi me importa. —se escuchó de repente.
Los presentes en la mesa, incluida la dramática Ruffnut, se volvieron hacia quien había hablado. Este era Hiccup, quien nervioso, vio una forma de escabullirse para poner su plan en marcha.
—¡Sí! —exclamó. —Como jefe de Berk, es mi obligación ver por que todos los vikingos de la isla estén contentos en su nuevo hogar.
—Aww… ¿Lo dices en serio? —preguntó Ruffnut enternecida y también con cierto toque de coquetería.
—Eh… ¡sí! Haré nuevamente una expedición por Nueva Berk para ver y estudiar a la posible fauna del lugar.
—¡¿Una cacería?! ¡sí! ¡Yo voy! —se apuntó Snotlout de inmediato.
—¡No! No es una cacería. —detuvo Hiccup. —Más bien quiero saber primero que es lo que podemos tomar de la isla, recuerden chicos, no hay que abusar de lo que nos da la naturaleza.
—Aww… Hiccup, eso muy cierto. —lo admiró Fishlegs. —Muy altruista.
—Sí, muy altruista… lo que sea que signifique eso. —siguió coqueteando Ruffnut aun encima de la mesa.
—¿Irás solo? —se escuchó de repente.
Nuevamente todos se volvieron hacia quien había hablado, ahora era Astrid, quien aun con un semblante cansado y preocupado miraba fijamente a su prometido.
—¡sí! No tengo problema, ¿qué tan difícil puede ser?
—Bueno, a estás alturas de la temporada muchos animales ya deben de estar invernando por la llegada del inverno.
—Astrid tiene razón Hiccup. —concordó Fishlegs. —Probablemente no encuentres nada.
—¡Cállense ustedes dos envidiosos! —los silenció Ruffnut. —Aww… Hiccup, si al menos me consigues unas almejas, un venadito o un osito sería la mujer más feliz de todas.
El jefe de Berk rio nervioso.
—Haré lo mejor que pueda.
—Claro que lo harás, porque me aseguraré de que lo hagas.
—¡¿Qué?!
—Mi amigo, yo te acompañaré en tu expedición.
—No es necesario Ruffnut. —siguió riendo el Hiccup nervioso.
—¡Claro que sí! No permitiré que llegues con un insignificante conejo o más de esos asquerosos crustáceos, así que no digas más jefecito, ¿cuándo nos vamos?
—Pero…
—Pero nada. Me lo prometiste.
—¿Qué? ¿Cuándo?
—En este momento, anda… anda. —rogó la gemela con insistencia.
Hiccup resopló.
—Está bien.
—¡Sí! Entonces no se diga más… ¡iré por mi hacha! —exclamó Ruffnut parada encima de la mesa.
—Pues si va Ruffnut, entonces yo también. — se apuntó su hermano.
—¡NO! Tú te quedas aquí. Está expedición es solo para altruistas.
—Ni siquiera sabes lo que significa. —renegó Astrid.
—¡¿Tú qué sabes cachetona?!
Indignada, Astrid ahogó un grito ahogado y no pudo evitar llevar sus manos a las mejillas para comprobar aquello. Ruffnut al verla emitió una risita divertida.
—Te la creíste.
—Eres una…
—¡Chicas, chicas! ¡BASTA! —exclamó Hiccup parando todas las discusiones. —Iré a hacer la expedición y sólo Ruffnut me acompañará. ¿Quedó claro?
—Claro. —balbucearon todos los de la mesa, a excepción de Ruffnut quien siguió viendo con ojos soñadores a su amigo y jefe de nueva Berk.
—Te espero afuera de mi casa Ruffnut, no tardes. —terminó Hiccup retirándose de la mesa.
—¡Como digas! —se despidió esta victoriosa.
—¿Ya podrías bajarte de la mesa? —espetó Astrid molesta, tratando de probar otro bocado de su plato.
—Uy, ya relaja ese ceño fruncido o te saldrán arrugas. —respondió Ruffnut bajando. —En fin… ¡me voy! Que mi querido jefe Hiccup me espera. —se despidió dando de brinquitos por todo el gran salón.
—¿Querido jefe? —se burló Snotlout. —¿Ese tonto?
—Pts… Snotlout. —lo interrumpió Fishlegs para que prestara atención a una creciente aura rojiza que se formó imaginariamente en la vikinga que tenían frente a ella.
—¡JA! ¿Celosa? —se burló Snotlout.
—¡JA! ¿YO CELOSA? —gruñó Astrid tratando de fingir. —Ruffnut está muy lejos de ponerme celosa.
—Sí, claro. —susurró Jorgenson para si mismo, ya que Astrid comenzó a devorar los alimentos con una rapidez tal que asustaba.
—Eh… Astrid, no comas tanto o te dará sueño o podría dolerte el estómago. —aconsejó Valka para calmar las aguas. —Acuérdate que debes estar bien para terminar los últimos detalles de tu vestuario.
—¡Maldita sea! ¡Es cierto! —gruñó esta sintiendo que todo se desmoronaba alrededor de ella.
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Minutos más tarde.
Hiccup y Ruffnut habían abandonado la zona poblada de nueva Berk y se internaron a la zona frondosa del bosque.
El jefe de Berk ya tenía muy definido lo que quería buscar y esos eran las flores más hermosas de la isla, para con ellas, hacer la corona y de paso el ramo de Astrid, así que anduvo buscando de rincón en rincón algo que se pareciera a lo que se estaba imaginando, al mismo tiempo que buscaba algo que contentara a Ruffnut ya que, aunque había ignorado a Fishlegs y Astrid, sabía que los animales en esa temporada escasearían.
—Eh… Hiccup. ¿No crees que debimos ir a la costa si queremos buscar unas almejitas? Ya me cansé—preguntó su acompañante aburrida.
—Ah… bueno, la verdad Ruffnut…
—¡Ah, ya sé! Me vas a conseguir un ciervo o un oso ¿Verdad? Aww… eso es tan romántico.
—¿Romántico? —repitió este confundido. —¿A qué te refieres?
—O vamos, no te hagas el tonto Hiccup… yo sé que te gusto. —aseguró la gemela.
—¡¿Qué?! —exclamó este espantado.
—Sí, he visto como me miras.
—¿Mirarte?
—¡Ajá! Bueno, me refiero a cómo lo hiciste hoy. —se empezó a insinuar. —Como me defendiste, incluso de la amargada de Astrid.
Hiccup comenzó a sentirse acechado, al grado que comenzó a caminar en reversa, pues Ruffnut poco a poco se le iba arrimando cada vez más.
—No, Ruffnut… creo que te confundiste… yo…
—Ya sé, estás con la "cara redonda" de Astrid, pero aun tienes oportunidad de arrepentirte mi amigo, yo puedo ser tu reina.
—¡¿Qué?! No… yo…
—Oh vamos… no seas tímido… ¿qué tiene Astrid que no tenga yo? ¡Yo soy más sexy! ¡—sacudió su cabello. —A mi lado… a mi lado…! Bueno haríamos una gran pareja.
El acoso por parte de la gemela llegó a un punto de que Hiccup quedó acorralado entre ella y un árbol, y como este nunca había estado en una situación como esa no sabía cómo actuar, tampoco quería lastimar los sentimientos de su amiga.
—Así que… ¿qué dices Hiccup? ¿Quieres cambiar de opinión? ¿Quieres ser mi macho protector?
—¿Ma- macho protector? —repitió este tragando saliva.
—Sí, ya sabes… nos casamos, tu me cuidas, me das de comer, me das lujos, trabajas día y noche por mí, y yo… te doy pues ya sabes, toda mi compañía.
—Eh… lo siento Ruffnut, pero es que yo… quiero a Astrid. —explicó este con simpleza.
—Ah…—musitó la gemela apartándose un poco de él con cierto aire de decepción, aunque luego inexplicablemente sonrió. —Me alegra mi amigo, era exactamente lo quería que me dijeras
Hiccup se confundió.
—¿Cómo?
—Sí, quería ver que tan fiel le eras a esa cabeza redonda, que, aunque me caiga mal a veces, la considero una buena amiga. —explicó Ruffnut dándole la espalda para esconder algo que le incomodaba en el pecho.
—Oh… ¡wow! Vaya. —exhaló el aliviado Hiccup. —Entonces era eso…
—Sí… ¿qué creías? Tú no eres mi tipo.
—Me alegra saberlo, porque tu tampoco eres el mío, jamás me hubiera fijado en ti. —sinceró Hiccup.
—Ah, ¿sí? —se volvió Ruffnut hacia él.
Hiccup apenas respondería con la sinceridad que lo caracterizaba; sin embargo, se abstuvo de hacerlo cuando vio el rostro muy molesto de Ruffnut que lo hizo cuestionarse mentalmente si había hecho o dicho algo malo.
—¿No soy suficiente para el jefe de Berk? —reclamó Ruffnut indignada.
—¿Qué? ¡No! Digo… ¿Qué pasa? —cuestionó este confundido.
—Eres un estúpido Hiccup. ¡¿Qué no ves que he estado fingiendo?!
—¿Fingir? ¿En qué momento precisamente? Ay dioses… ya no entiendo nada.
—A ver idiota, deja te explico con peras y manzanas. Es obvio que me gustas, pero fingí que no porque ya sé que quieres a la perfecta de Astrid. —balbuceó con ironía. — No necesitaba tu extrema sinceridad.
Hiccup enrojecido, quedó enmudecido por tal directa confesión.
—Y aunque ya sé que no tengo oportunidad, como quiera haré esto.
Dicho aquello la vikinga se lanzó al estático jefe y lo tumbó al piso, ahí, sin darle oportunidad al muchacho de escapar le plantó un beso en los labios.
Hiccup no supo cómo reaccionar por el shock inicial; pero reaccionó al momento que sintió la gemela se propasó metiendo su lengua en la boca de él. En ese momento comenzó a revoletear para quitársela de encima, y de un empujón logró conseguirlo.
—Ruffnut… ¡¿ACASO ESTÁS LOCA?! —exclamó espantado limpiándose con brusquedad los labios.
—¡WA! ¿Y ACASO TÚ NO SABES BESAR? —le reclamó esta haciendo lo mismo con la suya.
—Ruffnut, entiende. Perdón si te hice creer algo que no era, pero no te puedo corresponder, yo amo a Astrid, y así con las cosas, me voy a casar con ella.
—No si le digo lo que pasó entre nosotros. —amenazó esta con una sonrisita. —No si le inventó que tú y yo somos amantes.
—No te atreverías.
—Oh… claro que sí. Salvaré a mi amiga de esta boda sin sentido. —dramatizó.
—Ruffnut, por lo que más quieras…
—¡NO!
Y sin escuchar más, Ruffnut salió corriendo en dirección al pueblo, mientras que Hiccup apenas volvió a reaccionar se fue a perseguirla para evitar alguna tragedia.
En su correteo ambos se fueron dando de empujones para evitar que el otro siguiera, pero la gemela siendo tan brusca como era, lo empujó con fuerza haciendo que rodara por una colina anexa.
Hiccup inevitablemente cayó por varios metros hasta que llegó a una desolada y desconocida superficie, ahí, quedó tendido en el suelo por varios minutos hasta que recuperó nuevamente la movilidad de todo su cuerpo.
—Ruffnut… me las vas a pagar. —gruñó levantándose a tientas.
Una vez tronándose la espalda, se dispuso a subir a la cima, cuando de repente lo que había a su alrededor lo dejó nuevamente estático.
—¿Qué es este lugar? —susurró viendo que había caída en un nuevo y desconocido espacio que le recordó demasiado al lugar en donde Toothless tuvo su primera cita con la furia luminosa, a excepción de que era más pequeño y menos espacioso.
Era un lugar hermoso, con extraños arboles que sobresalían por entre los muros y cuyas hojas y ramas eran adornadas por unas singulares flores de color rosados. En el centro, había un lago que, por la luminosidad que tenía, daba a mostrar que no era muy profundo.
Hipnotizado por los colores del atardecer que ya se reflejaban en el lago, Hiccup se acercó lentamente a esta para observar y también poder tocar el agua. Al ver su reflejo, vio que tan sucio estaba y no sólo eso, notó unas singulares conchitas que se destellaban por debajo del agua.
Eran almejas de agua dulce, lo que Ruffnut había estado pidiendo a gritos le dieran desde que llegaron a la isla. El pensar en la gemela lo hizo sentirse nuevamente molesto, ya que claramente Ruffnut no tenía ningún derecho a meterse en su relación y mucho menos intentar algo a sabiendas de que no sería correspondida.
Sin embargo, al ver a las almejas no pudo evitar sentirse también culpable, ya que ciertamente había sido su culpa que todos hubieran tenido que abandonar su antiguo hogar para adaptarse a uno nuevo. La mayoría de los vikingos se lo festejaba y agradecía, pero suponía que también había personas como Ruffnut que no estaban muy contentas del todo.
Sin pensarlo demasiado, tomó una de las bolsas de cuero que había llevado para la recolecta de flores y comenzó a guardar a los pequeños seres marinos que servirían ahora como alimento, una vez que tomó suficiente, fijó su vista ahora en las flores que había alrededor. No podía irse sin lo que estaba buscando para su prometida, y las flores de ese lugar eran más hermosas a las que había imaginado, claro que para obtenerlas tendría que escalar un poco el muro que rodeaba a esa caleta, pero así lo hizo.
Conseguir y armar la corona y el ramo de flores no fue nada fácil, pero el obtenerlas y trabajar en ellos también le ayudó a comprender el estrés por el que Astrid estaba pasando y lo especial que ella quería que fuera su boda si se tomaba tantas molestias con los detalles.
Para un poco después del anochecer, Hiccup terminó con su cometido, y con sus detalles en bolsa y manos regresó colina arriba hacia nuevo Berk.
Llegando al pueblo, buscó tanto a Ruffnut como a Astrid, y como nadie les dio señales de ellas, fue a buscar primeramente a su prometida en casa de su madre. No tardó mucho en dar con ella, pues Astrid estaba sentada en las escaleras de la entrada de la casa con la compañía de nada más ni nada menos que Ruffnut.
Ambas estaban serias y también muy despeinadas, parecían que habían "hablado" ya entre ellas. Hiccup tragó saliva.
—Eh…
—Vaya, hasta que llegaste. —saludó la gemela. — Le pedí a Astrid que esperara un poco, que ibas a llegar, pero es tan impaciente que no ha dejado de estar preocupada, pero lo importante es que ya estás aquí. —Dijo levantándose de su asiento.
—Eh… pero.
—No te preocupes Hiccup. Ruffnut… ya me contó todo. —explicó Astrid dando un resoplido.
—Sí, y ya nos agarramos a greñazos. Ahora es su turno de hablar. —dijo la tranquila Ruffnut tronándose la espalda.
Hiccup aun seguía sin comprender qué había pasado entre esas dos, mas sólo alcanzó a ver como Ruffnut planeaba irse como si nada.
—¡E-espera! —la detuvo.
—¿Qué? —se giró esta con su característico humor.
—Perdóname si te lastimé de algún modo. — pidió Hiccup entregándole la bolsita.
Ruffnut la tomó con recelo; sin embargo, al abrir la bolsa y ver el contenido su expresión cambió a una de fascinación.
—¡Son almejas! —gritó emocionada. —¡Vaya no eres tan mal jefe como pensaba!
—¿Pensabas que era un mal jefe? —gruñó Hiccup entre dientes fingiendo una risita.
—En fin, iré a ver que algunos hombres de mi harem me cocinen estas delicias. Gracias jefe. —se despidió esta con su típica coquetería.
—Ay, esa Ruffnut no va a cambiar. —musitó Astrid con una sonrisa. —La verdad ya no sé si miente o dice la verdad.
—Eh… ¿qué pasó? —preguntó Hiccup confundido.
—Pasa, que Ruffnut me contó lo que te hizo en el bosque que… —resopló. —Te besó y que tú… la rechazaste.
Hiccup respiró aliviado.
—Sí, así fue… porque yo…
—Sé me amas. —terminó ella por él con una sonrisa. —Aunque si admito que me ¡MOLESTÉ Y MUCHO! Ruffnut es muy coqueta y no me gusta que te coquetee. ¡Que te haya besado!
—¿Celos? —preguntó Hiccup sin creerlo.
—Sí, ¿contento? —admitió esta molesta.
—No debes de, porque sabes que yo siempre estaré contigo, que siempre seremos Hiccup y Astrid, siempre. —le sonrió. —Y ese beso no significó nada, me gustan más los tuyos.
Astrid sonrió y no pudo evitar que sus "enormes mejillas", como le decía Ruffnut, se prendieran en un color rojo.
—Gracias. — carraspeó para quitarse el bochorno. — En fin, eso fue todo… hablé bien con Ruffnut y todo quedó igual que siempre.
—¿En serio?
—Sí, en serio, y la verdad ya no quiero hablar al respecto, así que, cambiando de tema ¿qué tienes ahí?
Hiccup bajó su mirada a lo que su prometida señalaba, que era justamente el ramo y la corona de flores que recién había hecho.
—Ah… mamá me contó lo de tus materiales para lo de la corona de flores y pues yo…quise ayudar un poco con eso. —le sonrió. —Por eso fui de expedición.
Astrid ahogó un grito ahogado al momento que Hiccup comenzó a acercarse a ella para entregarle un exquisito ramo de flores blancas y rosas entre sus manos. Sin embargo, quedó casi paralizada al momento en que prometido le colocó una corona de flores rosas sobre su cabeza.
—Perfecto… y se ve muy bien con el cabello suelto, aunque sólo falta peinarlo un poco —susurró Hiccup con una sonrisa viendo orgulloso su obra adornando la cabeza despeinada de su bella prometida.
—Hiccup… esto es… hermoso… son preciosas. —agradeció Astrid sintiéndose inexplicablemente más hermosa. —Muchas gracias.
—No hay de que… y… ya falta poco ¿verdad? —la acercó a él para abrazarla por la cintura y así poder besarla.
Sin embargo, antes de que lo hiciera, Astrid se separó un poco de él y le limpió la boca cuidadosamente con sus manos.
—¡Hey! —reclamó Hiccup como niño chiquito.
—Ahora sí. —le aseguró la sonriente Astrid acercándose a él para terminar la distancia en un tierno beso bajo la luz de la luna.
Todo había terminado bien.
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Todo terminó bien amigo, gracias a Thor las cosas se aclararon y no sucedió ninguna tragedia. Ruffnut fue feliz con sus almejas y creo que Astrid puede por fin relajarse ya que, según ella, ese accesorio era el ultimo que faltaba para terminar con su atuendo para la ceremonia.
¿Sabes? Lo único que me causa curiosidad es que tanto se habrán dicho Astrid y Ruffnut antes de que yo llegara, supongo que nunca lo sabré… en fin, con esto me despido amigo.
Hasta la próxima carta.
Firma
Hiccup Haddock III
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EXTRA.
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—¡ASTRID HOFFERSON! ¡SAL! ¡SACA TU TRASERO DE ESA CASA EN ESTE INSTANTE! —exigió Ruffnut tocando con rudeza la puerta de la casa de Valka.
—¿Acaso estás loca?! —reclamó Astrid una vez que salió por la puerta. —¿Qué quieres? ¿Qué pasa? ¿No se supone que estabas con Hiccup?
—Ay, como hablas ¡Y sí! Estaba con él, pero venía a decirte que ¡LO BESÉ!
En ese momento todo lo de su alrededor se silenció, Astrid abrió los ojos con sorpresa, mientras que la muy atrevida Ruffnut la miraba con osadía y manos en cintura.
—Y él me re-
—¡Eres una…
Sin terminar de decir aquella palabra, Astrid se lanzó hacia la gemela con furia, empezando con un forcejo intenso en el pórtico de la casa de la madre del jefe.
—¡La cara no! ¡La cara no! ¡Debemos vernos lindas para la boda! —Pidió Ruffnut estirando sólo del cabello de su amiga.
—¡¿Qué tonterías dices?! —reclamó Astrid haciendo igualmente caso pues no quería tener moretones en su boda, y estiró con fuerza los cremallerus cabello de su amiga.
—¡El me rechazó Astrid! —gritó la gemela entre las rodadas. —¡Me le insinué para saber si te era infiel, pero me rechazó!
—¡¿Y fue ahí cuando lo besaste?!
—No, fue después. Porque el muy estúpido me ofendió, así que para vengarme… lo besé y le hice creer que me gustaba y lo amenacé con decirte una mentirilla, pero él no me gusta… ni siquiera sabe besar. ¡Así que ya déjame!
En ese momento, tanto Astrid como Ruffnut dejaron de apretar los cabellos dorados de la otra y ambas se dejaron caer cansadas en el suelo.
—Maldita, que suavecito tienes el cabello. —apreció Ruffnut los poco que le había arrancado.
—Y el tuyo está lleno de moho. —opinó Astrid al ver lo sucia que le habían quedado las manos.
—El moho son los ojitos de mis cremallerus, pero veo que ya los degollaste. —respondió esta viendo su peinado deshecho.
—Ruffnut… contéstame con sinceridad. ¿Te gusta Hiccup?
La gemela resopló.
—Me gusta lo loco que puede ser a veces, pero la mayoría de las veces es como Fishlegs, taaaaan aburrido.
—Pero entonces… ¿si te gusta?
—No como a ti, lo único que me gustaría de él es que me mantuviera como una reina, pero después de analizar detalladamente las desventajas de ser la jefa de Berk, no creo que pueda con eso, ¿te imaginas? Yo siendo "alturista" con los demás, ¡waa! Ni ahora ni en un millón de años. ¿Eso contesta a tu pregunta?
—Se dice altruista. —corrigió Astrid con una risita.
—¡Ahí está! eres tan perfecta que por eso él te escogió.
—No lo soy, pero amar a alguien me hace querer dar todo por esa persona. Por eso trató de apoyar a Hiccup en todo lo que él necesite, así como sé que él me puede apoyar en los momentos más difíciles.
—Que cursi eres, desconocía esta faceta tuya y tan tonta.
—La gente cambia Ruffnut. Y yo cambié y soy la Astrid que soy gracias a él.
—Pues lo único que para mi cambió fue mi menú de comida. Pero está bien, supongo que cuando te toca, te toca… supongo que seguiré besando hobglotones hasta que encuentre al que se convierta en mi fiel esclavo, digo, príncipe.
—¿Qué cosas dices? —rio Astrid. —¡espera! ¿Cuántos hobglotones llevas? —preguntó curiosa.
—Ah… con Hiccup como unos 50, pero él encabezará la lista como el que peor besa.
—Pues a mi me gusta como besa.
—Ja, lo dices porque es el único hobglotón que has besado en tu vida mi amiga, así que me
compadezco.
—Como tu digas Ruffnut. —suspiró Astrid ya más relajada. —Por cierto, ¿dónde dejaste a Hiccup?
—El muy desdichado trató de impedir que hablara contigo, así que lo empujé por una colina.
—¡¿Qué cosa?! ¡¿Y ahí lo dejaste?!
—Ay si, y no te preocupes ya volverá.
—¡¿Cómo no quieres que me preocupe? ¿Qué tal si le pasó algo?
—No falta que pierda la otra pierna. —le restó importancia Ruffnut.
—¡Iré a buscarlo! —se levantó Astrid decidida.
—Que no le va a pasar nada, deja que el tonto vuelva solo.
De un jalón, Ruffnut regresó a Astrid al suelo.
—Es Hiccup, siempre sale de los problemas, no es tan débil como parece, y la colina no era tan profunda, así que relájate ¿ok?
—Más te vale Ruffnut o si no…—amenazó Astrid mentalmente a su amiga.
—Sí, sí… ¿cómo crees que ese tonto va a morir? Por favor, no te dejará viuda antes de la boda, tiene que regresar para "POP" … quitarte la inocencia querida, porque aún eres virgen ¿verdad?
—Eso no te importa. —gruñó Astrid sonrojada.
—Oh… no me digas qué…—sonrió pícaramente Ruffnut.
—¡No es lo que crees! aun soy… virgen. —susurró esta avergonzada. —Tal como tú, ¿qué tiene eso de novedoso?
—JA, y cómo sabes que yo lo soy…
—¿Qué? No me digas qué… —se sonrojó Astrid.
—No te importa, por cierto, cambiando de tema, ni creas que iré contenta a tu boda, iré con mi cara de pocos amigos, porque esas cosas me asquean.
Astrid rodó los ojos con fastidio.
—Como quieras, no me importa.
—Sí claro.
—Ya se tardó Hiccup. —recordó Astrid para cambiar de tema.
—Ya vendrá, como fastidias.
Y dando un resoplido, ambas rubias aguardaron en las escaleras de la casa en la espera del jefe de Berk.
FIN.
Espero que les haya gustado.
Nota 1: vi la película en ingles y hasta ese momento vi que Ruffnut decía que los ojitos de cremallerus eran moho o mugre que tenía en su cabello. XD
Nota 2: creo que a Ruffnut le gusta un poquito Hiccup, o la atención que este puede llegar a tenerle, más no creo que pueda ser capaz de comprenderlo como Astrid lo hace. Creo que busca un esclavo como le hizo con Fishlegs en RTTE XD.
Nota 3: Los árboles que imagine que Hiccup encontraba eran como los árboles de Sakura, y de ahí mismo las flores.
Spoiler para el próximo capítulo: Hiccup le contará a Toothless lo que pasó el día de su boda.
Agradecimientos a seguidores, favoritos y lectores anónimos. Hasta la próxima.
Saludos.
25 de agosto de 2019
