De mi para ustedes, un regalito navideño.
Carta 4
Nervios prenupciales.
Querido Toothless.
¿Cómo estás? Espero que muy bien, yo lo estoy, y más que bien, realmente estoy muy feliz, me siento dichoso, emocionado y muchos otros sinónimos de felicidad que, no puedo incluso dejar de sonreír mientras te escribo esto. Y si me preguntaras por el motivo de tanta felicidad, te respondería simple y sencillamente que es porque ya sucedió.
Amigo mío, oficialmente soy un hombre casado.
Me siento tan raro escribiendo esto con tanta felicidad, pero siento más raro tenerla a ella justo en este momento a mi lado. Así es, amigo; Astrid está conmigo, aunque se encuentra durmiendo, después de todo fue un largo día, pero su sola cercanía hace que las manos me tiemblen al grado de que no sabré si esta carta será entendible al final; ya que aún no me lo creo, sigo procesándolo y eso que por la mañana pensé que las cosas no saldrían muy bien. ¿Por qué? Te preguntarás. pues amigo, esto es lo que pasó…
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El día en que Berk estaría de fiesta había llegado.
El pueblo completo estaba adornado para la ceremonia, la comida estaba lista en el gran recinto para el momento del festín, los vikingos se vestían con sus mejores ropas y abrigos y de poco a poco se fueron reuniendo en el mirador donde se llevaría a cabo el casamiento.
Desde una casa que estaba justo a un lado de tal mirador, un muchacho se encontraba siendo ayudado por su madre con los últimos detalles de su vestimenta.
—Y como último accesorio… la capa de tu padre. —musitó Valka poniendo encima de los hombros de su hijo, aquella capa color café hecha de piel de oso.
Hiccup sintió un enorme peso sobre él al tenerla puesta, no sólo por su tamaño sino por lo que representaba, o más bien, al hombre que alguna vez la había portado, un hombre al cual aspiraba ser a pesar de saber que era muy diferente a él.
—Te ves muy apuesto hijo. Con esa capa te pareces mucho a tu padre cuando joven. —dijo Valka con una expresión de inmensa felicidad y nostalgia en sus ojos.
—Gracias ma, aunque supongo que con menos kilos de músculos. —bromeó el jefe vikingo con una risita nostálgica.
—Ay hijo, como eres… pero en serio, te ves realmente apuesto.
—Gracias, y la verdad es que este traje es excelente. —se admiró Hiccup en un espejo en el cual podía observarse por completo. —Astrid hizo también un buen trabajo con todos los accesorios, es que ¡mira! Hasta Toothless está presente en él. —miró con cariño las hombreras y el cinturón que tenía grabada la figura de su amigo.
—Ella me dijo que es para que de un modo u otro estuviera presente, y ella misma se hizo adornos para su vestuario con la figura del nadder mortífero.
—¿En serio? Eso no me lo había dicho.
Valka rio y se cubrió la boca.
—Ah, bueno… pero es algo que ya verás, es decir, en unos minutos.
—Sí. —suspiró Hiccup ensoñado y comenzando a sentir nervios prenupciales.
—¿Estás bien?
—Sí, sí… es que…—respiró profundamente. —Aun no me la creo… que el día ya haya llegado.
—El primer día del resto de sus vidas. —concordó Valka nostálgicamente. —Hijo, como tu madre, realmente espero que sean muy felices, que Astrid te sea reciproca en todos los aspectos, así como tú a ella, que no cometan los mismos errores que yo cometí.
—Mamá…
—Yo le fallé a Stoick y a ti al no volver para quedarme con los dragones…
—Pero papá siempre te amó, todos los días de su vida.
—Y yo también a él, pero mi modo de hacerlo no fue el más ortodoxo que digamos.
—Ya no digas más, él te quiso, siempre me lo dijo, así que no hay necesidad de culparse.
Valka asintió con una pequeña sonrisa, suspiró profundamente y recobró la compostura a una más alegre.
—Ya ha llegado la hora. —dijo emocionada. —Si quieres ve a adelantarte al lugar de la ceremonia, yo iré a ver si a Astrid se le ofrece algo ¿Sí?
En ese momento Hiccup sintió un escalofrío por la espalda y se asomó por la ventanilla de la habitación que daba justo vista al mirador. Con nervios, vio que ya había una multitud reunida y tal parece que sólo esperaban a que su prometida y él llegaran.
—Uff… ha llegado la hora. —sudó en frio sintiendo como el corazón comenzaba a latirle con fuerza.
—Sí, así que ya vete ¡anda! —lo echó Valka con empujoncitos pues el jefe de repente perdió la movilidad en las piernas.
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—Ay que nervios, que nervios.
Apenas llegando a donde todo el pueblo estaba reunido, Hiccup comenzó a sentirse abrumado por toda la gente alrededor. Su pueblo estaba feliz por él, y lo saludaba, abrazaba o estrechaba sus manos mientras se dirigía al altar donde la vieja Gothi ya se encontraba lista para auspiciar la ceremonia.
Sus amigos ya estaban ahí, vitoreándolo con su muy peculiar estilo, a excepción de Ruffnut que parecía aburrida, mientras que Gobber estaba a su lado, en representación de su padre y le decía un montón de cosas que fue incapaz de escuchar por los nervios que sentía.
Los minutos parecían una eternidad entre toda la multitud; sin embargo, pronto empezó a sentirse tenso debido a que, llegada la hora de la ceremonia, la novia no apareció.
—Oigan, Astrid ya se tardó ¿no creen? —se escuchó decir a Eret, el cual al igual que todos sus amigos y demás vikingos presentes, miraban a su alrededor en busca de la novia.
—¿Qué pasará? ¿Por qué tardará tanto? —se preguntó Fishlegs, mientas que Hiccup comenzaba a sentir un extraño hormigueó en todo el cuerpo.
—A Hiccup ya lo dejaron plantado…—comenzó a canturrear Snotlout entre risitas lo cual alteró más al novio.
—Valka tampoco ha llegado, ¿no se supone que estaba contigo? —preguntó Gobber a su pupilo.
Hiccup balbuceó.
—Ah… eh… me… me dijo que vería si Astrid necesitaba algo.
—Ya se arrepintió. —se escuchó decir de repente a Tuffnut el cual dramatizó la situación.
Pronto todos los vikingos presentes comenzaron a pensar lo mismo que él.
—¿Quieres que la vaya a buscar? —preguntó el herrero al ver que pronto se formaría un alboroto.
Sin embargo, Hiccup estaba boquiabierto e impactado que lo único que alcanzó a hacer fue retirarse del recinto, en busca de si mismo de la respuesta a la usencia de su novia.
La gente al verlo irse siguió murmurando para si misma, mas se quedó en su lugar esperando, curiosos por saber cómo terminaría todo, si con una boda o con un inevitable rompimiento.
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Dejando el lugar de la ceremonia, Hiccup se apresuró a ir a la casa de su madre que era el lugar donde Astrid vivía. Al abrir las puertas, no se encontró con nadie, sin embargo, había evidencia de que había estado gente ahí, al juzgar por las cosas que estaban desordenadas en una mesa.
Apenas gritaría el nombre de su novia y el de su madre cuando de repente escuchó:
"Tranquila, tú sólo respira"
Era la voz de Valka, reconoció el vikingo, quien sigiloso caminó por el interior de la casa hacia la parte trasera de esta y la cual conducía a otro pórtico.
La puerta estaba abierta, Hiccup se asomó con cuidado y vio que fuera de esta estaba su madre y la misma Astrid en su traje de novia. Con tan solo verla, Hiccup quedó fascinado, pues realmente la vio hermosa, como nunca la había visto: de blanco, con una capa elegante y las flores que le había conseguido días atrás adornando su hermoso cabello, pero había algo raro, a pesar de su belleza, ella no se veía bien, no al menos mentalmente. Se preocupó.
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—No puedo, no puedo… siento que el vestido me aprieta demasiado. —musitó Astrid sin poder respirar, estirando el vestido tratando de buscar un poco de oxígeno. —Siento que… no me deja respirar.
—Pero qué dices, si hasta te queda flojo, ve cómo se te cae la cintilla, estás muy bonita. —trató de calmarla Valka, desde que había llegado a la casa, encontró a la vikinga sumamente alterada, primeramente, por cuestiones banales como el vestido y otras cosas de la boda, pero posteriormente empeoró cuando había llegado el momento de salir.
—Es que faltan muchas cosas, y si no puedo… y si falta… no puedo, no puedo hacerlo, no puedo casarme.
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Desde su escondite, Hiccup miró con angustia la duda que Astrid tenía sobre el matrimonio, y eso lo entristeció, mas no entendía el ¿por qué?
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—Astrid calma. Son sólo nervios… ¿Qué crees que hace falta? ¿Qué no quieres a Hiccup?
Astrid ahogó un grito, y bajó la cabeza.
—Yo lo quiero. —musitó.
—Entonces…
—No sé si es suficiente…
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Hiccup se alteró desde su escondite, por conocer los aparentes verdaderos sentimientos de su novia.
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—¿Hiccup no es suficiente para ti? —siguió cuestionando Valka angustiada.
Sin embargo, Astrid negó rápidamente.
—¡No! No sé si ¡YO! Soy suficiente para él…—posteriormente comenzó a retener la respiración.
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Aquella confesión, nuevamente alteró a Hiccup, y desde su sitio comenzó a negar que aquello fuera cierto, pues para él, Astrid era uno de los mejores regalos que la vida le había dado, y comenzó a cuestionarse por qué ella pensaba eso de él
"¿Por qué piensas eso?" preguntó su madre por él.
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Astrid desde su sitio, negó con la cabeza, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
—Yo no soy un dragón. —dijo con tristeza.
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Hiccup frunció el entrecejo y no entendió a lo que se refería.
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Valka más o menos pudo comprender el punto al que quería llegar Astrid, ya que alguna vez se lo había comentado, pero quería escuchar su perspectiva completa.
—Hiccup amó o más bien ama a los dragones más que cualquier cosa en el mundo, para ser específico, ama a Toothless, y sé que estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por él o por los dragones al grado que no le importaría arriesgar su propia vida. Los dragones lo aceptaron primero, y ahora se ha quedado sólo con nosotros y… me pregunto, si ¿eso es suficiente para él? —explicó nostálgica.
—Ay Astrid…
—Me pregunto si esto es lo que realmente quiere él…—continuó. —Vivir una vida aburrida conmigo, tener una familia, yo no soy un dragón…—se lamentó nuevamente. —No tengo alas, ni nuevos paraísos que ofrecerle, no tengo nada que amerite que él se sacrifique como alguna vez lo hizo por Toothless y la furia luminosa.
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Hiccup ahogó un grito, y entendió a lo que se refería Astrid, y no pudo evitar recordar el sacrificio que estuvo dispuesto a hacer para que la maldad de Grimmel no alcanzara a la pareja de furias, penosamente, reconoció que en ese momento no pensó en nadie más, excepto salvar a Toothless, no pensó en sus amigos, en su madre y mucho menos en Astrid; sin embargo, esa era su forma de actuar; casi sin pensarlo, sin pensar en la gente que pudiera lastimar en su paso; sin embargo, esa forma de sentimiento no era algo que perteneciera exclusivamente a su mejor amigo, era algo que él haría por un ser que realmente amara, entre ellos Astrid, ella especialmente.
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—Astrid, pero él es así, en aquella ocasión fue el calor del momento, creo…
—¡Lo sé! Sé que él es así, y que si le preguntara él me diría que haría lo mismo por mí, aunque yo no soy tan tonta como para caer de un risco. —sacudió su cabeza. —Pero… volviendo al punto, no creo que yo sea suficiente para él…
—Lo eres.
Las vikingas, en especial la que se encontraba vestida de novia, se paralizaron al escuchar aquella voz.
—Hi…Hiccup… Q- q- ¿qué haces aquí? S- se supone que no deberías estar aquí…—balbuceó Astrid tratando de evadir su mirada.
El vikingo sonrió.
—La boda debió comenzar como hace 20 minutos, vine a buscar a mi futura esposa, bueno, si es que aun quiere serlo.
—Yo los dejo hablar. —dijo Valka y se retiró para dejarlos a solas.
Fue entonces que Hiccup trató de acercarse a su novia, pero esta nerviosa y un poco torpe se echó unos pasos atrás.
— Hiccup…
—Sólo quería decirte que escuché todo lo que dijiste.
—¿Eh?
—y ¿sabes? Tienes razón.
Astrid parpadeó sin comprender.
—Amé o más bien amo a los dragones y a Toothless, y haría cualquier cosa por ellos, incluyendo cosas estúpidas, pero…—suspiró. —A ti te amo igual que a ellos, y sé que tú sabes que por ti arriesgaría mi propia vida como lo hice aquella vez con Toothless, pero sé que eso no pasaría exactamente en la realidad.
—¿Por qué? —preguntó esta con la voz entrecortada.
—Porque tú misma lo dijiste. —sonrió. —No eres tan tonta como para caer de un risco, de una cuerda floja o de cualquier otro sitio peligroso en el cual pudiera ponerte, al contrario, creo que tú eres la que salvaría mi vida. Astrid, eres la única que me mantiene con los pies en la tierra, eres mi apoyo incondicional en mis estupideces y quien siempre tiene las palabras adecuadas en momentos de crisis, más bien yo soy quien debería cuestionarse si realmente te merezco pues siento que no te he sido reciproco en todo; yo soy él que siempre te metía en problemas, el que no escuchaba tus advertencias, pero aun así me seguías y me apoyabas y cuando caía me sostenías. Así que soy yo el que te debería de preguntar si ¿es esto lo que quieres en tu vida? Me siento a veces poca cosa a un lado de ti, hasta Tuffnut una vez me lo dijo, que tú eras una reina, mientras que yo muy apenas puedo aspirar a ser un gran líder.
Astrid negó con la cabeza y tomó sus manos entre las suyas.
—Tú eres un gran líder Hiccup, siempre te lo he dicho, que no muchos comprendan tus locuras en un inicio es otra cosa, pero yo si creo en ti, por eso te he seguido por todo el camino que has recorrido, sin saber a donde me dirigiré, porque sé que estaré bien, que pase lo que pase tú encontrarás una forma de salir adelante, porque eres el hombre más ¡testarudo! ¡Cabeza de carnero! Y ¡valiente vikingo! que jamás había conocido, y te amo por ello Hiccup, por eso estoy asustada también, esto que haremos es algo muy diferente y para toda la vida, y parece sencillo, pero no creo que lo sea, así que… ¿Realmente quieres esto?
—Con todo mi corazón. —respondió Hiccup con sus ojos lagrimosos. —Desde que te conocí, es lo que he querido. Alucinaba que me casaría contigo, que tendríamos un par de hijos…—insinuó con una risita haciendo que Astrid se sonrojara. —Y que pasaríamos el resto de nuestras vidas juntos, y si tú me aceptas, harás mi sueño realidad. Astrid Hofferson, siempre te ha amado, y siempre lo haré no debes dudar nunca de eso, y te agradezco por todo lo que has hecho por mí, y por lo que me has dado, tú eres mi felicidad y quiero ser la tuya, permíteme por favor, hacerte feliz.
Las manos de la vikinga temblaron con aquella hermosa propuesta, y las apretó más entre las de su prometido para finalmente asentir con sus ojos igual de cristalinos.
—Ay Astrid. Ven aquí. —la abrazó Hiccup.
—Perdóname.
—¿Por qué?
—Porque se supone que esto debí decírtelo en la ceremonia, eran mis votos, o al menos una parte de ellos.
—¿Qué parte?
—La parte en donde dije que eras un cabeza de carnero.
Hiccup rio y besó su cabello.
—Es gracioso, la verdad yo no había pensado lo que iba a decir, pero creo es justo lo que te dije, y me alegra que haya sido algo entre nosotros dos.
Astrid se acurrucó con él y sonrió.
—Sí, lo mismo pienso… aunque como quiera tenemos que ir a la ceremonia ¿verdad?
—Sí, pero le diré a Gothi que lo haga brevemente, después de todo, nosotros ya dijimos lo que teníamos que decir ¿no es así?
—Absolutamente. —concordó Astrid levantando su mirada. —Te amo Hiccup.
—Y yo a ti, Astrid. por cierto, estás preciosa… me encanta tu vestido.
Ay Hiccup. —lo golpeó esta apenada. —¿Qué cosas dices?
—Ouh… que linda, si te ves linda…—se quejó el novio adolorido.
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Y eso fue lo que pasó amigo, Astrid y yo volvimos a la ceremonia como si nada hubiera pasado; sin embargo, le pedimos a Gothi que omitiera la parte en donde teníamos que decir nuestros votos en público, después de todo ya lo habíamos hecho y en privado, y era lo único que necesitábamos.
Después cuando la ceremonia terminó, todo el pueblo acudió a donde se encontraba el festín, sin embargo; tanto Astrid como yo, no pudimos evitar alejarnos de nuevo de la multitud con un pensamiento en común, y no, no es eso que todo el mundo nos preguntó cuando volvimos; si no más bien fue como un sentimiento mutuo que nos invadió y eso fue que realmente nos hubiera gustado que tú, Stormfly y los demás dragones nos hubieran acompañado en este día tan especial.
Sin embargo, nos reconfortamos con la idea de que su partida fue para bien y que, por supuesto, nos volveremos a ver, por lo pronto me dedicaré a mi esposa y a mi pueblo, tal como tú lo debes estar haciendo con la furia luminosa y los demás dragones del mundo oculto.
Como siempre, espero te encuentres bien amigo, y espero poder escribirte pronto sobre esta nueva aventura que comenzaré.
Hasta la próxima carta.
Firma
Hiccup Haddock III
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Extra:
Con su firma puesta sobre la carta, Hiccup dobló con cuidado el papel tratando de hacer el menor ruido posible; sin embargo, al menor ruidito, Astrid, quien se encontraba a un lado de él en la cama, despertó somnolienta.
—Hola… ¿Aún despierto? —preguntó tallándose los ojos.
—Sí, lo siento. Le escribía a Toothless sobre este día. —confesó mostrándole los papeles.
Astrid sonrió, sabía desde mucho antes lo que Hiccup hacía, una actividad que se parecía a la de ella, cuando hablaba sola fingiendo que lo hacía con Stormfly.
—Pero ya terminé, ya apagaré la vela…
—Está bien, y Hiccup… —se mordió los labios.
—Sí, Astrid. —respondió este nervioso.
—¿Crees que ya podamos hacerlo?
El vikingo tragó saliva.
—¿Ya… ya te sientes segura?
—Déjame revisar.
El sonrojado Hiccup vio como su esposa se levantó de la cama, llevando como prenda una de sus camisas que había combinado con una de sus medias, y se dirigió hacia la ventana que había en la habitación y la cual estaba muy cerrada por su interior; pero la cual, al abrirla, en vez de mostrar a la hermosa oscuridad de la noche en nueva Berk, mostró a un montón de apilados vikingos que tenía su oreja bien puesta sobre la antes cerrada ventana.
Los gemelos, Snotlout y hasta Fishlegs se encontraban curioseando en la casa de Haddock- Hofferson.
—¡¿SIGUEN AQUÍ?! —gruñó Astrid furiosa y sonrojada.
—¡¿Y USTEDES SIGUEN SIN ACOSTARSE?! —reclamó Ruffnut indignada. —Ya háganlo de una buena vez.
—Sí, que aburridos. —concordó Snotlout insatisfecho.
—¡LAARGGOOOO!
Cabe decir que, como respuesta, recibieron una patada de la vikinga que los hizo caer hasta el primer piso de la casa.
Mientras tanto, Hiccup estaba boquiabierto y sonrojado, sus amigos no tenían límites y se habían empeñado a ser testigos de su primera vez, y tan aferrados estaban en la idea que Hiccup tomó la decisión de mudarse al piso más alto de su casa, pero todo parecía indicar que la altura no había sido impedimento para sus metiches amigos.
—Pues parece que tendremos que posponerlo. —cerró Astrid la ventana, asegurándose muy bien de que no se abriera.
Hiccup resopló.
—Así parece ser.
—¿Decepcionado? —rio Astrid.
—La verdad…—comentó con ironía. —¿Y tú?
Astrid no respondió, sólo se acercó a él con coquetería y se sentó a un lado de la cama, tomó su mano y la juntó a su pecho para que pudiera sentir cómo su corazón estaba acelerado, así como para que su esposo pudiera sentir, aunque fuera un poco de su cuerpo.
—Hiccup…
—¿Sí?, Astrid…—respondió nervioso.
—¿Y si nos escapamos? —susurró.
—¿A dónde? —susurró este de la misma manera.
—Al mundo oculto.
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Esto es todo por hoy, espero les haya gustado.
Nota: este capítulo está fuertemente inspirado en la canción de Tightrope del OST The greatest Showman
Agradecimientos a: Dargur, Nina y SAM ARCHER por sus reviews.
A los anónimos, favoritos y seguidores, muchas gracias, nos seguimos leyendo.
¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!
25 de diciembre de 2019
