«El dolor no es tan fuerte como la culpa, pero se lleva más de ti».


Chapter 3: Jiraiya.

El cuarto día consecutivo de lluvias, Jiraiya decidió entrar a la oficina de Tsunade y aclarar las dudas por sí mismo. Las paredes sobrias y el cúmulo de papeleo en el escritorio le dieron la bienvenida antes de siquiera notar que su rubia amiga dormitaba en el sofá a la diestra de la puerta. Círculos oscuros bajo sus ojos, el cabello torcido en sus coletas y el labial ya pálido en su boca.

Cerro la puerta tras sí con el mayor cuidado que pudo concebir para no interrumpir su sueño y con el sigilo que le caracterizaba se deslizó en la cómoda silla tras el papeleo.

Cuantas veces había estado en esa oficina ocupando cada uno de los posibles lugares de ella, desde el niño que limpio los piso por un castigo hasta rechazar la silla del más alto cargo una y otra vez. La mujer dormida murmuró algo ininteligible y Jiraiya arrugo la cara con dolor. De todas las veces que llego a rechazar el cargo nunca pensó que en una de ellas su mejor amiga seria quien terminaría en el codiciado asiento y más aún por 'culpa' suya. Habían pasado ya tantos años y él aún no terminaba dejarle vueltas al asunto, ni dejaba de sentir el delgado remordimiento cuando por temporadas la veía más y más deteriorada por la aldea.

¿Habría él estado en la misma situación con ella mirándolo justo ahora?

De haberse invertido los papeles las cosas hubiesen sido muy diferentes en todos los sentidos. Y realmente no se arrepentía de haberla puesto bajo el sombrero, pero verla acabándose por los mismos shinobis que tanto amaba era tortuoso para él, aun consiente que nadie podría ser más apta que ella.

Jiraiya era un alma libre, siempre lo supo, y como toda alma libre no podía ser amarrado por un compromiso; ser Hokage había sido desde el inicio de los tiempos, una relación estricta con la aldea, de dedicación absoluta. Y él no podía manejarse tras pilas de papeleos cada vez más atado en las burocracias de la nación.

Supongo que cada quien se mata a su manera.

Tsunade era fuerte, centrada a pesar de todo y la única persona que realmente podría amar tanto su hogar como para morir aplastada por enormes columnas de memos e informes. Eso, sin contar su inquebrantable temple le hacía la persona más calificada para el puesto. El sannin realmente no podría tomar la mitad de las decisiones de la mujer sin poner de por medio mucho de su ética y honor. Y esa era mayormente una de las razones por las que se encontraba hoy allí, viéndola dormir con una paz que estaba bastante seguro que despierta no poseia.

Todo había empezado hacia tan solo un par de semanas tras una de sus acostumbradas visitas a ciertos bares en la aldea para su continua investigación literaria. Mientras el legendario sanin brindaba con una amable señorita, no pudo evitar notar el enorme escándalo que armaban los jóvenes en el lugar. La niña Yamanaka cantaba a voces en un destartalado Karaoke y muchos de sus amigos aplaudían a su compás. Algunos ―no tan jovencitos― tenían una amena charla en el fondo de la barra, y otros disfrutaban de una pista de baile. Pero lo que más llamo la atención del hombre mayor fue la tímida jovencita agazapada en su asiento. Su corto cabello rosa apenas podía crear una cortina para su cara, mientras su figura se encogía protectoramente en el lugar. Vista fija en el vaso de agua entre su mano, cuerpo encorvado, abrazada a su ropa. Algo no se veía muy bien en ella.

Tomo un sorbo de su bebida.

Él no era el más adecuado para acercarse a ella y hablar, apenas y habían intercambiado un par de frases a lo largo del tiempo que llevaban conociéndose; mucho menos se sentía adecuado para simplemente acercarse a sus amigos y preguntar que sucedía; pero mientras más intentaba dejar de mirarla, más imposible se le hacía simplemente apartar la mirada. Vestuario ninja. Piernas con moretones. Cabello sucio. Ella acababa de regresar de una misión, eso era evidente, y sin embargo ahí estaba, sentada en el peor bar de Konoha bebiendo agua, charlando con nadie y mirando a la nada. No había que ser un genio para notar que algo le sucedía.

Entonces lo decidió. Aparto discretamente su bebida. Se desarrolló a su compañera del regazo y tras estirarse un poco emprendió marcha firme al rincón más alejado de la barra. Él no tenía un plan, y mucho menos un monólogo para hablarle, pero su experiencia con las féminas gritaba a voces algo que su cerebro quería sepultar. Debía hablarle.

―Jiraiya sama. Buenas noches

Su saludo cordial llego acompañado por una sonrisa bastante amplia.

La sintió tentarse en el asiento.

Mala señal. Se dijo a sí mismo.

―¿Cómo te ha ido, Sakura?

Sus manos se apretaron alrededor del vaso de cristal, se removió incomoda en el banco.

―Podría haberme ido mejor. Pero aquí estoy.

―Aquí estamos todos.

Lo pensó, debatió y finalmente decidió.

―¿Sucede algo?

Su sonrisa falsa se amplió: ― ¿A qué se refiere, Jiraiya sama?

Y aunque él no la conocía para nada, ahora estaba completamente seguro de que la niña sentada delante de él no podía ser Sakura Haruno.

Otro par de palabras vacías, un chiste sin pensar mucho, un par de tragos de su agua de lima y Jiraiya se encontró de vuelta en su mesa con la misma rubia de antes nuevamente en su regazo susurrando cosas en su oído. La pelirrosa de algún modo podía haberlo convencido de volver a su mesa, pero su mente ahora se encontraba a kilometros de distancia del pútrido bar e incluso más allá de la aldea. Y esa pudo haber sido la primera señal de la noche que lo llevo a pensar en sí mismo confrontando a Tsunade por esta pequeña situación. Mas sin embargo, la noche aún era bastante joven y luego de un par de horas, estaba bajo el manto de las sombras siguiendo a la kunoichi por las desiertas calles empedradas, lo menos que podía hacer era acompañarla a su casa.

Tres noches después, en el mismo bar, un escenario casi repetitivo si se solía frecuentar el lugar, con el mismo karaoke casi desbaratado y los mismos shinobis perdidos en sus asuntos, y la misma mala iluminación de la entrada; nadie noto el par de civiles jugando ebrios en la puerta, tomando de la mano a la pelirosa con un piropo inocente, y la reacción descontrolada de la chica acompañada de lo que era una verdadera expresión de pánico. Cuando Jiraiya ahuyento a los deprimentes hombres y aun así no pudo dar un paso para levantar del suelo a la kunoichi, sello su última sospecha. Algo realmente malo le había pasado como para que la segunda mujer más fuerte del mundo fuera reducida a una expresión de pánico en posición fetal solo por un par de borrachos y un coqueteo descarado.

De vuelta al presente se reprendió a si mismo por el tiempo que le había tomado llegar hasta la oficina para entablar la tan ansiada conversación con Tsunade, pero por mucho que lamentaba el tiempo perdido, necesitaba estar en completa seguridad de lo que ocurría para poder presentar su queja con pertinencia ante el Hokage. Una parte de él deseaba pensar que él no era el único que había presenciado la triste escena de aquella noche en el bar y el episodio siguiente un par de noches después. Esperaba más quejas, esperaba a Tsunade poniendo todo su poder en el asunto, esperaba apoyo. Pero la triste realidad era ―en la mayoría de los casos― que este tipo de situaciones pasaba bajo la mesa.

A nadie le importa hasta que algo realmente dramático pasa.

Tsunade, tal vez incomoda por su presencia o por los malos cojines del sofá, pareció volver a la realidad lentamente mientras parecía desprenderse de lo que podría haber sido un buen sueño. Bostezo pesadamente y se frotó los ojos con torpeza.

―Le dije a Shizune que no quería a nadie acá.

Aún tenía la voz bastante ronca por la siesta y Jiraiya no pudo evitar contener una risilla.

―Te recuerdo que soy el informante más importante de esta aldea.

Un chasquido de la lengua un gesto de desdén con la mano detuvieron su monólogo y la mujer del sofá decidió levantarse y estirarse un poco.

―Si lo eres. Pero si fuese tan importante el asunto no te hubieses quedado como un idiota a verme dormir.

―Estaba documentando para mi nueva novela, añadiré un par de escenas calientes en una oficina.

Un sonrojo cruzo su cara y lo siguiente que supo fue que se encontraba frotando el punto que ella había golpeado en su cabeza. Y tan pronto como se levantó y ella tomo su asiento tras la enorme pila de documentos en el escritorio, él no lo pensó mucho para soltar:―Algo malo pasa con tus shinobis.

―Siempre hay algo malo con mis Sinobis. Es lo que los caracteriza.

Jiraiya sintió como si estuviese a punto de inmiscuirse en asuntos clasificados que realmente no necesitaba conocer y ella no estaba dispuesta a contarle. Decidió continuar.

―Quiero hablar de Sakura―directo y sin rodeos.

Detuvo la mano en el pergamino que acababa de tomar y, por primera vez desde que había despertado le dirigió la sagaz mirada que más de una vez había hecho temblar las piernas del hombre en cuestión. Cualquier rastro de sueño que aun quedara en la clara de la mujer había desapareció en un haz y su cara normalmente tersa e imperturbable volvía a exhibir una preocupación que iba más allá de la que tenía por su aldea. Jiraiya supo que estaba pisando terreno inestable.

―¿Si? ¿Y qué hay con ella?

―No necesitas estar a la defensiva―se inclinó un poco en la silla frente a ella―Creo que conozco lo suficiente la conducta femenina como para saber cuándo y por qué una señorita no se encuentra bien.

Él podía jurar que la había escuchado tragar con fuerza y que a pesar del frío que hacía tras días de lluvia consecutiva, la frente de la rubia empezaba a cubrir de una capa de sudor perlado.

―Sakura está bien, no es el único shinobi traumado que tiene esta aldea. Y si ella no puede ir a una terapia y tratar de volver a tener una vida nor-

―¡Detén esta charada!― su mano estrellándose contra la madera y los papeles revoloteando la encogieron aún más si era posible en la silla que ahora si parecía quedarle grande.

Jiraiya se contuvo. Sabia de primera mano que los brotes de ira de ese tipo solo empeoraban las cosas. Y tras un par de minutos en silencio con la lluvia de fondo donde solo podía mirarse fijamente con la mujer de sus sueños, todo se volvió muy claro ante él.

―Jiraiya, hice algo malo.


¡Epa! ¿Todo bien por aquí?

Sé que es un descaro de mi parte traer esto luego de casi cinco años y no tengo excusa válida acá. Solo espero que realmente disfruten estos capítulos siguientes y que de algún modo sirva para disculparme por este hiatus no anunciado.

Si leíste esto antes, discúlpame realmente por el abandono. Cosas que pasan... Y estoy complacida de que sigas acá dándome una oportunidad nuevamente.

Si eres un nuevo lector que apenas sabe de mi por esta actualización, espero sea de tu agrado, espero este fanfic cumpla tus expectativas.

De cualquier modo, ¡Gracias por leer!