«En caso de que llueva,
¿te quedarás a mi lado?»
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Titanio: Genma.
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Genma supo que el asunto estaba bajo los estándares oficiales cuando Yamato apareció en su ventana en medio de la noche y le arrastro sin decir una palabra hasta una de las salidas de la aldea. El usuario del mokuton le dio un leve asentimiento a Izumo y Kotetsu y estos, casi como si no le hubieran visto, hicieron caso omiso a su presencia.
El del senbon miró el pergamino que su amigo le tendía. Era negro y sin detalles, con el sello intacto, uno que él reconocía fácilmente.
—Vístete—le dijo—Nos están esperando para levantar la barrera.
Genma desenrolló el pergamino y ni bien apareció el uniforme anbu, empezó a investirse en él sin pregunta alguna. Luego ambos se desplazaron en lo alto de las ramas medio kilómetro abajo, hasta un punto en la vegetación, donde dos figuras le esperaban pacientemente.
La cosa con las barreras de protección que tenía la aldea, es que solo podían ser cruzadas de manera legal y oficial, con el previo conocimiento de la Hokague. Shiranui Genma llevaba mucho tiempo bajo el servicio de su aldea, pero aún no llegaba a comprender como funcionaba del todo. Después de todo, ella siempre sabría quien cruzaba y quien no. Por supuesto a esto habría unas cuantas excepciones, entre ellas la autoridad que se le concedía a los capitanes anbu, quienes cruzaban de allá para acá sin registrar visitas en el libro de los guardianes, abriendo un espacio en medio de la barrera donde cruzaban cómodamente del modo mas sigiloso posible.
No se sorprendió cuando Kakashi hizo una serie de sellos demasiado rápido para que su ojo pudiera seguirlos, y la barrera se abrió lo suficiente como para dejar el paso libre a los cuatro presentes.
El castaño se reajusto la máscara y cruzo diligentemente con ellos, por fin fuera del territorio de la aldea, la barrera cerrándose a sus espaldas.
—¿A dónde vamos? —se atrevió a preguntar luego de un rato siguiendo la formación estándar mientras se trasladaban en la copa de los árboles. Gai a su lado, le miro y se encogió de hombros igual de confundido.
Kakashi acelero su paso y solo Yamato se giro a verlo y dijo: —A tierra de nadie.
Genma asintió y acelero el paso junto a ellos. Confiaba lo suficiente para no hacer preguntas tontas, mucho menos meter la nariz donde no le llamaban. A diferencia de él mismo, Kakashi no actuaba sino tenía una buena razón y eso incluía un plan excesivamente detallado, para eso tenia a Yamato después de todo.
—La finca de la semana pasada— dijo luego de un rato.
—¿Qué hay con eso? —Gai intento aproximarse a su lado, y Yamato le cedió el espacio.
Genma solo quería mirar de lejos.
—Llegamos, conseguimos la información y procedemos—respondió el peligris—salimos de allí tal cual entramos y nos veremos en un punto definido en el bosque. ¿Entendido?
Se levanto un Si general entre los presentes, pero el del senbon seguía con las mismas dudas. No lograba unir los cabos para entender que hacían en tierra de nadie, donde solo quedaba miseria y cadáveres, mucho menos comprendía con qué se suponía que debían proceder. Kakashi no lucia lo suficiente de humor para seguir preguntando, si bien no tenia un aura asesina flotando a su alrededor —como solía pasar cada vez que se ponía ese tétrico uniforme— estaba mas excesivamente callado de lo que lo estaba en una misión normal.
La última que habían realizado juntos fue hace poco más de una semana y precisamente el mismo lugar, un trabajo casi diplomático si se lo preguntaban, pero dudaba que ir investidos bajo calidad de asesinos anónimos tendría un rol diplomático que desarrollar. Solo rogaba a los dioses no tener que intentar matarse junto a los shinobis de Ame.
Tal como lo imaginaba, las calles estaban desiertas, con el aire lleno del olor a miseria y pobreza, y el camino que daba a lo alto de la finca empezaba a cubirse con maleza y lo que el sospechaba que era sangre.
—Ustedes dos se quedan acá afuera. Nosotros entraremos—ordenó Kajakshi.
Genma y Gai se adelantaron a ellos para flaquear la zona y permitir que su capitán y su segundo entraran a la instalación. Pero ni bien se aproximaron un par de metros en la valla de entrada, un olor putrefacto llego a varios.
—¡Joder! —salió como una maldición de la boca de Gai.
Kakashi les hizo una señal para detenerse a ambos.
—¿Cadáveres? —preguntó él. Yamato asintió.
—Esta era una zona desalojada, ¿Qué paso aquí? —preguntó Gai.
Kakashi se adelantó a ambos dejándolos de pie en la entrada.
El pórtico de madera, crujió bajos sus pasos, y si Genma no conociera a su amigo, habría dicho que vacilo un poco antes de aventurarse a abrir la puerta corrediza.
El olor a carne descompuesta golpeo con fuerza nuevamente, ahora acompañado de un grito fúrico hacia ellos. Kakashi, que estaba inmóvil ante la escena que tenía delante, ni se inmuto cuanto un infante emergió de la oscuridad y se abalanzo a él, kunai en mano. Los senbons volaron tan rápido como si fuesen una extensión de su propio cuerpo y el pequeño —que era bien pequeño— termino clavado contra la pared lateral junto a la puerta.
—¡Suéltenme, malditos! —gruño con su voz desgarrándose por el esfuerzo. Gai tuvo la decencia de cubrirle la boca.
—¿Un niño? ¿Aquí? —preguntó el del senbon incrédulo a pesar de que la criatura en cuestión seguía clavada en la pared y Maito Gai le cubría la boca para acallar sus insultos.
Su capitán no apartaba la mirada de escena que tenía delante de sí. Genma sintió que con el vistazo de reojo que le dio, era suficiente para él. Lo tenía bastante definido en la mente ahora. Un grupo de cadáveres en descomposición regados por toda la pequeña estancia. Las esteras que alguna vez —la semana pasada— habían estado colocadas en la pared, bien limpias y ordenadas, ahora eran reemplazadas por diseños abstractos de la sangre rodando y salpicando las paredes; la madera pulida se pudría un el líquido espeso y las moscas, ajenas al horario, hacían fila india en el marco de la puerta, esperando por la carne a medio descomponer.
—Mierda—soltó Yamato tan bajito que Shiranui pensó que talvez había sido el único en escucharlo. Pero entonces Kakashi dio un paso dentro, evitando pisar el líquido vital, y todo se descontrolo.
El niño empezó a zarandarse como un energúmeno, mordiendo la mano de Gai, soltando una sarta de maldiciones y gritos hacia el peligris, solo acallados cuando Yamato le golpeo la nuca para noquearlo.
Gai, se sacudió la mano, adolorido.
—¿Qué le paso a este lugar? —preguntó, retirando del guante para ver el daño que causó el infante.
—Hubo un ajuste de cuentas—llegó a decir Kakashi desde dentro de la habitación.
Genma decidió darle la espalda y mirar al frente en el espesor de la noche. El portón del cerco había quedado abierto y ahora se balancea al compas del viento. Ni un alma se asomaba a la vista, y él tenía el presentimiento que esta finca bien iluminada como una luciérnaga en medio de la noche, era un lugar que los pocos pobladores que quedan, no pisarían ni obligados.
—Una matanza, querrás decir—corrigió Gai.
—Baja al niño de la pared—ordenó Yamato.
Genma miro en el piso la luz y las sombras moverse tras él. No voltearia.
—¿Qué rayos haces? ¿Vas a vigilar toda la noche?
Hizo oídos sordos. Kakashi no podía obligarlo a mover cadáveres, y a pesar de que su tono sonaba severo —y sabía que se refería a él— estaba convencido de que no necesitaba admitir asco ante lo que tenía detrás, su capitán lo entendería.
Joder, pensó, me estoy ablandando. Mujeres, niños y ancianos, nunca aprendió a tolerar sus muertes y no lo haría a estas alturas.
—¿Qué hace un niño aquí, de todos modos? —preguntó.
El niño estaba en el suelo a su lado, hecho un ovillo, dormía como si no lo hubiera hecho en días.
—Hijo de alguna de ellas, tal vez—dijo Yamato.
—¿Días junto al cadáver de su madre? Alguien le jodió mucho la vida a este niño.
Kakashi solo hizo un ruido como una especie de gruñido. El no sabría decir si eso había sido un sí o un no.
—Son las concubinas de la semana pasada —murmuró Gai.
A Genma se le retorció el estómago. Lo sospechaba.
—Faltan algunas— señalo Kakashi— Son solo tres mujeres, cadáveres frescos. Dos ancianos, imagino que eran los jardineros, están bastantes descompuestos. Debieron haberlos matado mucho antes.
—¿Y qué hacemos? —se atrevió a preguntar él. Realmente quería decir: Que harán ustedes.
Kakashi se acercó a él por la derecha. Genma sintió un escalofrío cuando la mano cálida del peliplata se poso con fuerza en su hombro, luego de eso, retiro la mascara hacia un lado. Tenía los ojos fríos y apáticos como siempre, quien lo viera diría que nada había cambiado en él, pero el del senbon estaba seguro que esa mano en su hombro no era para reconfortarlo, era para apoyarse. Muy en lo profundo, en sus ojos ónix, estaba esa chispa que muy pocas veces había visto en él. Tal vez cuando Rin murió, o cuando tuvo que mirar a Kurenai luego de lo de Asuma, o incluso cuando tuvo que despedirse de Obito en la guerra.
Yamato lo llamaba la humanización de Kakashi, Gai solo afirmaba que era su corazón mostrándose como siempre había sido. Genma no sabía que era, y la verdad es que no quería saberlo. Aceptar que se podía ser despiadado y llorón, era parte de su día a día, pero saber que hasta Kakashi podía hartarse de estas cosas, era probar que el mundo de verdad era un lugar muy malo.
—Empaquen los cuerpos en los pergaminos de transporte—dijo Kakashi mirando el mismo punto fijo en la cerca—. Les daremos una sepultura adecuada, lejos de aquí.
Retiró la mano del hombro de Genma y tomo una bocanada de aire larga y profunda.
—Hay una peliroja. Pongan su cuerpo aparte, lo llevaremos a otro lado.
—Si capitán—afirmo Yamato sin dudar, seguido de Gai.
Al de los senbons le tomo un poco mas responder afirmativo, y luego, muy bajito solo para su capitán, dijo:
—Nunca vinimos por información, ¿verdad?
—Vinimos a recuperar un cadáver—y la máscara volvió a su lugar.
En un punto del trayecto, Gai y Yamato se separaron para encargarse del niño y los cadáveres, entonces luego de viajar ininterrumpidamente por un largo rato, Genma —que no sabía por qué el peliplata decidió mantenerlo a su lado— tuvo que detener el paso abruptamente mientras estaba en lo alto de un árbol. Su capitán se detuvo casi por inercia, metros delante a varios árboles de distancia, extrañamente fresco.
Desplazarse entre las ramas por horas seguidas a altas velocidades no parecía haberle afectado de ninguna manera, y Genma se debatía si reclamarle la sobre-explotación de trabajo que sentía ahora o si preguntarle si realmente estaba bien.
Se llevo una mano al pecho para sentir su propio corazón y luego miro a lo alto del cielo. Entre lo poco que se podía ver por el follaje, el cielo empezaba a aclararse, como aquella hora antes de que amaneciera.
—Lo siento, capitán—afirmo—estoy algo fuera de forma.
Kakashi se movió para estar más cerca.
—Igual estamos muy cerca, deberíamos parar un momento.
Genma asintió no muy convencido. Se pregunto qué tan cerca estarían sus amigos de la aldea.
—¿Vamos a entregarla? —preguntó la obviedad mas grande posible. Kakashi tenía aun guardado el pergamino que transportaba el cadáver del que específicamente hablo.
—Si—dijo con la voz plana, sofocada tras la porcelana en su cara.
Desde la cabaña —y el momento de vacilación— el humor de Kakashi había cambiado tan drásticamente que incluso Yamato se había alegrado de alejarse de su preciado capitán. Genma estaba tan cansado que alejarse corriendo devuelta a la aldea le parecía una tortura.
—Lo siento—dijo Kakashi, su mano se fue hasta uno de los bolsillos de armas, donde portaba el pergamino mortuorio—. Se que no te gustan estas cosas.
—Soy un shinobi, estoy acostumbrado a la muerte.
El Hatake salto a tierra firme y le miro de vuelta esperando que su amigo le siguiera. Genma llego a su lado.
—Lo sé, pero luego de aquello, se que te cuesta mucho ver estas escenas.
Shiranui Genma torció la boca tras la máscara.
—Esta bien, digo, han pasado muchos años. Anko está bien, entonces yo estoy bien.
Ambos sabían a que se referían sin siquiera mencionarlo. A lo largo de los años, el suceso en cuestión quedo nombrado como aquello, y nadie hablaría de ello en presencia de los afectados.
—¿Quién era ella?
Kakashi miro el pergamino en su mano.
—No lo se —respondió—. No sé qué hago aquí… Solo sé que debo llevarla, Genma.
Volvió a guardar el artefacto.
—¿Viste su cuerpo? — le preguntó.
Claro que el castaño lo había visto, su visión periférica era lo bastante buena para distinguir su silueta en la escena de la finca. La cabeza girada en una posición antinatural, la sangre escurriendo desde su garganta, y la mandíbula desprendida con los huesos sobresalientes. Sus ropajes —que alguna vez fueron finos— manchados de sangre en tantos lugares, en su entrepierna hasta donde el charco de sangre se hacia tan profundo que tal vezfue eso lo que realmente le mató.
—Ellos la torturaron y la violaron. Luego la asesinaron. Nosotros liberamos a todas esas mujeres para que al final las asesinaran. ¿Tiene sentido eso?
No tenía, claro que no tenía.
—Entonces la llevaras con su familia ¿No es eso peor? ¿Qué la vean así...?
—No lo sé. Vamos.
Le siguió en silencio, ahora más que antes. Y ahora sin ganas de quejarse. No podría luego de sentir el dolor oculto tras la voz plana de su capitán, mucho menos cuando llegaron al lugar y Kakashi tardo cinco, o tal vez diez minutos en poder acercarse a la casa humilde a las afueras del único poblado. Tres o cuatro minutos en decidirse a tocar la puerta. Genma dejo de contar cuando lo vio tomar la mano de la anciana y sin alguna palabra depositar el pergamino con el cadáver.
Tuvo que girar la cara a otro lado y dejar de mirarlos. Se concentraría en resguardar la seguridad de su capitán ahora que el sol estaba alzándose en el cielo. Ya luego había tiempo de preguntar o de comentar. Esperaría que el buen acto terminara.
De regreso a la aldea y al otro lado de la barrera, Kakashi por fin hablo:
—¿Estuviste bien?
El del senbon tardo un poco en comprender a qué se refería. Kakashi algunas veces tenía la muy mala costumbre de hablar sin contextos, como si todos fueran plenamente conscientes de las situaciones a las que se refería. Y no todos pensaban del mismo modo que él. Pero extrañamente —tal vez era porque eso no dejaba de dar vueltas en su cabeza— Genma llego a la conclusión y pudo retomar su pregunta.
—Al principio no—dijo—estaba muy sorprendido para asimilarlo. Estaba asustado, tan asustado que no podía ver que Anko estaba peor.
Tan asustado que habia dejado anbu, tan asustado que se había apartado, tan aterrado que su miedo se transformo en ira y odio.
—Si Minato-sama no hubiese estado ahí, probablemente no sé qué habría hecho. Habría dejado la aldea, me hubiese vuelto un renegado tal vez, no lo sé.
La historia de aquella fatídica misión circulaba entre los shinobis de esa generación como una simple leyenda urbana. Aquellas que todos sabían que tenían un tinte de verdad y a la misma vez de mito, y que ninguno de los involucrados se atrevería a confirmar nunca. Los archivos habían sido destruidos a petición del Yondaime, los registros nunca aparecieron, y la víctima nunca hablo.
—Comprendo—dijo Kakashi. El sol empezaba a reputar tan alto que podía verlo brillar en su cabello—¿Cómo defiendes al sistema que causo el daño? Como sucedió con ella, ellos la mataron, pero nosotros la condenamos.
Genma sacó el pergamino donde guardaba su uniforme estándar, prefirió no responder eso. Muy en el fondo, quizás de un modo culpable y retorcido, Kakashi tenía razón.
—Las víctimas de abusos sexuales no suelen buscar culpables en el sistema—dijo el castaño mirando para otro lado mientras Kakashi sellaba el uniforme en su bolsa—. Tienden a culparse a si mismas, aunque nosotros sepamos que no tienen nada que ver. Anko sabia que fue una misión que salió mal, que su comandante de escuadra la dejo abandonada allí, que el objetivo fue quien la violó, y que ella no hizo nada malo… Y aun así pensó que era su culpa.
Y la mía.
Kakashi no respondió, en cambio, empezó a caminar al camino principal hacia la aldea.
—Misiones como estas, remueven un poco el pasado ¿Estas bien? —volvió a preguntar
¿Cuántas veces se lo había preguntado ya?
—Si de verdad te preocupabas por mí, no debiste traerme a esta misión, Kakashi. No debiste llevarme a ese pueblo.
Kakashi no era alguien que expresara sus sentimientos con facilidad. Como todos, tenia momentos donde flaquear era inevitable, y tal vez entre esas grietas dejara ver un poco de su humanización, pero Genma sospechaba que toda la misión iba más allá de eso. Iba más allá de Kakashi siendo empático, más allá de un gesto de humanidad hacia una humilde anciana o la culpa de solo ser un burócrata.
Y tenerlo a él acompañándole en cada paso, era mas que el apoyo táctico que llevaba cada misión. Era recopilar información, tantear el terreno poco a poco, como quien sumerge un poco el dedo en el agua para luego lanzarse en el lago.
—Le tomo un tiempo, pero al fin lo entendió y volvió a algo parecido a la normalidad. Una nuevo Anko, quiero decir. Es una Konoichi, no es la primera y por desgracia no es la última.
Pensó que su amigo no le había escuchado pues continuaba caminando algunos pasos delante de él.
Ya a plena mañana, las puertas de la aldea empezaban a ser visibles.
—¿Qué hiciste para ayudarla en ese entonces?
El castaño se detuvo un momento, tantos años sin rememorar su papel en aquello, entonces recordó las palabras de Yondaime-sama: Solo está asustada, no puedes abandonarle ahora.
—Supongo que me quedé. Aunque ella quería que me fuera, yo me quede a su lado.
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