«— Me han traicionado y herido. Luego, cuando encuentro consuelo en algo, me recompongo. Pero finalmente vuelvo a hundirme en la desesperación. A pesar de eso, todavía trato de encontrar esperanza. Todo el mundo vive así. Estoy seguro de que todos sentimos lo mismo. »
Cuando decidió que ya la había hecho esperar demasiado, Kakashi arribo a la torre Hokage donde Raidou esperaba fuera de la oficina de Tsunade. Él le recibió como siempre, pero Kakashi se sorprendió cuando puso en sus manos un folio blanco con la letra desastrosa de Ibiki que decía: DIBUJATE.
El estúpido examen del dibujo que Kakashi tuvo que hacer días antes.
Y cuando lanzó el anzuelo, esperando que Raidou y su amistad hacia él hicieran efecto, este respondió que no era su problema.
Kakashi miró el reloj, la oficina extrañamente calmada, probablemente porque Tsunade no estaba de humor desde aquella escena hace días con el consejo, pero el aire estaba tenso y Kakashi sentía que todos sabían que era su culpa.
Y lo era.
La prueba de ello eran las repetitivas pruebas psicológicas que Ibiki había insistido en hacer a sus camaradas, y como siempre el equipo Lobo demostrando lo poco cuerdos que estaban solo era agregarle más leña al humor de la Hokage.
Sonrió ante ese pensamiento. La verdad es que le importaba un pepino quienes se enojaran o no. Kakashi estaba enojado y a nadie le importaba, a él tampoco le importaría entonces lo sensibles u ofendidos que estarían en la administración de Konoha.
Cálmate.
Trató de hacer el dibujo más acercado al que había hecho antes, aunque no recordara muy bien nada de lo que había hecho o respondido al interrogatorio siguiente al dibujo.
A la espera de Tsunade también había otra mujer. Él nunca la había visto, por lo que sus sentidos le decían que era una simple civil, y no era extraño que los civiles visitaran a la Hokage, pero eran contados aquellos que parecían haber sido citados personalmente.
Ella se quejaba con Raidou, aparentemente tenía un rato esperando ahí.
—Vamos, Raidou, solo confirma su reunión, no te cuesta nada—se sintió un poco mal por ella.
Pero entonces Ino salió de la oficina de Tsunade y luego fue el turno de Kakashi. Los pensamientos acerca de aquella mujer y su espera quedaron atrás una vez que Tsunade sostuvo en sus manos el informe.
Mierda.
—Parece que todo está bien acá, Kakashi—dijo poco convencida—Me pregunto cómo convenciste a Ino para mentir por ti.
Kakashi se guardó su sorpresa para después.
—Aún tengo mis encantos.
Ella asintió con la vista pegada en el papeleo.
—Te preguntarás como lo sé. Es que te conozco, te envié a esa misión completamente consciente de lo que harías.
—Tu no me conoces, Tsunade sama—se arrepintió de sus palabras al momento en que abrió la boca.
Ella bajó el informe y suspiró pesadamente. A su izquierda tenía ambos dibujos y el peliplata tuvo el presentimiento de que tal vez ninguno de esos dibujos debería estar en su mano.
—Claro que lo hago. Yo controlé el embarazo de tu madre, la ayude a traerte a este mundo, cuide de ti cuando tu padre murió y te he visto convertirte en adolescente, ninja y maestro. Yo te conozco. Y sé que me odias.
Kakashi tragó el nudo de su garganta, no es que no estuviese siendo obvio, pero tenía que admitir que secretamente esperaba que Tsunade no fuera consciente del desprecio creciendo en su pecho. Como si de pronto Kakashi se sintiera avergonzado de ser descubierto, se levantó de la silla solo para no sentirse tan abajo frente a ella cuando Tsunade evidentemente esperaba una respuesta.
Kakashi escogió sus palabras con cuidado, moderando el tono y la fuerza con la que las decía, no le convenia empezar una pelea justo en ese momento.
—Yo… confié en ti. La dejé contigo porque sabía que harías un mejor trabajo que yo. Tu podías convertirla en la mejor kunoichi de su época y yo sabía que ibas a cuidarla. Y mira lo que has hecho…
—¿Cómo te enteraste?
Era una respuesta que no iba a darle. Nadie más merecía ser involucrado en ese asunto.
Tsunade lo miró, con la mirada fría que solía darle cuando le enviaba a asesinar. Y solo por instantes al Hatake le pareció que tal vez había algo más tras eso. Pero él no quería pensar en el sentido de culpa de Tsunade, ni de nadie más. Su cabeza aun después de un par de días, estaba vapuleada, con poco espacio para algo que no fuesen sus propios problemas y encontraba difícil conectar empatía con quien sea que no fuesen sus allegados.
—Hablando de otros asuntos… Estas esforzándote por arruinar tu candidatura a Hokage ¿Qué me dices de eso?
—Tengo otras prioridades hoy en día.
—¿Algo más que la lealtad a tu aldea?
La lealtad a Sakura valía lo que valían mil aldeas. Él era un mal ninja por eso.
—Debo castigarte por lo de la otra vez con la canciller, pero no quiero meterte en una celda por la seguridad de todos los carceleros de Konoha, así que Ibiki te espera con una lista de misiones D para toda la semana.
—Si, Tsunade sama.
—Habla con él—dijo y levantó sus dibujos en la mano—. Aparentemente está preocupado por esto, pero se ha negado a darme una explicación. Asumo que no es algo bueno.
De pronto Kakashi tenía la boca seca ¿Qué más podía decir? La temida confrontación con Tsunade había sido lo más calmada posible y eso le alteraba más ¿acaso Sakura no valía un escándalo? Pero no sabía por qué ya no tenía palabras para ella. Tenía el cerebro parcialmente en blanco.
—Antes que te vayas—continuó— quiero que escuchemos la opinión de alguien.
-o-
Luego del incomodo y revelador encuentro con la invitada de Tsunade, Kakashi fue al edificio de interrogación a encontrarse con Ibiki.
Cuando llegó, Genma y Yamato ya estaban ahí, sentados en la mesa redonda de reuniones con Ibiki y Jiraiya. Kakashi entró en silencio y tomó asiento al lado de Genma.
Hablaban de la misión y de la última reunión que había tenido Inochi con inteligencia. El peliplata realmente no quería escucharla, no quería saber nada que pudiese crispar sus nervios y mucho menos nada que involucrara mujeres víctima de una sociedad corrupta, ya tenía mucho de eso. Pero como siempre, le resultó difícil mantener la nariz alejada de eso.
—Ya tenemos una ubicación parcial—dijo Jiraiya—. Solo bastaría preparar un equipo de asalto.
—¿Están seguros que son ellos? —pregunto Genma jugando con su vaso de café.
—Si, los responsables de la masacre en Tierra de Nadie.
—¿Nos asignaran? —inquirió Tenzou.
Ibiki y Jiraiya compartieron una mirada extraña entre ellos. Kakashi supo que eso era un No rotundo y estaba seguro que la culpa seria suya también. En cambio, Jiraiya se aclaró la garganta y trato de sonar lo más político y amistoso posible: — Hay que preparar un poco más las cosas. Es territorio de Suna así que probablemente se haga una entrada oficial al país. Shikaku y su hijo están arreglando eso ahora con el Kazekage.
—Solo queríamos que estén al tanto—continuo Ibiki.
—Conscientes de que probablemente no vayamos. Ya estoy enterado de mi castigo—interrumpió Kakashi.
—Mira, Hatake, tú eres un bastardo con más reputación que suerte y deberías estar encarcelado por un par de días por lo de la canciller, pero resulta que te asignaron esto —lanzó un pergamino—. Así que no te atrevas a decir que no mereces tus castigos.
—Nah, Ibiki, no iba a decir que no lo merezco. También debieron quitarme la suscripción al club de la tercera edad de los consejeros, estoy consciente de ello.
Genma contuvo una risa.
—Eres imposible, Hatake. Solo cumple tus misiones y prepárate para ir a Suna en un par de semanas.
Pero, aunque lució relajado y despreocupado, Kakashi no pudo ocultar el resto de la reunión, que su cerebro no podía ponerse en modo de asalto por un rato. No podía pensar en su próxima jugada cuando de verdad tuviesen que enfrentarse a los de la masacre en Tierra de Nadie. Realmente no había pensado en ello desde que entregó el cadáver de la peliroja a su madre, pero en la escena hubo más personas. Campesinos, ancianas, un niño durmiendo con el cadáver de su madre.
El recuerdo de la cabeza peliroja descolocada había estado viniendo en sueños desde que Ino le tocó el cerebro y con él también venían horribles escenas que siempre terminaban en Sakura.
Se le secó la boca. No quería pensar en eso.
—¿Tu qué opinas, Kakashi?
Jiraiya estaba de pie junto a su asiento, sosteniendo en manos uno de los pergaminos oficiales del País del Fuego, y le miraba como si esperara una respuesta inmediata.
Kakashi no había escuchado ni una palabra.
—Yo creo que no se pueden quedar solos—interrumpió Tenzou—. Los ánimos en Tierra de Nadie están muy tensos. Si retiramos la vigilancia, cuando queramos volver tendremos un conflicto civil.
—La gente desconfía, nadie quiere una masacre de nuevo—Genma interrumpió—, pero tampoco deberíamos militarizarlo.
El sanin permaneció en silencio, Y Kakashi se apresuró por tratar de recobrar el hilo de la conversación. No se sentía apto para opinar, no porque no consiguiera mantener un argumento de Tierra de Nadie, sino porque cada vez que quería ponerse en ello, volvía al momento en que liberaron a los civiles y los condenaron a caza y muerte de parte del sindicato.
—Ellos no saben de quien es el lado bueno. La vida en su territorio era tranquila incluso cuando estaba el sindicato. Nosotros metemos las narices y provocamos una masacre ¿Quiénes parecen los malos ahora? —Logró decir, intentando no sonar fuera de lugar.
La conversación siguió sin él.
Luego, al salir de la reunión, el peliplata se detuvo un momento frente a la oficina de Inochi, pero rápidamente dejo ir la idea. Él no era capaz de pedirle que le echara un vistazo a su cabeza y dejar salir que Ino le había sofrito el cerebro. Ella mintió por él en el informe y probablemente era lo menos que podía hacer luego de hurgar más de la cuenta, pero igual, lno no estaba obligada. Kakashi no podía decirle a su padre lo que sea que hubiese salido mal en aquel jutsu.
Opto por salir de allí y dirigirse a la florería donde sabía que la encontraría.
Y a Sakura también.
Antes de entrar, observo las vitrinas de cristal por un momento. Sakura no estaba por ningún lugar y eso le alegraba, pero Ino coqueteaba con algún cliente en el mostrador. Kakashi esperó paciente hasta que el hombre salió y entró cauteloso como si buscase algo.
—Argh, que mal día voy a tener—se quejó—¿Puedo ayudarte, Kakashi-sensei?
Él tomó un pequeño ramillete de flores de cerezo y algunas otras silvestres y lo llevó tranquilamente hasta el mostrador.
—Estoy buscando un pequeño arreglo—señaló—. Algo simple, es para un amigo.
Ella miró las flores y luego por encima de él.
—¿Cuál es la ocasión?
—Le frieron el cerebro.
Su boca se volvió una fina línea inexpresiva, pero sus ojos repentinamente se endurecieron como agua helada. Digna hija de su padre, Ino se parecía a Inochi más de lo que probablemente se imaginaba, y Kakashi lamentó asociar a una chica tan linda con su viejo amigo.
—No te freí el cerebro. Lo fracturé—dijo orgullosa.
—No me interesa la semántica. Arréglalo.
La campana de la puerta sonó y una mujer embarazada entro de la mano con un niño. Ino desvió la vista y su mirada cambio rápidamente. No le anunció nada al peliplata y se movió hasta la mujer para ayudarla con cuidado a elegir un arreglo. Tardaron un par de minutos, tal vez pensó que Kakashi se iría, pero cuando volvió se transformó nuevamente en aquella perra sin corazón que hurgo en su cerebro.
Ella tomó el arreglo que él había puesto en la mesa y se lo llevó a la nariz. Luego se acercó más cómplice a él:
—No voy a mentirte, de verdad pensé que te fracturé la mente. Pero luego fuiste ese día a ver a Sakura por la ventana y estabas bien.
—No estaba bien. No he podido ver a Sakura desde aquel día. Tuve alucinaciones, migrañas, mareos, vómitos-
—¿Y ya no?
—No, ya no, pero ahora estoy-
—Entonces no está fracturada—dijo recuperando su postura.
Kakashi soltó un suspiro cansado y miró a los lados. La tienda sola y en silencio.
—No puedo concentrarme, me está costando pensar, me quedo en blanco, mis emociones están incontrolables. Algo debió salir mal.
—Escucha, Kakashi-sensei. En parte fue mi culpa, no debí ir más allá de la misión, pero tu cerebro ya era un caos. Claro que algo salió mal, pero tú ya estabas mal desde antes de que me metiera en tu mente. No tengo la culpa de tu inestabilidad mental o tus alter egos.
—¿De qué hablas?
Ella se cruzó de brazos y alzo la nariz muy altanera.
—Yo vi tu mente ¿recuerdas? Todo es un desastre ahí, ni mi jutsu ni yo somos responsables de que tu cerebro no funcione como debería. Tus emociones están aquí y allá, tienes recuerdos ambiguos de todo, superpones experiencias encima de pensamientos y cosas que imaginas. Las experiencias de tu alter ego mezcladas con las emociones de tu yo real.
—No tenías que ver a mi alter ego.
—¿Esperabas que me quedara tranquila viendo a un asesino profesional sentir compasión por mi mejor amiga? ¿En serio?
—Yo nunca le haría daño a Sakura.
—A estas alturas no estoy tan segura de eso.
Kakashi apretó los puños hasta que sus nudillos emblanquecieron, pero se negó a demostrarle lo enojado que estaba sintiéndose, así solo le daría la razón.
—Pon en orden lo que sientes, lo que piensas y lo que expresas—continuó ella—. Porque si mi jutsu fuese el culpable ahora mismo estarías en un hospital en algún tipo de coma, no culpándome por tus problemas de control de ira.
Ella le tendió las flores sin decirle precio alguno, como un acuerdo de paz silenciosa entre ambos y Kakashi lo tomó renuente aun en un intento de controlar las emociones que brotaban por sus poros. No le daría la razón.
Se dio la vuelta y antes de salir de la tienda recordó las palabras de Tsunade.
—Dile a Sakura que vaya por su liquidación.
—Díselo tu.
—No quiero ver a Sakura en un rato.
—Y mi día acaba de mejorar.
Ya en las calles del centro, Kakashi se tomó un minuto para leer el pergamino donde al inicio había una hora y un lugar.
Campo de entrenamiento 22
Según eso, el debía estar en el campo de entrenamiento más alejado en aproximadamente 20min pero el peliplata se tomó un poco más de tiempo en llegar solo para no tener que enfrentarse a quien sabía que lo esperaba ahí.
Olio las flores, y las selló en un pergamino a sabiendas que no le servirían para nada, pero tenerlas no estaba de más.
Frente a la entrada a los campos de entrenamiento, un Jounin joven salía acompañado de tres pequeños.
Ino tenía razón, había algo que lo perturbaba tanto que no podía mantener su mente quieta, no podía organizar ni sus recuerdos ni sus emociones. Él no quería ver un maestro y sus alumnos y pensar en el equipo siete.
Ellos estaban bien, no había nada acerca de ellos de lo que arrepentirse o sentirse culpable, nada ni nadie que no fuese Sakura. Pero había aun algo sobre eso que no lo dejaba acercarse a ella. Había pospuesto una y otra vez su visita a la florería solo porque sabía que ella podría estar ahí y de repente sentía que no tenía cara para mirarla.
Pon en orden tu cabeza, Hatake.
En el campo 22, Tsunade esperaba recostada de uno de los árboles. Despojada de su haori, admiraba sus uñas rojas.
Kakashi miró el campo, luego a ella, y supo exactamente qué pasaría.
—Quieres desquitarte ¿no? Ven con intención de matar.
-o-
Tsunade se arrastró hasta el otro lado del campo, ya era de noche y las manchas en su ropa bien podrían ser sudor o sangre. Kakashi levantó la cabeza solo para verla, pero se dejó caer cuando se percató que estaba demasiado mareado para eso.
Durante un rato ninguno de los dos dijo algo y dejaron que los grillos llenaron el silencio, hasta que ella hablo con voz rasposa y adolorida.
—Y Sakura tiene todo el derecho de odiarme, yo quiero que lo haga. No merezco su perdón.
Kakashi no respondió porque ella no esperaba que lo hiciera y porque no se sentía mucho masque ella para juzgarla. Estaba aplastado contra el suelo, con los músculos apenas íntegros y su cabeza había recibido tantos golpes que pensó que tal vez eso lo acomodaría, pero no lo hizo.
Ella volvió a hablar:
—¿Estas bien?
Kakashi sintió cada hueso de su cuerpo desgarrarse contra los músculos, pero respondió un seco:—Si.
—¿Estamos bien?
¿Y cuál podía ser la respuesta a eso? En el combate ambos habían drenado mucho de sus frustraciones y estaban conscientes de la posición de cada uno acerca de Sakura, pero eso no terminaba de excusarla por completo. Tsunade puso la seguridad y estabilidad Konoha por encima de Sakura y para Kakashi no había respuestas lógicas a eso.
Sakura siempre iba primero. Pero él no tenía un pueblo que proteger y una relación diplomática que mantener intacta. Esa era la diferencia entre un ninja y un burócrata y probablemente entre el copy nin y cualquier otro shinobi.
Aun quería acabar con la corrupción del consejo, aun quería encontrar a aquel desgraciado y arrancarle la piel, pero ya no quería matar a Tsunade con sus propias manos. De su castigo se estaba encargando la misma pelirosa, porque Kakashi no podía concebir nada peor que el rechazo de Sakura.
—Si—respondió—. Aun te odio, aun odio esta aldea, pero estamos bien.
La palabra odio en voz alta, sonaba demasiado para si mismo, pero Tsunade no dijo nada al respecto. Como había hecho toda su vida, ella se mantendría al margen de las decisiones de Kakashi.
Katsuyu apareció de la nada y Kakashi sintió como dejaba un rastro de alivio sobre su cuerpo. Realmente esperaba que nadie notara la batalla. No quería dar explicaciones estúpidas.
—Date una vuelta por el hospital, lo necesitas—y antes de desaparecer en una nube de humo, dijo:—O tal vez donde Sakura.
Quiso decirle lo mismo, pero se sintió tonto porque ella era un hospital andante y porque ya no estaba. Además, que aquello le recordaba un inconveniente que Kakashi venia aplazando desde hace algunos días.
Sakura no podía usar su chakra. Ella lo tenía, ambos lo sentían, pero exteriorizarlo en algo más que una simple curación era su problema. Él prometió ayudarla y ella dijo que lo dejaría hacerlo, pero luego de pensarlo se sorprendió de que no tuviera ni idea de qué hacer realmente ¿Cómo lograr que su chakra regresara si se había ido por un trauma? Sakura no superaría un trauma en un mes y su chakra no regresaría en dos semanas, ella se aburriría, lo tomaría como parte de algún otro fracaso —o decepción— y se alejaría. Y Kakashi quería todo para ella menos que se alejara.
El copynin se permitía a si mismo estar un par de días lejos de Sakura, pero realmente no saber de ella —que ella se fuera por su cuenta— era algo con lo que no quería aprender a vivir.
Mis emociones son un asco.
Puede que Ino no tuviera la culpa de lo que le estaba pasando, pero aquella cosa que había hecho en su cerebro ciertamente pudo haber sido un disparador. Era como si durante todo el día pudiese sentir a Lobo hacer bullir su sangre y al mismo tiempo solo quisiera ser suave para Sakura.
Vivir en constante conflicto.
Y luego estaba aquella perorata de la psicóloga de Tsunade y todas las cosas que había dicho. Todos ellos creían que tenían razón, que Kakashi no era una buena persona, que Kakashi no estaba bien…
—¡Hombre, estas hecho puré! —dijo Genma apareciendo por su derecha.
1 2 3
Kakashi se levantó con más esfuerzo del necesario y trató de salir del cráter en que había convertido el campo.
—Solo un poco—dijo. Y en otro momento hubiese sonreído, pero esta vez realmente no podía—¿Qué haces aquí?
—Oh bueno, solo caminaba por ahí.
Katsuyu había curado gran parte de los huesos rotos pero las magulladuras seguían ahí. Las sintió cuando tuvo que caminar a la única zona intacta donde Genma le esperaba curioso.
—¿Qué necesitas?
—Diablos, Kakashi ¿Por qué crees que cada vez que te busco necesito algo? Le quitas el sentido a la amistad, se supone que estamos para apoyarnos y-
—Necesitas con quien salir.
—Y desahogarme.
El del senbon levantó el chaleco que Tsunade había permitido amablemente que se retirara y se lo entregó al peliplata.
Años atrás, Kakashi se percató que aquello era un mal hábito, Genma solía entrar en conflicto interno casi tan constantemente como Kakashi y luego el copynin terminaría en alguna taberna en algún lugar con el castaño y su nueva conquista.
—¿Anko de nuevo?
Genma comenzó a caminar, pero no respondió. Era su manera de decir No vamos a tocar eso.
—Ibiki dice que estás loco.
—¿Te lo dijo a ti?
—Hoy, mientras hacíamos una prueba de sus pruebas psicológicas. Cree que esta cosa tuya de separar tu instinto asesino de tu persona ya te está pasando factura.
Kakashi soltó una risilla. Mientras caminaban por las calles pudo ver el pueblo empezar a cobrar vida nocturna.
Genma tomó el camino al centro.
—No creo que sea el único que lo cree—se abstuvo de hablar acerca de cómo Tsunade casi lo hizo examinarse con una psicóloga civil—. Les he dado razones a todos.
—¿No has pensado dejar esto? Colgar la máscara por un tiempo, simplemente ser tú…
Optó por quedarse callado a pesar de que su mente generó la respuesta espontáneamente. Entonces Genma siguió.
—Entiendo que no puedas lidiar con tu equipaje emocional, pero si tal vez aprendieses a ser tú…
—Genma. Yo soy yo. Lobo no domina mi vida, solo lo uso cuando hay cosas con las que Kakashi no podría lidiar.
—Joder, Kakashi, estas hablando de ti mismo en tercera persona. Creo que Ibiki tiene razón.
Se echó a reír.
—No se supone que eras tu quien quería desahogarse.
—Y me estas ayudando, las desgracias ajenas me levantan el ánimo. Vamos al bar Daikichi.
Cuando llegaron al bar, Asuma y Kurenai ya estaban ahí, porque el lugar era un punto de encuentro frecuente.
Hubo dos cosas que notó al momento en que puso el primer pie en el bar. La primera, Genma aparentemente había elegido el único bar de toda Konoha que podía estar medio vacío un viernes en la noche. Y la segunda, y esta le resultaba más interesante, la pequeña invitada civil de Tsunade estaba sentada en la mesa contigua, justo tras la silla de Genma.
Kakashi le dio una mirada discreta mientras intento desligarse de la conversación que empezaban sus amigos. Era ella. La psicóloga civil que Tsunade había recibido temprano en su oficina y a quien casualmente le había pedido ojear los tontos dibujos de Kakashi.
—Creo que tiene mal carácter, tal vez algunos problemas de ira…
¿Por qué demonios todos creían que sabían quién era él y lo que sentía? Esa mujer había hecho la misma declaración que le dio Ino cuando fue a verla, y ella lo hizo delante de Tsunade quien actuó como si ya lo supiera.
Maldición.
Todos aparentemente podían ver el maldito desastre en su vida menos él.
No, yo lo se.
Kakashi sabía que estaba perdido y que ellas tenían razón, pero maldición, no quería pasar todo el día pensando en eso como una cruz. Quería seguir con su vida en paz. ¿A quién demonios le importaba que tuviera problemas de ira? ¿Acaso ellos iban a solucionarlos? Estaba cansado de tener que actuar calmado, de tener que pretender que estaba cuerdo cuando todos sabían lo loco que estaba.
Se bebió todo el trago de una vez, necesitaba salir de ahí. Los gritos de Anko y Genma, las miradas de Asuma, los otros celebrando algo que no entendía. Kakashi se ahogaba.
—Iré a comprarle flores—se ofreció cuando vio la oportunidad. Y salió lo más rápido que pudo al frio de la noche.
Afuera se recostó contra la pared y respiró todo el aire que llenaba sus pulmones y algo más. No quería oír la música, ni tener que darle explicaciones a nadie. Kakashi solo quería estar tranquilo y fue entonces que se le ocurrió ir al único lugar con quien sabía que podía estar tranquilo.
Pero antes de alejarse, invocó a Pakun.
—Jefe ¿estas bien?
Trató de componerse un poco.
—La mujer civil de los lentes. Síguela sin que te descubra. Graba su ruta y sus conversaciones.
—¡Si jefe!
El peliplata corrió calle abajo hasta llegar al local y se sentó poco complacido en el puesto de dangos cuando vio el letrero de cerrado y a Sakura tras el mostrador anotando algo en una libreta. Ella lucia muy pacifica, y Kakashi encontraba algo relajante en mirar a Sakura de lejos como había venido haciéndolo desde hace un tiempo. Había algo en la pelirosa que transmitía una paz que Kakashi últimamente no sabía cuándo había perdido.
Se sintió tentado a entrar, pero se cohibió cuando recordó que Sakura probablemente se sentiría incomoda.
—Oh rayos—Anko apareció a su lado con un plato de Dangos y se sentó en la pequeña mesa—. Sabia que eres un pervertido, pero no un acosador. Has caído bajo, Hatake.
Naruto corrió calle arriba y entró a la tienda.
—Y yo no sabía que eres una agresora de mujeres—respondió volviéndose a mirarla porque sabía que Naruto y Sakura tenían algo que arreglar.
Anko chasqueó la lengua, y soltó el palillo con los dulces.
—Claro que lo sabias, todos saben que soy una maldita. Yo siempre soy la bruja mala del cuento.
Ella estaba molesta, eso era obvio y Kakashi no estaba para lidiar con eso hoy.
—Pero la bruja mala sabe una o dos cosas sobre la vida, y conozco esa mirada.
—¿Qué mirada?
La mujer civil caminó a pasos rápidos por el otro lado de la calle sin siquiera mirarlo. Kakashi se volvió hacia Anko y su renovado apetito de Dangos, decidió aprovecharla como una buena distracción.
Anko Mitarashi no era el ser más agradable de sus amistades y tal vez de toda la aldea. Era arisca, agresiva y malhablada. Pocas veces se sentía atraída por iniciar una conversación decente con alguien y casi siempre terminaba en los golpes. Pero ella y Kakashi siempre habían podido intercambiar líneas sin tener ganas de matarse entre si cada dos palabras. Kakashi tenia una paciencia infinita para tolerar sus comentarios hirientes y ella se aburria rápido.
—¿Y como la estoy mirando? —respondió Kakashi.
Ella levantó la mano y pidió un nuevo plato de dulces, luego se echó hacia atrás en su silla y la sonrisa socarrona se borró de su rostro.
—Tu no, idiota. Ella. Yo conozco su mirada, perdida, fingida, alienada. Yo también estuve ahí…Tan bonita, es como una muñeca rota.
Claro que la conocía. Anko también había sido víctima del sistema, tal vez algo menos traumático que el caso de la ojiverde y probablemente más público, pero eso no le daba menos valor. Anko Mitarashi fue otro de los sujetos descartables de Konoha, no una sino dos veces. Orochimaru puede que haya sido un secreto por mucho tiempo, pero siempre hubo algo mas malo que sus experimentos allí.
—Konoha no pierde sus hábitos nunca ¿no?
—Eso merece un trago.
—¡No volveré a ese apestoso bar!
Naruto salió de la florería, aparentemente esperando por Sakura y ella salió un par de instantes después con Ino despidiéndole en la entrada.
Kakashi volvió a mirar a Anko.
—Deberías arreglar las cosas con Genma.
—No puedo, soy la mala ¿recuerdas?
Entonces ella se echó a reír y Kakashi se encontró compartiendo un poco de esa risa sin sentido. Ella acababa de insinuar su de su parecido con Sakura, pero en ese momento Kakashi la veía mas acercada a él que nadie.
Ambos después de todo también eran los malos en sus propias historias.
Lo que sea que pasase entre Genma y Anko, no era de su incumbencia, pero bien sabido estaba que cada vez que la relación se fracturaba o aparecía una nueva grieta, ella siempre debía ser la culpable. Y entonces Kakashi sintió lastima por ella porque no podía proyectarla en si mismo.
Anko —como él— tenía la maldición de la mala mirada pública. Y se pregunto si tal vez, cuando la gente empezase a notar que de verdad quería acercarse a Sakura, él mismo se convertiría en el malo de una película pública.
—Yo también soy el malo—murmuró luego de pensarlo un poco.
El mesero, un agradable anciano, apareció con un plato de Dangos y dos tazas de té que Kakashi recibió con gusto.
Aparentemente hoy era el día de aceptar ofrendas de paz de todos sus conocidos.
—No Hatake, tú eres el loco. Y siempre lo has sido, no culpes a la rosadita por eso. Y yo siempre he sido una bruja, incluso antes de que Genma quisiera repararme.
—Le importas mucho a Genma, solo ve y dile que lo sientes.
—Es que no lo siento. No siento tener que hacer cosas malas por él. Esa mujer estaba hablando a sus espaldas, solo era una vividora, y no siento ni una pizca de culpa por haberla golpeado. Si Genma-imbecil no puede aceptar las cosas que hago por él, entonces se puede ir al infierno junto con ella
Kakashi bebió un sorbo de su té. Demasiado dulce para su gusto, pero probablemente Anko lo disfrutaba.
—Es que Genma no está enojado contigo, está molesto consigo mismo, le molesta que hagas esas cosas por él. Odia que tengas que ser cruel o despiadada por su culpa.
Anko no respondió de vuelta, y se comió lo que quedaba de sus dangos en silencio, dando por terminada la conversación.
Pero antes de salir, se detuvo en las pequeñas cortinas adornadas, con un dango en la boca mirando cualquier lugar que no era la cara del peliplata y dijo:
—¿Sabes? Siempre vamos a ser el loco y la bruja. Eso no va a cambiar porque no queremos que cambie. Es la única defensa que tenemos contra este mundo de mierda.
Unos minutos después, Kakashi volvía a casa por el camino largo, sin ganas de volver al bar o de visitar a Gai en su recuperación. Eso lo arreglaría por la mañana. Hoy se sentía incapaz de socializar con nada que no fuese su cama o sus libros, pero al llegar a su departamento, encontró a Genma en el sofá pretendiendo estar dormido.
Yamaguchi hará un escándalo si lo vio.
Kakashi se lanzó a su lado y Genma volvió de su trance levantándose para buscar la botella de Shochu que Kakashi siempre guardaba en la alacena.
—Brindemos—dijo arrastrando un poco las letras—Porque estamos jodidos, pero en Konoha.
El licor le quemó la garganta luego de haberse habituado al sabor suave del té, pero no dijo nada. Aunque Anko no lo aclaró, aquel encuentro debía permanecer cómplice entre ambos.
—Un tragó mas y te vas a tu casa.
—¡Argh! Kakashii—hipó—No seas aguafiestas, apenas son las diez… Luego iremos a buscar unas nenas en la zona civil.
Kakashi rodó su único ojo visible y suspiró.
Lo que le había dicho a Anko era cien por ciento real. Genma claramente estaba enojado consigo mismo y estaba haciendo una de sus jugadas típicas: Emborracharse nivel Dios y amanecer con alguna chica. Como un círculo vicioso, aquella misma acción que lo pusó exactamente en ese lugar.
Puede que estuviese enojado porque Anko hiciera cosas malas por él, pero tampoco trataba de cambiarlo.
Kakashi no quería que Sakura se sintiera mal por él, no quería hacerla enojar, no quería asustarla, y ella seguramente no quería que él hiciera cosas malas para protegerla. Lo que realmente quería para Sakura era algo sano y seguro, una amistad en la que ella se sintiera protegida y valorada.
No quería tener que estar ebrio para procesar lo que le había ocurrido, y tampoco escudarse tras Lobo. Quería ser Kakashi, su amigo, su maestro, decente, cuerdo. No alguien malo para ella.
Jiraiya había dicho: —Actúa en consecuencia y deja de hacerla pasar un mal rato.
Pero qué era actuar en consecuencia.
Kakashi no tenia amistades que no estuvieran unidas por el duelo, la tragedia o los traumas. Y aunque el equipo siete pasó por todo eso, su historia con Sakura no tenia que estar obligada a someterse a eso nuevamente.
Volvía al punto de inicio, donde no sabia qué hacer y se frustraba y sus pensamientos volvían a cruzarse unos con otros.
Genma empezó a hurgar en su refrigerador y Kakashi se acomodó en el sofá y se cubrió la cara con un brazo.
Todos tenían razón, todos vean la locura en su vida y desastre que lo seguía a donde fuese.
—¿Por qué no arreglas las cosas con Anko y consiguen una relación estable?
—¿Por qué no eres simplemente Kakashi y te deshaces de Lobo?
Se lo había insinuado temprano, pero ahora Kakashi podía ver la conexión entre su respuesta a eso y sus acciones.
Él no podía dejar de ser Lobo porque Kakashi no sabia como lidiar con sus emociones. Todo esto que venía acechándolo desde lo de Sakura, era como gran bola de nieve que se hacía más grande cada vez que rodaba. Y pasaba el tiempo, las circunstancias y las emociones y Kakashi tenia mucho mas de lo que podía sobrellevar.
Lobo fue creado para lidiar con su vida como anbu, pero Kakashi apenas podía lidiar con su vida personal, y desde el momento que empezó a mezclar ambas, perdió el frágil control que mantenía sobre sí mismo.
—¿Y qué se supone que haga ahora? —preguntó a nadie en especial.
Y Genma levantó la cabeza desde el lugar del piso donde se había lanzado.
—Ser Kakashi—respondió como si fuese la respuesta más obvia del mundo.
Y tal vez lo era. Kakashi, él que no sabía cómo lidiar con la ira, la angustia o el miedo.
Kakashi se levantó del sofá y camino hasta el piso donde estaba su amigo. Nunca entendería por qué le gustaba tanto dormir en el piso, pero cuando estuvo a punto de correrlo, Genma abrió los ojos, lo miró como estuviese observando algo mas allá del peligris y abrió la boca:
—Ve y búscala, pídele disculpas—le dijo—. Dile que no es una maldita bruja y que la amas. Que lamentas tener que darle un amor tan mediocre.
Kakashi le arrojó a la cara la manta que colgaba en el sofá: —Ya duérmete, Genma.
Luego, salió rumbo al apartamento de Sakura sin tener muy en claro exactamente qué le diría y por qué a esta hora. Él no tenía nada por lo qué disculparse —nada de lo que ella estuviera consciente— y aun así se sentía apenado de mirarla.
Subió las escaleras hasta su piso y antes de tocar el timbre escucho risas tras la puerta.
Naruto.
Dudó un poco antes de hacerse notar, pero Naruto debió advertir su presencia por lo que Sakura abrió la puerta justo antes de que Kakashi decidiera retirarse.
Ella estaba ahí, con una sonrisita mas autentica y sus ojos verdes brillantes, libres de miedo.
—Kakashi, hola.
—Yo, Sakura.
—¿Qué sucede?
Se metió la mano al chaleco y sacó el pequeño pergamino de sellado que había usado con el arreglo temprano. Invoco las flores.
—Solo quería… Felicidades por tu nuevo empleo—perdió las palabras en algún lugar entre el pecho y la espalda, pero le tendió las flores.
Ella le miró, sorprendida por cualquier cosa que hubiese pensado y que lo involucraba a él con un ramo de flores en su puerta principal. Kakashi se arrepintió casi al instante en que ella dudó en tomarlas. Luego ella lo miró con una sonrisa ligeramente apenada, pero genuina.
Uno de los tantos vacíos emocionales que Kakashi no sabía que tenía se llenó en aquel momento.
—Me gustan los cerezos—dijo y las olfateó—. Gracias.
Kakashi se encontró sonriendo de vuelta, incapaz de evocar las palabras que de verdad quería decir, pero se mordió la lengua obligándose a hablar:
—Lamento no haberte visitado antes.
Ella miró al piso y volvió a oler las flores.
—Si—mordió uno de sus labios rosa—. He pasado un par de veces por tu apartamento.
El copyninja lo sabía, le había mirado de lejos hacerlo unas dos veces, y en ninguna pudo dar un paso y anunciarse.
¿Por qué lo hice?
—He estado ocupado, además se que no te gusta mucho estar sola con-
—Yo disfruto estar contigo—y luego algo debió haber pasado por su mente, puesto que se apresuró a agregar:—. Y con Naruto. Con Ino…
Kakashi asintió y miró por encima de su hombro. Desde el sofá, Naruto le miraba fijamente, con el entrecejo fruncido. De pronto, Kakashi se sintió juzgado, casi inseguro, como un niño que ha sido atrapado con un frasco de galletas, sintió ganas de correr lo más lejos de ahí.
—¿Qué te pasó? ¿Estas herido?
—Estoy bien. ¡Que pases linda noche, Sakura-chan!
Y huyó. Uso su clásico de Kakashi, el remolino de hojas, porque no soportaba el contraste de la mirada benigna de Sakura con Naruto juzgándolo de fondo.
Golpeó la puerta de su apartamento astillando un poco la madera cerca del número. Y abrió con mucha fuerza golpeando a Genma en el trayecto.
—¡Qué rayos! Estoy tratando de dormir, infeliz ¡Respeta eso!
—Levántate, Genma, ¿A dónde era que querías ir?
N.A: Sin muchas explicaciones para otro capítulo de transición, porque quiero empezar a introducir un poco más de KakaSaku, pero las aguas aún son muy turbias, desde el lado de Kakashi y desde el de Sakura. Escribir esta historia no es fácil, es muy lenta, y apresurarla podría arruinarla, estoy tomándola con pinzas. Sepan entender, por favor.
El capítulo siguiente será especial porque es un capitulo de tres personajes, y tres puntos de vista de mujeres muy diferentes.
¡Muchas gracias por leer!
