Código Guardianes: El ascenso de Tinieblas

Capítulo 2

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

Por otro lado, el anterior capítulo contenía un error. Miguel está en el cuerpo de Asmeya y Lucifer en el de Aelita, por error los confundí.

Durante las siguientes horas a desaparecer, y bajo la protección mágica de Gabriel y Azrael, Obara y Johnny se dedicaron a buscar en revistas y periódicos de todo tipo buscando información relevante, cualquier cosa rara o curiosa que les llamara la atención lo señalarían e investigaría más al respecto la madre de él, Gabrielle. Todo con la intención de buscar a Pandiel, un serafín pero con una particularidad, que eran sus alas arcoíris. No era ni el primero ni el más poderoso de los suyos, pero sí era de gran estima para Luz, y su sabiduría era casi infinita. Eso habían dicho los otros dos, y se fiaban de ello, pero llevaba fuera de circulación bastante tiempo, y no podían buscarle por los medios tradicionales, pues se había ocultado a conciencia. Tendrían que hacerlo de otras maneras, y mientras ellos se centraban en la Tierra, sus mayores rastreaban el resto de la realidad, no se podía descartar ningún lugar… pero su predilecto era aquel pequeño mundo.

Por algún motivo sentían que aquel planeta era especial para los seres sobrenaturales, puede que por haber varias de las antiguas puertas al Infierno, o por la multitud de dioses paganos que había, o por su conocimiento más o menos profundo sobre la existencia de ángeles y demonios. En todo caso, los dos más jóvenes pasaban por periódicos y periódicos, concentrados en su misión, con unos cafés en la mesa del lugar donde estaban. Era un apartamento de un motel de carretera, había uno por para ellos y otro para Gabrielle, los dos arcángeles se limitaban a estar por fuera, en la parte más alta del edificio, observando las estrellas y charlando entre ellos. En esos momentos se sentían algo inútiles, no se habían preocupado por su actual objetivo en siglos, y ahora hacerlo por interés… pero la situación lo ameritaba.

Creían saber, por rumores, dónde podía estar Pandiel, pero no se la querían jugar, ni deseaban ser ellos los que fueran a su encuentro, más cuando llevaban tanto tiempo sin verse. Por eso mandarían a los otros para poder hablar con él. Era lo mejor, o eso consideraban ellos, así que actuarían así. Por otro lado eran conscientes que, si quisieran, sus hermanos podrían dar con ellos con cierta facilidad, aun con todas las defensas que usaran, así que debían estar queriéndoles dar espacio, por el momento. Estaban pensando en ello cuando notaron la presencia del último individuo que esperaban encontrarse en esos momentos por allí, que era su hermano menor, por así llamarle, Jesús. Apareció entre ellos en, precisamente, la azote, donde ellos permanecían sentados y mirando a la nada, sin llegar a girarse en ningún momento hasta que escucharon la voz del otro.

-No me esperaba esto, la verdad -reconoció el hombre-, nunca había pasado, y me da cierto miedo, no sé cómo reaccionar a este combate.

-No llegarán a pelear, no si lo podemos impedir -saltó Gabriel-, ¿sabes dónde está Pandiel?

A esa pregunta, Jesús dudó un poco sobre qué y cómo responder. Hasta que se decidió, instantes más tarde, esa vez con más capacidad de reaccionar.

-Sé quién es, hablo con él de vez en cuando -reconoció-, pero dudo que pueda luchar contra dos arcángeles, menos contra ellos dos…

-No tiene que hacerlo, basta con que nos expliquen cómo hacerlo mejor -respondió Azrael-, ¿dónde vive? Es importante.

Se notaban a la legua las dudas del otro, que no parecía en especial cómodo con aquella conversación. Algo debía estar ocultando o dejando de decir, pero tampoco podían obligarle, no cuando vino hacia ellos de forma voluntaria. En la parte de abajo, de vuelta al cuarto de los dos jóvenes, estos creían haber encontrado algo. Los periódicos locales de la zona del Amazonas hablaban de varias tribus que seguían viviendo como se hacía en la etapa precolombina, aunque usaban alguna que otra comodidad moderna. Una de estas, en pleno centro de la selva, tenía como principal característica en cuanto turismo el tener un chaman que al parecer era capaz de curar cualquier dolencia, pero sólo usaba ese poder cuando se trataba de alguien de su tribu. Pocas veces lo había hecho con gente de fuera, pero los testimonios eran claros: era verdaderamente mágico, casi milagroso.

-Diría que hemos dado con él, pero el Amazonas sigue siendo muy amplio… -comentaba Obara- Y puede perfectamente que no sea nada.

Johnny negó suavemente.

-Algo me dice que es él, de todas formas no perdemos nada por hacerlo -comentó, y se estiró algo-, si los otros dos no han dado con él en este rato, complicado que no lo sea.

La mujer asintió, suavemente, y le abrazó con cierto cariño, apoyando la cabeza en el pecho de él, que acarició su pelo con mimo. La besó en la cabeza con delicadeza, así colocados, y se recostaron un poco. No era ni el momento ni la mejor oportunidad, pero unos besos no le hacían mal a nadie, por eso juntaron sus bocas y comenzó una suave danza entre los mismos, acariciando suavemente el cuerpo del otro con los dedos, para separarse un poco después. Se miraron unos segundos a los ojos, y tras sonreírse algo, se dieron un suave pico de nuevo, para entonces levantarse. Tomaron los papeles que tenían y fueron hacia el cuarto de al lado, donde esperaba Gabrielle, tumbada en su cama con el móvil, revisando por su cuenta también información. Sonreía un poco, con las gafas puestas y el pelo recogido en una coleta, sólo girando el rostro cuando les escuchó entrar, saludándoles con un gesto.

-Creo que lo tenemos -anunció Johnny-, mira.

Gabrielle revisó la información, y fue asintiendo poco a poco según iba leyendo, pasando las hojas tranquilamente hasta terminar.

-Tiene buena pinta, la verdad -comentó, satisfecha-, así que iremos, a ver qué tal se nos da.

Los dos más jóvenes sonrieron un poco, y salieron de allí, dispuestos a celebrar, aunque con cierta mesura, el logro alcanzado.

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Mientras, en África, estaban Ulrich, Yumi y Noelia sentados junto a Aria, rodeada ella por varios chimpancés y que se dedicaban a ser los perros guardianes de la joven. Las historias que ellos contaban más o menos les sonaba, pero no las últimas dado que estuvo fuera del mundo durante los últimos meses, en los cuales habían pasado bastantes cosas.

-Joder…

Se le notaba tensa y algo acongojada, el color se le había ido del rostro según le contaban, siendo por primera vez consciente plenamente de la importancia de todo aquello. Yumi tomó su mano, mientras seguía contando lo más importante.

-Aunque suene bastante feo, en realidad los demonios han quedado encerrados en el Infierno, y se quedarán allí para siempre -comentó ella-, ahora lo preocupante es la pelea entre Miguel y Lucifer, no sabemos ni dónde, ni cómo ni cuándo será, pero no creo que tarden mucho…

-No pudisteis detenerles antes, dudo que…podáis ahora -saltó Aria-, desde el respeto, ¿qué ha cambiado en este tiempo?

Ulrich suspiró y asintió, tenía su punto. Sin embargo ella no parecía haberlo entendido.

-Siendo todos no hubiéramos podido pararles, de hecho no pretendemos -respondió Ulrich-, sólo impedir los efectos más negativos, pero no impedirlo, eso es imposible…

-Sí, de hecho se supone que cada uno de nosotros está en un lugar desconocido -comentó entonces Noelia., yo he heredado también una de las gemas, así que no estás sola en este aprendizaje.

Esta asintió, suavemente, observando con detalle la misma. La idea era agobiante, pero sentía cierta paz interna con la idea también, lo cual era, cuanto menos, sorprendente. Sin embargo había un problema, y era cómo iban a poder estar allí entrenando sin llamar la atención. Eso, y tampoco tenía claro que ella fuera a cumplir las expectativas de los otros dos.

-Yo no valgo para ser un guardián guerrero como lo sois vosotros… -murmuró ella- Jamás me he peleado, le tengo pánico a los insectos, soy floja y…

Pero Yumi negó con cierta vehemencia. Tomó una roca entre sus manos, se la lanzó directa a la cabeza de la otra, que la esquivó con más facilidad de lo que ella hubiera esperado.

-¿Ves? Tienes los reflejos y el instinto, sólo queda pulirlo -le explicó., eso será el entrenamiento.

-¿Será seguro hacerlo aquí?

-Te refieres a los ángeles, entiendo -a esas palabras de Ulrich, Aria asintió-, no somos una amenaza para ellos, pero me preocupa más el destino que corrió Sam, la verdad…

-Ella murió, pero sus poderes los ha heredado un demonio, cuando este tomó su energía y la absorbió para hacerla suya -explicó entonces Noelia-, ella era la guardiana de la esperanza, de hecho, es… simbólico, cuanto menos.

-¿Entonces… no hay esperanza ya en el mundo?

-Nosotros representamos un elemento, pero si no hay un guardián tampoco… pasaría nada -explicó Ulrich-. Ha habido siglos enteros en los que no había ni un guardián.

La aludida asintió despacio. Miró sus manos, notaba algo de poder emanar de ellas, y Yumi supo que aquel era el momento.

-La energía es la esencia de la vida, la gema de las bestias ha despertado tus poderes internos, a los que ahora puedes acceder -colocó la palma de la mano de Aria hacia arriba-, circula por tu cuerpo de forma natural, igual que lo hace la sangre o tu respiración, pero ahora la puedes manipular de forma consciente y alterar el entorno con ella.

A modo de demostración, ella se rodeó de sus podres, y del suelo emergieron varias plantas con fruta, de la que comieron los chimpancés tan alegremente. Aria acarició sus hombros suavemente.

-Pero vosotros tenéis poderes así, yo con los animales poco puedo hacer…

-Los animales, como bien sabrás, también cambian su ambiente a su conveniencia -le explicó Noelia-, y tu no sólo controlas a los animales, puedes transformarte en ellos.

Aria la miró con cierta sorpresa, pero algo en ella le decía que no era mentira, y que de hecho podía hacerlo fácilmente. Su cuerpo se rodeó algo de su energía violeta, y se transformó en un chimpancé, igual que los otros, que hicieron algunos sonidos alegres y hasta aplaudieron suavemente, haciendo reír a los demás. Aria se movió por entre la maleza, se sentía con más fuerza y agilidad, y mientras subía, pasó a ser un lémur de cola anillada, más pequeño y grácil, pudiendo escalar con facilidad a lo largo del tronco, pasando así a ser un ave, una suerte de halcón, que descendió hasta el suelo planeando, aterrizando con cierta torpeza en el suelo, saltando un par de veces antes de recuperar un aspecto algo más humano.

-Pronto se te irá dando mejor, antes tienes que aprender a controlarla bien -comentó sonriendo Ulrich-, vamos a un sitio más seguro.

La dimensión de Marin y Susan no estaba disponible aún, por cuestiones de seguridad aún no podían ir, tendrían que ir a un santuario seguro, esa zona boscosa podría ser bastante buena, podían sentir grupos humanos cerca a los que igual podrían ayudar también, eso podría ser de gran utilidad para ellos. Les dulcificarían la vida, si es que querían, así que ayudaron a Aria a recoger los bártulos, se los colocaron al hombro entre todos, y se decidieron a ir dirección a uno de aquellos grupos, al menos estarían en sus cercanías.

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En el Infierno, William andaba junto a Lilith, buscando un lugar adecuado para poder aprender él los poderes de Tinieblas, que ella había logrado dominar tras un buen entrenamiento durante siglos… el chico tendría que hacerlo en tiempo récord, pero lo haría. Debía hacerlo, si es que quería salir de allí, y es que si bien podría hacerlo ya mismo porque el poder para ello ya lo tenía, aún debía manejarlo adecuadamente. Para eso Tinieblas le había dejado ahí dentro, la diablesa por otro lado sabía que su única forma de salir bien parada de aquello era con él, y pensaban en ello hasta que notaron la energía de otro demonio llegar por allí.

-A ese le conozco… -murmuró Will, serio- ¡Gamma, puedes dejarte ver!

Vieron aparecer al otro, de entre unas rocas. Estaban en un desfiladero, en una zona de grandes cuevas, bastante lejos de los valles donde se torturaban almas o creaban nuevos demonios, allí no iban a ser molestados en teoría.

-Parece que no soy el único en problemas -comentó el otro, serio-, me gustaría unirme a vosotros.

-¿Y qué nos puedes ofrecer tú?

Lilith tan pragmática como siempre, se dijo William. El otro puso mala cara, en realidad no tenía nada pero necesitaba de la protección de seres así. Tras la traición realizada… su cabeza era deseada por los Caballeros, cosa normal por otro lado, pues ayudó a los Guardianes en su momento. Y ahora se estaba juntando con otros de ellos, a lo que se había unido la traición del propio Lucifer hacia todos ellos. Estaba claro que estaban en una mala situación, una poco calculada y sin pretenderla, pero de la que tendrían que salir de alguna forma.

-Ahora tengo que aprender a usar los poderes de Tinieblas, ¿sabes algo al respecto?

Antes de que Gamma pudiera decir nada, Lilith intervino.

-No nos hace falta, ya estoy yo para ello -sus ojos brillaron con cierta amenaza-, no quiero distracciones ni perder el tiempo, y él nos haría caer en las dos cosas.

El otro puso mala cara, sin embargo, no podía rebatirla pero debía intentarlo.

-Me necesitáis si queréis salir con cierta seguridad -comentó-, porque yo conozco bastante bien esta zona… además, he liberado hordas enteras de perros del Infierno, a mi no me atacarán, pero a los demás…

Lilith alzó una ceja con cierto interés.

-¿Y te crees que yo no? -preguntó, con diversión- Llevo existiendo desde hace eones, demonio de pacotilla, tu apenas tienes unos siglos, ¡yo soy del principio de los tiempos!

Esa vez sus ojos brillaron con bastante más intensidad, en un tono bermellón, así como los de Gamma, cuya energía comenzó a brillar con fuerza, desintegrándose en ese momento. Su cuerpo se disolvió en el aire por el poder de ella, mientras William suspiraba un poco. Puede que sí fuera interesante tenerle de su lado, pero claramente ya poco podía hacerse.

-Por curiosidad, ¿los demonios y ángeles vais a algún lado tras ser destruidos?

La otra negó.

-Nosotros ya somos almas puras, energía cósmica con conciencia, por eso siempre tenemos poderes según nacemos -explicó-, pero no nos espera ningún destino, simplemente dejamos de existir… los seres conscientes casi que también.

Eso sorprendió al otro.

-Pero existe el Cielo, y el Infierno -respondió-, y otros muchos lugares, ¿por qué lo dices?

-Porque vuestras almas, aun teniendo un segundo destino, eventualmente desaparecen también.

Eso sorprendió al otro, mientras seguían hablando iban andando por el lugar.

-Se tardan varios milenios, pero llega un momento en que perdéis la razón de vuestra existencia, y aún estando en el Cielo o el Infierno, vuestras almas, y la de cualquier otro ser, se extingue como una llama… es lo natural, y así seguirá siendo -le dijo, seria-, si a nosotros no nos pasa es gracias a poder volver a pisar el mundo material, aunque ahora que nos han encerrado…

-Temes que pueda empezar a pasaros lo mismo, ¿verdad?

Ella asintió, se quedó quieta donde estaba. Estaban a las puertas de un gran valle, justo en su entrada se terminaba la región más cavernosa, coincidiendo con en el nacimiento de un río de fuego.

-Me recuerda al Tártaro griego…

-Es que lo es -explicó-, los diferentes infiernos coinciden en el plano, aunque normalmente no están comunicados, fíjate.

Ella se rodeó de su energía, y aquel espectáculo desapareció del horizonte, volviendo a tener el mismo valle pero sin el fuego ni los monstruos. Sólo había algún que otro grupo de perros del infierno, y que se marcharon en cuanto les sintieron llegar.

-Comprendo… -suspiró algo-, ¿será aquí?

Tenía cosas que preguntar, pero en esos momentos no tenía ganas de nada. La otra, sabiendo aquello, asintió. En breve podrían ponerse en ello, pero antes tenía que dejar algo claro.

-Me cargué a Gamma por un motivo -comenzó, mientras se sentaba en una de las rocas-, no te puedes fiar de un demonio cuando viene a verte de esa manera, y creo que ya ha dado señales de poder traicionaros, ¿verdad?

El otro asintió, despacio.

-Pero tú eres un demonio también -comentó, mientras se colocaba a su lado-, ¿cómo me puedo fiar de ti, entonces?

-Ese es un buen punto -reconoció-, sin embargo, ambos tenemos que ganar con esta situación, él… sólo ganaba, y nosotros nos arriesgábamos a tener al lado a un traidor.

Se sorprendía de los valores de ella, por ser tan centrados y claros. Desde luego no era propio de los demonios, pero claramente ella era uno de esos. Sabiendo de aquello, la otra suspiró suavemente, mientras se echaba algo hacia atrás.

-En fin, mi misión en esto es claro, si no la aceptas me da igual, me jodo y me aguanto -murmuró, algo cabreada-, quieres volver a casa, ¿verdad?

-Pues claro que quiero.

-Pues eso.

Parecéis un matrimonio, así se dice, ¿verdad? Ambos escucharon la suave voz de Tinieblas, mientras los otros dos ponían cierta cara de molestia. La entidad claramente estaba disfrutando de ello, ahora que caían era sin duda sorprendente que un ser así dijera cosas así. Debía estar aprendiendo de William, ahora que eran uno. Se estaban comenzando a parecer más, notó Lilith, así que sonrió.

-Ahora os estáis uniendo, podemos comenzar -sonrió con cierta diversión-, sois uno, recuerda, en muchos aspectos, como lo fui yo.

-Pero contigo fue diferente… ¿verdad?

-Exacto.

Y es que William era totalmente humano en ese momento. Cuando Lilith se convirtió en la heraldo de Tinieblas, ella ya era una diablesa, un ser oscuro con el cual la entidad no se acercó tanto. Pero con él las cosas eran algo diferentes. Conociendo al resultado último de la creación de Luz ella podría aprender mucho, sería muy interesante.

-Yo siempre fui una diablesa, un esperpento, odiaba a todo el Cielo y lo sigo haciendo, pero amaba a Lucifer… hasta ahora -comentó ella-, ahora sólo siento odio hacia todos, incluidos los demás demonios, pero siento más aprecio por mi vida, no te creas que es por ti.

-Y porque te lo ordenó Tinieblas.

Exacto.

La aludida suspiró suavemente, y se estiró en el sitio, seria. En su mano apareció una esfera de energía, momento en que atacó al otro, que se defendió con los brazos, dando un salto hacia atrás. Era el momento de pelear.

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En la dimensión de Susan y Marin, estas se habían dedicado a ultimar los detalles del nuevo hogar en el que pretendían vivir. Sin embargo ninguno de sus compañeros había acudido, aún, a su llamado. Era normal, por otro lado, pues todo había sucedido muy rápido… hasta que notaron la primera llegada. Se sorprendieron, estaban en la casa de campo, tomando un té, por lo que salieron hacia el exterior, a la zona de los templos. Vieron andar hacia ellas a Electra, con su armadura puesta pero sin portar su arma, estaba protegida por una capa blanca. Se sorprendieron de no ver el azul en sus ojos, cambiado este a un blanco lechoso, propio de la ceguera.

-¿Cómo estáis? -preguntó, cortés- ¿Te recuperaste ya, Marin? Te noto algo diferente.

-Me encuentro mejor, la que parece desmejorada eres tú, ¿qué te pasó?

La aludida apretó algo los puños, bajando el rostro, pero suspiró algo.

-Decidí que era lo mejor, como castigo a mí misma -reconoció-, quería saber si habíais visto a más de nuestros compañeros.

Las otras dos negaron.

-Eres la primera en venir -Susan frunció suavemente el ceño-, ¿por? ¿Quieres hacer las paces?

Electra negó un poco.

-Quiero venganza contra aquel que tomó el alma de Samantha -dijo ella-, pagará por lo que hizo… luego, podremos centrarnos en otras cosas, ya que hemos fracasado en lo del apocalipsis y no podemos evitar la pelea entre los dos arcángeles.

-Veo que no aprendiste nada…

Susan se giró, mientras regresaba al interior de la casa. Marin la observó de reojo, contemplando como Electra torcía algo el gesto, sin embargo se contuvo.

-¿A qué te refieres?

-A que malas decisiones nos llevaron a separarnos -le recriminó-, y ahora quieres vengarte de un demonio que tiene los poderes de un Guardián, y por tanto, es más poderoso que tú.

Electra gruñó por lo bajo, pero se interpuso delante de la otra, aún sin elevar su energía.

-No quiero pelear contra ti, Susan -le dijo-, quiero que page por impedir que Sam vaya a la otra vida, luego nos separaremos de nuevo, ¿vale?

-Ahora es demasiado peligroso -le recordó-, de hecho, si existe esta dimensión es para protegernos de seres como ese demonio.

La otra suspiró.

-¿Desde cuándo somos unos cobardes?

-Desde que hemos comprobado nuestra mortalidad y extrema debilidad…

-Electra -intervino Marin-, escucha a mi hermana, por favor.

Sin embargo, esta negó, y se marchó de allí con un relámpago, dejando a solas a las dos hermanas. Susan se rascó la cabeza, nerviosa e intranquila por lo que acababan de vivir. Marin lo notó, tomó la mano de ella y la abrazó por detrás, mientas la otra temblaba un poco. Se giró para dejarse hacer por la otra, que la dejó apoyarse en su hombro, mientras iban hacia la casa.

Por su parte, Electra tenía claro qué iba a hacer en esos momentos. Recorrió los caminos de energía que dejaron las mariposas para poder encontrar a los demás, podía reconocer las de sus amigos en ellas, por eso sabría cuál seguir en concreto para acertar a la primera, y sabía por dónde empezar. Percy tenía que estar realmente cabreado y dolido, fue de los primeros en marcharse precisamente por aquello, y, si le conocía bien, intuía hacia donde se había ido. Recorrió el espacio a toda velocidad, tanta como su energía podía, alcanzando en instantes la de la luz. Se convirtió en una estela dorada, llegando en poco tiempo hasta una zona boscosa de la Tierra, en Eritrea, en un pequeño pueblo de aquella pobre región. Notaba los poderes del otro en una de las montañas, a la que fue rápidamente, esperando poder hablar con él cuanto antes… y no era la única.

Máximo, junto a Minerva, había visto aquellas mariposas, bueno, en realidad los seguidores de ella eran los que las habían divisado y avisado de aquello a sus superiores, que habían ido a comprobar la información por ellos mismos. Era el momento idóneo sin duda alguna, estaban caminando por los caminos de tierra de la zona para no usar sus poderes y asustarles, pero podían notar a la perfección los poderes de los otros dos, que estaban bastante cerca en aquellos momentos. Iban de la mano, dando un paseo tranquilo como si fuera una pareja de vacaciones por allí, pero sin que nadie se acercara, con sus energías apagadas lo bastante para no ser sentidos, disfrutando incluso de aquello. Los ángeles no les preocupaban, en aquellos momentos tenían cosas más relevantes que hacer… como esperar a la batalla definitiva entre Miguel y Lucifer.

Estos, en aquellos momentos, se estaban preparando para el combate. Miguel se había colocado la armadura, y su espada flamígera ya estaba colocada en el cinturón, con sus alas doradas en torno a su cuerpo, se observaba en un espejo de la sala del trono del Cielo. Junto a él, varios serafines ultimaban los preparativos del ejercito celeste, engalanados para aquel momento como debía ser por la relevancia del acontecimiento, pero no intervendrían.

-Este es el momento más importante desde la Creación para nosotros, quiero que estéis impolutos, ¿de acuerdo? -decía el arcángel- Y que nunca intervengáis, la batalla será larga pero la ganaré, confiad en mí.

Los otros se limitaron a asentir, obedientes, entre ellos estaba el mismo que en su momento defendió a Seriel de la ira del otro, Mazael, y el propio Mahasiel, aquel que ayudó a la hechicera a pasarle la Marca a William. Estos sabían que su posición era débil y bastante mala, pero si no habían sido destruidos era precisamente por no haber tiempo para ello. Lucifer también estaba en ello, pero en su caso, sólo estaba acompañado por Muerte, que en ningún momento abandonó su vera. En su caso, se encontraba en un parque de la Tierra, en una ciudad de la zona de los trópicos, mientras el arcángel se tomaba una copa, tumbado a la bartola en una gran hamaca.

-Bien, en breves minutos será el combate -comentaba este-, ¿estás listo para ir a por mis hermanos ya, querido tío?

Este sonrió con cierta diversión.

-Como te dije, es complicado, has esperado eones por este momento -le dijo-, creo que podrás esperar un par de semanas por esto…

El otro asintió, despacio.

-Es un detalle de tu parte hacer como que yo realmente tengo algún poder sobre ti -reconoció-, debes reconocer que me estoy portando francamente bien…

A eso, el otro asintió un poco. Pero sabía que se estaba reservando para cuando tomara el poder del Cielo tras vencer a Miguel, momento en que comenzaría la limpieza de la vida inteligente. No quería una matanza, no se deseaba cubrir de sangre, simplemente acabar con ellos, por considerarlos una plaga. Y, de paso, también haría eso mismo entre sus familiares, en caso de un posible rebelión.

-Te conozco mejor de lo que crees, sobrino -comentó-, y sé que no podrás acabar con tus hermanos, ni siquiera con Miguel -se colocó a su lado, entonces-. Y también, que toda esta pantomima no te convence para nada.

El otro asintió, despacio, en cierta medida era verdad, pensó entonces, así que se levantó suavemente, y miró al otro.

-Aunque lleves razón, hay que hacerlo -murmuró entonces-, es mi deber, mi destino.

-Bien, haz lo que consideres -se recostó Muerte en ese momento-, yo ya dije mi opinión, ahora te toca a ti actuar, como bien has dicho.

Asintiendo, Lucifer procedió a extender sus alas suavemente, con sus ojos brillando algo, estirando su cuerpo hasta que Miguel apareció ante él. Avanzó hacia su hermano, en silencio, apretando algo los puños, también rodeado de sus alas, y colocó sus brazos tras la espalda.

-Me alegra verte de nuevo, Lucifer -comentó-, ¿estás listo?

Este se incorporó, y, mientras sus ojos brillaban suavemente, asintió. Alargó su mano hacia el otro, que la tomó suavemente, apretándola. Era el momento de la verdad…

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Mientras, Johnny había ido de viaje para poder llevar a cabo una misión importante, y es que querían con alguien para aquella misión. Sabían que era de las pocas criaturas en poder ayudarles en aquellos momentos, su nombre era Ariadna, y era la anticristo, la hija de uno de los Caballeros del Infierno y ahijada de William. Esta, junto a su madre, estaban en una casa de campo cercana a París, lejos de miradas de gente desconocida, pero el chico pudo localizarlas gracias a la energía de la joven, que aún no sabía usarla, por seguridad seguramente fueran buscadas por los ángeles una vez aquello terminara, sea cual sea el resultado del combate entre los hermanos. Sin embargo, antes de llegar hasta allí, notó que había varios ángeles por allí… hasta que una honda de energía los destruyó, desde luego había sido una bastante poderosa. Corrió en esa dirección y se encontró con la joven, sus ojos rojos brillaban con fuerza en un intenso carmesí, mientras su pelo se movía suavemente por sus poderes.

-No está nada mal -comentó, acercándose-, ¿cuántos había?

Ariadna no se dio cuenta de la presencia del otro hasta que habló, momento en que ella le miró con una suave sonrisa, esperando que se acercara él primero, que llegó y la abrazó cariñosamente. Esta se dejó hacer, Beatrice apareció detrás de ellos, y con interés les miró.

-Tenemos que hablar, ¿tenéis tiempo?

Y, con esas, entraron a la pequeña casa, parecida a la construida por Susan y Marin en la dimensión de ellos, pero a la que aún no habían llegado a acceder. Dudaban hacerlo en el corto plazo, de hecho. Sin embargo no pensó en ello, y se sentó en una silla de madera, delante tenía a las otras dos mujeres, desde luego era un plan arriesgado el suyo, pero era lo mejor que podían hacer. Suspirando, se preparó para contarles lo que tenían intención de hacer.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.