Código Guardianes: El ascenso de Tinieblas

Capítulo 3

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

Ariadna se había sentado en una de las sillas de la cocina, bajo la atenta mirada de su madre, Beatrice, con Johnny en frente de ambas. La energía de la más joven se podía sentir aún perfectamente, eso había sorprendido al otro, ese manejo desde tan temprano era buena señal, aunque puede que sólo fuera una cuestión de suerte o de haber actuado más por instinto que habiendo razonado aquello. Sin embargo, no estaba ahí para eso.

-La verdad, no me esperaba tu visita…

El chico se estremeció algo por las palabras de Beatrice, que le tendió un vaso de agua, y que él tomó con una sonrisa.

-Las cosas se han… complicado bastante.

-Ni que lo digas -murmuró Ariadna-. Papá… ¿crees que estará bien?

Johnny no supo que responder, era algo complicado de saber. Sin embargo, entendía el pensamiento de ella, y en momentos así era mejor mantener la cabeza alta.

-Seguro que sí -respondió-, de hecho venía para saber… ¿tienes idea de lo que ha pasado, además de lo de William?

Las otras dos se miraron, fue Beatrice la que respondió.

-Sabemos que los Guardianes se han separado.

Johnny asintió algo.

-Sí, y creemos que lo mejor es estar unidos, los que podamos estarlo…

-¿Quiénes sois?

-Mis padres, mi tío y… mi pareja…

-No pareces muy convencido.

El chico resopló algo.

-Suena raro, es la primera vez que tengo una y pasó muy deprisa -reconoció-, sin embargo, la quiero mucho… y, como digo, nos gustaría teneros cerca, para protegeros mejor.

Las otras dos se miraron, algo dubitativas.

-¿Tú no estabas entre los que estaban en contra de Will?

A esa pregunta de Beatrice, el otro puso algo de mala cara.

-Estaba en su bando, de hecho -comentó-. Acabé con él, junto a Sam, en el Infierno -el recuerdo de la muerte de ella llegó a su mente entonces-. Sé que él sólo querría vuestra seguridad, y la verdad, ahora la vais a necesitar más que nunca.

Eso era verdad, sin duda. Beatrice se le acercó suavemente.

-Mi vida ha cambiado mucho en los últimos días, sé que las vuestras también -empezó a decir-. ¿Hasta qué punto puedes garantizar nuestra seguridad?

El otro se lo pensó un poco.

-Sinceramente… no sé si puedo hacerlo -reconoció-, lo que sí sé es que conmigo y mi padre y tío estaréis en mejor posición que estando solas, por que… -suspiró pesadamente- A saber cuando sale William del Infierno.

Se abstuvo de añadir si es que salía, no se las quería poner en contra o molestarlas. Beatrice no parecía en especial convencida, se sentía segura en aquel sitio, no tanto porque objetivamente fuera una plaza adecuada, sino más por una cuestión mental. Ariadna, por su parte, no tenía ese arraigo… y durante su tiempo de gestación se había unido en especial a William. Allí donde pudiera estar él, quería estar ella, y cuando este volviera estaba convencida que querría estar allí. Además, necesitaba aprender a usar su poder. Hasta ahora lo había usado de forma automática, como el respirar… y para poder luchar, tenía que manejar su energía activamente.

Tomó la mano de su madre entre las suyas y la miró a los ojos. Era tan humana como cualquier chica que uno viera en un centro comercial, lejos de cualquier aspecto maligno que pudiera tener su padre biológico. En ningún momento había visto a la chica hacer nada que fuera… propio de un demonio. Eso la había tranquilizado bastante. Se miraron a los ojos y se comunicaron sin decir nada durante un instante que parecieron horas, hasta que giró su rostro y encaró a Johnny.

-Haremos las maletas e iremos con vosotros -dijo Beatrice-, ¿vosotros dónde estáis viviendo?

No tenemos sede como tal -reconoció él-, pero… supongo que estaremos la mayor parte del tiempo moviéndonos, hasta que las cosas se calmen un poco.

-Bien… -Beatrice señalo con la cabeza a su hija que saliera- Nos estaremos preparando ahora, ¿vuelves luego a por nosotras?

Este asintió, y sonrió a la otra.

-Me alegra que quieras venir.

-Me gustaría no tener que depender de nadie, pero… -puso mala cara- Sé que con vosotros estaremos más seguras, pero sería mejor aún si estuvierais juntos.

-Estoy de acuerdo, pero si ni aún así hemos logrado evitar nada y han barrio el suelo con nosotros… -Johnny se sentó en una de las sillas- No tenemos el suficiente poder para enfrentarnos a seres así.

La otra asintió, pensativa. Ella estaba de acuerdo, y enfrentarse a según quien era simplemente un suicidio. Era mejor limitarse a protegerse ante un eventual ataque.

-Con mantener un perfil bajo… bastará -miró hacia fuera del cuarto- Iré a ayudar a la niña, ¿cuándo volverás?

El otro se limitó a levantarse y colocarse la ropa.

-No creo que tardemos mucho, tenemos que ir a buscar a un serafín -le explicó-. Pase lo que pase no creo que nos tome más de media hora, tardaremos más en prepararnos que en la reunión en sí…

-Mucha suerte, Johnny -le abrazó suavemente, el otro se dejó-. Os esperaremos aquí…

Él se separó entonces desapareció de allí, yendo directo hacia donde estaban los demás, en aquel motel de carretera dirección a Liverpool. Habían recogido sus cosas y colocado en uno de los armarios de uno de los cuartos, sin embargo, habían esperado al otro para poder contar con él durante la charla con Pandiel. Habiendo localizado bastante bien dónde estaba, faltaba ir hasta allí.

-¿Creéis que podremos convencerle?

A esa pregunta del chico, Gabriel se limitó a negar. Estaban sentados en un par de sillas a su espera, la única que estaba haciendo algo era Gabrielle, que leía una revista, mirando a su hijo con la gafas sin acabar de quitar, mientras Obara estaba tirada en la cama con cara de aburrimiento.

-Dudo lograr nada en claro, pero en cualquier caso hay que intentarlo -murmuró Azrael, moviendo su mano derecha-. Vamos, adelante.

Ante ellos apareció un vórtice en el aire y del que se veía un intenso verdor, señal que aquel era el destino al que llegarían tras cruzarlo… así que procedieron a pasar a través del mismo.

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Aparecieron Gabriel, Azrael, Johnny, Gabrielle y Obara en las cercanías de un río en plena jungla. Los rayos solares apenas pasaban la espesa vegetación, tan densa que lo cubría todo y no se veía más que verde y algo de marrón allí donde uno posara la vista. El intenso sonido de los animales locales no le quitaba misticismo a aquel lugar, de hecho, si se le sumaba el propio discurrir del agua quedaba una sinfonía natural bastante interesante. Pero no se pararon a admirar el paisaje, tenían algo bastante más importante de lo que preocuparse, su destino quedaba a unas decenas de metros, de hecho, desde allí se podían distinguir las primeras cabañas de la aldea a la que se dirigían.

Estas eran de madera inteligentemente cortada, con techos a base de grandes hojas verdes, y una pequeña entrada cubierta por una tela de vivos colores. En su interior unas brasas iluminaban el interior, estando en las paredes varias herramientas de caza y artículos de culto, habiendo algunas prendas de ropa colgadas en cuerdas en el exterior de la choza, y que, como las demás, estaban dispuestas formando un círculo en torno a una fogata central. Los dos arcángeles indicaron a sus acompañantes que esperaran mientras ellos se acercaban, pero estos se negaron.

-Pandiel no se fiará de vosotros, yo desde luego no lo haría -decía Johnny-. Nuestra mejor opción es que nos vea a uno de nosotros tres, para que al menos no huya en cuanto nos vea venir -suspiró entonces-, eso… si no lo ha hecho ya cuando notó nuestras energías llegar.

Los dos mayores suspiraron y asintieron, tenía sentido lo que decía el joven. Decidieron confiar en su criterio y le dejaron ir, mientras Gabrielle y Obara iban tras él, en especial la primera, y que comenzaba a sudar por el calor y la alta humedad del entorno. Entraron al interior del círculo, donde no había nadie más allá de algún que otro perro olisqueando aquí y allá, aunque era un sitio habitado a juzgar por la ropa y restos de comida que había por todas partes. Tenían que haber salido hacía poco, pues los fuegos seguían ardiendo suavemente.

-No veo a nadie… -murmuró Gabrielle, seria, mientras andaba -Es raro, parece habitado…

-Concuerdo -añadió Obara entonces-. ¿Notas algo, Johnny?

Este se había quedado quieto en el medio del poblado. Había extendido su energía a lo largo del mismo, puede que se hubieran equivocado de lugar, pero… se podía sentir los poderes del serafín casi sin problemas, había estado allí hasta hacía poco, pero no se le veía… hasta que escucharon movimiento en una de las cabañas. De la misma salió un varón de pelo negro y piel bronceada, portaba una camiseta de manga corta blanca y una especie de falta hecha de hojas, con un par de franjas rojas en la mejilla. Miró a los presentes en silencio, especialmente a Johnny, que se estremeció un poco cuando notó las alas multicolor a su espalda, muy diferentes a las de sus congéneres, que únicamente eran plateadas.

Las de Pandiel en cambio parecían un arcoíris, su energía fluctuaba de una manera similar a la tonalidad de sus plumas, pero no estaban allí para admirar la belleza del serafín. Este suspiró pesadamente, y se sentó en el centro del poblado, siendo imitado por los demás. Antes de que ninguno empezara a decir nada, habló el serafín.

-He mandado a todo el poblado a una zona apartada, para poder hablar -comentó-, no nos interrumpirán, no van a desobedecer a su chamán.

Los otros se miraron entonces, el momento había llegado.

-Lucifer es libre, ¿lo sabes, verdad? -preguntó Obara- Todo lo del apocalipsis y demás.

Este asintió suavemente.

-Estoy aislado de los asuntos del Cielo, pero no vivo ajeno a todo -le espetó Pandiel-. Sí, sé que el segundo arcángel es libre, y también que ya tienen sus cuerpos perfectos ambos hermanos.

-Durante su liberación, nos dimos cuenta de un detalle… curioso -comenzó Johnny entonces- Algunos demonios tenían plumas con las cuales pudieron derribar las protecciones de las catedrales en las que estaban los últimos sellos.

Pandiel suspiró suavemente.

-Sí, fue a través de mis plumas -reconoció-, tienen mi mismo poder, gracias no a mi energía, sino a mi conocimiento de la realidad… sólo comparable al de los hijos directos de Luz o al de propio Luz.

-¿Les ayudabas pese a saber lo que implicaría todo lo que venía?

A esa pregunta de Gabrielle, el otro asintió, despacio. En las manos de todos ellos apareció un vaso de madera con un líquido dentro, no estaban muy seguros de si era buena idea tomar de aquel brebaje. Sin embargo, la charla estaba lejos de terminar.

-Ellos no me podían obligar a darles mis plumas -comentó Pandiel-, no desde luego la mayoría de ellos, pero… -suspiró pesadamente- Sin embargo, los Caballeros sí, ellos sí que podrían darme algún problema, aunque no demasiado, lo hice más por voluntad propia que por obligación.

-Para cumplir con ese destino -completó Obara-. ¿Nunca os paráis a pensar en que igual no es tan buena idea dejar suelto a un ser que quiere acabar con toda vida?

Los ojos del serafín brillaron suavemente, pero Johnny también elevó su energía en contrapartida. Pandiel se limitó entonces a mirarle de reojo.

-Si yo no hubiera accedido, hubiera llegado Miguel, o Raguel o Remiel a obligarme -le respondió-. Y te garantizo que ellos no se andarían con delicadezas para hacerlo.

-Ahora que ya no tienes que hacer nada -comentó entonces Johnny-, ¿nos ayudarás? Hay que evitar que esos dos…

-No -Pandiel se levantó entonces, serio, mientras se retiraba-. Será mejor que abandonéis esas ideas, es algo que debe pasar.

-¡¿Por qué?! -le replicó Obara, molesta- ¡¿Para qué acabar con la vida en toda la realidad?

Notaron el poder del otro extenderse e inmovilizarles.

-No entendéis nada, humanos -encaró a Johnny-. Incluido tú, nephilim, tu caso es el más grave por ser quién es tu padre… -miró en una dirección- No creáis que no os sentí… hermanos.

Instantes después aparecieron los otros dos, y que se cruzaron de brazos ante la actitud del otro. Sin embargo, no parecía en especial sorprendido o asustado por la presencia de ellos.

-Suéltales.

A esa orden de Gabriel, Pandiel se limitó a hacer un suave movimiento de mano, dejándoles poder moverse sin más. Sin embargo, el serafín estaba lejos de terminar de hablar.

-Vosotros deberíais saberlo, cual es el verdadero plan de Luz -comentó-, uno que lleva queriendo llevar a cabo eones, pero no podía hasta el momento oportuno… y que es ahora.

-Se supone que Luz es todopoderoso…

-Lo es.

Gabrielle suspiró por ese corte, pero no comentó nada al respecto.

-En ese caso, ¿por qué esperar? -comentó- ¿Por qué no generó esas circunstancias antes?

Pandiel asintió despacio, y miró a sus superiores, que estaban sorprendidos por el devenir de esa conversación. No entendían a ese serafín.

-Supongo que para poder calmar los ánimos de todos -comentó-, aunque él pueda poner las condiciones materiales, no puede cambiar la mentalidad de su hermana, Tinieblas, sólo la de Lucifer y Miguel -miró a los demás-, y como no es alguien al que le guste obligar… se limitó a esperar.

El silencio llegó en ese momento, sólo roto por el suave ambiente selvático. Aquella información sin duda era interesante, pero no habían llegado para eso, y ante la negativa del otro a cooperar, es posible que le tuvieran que obligar a ello. En ello pensaban cuando notaron que el otro tomaba una de sus plumas con cuidado y se la entregaba a Johnny.

-Con esto podréis hacer cosas interesantes -comentó entonces el otro-, mis plumas tienen mi conocimiento, pero yo no os contaré o ayudaré en nada.

-¿Por qué? -el chico no lo entendía- Al final nos estás ayudando pese a que se supone que no quieres.

-No es contradictorio, aunque os lo pueda parecer -comentó-, de hecho todo es parte del plan, uno que nos supera a todos por su complejidad y aquel que nos está moviendo.

-No me gusta no tener control sobre lo que nos sucede, a decir verdad -comentó Obara, cruzada de brazos -¿esto durará mucho?

-Apenas unos días, créeme -explicó Pandiel-, en cuanto luchen los dos arcángeles y no se puedan derrotar entre ellos tendrán que claudicar ante la evidencia, y entonces Luz intervendrá.

Los otros se miraron, se le veía muy seguro a ese respecto. Sin embargo no podían decir demasiado a ese respecto, ellos harían lo mismo de estar en su posición, aquello no había servido de demasiado al menos en apariencia, tendrían que investigar sobre esa pluma.

-¿Para qué sirve?

Esa pregunta de Gabrielle era la que todos los presentes se estaban haciendo en aquellos momentos. Pandiel se sentó de nuevo, pensativo, no tardando demasiado en responder.

-Colocado sobre un libro, os dará acceso a bastante conocimiento -explicó-, os diría en vuestras cabezas, pero podríais acabar bastante mal parados de hacerlo…

-Mejor en un disco duro externo-intervino Obara -. Un libro no creo que tenga el suficiente tamaño para poder contener todo el conocimiento que seguro tienes.

Pandiel sonrió con cierta satisfacción.

-Nos volveremos a ver dentro de poco -suspiró algo-, ahora será mejor que os vayáis, siento que los nativos vuelven y no quiero disturbios.

Sin más, y como no parecía que fueran a lograr sacarle nada más – cuando un ser celestial se decidía era imposible quitarle la idea de la cabeza – decidieron abandonar la zona. Volverían a una zona bastante habitada para perderse entre los locales, sin demasiado más que hacer más que alejarse de cualquier enviado de uno de los hermanos mayores de los dos arcángeles.

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Precisamente estos dos se encontraban frente a frente, con sus alas doradas extendidas. En la mano derecha de Miguel, que usaba el cuerpo de Asmeya, tenía una espada de fuego que replicaba al son de la energía de su dueño. Lucifer, por su parte y usando el de Aelita, había adoptado una postura defensiva, atento en todo momento a los movimientos de su hermano, y que se colocó también en posición. El entorno se había vaciado totalmente ante la inminente batalla de ellos dos, y que se lanzaron contra el otro al mismo tiempo, desapareciendo de la vista de los demás. Reaparecieron en el espacio interplanetario, con la luz del Sol dando de lleno en ellos, pero poco les importó: los puñetazos y patadas se empezaron a suceder, todos ellos con sus energías rodeando sus cuerpos para imprimirles más fuerzas. Rayos de luz salían de sus manos y piernas, con enormes cantidades de energía discurriendo por todos lados, moviéndose a la velocidad de la luz en todo momento.

La espada flamígera se movía a toda velocidad gracias al porte de Miguel, que en un momento dado se pudo separar algo más y comenzó a usar su arma, pero Lucifer se protegió con un escudo de energía desde su brazo izquierdo, mientras con el derecho creaba una segunda espada de luz. Las alas de ambos brillaban con la intensidad del Sol, mientras ambos arcángeles usaban todo su poder. Tanta energía se estaba generando que emitían un fuerte calor según se movían por el espacio, pasando cerca de los diferentes cuerpos celestes con el pasar de los minutos, yendo aún más deprisa que la luz en ciertos momentos, lanzando fuertes ataques contra su hermano.

Lucifer daba fuertes puñetazos y tortazos al otro, de los que se defendía y hacia lo propio con el otro, contra el que pretendía usar todo su poder. Sin embargo, con el pasar del tiempo, se fueron dando cuenta que estaban demasiados igualados en aquel enfrentamiento. Y no estaban en absoluto siendo controlados o reducidos en poder de algún modo, de hecho, eran totalmente libres para poder lanzar todo lo que ellos quisieran. Se separaron de nuevo, se rodearon de su energía, y la cargaron en sus manos. El espacio en torno a ellos, que ya estaba temblando por la gran cantidad de poder que estaban soltando durante el combate, pasó a resonar más aún con aquello, e, instantes después, ese poder se liberó en dos grandes haces de luz y que chocaron en el punto intermedio entre ambos. Segundos después hubo una gran explosión que les hizo salir expedidos a toda velocidad hacia atrás, reapareciendo uno frente al otro cuando se dieron cuenta de lo sucedido.

-Está claro que esto se alargará más de lo previsto… -murmuró Miguel- Y aunque usemos nuestros dos ejércitos, no cambiaría nada.

El otro asintió, aunque sonrió suavemente.

-Muerte, ¿estas aquí?

Este apareció entre ambos hermanos. Sin embargo, el ser supremo en ningún momento escuchó las palabras de Lucifer, limitándose a tomar a ambos hermanos de los hombros.

-¿Habéis acabado vuestra pequeña riña?

-Esta pequeña riña ha provocado la misma energía que una super nova, tío -le espetó Migueñ-. Esto es serio, debo acabar con él para….

-No harás nada, Miguel.

Este puso mala cara, e iba a replicar, cuando los tres desaparecieron de allí. Las olas de energía de la batalla se extendían a lo largo del espacio, e iban dirección a la Tierra para impactar contra esta y desatar una catástrofe, cuando todo ese poder simplemente cambió de dirección, atravesando sin más el planeta y yendo directamente contra Marte. Aquello había sido provocado por Espacio, otro de los supremos, y que observaba el proceso desde una posición privilegiada, aunque sin llegar a tener un cuerpo físico, limitándose a mostrar una parte de su energía en forma de esfera luminosa, brillando en un suave tono índigo.

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Sin embargo, aquello no pasó desapercibido en el planeta. Electra había aparecido en aquella red de cuevas, reuniéndose con Percy, al que encontró tirado en el suelo, sin su armadura y con los brazos cruzados sobre el cuerpo, en una actitud totalmente pasiva. Ni se movió al notar la energía de la otra, y que se limitó a andar, a paso lento, hasta él. Se sentó a su lado y empezó a acariciar su pelo, mientras el otro lloraba en silencio, moviendo su rostro con intensidad, en especial sus labios, que temblaban un poco.

-Pagará aquel que haya hecho esto… -murmuraba Percy- Le mataré y beberé de su sangre, Electra…

Esta no dijo nada, su energía rodeó al otro, con sus ojos en todo momento cerrados.

-Quieres venganza, ¿verdad?

-¡Claro que la quiero! -exclamó, golpeando el suelo- ¡Descubriré quién fue, y acabaré con ese demonio, lo juro!

Electra asintió despacio, podía entenderle. Percy se dio cuenta de que ella tenía los ojos cerrados, y ella se limitó a responder.

-No me siento digna de poder ver de nuevo un amanecer, o vuestros rostros, o en general el mundo -reconoció-. No recuperaré la vista hasta poder redimir mis errores.

El otro asintió, despacio. Él también debía reconocer que habían cometido muchos fallos, desde luego la habían cagado bastante. Había derivado todo en una guerra entre compañeros, a los que ahora no podían ni ver en algunos casos, pero poco podían hacer al respecto a esas alturas. Tendrían que hacer frente a sus decisiones, les gustaran o no, por eso estaban ahí. Fue en ese momento que comenzaron a notar la enorme batalla entre los dos arcángeles, y cuya fuerza hacía temblar todo el ambiente energético de aquella zona. Tal era su intensidad que lo opacaba todo, los dos jóvenes se limitaron a mirar en esa dirección, sin que en ningún momento notaran la presencia de Máximo y Minerva, que habían penetrado al interior de aquella zona de galerías, y gracias a recordar la posición de ellos dos, pudieron llegar al poco hasta ellos, y que ni se giraron, no escuchando sus pasos en ningún momento.

Máximo se limitó entonces a hacer aparecer entre sus manos unas cadenas de energía y que lanzó contra ambos, sólo entonces se dieron cuenta del peligro y giraron sus rostros, tarde ya en el caso de Electra, que sintió cómo se enrollaba en torno a su cuerpo, y, de un tirón, la acercó hasta él. Percy atacó a Minerva con su energía, aunque ella lo esquivó, haciendo aparecer su escudo, que retumbó cuando detuvo el fuerte golpe del muchacho, que comenzó a mover los minerales que había en paredes, techo y suelo para atacar al enemigo.

De la tierra comenzaron a salir lanzas de acero, oro y plata, que aunque los otros pudieron esquivar aquello con bastante facilidad, lograron desestabilizarles lo bastante para que Electra pudiera comenzar a flotar, haciendo que la electricidad recorriera su cuerpo hasta las piernas, desde las que lanzó unos rayos contra ellos. Máximo los recibió con cara de algo de dolor, sin embargo, no estaba dispuesto a dejarse derrotar por ellos, así que, de un segundo tirón, y rodeado de su energía, la llevó contra la pared más cercana y la atacó con una esfera de energía.

Percy la intentó proteger, interponiéndose con su hacha en las manos y con su energía rodeándole, intentando romper la cadena con la misma, aunque Máximo fue más veloz. Se lanzó a por ellos, con sus manos rodeadas de energía, así como Minerva, y que logró inmovilizar desde atrás a Electra, que empezó a moverse por el aire para golpear a la otra con las paredes, mientras Máximo, usando la misma cadena, se defendía de los golpes de Percy.

Este se movía rápidamente y con contundencia, sin embargo, el otro era igualmente veloz, y había movido su arma a lo largo del suelo, expandiéndola por la sala, y aunque el chico era más o menos consciente, no sabía a qué venía aquello… hasta que el otro encendió su energía y la hizo elevarse intensamente. Eso provocó una intensa ola de energía que derribó a Percy, oportunidad que el otro aprovechó para correr hasta él, colocándose a su lado y tomándole del cuello.

Procedió entonces a rezar las mismas líneas que Lucifer cuando logró subordinar a la Muerte, y notó que unas líneas de energía les unían, hasta que una marca apareció en su cuello, una línea energética se formó entonces, y que le ardía al otro. Electra lo sintió de inmediato y cayó al suelo como un saco, mientras temblaba un poco, llorando. Minerva puso mala cara, algo adolorida, mientras el romano se acercaba hasta ella, posando una mano en el hombro de la diosa.

-No te preocupes, Guardiana del rayo -le dijo él-, no está muerto, como tampoco lo estarás tú, sólo… ahora estáis a mi mando, para recuperar el esplendor de Roma.

Procedió de la misma manera que con Percy, bajo la atenta mirada de, primero la diosa, y luego con el propio guardián de los metales, que se acercó a su nuevo amo, con cara adusta pero con interés, cruzado de brazos. Tardó poco tiempo en terminar, por la falta de ganas para enfrentarle, rindiéndose ante alguien que, puede, pudiera corregirles. Sin duda sería un castigo adecuado, perder la libertad para redimir sus malas decisiones.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.