Código Guardianes: El ascenso de Tinieblas
Capítulo 4
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Máximo, Minerva, Electra y Percy se limitaron a salir de la cueva, sin mediar palabra enunatre ellos y con sólo el sonido de sus pisadas rompiendo el pesado silencio que imperaba entre ellos. Al primero no se le escapaba que, en cierto grado, se habían dejado dominar por él, aunque las razones para ello le eran indiferentes. Lo importante era eso, que ellos están ahora en su poder, y ahora, lograría hacer lo mismo con los demás, o por lo menos, con la mayoría. No tenía ni idea de dónde se escondían el resto de Guardianes, pero ellos seguramente sí, les preguntaría por ello en cuanto estuvieran en un lugar más tranquilo… por ejemplo, un pequeño bar de pueblo. Recorrieron el camino de vuelta hasta el pequeño municipio donde el propio Percy se había criado, formado por pequeños grupos de casas próximas unas a otras, y desde donde se podía ver la montaña en la que habían combatido.
-Creo que este es un lugar más que adecuado para charlar -Máximo se había sentado en una de las sillas de la terraza-, colocaos, por favor.
Se encontraban en la calle de los bares de la localidad, con un total de seis establecimientos donde algunos lugareños se tomaban un vino o compartían una ronda de cervezas. Hacía una más que agradable temperatura, y el bosque cercano, aunque había terminado kilómetros atrás, seguía estando presente en forma de zonas con algo más de vegetación y maleza. Pese a ser un lugar claramente pobre, los niños pequeños jugaban entre ellos junto a algún que otro perro bajo la atenta mirada de sus abuelos.
-¿Necesita… algo?
Electra entendía bien su nueva posición, como subalterna del demonio. Este se lo pensó antes de responder, con las manos en su regazo, mientras los otros dos callaban, expectantes.
-Como dije arriba, quiero devolverle a Roma su antiguo esplendor -explicó él, pensativo-. Para ello, necesito el poder de los antiguos Guardianes, ahora que ya no habrá más demonios molestando… dudo que los ángeles quieran molestarnos, ¿cómo lo ves?
La otra dudó un poco, aunque llegó el camarero, que saludó afablemente a Percy, y tras pedir procedió a responder.
-Pienso igual, mientras no interfiera en sus planes, sean cuales sean, los habitantes del Cielo no harán nada, aunque…
Percy intervino en ese momento.
-Nos preocupa lo que sucedió minutos antes, no entendemos cómo no ha sucedido nada, con la batalla que se desencadenó ahí arriba.
Minerva asintió, pensativa.
-Libraron mucha energía ahí -reconoció-, tanta… que dudo mucho que podamos hacer nada contra ellos, aun luchando todos nosotros juntos, Guardianes incluidos.
-El poder de ese arcángel es enorme, cierto es -comentó Máximo-. ¿Sabéis si tiene algún tipo de plan? Apenas tuve contacto con él, más allá de descubrir cómo hizo para poder tener bajo su poder a alguien…
Los dos más jóvenes suspiraron un poco antes de responder.
-Sólo que quería acabar con la vida de la realidad…
-No está nada mal -Minerva se recostó en su silla, no siguió hasta que el camarero llegó con su pedido-. Algo me dice que se lo han impedido de algún modo.
-Tiene toda la pinta, sin embargo no nos debemos relajar -aclaró Percy-, eso nos pasó antes, y se nos fue de la mano.
Máximo asintió, y bebió un poco de su cerveza. Los demás tenían refrescos, y agua en caso de la diosa. La tomó suavemente de la mano, que apretó, y procedió a mirar la hora.
-Estoy de acuerdo contigo, joven Knight -comentó-. Bien, descansemos aquí, cuando terminemos me gustaría que me indicarais dónde están los demás, si es que lo sabéis, y comencemos con mi importante tarea.
Los dos jóvenes se miraron y suspiraron. Los demás… a saber dónde estaban. Sólo podían notar a Johnny, Obara y Ariadna, por supuesto a los dos tíos del chico, y a nadie más. El resto tenía que estar muy bien escondido, o ni siquiera estar en ese mundo – cosa que no podían descartar plenamente – así que sería una búsqueda larga y difícil. Hicieron un pacto tácito y silencioso, no alertar a su nuevo amo salvo que ellos se presentaran abiertamente, donde ninguno de ellos podrían defenderles del romano, porque ni siquiera un demonio puro era. Tenía sus poderes, pero no se dejaba llevar por las mismas pasiones que uno de los espeluznantes habitantes del Infierno, ni olía a uno, ni tampoco parecía verse afectado por aquello que hería a esos seres. En todo caso, y estando asesorado por quien le acompañaba, no debía ser tonto precisamente, actuarían con cuidado. Era parte del precio a pagar por sus errores pasados.
-Necesitaremos de una base, señor, para poder reunirnos en un lugar adecuado -comentó Minerva-, estaba pensando en la antigua sede de los olímpicos, o incluso, en lo alto de una de las colinas que rodean Roma.
El otro asintió, pensativo, le agradaba la idea bastante, y mientras pensaba en ello, los demás suspiraron suavemente.
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Mientras, y precisamente a raíz de su combate, Lucifer y Miguel aterrizaron en un plataforma transparente, en el espacio profundo, sólo con estrellas de fondo. No estaban a solas, pues Muerte estaba allí… y Luz, que les ayudó a levantarse como si fueran niños pequeños que habían rodado por el suelo, retirándoles el polvo. Sintiéndose algo insultados, se separaron algo del otro, y no pudieron evitar caer en la tentación de seguir con lo que tenían entre manos, pero su propio padre se lo impidió con un suave gesto, suspirando.
-Deteneos, por favor.
Ambos arcángeles le miraron, sin llegar a girar el rostro, sorprendidos por aquella orden. Miguel obedeció sin dudar, pero Lucifer tuvo sus serias dudas.
-¿Has entrado ya en razón, padre?
-No, espero que lo hayas hecho tú, hijo.
Este chasqueó la lengua, ligeramente molesto. Miró a los dos supremos, mientras se alejaba un poco del otro. No había intentado usar sus poderes para atacar a su hermano, pero algo le decía que no podría ni aún intentándolo con todo su poder. De todas formas, segundos antes comprobó que, aunque fuera con todo, no sería capaz de poder derrotar a Miguel… ni este a él. Jamás podría. Era un combate que parecía destinado a no terminar nunca, pues los poderes de ambos estaban tan igualados que parecía haber sido hecho adrede.
-¿Qué quieres, padre?
-Hablar, tenemos muchas cosas que hacer.
Aparecieron varias sillas, en las que cada uno de los presentes se sentó, con una mesa en torno a ellos en las que se pudieron apoyar cómodamente. Luz se lo pensó unos instantes antes de decir nada, Muerte se limitaba a esperar pacientemente, con los brazos cruzados sobre el pecho.
-Espero que hayáis resuelto vuestras diferencias ya -comenzó-, es necesario para lo que viene ahora.
-¿Por qué?
A esa pregunta de Miguel, intervino su tío.
-Tu padre tuvo la genial idea de querer reconciliarse con vuestra tía, Tinieblas -comentó-. Considero que es buena idea, pero en todo caso será duro, y, a la vez, es una verdadera locura lo que pretende.
El aludido suspiró un poco, mientras los dos arcángeles se quedaban en silencio, sin saber qué decir.
-Necesitaba que, antes de poder hacer nada, os llevarais bien nuevamente… al menos que no os quisierais matar entre vosotros a la mínima, con eso me bastaría.
-Entonces… ¿todo venía por tu deseo de volver a llevarte bien con tu hermana?
-El final de los tiempos era sólo una excusa, efectivamente, y espero haber acertado… -murmuró- No quiero obligaros con mis poderes a nada que vuestros corazones no quieran.
Los otros dos se miraron. No podían negar que, en aquellos momentos, seguir combatiendo era estúpido, no llegaría a nada, pero… ¿llevarse bien? Del todo imposible, demasiado tiempo deseando tener entre sus manos el cuello del otro para ahorcarlo. Iría en contra de su naturaleza.
-Tinieblas sigue en su encierro, ¿verdad, padre?
-Así es, Miguel.
Este pensó un rato largo, mientras Lucifer miraba al suelo como si fuera lo más interesante de la realidad en esos momentos, preguntándose muchas cosas.
-¿Los demás, digo, nuestros hermanos, saben todo esto?
-A través de Pandiel intuyen que algo se está cocinando, sí -Luz podía notar a la perfección la tensión en el aire-. Pero no que estamos aquí reunidos, o sobre Tinieblas… saben que existe, pero no que su liberación será una realidad en poco tiempo.
-Entonces pasará queramos nosotros llevarnos bien o no, ¿verdad?
-Me gustaría no tener que obligaros a nada, a decir verdad -reconoció-. Ambos sois inteligentes y sabéis que ella podría desatar un cataclismo tal que sólo juntos la podríamos parar… como se hizo hace eones, aunque esta vez me gustaría que ella conviviera con nosotros.
Los dos arcángeles suspiraron pesadamente, mientras Muerte se limitaba a levantarse para darles espacio y algo de privacidad, nadie podría interferir en aquella charla sin que él lo supiera y permitiera abiertamente.
-Si me permitís el comentario, charlad todos juntos, porque si vais por separado os irá mal.
-¿Te refieres a…?
-Los otros miembros de la familia, incluido tu nieto y su muchacha, sí.
Antes de que pudieran decir nada más, el supremo desapareció de allí, dejándoles solos. Luz negó suavemente con un gesto de cabeza, era impensable… por otro lado, toda ayuda era bienvenida, y eventualmente sabía que necesitaría de todos los demás para poder hacer frente a la ira de su hermana mayor. Suspirando, se echó hacia atrás para poder pensar un poco, y es que la idea, aunque atractiva, no le convencía plenamente. Además, había un punto extra…
-… porque Raguel y Remiel están… Digamos que sus negocios no son los más pulcros.
-Estoy al corriente de todo, Luci…
Este suspiró suavemente, rascándose la cabeza. Notó la suave risa de Aelita al fondo de su mente, como si hubiera escuchado todo, y frunció algo el ceño.
-Te estás uniendo más a ella, es normal que sientas sus ideas.
Lucifer observó de reojo a su hermano.
-Pensaba que eran sensiblerías de padre.
-Soy un sensiblero, sí -reconoció el otro, mientras miraba al otro a los ojos-. Vuestros cuerpos se están adaptando a vosotros, seréis más poderosos cuando estéis en sintonía con ellas, así que tendréis que ceder el control, niños.
Los dos arcángeles no dieron crédito, y, con ganas de irse, intentaron desaparecer… sin éxito. Muerte había hecho buen su trabajo, sin duda. Se limitaron a andar por la plataforma, como si fueran animales enjaulados, ante la atenta mirada de Luz, y que se limitó a esperar con paciencia. Ya lo había hecho durante eones, unas horas no se le harían largas.
-¿Y por qué nos estamos uniendo con ellas, padre?
Luz suspiró un poco, mientras se lo pensaba un poco.
-El propio tiempo ayuda a ello, que sean vuestros cuerpos perfectos también… pero sobre todo, es por una cuestión de que os parecéis.
-¿En personalidad, verdad?
-Cierto, lo mismo me gustaría que pasara con el resto de vuestros hermanos, es el segundo punto…
-¿Nos has escuchado con respecto a dos de ellos, al menos? -preguntó, molesto, Lucifer- ¡Raguel y Remiel no están para nada disponibles! -exclamó, cabreado- ¡Y Gabriel y Azrael tampoco nos querrán escuchar, sólo a ti, diría!
-Y dudo que lo hagan cuando se enteren de todo…
Luz suspiró, sus dos hijos llevaban cierta razón. Pero no tenía intención de rendirse, les convencería de ello. Estaba bastante convencido que ellos ayudarían, aunque costaría y mucho, y al final del día, eran sus hijos. Todo eso le empujaba a, al menos, intentarlo. A las malas siempre podría obligarles…
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En África, Aria se había dedicado a hacer un fuego para poder calentarse en la noche, ya el Sol había bajado bastante y había pedido al resto traer algo que llevarse al estómago esa noche. Con los poderes que tenían dudaba que pudieran tener problemas de cualquier tipo, pero con su mala suerte eran capaces de aparecer con una herida por hasta de rinoceronte… que, por cierto, tenía que buscar a algunos, mas por curiosidad que otra cosa, para ver cómo actuaban. En ello pensaba, cuando les sintió llegar, por instinto giró el rostro.
Vio a Ulrich de la mano de Yumi, cargaba él con varias bolsas, mientras la jovn Noe saltaba por el pasto de roca en roca, mientras reía un poco. El pueblo con supermercado más cercano estaba a horas de allí, sin vehículos no…
-Tengo que acostumbrarme a vuestros poderes aún…
Ulrich se limitó a sonreír, entregándole una de las bolsas. Habían comprando varios paquetes de filetes de pollo y cerdo, botellas de agua, pastillas de cloro, algo de aceite de oliva, y varias cebollas y un bote de sal. Junto a ello, un par de sartenes, y que colocaron en un lugar elevado.
-Y ahora vas a flipar más aún…
Ulrich observó el entorno, la otra no se había dado cuenta pero habían levantado una pared de energía que evitaría que nada que ellos no quisieran entrara… o que fuera demasiado poderosos para ellos.
-¿Qué haréis? Id con cuidado con el fuego, ya sé que eres su guardián, pero estamos en una reserva biológica súper importante.
-Te puedo asegurar que no pasará -comentó Yumi, posando una mano en su hombro-. Si él es el señor del fuego, yo lo soy de la naturaleza.
Aria suspiró un poco, y observó cómo Ulrich colocaba en las sartenes un poco del aceite, lo dejaba en el suelo, y las colocó sobre sus manos, que brillaron suavemente. Poco a poco notaron que se calentaba, y Yumi procedió a ir cocinando las carnes, ante la mirada de sorpresa de las otras dos. Incluso Noelia, que había convivido bastante con ellos, le costaba asimilar según qué cosas.
-Tu dominio es enorme, si eres capaz de algo así… -murmuró Aria- Yo o sé si sería capaz.
-Precisamente por tener un cuerpo adulto es que puedo -comentó el chico-, hasta hace poco era un adolescente, pero… hemos tenido que crecer a marchas forzadas, literalmente.
-Siendo mayores nuestra mentalidad, y poderes, cambian -explicó Yumi-, diría que hasta nuestra sabiduría, ahora somos más poderosos que nunca.
-Yo no sé si considerarme sabia… -comentó Aria, mientras se sentaba a su lado- Aunque es verdad que el pico físico y mental humano está en este punto en el que estamos.
-El ego fue lo que nos llevó al desastre, me gusta esa forma de pensar -movía su cola de lado a lado, sonriendo-, me caes bien, Aria.
Esta suspiró un poco, el suave olor de la carne cocinada empezaba a hacer rugir su estómago. Sin embargo, Yumi le entregó la cebolla y un cuchillito, mientras a Noelia le colocaba un plato en las manos. Iban cocinando tranquilamente varios filetes, Yumi tatareaba suavemente y guiando a todos los demás, indicando cuándo debía Ulrich bajar los grados de calor, a Aria cuándo tenía que parar de cortar y echarlo en una de las sartenes, e indicando a Noelia cuándo retirar la carne.
-¿Desde cuando mandas tanto?
Aria estaba sorprendida de ver el liderazgo de la otra con algo tan simple como eso, pero por experiencia sabía que eso se mostraba en otros aspectos también.
-Desde siempre, supongo, pero ahora es más necesario -comentó-, ¿o tu dejarías a este cocinar algo? Se le quemaría rápidamente.
-Yo también te quiero, Yumes.
Se rieron de esa corta conversación entre ambos, y procedieron a retirar poco a poco la carne, echado por encima la cebolla, ya caramelizada y con un color muy bonito y buen aroma, dejando las sartenes sobre una piedra algo aplanada que había ahí cerca. Se sentaron a comer entonces, usando unos cuchillos que Aria tenía por ahí, con cuidado de no cortarse la lengua.
-La explosión que noté antes… ¿sabéis qué fue?
Los dos mayores suspiraron un poco.
-Miguel y Lucifer luchando, sólo ellos podrían liberar tanto poder en tan poco tiempo -respondió Ulrich, suspirando un poco- ya no les siento, y eso es raro de cojones…
-Cierto, porque aunque estuvieran en la otra punta de la realidad, estoy segura que se notaría su combate -añadió Yumi-, algo ha tenido que pasar…
-¿Crees que uno haya ganado al otro?
A esa pregunta de Aria, la otra se encogió de hombros.
-A saber… en todo caso hay que entrenaros para que seáis buenos sucesores de Odd y Aurora…
Aria suspiró suavemente, seguía sin verse capaz de luchar contra nadie, no estaba en su naturaleza, pero si había algo que tenía claro es que protegería a todos los animales que pudiera. Los estudiaría y aprendería de ellos, puede que esa fuera su función, más que pelear contra nadie… Entendiendo e imaginando esas ideas, Yumi tomó suavemente su antebrazo derecho.
-Piensa que nosotros llevamos mucho tiempo peleando contra muchas cosas -explicó, limpiándose los labios con la manga-. Puede que sea hora de vivir en una etapa de paz verdaderamente larga para nosotros, ojalá…
Aria vio en su mirada algo de tristeza, algo sabía que había pasado y bastante gordo, y aunque le habían contado algunos detalles había cosas que no sabía. Cuando iba a preguntar por ello, cambiaron a un tema mucho más amable y tranquilo, y por no romper el buen ambiente que se había implantado, decidió que lo dejaría por ahora. Puede que necesitara descansar un poco para poder poner en orden sus ideas y, así, preguntar mejor. Y bostezó entonces, llevaba todo el día en pie y había sido una jornada bastante intensa, y tenía un sueño que se moría.
-Me iré a descansar un poco, estoy cansada, mañana… podremos entrenar, si queréis.
Sin más, y despidiéndose con un suave toque en sus hombros, ella se levantó y fue directa hacia su tienda de campaña, en la que se metió, se tumbó en su camastro, y sin que pudiera pensar nada, se quedó dormida en pocos minutos, sin enterarse siquiera que Noelia había entrado con ella al poco tiempo para descansar juntas. Se quedaron a solas Ulrich y Yumi, que se quedaron juntos bajo uno de los árboles, desde donde podían verse las estrellas bastante bien, estaban tomados de la mano.
-Has comentado una cosa muy interesante antes -comentó él-, y es que hay que entrenar a los nuevos, pero Aria no parece muy dispuesta…
-Y Noelia es demasiado pequeña aún para tanta responsabilidad, pero fueron elegidos por las energías de sus predecesores, es su destino… si es que hay un destino.
Yumi se acomodó en el pecho del otro, mientras él jugaba con su pelo tranquilamente.
-Los demás se han ocultado también, pero también notaste lo que pasó con ellos dos, ¿verdad?
Yumi suspiró suavemente, mientras estaban de compras sintieron que los poderes de Electra y Percy sufrieron una perturbación importante, y cerca de ellos, una energía similar pero diferente a la de Sam les tomó en cierto grado. Y puede que los demás como ellos corrieran el mismo destino.
-¿Deberíamos ayudarles?
-Puede, pero ellos deben querer ser ayudados -Ulrich la besó en la frente-. Les iremos a ver en cuanto podamos, el resto… no sé si querrán ser visitados.
Yumi observó las estrellas. También recibieron las mariposas de las gemelas, puede que lo mejor fuera ir con ellas, aunque tenían que estar listas. Se quedaron ahí mismo, acariciando al otro, no tenían sueño por sus poderes y habían comido casi por costumbre porque tampoco lo necesitaban, así serían más cercanos a Aria y Noelia.
Y mientras ellos estaban allí, bastante más al norte los Magné descansaban en el hotel que usaban a modo de base, estaban tirados en las camas, al menos Gabrielle, pues Obara y Johnny habían recuperado un disco duro externo, como ella misma había propuesto, mientras los dos arcángeles estaban andando por la parte exterior del edificio. Se sentían encerrados estando en ese cuarto, nerviosos, y crispaban la calma que pudieran tener los otros dos, así que decidieron salir de allí.
-¿Crees que con 7 teras valdrá?
Johnny no parecía muy convencido, así que ella tomó su mano. Habían guardado celosamente la pluma de Pandiel usando un portafolios que metieron en una mochila, aún brillaba y se notaba cómo destilaba energía. Seriel entró entonces, frente a ellos estaba el cuarto que ocupaba con Ariadna y Beatrice.
-Hola, angelito -comentó Obara-, por fin vuelves, ¿te costó hacer dormir a la niña?
Este suspiró un poco. Tuvo que subir al Cielo para poder hacer como que estaba con ellos, pero en el momento que Miguel comenzó su combate, y por orden del propio arcángel, tuvieron que volver a sus tareas. Y aunque casi todos se quedaron allí, a la espera de la vuelta triunfal de su superior, él decidió bajar a la Tierra, donde buscó a sus mayores.
-Ella descansa junto a su madre, pese a tener un cuerpo adulto sigue siendo una niña… -comentó- Lamento haber tardado en volver, han sido unas horas algo complicadas.
-Nosotros nos hemos reunido con Pandiel, estamos a punto de saber qué información nos ha facilitado…
Johnny depositó con cuidado sobre el aparato la pluma del serafín, que se iluminó suavemente, introduciéndose en el mismo y quedando grabado sobre su superficie como si hubiera estado en su carcasa desde que fue producido. Lo enchufaron a un ordenador con un cable que venia con el aparato, y, suspirando, se metieron al mismo. Estaba completamente lleno, pero sorprendentemente había multiplicado su capacidad varias veces, pero ni se pararon a mirar el máximo, limitándose a ir carpeta por carpeta.
-Hay tanta información que habrá que filtrar…
Ahí estaba toda la información de cómo funcionaba la realidad, toda la física del universo a un click, así como muchas formas de tratar a todas y cada una de las criaturas existentes y creadas, lo que incluía, por supuesto, a los arcángeles. Sin embargo, el propio aparato les llevó a una parte donde venía la información relativa a aquella entidad que, en cierta medida, les quitaba el sueño.
-Aquí vienen datos sobre Tinieblas -comentó Johnny-, y no es poca cosa, hay archivos y archivos muy pesados, ¿cómo es posible?
-Es el serafín que escribió en las partículas elementales la información que las hacía funcionar, ampliándose cada vez que interactuaban con otras diferentes, modificándose si se unían de una forma u otra, y en general, poniendo todo en orden… -comentó Seriel, tan impresionado como ellos- Es normal que tenga toneladas de información, le costaría asumirla incluso a uno de los arcángeles de ahí fuera.
-Pues mejor haberlo puesto todo aquí, además, nadie que no sea humano o se pase el día en contacto con nosotros pensaría que está aquí esa información.
Obara llevaba toda la razón. Ellos, como los demonios, eran más de tablas o escritos en piedra, en estrellas, o cosas bastante menos tecnológicas. A ninguno se le pasaría por la cabeza que un objeto así pudiera tener el conocimiento al completo del serafín Pandiel. Este seguramente haría acto de presencia cuando todo estuviera listo, que pasaría pronto, en teoría.
-¿Y en qué idioma está, por cierto?
Según decía eso Johnny, ella abrió uno de los documentos, y se encontraron con un escrito en enoquiano, la lengua de los ángeles. Sin embargo, ella no puso mala cara, limitándose a meterse en una segunda carpeta conservando la primera, y encontró, minutos más tardes, un traductor que permitía saber qué decía aquel texto.
-Esta es la guía intelectual definitiva, es como tener la biblioteca de Alejandría suprema -comentó Obara, sonriendo de medio lado-, no necesitamos nada más, sólo saber buscar, chicos.
Los otros dos tomaron unas sillas y se sentaron a su vera, sorprendidos por la capacidad de la otra. Se dedicó a pasar de una pantalla a otra rápidamente, hasta que recordó que ahí, a su derecha, tenía un ángel, al que miró de reojo.
-¿Lo podrías leer por nosotros, por fi?
Este suspiró y asintió, colocándose en la posición de ella. Estuvieron ahí horas, en las que ella tuvo que beber un par de bebidas energéticas, anotando todo lo relevante acerca de la entidad primordial, tan centrados en su investigación, que ni se dieron cuenta de la hora hasta que entró Beatrice al cuarto con una bandeja con varios cafés, unas tostadas y bocadillos de jamón y queso. Se colocó a su lado, mientras observaba su trabajo con atención.
-¿Cómo os va, muchachos?
Obara bostezó con ganas, acercándose hacia la mujer, tomando uno de los bocadillos y sentándose en la cama con una servilleta para no manchar.
-Bien, ahí vamos, estamos ya traduciendo gracias a Seriel -comentó Johnny-, ojalá tener un programa que nos ayude a traducir todo, no creo poder contar siempre con él, y es tanta información…
-Al menos la tenemos, no nos quejemos -les tendió la bandeja-, ¿habéis dormido algo?
Seriel se lo pensó un poco antes de responder.
-No, pero no nos hace falta, nosotros…
Antes de terminar, sintieron una energía para ellos conocida, y que identificaron rápidamente como la de uno de los antiguos guardianes, en concreto…
-Eso fue… ¿Milly?
Y parecía nerviosa, hasta que sintieron algo imposible… Sam, la fuerza de Sam se dejaba notar, pero era algo diferente, no exactamente como la de ella pero muy similar. Pero ella estaba muerta… tardaron unos segundos en reaccionar cuando pasó, pero era algo claro.
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(1)
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
