Código Guardianes: El ascenso de Tinieblas
Capítulo 5
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Aquella mañana se había presentado para Milly y Tamiya como una jornada más, nada fuera de lo común más allá de tener que ocultarse de la vista de los ángeles, demasiado ensimismados en la batalla entre sus dos mayores para andar buscándolas. Habían huido juntas tras la guerra interna, escondiéndose en un campus universitario de una ciudad del norte de Europa, haciéndose pasar por dos animalillos inquietos, un hermoso par de ardillas rojas que subían y bajaban por los árboles, correteando por el césped hasta el ataque de un águila. En ese fatídico momento, una de ellas se rodeó de una energía muy potente de un bello tono naranja, señal de que Tamiya se estaba defendiendo. Y es fue su error.
Tras derrotar fácilmente al ave, batalla que no pasó desapercibida para varios estudiantes que pasaban por allí, ambas ardillas huyeron a toda prisa al árbol más cercano… sin embargo, fueron detenidas por una bota. Máximo se agachó para tomar a uno de los animales del cuerpo, pero se le escurrió por entre las manos, para instantes después, encontrarse delante con las dos adolescentes. Ambas se sorprendieron de ver allí a sus antiguos amigos, pero Electra y Percy estaban bastante cambiados, eso era evidente… sin mediar palabras, sin embargo, estos las atacaron con todo lo que tenían, lanzando ella sus rayos y él usando los materiales del suelo y alrededores para inmovilizarlas con grandes placas metálicas.
-¡¿Se puede saber qué hacéis con ese?! -les espetó Tamiya- ¡Vale que nos uniéramos con Gamma en su día, pero ya no tiene sentido esto!
Esquivó el ataque de Electra, se movían a la velocidad de la luz en esos momentos y hacía tiempo que habían abandonado aquella zona. Sus armaduras las recubrían ya, y sus poderes relucían y chocaban entre sí.
-Tamiya, no estamos así por voluntad propia -la aludida notó que sus ojos habían permanecido cerrados desde el principio-. Es el precio a pagar por nuestros errores… ¡Debemos aprender de los actos que nos han llevado hasta aquí!
De un movimiento, apretó el cuello de su compañera, aprovechando que estaba demasiado pensativa para poder reaccionar a tiempo, logrando atrapar a la chica con aquel gesto. Colocó la palma de su mano en el pecho de la otra, en la que estrelló una fuerte descarga de su energía. Sólo la protección de su armadura impidió que la otra saliera mal herida, llevándola entonces contra la pared más cercana. Un ligero quejido nació del pecho de Tamiya, que se transformó en una miríada de partículas, apareciendo detrás de Electra.
-Te has vuelto poderosa en poco tiempo, Tami… -murmuró Electra- ¿Quién te enseñó este truco?
La mujer se dio la vuelta para encararla, encontrándose que la aludida se acariciaba parte del cuello y el pecho. Sin embargo no estaba derrotada y Electra lo sabía a la perfección, no se sorprendió al ver el ataque de energía de la otra, esquivándola con agilidad y empezando así un increíble combate de puñetazos y patadas. Al mismo tiempo. Milly se enfrentaba a Percy con una situación similar a la de su mejor amiga.
-Será mejor que os rindáis ante la evidencia -le advertía él-, no quiero tener que hacer daño.
La aludida se limitó a rodearse de su energía, naciendo en su espalda un par de alas de ave; sus piernas pasaron a ser las de un caballo, su rostro estaba delineado finamente en las mejillas, y contaba con plumas en el pecho y manos, teniendo sólo una falda y un top como prendas. Atacó con velocidad y fuerza, pero Percy detuvo esa energía con una mano, devolviendo ese poder a la chica, que saltó para evitar el golpe, extendiendo entonces sus alas para volar por encima del otro, que la siguió. Una vez estuvieron en un punto más elevado comenzaron también con las patadas y puñetazos, cada vez más deprisa, aunque Percy era el que más avanzaba con aquello, llegando en muy poco tiempo a la velocidad de la luz.
Milly era tan veloz como su antiguo compañero, pero este tenía la fuerza y la experiencia de su lado, así que en una de las patadas de la otra la logró tomar del tobillo y lanzarla contra el suelo. Aturdida, ella sintió que sus brazos quedaban atrapados por unas cadenas que emergieron desde el suelo. Cuando se disponía a liberarse usando sus poderes, sintió una fuerte opresión en el pecho; desde atrás, Máximo se acercaba moviendo con sutileza los labios, una oración salía de su boca pero apenas era audible.
Unos hilos de energía unieron a ambos individuos, mientras la marca de Máximo aparecía en el cuello de la joven, que, con el intenso dolor, no dejaba de revolverse en el sitio, se quería liberar pero no era capaz. En apenas unos instantes ella se dejó de mover, pues el romano había logrado su objetivo de controlar a la joven, y de un movimiento al sentir aquello, Percy retiró las cadenas y ayudó a Milly a levantarse. Sin mediar palabra desapareció de allí, dejando a los dos antiguos guardianes a solas, que se observaron a los ojos unos segundos.
-¿Este es nuestro destino ahora…? -murmuró ella- ¿Servir a algo que ni sé clasificar?
Percy asintió, mientras bajaba la vista un poco.
-Electra se quitó la vista a sí misma como otra penitencia… yo me estoy pensando hacer algo similar -le reconoció-. Volvamos con el amo, no creo que tarde demasiado.
Milly asintió, sus ojos habían perdido el brillo habitual que solía tener, volviendo también a su aspecto habitual. Se limitaron entonces a ir en dirección a donde estaban los demás concentrados, esperando no tener que ir detrás de más de sus amigos en una buena temporada.
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Obara se había dedicado a recoger las cosas que habían usado para desayunar entre todos, y fue sustituida por Gabrielle cuando esta se levantó horas después de las explosiones de energías que habían notado. Si bien Seriel y Johnny habían sentido bastantes deseos de ir a ver qué había sucedido, decidieron que era mejor quedarse donde estaban. Aquella misión de recopilar información para encerrar de nuevo a Lucifer era mucho más relevante, eso querían pensar ellos para quitarse malas ideas de encima. Eventualmente el ángel tuvo que irse por una llamada de sus hermanos, siendo sustituido por Ariadna, que había vuelto con la vitalidad de siempre.
-¿Cómo lleváis todo esto, chicos?
La mujer se colocó al lado de ambos, que usaban un par de ordenadores con un cable creado al efecto para poder ver lo mismo en ambas pantallas y que fuera cómodo.
-Pues es tantísima información que es complicado filtrar, mamá -reconocía el chico-, por suerte se nos da bien, ¿verdad?
La otra asintió, orgullosa. Habían anotado lo que les llamaba la atención en unas hojas, ya llevaban unas cuantas. La adulta se sorprendió de verla escribir así de bien.
-Mami me enseñó antes, es muy buena profesora -reconoció, sonriendo-, aunque dice que soy bastante inteligente, ¿vosotros qué creéis?
Precisamente la aludida llegó en ese momento con un par de libros en las manos. Sonreía un poco, parecía bastante contenta en esos momentos. Besó a su hija y le acarició la cabeza amistosamente al chico, que se limitó a seguir con su misión. Beatrice revisó por encima las pantallas sin entender demasiado lo que veía, y se sentó en uno de los sitios libres que vio.
-En las noticias está apareciendo mucho imágenes de combates entre grupos de guardianes, ¿habéis sentido algo?
Johnny puso mala cara en ese momento, Ariadna le tomó de la mano al notarlo algo nerviosa y le abrazó cariñosamente, aunque el chico se limitó a suspirar un poco y miró a la mujer, que le mostró los vídeos en internet.
-Antes sentimos la energía de Sam, aunque era diferente… y, con el pasar de las horas, notamos a varios de nuestros amigos tener que luchar -reconoció-, lo que quiera que haya pasado con ella debe tener relación, la verdad.
-¿A qué creéis que se deba?
-Tendría… que ir yo mismo a verlo -murmuró-, porque…
-Es cosa de un demonio -dijo de pronto Ariadna-, no es realmente uno, es un humano usando los poderes de uno, no es realmente malvado por lo que veo… -los demás la miraban con sorpresa- Se llama Máximo Silva, era centurión protector de uno de los sectores del Muro de Adriano hasta que fue herido, un demonio le curó y se volvieron aliados, hasta que logró usar el poder de la criatura para él mismo ganar poder.
-¿Cómo… has sabido eso?
A esa pregunta de Johnny, ella se encogió de hombros.
-Porque tengo una fuerte conexión con el Infierno, aunque lo odio -suspiró algo-. Además, pude sentir cómo se unían mientras estaba aún abierto…
-Aún ni nacías, creo, o estabas a punto de eso -comentó Beatrice-, y aún así pudiste, ¿no?
-Sí, mami -le respondió, sonriendo-. Ya había nacido realmente, recuerdo haber llegado tarde al sitio, las puertas ya se habían cerrado, ¿verdad, tito Johnny?
El aludido asintió, pensativo, era así ahora que recordaba. Sin más, se estiró un poco.
-En cualquier caso, saber eso nos permite saber a qué enfrentarnos… y cómo evitar que más caigan -murmuró-, ya van Percy, Electra, Milly y Tamiya, Patrick, Hiroky, y ahora están con Asmae…
Podían notar la energía de esta volar a toda velocidad en dirección a donde todos los demás estaban concentrados, sería cuestión de tiempo que ella también cayera. Aelita y Asmeya estaban fuera de combate por obvias razones, pero todos los demás tenían que estar al tanto también, esperaba de verdad que tuvieran la bastante inteligencia como para no dejarse tomar por ese nuevo enemigo.
-¿Irás a avisar a los demás en un descanso, entonces?
Sin embargo, a la pregunta de Gabrielle él negó suavemente. En su lugar, se fijó en una mariposa azulada que llevaba posada en lo alto del ventilador del techo desde hacía horas. Extendió el dedo hacia ella, y, obediente, la criatura se posó en su índice.
-¿Has escuchado, buena amiga?
Oyeron un suspiro entonces.
-Me temo que sí, Johnny -exclamó, era la voz de Marin-. Usaré este mismo medio para dar a los demás la información, ¿vale?
-Perfecto…
-¿Necesitas algo más?
-Antes… -el chico se lo pensó unos segundos antes- También sentí las energías de Odd y Aurora en un último suspiro, puede que ya haya herederos de sus poderes… habría que buscarlos.
-Me consta que están en buenas manos, ambas herederas -comentó sonriendo Marin-. ¿Es verdad la información que tenéis es tan buena, entonces? No sé si fiarme del tal Pandiel.
-No tenemos otra cosa, habrá que hacerlo… -el chico acarició a la mariposa en las alas- Puedes quedarte otro rato, no… creo ir a vuestro mundo en una temporada, no hasta solucionar algo todo esto, espero que lo entiendas.
-La última vez que no nos escuchamos acabó muy mal -le respondió la otra-. Tomaos vuestro tiempo, total, fallamos en nuestra mayor misión y aún no ha explotado todo…
La mariposa voló de nuevo hasta la parte superior de la sala y se colocó cómodamente en una repisa cercana, con una buena visión de la estancia. El chico se limitó a levantarse un poco, estirándose, aunque no tenía hambre le apetecía meterse algo en el estómago.
-Hemos avanzado bastante, al menos -sintió llegar a los dos arcángeles entonces-. Que se encarguen ellos ahora, vamos a comer algo, ¿no crees, Ari?
La aludida asintió, sonriendo y yendo tras él, dejando con todo el trabajo a Gabriel y Azrael, que, según entraron por la puerta, tuvieron que colocarse en los puestos de ambos jóvenes. Se miraron sin saber muy bien qué hacer, limitándose a moverse con cuidado a través de la interfaz, mientras los otros dos iban a comer algo.
-Pronto tendrás que empezar a entrenar -comentaba Johnny-. Tienes que saber defenderte, para sorprender a William cuando salga, ¿verdad?
-Haré a papá sentirse orgulloso -la determinación se notaba en su voz-. Lo juro.
Miró al otro a los ojos con intensidad, y el chico no pudo evitar sonreír. Le gustaba eso que escuchaba, a decir verdad, le era interesante que ella ya pensara así. Era consciente de su ascendencia y de sus poderes, y quería seguir un camino que, en principio, no estaba pensado para ella en absoluto. En cualquier caso ella quería salvar a William, estaba decidida a ello, le sacaría del Infierno, y Johnny estaba seguro que tenía el poder suficiente para ello.
-Yo te ayudaré en lo que pueda, lo prometo también -aseguró Johnny, sonriendo-. Pero ahora vamos a tomar un café, si te parece.
Ella sonrió, y le tomó de la mano, llevándole a ninguna dirección concreta. Es por eso que fue él el que la llevó hacia una cafetería, en la que se sentaron. Iban a entrar cuando sintieron la explosión de energía de Asmae. Tras mirarse unos segundos a los ojos, Johnny transportó a ambos hacia la zona del combate, en un área montañosa en Grecia.
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Mientras, en África, Aria estiraba el arco morada que se generaba en su espalda si llevaba hasta ahí su mano. Nada más tocar la zona de la cuerda aparecía una fulgurante flecha dorada. Al inicio no era capaz ni de siquiera contener su poder, se escapaba a cada rato y se disparaba sola sin ningún tipo de criterio. Varias veces intervino Ulrich, con mala cara, tomando con su mano desnuda el proyectil mágico y llevándolo contra el suelo, donde quedaba clavada y brillando.
-¡Tienes que tener más cuidado, casi nos atraviesas! -le espetó- ¡Usa la nueva fuerza que tienes con seguridad, Aria, no pienses ya como humana, porque ya no lo eres!
La aludida resopló, giró el rostro para quitarse el pelo que le estorbaba en la visión, y se limitó a apuntar de nuevo a la diana improvisada que habían preparado. Llevaba unas pocas horas como guardiana de las bestias y estaban aprendiendo los básicos, sobre todo, cómo controlar sus poderes y lanzar sus ataques de energía. Más adelante aprenderían del combate cuerpo a cuerpo, pero antes tenían que poder usar bien sus energías.
-Es muy difícil… -gruñó- Nunca he tirado con arco, o con pistola, o con nada… ¡Soy bióloga, no guerrera, joder!
El hombre suspiró, y se colocó a su lado. Con cuidado, tomó la mano que sostenía el arco y lo redirigió. Luego, y tras ella crear una nueva flecha, él la ayudó a colocarla en la cuerda, que vibró suavemente, y fueron tensando hasta quedar en posición.
-Tienes que centrarte y entrar en apnea, sólo así podrás apuntar correctamente -le decía, suavemente, al oído-. Tienes la fuerza, te falta la precisión, que se entrena también…
La guio hasta el punto que debía acertar, y, segundos después, liberaron la tensión y la flecha recorrió el aire hasta dar en la diana un instante después. Aria sonrió, y Ulrich le tendió la mano para dar una palmada. Yumi, al fondo, sonreía un poco, mientras Noelia hacía algo similar a su compañera, pero en su caso, estaba colocada en lo alto de una rama creada por la mayor. En un muy precario equilibrio, estaba apoyada en un solo pie en la madera, que quedaba ligeramente inclinada por el peso de la chica, y que tenía que permanecer ahí el más tiempo posible. Ello, porque se supone que tenía que poder estar equilibrada en el aire en todo momento y pasara lo que pasara.
-Nunca vi a Aurora hacer algo así… -murmuraba la chica- ¿Por qué yo sí?
-Ella nació con alas, ¿recuerdas? -le dijo Yumi, divertida- No necesitaba nada de eso… y los demás ya usábamos nuestros poderes antes de volar con nuestros poderes, lo que nos dio estabilidad, pero vosotras no tenéis esa suerte.
-Qué conveniente, ¿no?
-Ya te digo.
De forma sorpresiva, Yumi le lanzó unas rosas a Noelia, que las esquivó dando un salto como pudo, quedando suspendida en el aire. En torno a ella aparecieron cientos de copias, que volaron a toda prisa haciendo círculos concéntricos. La mayor sonrió de medio lado, extendió una mano y agarró a la otra del tobillo, pero se disolvió en aire. Instantes después sintió un fuerte puñetazo de su compañera directo en la nariz, echándola atrás un par de pasos.
-No está mal… ¡pero si te dan un golpe, tienes que saber recibirlos!
Le dio tal guantazo con la mano abierta que la tiró contra el suelo, pero Noelia se recuperó rápidamente y se levantó, con los puños en alto para poder defenderse adecuadamente. Comenzaron a luchar entre ellas a toda velocidad, los puños iban y veían así como las patadas, llegando en un momento dado a comenzar los ataques contra la cabeza, potenciados con las energías de cada una.
En un momento dado Yumi la enganchó por detrás y la llevó contra el suelo fácilmente, derribándola sin demasiados problemas y tirándola al suelo, al que quedó enganchada por fuertes hiedras que la apretaban con intensidad.
-Te has defendido bastante bien, la verdad -comentó la mayor-. Mi enhorabuena, ahora queda pulir todo esto…
Ayudó a la chica a levantarse tras retirar las enredaderas, la tomó de la mano y tiró de ella fácilmente hacia arriba. Se abrazaron suavemente, y no pudieron evitar sentir algo de emoción por lo sucedido, y es que la menor estaba agradecida de seguir con ellos. Pero no se podía quitar de la cabeza lo que su pareja había hecho, y su energía parecía nerviosa y alterada. Se desplazaba a la velocidad de la luz a lo largo del planeta, ahora estaba en un sistema montañoso.
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En el Infierno, William recorría los pasillos abruptos de una pequeña fortaleza en medio de la nada más absoluta, muy lejos de donde estaban todos los demonios concentrados. El castillo principal se encontraba a años luz de allí, y aunque su energía era muy potente la distancia hacía que aquello ni se notara. Además, seguro que estaban demasiado ocupaos luchando entre ellos o intentando salir de allí cuanto antes, aunque estaba complicado aquello.
-¿De verdad necesito esa armadura, Tinieblas?
Para iluminarse, el chico había creado una voluta de fuego con la que poder ver, giraba en torno a él y, de vez en cuando, se adelantaba unos metros para saber qué se encontraría en el camino. Había visto muchos cuartos con tesoros de todo tipo, pero aún nada del material que necesitaría.
-Te defenderá mejor de los ataques de los demonios, y su hoja podrá matar a los Caballeros del Infierno -le decía Tinieblas-. Y te fortalecerá para usar mi poder con más facilidad.
-Ya tengo tus poderes, para acabar con ellos -le respondió él, serio-. Y mi espada ya está envuelta de tu poder, también, ¿para qué más?
-Sí, puedes verlo así, pero también como una oportunidad de acelerar las cosas, ¿no crees?
El aludido suspiró un poco. Tras abrir la enésima puerta encontró una fragua con un intenso fuego en los altos hornos, y, junto a una mesa de piedra, múltiples herramientas quedaban vacías. Pudo ver al fondo a múltiples almas ser atormentadas por lanzas mágicas y grandes metales incandescentes, todos de un tétrico negro que, pese a todo, brillaba suavemente como la noche sin luna. Según él entró todas se detuvieron y se plantaron ante su presencia, lo que sorprendió a todos.
-¿Esto era lo que buscábamos?
-Así es, este material es con el que se hicieron las armas durante la guerra civil en el Cielo tras mi encierro, eso tengo entendido.
-¿Cómo sabes según qué cosas?
-Mis heraldos, ¿recuerdas, Will?
Este asintió, ahora era uno de ellos, con suerte el último. Suspirando, tomó uno de los metales y lo colocó cerca del fuego, que comenzó a brillar con fuerza. Buscó con la mirada las herramientas adecuadas, y los propios materiales le indicaron cuales tomar; y con un martillo, unas palancas y varios clavos comenzó con el trabajo. Ahora recordaba cómo hacía Percy para sus trabajos orfebres, hacía un calor terrible y el esfuerzo de golpear el metal con la intensidad adecuada para no romperlo pero tampoco para no modificarlo lo suficiente.
-¿Me hago qué? ¿Una pechera y protecciones en antebrazo y piernas?
-Con eso debería bastar, sí… -Tinieblas parecía contenta, notó él- Cuando tengas clara la imagen de cada cosa en tu mente, verás que el propio material te ayuda, Will.
-¿Por?
-Tienes conexión con este lugar, recuerda…
Lilith rodó los ojos. William casi se había olvidado que ella estaba ahí, no había comentado nada en todo ese rato, hasta que se acercó a ayudarle a tener bien sujeto el material. La tensión de sus manos delataba su nerviosismo, él la podía entender. Aún así, tan lejos de todos los demás… mal se tenían que poner las cosas en aquel momento.
Tras varios minutos, el propio metal infernal fue tomando forma, expandiéndose aunque conservando cierto espesor, generando así una pechera algo tosca pero eficaz. Rápidamente fue sustituido por cuatro piezas de similar tamaño, todo mientras las propias herramientas llevaban a cabo aquel trabajo. Ambos se alejaron algo para darles espacio, mirándose entre ellos.
-¿Es alguno de tus trucos de diablesa?
-Nunca he visto esto… -reconoció Lilith- Ni con nosotros actuaban así, pensaba que era cosa tuya o de Tinieblas.
-Sólo siguen la voluntad de ayudar a mi heraldo que tiene la joven Anticristo -indicó esta última, para sorpresa de los otros dos-. Tu hijastra tiene tan claro que te quiere sacar de aquí, que su deseo recorre la realidad para afectar el entorno que te rodea.
-Voy a vomitar…
William frunció el ceño por esas palabras de Lilith, y que se limitó a sentarse en un poyete cercano de la pared. De reojo, comprobó que minutos más tarde acabó completándose la armadura, que, lejos de parecer imponente, parecía más chatarra que otra cosa. Una vez se la puso, comprobó que era ligera y que brillaba en un tono púrpura al contacto con su energía, portando una hoja del mismo material que las protecciones del brazo.
-Parece de hojalata, no es por nada… -murmuró William, mientras la acariciaba- ¿Lilith?
Esta la tocaba con un dedo, recorriendo la dura superficie con cuidado.
-En realidad es un material duro, te potenciará, pero no especialmente…
-Nos podemos ir ya, si queréis -comentó Tinieblas, sonriendo-. La misión aquí está cumplida.
Se limitaron a asentir y salieron de la sala, observando por una última vez el lugar, atravesando luego los pasillos. Habían encontrado tantas cosas que eventualmente decidieron dejar todo lo interesante en la entrada, luego lo recuperarían a la salida con un arcón o similar. Aunque encontraron de primeras protecciones que él pudiera usar, Tinieblas insistió que tenía que ser él el que la fabricara. En el aire también se sentía la energía residual de Ariadna, estaba claro que lo hacía de forma inconsciente todo eso, sin darse cuenta en absoluto.
-¿Y ahora qué? ¿A seguir entrenando?
No sabía cuanto tiempo llevaba allí en esos momentos, tampoco le importaba realmente, sólo quería salir de allí cuanto antes, daba igual el tiempo que estuviera dentro. Su misión era escapar, y sólo colaborando con Tinieblas podría hacerse. La entidad era la única que podía sacarles de allí, siendo realistas, y cuando eso pasara, ambos serían libres. Sólo esperaba que cumpliera con su promesa de tener a su familia a salvo.
-Claro, tienes que perfeccionarte un poco antes.
La diablesa sonrió de medio lado, y atacó de sorpresa al otro con una gran esfera de energía, que tuvo que ser detenida por la mano de él, que se echó unos metros atrás. Rápidamente se lanzaron grandes rayos de energía, volando por los cielos y lanzándose grandes trozos de roca y armas de energía, esquivados o detenidos por las correspondientes barreras de luz que uno y otro alzaban.
Lanzaban esferas de energía contra el cuerpo del otro, junto a puñetazos y patadas, protegiendo y atacando por todas partes y casi al mismo tiempo. Tinieblas estaba bastante satisfecha de sus dos últimos heraldos, él la agarró del antebrazo y la logró lanzar al suelo. Ella se revolvió y pudo evitar la caída, sin embargo, William no se detuvo ahí y lanzó un potente ataque de energía, que ella detuvo con sus manos desnudas.
Cuando se colocó sobre ella, de su antebrazo salió una lanza de aquel nuevo material y que se clavó directamente en el pecho de ella, atravesándola de lado a lado. Escupiendo sangre, frunció el ceño de mala manera ante la sorpresa de William también, que no entendía aquello. El cuerpo y sangre de ella hirvió, pero se retiró a trompicones, sacándose el metal del cuerpo y trastabillando hacia atrás.
-Joder… -murmuró ella, nerviosa- Te lo tenías bien guardado, ¿eh?
El chico parpadeó un poco, notando que una suave energía salía de él. Tinieblas, entendiendo qué había pasado, suspiró.
-Siento esto, Lilith… -murmuró ella- Ya sabes que todo en el Infierno es hostil contra todo, este material no iba a ser la excepción, por eso sois así los demonios también.
-Tu lo sabías, claro…
William bajó la mirada. Era lógico que ella se fuera ahora, total, siempre había estado a solas en esas cuestiones, un tiempo más tampoco le haría daño. Sin embargo, la otra se limitó a recostarse en unas rocas, iluminando su tripa para curarse un poco. A su lado se quedó William, retirándose las protecciones, mientras Tinieblas se proyectaba al lado de ellos, pensativa. Aquello potenciaría, también, la agresividad del otro para con los seres del Infierno, sólo así podría enfrentar a los Caballeros apropiadamente… No sabia cómo convencerle de nuevo, puede que no lo lograra en nunca más, aunque lo dudaba profundamente. Aquello iba para largo.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
