Código Guardianes: El ascenso de Tinieblas

Capítulo 6

Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.

Primero fue Milly la que cayó en esa jornada, y poco después Tamiya. Esta última fue la que desencadenó la ira de Asmae, que salió de su escondite en las inmensas planicies de Siberia. Se había ocultado durante días, transformada en un bello zorro blanco, conviviendo con los habitantes de un pequeño pueblo en medio de la nada y que ni carretera de tierra tenía. Llegó allí tras cerrarse las puertas del Infierno, en aquel sitio ni se habían enterado de lo sucedido y hacían vida totalmente normal, cuidando de sus granjas y plantaciones; lo más relevante fue la llegada de aquel animalillo que, por alguna razón, esquivó el aciago destino de convertirse en unas botas de piel. Asmae había elegido aquel sitio casi por casualidad, quería estar en un sitio lo más aislado posible y no llamar la atención, hasta que comenzó a notar que a los demás le estaba pasando algo.

Y cuando las afectadas fueron las dos más jóvenes, no pudo resistirse y emprendió el vuelo hacia Noruega. Una estela dorada se dejó ver por toda Europa, brillante y centelleante, parecida más a la cola de un cometa que a otra cosa; y un pico de asistentes a lugares santos se vivió en aquella jornada donde más fieles que nunca asistieron a las celebraciones a sus divinidades. Cuando llegó a aquel campus, se encontró, efectivamente, con las dos chicas. Y también a Percy y Electra. Estaba dispuesta a atacarles según se acercaba, pero sus energías estaban… diferentes, el notarlo la abstuvo de alzar su mano contra ellos, por ahora.

-Así que aquí estáis… ¿Dónde está vuestro amo?

-Tiene cosas relevantes de las que ocuparse, según él -comentó el chico-. Será mejor que…

Se detuvo de hablar cuando una suave energía levantó una cúpula de varios metros de diámetro. No era una que pudiera detener a ninguno de ellos, Asmae entendió que debía ser algún aliado no especialmente poderoso de aquel… ah, así que era eso. Sonrió suavemente.

-Máximo, así se llama, ¿verdad?

-Asmae, por favor, vete -le pidió Electra-. Si te enfrentas a nosotros…

-¡Oh, por favor, tú encima estás ciega! -le espetó- ¡De todos soy la más poderosa, ni todos a la vez podéis conmigo!

Y en aquel momento, unas líneas de roca salieron de la tierra y la engancharon por pies y manos. Ella se deshizo de aquello sin demasiado esfuerzo, y lanzó los restos hacia Percy, que esquivó fácilmente el ataque. Electra hizo crepitar sus rayos, y de la aparente nada emergieron esferas de luz que atacaron a Asmae, que evadió los golpes aunque no pudo evitar que un par de descargas alcanzaran su cuerpo. Comprendiendo que de esta manera la contenían, supo que se tendría que liberar, por ello, se rodeó de su energía y una fuerte explosión se desencadenó una intensa honda y que lanzó a sus antiguos compañeros contra la pared. Eventualmente esta comenzó a resquebrajarse como si se tratara de una galletita de avena y el poder de Asmae llevó a todos ellos por los aires, cayendo al suelo a decenas de metros de donde estaba la otra.

Sus ojos brillaban con intensidad y su pelo ondulaba conforme la energía de ella emanaba de su cuerpo. Su armadura ya resplandecía sobre ella, cubriendo su cuerpo y con dos alas doradas a su espalda. Era tan intensa que incluso reaccionaba con la residual de la pelea entre los arcángeles, pero en esos momentos ella no pensaba en eso. Se disponía a lanzarse contra Electra, cuando notó la presencia del culpable de aquella situación. Máximo, acompañada de una mujer y que ella reconoció como aquella que levantó la cúpula en un primer lugar.

-Ya por fin saliste de tu escondite… -vio las cadenas de energía con cierta preocupación- ¡Afilaré mi espada con tu cuello, maldita criatura!

En su mano derecha apareció su filo, que enarboló y se lanzó contra el otro con determinación. Máximo colocó la cadenas entre ellos y logró que la hoja del arma atravesara los eslabones de metal, enredando la misma en torno a ella. Comenzó un intenso forcejeo, en el que Asmae comprendió que nada podía hacer contra aquello, así que la deshizo en un haz de luz y procedió a engancharle por detrás. Logró poner sus brazos en torno al cuerpo y cuello de Máximo, que se quiso revolver para lanzarla contra el suelo y colocarse sobre ella. Se movían en una diminuta área, haciendo toda la fuerza que sus cuerpos les permitían, rodeados de sus poderes y gruñendo y maldiciendo con intensidad. La chica sentía cómo el poder que él había tomado de Sam comenzaba a aparecer, estaba usando los poderes de su amiga. Ya era uno con ellos, notó, y eso le dio más rabia de la que iba a reconocer nunca.

Máximo supo que la estaba llevando por el camino adecuado cuando la sintió rabiar hasta el punto de lanzarle por los aires; se removió antes de caer y pudo posarse con cierta elegancia, momento en que lanzó la cadena contra el antebrazo de ella, en torno al cual se enroscó. Asmae notó la fuerza de la misma por lo que gruñó suavemente, y aprovechando un tirón, obligó al otro a acercarse, propinándole un puñetazo directo a la cara que le impactó con toda la fuerza con la que disponía. Acabó en el suelo pero ella no se detuvo y, enarbolando su espada, la fue a clavar en el cuerpo de Máximo, que rodó para evitar ese destino. Con agilidad se levantó y logró rodearla por detrás, y aunque ella se intentó revolver, la comenzó a estrangular por el cuello con el hierro. Al estar muy unido a su brazo no podía liberarse, así que él empezó a hacer los rezos para lograr someterla.

En todo momento fue observado por el resto de los presentes, que se fueron reuniendo en torno a él. Asmae, sin embargo, no se dejaría hacer tan fácilmente, e intentó varias veces hacer que él rodara por su espalda y callera frente a ella. Y sin embargo, no pudo hacer nada cuando entre Atenea y Percy la detuvieron. Entre chillidos ella hacía explotar su energía, incluso intentó transformarse nuevamente y pasar a su forma animal, pero sin éxito. En pocos minutos se fue relajando, ya bajo el poder del romano, y que la fue liberando poco a poco. Sudaba, perlas caían por su rostro y pecho, pero la sonrisa de satisfacción no desaparecería de sus labios en una buena temporada.

-El rayo, los metales y minerales, la tierra misma, la esperanza, la materia y la antimateria, y ahora la fe son mías por fin -murmuraba él, observando a sus huestes-. Con su sabiduría, gran Minerva, y los poderes de estos grandes generales, Roma volverá a ser el gran Imperio que nunca debió dejar de existir.

Ella le extendió la mano y él la besó con delicadeza y respeto, sintiéndose realmente honrado por el gesto. La diosa sonrió suavemente, pero sabía bien que era más que probable que el resto de los Guardianes buscaran venganza… más cuando la más poderosa de ellos acababa de caer.

-¿Habéis encontrado un lugar adecuado para que nos sirva como base? -preguntó ella, mirando a los jóvenes- Si es que habéis tenido tiempo.

Fue Electra que dio un paso adelante.

-Sí, se de un sitio bastante bueno, en una montaña cercana a la propia Roma -señaló ella-. Es una zona natural que no suele ser visitada y fácil de defender en caso de ataque.

Máximo asintió, y de la mano de Minerva, se acercó a la chica.

-Llévanos allí, pues -comentó, sonriendo-. Por cierto, será mejor que vosotros también crezcáis, como hicieron vuestros compañeros, para que uséis mejor vuestro poder.

Los aludidos asintieron, y mientras Milly abría un portal para ir a la dirección indicada por su compañera, los antiguos guardianes se rodearon de su poder para cumplir con las órdenes de su nuevo amo. Dejarían de ser adolescentes y pasarían a ser adultos jóvenes, igual que hicieron los del grupo de Aelita antes del enfrentamiento que les separó definitivamente. Ellos se volvieron bastante más altos y corpulentos, aunque mantuvieron una forma más bien delgada y ágil; ellas también crecieron en estatura, teniendo una figura más de mujer, con largas y finas extremidades y cuerpos fibrosos. Parecían un cuerpo de élite, pero no llegaron a comentar nada, limitándose a seguir a su amo allá a donde les llevara. Comenzaba la penitencia que era tan necesaria para unos, obligada para otros, y purgante por los pecados cometidos.

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El trabajo en grupo de Johnny y compañía avanzaba. La información que les dio Pandiel era inmensa, más de la que pudieran abarcar en un inicio, pero podrían tenerla organizada en poco tiempo si lo hacían bien. Al final, lo que querían saber era cómo podrían detener a Lucifer, aunque estaba claro que todo iba en su contra, o eso había dicho Pandiel. Cuando sintieron que la batalla entre ambos hermanos había concluido y que inmediatamente se habían esfumado sintieron alivio, pero eso sólo llevaba a que el serafín tenía razón. El tema era qué pasaría ahora, y estaban decididos a evitar que pasara lo que quiera que se estuviera cocinando.

Estaba Gabrielle revisando el ordenador, buscando algo interesante en los archivos que los demás habían seleccionado, cuando llamaron a la puerta. Eran las diez de la noche y habían pasado días desde su encuentro en la selva, y desde entonces apenas habían salido a tomar algo o a comer fuera. Y sólo ella con su hijo, Ariadna, su madre y Obara; los arcángeles se habían limitado a ir y venir para ella no sabía demasiado bien qué.

-Serán los niños, que vienen con la cena…

Cuando abrió, se encontró con dos hombres, así que ella fue a cerrar de inmediato; sin embargo, uno de ellos detuvo la madera con facilidad y la dejó abierta. Con delicadeza retiró la mano de ella, que, asustada, dio unos pasos atrás.

-No te haremos nada, no nos queremos poner en contra de tu pareja -aseguró uno-. Soy su hermano San Miguel, él es…

-Lucifer de la Estrella del Alba, la parte de San nunca me gustó -le sonrió a la mujer-. No nos mires con cara de ternero, podríamos matarte en cualquier momento pero no lo haremos, así que no te agobies tanto.

Entraron como si estuvieran en su casa, según pusieron un pie dentro aparecieron Azarel y Gabriel ante ellos, con cara de pocos amigos pero no impidieron en ningún momento que penetraran a la sala. Tras observarla, se sentaron en una de las camas.

-¿A qué se debe vuestra presencia? -preguntó Gabriel, con tensión- Entiendo que ella os abrió la puerta, porque si no, no podríais haber entrado…

La mujer se hundió en el sitio, sin embargo, Azrael se colocó a su vera y la protegió con una de sus alas, mientras observaba amenazante al otro, que se limitó a fruncir el ceño.

-Efectivamente, pero eso es lo de menos -exclamó Miguel-. Estamos aquí porque os necesitamos.

-¿Para?

-Luz sigue insistiendo en que hay que estar unidos, ya sabéis, toda la milonga de nuestra quería tía y demás -exclamó Lucifer-. Dice que hay que liberarla y para eso tenemos que estar todos los hijos, y hemos pensando en empezar por vosotros.

Estaba claro que sabían que estaban al corriente de la situación, sus palabras sólo confirmaban una sospecha que ya tenían.

-¿Qué os hace pensar que queramos algo así? -preguntó Azrael- Yo os hacía matándoos entre vosotros aún…

-Nada me haría más feliz, créeme -comentó Miguel-. Sin embargo estamos empatados, no podemos destruirnos entre nosotros…

Chasqueando la lengua, Gabriel comenzó a andar por la sala, e iba a responder cuando intervino Gabrielle, que se separó de su pareja.

-¿Qué os impediría a cualquiera de vosotros traicionarnos en el último momento, eh? -les espetó- Hasta donde sé, somos una amenaza para vosotros, nada evita que nos matéis.

-Aunque llevas razón, nos detiene lo mismo que a vosotros -Miguel hizo gala entonces de todo su talante-. Y es el mismo Luz, que quiere… nuestra reconciliación.

-¡¿Aelita?! ¡Asmeya!

Ese era Johnny, detenido justo a la entrada, de la mano de Obara y con Ariadna tras ellos con una pajita en la boca, que miraba en todas direcciones con cara de sumo interés. Sin embargo, en cuanto vieron de quiénes se trataban en realidad la desilusión llegó a sus rostros, así que él se limitó a entrar, siendo Ari la que cerró la puerta.

-Cómo brillan… -murmuró ella, mientras se acercaba a Miguel, interesada- ¡Se parece a ti, Johnny! Tita Aelita, ¿me escuchas ahí dentro?

Él la miró con mala cara y estuvo a punto de separarla de un empujón, pero una mirada de su sobrino le abstuvo de hacer nada así. Al final estaban allí en una misión diplomática, no para obligar a nadie. Eso, desde luego, lo hubiera hecho todo bastante más fácil.

-Tú debes ser la bastarda del Infierno -comentó él-. El Anticristo, ¿no?

-Me llamo Ariadna, no eso -le espetó-. ¿Tú quién eres?

Él la miró con sorpresa por su insolencia, pero antes de que aquello se convirtiera en un campo de batalla, Lucifer intervino.

-Está claro que ella no jugará su papel como estaba planeado… -murmuró, pensativo- En fin, ¿vendréis con nosotros o no?

-Por supuesto que no -le espetó Gabriel-. Lucifer, detente, por favor, no…

Este gruñó molesto y desapareció de allí. Como siempre él era el culpable, no los demás. Le echaban las culpas igual que cada vez que sucedía algo, el resto parecía ser perfectos o algo así. Irritado, no se le volvería a ver en un buen rato, así que Miguel suspiró pesadamente.

-Ninguno está cómodo en esto, hemos venido a negociar, estaremos en el Cielo para cuando queráis venir -comentó, levantándose-. Por cierto… sabemos de vuestros planes, no funcionarán, no ahora que estamos perfectamente vinculados con nuestros recipientes.

Y es que se les notaba especialmente brillantes en esos momentos. Al contrario que en veces anteriores, que los cuerpos que usaban para caminar por el mundo material acababan dañados, los de la guardiana de la luz para Lucifer y el de la hermana mayor de esta para Miguel estaban no sólo en perfecto estado; incluso parecían haberse fortalecido.

-Sabes que ella estaba encinta antes de que aceptara a Lucifer, ¿verdad? -comentó de pronto Johnny- Espero que ella esté bien porque si no…

-¿Si no, qué? -le espetó Miguel, levantándose- ¿Qué harás? ¿Matar al segundo arcángel en poder? ¿Tú, que no eres ni uno completo?

Con facilidad le llevó contra la pared, sin apenas usar violencia, con la delicadeza con la que se movería a un niño pequeño. Antes de que ninguno pudiera reaccionar él desapareció de allí, así que el resto se colocó en un círculo para charlar entre ellos.

-¡Pensaba que eran los niños con la comida, yo no…!

-Da igual, querida -le sonrió Azrael-. Ellos seguro ya sabían que estábamos aquí, era cosa de tiempo que vinieran…

-E irnos sólo retrasará que nos encuentren de nuevo muy poco tiempo, Luz está con ellos literalmente, así que… -suspiró algo Gabriel- Estamos jodidos, además, sentiste eso, ¿verdad?

Esa pregunta, dirigida a su hermano y sobrino, hizo que ambos asintieran.

-De alguna manera, Luci controla a Muerte, sí… -gruñó el mayor- Bueno, o hace como que le controla, dudo que así sea.

-En todo caso nos quieren con vida, tienen todas las herramientas para acabar con nosotros si quisieran -afirmó Obara, divertida-. Nos quedaremos aquí, me gusta demasiado la comida del local de al lado, ¿a vosotros?

Ariadna se rio un poco por ello.

-Me gustaría poder ver a los demás pronto… ¿creéis que acabaremos pronto?

-No lo sé, cariño -comentó Gabrielle, sonriendo-. Tu madre sigue fuera, ¿no?

-Puedo ir a buscarla, si queréis, y avisarle -comentó Obara-. Así me paseo y observo mejor los alrededores.

Antes de que ninguno de ellos pudiera decir nada salió de allí a toda prisa para llevar a cabo su misión, y es que tenía un mal presentimiento respecto de ella. En todo caso, y para quitarse esa idea de la cabeza, decidió recorrer los pasillos del edificio hasta la salida. Ya en la calle se encaminó hacia una biblioteca cercana donde sabía que estaría, había vuelto, más o menos, a sus estudios en la carrera y quería al menos tener preparado algo dentro de toda la mierda que estaba sucediendo en esos momentos. Aferrarse a aquellos clavos ardiendo de pequeños tintes de normalidad eran bastante naturales, a decir verdad, ella actuaría de forma similar de estar en su posición. Abstenerse de la realidad era necesario de vez en cuando, así que no se extraño de verla en el interior de un bar cercano con una jarra de cerveza delante. Perdida en el fondo del vaso, no se dio cuenta de la presencia de la otra hasta que no se colocó a su lado.

-Otra para mí, por favor- le pidió al camarero-. A ver, tú no bebes demasiado, ¿qué haces aquí?

Beatrice se limitó a suspirar pesadamente.

-Quería hacer algo normal por una vez… -murmuró- ¿Y tú?

Tenía a sus pies la mochila con la que siempre iba, no se la notaba en mal estado así que debía llevar poco, por eso según llegó el chico con las bebidas de ambas Obara pagó.

-Estoy de acuerdo, por nosotras -hicieron chocar sus jarras entonces y bebieron algo-. Vine a buscarte, aunque te veo bastante bien…

-Gracias, ya me volvía, esta era la última… -suspiró algo- Siento si os preocupé.

-Nah, lo que pasa es que vinieron los dos súper hermanos a dar por culo -le explicó-. Tu niña les plantó cara, tiene ovarios.

-¡¿No le pasaría nada, verdad?!

-Qué va, sólo retó al ser más poderoso del universo y no le pasó nada, histérica -le bromeó, y la otra soltó un suspiro de alivio-. Tu niña es más poderosa de lo que crees, queremos entrenarla.

-Lo sé, pero me da miedo -le dio un largo trago a su bebida-. Aunque ahora todo está patas arriba… ojalá William vuelva pronto…

-Tu príncipe de la noche volverá, seguro- le comentó Obara-. Sólo, ahora tienes que estar con nosotros, por seguridad, ya digo que vinieron Luci y Mike, y bueno…

-¿Se pusieron agresivos?

-No, pero nos dijeron que quieren que cooperemos para no sé qué… -suspiró algo- En fin, que es una enorme mierda…

-Oye, ¿esos no son los…?

Miraron hacia la cercana televisión del local. Estaban dando en las noticias de la noche, al parecer había una intensa tormenta azotando las montañas… una sobrenatural. Y que varias esferas de luz de diversos colores habían volado a su alrededor, parecía que iba a haber un gran evento ese día en aquel lugar. Se sintió un fuerte temblor de tierra, mientras una intensa lluvia caía sobre la zona y rayos retumbaban en la nubes. Aquello fue visto por todos, incluidas Marin y Susan, que miraron con preocupación todo lo que sucedía, pero no podían hacer nada por ahora.

-Parece que vamos a tener mambo del bueno -comentó sonriendo Obara-. ¡Esto va a ser divertido!

Bebió de un largo trago su bebida, Beatrice le imitó y se levantaron algo atolondradas y riendo suavemente, saliendo del sitio dando tumbos. Esa tenía pinta de ser una de las últimas veces que podrían disfrutar, así que volverían charlando y riendo de sus cosas… ya allí las curaría alguno de los chicos, qué menos, ¿no?

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En África, Aria se había dedicado a mimetizarse entre los animales que por allí rondaban y así irse acostumbrarse a sus poderes, mientras Noelia se pasaba los días volando de aquí para allá, recorriendo los vientos siguiendo las enseñanzas de su dos maestros, y que tras lo sucedido con Asmae habían decidido que tenían que hacer algo con aquel tipo, Máximo. Ocultarse ya parecía dejar de ser una buena opción, pero tampoco podían atacar de frente sin arriesgarse a ser tomados como esclavos por el romano, así que tenían que encontrar una solución al respecto. Y puede que la mejor opción, aunque les pesara, fuera ir a ver a la maga aelida. Sí, sólo Jamily tenía pinta de ser lo bastante sabia como para poder ayudarles con todo eso, pero tras la traición que les había hecho dudaban poder mirarla a los ojos y confiar en ella. Por otro lado, siempre les había ayudado y sus hechizos permitieron muchas cosas; les dio sus poderes en buena medida, y fue la creadora de las gemas desde el punto de vista intelectual.

Puede que supiera cómo ayudar, así que Ulrich se decidió a ir a buscarla, dejando a Yumi al mando. Esta había tenido la misma idea pero en sentido contrario, así que tuvo que acabar imponiéndose, obligando así a su pareja a quedarse como protector de los dos nuevos mientras ella viajaba hasta el escondite de la hechicera. No tomó demasiado para el viaje, sólo una mochila con alguna cosa para comer, agua y una manta.

-Te recuerdo que casi no necesitamos comer ya -le recordó él, sonriendo-. Ni tampoco sentimos frío o calor…

-Por si acaso esa te quita tus poderes, melón -le espetó, colocándole bien las asideras-. Cuídate…

Se dieron un cálido abrazo y un suave beso, juntando sus frentes con los ojos cerrados y acariciando el cuerpo del mismo. Tras un suave asentimiento, él acarició su rostro, y, sin más, abrió un portal hacia Asmara. Ya Yumi se encargaría de avisar a las otras dos, que seguían con sus actividades normalmente. Ulrich apareció en una zona de campo en Asmara, el cielo estaba despejado pero con alguna que otra nube y las grandes plataformas del reino de los angelidos justo por encima, aunque las zonas de sombras que generaban no eran tan importantes como él se hubiera imaginado. En el suelo había, efectivamente, muchos cultivos de maíz, trigo y árboles frutales trabajados por los agricultores locales usando maquinaria de todo tipo; el agua era extraída en cada zona por sus respectivos acuíferos y pozos, estando las casas esparcidas a lo largo del paisaje. El único núcleo de población algo más importante estaba en una colina cercana, pero él no iba hacia allí.

En su lugar, se dirigió hacia una de las villas. Como todas, era de piedra con techos de madera y tejas rojas. De una sola planta, era amplia y con un bello jardín a su alrededor con una verja que lo separaba de los viñedos de oliva. Un riachuelo privado corría en forma de cruz por el terreno, Ulrich podía asegurar que era una de las mejores plantaciones, gracias a la magia que notaba emanar del suelo. Pudo sentir también la inconfundible esencia de ella rondar la casa, así que fue hacia allí sin hacer aspaviento alguno. Cuando llegó hasta la verja, ya allí podía ver a la mujer sentada en una de las sillas, con sus bellas alas negra descansar apoyadas sobre sus hombros.

-Te ha sentado bien el crecer… -comentó ella, sonriendo- Como ves, yo sigo igual, aunque con algo más de tripa…

Efectivamente, su pelo largo y lacio estaba recogido en una coleta, mientras sus ojos purpura seguían tan vividos como siempre.

-Gracias, me alegra verte sana, pese a todo lo sucedido… -murmuró, y entonces suspiró- William acabó en el Infierno por tu culpa, lo sabes, ¿verdad?

Ella bajó el rostro un poco, pero asintió.

-No puedo liberarlo si vienes por eso -explicó-. Ni tampoco puedo ayudaros con los arcángeles, n desde luego ahora.

-Ni aún estando sin el embarazo podrías -le recordó él-. No vengo por eso, tu marido puede calmarse, que tampoco vengo a por tu cabeza, aunque ganas no me faltarían.

Ella soltó una risa ladina, efectivamente Michaelis venía con la azada y totalmente sudado y ennegrecido por el polvo.

-El gran general ahora no es más que un agricultor… cómo caen las gentes -bromeó Ulrich con cierta diversión-. Puedes estar tranquilo, no vengo a haceros nada, de hecho… necesito la ayuda de tu mujer.

-Aún no me has dicho para qué.

-Para evitar que más guardianes sean presa de… lo que quiera que sea ese tipo -le respondió-. La última en caer ha sido Asmae hace horas.

-Mi mujer no irá a ningún lado -le espetó el otro-. Por muy guardián que seas, no te lo permitiré.

La amenaza del otro no impresionó a Ulrich, pero sí el valor que demostraba. Aún sabiendo que no podía hacer nada contra él, le enfrentaba.

-¿Querrás tomar algo con nosotros? -le invitó ella-. Aquí es hora de comer dentro de poco, no sé el horario que tendrás tú…

Se levantó grácilmente y fue hacia la casa, invitándole a entrar. Comprendiendo que esa era la única forma, así hizo él, seguido por Michaelis, que se limitó a ir directo al baño. Las negociaciones no habían hecho más que empezar.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.