Código Guardianes: El ascenso de Tinieblas
Capítulo 8
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Capítulo especial del 31 de Diciembre que, espero, os guste como siempre.
Con la caída de los señores del Infierno, ahora lo más poderoso que pisaba el castillo de Lucifer era William, que según salió de la sala donde involuntariamente había acabado se encontró de bruces con un grupillo de demonios. Lejos de intentar atacarle se arrodillaron ante su presencia de forma inmediata, así que el otro suspiró algo más relajado por aquel gesto. Pasó al lado de ellos y les notó con mucho miedo, aunque él estaba agotado y según terminó de hablar con Tinieblas sabe que acabó cayendo desplomado al suelo.
Lo que desconocía era cuanto tiempo había pasado, pudieron ser unos minutos hasta días enteros, era el problema de no tener ningún tipo de referencia horaria en aquella dimensión. Se planteó, mientras se despejaba, preguntar a alguno de aquellos seres por ello… pero eso igual demostraba cierta debilidad en él, y era lo último que necesitaba en esos momentos. Pero sí que sabía cómo poder recuperar fuerzas de forma adecuada sin que ninguno de ellos se pudiera enterar de su más que posible debilidad en esos momentos.
-Celebraremos un banquete para celebrar mi conquista de este lugar, llamad a todos y preparad una gran fiesta -ordenó-. Tenéis dos horas.
Sabía que no era tiempo suficiente para preparar nada, pero lo hacía adrede. Así podía pensar un poco, recomponerse y poder estar a punto para ese momento… y tener una buena excusa para poder castigarlos en caso de no cumplir. Obedientes, todos los presentes desaparecieron de allí, momento en que él se permitió apoyarse en la pared y tomar aire con algo más de fuerza. Se intentó rodear de su energía, y aunque esta no era tan brillante como siempre, respondió a su llamada y pareció recuperar parte de sus fuerzas. Y sin embargo, deseaba hacerlo a la antigua usanza, comiendo y durmiendo a pierna suelta en cuanto pudiera, por eso quería una macrofiesta: para que todos los que le rodeaban acabaran tan mal que él no tuviera problemas de ningún tipo.
Anduvo como pudo hasta la zona privada de la enorme fortaleza – sus pies casi le llevaron hasta allí de forma automática – y abrió sus puertas con un suave empujón de energía, entrando a un único corredor con múltiples puertas a los lados. Todo parecía bastante lujoso, notó, lo cual era de agradecer dado el desagradable trato que había recibido allí desde que llegó… no sabía cuanto.
Y si Tinieblas lo sabía, no parecía con ganas de decirlo. Él tampoco lo preguntaría, quería saberlo por sí mismo, así que se limitó a recorrer el pasillo hasta la última de las puertas, por la que pasó tras suspirar un poco. Ante él, apareció una amplia estancia bien ornamentada y con el suelo de moqueta. Tenía rejas de hierro en las ventanas y había una gran cama con dosel que le llamó según entró por la puerta, así que fue directo hasta la misma. Fuegos dorados aparecieron de la nada en las piras que servían de iluminación, igual que en la chimenea de la estancia, caldeando en poco tiempo el lugar. A su lado apareció Tinieblas, que se sentó a su lado mientras él se desvestía con cierta parsimonia, aguantando las ganas de bostezar.
Sin embargo no llegó a decir nada, limitándose a recostarse encima de la mullida cama. Aún a riesgo de quedarse demasiado tiempo descansando cerró los ojos y su cuerpo se relajó por primera vez en toda su estancia allí abajo; eventualmente se quedó totalmente dormido y la mujer se limitó a observarlo con cierta curiosidad, hasta que escuchó algo de jaleo en el exterior de la estancia, así que se levantó y se acercó hacia allí. Pudo notar la presencia de varios demonios menores, así que se limitó a hacerles saber que ese no era su sitio elevando un poco su energía, sonrió al ver que salían de allí rápidamente.
Se preguntó si sería necesario que usara sus poderes para acelerar su curación, pero él ya lo hizo por sí mismo; su cuerpo se rodeó de los espesos poderes de la otra y poco a poco comenzó a recuperarse. Ese chico desde luego tenía bastante potencial, desde luego sabía defenderse y usar la fuerza que tenía, aunque fuera de manera inconsciente. Eso era casi lo mejor, que pudiera hacerlo por sí mismo sin necesidad que ella le tuviera que enseñar abiertamente… se unirían de otra forma. Pensaba en ello precisamente cuando notó que el otro se removía donde estaba, él parecía estar soñando. El tiempo pasaba de forma rara en el Infierno, pensó.
-¿Con qué sueñas, mi heraldo?
Se colocó a su vera y colocó la mano en la cabeza de él, y observó en su mente. No parecía haber nada con sentido, sin embargo le debía estar perturbando de alguna manera. Se inclinó y besó con delicadeza su mejilla, y acarició despacio su rostro, más como una madre que como una entidad superior. Podía notar sus tribulaciones respecto de su familia y amistades, se preguntaba muchas cosas y no tenía la menor idea de cuándo saldría. Eran dudas perfectamente normales, su hermano Luz seguramente le pediría fe… por suerte, ella no era su hermano.
´-Cumpliré mi promesa, William -le susurró al oído-. Volverás a tu hogar con los tuyos y estarán a salvo… mientras yo cumplo mi venganza.
Se recostó con cuidado y le abrazó para colocarlo en su regazo, apoyándolo sobre su pecho como si fuera un niño. Se preguntó entonces cómo debía ser… crear. Siempre había estado sola, a excepción de sus heraldos, y prácticamente ninguno parecía valer de verdad salvo los dos últimos que habían estado a su servicio en todos esos eones de existencia. Todos eran de una manera u otra seres oscuros, sin embargo, este tenía algo especial. Era como ella, su oscuridad era la ausencia de luz… similar a Jamily, sólo que en este caso literalmente era eso, igual que la propia Tinieblas.
Sentía bastante afinidad para con él, fue un verdadero acierto ponerle de su lado. Por ello estaba más que dispuesta a ayudar y hacer que pudiera volver a casa. Sus palabras no caerían en balde, sonreía mientras acariciaba con delicadeza el pelo de él, pensativa… en ese momento, ella giró su rostro al escuchar la puerta sonar. William pareció abrir algo atontado los ojos y se incorporó con ciertas dificultades.
-¿Qué pasa…? -murmuró, tenía la boca pastosa- ¿Tinieblas?
Volvieron a escuchar la puerta sonar así que se levantó como pudo y se acercó hasta la misma. Llevó una mano hacia adelante y la misma se abrió haciendo un intenso ruido en sus goznes al abrirse aunque al entrar ni se enteró de la misma. Se encontró con un hombre bien trajeado, totalmente calvo y con la barba perfectamente recortada. Sus brillantes ojos rosáceos se acercaban peligrosamente al bermellón pero no era tan intensos como los de los antiguos Caballeros.
-Mi señor, ya lo tenemos todo preparado para su coronación como nuevo Señor del Infierno -le hizo una suave reverencia-. ¿Cómo desea que se le llame, señor?
-Con William bastará -murmuró-. ¿Cuándo empezará el evento?
-En cuanto usted lo ordene, mi señor -le señaló-. Como digo, está todo listo.
William asintió, y suspiró un poco.
-Buen trabajo… ¿Cómo te llamas?
-Aster, señor.
-Bien, bien… -salió del cuarto y fueron recorriendo el pasillo -Dime, Aster, ¿cómo están las cosas aquí, tras mi ascenso?
-Los antiguos Caballeros eran tiránicos, pero mantenían el orden -le explicó-. Será muy importante que logre eso, señor.
-Por la fuerza, entiendo.
-Efectivamente -Aster sonrió algo, con cierta diversión-. Me sorprende que se haya recuperado tan deprisa, señor.
-Llevo demasiado tiempo luchando, he aprendido mucho a base de golpes.
El demonio abrió ceremonialmente la puerta, y aparecieron – William entendió que por la magia del lugar, porque antes eso allí no estaba – en un gran salón con su trono al fondo. Una gran mesa con copas y platos de comida se extendía por diez metros y en forma de H. Estaba todo perfectamente decorado en tonos carmesí y con una espada negruzca como símbolo del nuevo señor de aquel antro. Él no había elegido nada de todo eso, sin embargo estaba bastante satisfecho con la decisión. Se dio cuenta que había varios demonios por allí, todos con los ojos rosáceos, pero ninguno de rango inferior. Se suponía que iban a estar todos, esa fue su orden, pero no tenía ganas de discutir así que se limitó a tomar uno de los platos y fue hacia el trono.
Todos los presentes le observaron en silencio llegar hasta el asiento y recostarse en el mismo pesadamente, notaban un poder inmenso emanar de él aunque ni fuera directamente consciente de ello. También pudieron ver a Tinieblas escoltar al chico, aunque no entendían qué hacía esa mujer allí, ni quien era… era todo bastante extraño. La mujer, sin embargo, tomó al otro del brazo casi como si fuera su pareja, y le ayudó a recostarse y comenzó a comer mientras el resto se iba colocando en forma de media luna delante de él, totalmente repantingado en el trono como si estuviera en el salón de su casa.
-¿Dónde están los demás?
Esa simple pregunta hizo que el resto se miraran con cierto nerviosismo, fue Aster el que dio un paso adelante. Era el único con una especie de cuerpo físico como tal, todos los demás eran figuras humanoides sin facciones reconocibles de alguna forma.
-No tienen permiso de entrar a un sitio como este, señor -le explicó-. Son alimañas despreciables, vestigios de otro tiempo en el que este lugar era aún más antro de lo que ahora es.
-Muy bien -murmuró William-, pero eso no responde a mi pregunta -se metió un trozo de carne en la boca y masticó con calma-. ¿Por qué no están aquí todos los demonios del Infierno?
-Están demasiado ocupados matándose entre ellos o con los perros infernales -respondió uno de los otros, adelantándose a Aster-. Este lugar es un caos en general, incluso con Lucifer al mando… -William le escuchaba atentamente, comiendo de la carne con sus propias manos- Básicamente ahora la excusa es escapar de aquí, pero no pueden y ellos lo saben, así que es todo una excusa.
-Entiendo… -murmuró él- ¿Tengo que bajar a poner orden, entonces?
Los otros se miraron entre ellos así que él sólo esperó a ver qué le respondían.
-Sólo si quiere matar a muchos de ellos en el proceso.
El otro asintió, así que retiró el plato y señaló uno nuevo, que le acercó uno de los demonios y, sin más, esperaron a que siguiera comiendo.
-Decidme algo… -bebió algo de su copa antes de seguir- ¿Por qué no lo habéis hecho eso vosotros mismos? Se supone que ahora sois los segundos en poder de aquí.
-Son demasiados, una legión siempre hambrienta -murmuró otro de ellos-. A más bajo sea su rango, peor, y ahora que están aquí encerrados durante semanas la cosa ha ido a peor.
William asintió, por fin tenía una referencia temporal… aunque de poco le servía realmente, seguía ahí sin poder escapar. Pero al menos tendría una forma de poder usar sus nuevos poderes. Tinieblas, ahora sólo visible a sus ojos, asintió cuando él la miró de refilón, así que él suspiró algo.
-Bien… habrá que bajar al barro, ¿dónde están?
Se levantó y observó hacia la nada, notando a las miríadas de los seres infernales luchar entre ellos en los campos cercanos, así que se limitó a andar hasta donde el resto estaba de pie y a la espera de sus órdenes.
-Cerca, ya los nota, ¿verdad, señor?
Este asintió, y rodeado de su energía desapareció de allí. Dio un paso adelante y se encontró con una gran batalla delante de él; alzó la mano y una gran explosión de energía emanó de él y arrasó con cientos de ellos. Enarboló entonces su espada y se movió a la velocidad de la luz entre todos los que quedaban, gritando y atravesando a todo lo que se interponía delante con su espada. Rodeado de los poderes de Tinieblas, sentía su sangre recorrer su cuerpo con la vitalidad de siempre, e incluso se atrevió a golpear con sus manos desnudas las cabezas de todos esos seres, incluidos animales infernales, y que acababan destruidos por su gran poder.
Según pasaba el tiempo el número de demonios iba reduciéndose, pero siempre eran sustituidos por nuevas criaturas que pretendían superar la gran diferencia de poder con el número. Pero eso no parecía ser suficiente, y en un momento dado sólo rodeaban al chico pero sin llegar a lanzarse. Él estaba algo sudoroso y con la esencia de esos demonios cubriendo su piel y ropa.
-¿Ya os rendís?
Movía su arma apuntando hacia cada uno de ellos, pero se limitó a andar hacia ellos con rostro amenazante y su energía absolutamente desatada. Le iban abriendo un camino según él avanzaba poco a poco, dando un discurso.
-Ahora yo soy vuestro rey -les dijo-. Mis poderes pueden destruiros en un instante, como habéis visto… ¡mirad esta matanza!
Golpeó el suelo con fuerza y generó una nueva honda de energía que tiró a todos al suelo y hasta destruyó a varios más. Quedarían unos pocos miles en esos momentos, pero no tenía intención de volver a crear más. No después de todo lo sucedido, y menos sabiendo lo que esos seres eran. El chico andaba entre ellos y les mostraba los dientes y gruñía, se iban separando entre sí poco a poco según él avanzaba.
-Ahora me pertenecéis… - gruñó- Y me obedeceréis, ¿queda claro?
Su energía brillaba con cierta intensidad y parecía una suerte de estrella en medio de toda la oscuridad de aquel antro lúgubre. Giró sobre sí mismo y una destellante energía rojiza apareció en el horizonte; así que él se armó de valor y voló a toda velocidad hacia allí, dispuesto a detener aquello que estuviera sucediendo.
Tinieblas sonreía un poco por las proezas que iba realizando, aunque aún le quedaba ciertas cosas por hacer para poder estar totalmente listo. Era perfectamente consciente, por otro lado, de las cosas que estaba planificando su hermano Luz para contra ella. Era una guerra en la que ambos podían acabar destruidos, pese a ser seres supremos que siempre debían existir, así que las cartas se tenían que mover adecuadamente.
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Las cosas, sin embargo, estaban lejos de estar en calma en la Tierra. Máximo se hizo de una plaza en lo alto de uno de los montes cercanos a Roma poco después de la caída de los Guardianes, precisamente acompañado por Asmae, Electra, Percy, Milly y Tamiya. Por suerte para los demás no habían acabado en manos del líder romano, que junto a Minerva, habían montado una suerte de templo que dominaba toda la zona. A los pies del monte se alzó un ejército hecho por hombres de materia orgánica del suelo del bosque, tierra y roca; las articulaciones eran de ramas y el pelo eran las hojas de los diferentes árboles que formaban el bosque.
Nadie se había atrevido a acercarse por temor a todos los impresionantes eventos, hasta que vieron marchar a los ejércitos de Máximo, comandados por Electra, dirección primero hacia Roma; y luego extenderse por el resto de Italia. La gente clamó por la vuelta de los Guardianes para protegerles, pero ninguno acudió a la llamada; no, hasta tener una solución viable al asunto de ser apresados por el otro y convertirse en sus esclavos.
Ulrich era el primero que quería ir a pararle los pies y liberar a los demás, pero carecía de los medios para ello. Y aunque intentó ponerse en contacto con Johnny, este le daba largas dado lo que, según él, era la misión más importante de su vida. De todas formas, en el momento en que el otro se acercara demasiado a su territorio, estaba dispuesto a usar su fuego contra todo aquel que se interpusiera entre ellos y su libertad. Estaban en esos momentos en las cercanías de un río, donde las chicas se estaban bañando mientras él descansaba recostado en la hierba, comprobando que los animales de por allí pastaban con total normalidad, o cazando, bebiendo o incluso remojándose para enfriar sus cuerpos por el intenso calor.
Durante no demasiado tiempo se había obsesionado un poco con el asunto hasta comprender que nada podía hacer con este asunto, no en solitario, así que esperaba que de alguna forma el resto tuviera algún plan brillante al respecto. De eso tenía claro que se encargarían las hermanas, lo que no sabía era cuanto duraría aquello. Se incorporó al notar la energía de, precisamente, Yumi. Ella se le acercó sonriendo un poco, semidesnuda con sólo la ropa interior puesta.
-¿Puedo acercarme?
Este le hizo un hueco a su lado y ella se colocó a su lado. Se estiró un poco, notando el agradable calor del fuego a su lado para secarse un poco, pero prefería seguir a una temperatura algo más fresca de lo habitual. Sonrió un poco cuando él la abrazó por detrás y apoyó la cabeza en el hombro de él, y suspiró un poco.
-¿En qué piensas, Yumi?
Ella le miró de reojo, y luego posó su vista en Noelia y Aria. Ambas charlaban en las cercanías de la orilla de la masa de agua en la que descansaban, y sonrió suavemente por ello. Se apoyó en sus propias rodillas y se recolocó el húmedo pelo.
-En que deberíamos ir con Susan y Marin… -murmuró- Pronto la Tierra dejará de ser segura para nosotros, y no me quiero arriesgar demasiado… ¿cómo lo ves?
Él asintió un poco, y se rascó la barba. Pronto tendría que hacer un fuego e ir a por algo de comer al pueblo cercano, o algo similar. Era verdad, por otro lado, que no podrían estar así por tiempo indefinido, así que tenían que pensar una solución.
-La ayuda de Jamily no ha sido gran cosa, no nos ha dicho nada aún y eso de que no debemos morir ya lo sabemos sobradamente -ella suspiró y asintió por eso-. Pero… me gustaría avisar a los demás, para que no se alarmen si nos dejan de sentir.
-Sí… -ella parecía pensativa- En realidad en todo este tiempo Máximo nos podría haber encontrado ya, hemos usado nuestros poderes sin mayor problema, no sucederá esta vez… espero.
Él la besó en la mejilla y le sonrió suavemente.
-Estoy seguro de eso -entonces él se levantó-. Creo… que debería ir a ver a Jeremy, aunque otra cosa que me preocupan son los ángeles… apenas han hecho acto de presencia en este tiempo, ¿no crees, Yumi?
Ella asintió, ahora que caía era así, a decir verdad. Se preguntó si algo tenía que ver con que igual y Lucifer parecían haber dejado de luchar entre sí de golpe, como si hubieran sido detenidos abruptamente. El chico se limitó a prepararse y, rodeado de su energía, echó a volar a toda velocidad por el cielo dirección al último sitio en el que ellos habían notado la presencia de Jeremy en la zona media del océano Índico. Voló por encima de las olas y se encontró a un grupo de delfines cazando en un banco de peces sobre el que se posó con delicadeza. Uno de los animales, grises y bellos ojos marrones, le llamó la atención y se le acercó… pudo notar la energía del señor de las aguas y le sonrió un poco.
-Te veo bien, Jeremy -le saludó-, no te quitaré tiempo, lo prometo… Yumi, las dos nuevas y yo iremos a la dimensión de las hermanas, ¿vale?
-¿Cómo me encontraste tan deprisa?
El otro suspiró un poco y entró al agua con delicadeza. Se colocó a su lado y se apoyó sobre su espalda, acariciando el lomo del animal.
-Soy uno de tus mejores amigos… sabía que estarías oculto a plena vista, siendo uno junto a las aguas, aún con tu energía bajo mínimos… sólo alguien que te conozca bien podría dar contigo.
Haciendo honor a su promesa, Ulrich se elevó en el aire y se disponía a irse cuando Jeremy le llamó con un chasquido de lengua algo intenso.
-Aelita… ¿sabes si sigue viva? ¿Y los demás?
-Sí, ella… sigue siendo el cuerpo de Lucifer, pero no sé dónde estarán -reconoció-. Eso debería saberlo Johnny y compañía, o eso tengo entendido.
-Entiendo… gracias, Ulrich.
En ese momento se disolvió en el agua y se hizo uno con ella, perdiéndose en la marea. El otro se disponía a irse cuando vio unos barcos en la lejanía, así que decidió ir bajo el agua para evitare problemas. Volar, aunque fuera muy por encima de ellos, podía alertarles, así que se limitó a recorrer el agua a varias decenas de metros de la superficie antes de abrir un portal delante de él y atravesarlo para llegar a donde estaban los demás, llegando justo al mismo lago donde las otras dos se estaban bañando. Una vez salió al exterior nuevamente se acercó a Noelia, que le sonrió un poco.
-Bienvenido de nuevo -le saludó-. ¿Te seco?
Él asintió, y ella hizo aparecer sus alas. Una suave brisa manó de ella, que retiró todo el agua de su cuerpo, así que el otro se limitó a acercarse a las otras dos. Vio que Aria acariciaba la piel de un cercano león cachorro y que jugaba con una bola de lana que habían fabricado ellos mismos. Se sentía bastante pleno en ese momento, pero tenía que protegerles a todo lugar.
-He hablado con Jeremy… no creo que nadie venga con nosotros, pero al menos estarán en aviso -explicó, mientras se colocaba al lado de ellas-. ¿Estáis listas?
Al ver que ellas asentían y se colocaban a su lado abrió un portal… cuando unos rayos se dejaron sentir sobre ellos. Antes de que ninguno pudiera reaccionar Electra se dejó caer desde las nubes, pero venía en solitario, o eso notaban en un inicio.
-¿Qué puñetas haces aquí, Electra?
Yumi se había colocado justo en frente de las otras dos mujeres, mientras la otra avanzaba con las manos hacia arriba. Notaron que sus ojos estaban blanquecinos, pero seguía pudiendo "ver" a través de su energía. Se colocó al frente de la otra y respiró profundamente antes de responder.
-Tú poder sigue siendo impresionante, Yumi -murmuró-. He venido a avisar… Máximo no está yendo de farol con todo esto, te lo prometo.
-¿Y para esto vienes hasta aquí?
-Obviamente no… -murmuró, mientras dejaba su martillo caer al suelo- Ulrich, quémame el rostro o el pecho, tengo que aparentar que he luchado con vosotros.
-Se supone que vienes para hacernos esclavos de él, ¿verdad?
-Vengo… a mataros.
Los demás se miraron con bastante sorpresa, Electra lloraba en silencio mientras Ulrich se colocaba delante de ella. En lugar de lanzarle sus llamas se limitó a abrazarla con cariño, y ella se rompió un poco por dentro. Las demás se sentían un poco cohibidas en ese momento y la japonesa no daba crédito de lo que su antigua compañera decía.
-Tranquila… -Ulrich la separó de su cuerpo con delicadeza- Todo irá bien, no te quemaré la cara, no pienso hacerlo por contentar a ese psicópata…
-No lo entiendes, hay que aparentar que lo he al menos intentado… un momento -alzó la vista hacia la cercana puerta al mundo de Marin y Susan – Oye… ¿eso es?
-Íbamos a irnos justo ahora…. Hay que detener a ese loco.
-Estoy de acuerdo… -murmuró la otra- Iros cuanto antes, yo me encargo del resto, parecerá que os maté o que huisteis.
-¿Tú estarás bien?
A la pregunta de Yumi, ella asintió.
-Haré lo que pueda… chicos… -ellos la miraron antes de atravesar el portal- Siento lo sucedido… y siento que…
-No sientas tanto, y actúa en consecuencia -le avisó la otra, seria-. Se os avisó e hicisteis caso omiso… ahora tendréis que asumir las consecuencias de vuestras acciones.
Ella asintió y su energía brilló con intensidad. De forma inmediata cayeron rayos en las inmediaciones y los demás huyeron con sus energías también en alto, e instantes después todo se calmó de improvisto… lloviendo en ese momento por la intensidad de lo liberado. Las lágrimas de Electra se difuminaron entre la lluvia y se disponía a volver cuando notó que en Grecia, en las cercanías de un antiguo templo que habían visitado tiempo antes, se abría un portal, esta de vez de naturaleza muy diferente… En el cielo aparecieron auroras boreales y vio cientos de estrellas fugaces precipitarse contra el suelo a toda velocidad, aunque todas encaminadas en esa dirección. Frunció el ceño al comprender la naturaleza de aquello que estaba sucediendo. El ascenso de Tinieblas estaba por llegar.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
