Fic

Historias de Albert y Candy

Mi Amado Enemigo

por

Mayra Exitosa

Reto Imagen de Loren Mont

Llegaron a la finca, sin doncellas, ni ayudantes, Candy notaba que estaba revisando los terrenos, ella se sentía observada, por lo que se preocupaba y más se sentía ansiosa por no estar acostumbrada a realizar alimentos, ni comidas para su marido, hacía tiempo buscando entretenerse, al hacer que traía cosas de la carriola, mientras el coronel, también sentía la mirada de algún intruso, así buscaba sus armas para tenerlas a la vista, luego tomaba una botella de whisky, al sentirse mirado por todos lados de la finca, al parecer estaba muy sola la propiedad y lo que el deseaba era eso, que no hubiera nadie, al ver que su mujer no quería entrar a la cabaña, la jalaba y le leía sus nuevas actividades,

- Oye bien, ahora serás mi mujer, nada de llantos y niñerías, quiero que me atiendas y seas sumisa y tranquila, no quiero una niña, quiero una mujer y ya te entregaron a mi para que lo seas, por orden de la corona, así que estas son mis tierras, no voy a dejar que nadie se acerque, te quiero desnuda en mi lecho toda la noche, - Si mi Lord. Candy no pudo evitarlo y aunque no hacía ruido se le brotaban las lágrimas, ella creía que ese gran hombre la amaría y cuidaría, abrazaba la capa escondiéndose y aguantando las ordenes que más parecían regaños sin haber hecho nada para merecerlos, no estaba acostumbrada así que cuando entró a la cabaña un impulso la hizo caminar al lado contrario e irse al lago cercano tomando un balde de agua, nerviosa, sintiendo que su cuerpo ansiaba huir de ese lugar.

William también sabía que esas eran sus tierras, al ver a un hombre mayor con una joven, pensó en que eran padre e hija, lo extraño era esa cabaña ahí en pleno bosque cerca de donde el había estado viviendo por varios años, cuando escuchaba como le gritaba que la poseería y que ahora era su mujer le dio una punzada de dolor, al ver al viejo con una joven, pero después verla caminar y notar que llevaba su tartán en la espalda, se volvió completamente personal, era una escocesa de su clan, lo que no sabía era como es que todavía se encontraban en sus tierras, si todos se habían marchado, por lo que al verla llorar arrodillada en el lago juntando agua en un balde de madera, solo pudo mirar como su llanto era de miedo, sin pensarlo dos veces se fue hasta la cabaña y al verlo, supo quien era, un ingles maldito que había estado en las guerras contra los suyos, lo que no comprendía era lo que hacía ahí en el bosque, lo siguió sigilosamente en el mayor de los silencios, al escuchar su grito llamando a la joven este dijo

- ¡Maldita mujer, ven acá! ¡Candice! ¿Dónde estás? El atardecer era de luz solar rojiza a medias, todo se parecía igual, este de pronto piso un tronco giro y cayó, a lo que William al verlo en el suelo tomo la piedra y se la lanzo encima de la cabeza, quedándose en el suelo con un golpe abierto sin poder moverse, abriendo los ojos viendo la sombra que estaba encima y no sabía de quien se trataba. William tomo su espada y lo atravesó por un costado hasta enterrarle y girar rumbo a su pecho, para luego jalarlo hacia los matorrales la sangre que había la cubrió con tierra por lo que cuando Candy llevaba el balde de agua, venía lenta por el peso. - Mi lord, fui al lago a traer agua, ¿mi Lord? ¿coronel? ¡Mi Lord!

William la observaba en silencio se detuvo en un costado ya mucho más tarde, al verlo Candy en la obscuridad, prendía las velas. - Mi Lord, ya preparé su cama, me tarde un poco en traer agua, no lo encontraba, ya estoy lista, me quitare la ropa como usted me lo pidió. William notaba que lo trataba como si fuera el hombre y al recordar, el traía barba rubia, y la altura era similar, ella no lo conocía mucho, solo estaba cumpliendo con lo que le había ordenado entonces fue que le siguió el juego y paso a la cabaña, vio que en la mesa había pan y vino, un pedazo de carne que al ver sus manos se había hecho daño al cocerla. - Perdone, nunca había hecho comida para nadie, mi familia no me preparó para atenderlo mi Lord, ¡Lo siento!

El dolor que le dio a William por el temor que evidentemente sentía, la hizo abrazarla para luego darle un beso en su cabeza, tratando de no hablar para que no le reconociera por la voz ronca y el tono ingles que poseía ese hombre, se sentó a la mesa y al cortar la carne todavía estaba cruda, así la tomo y la puso de nuevo al fuego ella se levantó de inmediato para ayudarlo, pero el atravesó la mano para detenerla, vio que no hablaba, ella sonrió y agrego - Usted dígame como y lo haré, no quiero que mi abuelo crea que no seré una buena esposa.

Le cocino lentamente y puso algunas cosas que veía ahí para cocer mejor la carne, la sacó y trozó algunos cortes para ella, había otros alimentos a lo que él con tranquilidad los tomó y se los puso en la mesa, Candy tomo la capa de nuevo cubriéndose los hombros al hacerlo William vio de nuevo el tartán de su familia le dio tal ternura que la cubrió más con él y le beso el rostro, ella se abrazo más a la vieja tela, al ver que a él le gustaba, notaba que le sonreía y William sintió que no le comparaba ni le decía nada por no ser el viejo ese, le dio un beso más en la boca y ella avergonzada le confirmó, - Nunca he besado a nadie, solo sabía que se unían los labios.

William se sentó a su lado fingiéndose el hombre que había matado y le siguió el juego a la dama, al final ella lo tenía a obscuras con velas, quizás no viera demasiada diferencia, por lo que comió tranquilo con ella disfrutando del vino de uvas y de las atenciones que la joven escocesa le daba. Hacía mucho que no estaba con una mujer, tenía poca experiencia, la guerra los había llamado a todos aun siendo joven y ahora con ella a su lado, no sabía como tratarla, pero observaba que ya no lloraba y sonreía suavemente, en silencio cenaron hasta acabarse el trozo de carne, pan y otros detalles incluso frutas frescas que ella colocaba en la mesa como deseando agradarle. - ¿Cuánto tiempo cree usted que estaremos aquí?, en el castillo mi abuelo nos espera, sería bueno que no fuera mucho tiempo, pronto llegara el frío y es mejor estar resguardado en el calor del castillo ¿no lo cree mi Lord?

William asentía y la miraba en espera de que iba a hacer, si seguir haciéndose pasar por su esposo y pasar la noche con ella hasta la mañana o irse entre la noche y dejarla sola, tenía que ir a cubrir con tierra al viejo ese que ya no volvería a matar a nadie más, antes de que oliera o las bestias del bosque se acercaran con el olor de la sangre. - ¡Oh mi lord! Tiene sangre en la pierna, déjeme lavarle. - Del balde de agua mojo un trapo y le talló de la rodilla hasta el pie. - ¿quiere que le quite las botas? Se lo hago a mi abuelo, ya ve que casi no ve, por eso lo atienden todos esos sirvientes, pero en ocasiones lo hago yo. El asintió temeroso que notara que la sangre no era de él, por lo que se dejo quitar las botas, ya luego la dejo asearlo, al hacerlo se quitaba la capa y le vestido mostraba los pechos en su plenitud rebosantes y sin poder evitarlo, la jalaba hasta atraerla de nuevo, la tomo en sus brazos y se la llevo a su lecho, esta vez necesitaba poseerla, si ella lo estaba cuidando, él también la atendería.

En el castillo el viejo abuelo miraba el fuego pensando en su nieta tan joven y ese coronel tan agresivo, si no le daba el titulo bien podía matarlo para obtenerlo, y con su ceguera pronto dejaría sola a su nieta a las ordenes de ese maldito, más él ya tenía todo y nada le consolaba, prefería pensar que al menos le quedaba su niña, sin embargo, ahora ya ese debía haberla hecho su mujer, así que ella debía estar dolida y sin sus doncellas para atenderla, era un desgraciado bastardo bárbaro desconfiado sanguinario, pero ahora sus descendientes tendrían muchas propiedades y tierras que eso era lo que más importaba, desde el más allá debían estar sus hijos gozando de su esposa que los vio nacer y de saber que pronto el también los alcanzaría, enviaba una carta dictada a su escribano para la corona, donde si algo le sucedía dejaba todo a su nieta, y que solo el ducado sería para los descendientes que ella engendrara, pues su titulo y todo cuanto ahora tenía incluidas las propiedades de su nuevo esposo serían solo para sus descendientes. - Envíalo con un mensajero, no quiero que ese hombre se crea dueño de mi titulo o lo tome, solo serán los descendientes de mi sangre, entendido. - Si mi Lord.

Continuará...


Gracias por leer y comentar esta y las demás historias deseando sea de su agrado.

Agradeciendo por el respeto a mis escritos al no tomarlos ni usarlos en parte completa o parcial en otras historias.

Respetando el origen de los personajes a sus creadores al no escribir con fines de lucro.

Sinceramente,

Un Abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa