¿Era o no era el verdadero Hawk Moth?, se preguntaba Chat.
Se había escondido detrás de una chimenea en el edificio que tenía mejores vistas hacia los Campos de Marte. Delante de él, Hawk Moth esperaba en lo alto de la torre, y lo que parecían dos mariposas gigantes ―probablemente sentimonstruos― sostenían los cuerpos inconscientes y falsos de Adrien y Chat Noir, amenazando con dejarlos caer al vacío si Ladybug no aparecía pronto.
Sin embargo, Chat sabía perfectamente que aquel espectáculo era una mera ilusión. Lo que llevaba a la siguiente pregunta: ¿estaba Hawk Moth realmente allí, o estaba manejando los hilos desde la seguridad de su madriguera?
En realidad, a Chat le hacía una gracia tremenda que de todos los "rehenes" que hubiera podido tomar, lo hubiera escogido a él. Aunque tal vez esa diversión fuera su manera de enmascarar lo mucho que le sudaban las palmas de las manos debajo del traje.
Había intentado contactar con Ladybug y decirle que estaba sano y salvo y que el Chat Noir que colgaba de las garras del monstruo no era real, pero ella no respondía a sus llamadas.
Chat le estaba enviando el enésimo mensaje cuando de repente un rayo rojo cruzó a su lado. El chico apenas pudo seguirlo con la vista lo suficiente rápido como para reconocerla, pero en cuanto lo hizo, abrió los ojos preso del pánico.
Su lady se había lanzado directa hacia una trampa.
«¡Adrien, Adrien, Adrien!», era lo único que sonaba en la cabeza de Marinette mientras se precipitaba hacia la torre Eiffel como un cohete. Sabía que el Chat que colgaba de las garras del monstruo no era real, porque su compañero había estado a su lado hacía un momento, y también era consciente de que había una posibilidad de que Adrien fuese una ilusión, pero Marinette no iba a arriesgarse.
Jamás arriesgaría la vida de Adrien por una mera posibilidad.
Justo por eso no se lo pensó dos veces cuando enganchó su yoyó a una de las vigas de metal de la torre Eiffel y lo usó para lanzarse como una bala hacia el monstruo de grandes alas que tenía preso a Adrien. Usó un brazo para colgarse de la cuerda de su arma y estiró el otro para rescatar a su amigo. Sin embargo, cuando llegó a él, su mano atravesó humo.
Incapaz de frenar, Ladybug se metió de lleno dentro de la ilusión, como si fuera una nube violeta. Durante un momento fue cegada por la especie de polvo flotante del que estaba hecha, y cuando por fin salió por el otro lado, descubrió con pavor que había alguien esperándola.
Volpina echó su flauta hacia atrás como un bate de béisbol, y antes de que Ladybug pudiera esquivarla, le propinó tal golpe en el estómago que le cortó la respiración.
El impacto fue doloroso, brutal. Ladybug fue lanzada hacia atrás y se estampó de espaldas contra uno de los soportes de la torre Eiffel. Se deslizó hasta el suelo, la cabeza le daba vueltas por el susto y el dolor, que le impidieron reaccionar con rapidez.
Cuando por fin recuperó el sentido y pudo alzar la vista, Volpina ya estaba allí, con su flauta preparada para asestarle un segundo flautazo y una sonrisa maliciosa que transmitía que disfrutaría haciéndolo.
Ladybug se protegió la cabeza y se preparó para recibir el golpe, pero este nunca llegó.
En vez de eso, escuchó el sonido sordo del metal chocando contra la madera.
―¡Corre, milady!
Con una mezcla de sorpresa y alivio, Ladybug descubrió que Chat Noir había salido de la nada y se había interpuesto entre ella y Volpina. La flauta de ella y el bastón de él habían chocado como en un duelo épico de espadachines, y en aquel momento ambos oponentes se miraban con odio y rabia, rechinando los dientes.
―¡Corre, milady! ―repitió Chat, sin apartar la mirada de Volpina, y Ladybug obedeció.
Nada más ver que Ladybug escapaba, Volpina le hizo una finta a Chat y se dispuso a dejarlo atrás para perseguirla a ella. El odio que le profesaba traspasaba los límites humanos. Era Ladybug a quien Volpina quería vencer; Chat, en cambio, era el premio de consolación.
Sin embargo, el chico no iba a permitir que volvieran a herir a su lady. Antes de que Volpina pudiera esquivarlo, Chat le puso la zancadilla y la villana cayó de bruces contra el frío suelo de metal.
Cuando Volpina alzó la cabeza y miró a su alrededor, no quedaba ni rastro de ninguno de los dos héroes.
Marinette se maldecía a sí misma mientras corría a buscar refugio detrás de una de las chimeneas de un edificio cercano. Había cometido un error por su amor por Adrien, otra vez. Era tan evidente que era un trampa, estaba tan claro... pero ella se había lanzado de todas formas.
Cuando por fin estuvo lo suficientemente lejos de la torre Eiffel como para sentirse a salvo, apoyó la espalda contra un muro y se deslizó hasta quedar sentada sobre el tejado. Inmediatamente, se llevó una mano al abdomen, que dolía como si la acabase de atropellar un coche.
La zona le palpitaba, y estaba segura de que le había causado algún tipo de sangrado interno. ¿Cómo había podido Volpina asestarle un golpe tan fuerte que hubiera atravesado la protección del traje? La respuesta vino a ella de inmediato: porque esa vez, el miraculous que llevaba al cuello era el de verdad, y estaba akumatizado.
Un miraculous y un akuma... eran una combinación explosiva. Apenas habían podido detener a Chloe cuando el miraculous de la abeja había sido corrompido por Hawk Moth, y aún entonces habían contado con la ayuda del miraculous del dragón y la serpiente. En ese momento, en cambio, solo contaban con su ingenio y coraje.
―¡Milady! ―Chat llegó hasta el escondite de Ladybug un momento después. Su tono y su expresión emanaban una preocupación creciente, que se duplicó cuando vio la forma en la que Ladybug se doblaba en dos y torcía el gesto con dolor―. ¡Milady! ¿Estás bien? ¿Puedes levantarte?
La respuesta era «apenas», pero Ladybug se limitó a tomar la mano que Chat le ofrecía y él la puso en pie de un tirón.
―Es fuerte, más de lo normal incluso con nuestros poderes ―dijo Chat mientras se masajeaba el hombro. Sin duda él también lo había notado en su breve intercambio de espadazos―. ¿Qué crees que habrá ocurrido para que haya vuelto a ser akumatizada?
Ladybug dudaba mucho que Lila necesitase una razón de peso para volver a ser akumatizada, así que evadió el tema y contestó:
―Lo importante es que creo que su miraculous es de verdad, y está akumatizado.
Chat se tensó. Esas eran palabras mayores.
―De ahí su fuerza... y quién sabe qué más ―murmuró.
―Exacto.
Ladybug asomó la cabeza discretamente hacia la torre Eiffel, donde ahora una veintena de Volpinas aguardaban por ellos sin ninguna reserva. Lila los estaba esperando, es más, los estaba retando. Sabía que irían a por ella para recuperar el miraculous, y si no lo hacían, simplemente comenzaría a sembrar el caos para atraerlos.
Estaba convencida de poder darles su merecido a Ladybug y Chat Noir ella solita.
¿Podía?
Ninguno lo sabía.
La única parte buena era que la ilusión de Hawk Moth había desaparecido, lo que significaba que su mayor enemigo no había acudido en persona.
―Es hora ―decidió Ladybug, aún dolorida, y gritó―: ¡Lucky Charm!
Chat esperó con ansias que el remedio milagroso de su lady fuese suficiente como para derrotar a Volpina. Lo que apareció, sin embargo, los decepcionó a ambos.
Era una réplica del miraculous de la abeja.
Durante un momento muy largo, Ladybug lo sostuvo entre las manos como si fuera un tesoro, pero luego lo agarró con los dedos como pinzas y lo alejó de sí como a un trozo apestoso de queso.
―No entiendo ―admitió, confusa―. No entiendo ―repitió, como un disco rayado.
El agobio estaba comenzando a apoderarse de ella, porque por mucho que pensara y pensara, no lograba dar con la solución al enigma.
No entendía. ¿El miraculous de la abeja? ¿Qué se suponía que tenía que hacer con él? ¿Era una arma o una pista? ¿Qué significaba? Tal vez el Lucky Charm quería decirle que Volpina también llevaba ese miraculous encima. Pero no tenía sentido. Hawk Moth jamás le hubiese dado dos miraculous a una desconocía. No era tan descuidado.
―A mí me parece evidente ―intervino Chat, que se dio cuenta de que su lady estaba comenzando a perder la calma―. ¡Vesperia debe de ser la clave!
Sin embargo, Ladybug sacudió la cabeza.
―Eso no tiene sentido. Ningún sentido... ―murmuró para sí misma.
De nuevo, echó un vistazo a Volpina en lo alto de la torre. Y luego miró a Chat. Más en concreto, miró su mano, y pensó en el nuevo poder que había descubierto el otro día.
―Creo... creo que podemos vencer sin el Lucky Charm... ―Incluso a ella le extrañaron sus propias palabras.
Chat abrió la boca para replicar, pero en el último momento decidió que no era adecuado cuestionarla cuando ya se sentía tan poco segura de sí misma, así que calló y pidió detalles. Cuando Ladybug explicó su plan, Chat tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no pegarle un grito que desvelara su paradero. En cambio, gritó en susurros:
―¡¿Estás loca?! ¡No puedo hacer eso! Si la alcanzo a ella, o peor, a ti... ―No acabó la frase porque se le formó un nudo en la garganta y las palabras se le quedaron atascadas.
Sin embargo, Ladybug colocó sus manos en los hombros de Chat y lo atrajo hacia sí hasta que sus frentes estuvieron a punto de tocarse. Lo miró fijamente a esos ojos grandes e imposiblemente verdes, y cuando habló lo hizo tan de corazón que le costó que no se le humedecieran los ojos a ella:
―Escucha. Cometí un error al no confiar en ti en el pasado. Dejé que mis miedos se apoderaran de mí y París ha sufrido las consecuencias. Pero ahora... ―Tragó saliva. Era difícil admitir todo eso en alto―, ahora me he dado cuenta de que la clave para recuperar los miraculous es que recuperemos la confianza que tuvimos alguna vez. Quizá... quizá así pueda enmendar parte de los males que han ocurrido.
Casi sin querer, bajó la cabeza. Sin embargo, Chat le tomó la barbilla y la obligó a mirarle a los ojos de nuevo.
―No es culpa tuya ―le dijo, con determinación.
Lo creía de verdad. Al fin y al cabo, si él no hubiera intercambiado lugares con su primo...
―Es culpa mía y solo mía, Chat ―zanjó ella.
Chat no la corrigió porque no podía hacerlo sin comprometer su identidad. En cambio, la dejó continuar:
―Reconstruiremos el equipo de cero, empezando por Rena Rouge. Y cuando acabemos, las cosas serán diferentes. Aprenderé a ser una mejor líder, aprenderé a delegar... Lo prometo.
―No veo qué tiene que ver eso con lo que quieres que haga.
―Lo que quiero decir... es que confío en ti, Chat. Sé que jamás me harías daño a mí ni a ninguna otra persona. Así que, ¿harás lo que te pido?
Chat suspiró derrotado y asintió. ¿Qué otro remedio tenía?
