Antes de nada: este fanfic se actualiza antes en wattpad. Mi perfil es Likethelastwoman.
Ladybug se acercó al pie de la torre Eiffel despacio pero con desfachatez, como si los Campos de Marte fueran una pasarela y ella llevase puesta la pieza maestra de la colección. Nada más reparar en ella, las veinte Volpinas que esperaban sobre la torre se giraron y la fulminaron con una mirada de odio al unísono, pero no se acercaron, por precaución.
Ladybug se detuvo en medio de la plaza, completamente expuesta, y gritó:
―¡Volpinaaaaaaaa! ¡Desde aquí abajo, tú y tus muñecas parecéis bolas naranjas decorando un árbol de Navidad!
Ladybug se rio de su propio chiste, pero a Volpina esa risa socarrona no le hizo ninguna gracia.
Ella y sus copias hicieron el amago de saltar para embestir contra Ladybug y satisfacer su deseo de humillarla delante de todo París, pero entonces escucharon la voz de Hawk Moth en su cabeza y se detuvieron:
―¡Más despacio, Volpina! Chat Noir no está con ella. Debe de ser una trampa.
Volpina ―la verdadera― apretó los puños con rabia. La persona a la que más quería aplastar estaba delante de ella y la miraba con una actitud burlona, pero Hawk Moth tenía razón: Chat no la acompañaba, lo que significaba que algo estaban tramando.
Le costó mucho contener las ganas de acometer contra Ladybug. La odiaba tanto... Lo que más quería Volpina era hacerle ver a París lo mentirosa y rastrera que era su heroína favorita. No le parecía justo que la adorasen como a una diosa, cuando en realidad no era más que una alimaña.
Cuando Hawk Moth y ella reescribieran el mundo, Lila tenía muy claro cuáles serían sus dos primeros deseos: primero, que Ladybug se convirtiera en el hazmerreír de París, como se merecía; y segundo, que Lila por fin consiguiese el amor incondicional de Adrien.
Juntos, serían la pareja más famosa y envidiada de Francia.
Los admirarían. Los venerarían.
Serían reyes.
Fueron estos pensamientos los que la hicieron no caer en la evidente provocación de .
«Suficiente», pensó Ladybug, al darse cuenta de que Volpina no iba a acudir a ella. Acto seguido, lanzó su yoyó hacia una de las vigas de la torre Eiffel y dejó que su arma la impulsara hasta la cima.
Tomó a Volpina completamente por sorpresa. Ni Hawk Moth ni ella esperaban que Ladybug la atacase tan repentinamente.
Ladybug aterrizó en la cara norte de la torre, enfrente de un trío de copias que lo primero que hicieron fue alzar sus flautas delante de ella y fingir atacarla, pero Ladybug las vaporizó con su yoyó justo antes de que la tocaran.
Dos copias más la sorprendieron por detrás, pero Ladybug saltó por encima de ellas y también hizo que se esfumaran de un golpe.
Una a una, Ladybug se deshizo de las copias, pero por cada una que ella hacía desaparecer, dos ocupaban su lugar. Pronto se vio rodeada por una marea de Volpinas que se abalanzaban sobre ella sin más objetivo que confundirla. Hubiera podido escapar fácilmente en vez de quedarse en el centro de la marabunta, pero era esencial que se mantuviese en la cara norte de la torre, justo donde estaba.
Un río interminable de Volpinas la atacaba, pero la real, la única que importaba, seguía escondida.
Ladybug pensaba justo eso cuando un golpe furioso le acertó de lleno en la espalda.
El dolor fue tan intenso y repentino que las piernas le cedieron y sus rodillas golpearon el frío suelo de metal. Tuvo que apoyar una mano en él para evitar caer de bruces, mientras una risa malvada y cruel resonaba detrás de ella.
―¿Demasiado para el bichito? ―se burló la verdadera Volpina.
«Una oportunidad, solo una», pensó Ladybug, así que rápida como una centella, se levantó, se dio la vuelta, y se abalanzó sobre Volpina.
Le retorció el brazo por detrás de la espalda y logró girarla para que quedase mirando a la ciudad, su cuello expuesto hacia la enormidad de París.
Volpina ni siquiera se resistió. Al contrario: se rio, más calmada que nunca.
―¿Te has olvidado de que solo el cataclismo puede romper mi miraculous? ―se burló―. Dime, ¿cómo piensas purificar el akuma sin tu querido gatito?
«Por favor, por favor», le rogó Ladybug a la nada, «Que no me haya equivocado al confiar en Chat».
Chat, por su parte, ya había invocado el Disparo Cataclismo: una minúscula canica de pura destrucción que esperaba a ser liberada en la punta de su dedo índice. Apuntó con ella hacia Volpina, pero... estaba muy lejos y su vista no alcanzaba a tal detalle. Ni siquiera distinguía el colgante del resto del traje de Volpina, y si en vez de a la villana acertaba a su lady...
Su mente evocó el momento en el que su Cataclismo había alcanzado a Aeon Hill. La única razón por que la que Chat no se había convertido en un asesino ese día había sido porque era un androide.
Si le ocurría lo mismo a su lady... Chat moriría también.
¡Pero es que no veía nada! Sus ojos no tenían la precisión suficiente como para acertarle solo al collar. No podía disparar sin acercarse y revelar su paradero.
«Necesito un milagro», pensó, y como por arte de magia escuchó una vocecilla conocida en su cabeza, una que jamás hubiera esperado escuchar:
―Déjamelo a mí ―dijo Plagg.
De repente, los sentidos de Adrien se agudizaron. Desde su escondite en el tejado, fue capaz de oler las rosas del vendedor ambulante, fue capaz de escuchar el gorjeo de las palomas en las orillas del Sena, pero sobre todo, fue capaz de ver con la claridad de un halcón la diana que Ladybug le estaba ofreciendo: el collar en el cuello de Lila.
No lo pensó más.
Disparó.
―Esta posición es muy incómoda ―continuó Volpina, socarrona, refiriéndose a cómo estaba dejando que Ladybug le retorciera los brazos tras la espalda. Volpina era más fuerte, podía librarse en cualquier momento, y ambas lo sabían―. ¿Por qué no cambiamos de...?
Sin embargo, antes de que acabara la frase, una bala negra cruzó el cielo e impactó justo en el colgante del zorro.
Que se resquebrajó.
Volpina sintió el impacto en el pecho, como si su corazón se hubiera partido, como si hubiera estallado en mil pedazos. Tan fácilmente como lo había obtenido, sintió el poder escapándosele de entre los dedos como el aceite y el susto le impidió proferir un grito. En su lugar, se le escapó un gemido ahogado, como el de un pajarito. Uno podrido por dentro.
Volpina, ahora una Lila despojada de todo lo que la hacía especial, cayó de rodillas sobre el suelo de metal, tan estupefacta como cabría esperar.
El akuma emergió del colgante, que Ladybug purificó sin acrobacias innecesarias. No estaba de humor. Inmediatamente después, arrancó el miraculous roto del cuello de Lila con un mohín serio pero una mirada de rabia contenida. Solo entonces se permitió observar a Lila de verdad, que seguía con los ojos clavados en el suelo, paralizada.
A Lila le ardía la cara de humillación.
«¡No, no, no!», gritaba por dentro.
Necesitó un instante para asimilar lo que acababa de pasar.
Acababa de... ¿perder?
Así, de repente.
Sin previo aviso.
Había sido derrotada.
¡¿Cómo?!
Su interior aullaba de frustración, de odio, de rabia. Había perdido de forma bochornosa y le estaba costando asimilarlo. Lo que era peor: había perdido de forma inesperada.
¿Qué había sido esa... bala? ¿Quién la había lanzado? No lo entendía. No le cabía en la cabeza. ¿Cómo había podido perder?
Sin embargo, lo que pensaba y lo que dijo fueron cosas diferentes. Al recomponerse por fin y levantarse para mirar a la "heroína", Lila se esforzó por parecer lo más desvalida y sorprendida que pudo antes de exclamar:
―¿Ladybug? ¿Qué hago aquí? ¿Dónde estoy? ―Miró a todas partes, como si estuviera muy confusa. En realidad recordaba cada uno de los detalles de su akumatización.
Durante un momento, Ladybug se compadeció de ella. Puede que no le cayera bien ―Lila era mentirosa y cruel―, pero debido a esa horrorosa personalidad era un blanco fácil para Hawk Moth. Por eso dejó pasar la mirada de odio que percibió en los ojos de Lila, clara como el agua pese a su acto de adolescente inocente y asustada.
Chat llegó a la escena justo entonces, aunque cuando aterrizó al lado de Lila, estuvo a punto de tropezar y caer encima de ella. Se tambaleó un momento hasta lograr plantarse delante de Ladybug, tan tieso como un poste, pero sus ojos... sus ojos parecían desenfocados. Como si se encontrase desorientado. ¿Era algún efecto secundario del Disparo Cataclismo?, se preguntó Ladybug.
Como fuese, no parecía grave, así que estiró el puño hacia él y dijo:
―Bien he...
Sin embargo, nada más abrir la boca, Chat pegó un brinco hacia atrás y se tapó las orejas con las manos.
―¿Siempre has sonado tan chillona? ―le preguntó.
Ladybug no supo si se estaba burlando de ella o lo decía en serio. Parecía en serio, lo que resultó aún más confuso.
―Esto es... muy raro ―murmuró Chat para sí mismo mientras se quitaba las manos de los oídos, muy despacio. Sus pupilas volaban de aquí a allá como dos colibríes. Daba la impresión de estar drogado.
Ladybug lo ignoró durante un momento para tomar a Lila en brazos ―ambas pusieron cara de asco― y dejarla en la base de la torre, a salvo de una caída peligrosa. Luego volvió y tuvo que pegarle un toque a Chat en el hombro para que espabilase. De nuevo, su compañero se sobresaltó y la miró como si fuera la primera vez que la veía.
―¿Estás bien? ―le preguntó Ladybug, preocupada.
Chat no le contestó de inmediato. Sus sentidos aumentados resultaban... abrumadores. Podía escuchar al Señor Ramier intentado calmar a sus palomas, que se habían alterado porque el policía Roger había comenzado a insultarlas. Podía oler la hierba recién cortada de los Campos de Marte, así como los cruasanes recién horneados de una pareja que estaba preparando un picnic. Y también podía contar todas y cada una de las pecas que descansaban sobre las adorables mejillas de su lady. Eso último lo hizo sonreír.
Chat se rascó la cabeza. ¿Cómo explicarle a Ladybug que Plagg le acababa de "prestar" un poder nuevo?
En su lugar, asintió efusivamente. Ya le explicaría lo de los sentidos aumentados después.
Ladybug no estuvo muy convencida, pero decidió posponer el interrogatorio para después de haber restaurado la normalidad. Estaba a punto de gritar «Miraculous Ladybug» cuando una sonora ronda de aplausos estalló a los pies del monumento.
Chat volvió a taparse los oídos, mientras que Ladybug miró abajo boquiabierta.
Una multitud se estaba formando a sus pies. Una que comenzó a corear su nombre.
―¡Ladybug! ¡Ladybug! ¡Ladybug! ―cantaban.
La gente estaba saliendo de los escondites en los que se habían refugiado y estaban acudiendo en masa a los Campos de Marte. Se unían al coro de voces sin pensárselo dos veces, para expresar su gratitud a la heroína de París.
Ladybug apretó el colgante roto y el miraculous de la abeja contra el pecho, conmovida.
Las lágrimas comenzaron a anegar sus ojos, pero no por tristeza, sino por felicidad.
Se dio cuenta, como si acabase de reparar en ello, de que acababan de recuperar un miraculous.
¡Acababan de recuperar un miraculous!
Por primera vez desde que Contraataque, las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba sin que ella las forzara.
Dios mío... ¡acababan de recuperar un miraculous!
Mientras ella miraba a la multitud que crecía a sus pies, Chat resistió las ganas de huir de tanto ruido para acercarse por detrás y posar una mano en su hombro.
―Te lo dije ―le susurró, directamente al oído―. La gente París cree en ti. Y tienen razones para hacerlo.
Ladybug sintió su mano, su calidez, así que se reclinó inconscientemente hacia atrás para apoyarse en él. Chat no supo si retroceder o simplemente disfrutar de su contacto. Sabía que debía dejar de presionarla, de flirtear con ella, pero... pero decidió aprovecharse.
Ladybug estaba tan impresionada por la reciente victoria que no se dio cuenta de cómo Chat le rodeaba la cintura con el brazo, muy discretamente. Como ella no se apartó, Chat decidió dejarlo ahí. Era solo un medio abrazo, y Ladybug ni siquiera lo miraba, pero debido a cómo su lady lo había estado alejando desde convertirse en guardiana, se conformó con ello.
Mientras tanto, ella solo tenía ojos para el miraculous del zorro.
Habían recuperado un miraculous. Uno solo, pero... Ladybug lo percibió como un paso de gigante.
Y puede que la reacción de la gente de París, que celebraban allí abajo como si acabase de meter a Hawk Moth en la cárcel, fuese exagerada. Pero eso no le iba a robar una pizca de alegría en ese mar de desesperación, ¿verdad?
―¿Y bien, milady? ―Chat habló y la sacó de su ensimismamiento―. ¿No deberías hacer tu magia y reparar el miraculous? ―dijo señalando el colgante.
Ladybug asintió.
―Busquemos un lugar privado.
P.D.: Lo sé, he cambiado por completo todos los títulos del fanfic. Disculpad las molestias.
¡Muchas gracias por leer!
