Un día en el POV de Adrien.
Adrien volvió a la mansión Agreste con una sonrisa que no fue capaz de reprimir.
Chat y Marinette se habían pasado horas jugando a videojuegos ―más de las que ninguno de los dos esperaba pasar―, hasta que el sueño y la obligación de ir a la escuela al día siguiente se habían convertido en una realidad inevitable.
Sin embargo, para sorpresa de Chat Noir, todo había sido tan... natural.
Como si se conociesen de toda la vida.
Como si hubiesen hecho aquello mil veces.
Adrien había descubierto, con gran satisfacción, que Marinette se sentía sorprendentemente cómoda junto a Chat Noir. Era cierto que la había rescatado más veces que a cualquier otro civil, y también era cierto que Chat y ella eran compañeros de clase ―incluso amigos, podría decirse―, solo que Marinette no lo sabía.
Y puede que fuese precisamente porque Marinette no sabía que Chat era Adrien que se había comportado de forma tan desinhibida. Pese a su aparente inocencia, Marinette había resultado ser más competitiva de lo que Adrien recordaba. No había mostrado piedad al aplastar el robot virtual de Chat, y al celebrar sus victorias tampoco se había molestado en mantener de una pieza el orgullo de su oponente.
Para Chat, la derrota nunca había resultado tan dulce.
Sin embargo, al mismo tiempo, se preguntó... ¿por qué acababa de descubrir esa faceta de Marinette? ¿Por qué era tan nueva para él, si Adrien y ella ya habían pasado por tantas cosas juntos?
No es que le diese igual, pero decidió no inmiscuirse donde no le llamaban.
Al fin y al cabo, no se lo había pasado tan bien en mucho tiempo y era gracias a ella. No quería estropear el recuerdo.
¿Lo mejor? Que Marinette había terminado la velada con un «Hasta mañana». Había enrojecido como un tomate después de decirlo, como si se le hubiese escapado por error, y luego se había puesto a farfullar que entendía que Chat fuese un héroe ocupado, que ella era una mera civil así que probablemente no volverían a verse y que lo que quería decir era que lo animaría desde la distancia la próxima vez que se enfrentase a un akuma.
A Chat, sin embargo, se le habían iluminado los ojos al escuchar ese «Hasta mañana». ¿Significaba eso que Marinette esperaba que Chat regresase para la revancha? Si tenía tiempo libre, lo haría sin dudarlo.
De hecho, Chat se "olvidó" el videojuego Ultimate Mecha I en casa de Marinette a propósito.
Y luego decían que Rena Rouge era la única capaz de ser astuta como un zorro...
En ese momento, de vuelta a su propia habitación, Adrien no podía contener las ganas de volver a ver a Marinette en clase.
Mientras Adrien pensaba todo esto, Plagg observaba detenidamente cómo su portador se duchaba y luego se ponía el pijama con una sonrisa bobalicona en la cara. Incluso se puso a tararear, más feliz que una perdiz.
El kwami se preguntó si su buen humor se debía a su (larguísimo) encuentro con Marinette o al Orbe, que en aquel momento descansaba sobre el escritorio como si se tratase de un pisapapeles. Pero era mucho más que un pisapapeles, solo que Plagg no podía explicárselo a Adrien.
Plagg no había sentido ninguna transferencia de emociones negativas en casa de Marinette, así que supuso que la alegría de Adrien se debía a su tiempo con ella. Ladybug tenía ese efecto en él, con o sin antifaz...
Cosas de humanos...
Como resultado de la noche anterior, Adrien se despertó muy dispuesto a comenzar el día con buen pie. Pero su día no comenzó con buen pie.
Bajó al comedor a desayunar, donde ya le esperaba su habitual cuenco con leche caliente y cereales, una manzana, un plátano y un trozo de queso (que en realidad era para Plagg). Nada más sentarse, sin embargo, Natalie entró en el comedor como un torbellino y le informó:
―Adrien, hoy tu guardaespaldas te recogerá a la una para llevarte a una sesión de fotos en Montparnasse.
Adrien parpadeó dos veces, confundido.
―Pero me perderé por lo menos tres horas de clase.
―Tu padre es consciente de ello, pero pronto tendrá que sacar el catálogo de invierno y llevas retraso con las sesiones de fotos. Así que tienes que recuperar el tiempo perdido.
«¿Y de quién es la culpa?», pensó Adrien. Su padre y Natalie habían estado tan absortos con la "nueva colección de bombines" que se habían olvidado de organizar nuevas sesiones de fotos. Pero ahora era Adrien quien tenía que sufrir las consecuencias.
El chico removió su cuenco de leche perezosamente. Prefería mil veces sentarse junto a Nino y escuchar las lecciones de Miss Bustier que tener que posar con esa «sonrisa Agreste» que tan enfermo lo ponía. ¿Pero cómo decirle que no a su padre? Especialmente después de que hubiera cancelado ese viaje alrededor del mundo con Lila; Adrien le estaría eternamente agradecido por ello.
―¿Sigue encerrado en su despacho? ―preguntó.
―Así es.
―¿Podré verlo pronto?
―No. Está muy ocupado.
«Qué novedad...», suspiró Adrien para sí.
De repente, el buen humor con el que se había despertado desapareció y fue sustituido por la habitual sensación de abandono. Pero esa emoción ya era una constante en la vida de Adrien, así que no se reflejó en su semblante.
Natalie se marchó en cuanto consideró que su trabajo estaba hecho y Adrien se quedó solo en el frío comedor, delante de veinte sillas vacías y una larga mesa que se hacía más y más grande por momentos.
¿Cuánto más tendría que soportar? ¿Cuántas sesiones de fotos, clases de chino, de esgrima y quién sabe qué tonterías más hasta reunir el valor suficiente para decir basta? Con todo lo que hacía para satisfacerlo, su padre podría por lo menos mostrar algo de apreciación. Un abrazo, un gracias, un «Te quiero»...
Algo. Solo algo.
Adrien se conformaba con las sobras a esas alturas. Pero el chico sabía que, por mucho que soñara, jamás recibiría la atención que deseaba.
Era injusto.
Muy injusto.
Su buen humor estaba arruinado. Y con él su apetito.
«Qué bien», pensó Adrien, irónicamente, mientras dejaba caer la cuchara en el bol y comenzaba a balancearse en la silla. ¿Y ahora qué hacía? Le quedaban veinte minutos hasta poder marcharse a la escuela, pero la comida delante de él se había vuelto nauseabunda.
Para mantener las manos entretenidas, Adrien se llevó los dedos al bolsillo de su pantalón y toqueteó la canica negra ―perdón, Orbe. Jugueteó un par de segundos con ella. Su tacto era frío y su superficie era lisa, perfecta.
Como por arte de magia, toda su tristeza desapareció.
Adrien recobró la sonrisa y el apetito tan repentinamente que incluso a él le resultó extraño. De pronto, veía el vaso medio lleno: por lo menos no se perdería todas las clases. Podría hablar con Nino, con Alya... y con Marinette.
¡No iba a dejar que su horrible padre le arruinase la vida!, decidió, con una determinación inquebrantable.
Esa revelación lo hizo sentirse extremadamente reconfortado. Acabó el desayuno en tiempo récord, dejó que Plagg devorase su queso con fruición, y luego salió a la entrada de la mansión a esperar a Gorila.
Tenía unas ganas tremendas de ir a la escuela y ver a todos sus amigos. En especial a Marinette.
Adrien llegó a la escuela un poco antes de lo habitual, pero como siempre, fue el último de su grupo de amigos en llegar. Nino ya lo esperaba al pie de la escalinata, mientras que Alya y Marinette conversaban animadamente a las puertas de la escuela.
Adrien se reunió con Nino enseguida, pero no se detuvo a charlar. En cambio, lo agarró de la manga y lo arrastró escaleras arriba, hasta las chicas.
―Oye, tío, ¿cuántos cafés te has tomado? ―bromeó Nino, porque el entusiasmo de Adrien no se le pasó desapercibido.
Sin embargo, Adrien no contestó porque tenía la mirada clavada en Marinette, como si ella monopolizase toda su atención. (En parte, así era.) Su amiga se estaba riendo de algo que había dicho Alya, y su risa fue contagiosa para Adrien, que también sonrió al evocar el recuerdo de la noche anterior y lo mucho que se había divertido junto a ella.
Estaba a apenas dos escalones de distancia cuando Marinette advirtió su presencia, y entonces la sonrisa se le borró de la cara y fue sustituida por una expresión de completo pavor.
―Debo irme ―se excusó, y huyó despavorida hacia el aula de Miss Bustier.
El jarro de agua fría que sufrió Adrien fue monumental.
Se había olvidado del pequeño pero muy importante detalle de que Marinette no le hablaba. Se había olvidado de que, aunque aceptase a Chat, odiaba a Adrien. Se había olvidado de que, a ojos de ella, Adrien y Chat eran personas completamente distintas y que, por lo tanto, sus opiniones sobre ambos diferían.
Lo que era aún peor: Adrien seguía sin entender qué había hecho para molestar tanto a Marinette.
Reparando en su evidente desilusión, Nino le dio unas palmaditas en la espalda mientras decía:
―No te preocupes, todo volverá a la normalidad muy pronto. ―Pero nada más decirlo miró a Alya, que se encogió de hombros como diciendo que ella no lo tenía tan claro.
―Estoy seguro de que sí ―mintió Adrien, colgando en su rostro la «sonrisa Agreste» que tan practicada tenía, lo que reconfortó a Nino y a Alya.
Solo entonces pusieron rumbo hacia el aula, pero Adrien dejó que sus amigos le llevaran la delantera y se colocó un par de pasos por detrás de forma estratégica.
Se frotó el puente de la nariz. Le ardían los ojos.
Qué iluso había sido, pensando que sus problemas se esfumarían de la noche a la mañana. Qué tonto al creer que Marinette lo habría perdonado sin él hacer nada.
Adrien estaba segurísimo de que había ofendido a Marinette de alguna forma pero no lo recordaba. Lo que más deseaba era enmendar su error, ¿pero cómo iba a hacerlo si no sabía cuál era?
En realidad no era solo eso: el tiempo que había pasado con ella la noche anterior le había abierto los ojos, en cierta manera. Le había enseñado lo que podría haber sido. Le había mostrado otro lado de Marinette que, aunque Adrien había intuido muchas veces, jamás había experimentado en sus propias carnes porque, por alguna razón que el chico jamás había comprendido, Marinette actuaba de forma diferente delante de él. Y esa no-tan-nueva faceta lo había embrujado.
Justo por eso, aunque solo hubieran estado peleados tres días, Adrien ya echaba de menos su dulzura, su torpeza y su tenacidad como echaría de menos el oxígeno que respiraba.
No podría soportar la ausencia de Marinette en su vida, lo tenía muy claro.
Adrien estaba subiendo las escaleras que llevaban al aula, pero en realidad no quería entrar en clase. No quería tener que sufrir el desprecio de Marinette, ni que Lila o Chloe metieran el dedo en la llaga.
Fue entonces cuando sintió la necesidad imperiosa de tocar el Orbe. Y lo hizo.
Adrien se movió de forma instintiva. Antes de darse cuenta tenía los dedos dentro del bolsillo del pantalón y jugueteaba con la canica-Orbe con unas ansias incontrolables.
Esa vez no fue como las anteriores; las emociones negativas de Adrien no se esfumaron de un plumazo. En su lugar, el chico fue plenamente consciente de cómo el Orbe las absorbía poco a poco hasta que la opresión en su pecho se hizo más ligera y esa angustia que sentía por haber decepcionado a Marinette se desvaneció. Solo entonces pudo pensar con claridad.
Adrien sacó el Orbe de su bolsillo y lo observó con un renovado interés. Estaba comenzando a comprender que no era un mero objeto decorativo... Sin embargo, jugar con canicas mágicas en público no era una buena idea, así que volvió a esconderla y siguió a Alya y a Nino hasta el aula.
Cuando Adrien entró en clase, Marinette ya había ocupado su asiento habitual y había enterrado la cabeza detrás de su libro de historia. Pero él saludó de todas formas, fingiendo que Marinette no estaba ignorándolo:
―Buenos días, Marinette.
La chica no contestó, por supuesto, pero pegó un respingo. Fue suficiente para él.
Debido a los poderes del Orbe, Adrien tenía la cabeza fría, mucho más fría de lo que solía tenerla. Había sido bendecido con una claridad que rara vez poseía. Por eso, antes de sentarse al lado de Nino, se dirigió a Chloe:
―Buenos días, Chloe. Bonito bolso, ¿es nuevo?
Durante un segundo, la sorpresa dominó a Chloe, tanto que no pudo contestar. Luego asimiló que Adrien acababa de hablarle por iniciativa propia, antes de ella lo asaltase con su habitual «Adriencito», y su ilusión solo fue comparable al momento en el que su madre había decidido quedarse en París.
―Es nuevo, por supuesto. Yo no repito prendas dos veces ―contestó, mientras se ajustaba las gafas de sol sobre la frente, coqueta.
―Te queda bien ―terminó Adrien, y acto seguido, se sentó y se volvió hacia Nino, esperando que Chloe captara la indirecta y no quisiera continuar con la conversación.
Sin embargo, Adrien descubrió que Nino lo miraba con una ceja alzada.
―¿Qué haces, tío? ―susurró.
«Ponerme un paso por delante de Hawk Moth», pensó Adrien, pero, por supuesto, lo que dijo fue:
―Solo quería ser amable.
―Ya, pero... es Chloe. ¿O es que te has olvidado?
―¿Y?
Nino lo miró como si estuviera chiflado, pero no discutió con él.
Cuando Miss Bustier llegó a clase, Adrien se dio la vuelta para ver si esa vez Marinette decidía saludarlo. Por desgracia, ella aún usaba su libro de historia como un parapeto.
«Conque esas tenemos...», pensó Adrien, maquinando un plan.
Muy bien. Si no podía obtener su dosis de Marinette como Adrien, entonces lo haría como Chat Noir.
Lograría recuperar su amistad con o sin máscara.
Ni Adrien ni Marinette ni Chloe se dieron cuenta de que, desde su asiento en la última fila, Lila observaba la situación y apretaba los puños con rabia, pero no por Marinette, sino por Chloe.
Adrien era uno de los puntos débiles de Chloe, uno que Lila pensaba explotar. Si Adrien comenzaba a ser amable con ella de repente, su plan se vendría abajo.
Sin embargo, se recompuso y se dijo a sí misma que tres frases no eran una conversación. Lograría que Adrien despreciase a Chloe hasta que el corazón de la pobre chica no fuese más que un montón de escombros.
Y después... después no sería difícil atraerla hacia su bando.
Este capítulo no dice mucho, lo sé. Es más bien transitorio, como "09 - Alianza". Es que el siguiente fragmento es bastante largo y si los juntaba me hubiera quedado un capítulo enorme.
En fin, nos vemos el MARTES a las 19 hora de California, 21 hora de Ciudad de México, o 4 de la madrugada hora española con "14 - Marichat/Monóculo". (El cap tiene dos títulos porque originalmente eran dos caps.)
(En fanfiction saldrá como media hora después porque la web tarda bastante en publicar el cap después de que yo lo suba a internet.)
