Era la primera vez que Hawk Moth conseguía invocar dos akumas al mismo tiempo; Duusuu le había intentado explicar el por qué, pero solo consiguió decir "Segunda Ev…" antes de que sus palabras se convirtieran en burbujas.
Justo por eso Hawk Moth había dado su victoria por hecho. Al fin y al cabo, ¿cómo iban Chat Noir y Ladybug a enfrentarse a dos akumas a la vez? Dos miraculous akumatizados, por encima.
Y sin embargo, perdió.
Así que cuando sintió que su dominio sobre Chloe Bourgeois se rompía, tomó una decisión. Porque Hawk Moth podía prescindir de un miraculous, pero no de tres, especialmente si entre ellos estaba el de la serpiente.
En aquel momento Natalie se encontraba unos pasos detrás de él, siguiendo el curso de la batalla gracias las cámaras de tráfico que había hackeado y cuyo vídeo se reproducía en su tablet. Cuando vio el antifaz violeta sobre los ojos de Chloe Bourgeois estallar en mil pedazos, contuvo el aliento y alzó la mirada hacia su jefe, que ya se había girado hacia ella.
—El del dragón —fue lo único que dijo Natalie.
Pese a la urgencia de la situación, Gabriel vaciló. Temía empeorar el estado de salud de su asistente si la dejaba volver a usar un miraculous, pero la determinación de Natalie era inquebrantable. Así que Gabriel no tuvo más remedio que asentir y dirigirse hacia la mesita que habían instalado en el observatorio.
Sobre la mesita había un maletín, normal y corriente en apariencia, pero en realidad Gabriel lo había encargado a propósito para proteger los miraculous. Era de acero reforzado y tenía un lector de huellas dactilares en la cerradura, sobre el que Gabriel no tardó en presionar su dedo —después de de-transformarse, claro.
Gabriel Agreste tomó el mono, el caballo, la tortuga y por supuesto la mariposa, mientras que Natalie tomó solo el dragón. (No podía arriesgarse a usar más de uno debido a su débil estado de salud.)
A continuación, Hawk Moth invocó su poder. Una mariposa negra aleteó sus alas hasta la gargantilla del dragón, corrompiéndola con su poder oscuro.
Natalie fue envuelta por una nube de burbujas moradas, y cuando estas se disiparon, lo que ocupó su lugar fue el akuma más poderoso que hubiera nacido jamás.
Más poderoso que Ophidia, más poderoso que Miracle Queen, más poderoso que Contraataque.
Porque el sentimiento que alimentaba el akuma —aunque Gabriel no lo sabía porque nunca había invadido la privacidad de Natalie leyendo sus emociones— era nada más y nada menos que el amor.
Amor.
El amor nos convierte en monstruos.
En el caso de Natalie, literalmente.
Mientras ella abría y cerraba sus garras para acostumbrarse a ellas, Hawk Moth la miraba, los ojos muy abiertos pero los labios fruncidos en una fina línea. Trató de que no se mostrara en su expresión, pero no pudo evitar pensar que la criatura que tenía delante, bestial aunque humanoide, era hermosa.
Tan peligrosa, tan brutal…
Era lo más majestuoso que había visto nunca.
(Bueno, con excepción de su esposa Emilie, por supuesto…)
Sin embargo, se reservó su opinión para sí mismo. Se limitó a asentir con aprobación y luego invocó el poder del caballo para crear un portal que los llevara directamente hasta el Arco del Triunfo.
Ladybug apenas pudo esquivar el ataque. Mayura —más bien, el monstruo rojo que Ladybug supondría unos segundos más tarde que era Mayura— cayó del cielo sobre ella y Ladybug apenas fue lo suficiente rápida como para saltar y hacerse a un lado antes de que su puño la hiciera papilla.
Fue una leve alteración en el ambiente lo que la puso sobre aviso, el zumbido del poder de un miraculous. De no haber sido por ese sexto sentido de insecto, Mayura probablemente la hubiera aplastado como a un bicho.
Rena Furtive, por desgracia, no tuvo tanta suerte. Mayura había caído sobre Ladybug, así que el ataque no la golpeó directamente, pero la onda expansiva le dio de lleno, lanzándola como una muñeca de trapo contra un restaurante, cuyo ventanal de cristal estalló por el impacto.
A Ladybug se le cortó la respiración cuando su amiga no salió del local. Lo más probable era que el traje la hubiera protegido de daños mayores, pero , aun así…
Fuese como fuese, ninguna de las dos iba a salir de allí ilesa si dejaba al akuma campar a sus anchas, así que Ladybug se obligó a devolver la atención hacia su enemiga. Adoptó una postura defensiva —las piernas separadas y su yo-yo girando a toda velocidad—, y encaró a Mayura, aunque la verdad era que era difícil mantener la vista fija en el monstruo.
El puño de Mayura se había hundido en el asfalto con tanta potencia que abrió un enorme hoyo en el suelo, como si una bola de demolición hubiera impactado bajo sus pies.
Cuando se irguió, desplegando una envergadura titánica, proyectó una sombra larguísima sobre Ladybug.
Dios mío…
Era horrorosa.
La palabra "monstruo" no le hacía justicia.
Para empezar, todo su cuerpo estaba cubierto de escamas escarlata a modo de armadura, más gruesas sobre el pecho, las rodillas y los hombros. Además, sus manos y sus pies se habían convertido en enormes garras, de un tamaño desproporcionado con respecto al resto de su cuerpo. Y por último dos cuernos en forma de espiral sobresalían de sus sienes, así como dos colmillos tan largos que no cabían en su boca.
Sin embargo, lo que le dio a entender a Ladybug que esa era Mayura fue el tono rojizo de su cara, que era el único trozo de piel visible. Bueno, eso y el sentido común, porque ¿qué otra mujer adulta podría haber caído del cielo llevando el miraculous del dragón akumatizado? (La gargantilla en su cuello era inconfundible.)
—Mayura… —murmuró Ladybug entre dientes, mientras fruncía el ceño como si eso la ayudara a concentrarse en la pelea.
—No soy Mayura —siseó ella—. Soy Vritra.
Y, sin esperar ni un segundo más, embistió contra ella.
Ladybug ni siquiera intentó defenderse. En cambio, huyó despavorida en dirección contraria —lo más lejos del restaurante contra el que Alya se había estrellado— y Vritra echó a correr tras ella como una bestia.
Marinette necesitaba pensar. Necesitaba un plan. Y también invocar el Lucky Charm.
Solo que no podía hacerlo mientras Mayura —perdón, Vritra— le pisara los talones.
Necesitaba a Chat Noir.
El cosquilleo que le decía que algo andaba muy mal se fue intensificando a medida que Chat Noir se acercaba corriendo al Arco del Triunfo.
«Plagg, por favor, dime que me equivoco», le suplicó a su kwami.
«Por desgracia, el sexto sentido del gato es infalible», fue la respuesta de Plagg, y Chat sintió que la preocupación crecía en su pecho. «Por cierto», añadió Plagg, «¿te has dado cuenta de que has usado el Cataclismo para destruir el miraculous de la serpiente pero el anillo no está pitando?».
Chat pegó un respingo, pero no se detuvo.
«¿Qué quieres decir?», quiso saber.
«Pues justo eso, chico: que no está pitando.»
En cualquier otra circunstancia, Chat Noir hubiera celebrado la noticia con entusiasmo, pero en aquel momento no fue capaz de deshacerse de la horrible sensación de que su lady estaba en peligro.
Por fin llegó a la plaza de Charles de Gaulle, en cuyo centro se erigía el Arco del Triunfo. Se detuvo sobre uno de los edificios que la circundaban para buscar a Ladybug con sus sentidos aumentados, pero antes de encontrarla una figura púrpura captó su atención.
Cuando Chat Noir descubrió que Hawk Moth se encontraba erguido sobre el Arco del Triunfo, su impresión fue tal que estuvo a punto de tropezar con su propia sombra. La mirada del villano estaba fija en algo que debía de estar pasando al otro lado de la plaza, de modo que le daba la espalda al héroe.
Chat lo tenía a tiro, podría haber invocado el Cataclismo y tomarlo por sorpresa. Sin embargo, en vez de eso, aprovechó que aún no había reparado en él para examinar su figura.
Hawk Moth era alto…
…justo como su padre.
Era espigado…
…justo como su padre.
Y elegante…
…justo como su padre.
Las coincidencias hicieron que algo se quebrara dentro de él.
Algo profundo, algo pesado.
Algo que se parecía mucho al hilo que conectaba su consciente con su subconsciente, así que cuando se rompió le nubló la mente y lo sumió en un estado casi catatónico.
De repente Chat Noir no era capaz de mover ni un solo músculo. Se quedó traspuesto, los brazos la colgaban a los lados como pesos muertos aunque su espalda estuviera recta como un poste, en una postura de obediencia que era casi un acto reflejo. Una vocecilla dentro de él le pegaba gritos diciéndole que reaccionara, pero él hizo oídos sordos.
Simplemente… era como si estuviera dentro y fuera de su cuerpo al mismo tiempo.
Entonces Hawk Moth debió de sentir su presencia, porque se giró hacia él.
Se vieron. O, más bien, Chat lo vio a él desde la distancia gracias a su vista de halcón, mientras que Hawk Moth lo sintió.
Sí… Hawk Moth sintió y reconoció y saboreó las mismas emociones negativas que le habían llegado a través de su miraculous la noche del viernes, las mismas que se le habían escapado entre los dedos. Esa desesperación, ese dolor, ese miedo… eran gloriosas. Eran más poderosas incluso que el odio de Lila, incluso si eran solo una sombra de lo que podrían convertirse si Chat Noir les diera rienda suelta.
Aun con la consciencia aletargada, Chat Noir estaba reprimiendo sus emociones con una eficacia que Hawk Moth no había creído posible, pero aun así, los indicios que se filtraban a través de él… el villano nunca había percibido nada igual.
Así que cuando se dio cuenta de que esas gloriosas emociones provenían de uno de sus peores enemigos, no cupo en sí de júbilo .
Si pudiera aprovechar esas emociones para akumatizar a Chat Noir, sería el fin de Ladybug.
Sin embargo, por ironías del destino, esa alegría fue su perdición, porque en cuanto Chat divisó la sonrisa siniestra en el rostro de Hawk Moth, lo primero que pensó fue: «Ese no es mi padre». Por la simple razón de que Gabriel Agreste jamás sonreía.
Jamás.
No desde que su esposa había muerto, por lo menos.
Y Adrien jamás podría hacerle un solo rasguño a su padre; lo quería y respetaba demasiado. Sin embargo, contra un desconocido que había estado atormentado París durante dos largos años…
Contra él no pensaba contenerse.
Cuando Plagg sintió que las riendas de su poder le eran arrancadas de las patas, trató de alertar a Adrien, pero se encontró con un grueso muro entre sus dos conciencias. Adrien había bloqueado su conexión telepática , y Plagg se encontró de repente encerrado en una jaula mental hecha de ira y dolor, completamente aislado. Lo que era aún peor: Adrien le había arrebatado el control del poder de la destrucción, y Plagg no había podido impedírselo porque no se lo había esperado.
Oh, mierda.
Mierda, mierda, mierda.
Mientras Plagg comenzaba a entrar en pánico dentro de la mente de Adrien, Hawk Moth perdió la sonrisa. Nada más percibir que las emociones negativas de Chat Noir comenzaban a mutar en algo diferente, dio un paso atrás casi sin darse cuenta. Y en cuanto vio el poder la de la destrucción pura arremolinarse alrededor del héroe en forma de volutas de humo negro, supo que tenía que salir de allí por patas.
No le dio tiempo.
En un visto y no visto, Chat Noir atravesó la distancia que los separaba. Saltó desde el tejado en el que estaba posado y aterrizó en lo alto del Arco del Triunfo con tanto ímpetu que la piedra se resquebrajó bajo sus pies.
Hawk Moth trató de huir, pero Chat Noir fue más rápido.
En un movimiento tan veloz que apenas duró un suspiro , Chat lo derribó contra el suelo y le clavó una rodilla sobre la caja torácica con tanta fuerza que pudo escuchar el crujido de sus costillas al quebrarse.
Entonces Chat se encorvó sobre el rostro de su enemigo como una bestia. Su respiración era pesada, jadeosa. Tenía la lengua fuera y el tamaño de esos colmillos definitivamente no era normal.
Sin embargo, lo más siniestro era que sus ojos se habían vuelto completamente negros. Negros como la noche.
Eso no era Chat Noir, comprendió Hawk Moth.
Eso era la bestia que se ocultaba debajo.
Y aun así, la bestia no atacó de inmediato.
En cambio, ladeó la cabeza y lo olisqueó, como si estuviera buscando algo.
Al mismo tiempo, el poder oscuro a su alrededor comenzó a chispear, impaciente, deseoso de ser liberado.
El villano no entendía lo que le estaba ocurriendo a Chat Noir, aunque sospechaba que, de alguna forma, había sido corrompido por sus emociones negativas. Y aunque hubiera sido estupendo poder akumatizarlo desde la seguridad de su guarida, era demasiado peligroso hacerlo teniéndolo tan cerca.
Las garras de Chat Noir comenzaron a rondar sobre el cuello de Hawk Moth, pero luego bajaron a su corazón, como si estuviera ponderando cómo matarlo más rápido. Un solo movimiento certero, y la sangre brotaría de cualquiera que fuese el órgano elegido. En realidad no era necesario un método tan poco higiénico: una sola caricia de ese poder destructivo, y Hawk Moth se convertiría en polvo.
Fue entonces cuando el villano se dio cuenta de que solo le quedaba una opción: pedir auxilio.
—¡Vritra! —aulló.
Ladybug no pensaba que pudiera aguantar mucho más. Hasta entonces había estado logrando rehuir los ataques de Vritra por los pelos, pero la villana estaba comenzando a ser capaz de leer sus movimientos.
En ese momento Ladybug había dejado de correr —¿para qué si su oponente era más rápida?— y estaba bloqueando como podía las garras de Vritra con su yo-yo.
La mujer-dragón tenía las de ganar . Sus ataques eran rápidos, certeros, diseñados específicamente para evitar que Ladybug invocara su Lucky Charm.
«¿Dónde estás, Chat Noir?», suplicó Ladybug para sí.
Y entonces un grito desesperado interrumpió su rifirrafe.
—¡Vritra! —la llamó Hawk Moth, y de inmediato, su fiel secuaz giró la cabeza hacia lo alto del Arco del Triunfo. Debió de ver algo que Ladybug no pudo ver desde donde se encontraba , porque abandonó la batalla, se lanzó hacia el monumento y comenzó a escalarlo como un lagarto.
Ladybug se quedó allí plantada, sola y sumida en la confusión. La huida de Vritra fue tan repentina que le costó un momento deshacerse de la adrenalina para poder pensar con claridad. Sin embargo, fuese lo que fuese que había hecho sonar las alarmas de Vritra, lo agradeció.
Estaba agotada, los músculos le ardían y el sudor le perlaba la frente, pero aún tenía que hacer una cosa antes de huir: tenía que encontrar a Rena.
Así que corrió hacia el restaurante contra el que su amiga se había estrellado y la encontró inconsciente sobre una mesa que se había partido en dos por el impacto, rodeada de esquirlas de cristal por el ventanal que había atravesado.
Sin embargo, no estaba llena de pequeños cortes, lo que significaba que la transformación se había desvanecido después de estrellarse, gracias a Dios. Ladybug confirmó su teoría cuando encontró a Trixx acurrucado sobre la clavícula de Alya, escondido bajo su cabello.
—Resistí todo lo que pude… —murmuró el kwami, casi sin fuerzas.
Ladybug sacó un racimo de uvas de su yo-yo y le dio de comer, por si acaso. Luego trató de despertar a Alya, sin resultado. Así que al final decidió tomarla en brazos y ya estaba poniendo rumbo hacia la boca de alcantarilla más cercana, para escapar por el subsuelo, cuando una vocecilla en su cabeza la detuvo: «¡No!».
Ladybug se quedó helada.
Esa había sido… ¿Tikki?
Una ola de emoción la embargó.
¡Sí, sí, sí!
Por fin podía hablar con Tikki telepáticamente, como Chat podía hacer con Plagg. Quiso dar saltitos de alegría, pero el peso de Alya se lo impidió. Y entonces Tikki se pronunció de nuevo; su voz era débil, apenas un susurro entrecortado:
«¡No! Arco. Cima. Chat. Perder control. ¡Ahora!»
La sola mención a su compañero la hizo reaccionar. De repente, Ladybug alzó la cabeza hacia el Arco del Triunfo con un interés renovado sobre qué había logrado que Vritra abandonase la batalla.
Aun así, dudó. Miró a Alya, preocupada porque no quería dejarla sola, así que lo que decidió hacer fue esconderla en la cocina del restaurante, detrás de unas cajas de fruta, y luego correr hacia el Arco del Triunfo como alma que lleva el diablo.
Hawk Moth dejó escapar un enorme suspiró de alivio en cuanto Vritra placó a Chat Noir como un toro y se lo quitó de encima.
La dragón y el gato negro rodaron por el suelo, empujándose el uno al otro, pero al final él salió victorioso . Con una fuerza desproporcionada para su tamaño, logró agarrarla del brazo-garra, la hizo rodar sobre su espalda y la estampó de espaldas contra el Arco del Triunfo.
Vritra sintió cómo el golpe le arrebataba el aire, pero antes de que Chat pudiera asestarle un segundo ataque, Hawk Moth ya estaba ahí. La tomó bajo las axilas, la ayudó a levantarse y ambos corrieron hacia la esquina opuesta del Arco del Triunfo.
Chat no los persiguió.
En cambio, se quedó plantado en el lugar en el que Vritra había estado, con la respiración jadeante, la lengua fuera, las rodillas un poco dobladas como preparado para abalanzarse sobre sus enemigos y una negrura que no parecía de este mundo cubriéndole el verde de los ojos.
—¿Qué… qué demonios le pasa? —preguntó Vritra, sin separar la mirada de él, pero sintiendo cómo un escalofrío le recorría la espina dorsal.
Antes de contestar, Hawk Moth se llevó una mano a las costillas. Rotas, definitivamente. Casi podía sentir la hinchazón palpitando en su abdomen.
—¿Recuerdas las gloriosas emociones negativas de hace dos días? —preguntó, imprimiendo cierto sarcasmo en la palabra "glorioso", y su asistente asintió—. Pues ahora ya sabemos de dónde provenían…
Vritra giró la cabeza hacia Chat Noir abruptamente, sin saber muy bien si lo que acababa de descubrir era bueno o malo. El miraculous de Natalie, al contrario que el pavo real o la mariposa, no le dejaba percibir las emociones de los demás, pero no lo necesitaba para saber que aquello que se retorcía dentro de Chat Noir era lo suficientemente peligroso como para pensárselo dos veces antes de akumatizarlo.
El poder emanaba del héroe como una advertencia; una advertencia de que no le tocasen las narices. Y en cuanto Vritra se fijó en sus ojos, negros como un pozo sin fondo, supo que no era una amenaza que pudieran tomar a la ligera .
Hawk Moth hizo el ademán de dar un paso atrás, pero entonces Chat Noir se inclinó hacia delante bruscamente, como dispuesto a atacar, y ambos villanos se quedaron inmóviles.
—No quiere que nos vayamos… —se dio cuenta Hawk Moth.
—¿Pero qué quiere de nosotros?
La respuesta quedó en el aire porque en ese momento una figura roja captó su atención. Ladybug aterrizó de pie en el Arco del Triunfo, y en cuanto reconoció el traje violeta de su mayor enemigo, el corazón le dio un vuelco.
Hawk Moth.
Hawk Moth había venido en persona.
Oh, no. ¡No, no, no! Aquella era la peor de las situaciones.
Ladybug sintió que sus manos comenzaban a temblar y que sus piernas se convertían en gelatina. No estaba preparados para enfrentarse a Hawk Moth, ni ella ni Chat. No estaban compenetrados y mucho menos podían enfrentarse a quién-sabe-cuántos miraculous llevaba su enemigo encima.
Vritra era un akuma de armas tomar, y si a eso se le sumaba el mismísimo Hawk Moth…
Sus posibilidades de ganar eran cercanas a cero.
Sin embargo, Ladybug procuró mantener la calma. Comenzó a girar su yo-yo como protección, mientras se alejaba de sus enemigos lentamente y se acercaba a su compañero. Sin embargo, no lo miró directamente, porque estaba demasiado ocupada vigilando que Hawk Moth y Vritra no la atacaran de golpe.
—¿Chat? —lo llamó.
Cuando su compañero no contestó, a pesar de que ella podía oír su respiración pesada a su lado, Ladybug le dirigió una miradita por el rabillo del ojo y lo que captó le puso los pelos de punta.
La energía oscura se arremolinaba alrededor de los miembros de Chat Noir, espesa y negra como el petróleo. La forma en la que estaba encorvado hacia Hawk Moth y Vritra tampoco era reconfortante, y mucho menos lo eran los dos colmillos inusualmente largos que se asomaban bajo sus labios.
Pero lo peor eran sus ojos, teñidos de un negro profundo.
«¡¿Qué le pasa?!», se preguntó Ladybug, un poco asustada.
Eso no era normal, para nada normal.
En vez de humano, parecía una bestia.
De improviso, escuchó la voz de Tikki como un susurro dentro de su cabeza: «Está a punto de perder el control».
Ladybug tragó saliva. «A punto», repitió para sí, aferrándose a ese cachito de esperanza.
Por su parte, Chat Noir o bien no se dignó en reconocer su presencia o bien no la notó a su lado, porque ni siquiera la miraba. En cambio, toda su atención estaba volcada en los villanos, como si fuera un león a punto de abalanzarse sobre ellos. Un paso en falso, y probablemente lo haría.
La tensión en el aire podía cortarse con un cuchillo.
Sin embargo, Ladybug se obligó a fijarse mejor en su compañero.
A plena vista parecía una bestia enjaulada en un cuerpo humano, pero…
Pero Chat Noir no había perdido el control por completo. Su poder —más bien el poder de Plagg— se arremolinaba alrededor de él, impaciente e inquieto, pero estaba contenido. Chat no había entrado en modo berseker, no había liberado la destrucción pura ni estaba por ahí destrozando edificios. Ni siquiera estaba atacando a nadie, aunque su postura y sus gruñidos fueran sin duda amenazadores.
En cambio, todo su cuerpo estaba en tensión, y si uno se fijaba bien, podía ver sus músculos crisparse. Sus puños se habían cerrado con fuerza y Ladybug podría jurar que…
La heroína entrecerró los ojos y comprobó que, en efecto, las garras de Chat se estaban clavando en su piel y un fino hilo de sangre estaba goteando sobre la piedra blanca del Arco del Triunfo.
Chat Noir se estaba resistiendo a lo que fuese que le estuviera pasando, concluyó Ladybug con un inmenso alivio. Probablemente estaba haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para no rajarle el cuello a Hawk Moth, a judgar por cómo tenía la mirada clavada en él como si fuera una gacela a punto de salir corriendo.
No estaba todo perdido, razonó Ladybug. Aun le quedaba una pizca de razón. Podía trabajar con eso.
¿Que si tuvo miedo? Por supuesto. La perspectiva de Chat perdiendo el control le recordaba demasiado a su versión blanca, akumatizada y malvada. Esta, en cambio, era negra.
Aquel era su gatito, se repitió Ladybug. Su gatito. Su gatito. Su gatito.
El trotar violento de su corazón comenzó a calmarse.
Podía lidiar con ello, aunque aún no sabía cómo.
¡Buf! Este cap ha sido tremendamente difícil de escribir, y la verdad es que aún ahora no me convence así que no descarto hacerle unos retoques más tarde (aunque nada importante).
Las piezas simplemente no encajaban, y la verdad es que no tenía pensado tener que cortarlo a la mitad porque se me estaba haciendo demasiado largo.
En fin, ¿qué os ha parecido?
Por cierto, esto ya lo he dicho en Wattpad pero creo que me he olvidado de decirlo en fanfiction. A partir de ahora subiré nuevos caps cada fin de semana (probablemente los sabados por la tarde, como llevo haciendo) en vez de dos caps a la semana. Me vienen los exámenes, y ya sabéis cómo es eso.
