Adrien nunca se había fijado en lo efectiva que era su «sonrisa Agreste» hasta que tuvo que usarla a propósito. Normalmente la tenía reservada solo para las sesiones de fotos, aunque era consciente de que a veces le salía sin querer, como una especie de mecanismo de defensa, cuando quería convencer a su padre de que no se escapaba cada noche para patrullar, o cuando se sentía especialmente de bajón pero no quería preocupar a sus amigos.
Ese lunes, sin embargo, Adrien apareció en la escuela blandiendo su «sonrisa Agreste» como una espada.
El monóculo de Felix, la batalla contra Queen Bee, perder el control en el Arco del Triunfo… Ese fin de semana había sido tal montaña rusa que, una vez llegó el lunes, Adrien sintió que se había olvidado de cómo comportarse rodeado de gente.
Gente que se fijaba en él. Que le llamaría la atención si lo veía triste o pensativo.
Y Adrien no quería dar explicaciones, por supuesto que no quería, pero tampoco quería mentir. Así que se colgó la «sonrisa Agreste» más convincente que pudo y rezó para que ninguno de sus compañeros se diera cuenta de que la sospecha de que su padre era un villano lo estaba carcomiendo por dentro.
Nunca se había sentido tanto un fraude como en ese momento. Y aun así, la reacción de Nino fue:
―Vaya, tío, ¿te ha pasado algo bueno este fin de semana? Porque parece que estás brillando.
La máscara de Adrien flaqueó ―una parte de él hubiera querido que su mejor amigo advirtiese su falsedad―, pero se recompuso en un instante.
―Pasé la noche con una buena amiga. Nos lo pasamos bien ―contestó Adrien, pensando en Marinette y cómo había consolado a Chat Noir cuando se había derrumbado en su balcón. La verdad, aunque fuera a medias, siempre era más convincente que improvisar una mentira .
Acto seguido, se escabulló hacia el aula, para no darle a Nino la oportunidad de indagar más sobre el asunto. No se dio cuenta de que su mejor amigo se había quedado petrificado en medio de las escaleras, con los ojos y la boca muy abiertos, porque había malinterpretado sus palabras.
Sin embargo, en cuanto superó el pasmo, Nino sacudió la cabeza. Era imposible que su mejor amigo se hubiera referido a eso tan casualmente, Adrien era demasiado… inocente.
Así que desechó la idea, subió los escalones que le quedaban, entró en el aula y se sentó al lado de Adrien, que no le echó en cara la tardanza. (Incluso la agradeció.)
Nino se limitó a dirigirle una miradita perspicaz, y así quedó la cosa.
Mientras tanto, a su alrededor, la clase estaba sumida en un alegre cotorreo.
La victoria contra Ophidia no había tenido tanto público como la batalla contra Volpina, porque Miracle Queen había ahuyentado ―evacuado preventivamente― a cualquier posible testigo en el Arco del Triunfo, pero las noticia habían llegado hasta todas las esquinas de París.
Los héroes habían recuperado no uno, sino dos miraculous al mismo tiempo ―la serpiente y la abeja, según un comunicado emitido por Ladybug a través del Ladyblog―, lo que sumaba un total de tres. Un miraculous recuperado podría pasar por un golpe de suerte, pero tres era un patrón.
Ladybug y Chat Noir estaban ganando terreno.
Así que en entusiasmo de sus compañeros de clase era comprensible, pensó Adrien.
Y ese entusiasmo se había traducido en una cháchara constante y un griterío de voces que trataban de imponerse las unas sobre las otras.
El ruido de conversaciones cruzadas era ensordecedor hasta que, de repente, un chillido silenció el aula:
―¡Si queréis que os cuente qué pasó, más os vale cerrar el pico!
Adrien giró la cabeza hacia Chloe, que acababa de gritar, y descubrió que se había formado un corrillo alrededor de su pupitre. Alix estaba sentada en el borde de la mesa junto a Kim; Mylène e Iván estaban susurrándose el uno al otro, aunque callaron; y Rose le estaba haciendo señas al tímido Nath para que se acercase.
De inmediato, Nino fue a colocarse junto a Alya, que estaba preparada con el móvil en alto para grabar la historia de Chloe, pero que estaba teniendo problemas para fingir interés. (Adrien podía imaginarse lo frustrada que se debería de estar sintiendo al no poder gritar «yo también estaba ahí».)
Adrien, en cambio, decidió escuchar desde su propio pupitre.
Los únicos que aún no habían llegado eran Max, Juleka y Marinette.
Cuando todos estuvieron callados y con la atención volcada en ella, Chloe sonrió, muy satisfecha. Por una vez en su vida era el centro de atención por las razones correctas.
Cruzó las piernas, se aclaró la garganta y comenzó a hablar:
―Dejad que os cuente las increíbles hazañas de Queen Bee.
Alya comenzó a grabar conteniendo una mueca.
Chloe debía de haber practicado la misma historia frente al espejo toda la noche, pensó Adrien. Parecía en su salsa: poniendo voces, gesticulando con ganas y exagerando su aportación al plan, pero Chat Noir no iba a corregirla.
Dado que ella era la única testigo aparte de los villanos y los héroes, se había convertido en la fuente de información más fiable sobre lo que había pasado en el Arco del Triunfo. De hecho tenía una entrevista con Nadja Chamack esa tarde; se aseguró de que todo el instituto se enterase.
―¡Y entonces Ophidia se lanzó encima de Ladybug y la atravesó! ―estaba narrando Chloe―. Teníais que haber visto su cara cuando reconoció a Rena Furtive… ¡no tuvo precio!
Largos "oooohs", "aaaahs" y otras expresiones de asombro volaron por la clase. Todo el mundo escuchaba como embrujado y Chloe estaba disfrutando ser el tema del momento.
―Luego Hawk Moth intentó controlarme, pero no es rival para una Bourgeois ―continuó Chloe mientras se examinaba las uñas distraídamente―. Por desgracia resistirme agotó mis energías ―añadió con un suspiro dramático―. Entonces Chat Noir me tomó en brazos. Y solo puedo decir que… ―Hizo una pausa para crear expectación, se inclinó hacia delante, y al final ronroneó―: Grrrrr. Ese gatito está como un queso.
Hubo risas y algunos suspiros soñadores. Alguno que otro se sonrojó, mientras que Adrien se limitó a esbozar una sonrisa divertida ―y sincera― ante los cumplidos de Chloe.
Por suerte, Chloe tuvo el buen juicio de dejar fuera de su explicación detalles como que Lila había sido Ophidia, o que Adrien la había puesto en contacto con Chat Noir. Además, tampoco dijo nada del ataque de Vritra y Hawk Moth porque no había asistido a él, gracias a Dios. No era algo que Ladybug quisiera que se hiciera público; no querían asustar a París.
Mientras todo esto ocurría, Adrien escuchaba con atención, pero decidió no entrometerse. Primero, porque ese día prefería evitar toda interacción posible, y en segundo lugar, porque era el momento de brillar de Chloe y él no quería eclipsarlo.
Se lo merecía.
Estaba tan absorto en el monólogo de Chloe que no se dio cuenta de que Marinette había entrado en el aula hasta que pasó por delante de él hasta su asiento. Cuando de repente apareció en su campo visual, Adrien levantó la cabeza hacia ella y se colgó la «sonrisa Agreste» a modo de saludo (era un mecanismo de defensa, como ya he dicho).
Para su sorpresa, Marinette frunció el ceño ligeramente y luego lo examinó de arriba abajo, como si se hubiera dado cuenta de que algo andaba mal pero no pudiera precisar exactamente qué.
Adrien contuvo el aliento sin querer.
Nino no se había dado cuenta y era su mejor amigo. Marinette sí lo había hecho.
Adrien ya sabía que Marinette era increíble, pero cada vez que lo sorprendía con algo como eso, él no podía evitar que su admiración hacia ella creciera hasta límites que no había creído posibles.
De inmediato, su «sonrisa Agreste» se derritió y fue reemplazada por una sonrisa de sincera gratitud. Por lo menos ella lo veía como era en realidad. No solo a Adrien, sino también a Chat. Pocas personas hubieran acogido a un héroe cuya identidad no conocían en medio de la noche, pero ella no lo había dudado hacía apenas dos días.
Adrien recordó el calor de su abrazo, de su cama. En ese momento, daría cualquier cosa por poder acurrucarse junto a ella otra vez.
Por desgracia, nada más ver la emoción en sus ojos, Marinette enrojeció como un tomate y se apresuró a huir hasta su pupitre. Se sentó, sacó el libro de historia ―que ni siquiera era la clase que tenían a continuación― y se refugió tras él.
Por supuesto…
Adrien debía de habérselo esperado…
Aún no había tenido la oportunidad de arreglar lo que fuese que estuviera mal entre ellos, aunque no era por falta de ganas.
Y sin embargo, seguía sin tener ni idea de por dónde empezar.
Adrien jamás podría acurrucarse junto a Marinette si las cosas seguían así.
Tenía que reparar su relación. Para poder acurrucarse junto a ella.
Como amigos, por supuesto…
Estaba a punto de arrancar el libro de las manos de Marinette cuando su atención se desvió hacia la entrada de la clase. Otra persona acababa de aparecer, con la cabeza gacha y los hombros hundidos : Max.
Rose, Mylène y Nath advirtieron de inmediato su estado de ánimo; Kim, por desgracia, no lo hizo.
―¡Max! ―lo llamó, mientras corría hacia él y le pasaba un brazo por encima de los hombros―. Tío, Chloe nos está contando sobre la pelea de ayer en el Arco del Triunfo. En una palabra: É-PI-CA. ¿Crees que tú y Markov podríais… ya sabes… ―Le dio un suave codazo y alzó las cejas sugestivamente― …hacker las cámaras de tráfico para poder ver el vídeo?
Iván y Alix lo secundaron con ilusión, pero fueron rápidamente reprendidos por Mylène y Rose, respectivamente.
Kim advirtió el gesto pero no lo entendió. En cambio, le dirigió una mirada de reojo a Max, frunció el ceño y preguntó:
―¿Dónde está Markov?
A dos personas se les cayó el alma a los pies: a Max… y a Adrien.
Max, por una parte, prorrumpió en suaves sollozos que hicieron que Kim pegara un bote y se alejara de él instintivamente.
Adrien, por otra parte, palideció.
Markov.
Mierda, Markov.
Se había olvidado de Markov por completo, aunque ¿cómo acordarse, después de la locura que había vivido en un solo fin de semana?
Sin embargo, en cuanto el accidente volvió a su memoria y las consecuencias de sus actos por fin calaron en él, quiso que se lo tragara la tierra.
Markov…
Había matado a Markov…
…porque había usado el Cataclismo sin estar transformado.
Por su culpa, Markov ya no estaba con ellos y Max estaba desconsolado.
Pero Markov no era humano, sino un robot. Podría ser reconstruido, ¿verdad? No se quedaría muerto para siempre, ¿no?
No era lo mismo que quitar una vida humana…
¿…verdad?
Adrien se aferró a ese pensamiento, porque si no era el caso y no había forma de recuperar a Markov… Adrien jamás se lo perdonaría.
Esperanzado, Adrien levantó la cabeza hacia Max, que en ese momento estaba apretujado entre Kim y Alix en lo que debía de ser su versión de un abrazo reconfortante, y que estaba repitiendo entre sollozos entrecortados:
―No puedo encontrar a Markov. No puedo encontrar a Markov.
Adrien no quería más que levantarse de su asiento y asumir la culpa. Si Max quería odiarlo, ¡que lo odiase! No tenía problema en asumir el castigo porque sabía se lo merecía. Pero entonces Max querría saber el cómo y el por qué, y Adrien no podía contestar a ninguna de esas preguntas.
Así que, en vez de levantarse, se hundió en su asiento, consumido por la culpa y el arrepentimiento, y sin saber cómo compensar a Max por sus errores.
No se dio cuenta de que Alya (desde el pupitre de Chloe) y Marinette estaban teniendo una conversación silenciosa a base de miradas:
―No podemos dejar que Max hackee las cámaras de tráfico. ¡Expondría a Chat Noir!
―Ladybug tendrá que adelantarse y "pedir prestadas" las grabaciones.
―Necesito una distracción.
―Ya se nos ocurrirá algo.
Sin embargo, entonces Alya sintió que alguien le tiraba de la manga de la camisa, y en cuanto giró la cabeza descubrió que su novio le estaba dirigiendo una mirada inquisitiva. Alya se sintió extremadamente satisfecha cuando pudo hacerle el gesto de "te lo explico luego" sin sentir que estaba traicionando a Marinette.
A Nino se le iluminó el rostro, porque por un momento había temido que Alya le contestaría con un "no puedo explicártelo". Se alegró al descubrir que seguía habiendo confianza entre ellos, así que devolvió su atención a Max más feliz que una perdiz.
Y entonces se le borró la sonrisa, porque se fijó en su mejor amigo. Adrien se había hundido en su asiento y tenía la vista clavada en el pupitre como si se le acabara de morir el perro. Nino se sobresaltó; hacía un momento estaba de lo más alegre.
Así que, preocupado, se acercó, le posó una mano en el hombro y le preguntó:
―Tío, ¿pasa algo?
De golpe ocurrió algo muy extraño. Toda la tristeza en el rostro de Adrien se desvaneció de un plumazo y fue sustituida por una de sus sonrisas habituales, una de esas por las que las revistas pagaban tanto. El cambio fue tan radical y repentino que Nino se planteó que su expresión angustiada no hubiera sido más que un espejismo.
―¿A qué te refieres? ―preguntó Adrien, todo inocente.
Durante un momento, Nino simplemente parpadeó, desconcertado. Buscó en el rostro de Adrien cualquier señal de que algo le estuviera comiendo el coco, pero no encontró nada. Al final decidió que estaba viendo cosas y dejó el tema con un gesto.
«Chico, esto se te da tan bien que da miedo», comentó Plagg a través del vínculo mágico.
«Son los genes de mi madre», contestó Adrien con una pizca de amargura, y agradeció que Plagg no quisiera continuar con la conversación.
Aunque tal vez Plagg calló porque entonces Max se serenó lo suficiente como para hablar:
―El viernes, cuando salí de la reunión del club de ajedrez, Markov no estaba ―comenzó a explicar Max, recibiendo una leve protesta de parte de Chloe porque de repente toda la atención se había volcado en él―. No avisé a nadie porque pensé que… pensé que… pensé que estaba enfadado conmigo por no defenderlo cuando no le permitieron participar en el torneo y solo quería castigarme.
»Pero no apareció el sábado, y ayer tampoco. Lo he buscado por todo París, y nada. No está. Markov ha desaparecido.»
Cuando acabó, la clase estaba sumida en el silencio.
Rose susurró algo al oído de Mylène, y Nath se removió incómodo en su asiento porque odiaba el silencio, pero aparte de eso, no se escuchó ni una mosca.
Kim y Alix intercambiaron una mirada preocupada, pero antes de que pudieran proponer nada, Marinette se levantó de su asiento de un brinco y se les adelantó:
―No te preocupes, Max. Después de salir de clase organizaremos partidas de búsqueda. Estoy segura de que, entre todos, ¡encontraremos a Markov!
Su propuesta y la determinación en su voz incitaron exclamaciones entusiasmadas y un par de palmadas en señal de apoyo. Max esbozó una sonrisa agradecida, aunque solo consiguió que sus ojos se humedecieran aún más.
Sin perder ni un segundo, Alix y Kim comenzaron a proponer rutas a voz en grito, pero su entusiasmo pronto se convirtió en una apuesta sobre quién encontraba antes a Markov. Y Chloe soltó un bufido porque acababa de perder la atención de la clase, aunque tuvo la sensatez suficiente como para no expresar sus protestas en alto.
Mientras el resto de compañeros comenzaban una lluvia de ideas sobre los lugares a los que podría haber ido Markov el viernes y sobre en qué grupos dividirse, Adrien soltó un suspiro soñador.
Así era Marinette: siempre dispuesta a ayudar al prójimo. Adrien la admiraba mucho por ello, pero en ese caso no podría haber sido más inoportuna.
No importaba cuánto buscaran, no iban a encontrar a Markov…
―Pero… ¿y si Markov se ha ido de verdad ? ―Las palabras salieron de la boca de Adrien antes de que el chico se diera cuenta. De repente, toda la clase lo estaba mirando, la mitad con el ceño fruncido y la otra mitad haciéndole señas para que se callara.
Por desgracia, la duda estaba carcomiéndolo, así que Adrien no pudo dejar de hablar. Tratando de ocultar que tenía un interés personal en la repuesta, se inclinó sobre la mesa en una postura casual y continuó:
―Markov lleva… ¿cuántos? ¿Tres días desaparecido? Son muchos días. ¿Y si le ha pasado algo? ¿Y si lo han atropellado? Deberíamos contemplar la posibilidad, por lo menos. En ese caso, ¿de verdad sería tan grave? No es humano, al fin y al cabo. ¿No tiene una copia de seguridad?
La clase se quedó muda. Incluso los más despistados , como Kim, se dieron cuenta de la falta de tacto de Adrien, y se sorprendieron tanto que en sus bocas pudieron entrar moscas. No tanto por la falta de tacto en sí como por el hecho de que fuese Adrien el que acababa de meter la pata tan hasta el fondo.
Adrien, el chico perfecto que jamás elegía una palabra desatinada. Adrien, el modelo a seguir ―en muchos sentidos― que jamás hablaba fuera de turno. Adrien, que siempre pensaba tres veces antes de abrir la boca pero que en ese momento le acababa de sugerir a Max que no sería tan malo que su mejor amigo hubiera muerto.
Adrien advirtió las expresiones patidifusas en los rostros de sus compañeros de clase, pero no le importó tanto como le hubiera importado hace un par de días. ¡A la mierda su imagen pública! Tenía que saber si había causado un daño irreparable o no.
Así que, para la sorpresa de todos, clavó su mirada en Max fingiendo la inocencia de un niño que no se había dado cuenta de la gravedad de sus palabras. Cuando pasaron los segundos y Max no contestaba, Adrien ladeó la cabeza a un lado y parpadeó dos veces, como para transmitir que, en efecto, no había querido apenar a Max a propósito.
A Max debió de saberle mal dejarlo en vilo, porque al final se frotó los ojos, se sorbió los mocos y contestó:
―Sí, bueno… Markov tiene una copia de seguridad, pero solo la actualizamos cada dos semanas. Ayer tocaba ponerla al día, así que, aunque logre descargar su memoria, perderá casi quince días de recuerdos.
»El problema es su hardware. Tardé un año en construir a Markov la primera vez. Ahora que tengo los planos será más rápido, pero… entre conseguir las piezas y montarlo, si tengo que reconstruirlo de cero, puede que necesite un par de meses.»
«Un par de meses», se repitió Adrien. Eso no era tan malo.
Estaba pensando para sí cuando se dio cuenta de que el resto de la clase, incluido Max, seguían mirándolo como si hubiera sido reemplazado por su doble de otra dimensión .
De nuevo, Adrien no se preocupó por ello tanto como lo hubiera hecho hacía unos días, especialmente debido a la ola de alivio que estaba floreciendo en su estómago, pero que trató de ocultar. No era tan insensible.
En cambio, simplemente sonrió y asintió con la cabeza, como dando su curiosidad por saciada.
¡Ufff! Entonces Markov no se había ido para siempre. ¡Gracias a Dios! Adrien no sabía qué hubiera hecho de haber quitado una ¿vida?
Su alivio fue inmenso, pero lo ocultó hasta que se cercioró que los ojos ya no estaban sobre él. En apenas un par de segundos, la cháchara sobre los lugares a los que podría haber ido Markov se reanudó, liderada por Marinette. Todo el mundo se olvidó pronto del pequeño desliz de Adrien; era la primera vez que ocurría, al fin y al cabo, y nadie era perfecto.
Adrien se recostó en la silla, mordiéndose la lengua porque iba a dejar que sus compañeros se embarcaran en una búsqueda en vano, pero sintiendo alivio porque su breve lapsus del viernes no fuese un error irreparable.
Podría vivir con ello.
Y entonces Lila decidió desatar el infierno en la tierra.
¡Hola! Este capítulo tuve que dividirlo porque se me estaba haciendo muy largo, pero la segunda parte está casi acabada. Saldrá mañana o pasado.
