Capítulo 6

1

"Fue como…"

"Ocho años. Fue hace ocho años"

Un año antes que el primero de los hermanos Ketchum iniciara su primer viaje pokemon, los tres habían ido a una excursión en unas ruinas antiguas, con la compañía de Spencer Hale, famoso arqueólogo, y amigo de la familia Ketchum.

—¡Vuelve aquí enano! —

—¡No me atraparas Gold! —

Aunque estaban dentro de unas ruinas, tanto Ash como Gold corrían uno tras el otro, jugando y riéndose. Ash era un niño de seis años. Tan hiperactivo y siempre divirtiéndose en compañía de su hermano Gold, quien estaba dispuesto a jugar con su hermanito sea donde sea, al final de cuentas, eran muy cercanos y se divertían juntos, y pronto quedarían solos pues su hermano Red se iría a su viaje pokemon una vez cumpliera los diez años.

—¡Por favor, chicos! ¡Deténganse! —

Red perseguía a sus hermanos, pero era para detenerlo, se preocupaba que salieran heridos, las ruinas eran muy antiguas y podría haber un derrumbe que los lesionara. Cada que ambos se ponían a corretearse entre ellos, era difícil de detenerlos con palabras, y la única manera era alcanzarlos. No pensaba que, al hacerlo, cometía el mismo error que quería evitar.

Spencer solo los miraba, sonriendo. A diferencia de Red, no se preocupaba por que sufrieran un accidente, las ruinas habían sido excavadas con cuidado y se habían tomado todas las precauciones para evitar derrumbes y poder estar allí. Él jamás llevaría a los hijos de su vieja amiga, Delia, a un lugar si no estuviera seguro que estarían a salvo.

El arqueólogo había sido padre desde hacía dos años atrás, pero antes de eso, había estado ocupado con los Ketchum desde el nacimiento del primer chico. Les había dedicado tantas horas que los quería como Delia lo hacía, y ellos lo respetaban como si de su familia se tratase. Sabia como ellos se comportaban, y sabia como tratarlos.

Cuando Ash pasó frente a él, Spencer lo detuvo colocando su mano frente a él, el chico se detuvo.

—Ash, ¿Quieres que te cuente una historia? —

Ash miró al señor—¿Una historia? —

Gold alcanzó a Ash—Te atrape—

—¿Ah? ¡Eso es trampa! —dijo Ash cuando se dio cuenta que gold ya estaba junto a él, sonriéndole burlándose.

Red finalmente los alcanzó, finalmente se habían detenido—deberían tener más cuidado. No deberían correr y esperar a que se lastimen, o el tío Spencer no nos volverá a llevar de excursión—

Spencer no parecía molesto como lo creía Red, le gustaba ver a los chicos alegres, por esa razón siempre los sacaba a pasear a lugares poco comunes, como aquel, lugares donde siempre podrían tener una nueva "aventura."

—El tío Spencer iba a contarme una historia— dijo Ash, claramente entusiasmado, pues eso quería decir que era una historia fantástica con pokemon que rebasaban su imaginación.

Spencer asintió—así es. Estas ruinas, son de los pocos vestigios que quedan del antiguo reino de pokelantis—

—¿Reino de pokelantis? ¿Qué es eso? —Ash era un niño curioso, siempre haciendo preguntas en lugar de permitir que la historia fluyera.

—Era un antiguo reino que existió hace mucho tiempo. Todo Kanto y Johto era Pokelantis y era un reino que siempre se estaba extendiendo—

—Vaya. Un reino. ¿Y que tiene eso de interesante? —dijo Gold con sarcasmo mientras llevaba sus brazos detrás de su cabeza, era solo un año mayor que Ash pero ya usaba frases sarcásticas desde pequeño.

Spencer rio—entonces. Te interesará oír sobre su malvado rey—

Ahora si obtuvo la atención del segundo hermano.

—Nunca había oído hablar sobre el reino de pokelantis, tío Spencer. El profesor Oak nos hubiese contado algo sobre eso—Red era más tranquilo que sus otros dos hermanos, pero su curiosidad no era menor que la de ellos. Siempre documentándose y siempre aprendiendo, su comprensión era mayor y esa sería la clave de su triunfo en su futuro.

—es porque tenemos muy poca información sobre aquel reino. Y todo se debe a su rey— Spencer se agachó para estar a la altura de los muchachos—El rey de pokelantis era un hombre despiadado, cruel y egoísta. Usaba a humanos y pokemon como esclavos para erigir monumentos y expandir su reino cuanto más lejos pudiera hasta conquistar al mundo entero. Pero su crueldad llamó la atención de Ho-Oh, el pokemon que guardaba la paz entre humanos y pokemon. la leyenda dice que hubo un enfrentamiento entre el pokemon legendario y el rey de pokelantis. Mil días de batalla entre un humano, y un pokemon—

—Ho-Oh—a Ash le fascinaba la historia que le estaban contando, siempre había querido ver a un pokemon tan fantástico como el pokemon que llevaba al arco iris en su plumaje.

—¿Mil días? —

—Eso es imposible—

—Es lo fantástico de las leyendas. Tú decides que tanto es cierto y que tanto no lo es. Todo el reino fue desmoronándose poco a poco. El poder de la maldad del rey de pokelantis era tal, que él solo podía vencer al pokemon. La leyenda dice que, usó su poder para hacer una pokeball de piedra, que pudiera contener a Ho-Oh y encerrarlo, así dominaría a uno de los pokemon más poderosos y lo usaría para cumplir sus egoístas deseos—

—¿Y qué pasó con los dos? —

—Sí, ¿Cómo terminó el enfrentamiento? —

—¿Ho-Oh escapó? —

Spencer había logrado captar la atención de los tres hermanos—Nadie sabe. Ambos desaparecieron. Algunos creen que Ho-Oh fue capturado, y el rey desapareció luego de eso pues había agotado todo su poder. Luego de su desaparición, la gente del reino no quería nada que les recordara a su malvado rey, así que destruyeron todo lo que pudieran, todo, menos este lugar donde se dice que se encuentra la pokeball que todavía contiene a Ho-Oh—

Los chicos habían escuchado con atención la historia, les terminó pareciendo fascinante pensar que podrían encontrar allí al legendario pokemon Ho-Oh. Hale había logrado su cometido de calmarlos, sabía que eso les encantaba, una nueva aventura por descubrir.

La excursión siguió su curso. Spencer les iba a mostrar el interior de toda la ruina, no habría riesgo de perderse pues él conocía el lugar a la perfección. Todos iban en una fila, con Spencer a la cabeza y los chicos detrás de él, siguiendo sus pasos.

—Tío Spencer. ¿Aquí hay muchos pokemon? —preguntó Red. Pronto comenzaría su primer viaje pokemon, estaba dispuesto a aprender todo sobre ellos, cuales son y sus habitad.

—No. todos los pokemon tipo roca que se encontraron aquí durante la excavación, fueron evacuados y liberados en lugares apropiados—

—Entonces, ¡eso quiere decir que Ho-Oh es el único pokemon que queda aquí! —

—Es muy probable, Gold—

—¡Voy a encontrar a Ho-Oh! ¡Y lo voy a liberar! —decía Ash alegre. Siempre desbordando su imaginación, y siempre optimista con lo que pudiera suceder a su alrededor—¡Y entonces, voy a volar sobre su lomo! —

—Esa es una gran idea, Ash— Spencer le gustaba oír a los chicos, tan jubilosos. Esperaba que, en un futuro, pudiera salir así con su hija y los tres Ketchum. Nadie esperaba que, luego de ese día, todo cambiaria para todos.

Nadie lo supo, hasta que Ash se los dijo, mucho después de aquel día. Pero cuando pasaron por una abertura, en una de las paredes del extenso pasillo que recorrían, le pareció haber escuchado un gruñido. Aunque los demás siguieran caminando, Ash siguió escuchando aquel gruñido que venía de aquella abertura, se agachó para escucharlo mejor.

—¿Podrá ser? —

Tenía curiosidad, ya no pensaba en sus hermanos o Spencer, solo prestaba atención al gruñido que volvió a repetirse, fue entonces cuando imaginó, que sería aquel pokemon legendario que tanto quería conocer. El lugar era grande, quizá no habían encontrado la habitación correcta donde se encontraba su pokeball. Quizá estaba al otro lado de ese agujero.

—¡Es él! ¡Debe ser él! —

Ash entró al agujero, gateando, era suficientemente grande para que él pudiera pasar agachado. Estaba oscuro, pero no temía, estaba seguro que encontraría algo al otro lado y sería al pokemon legendario. Su emoción de infante podía más que sentido común, así que continuó gateando.

Mientras tanto, el grupo seguía caminando. Habían avanzado bastante, sin darse cuenta que Ash ya no les seguía.

—Estás muy callado allá atrás Gold—dijo Red, sin voltear a ver hacía atrás.

—El enanito tampoco ha dicho nada— respondió Gold—¡Ey Ash! ¿Sigues con nosotros? —

Gold volteó a ver detrás suyo, solo para percatarse que su hermano ya no lo seguía. Solo habían quedado ellos tres. Rápidamente, lo primero que hizo fue avisar a Spencer— ¡Tío Spencer! ¡Ash no está! —

Tanto Spencer como Red voltearon hacia atrás, para cerciorarse que Ash ya no estaba.

—¡Oh no! —se sorprendió Red cuando no encontró a su hermanito detrás de ellos— ¿Se habrá perdido? —

Spencer no estaba tan exaltado, sin duda el que Ash no estuviera era preocupante, pero no se perdería—no te preocupes. Todo el camino es en línea recta, no hay intersecciones, no puede perderse—Spencer se movio entre los chicos y después regresó rápido por todo el trayecto por el cual estuvieron caminando—pero debemos darnos prisa—

Tanto Gold como Red siguieron a Spencer, estaban preocupados que su pequeño hermano se sintiera temeroso por estar solo tanto tiempo. no había pokemon cerca, ni había peligro de derrumbe, pero aun así temían por Ash.

Ash había salido de aquel agujero, y había entrado a una nueva área. Una gran sala que parecía la plaza principal de un palacio, donde se encontraba el trono de un rey, pero esta estaba completamente sellada, cuya única entrada fue aquella abertura. Increíblemente, estaba iluminado por lámparas de aceite que allí había, pero era imposible que hayan sido encendidas por alguien, el lugar estaba sellado y la única entrada fue aquella abertura, y tampoco pudieron haber estado encendidas durante siglos.

Sería una sala vacía, de no ser por una estatua, la estatua de un hombre sentado sobre su trono. Un rey. La estatua mostraba al hombre con una túnica que cubría todo su cuerpo. Su seño parecía fruncida, aunque era una estatua, ejemplificaba bien la amargura del hombre que alguna vez existió, parecía estar siempre furioso, si sus ojos tuvieran vida, representarían maldad. En su mano llevaba un cetro, y sobre su cabeza, una corona.

—el rey de pokelantis— tal como se lo dijo Spencer. Estaba sorprendido, no imaginó ver alguna imagen del malvado ser de la historia.

Era increíble, su tío le dijo que la mayoría de la información sobre el reino de pokelantis, y sobre su malvado rey estaba perdida, aquello parecía ser un nuevo descubrimiento que el pequeño niño había hecho por su propia cuenta, estaba emocionado por lo que logró, pero más emocionado se pondría cuando volteó a ver al regazo de la estatua.

Ash volteó a ver a una pokeball de piedra, colocada justo en el regazo de la estatua del rey de pokelantis.

—¡Esa es! ¡Es la pokeball donde está Ho-Oh! —no solo habia realizado un gran y nuevo descubrimiento, sino que también habia encontrado la pokeball que aprisionaba al legendario pokemon, Ho-Oh—¡Voy a ayudarte! — y sabía lo que iba a hacer con ella.

Spencer, Red y Gold habían llegado a donde la abertura, habían pasado frente a ella antes, pero no le prestaron atención, pero al parecer, Ash si lo había hecho.

—¿Está seguro que Ash pudo pasar por aquí? ¿Tío Spencer? —preguntó Red.

—Todo el camino es recto, no hay forma que Ash desapareciera por otro lado. Solo queda esta abertura justo del tamaño ideal para él. Estoy seguro que entró por allí—

—¡No esperaremos más! —

Gold se agachó e intentó entrar por aquella abertura, gateando, pero era lo suficientemente grande para no caber. Red lo sacó, jalándolo, y Spencer trató de tranquilizarlo ya que estaba muy alterado.

—Somos muy grandes como para caber por allí. El agujero solo es perfecto para que Ash haya entrado sin problemas— Spencer sacó una pokeball de su cinturón— pero eso no será un problema con esto—

Spencer sacó al llamado pokemon clavo, Rhyhonr, un pokemon que lo ayudaba para las excavaciones de manera cuidadosa (muy a pesar de su comportamiento común).

—¡Rhyhorn, necesito uses cornada, y hagas más grande aquel agujero! —

El pokemon gruñó y embistió, una vez, la pared. La abertura comenzó a hacerse más grande, pues Rhyhorn usaba su cuerpo para abrirse paso y romper la roca, muy lentamente, ensanchando el agujero. Rhyhorn iba despacio, así evitaría provocar algún derrumbe, pero no significaba que iría lento.

Cuando vieron que Rhyhorn ya estaba alejándose, y que el agujero ya era tan grande como el cuerpo del pokemon, y lo suficiente para que un adulto entrara, Spencer ya veía la oportunidad para continuar.

—muy bien. Escuchen— les dijo a los niños— yo iré a buscarlo. Ustedes quédense aquí—

—¡Iremos también, tío Spencer! — dijo Red, con determinación y sin perder tiempo— ¡Le prometimos a Ash siempre estar con él, en todo momento! —

Gold asintió a la afirmación de Red, estaba detrás de él. Spencer pensó que no podría evitar que ellos lo siguieran, pero si les permitía seguirlo, podría evitar que actuaran compulsivamente y evitar que se perdiera uno más o que se lastimaran.

—De acuerdo. Pero irán detrás de mí, y sin empujarse ¿De acuerdo? —dijo, a lo que los niños asintieron como afirmación.

Spencer se agachó y entró por la abertura, gateando como hacía rato lo hubiese hecho Ash. Detrás suyo, Gold, y por ultimo Red, quien fue el último para proteger la retaguardia.

Rhyhorn siguió avanzando, se veía luz al final del trayecto. Ash debió haberla visto y llegar hasta el final. El pokemon finalmente salió hacia la extraña sala, Spencer le siguió, apenas salió, sus ojos tuvieron que acostumbrarse a la luz, pero, aun así, no dio crédito a lo que veía. Era una sala completamente nueva que no había visto durante las excavaciones del lugar, iluminada, como si las llamas de las antorchas nunca se hubiesen apagado. Vio la estatua, era sorprendente, una fiel representación de aquel ser del cual creyó que su información estaba perdida, una estatua del Rey del reino de Pokelantis, pero muy cerca de aquella estatua, estaba Ash, tratando de tomar una pokeball hecha de roca.

—¡Ash! ¡No toques eso! —dijo, y salió por completo del agujero que sirvió de entrada. Gold y Red salieron detrás de él. Ellos también se veían sorprendidos por el lugar y la estatua del rey de la historia.

Ash iba a tomar la pokeball con su mano, pero al escuchar a Spencer, volteó a ver desde donde le llamó, allí estaba él, mirándolo seriamente mientras que sus hermanos miraban asombrados toda la sala. Ash sonrió al ver que lo habían encontrado allí.

—¡Tío Spencer! ¡Es la pokeball de Ho-Oh! —

—¡Aléjate de allí, Ash! —

Era un área arqueológica sin explorar, todo allí debía ser registrado y debería estar en buenas condiciones, y esa pokeball que era la mencionada en la leyenda del reino de Pokelantis, como la pokeball que contenía a Ho-Oh. Finalmente había encontrado al chico que buscaba, pero también hizo un nuevo hallazgo, pero si por un descuida de Ash, la pokeball se llegaba a romper, pondría en riesgo las investigaciones futuras en el lugar. No imaginaba que sus problemas serían mayores que el simple hecho de destruir la pokeball.

—¡Lo voy a liberar! —dijo Ash, y después tomó la pokeball.

Una luz cegadora salió del botón de la pokeball una vez que Ash la tomó, iluminó todo a su alrededor y deslumbró a los presentes. Spencer, Red y Gold tuvieron que cubrirse con sus manos y cerrar sus ojos pues la luz era tanto como si se hubiese usado el movimiento "destello." Todos escucharon un grito de Ash, probablemente de la impresión por el repentino destello.

Cuando el brillo desapareció, lo primero que se escuchó fue una roca cayendo en el suelo.

Spencer abrió los ojos, demoró un poco pues aun así el brillo le afectó, pero al abrirlos por completo, vio en el suelo a la pokeball de roca, rota, partida en dos; y a Ash, quien estaba siendo rodeado por una extraña aura negra, que lo envolvía lentamente y Ash, confundido, viendo como el aura se colocaba a su alrededor, probablemente ennegreciendo su visión.

—¡Ash! —gritó Spencer.

Ash volteó a ver al hombre. Se veía con miedo, porque algo extraño estaba a su alrededor y no le gustaba. Sus ojos mostraban la desilusión de un niño que quería llorar, él quería liberar a un pokemon capturado contra su voluntad por un ser maligno, estaba muy ilusionado de ver a Ho-Oh y todo había cambiado ahora que esta aura oscura lo rodeaba, Ash no sabía lo que le pasaría, y temía por eso.

—¡Tío Spencer! —dijo aterrado.

—¡No tengas miedo hijo! ¡No te pasará nada! —le prometió. Mil veces se arrepintió de haber dicho eso, después—¡Ven hacia mí! —

Ash asintió, y comenzó a correr hacia el señor que le decía tío. Él era un adulto y era un experto en ese tipo de cosas, tenía la esperanza que él tuviera razón y no le pasara nada, y pudiera salvarlo de lo que fuera que estuviera rodeándolo, pero todo se acabó cuando dio el primer paso.

El aura lo envolvió, pegándose a su cuerpo por completo. Ash gritó, pero pronto, ese gritó se sofocó, pues el aura comenzó a apoderarse de su cuerpo.

—¡Oh no! —

—¡Ash! —gritaron los hermanos del chico, les era increíble. Lo que veían, parecía sacada de una película de fantasmas, y esta era la parte donde poseían el cuerpo de un humano.

El aura comenzó a desaparecer, parecía que estaba siendo absorbida por los poros de Ash. Los ojos de Ash, se habían abierto enormemente, pero parecían desorientados, como si su mente lo hubiese abandonado. El chico aflojó su cuerpo, y cayó de rodillas, mientras que su cabeza había sido agachada.

Spencer se acercó al niño con rapidez, con los otros dos chicos junto a él. Spencer se agachó y sujetó por los hombros a Ash.

—¡Ash! ¡Respóndeme, por favor! —

Spencer agitó a Ash, esperando a que reaccionara pronto. Los hermanos del chico también estaban llamándole. Ash no respondía en lo absoluto, estaba preocupando a las personas a su alrededor, pero ellos no sabían que ya no podía escucharlos.

Algo surgió desde el cuerpo de Ash, algo parecido a una ráfaga de viento, pero con tal fuerza que empujó a Spencer y a los dos niños y los arrojó a algunos metros lejos de Ash.

Spencer, Red y Goold chocaron contra el suelo. alguna especie de fuerza los empujó con fuerza, pero no la suficiente como para que llegaran hacia la pared. Spencer no encontraba explicación para aquello, parecía que algún pokemon había realizado algún ataque psíquico para alejarlos, había sufrido ataques así antes, pero no había un pokemon así con ellos, o por lo menos no los veía.

Parecía que algo había sido atraído por Ash, y Spencer esperaba que fuese algún pokemon que estuviera a su alrededor, pero todo eso cambio cuando escuchó que el chico habló.

—Cientos de años…—

A Spencer le llamó la atención, que no parecía la voz normal del chico, parecía más grave y profunda.

— Cientos de años… ¡y recupero el control en la forma de un niño! —

Ash parecía estar inspeccionando su cuerpo, ignorando completamente a las demás personas en la sala. Pero Spencer y los chicos no podían ignorar que Ash era envuelto, nuevamente, por un aura oscura, lo rodeaba como una capa protectora a su alrededor, y se movía en coordinación con sus movimientos.

Red y Gold no podían creer lo que veían, el aura era extraña, pero se negaron a pensar que algo malo le pasaba a su hermano.

—¡Ash, dinos que te sientes bien! —exclamó Red, tenía miedo por Ash, él sabía que lo que pasaba no estaba bien, pero aun así, tenía una pequeña esperanza que su hermano solo estuviera confundido o bromeando.

Ash volteó a verlos, no parecía confundido, sino enojado, no parecía agradarle la presencia de los chicos y de Spencer.

—¿Ash? ¿Ese es el nombre del dueño de este cuerpo? —

—¡¿De qué hablas?! — dijo Gold, alterado—¡Ese eres tú, enano! —

Ash sonrió, y rio—no tienen idea. ¡Ese niño ya no está! —les gritó. Los miraba con arrogancia y una sonrisa casi despiadada.

Spencer parecía estar conservando la calma, así se mostraba ante los niños, pero la verdad era que no tenía ni una sola idea de lo que estaba diciendo el muchacho, pero una cosa si parecía saber, no era Ash quien hablaba, sino parecía ser otro ser quien usaba su cuerpo.

—He estado esperando cientos de años para volver. No importa si es un niño, pero jamás volveré a estar encerrado. ¡He vuelto, y el reino de pokelantis se levantará de nuevo! —

Spencer tuvo una idea de lo que pasaba. Sonaba mucho al protagonista de la leyenda del reino de pokelantis. Parecía estar hablando en nombre del rey de pokelantis. Ahora todo parecía tener sentido para el investigador, aquella pokeball que yacía rota en el suelo, no había contenido a Ho-Oh, debió saberlo pues no coincidían las fechas entre esta leyenda y la leyenda de la torre quemada y los tres perros legendarios, al parecer, dicha pokeball debió haber encerrado la esencia del mismo rey de pokelantis quien desapareciera luego de la batalla final contra el pokemon legendario. Pero si esa hipótesis, improvisada de momento, resultaba cierta, entonces Ash estaba en problemas, pues estaba sirviendo como receptáculo para el rey.

Gold estaba enfadado, no entendía que pasaba con Ash, tampoco entendía si era cierto todo lo que decía, que no era él quien hablaba. Solo quería que todo esto acabara y se pudieran ir con su hermanito riendo y jugando como siempre. Sin saber qué hacía, se levantó.

—¡Será mejor que dejes de jugar! ¡O yo te haré reaccionar! —

Gold quería acercarse a su hermano con rapidez, no sabía lo que haría, golpearlo o agitarlo, no lo sabía, solo quería que dejara de actuar así. Pero Ash no parecía preocuparse porque se acercará.

El aura alrededor de Ash se expandió y se acercó a Gold, parecía que iba a atacarlo.

—¡Rhyhorn, Protección! —ordenó Spencer mientras corría a sujetar a Gold antes que se acercara más. Rhyhorn usó el movimiento ordenado por su entrenador, y creó una barrera impenetrable alrededor de él y los chicos, evitando así que el aura los lograra alcázar.

Todos estaban sorprendidos, pues jamás imaginaron que Ash llegara a hacer algo semejante, no solo de atacar con un aura misteriosa y oscura, sino que intentara lesionar a su hermano.

Todos voltearon a ver al chico, quien solo los veía, sonriendo. Parecía muy emocionado y enérgico, quizá tenía razón y no era Ash, y fuese lo que fuese, estaba muy feliz de haber vuelto para cometer actos como esos, se podía notar en sus ojos, unos ojos negros, como si de una oscuridad perpetua se tratase. Dicen que los ojos son la ventana del alma, y las pupilas achocolatadas de Ash siempre habían reflejado los sueños y fascinaciones de un niño, pero ahora, no reflejaban nada, solo un vacío.

2

Todos habían entrado a la casa, era más comodo, ya que el patio habia sido destrozado cual campo de batalla. Todos habían escuchado el relato contado por Red y Gold, pero les resultó tanto increíble como inquietante. A algunos les hizo considerar que, quizá no conocían del todo a Ash y a los Ketchum, realmente.

Delia había permanecido en su sofá, esforzándose por no agachar la cabeza por aflicción. El recordar lo sucedido a su hijo cuando este era un niño, le destrozaba el alma, pues no solo fue ese momento, sino que hubo mucho más después de eso.

Kimberly permanecía más rígida, de pie y cruzada de brazos y mirando a los chicos. Aunque se mostraba inmutable, realmente estaba abrumada, en su mente repetía una y otra vez aquel momento en que fueron vencidos por el rey de pokelantis. En su mente había imaginado que Ash seguía dentro de su cuerpo, implorando por ayuda para salir.

Red y Gold habían permanecido juntos, eran momento como ese donde la unidad de los hermanos Ketchum debía prevalecer, a pesar de faltarles uno. Red era quien miraba a todos, él sabía que debía afrontarlo, pues lo ocurrido con Ash fue algo que guardaron en secreto por mucho tiempo sin decirle nada a nadie más, pero ahora que todo había sido revelado, no podía agachar la cabeza sino tener que afrontar a todos a quienes se los ocultaron. Pero, por otro lado, Gold había desviado la mirada, odiaba admitirlo, pero su fortaleza se estaba viendo reducida gracias al sentimiento de impotencia que lo invadía; habían sido derrotados por un ser que usaba el cuerpo de su hermano menor. No lograron ayudar a Ash por más que este los necesitaba, se sentía avergonzado por no haber hecho más que haber servido como saco de boxeo para el rey, quien disfrutó aventándolo y casi rompiéndole una costilla.

Dawn, Crystal y Blue estaban sentadas en el sillón más grande, mientras que Brock había permanecido de pie detrás de ellas. La situación se volvió densa, no decían nada, pues no sabían que decir. Ash era un chico normal, se metía en problemas que salían de la norma de normalidad, pero eran cosas que resolvía, pero jamás imaginaron algo como esto, algo que implicaba a un entre sobrenatural y malévolo que intentaba controlar su cuerpo. Era, sin duda, algo difícil de asimilar. Tanto Dawn como Crystal estaba confundidas y consternadas, pero la tercera chica, que parecía de la misma edad que Red, no solo estaba conmocionada, sino que parecía estar molesta.

Nadie decía nada, era lo que Red esperaba, estaban atónitos después de haberles contado todo, incluyendo el cómo Spencer, al ver lo difícil que sería acercarse a Ash, hizo que Rhyhorn usara embestida para acercarse al chico, como el poder del rey no era tan fuerte en ese momento, no afectó al pokemon y este logró embestirlo, haciendo que se desmayara por el impacto. Aunque fue un acto cruel para un niño, fue efectivo, pues ayudó a que Ash recuperara el control.

Dawn fue la primera en hablar—no lo creo… eso es…—

—Terrible—

La chica mayor, y más alta que las otras dos, fue la que dijo eso, y se levantó para dirigirse hacia Red. Dawn no había tenido oportunidad de presentarse ante la chica como había hecho con los demás en la casa, pero Crystal y Brock le habían dicho que se nombre era Blue, y era amiga de Red desde que eran niños, parecían muy unidos, así que conocía muy bien a la familia Ketchum, pero esto parecía haber sido desconocido también para ella.

Blue se colocó frente a Red—¿por qué nunca me dijiste algo como esto? —

—No era algo fácil de asimilar para nosotros— se defendió Red, trató de continuar, pero la chica lo interrumpió.

—¡Pero se trata de Ash! ¡Y se trata de ustedes! —

—Lo siento Blue. Pero era mejor así, no creimos que fueran a asimilar algo como esto—

Blue parecía molesta, le había molestado que le hubiesen ocultado algo tan importante —he estado contigo muchos años. Quiero a tu familia tanto como a la mía, y quiero a Ash como tú lo quieres. Estás cosas no se ocultan a las personas que más se preocupan por ustedes—

—No podíamos mencionarlo— Red no quería iniciar una discusión. No es que fuera dócil ante la chica en una situación así, pero la conocía y sabía que insistiría, y aquella situación no era la indicada para algo como eso, estaba dispuesto a que ella se tranquilizara, aunque eso significara que ella se enojara con él y quisiera demostrárselo, después buscaría la manera de disculparse, incluso estaba preparándose para lo peor.

—¡Creí que confiaban en mi como yo siempre lo he hecho con ustedes! —

—No es fácil tener que recordarlo—

Delia se había levantado del sofá y se colocó detrás de Blue, la chica, sorprendida volteó a ver a la señora, en su rostro, sin la necesidad de estar fruncido, reflejaba molestia y Blue lo captó. Dawn no supo que pensar, ¿aquella chica estaba molesta por lo ocurrido con Ash o porque nunca lo supo? Aquella chica de curveado cuerpo parecía ser muy cercana a los Ketchum, por lo que había dicho, quizá el asunto le estaba afectando más que a ella.

Blue pareció avergonzarse cuando vio a Delia detrás de ella, estaba exagerando su reacción en aquel momento y debía tranquilizarse pues no era momento para perder la compostura.

—fue difícil ver a mi pequeño hijo en la cama de un hospital—continuó Delia— Casi muero de la angustia todo el camino hacia allá cuando Spencer me avisó que había tenido un accidente. Y creí que caería en desesperación al oír lo que le había pasado a mi hijo—

Las palabras de Delia hacían eco en Red, quien recordó como Spencer usó a Rhyhorn para que embistiera a Ash, ellos no podían acercársele, pero el fuerte pokemon si lo hizo. Con la embestida, su hermano perdió el conocimiento y pudieron acercársele para auxiliarlo, pero lo mejor que pudieron hacer fue trasladarlo a un hospital donde, Spencer creyó, pudieran descubrir que pasaba con su cuerpo luego de haber abierto aquella pokeball.

Delia estaba haciendo un esfuerzo para conservar la compostura frente a todos, nunca quiso volver a repetir aquellas imágenes en su cabeza, pero era necesario para que todos entendieran la gravedad de la situación y entendieran por qué decidieron conservarlo en secreto para todo mundo.

—Todo se volvió difícil a partir de ese momento. mi hijo poseído por el espíritu del rey de un antiguo reino—los recuerdos de Delia comenzaban a abrumarla—noche tras noches, escuchando a mi hijo llorar por que en sus sueños aparecía esa cosa, diciéndole cosas terribles y haciéndole daño. Y luego días enteros donde comenzaba a verse, como si estuviera enfermo, demacrándose todos los días, cada vez más—

"¡Mama!"

Delia podía escuchar, todavía, la voz de su hijo, quebrada por el llanto, llamándola a media noche y diciéndole las palabras que más le causaban miedo.

"El volvió a aparecer. Me dijo que no los volveré a ver. Me dijo que pronto desapareceré"

—Estaba desesperada por ayudarlo, pero no sabía cómo. Estaba dispuesta a darlo todo por ayudar a mi hijo…—

Aunque intentaba mostrar que no prestaba atención, lo cierto era que Gold no podía ignorar las palabras de su madre y, al igual que ella, recordar las palabras de Ash cada que tenía miedo le fastidiaba. Sobretodo el día, poco después del incidente, que encontró a Ash empacando su mochila/peluche de Snorlax, quería irse de casa pues el ser en sus sueños le decía que se desharía de su familia en el primer descuido del chico.

Dice que nadie puede ayudarme, que estoy condenado y condenare a todos a mi alrededor.

Era lo que le decía el pequeño Ash con sus mejillas rojas y lágrimas en los ojos.

No quiero que nada les pase a ustedes o a mamá y papá. Él dice que les hará daño. ¡No quiero!

Ese día Gold se quebró por primera y única ocasión, se sintió molesto pues su hermano estaba siendo amenazado y atemorizado y él no podía hacer nada para ayudarlo. Solo pudo abrazarlo con fuerza, diciéndole que no dejaría que se fuera, y aunque Ash trató de zafarse y le gritaba que corría peligro si seguía así, al final dejó de forcejear y lloró. Gold solo podía decirle que todo estaría bien y que resolverían esto juntos.

Blue quedó apenada, ella estaba angustiada, pero olvidó que Delia la estaba pasando peor, pues ella siempre había sido muy apegada a sus hijos y sobretodo con Ash. Miró a Red, afligido, pero no parecía estar molesto con ella, se mostró aliviado que ella finalmente entendiera; eso era algo que le gustaba de él, siempre sabia entender lo que sentía hasta en sus peores momentos. Ella volvió a ver a Delia.

—Delia yo… lo siento mucho—dijo— es solo que…—

—Es muy difícil de creer. Realmente— dijo Brock, salvando a Blue de continuar con sus disculpas pues no sabía cómo continuar—he conocido a Ash por cuatro años, las chicas incluso más. y jamás pudimos haber imaginado que algo así le hubiese pasado, jamás. Y mucho menos imaginar que surgiría algo como lo que vimos ahora—

—Es cierto—prosiguió Dawn— Ash es siempre muy alegre y optimista, jamás lo vi decaído—mentira. Ella sabía que lo había visto al borde de la desesperación y angustia una vez que perdió contra Paul en la batalla del Lago Agudeza, pero no era momento para hacerle mención— siempre ha sido el primero en enfrentarse a los problemas antes que huir. Jamás lo había visto tener miedo a algo—

Red tuvo que explicar—bueno. No es algo tan fácil de explicar, y tampoco fue algo que aceptamos rápido. Habíamos vivido una temporada angustiosa tratando de ayudarlo sin resultados. Y cuando finalmente lo logramos, parecía que la mejor opción era mantenerlo en secreto. Ash era un niño, olvidaría rápido, y todos decidimos también olvidar aquel momento—

Finalmente, Gold optó por unirse a la conversación, y lo hizo mientras se iba sacando el guante de la mano izquierda—se han preguntado ¿por qué Ash casi nunca se quita los guantes, y cuando lo hace, pareciera que intentara ocultar sus manos? ¿Creyeron que todos nosotros los usábamos solo por moda o por diversión? —cuando se quitó el guante por completo, mostró la palma de su mano—a Ash le quedó una cicatriz en su mano, hecha cuando la pokeball se abrió cuando la tocó. Él odiaba ver esa cicatriz pues le recordaba el incidente. Seguramente, todavía la odia. Comenzó a usar guantes para no verla, pero no parecía ponerlo contento, parecía sentirse diferente a los demás por siempre llevarlos, ya no veía la cicatriz, pero los guantes aun así le recordaban que seguía allí abajo, pues ningún otro niño los llevaba puestos—

Era cierto, Blue recordó algunas ocasiones cuando Gary y otros niños se burlaban de Ash y le hacían bromas por llevar guantes y nunca querer quitárselos. A veces lo veía triste por eso, ahora entendió que, muy probablemente, se debía porque se sentía diferente a ellos por llevar el recuerdo doloroso de una posesión.

—Fue cuando a Red se le ocurrió llevar guantes también, y le dijo que ya no era diferente porque su hermano mayor también los usaba—

Todos han respetado a Red desde siempre, sobre todo los niños, Blue recordó que de la nada, Red también comenzó a usarlos, y desde entonces, las burlas hacia Ash cesaron pues todos los niños respetaban a Red. Ella no imaginó que fuera por esa razón.

Gold rio un poco mientras se volvía a colocar su guante—entonces fui yo quien se sintió excluido. Y pronto comencé a usarlos también. La alegría del enano era inmensa pues sus hermanos mayores usaban guantes como él, ya no recordaba la cicatriz y el olvidar el incidente fue más rápido para él. Quizá, nos volvimos más unidos desde entonces—

La explicación se estaba alargando y tocando otros puntos, faltaba una interrogante que no habían respondido y Crystal se estaba impacientando por saberlo.

—¿Y cómo fue que lo resolvieron? ¿Cómo fue que terminó todo? —

—Todo fue gracias a su padre, y gracias a todos sus conocidos en varias regiones del mundo—

Kimberly fue la que habló, captando la atención de todos. La señora no había hablado desde que la conversación inició.

—Habían pasado varias semanas desde el incidente, y todos habíamos intentado todos los métodos posibles para solucionarlo. Buscamos médicos, curadores, incluso busqué chamanes y exorcistas y ninguno pudo hacer nada. Parecía que esa cosa estaba aferrada al ser de Ash y no planeaba soltarlo. Hasta que su padre encontró una posible solución, en una región al otro lado del mundo—

El padre de Ash, un hombre que muy pocas veces aparecía, pues parece seguir las mismas leyes naturales que rigen a los Ketchum. Kimberly había entrenado lo había entrenado desde pequeño, se había vuelto su orgullo luego de haberse convertido en un excelente entrenador. Podía confiar en él, como si fuese un hijo (hijos que nunca tuvo), y cuando él llegó a la casa con la solución para ayudar a Ash, ella sabía que sería la más acertada después de haber intentado tantas opciones sin éxito.

—Tuvo que llevarse al chico a aquella región. Delia también fue, dejándonos a Red, Gold y a mí, esperando a que regresaran. Durante semanas esta casa parecía vacía sin las risas y el bullerío de Ash. Sus constantes gritos de un niño emocionado por todo lo nuevo del mundo se habían esfumado luego del incidente, y cuando se lo llevaron, parecían amenazar con que eso jamás volvería. Me estaba volviendo loca, pues no estábamos recibiendo noticia alguna de lo que ocurría allá, y estos niños no me ayudaban, pues parecían apagados, como si Ash les hiciera falta para poder funcionar con normalidad.

Crystal comprendió una cosa. En aquella época ella estaba en su casa en ciudad Malva, pero siempre conversaba con Gold por videomisor, pero hubo una temporada donde las conversaciones se habían vuelto bastante enfadoso, pues Gold parecía tener el humor jovial y jocoso que lo caracterizaba, sino parecía estar molesto con todo. A veces costaba la transmisión abruptamente o simplemente no contestaba sus llamadas. Algo le pasaba que no quería decirle a ella y Crystal se preocupó por ello. A pesar de ser una niña, desde entonces ya contaba con un razonamiento lo suficientemente maduro como para entender los sentimientos de los demás. Pero aun estando preocupada, ella no podía hacer mucho salvo darle un espacio para que despejara su cabeza.

Hasta que un día, le llegó una llamada de Gold, quien volvía a ser tan radiante y desbordante de alegría, aquello que a ella le gustaba de él. Volvieron a tener una conversación normal, y a los pocos minutos apareció Ash, colándose en la llamada para saludarla y mostrarle un peluche nuevo. Ahora le quedaba claro que, ese tiempo fue por el incidente de Ash con el rey de pokelantis.

—todo volvió a la normalidad aquel día que regresaron, y Ash estaba frente a mí, sonriendo con un nuevo peluche en forma de vaporeon bajo su brazo. Sonriéndome como antes. Sus ojos volvían a brillar, llenos de ilusiones. "¡Nana, mira mi nuevo muñeco!" me dijo y después lo abracé. Pocas veces les he demostrado tanto afecto como en ese momento—

Ese día, Red y Gold estaban en sus habitaciones, y al escuchar que la puerta principal se abrió, Red bajó para saber de quien se trataba.

"¡Red, mira mi vaporeon!" le dijo Ash cuando lo vio y levantó el sonriente peluche para mostrárselo.

En ese momento, Red no le respondió. Estaba sorprendido de ver a su hermano, y más lo estaba por haber vuelto a escuchar una frase con tanta emoción como siempre lo había hecho. El chico terminó de bajar los escalones que le faltaban, casi se resbala y caía. "¡Ash!" le dijo entusiasmado, y cuando lo tuvo enfrente, también lo abrazó como Kimberly lo hizo, como queriendo confirmar que se trataba del verdadero Ash y no solo una ilusión.

Gold bajó a los pocos segundos, una vez que escuchó el nombre de su hermanito pronunciado con fuerza por su hermano mayor, se levantó de su cama de un salto y bajó. Y allí estaba Red, abrazando al pequeño Ash quien parecía feliz por volver a estar junto a su hermano.

"¡Gold!"

Gold nunca fue adepto a las muestras de afecto, pero cuando escuchó que su hermano le llamó, hizo lo mismo que Red y corrió a unirse al abrazo sin decir palabra, no las necesitaba, solo necesitaba estar junto a su hermanito. Finalmente, los hermanos Ketchum volvían a estar juntos, y los días felices volvían a la casa… hasta el presente día.

—Fue un proceso extraño—continuó Delia— cuando lo llevamos allá. Una estudiante de ciencias pokemon, una adolescente de lentes y cabello purpura decía tener la solución y que se derivaba de su tesis sobre el mundo de los sueños. y consistía en usar a su pokemon, uno grande, parecía un Drowzee de color purpura y rosa que flotaba—

La descripción de dicho pokemon no coincidía con ninguno de los que los chicos hubieran visto antes, excepto Crystal, como ayudante del profesor Oak estaba al tanto de varios pokemon de otras regiones, y ella se estaba formando una idea de que pokemon podría tratarse.

—Todas las noches, mientras Ash dormía, ese pokemon se posaba sobre su cabeza y comenzaba a absorber sus sueños y pesadillas. La chica decía que, si la entidad malvada torturaba a Ash por medio de sus sueños, el pokemon iría absorbiéndolo hasta eliminarlo del cuerpo de Ash—

Si, era el pokemon que Crystal se imaginaba. Y, "posarse sobre su cabeza" y "Absorber los sueños" era la forma más sofisticada de decir que el pokemon mordía la cabeza del chico y devoraba sus sueños.

—Tardó varias semanas, pero finalmente Ash ya dormía tranquilo sin sentir pesadillas. Hasta que finalmente tuvimos la certeza que el rey de pokelantis finalmente se había ido de su cuerpo— al terminar de decir esto, Delia no pareció estar convencida de las palabras que ella misma dijo— por eso no puedo comprender que fue lo que pasó. ¿Cómo fue que esa cosa volvió, si se supone que ese método lo eliminó del cuerpo de mi hijo? Han pasado, ocho años ya—

Nadie sabía realmente ni resolverlo ahora. Todos pensaron que el padre de Ash podría ser de ayuda, sí él lo logró una vez podría hacerlo de nuevo, o por lo menos, luchar contra el rey. Pero el señor Ketchum no se encontraba ni siquiera cerca de Kanto, y aunque volviera demoraría bastante y el tiempo era crucial, y era en esto en lo que Gold pensaba.

—¡No importa como haya regresado! ¡No podemos seguir aquí sin hacer nada! ¡Tenemos que ir a buscarlo! —

—No es tan sencillo Gold. Ni siquiera sabemos dónde podría estar y si salimos sin pensar podríamos correr peligro— le refutó Kimberly.

—¿Y eso es lo único que les preocupa? Ash es quien debería preocuparles, ¡él es quien está realmente en peligro, nosotros no! —

Gold se estaba desesperando, típico en él, pero esta vez era por razones diferentes. Recordar aquellas semanas, luego del incidente, donde Ash estaba siempre triste y temeroso, le hacía enfadar, pues el espíritu del rey perturbó a su hermanito y le privó de su felicidad, sin él, Ash jamás hubiese sufrido día y noche por la continua voz que le susurraba dentro de su cabeza y le amenazaba.

—Todos estamos preocupados hijo—le dijo Delia, ella sabía cómo actuar cuando su segundo hijo se comportaba de esa manera—pero Kimberly tiene razón—

—¡No puedo creer que apoyes esa idea! —le espetó el chico a su madre— ¡creí que tu estarías más preocupada por encontrarlo! —

—¡Y lo estoy! — pero siendo sinceros, Delia tampoco contaba con el suficiente humor como para tratar a su hijo, la desesperación y angustia también le estaba dominando, así como a Gold—También quiero encontrar a tu hermano. Pero no tengo ni idea de cómo—

—¡Gold, tranquilízate! —le dijo Crystal. La situación se estaba volviendo densa, y ella decidió actuar pues sabia como resolver dichas situaciones, aun bajo tensión. De igual forma, tenía suficiente influencia sobre el chico como para hacerlo entrar en razón. Blue por su parte, estaría haciendo lo mismo, pero tratando de calmarla a Delia, era la más cercana a ella, hace rato ella mismo lo dijo, así que podía tranquilizarla.

—¡No quiero tranquilizarme! —Goold gritó, en ocasiones, el chico ya no prestaba atención a nadie más— ¡Quiero encontrarlo y patearle su oscuro trasero! —

—¡Ya cálmate! —

Todos guardaron silencio. Aquel grito no era común de escuchar pues provenía de Red. El más sereno y sensato de los Ketchum, estaba ahora sujetando a Gold por su sudadera y amenazando (con su lenguaje corporal) con abalanzarse sobre él.

Gold era el más sorprendido de todos, pues estaba viendo a su hermano mayor enojado, como pocas veces lo hacía. El siempre carismático Red ahora parecía haber cambiado y adoptar una mirada fría e intimidante, él lo estaba mirando fijamente y sin balbucear.

—¿Qué no entiendes que todos estamos igual que tú? —le dijo Red con firmeza— pero tenemos que pensar en algo mejor para que nadie salga lesionado y para no lesionar a Ash. Sabemos lo peligroso que es el rey, y puede hacerle daño a Ash. ¡Así que cálmate! —

Gold lo miró, aun consternado. No temía de Red, pero si encontraba sorprendente que este se enfadara, por lo regular siempre evitaba confrontaciones así y resolver todo de otras maneras, pero cuando se enojaba de verdad podría ser bastante amenazante e incluso llegar a golpear al motivo de su enfado, y en este caso Gold sabía que la tenia de perder.

—Ash nos necesita. Pero no necesita que perdamos la cabeza— y con eso, Red lo soltó.

Gold resopló un poco y después le dijo—de acuerdo. Pero si no hacemos nada, yo solo iré a buscarlo— trató que sonara como una amenaza, no iba a admitirlo, pero esta vez sí tuvo un escalofrió al ver a su hermano así.

Ya con todos un tanto más tranquilos, Brock hizo el comentario que ya estaba entrando la noche, y por lo visto iba a comenzar una tormenta. Con un panorama así, no parecía ideal ir en busca del chico aun cuando todos seguían un tanto alterados. Todos iban a pasar la noche allí y partirían a buscarlo a la mañana siguiente.

Delia invitó a Blue y Crys a pasar la noche en la casa y ambas chicas aceptaron. Y nuevamente Gold no parecía conforme con la decisión tomada por la mayoría, pero Red lo tranquilizó prometiéndole que no descansarían hasta encontrar a Ash, aun no había abandonado esa seriedad que tomó luego que casi explotara hacía rato.

La situación afuera no era como ellos lo imaginaban. No solo oscurecía, sino que varias nubes oscuras se iban acercando con lentitud. Era raro, no era temporada de lluvias y dichas nubes no parecían desplazarse, sino que parecían expandirse, como si quisieran cubrir todo el pueblo y no solo una fracción.

3

Los pokemon del bosque verde volvían a correr despavoridos, huyendo nuevamente, pero esta vez se alejaban de una verdadera amenaza. Darkrai había regresado al centro del bosque Verde, estaba casi debilitado, la mayor parte de su energía y poder habían sido drenados por aquel chico, o más bien, por la entidad oscura que había aguardado dentro de él.

Darkrai, el pokemon pesadilla debía alejarse lo más posible de aquel ser cuya esencia era maldad pura. Pero no tenía fuerza para volver a la isla Luna Nueva así que tuvo que regresar a su lugar de descanso de la noche anterior, pero una vez que llegó allí, usó brecha negra hacia todo aquel ser vivo.

Todos los pokemon se vieron en grave peligro pues las esferas oscuras iban alcanzándolos y envolviéndolos, una vez la esfera desaparecía el pokemon yacía inconsciente en el suelo.

Todos los pokemon pequeños huían desesperados para no ser alcanzados por las esferas oscuras, muchos no lo lograban. Los pokemon más grandes y fuertes querían luchar, muchos eran absorbidos por las esferas y los otros eran derrotados por el pokemon tipo siniestro. Aunque estaba débil, aún tenía el poder suficiente para encargarse de pokemon salvajes y más débiles que él.

Darkrai no había querido llegar a esto, usar pokemon indefensos para restaurar sus energías mediante sus pesadillas, de hecho, había abandonado esa práctica común entre los Darkrai, cuando Alice le invitó a quedarse en los jardines de Godey y le demostrara que alguien podía estar cerca de él sin temor. Pero no le quedaba opciones.

Él se iba dirigiendo hacia donde estaba. Lo sabía, podía sentir su oscura esencia. Darkrai estaba vinculado a la oscuridad y podía sentir la oscuridad de los seres vivos. Este ente logró engañarlo ocultándose en el cuerpo del chico con el corazón más puro y no pudo detectarlo a tiempo, y ahora que estaba libre, controlando un cuerpo físico. Darkrai podía detectarlo a los cientos de kilómetros a los cuales se encontraba, y que se iban haciendo menos.

La oscuridad de ese ser no era parecida a alguna que haya sentido antes en humano alguno. Era tan malévolo como la esenia de cierto pokemon que se alimentaba de dicha esencia, y parecía que tenía la intención de seguir absorbiendo la oscuridad del pokemon para fortalecerse. Por eso Darkrai debía alejarse para que el ente no completara su plan, pero en su estado debía recuperarse rápido y la forma más rápida era alimentándose de las pesadillas de todo pokemon que estuviera dentro del bosque Verde, aunque eso le disgustara, pero era necesario.

Esa esencia oscura se acercaba con rapidez.