Adrien se recostó en la silla, mordiéndose la lengua porque iba a dejar que sus compañeros se embarcaran en una búsqueda en vano, pero sintiendo alivio porque su breve lapsus del viernes no fuese un error irreparable.
Podría vivir con ello.
Y entonces Lila decidió desatar el infierno en la tierra.
―Adrien tiene razón ―dijo desde el fondo de la clase, poniéndose de pie.
Se había aislado en su pupitre mientras Chloe narraba sus hazañas porque había sufrido una conveniente migraña, pero parecía que por fin se había hartado de esconderse en las sombras.
―Tres días son demasiados como para estar escondido. ¡Oh, no! ¿Y si algo malo le ha pasado a Markov? ―Se tapó la boca con las manos, como muy asustada, y cuando se dirigió a Chloe, Adrien supo que tramaba algo―. ¡Chloe! ¡Sabía que no deberíamos habérnoslo callado!
Chloe arrugó la nariz sin entender.
―¡Sabía que esos soniditos no eran normales! ―continuó Lila―. ¡Sabía que deberíamos haberlo llevado junto a Max! Pero Chloe insistió en ocuparse sola.
Con cada palabra, captaba más y más la atención de la clase. O por lo menos de la mayoría. Alya, Marinette y Adrien, en cambio, la miraban sin ocultar su repulsión, Adrien en especial. Pero no la interrumpió porque aún no entendía a dónde quería ir a parar.
Debería haberla interrumpido, porque Kim dio un paso adelante, le echó una mirada cargada de sospecha a Chloe y luego preguntó:
―¿A qué te refieres con "ocuparse", Lila?
―Bueno, verás… ―Lila bajó las escalerillas desde la última a la segunda fila con parsimonia, como una reina acercándose al populacho, pero sin perder la expresión de niña que no ha roto un plato―. ¿Recuerdas que te prometí un autógrafo de la gran actriz Marion Cotillard, Nath? Pues mi padre y yo cenamos con ella el otro día y me acordé de pedírselo. Te lo iba a dar el viernes por la tarde porque sé que tenías reunión del club de ajedrez, pero entonces vi a Chloe entrar en el vestuario y decidí saludarla.
»Estaba con Markov. Les pregunté qué hacían y Chloe dijo que Markov la estaba ayudando con la tarea. Markov estaba haciendo unos ruiditos extraños y pensé que estaba enfermo, pero Chloe me dijo que solo estaba ocupado haciendo unos cálculos y lo dejé estar.
»Por desgracia la foto donde tenía el autógrafo se mojó cuando fui al baño y tuve que tirarla. Pero no te preocupes, Nath, ¡te conseguiré otra muy pronto! ―Lila terminó su actuación tomando las manos de Nath y haciendo un puchero como si lo sintiese muchísimo.
A esas alturas, la semilla de la sospecha estaba sembrada. La clase intercambiaba miradas perspicaces los unos con los otros, porque no hacía falta ser un genio para descifrar las implicaciones de lo que acababa de decir Lila.
Chloe, mientras tanto, se limaba las uñas con las piernas cruzadas sobre la mesa, sin prestarle mucho caso a lo que ocurría a su alrededor, pero en cuanto se dio cuenta de que había vuelto a ser el centro de atención, alzó una ceja y dijo:
―Oh, por favor. No os iréis a creer todo eso, ¿verdad?
Esperó y esperó, subestimando el poder de convicción de Lila, pero no hubo respuesta. Entonces comenzó a preocuparse. No le importaba enemistarse con sus compañeros de clase si el fin valía la pena, pero ¿por una acusación sin fundamento? Eso no podía permitirlo.
―¡Paparruchas! ―saltó, levantándose del asiento―. ¿Marion Cotillard? ¿En serio, Lila? ¡Ni siquiera eres tan importante como para poder pedir una entrevista con el alcalde!
Lila soltó un gritito herido.
―¡Chloe! ¿Cómo puedes decir esas cosas? ¡Sabes que tengo problemas de autoestima!
Alya tuvo que agarrar a Marinette para que no montara una escena allí mismo. Adrien permaneció callado aunque avizor. Pero para el resto de la clase esa fue la guinda del pastel. No dudaron en volverse contra Chloe; dado su historial, culparla a ella era casi un acto reflejo, que fue exactamente lo que hicieron.
Alix fue la primera en plantarse delante de ella, con los brazos cruzados y una mirada asesina.
―¡¿Qué le has hecho a Markov, Chloe?! ¿No le gustó tu peinado y quisiste ponerlo en su sitio?
Chloe parpadeó dos veces, sin poderse creer que eso de verdad estuviera pasando. ¿Era más fácil culparla que darse cuenta de que Lila jamás hubiera podido cenar con Marion Cotillard?
―¡Yo no he hecho nada! ¿Por qué vendría a esta patética escuela un viernes por la tarde? ¡Tengo mejores lugares en los que estar!
―¡No lo sé! ¡Dímelo tú! ―replicó Alix, y antes de que Chloe pudiera responder, Lila lloriqueó:
―Seguro que todo eso sobre ayudar a los héroes también era una mentira…
Oh. Así que de eso se trataba, se dio cuenta Chloe. De socavar su credibilidad, ¡pese a que había tenido la decencia de dejar a Lila fuera de su historia!
Pero nunca más. No le había importado que Lila fuese una harpía sin corazón y una mentirosa empedernida cuando se habían aliado en contra de Marinette, pero ahora le había quedado claro que esa alianza estaba rota.
―Tú mejor que nadie deberías saber que cada palabra que he dicho es cierta. Al fin y al cabo, estabas ahí, Ophidia.
Hubo jadeos de sorpresa y susurros incrédulos. ¿Chloe estaba acusando a Lila de trabajar con Hawk Moth? ¿Habían escuchado bien?
Esas eran palabras mayores.
Lila, sin embargo, dio un paso atrás como ofendida.
―¡Pero qué dices! ¿Veis? ¡Se está inventando cosas!
La mayor parte de la clase asintió en señal de apoyo, sin dudar ni un segundo en ponerse de parte de Lila en vez de Chloe, que miró a su alrededor y solo pudo encontrar hostilidad.
Así que, cargada de frustración y algún sentimiento que aún no podía identificar, le dio un fuerte pisotón al suelo y chilló:
―¡No me lo puedo creer! Salvo esta ciudad, ¡¿y así me lo pagáis?! ¿Para qué ser amable si este es el resultado?
―¿Salvar esta ciudad? ¿Cómo podemos saber que es cierto? ―replicó Alix.
―Si tuviéramos a Markov para hackear las cámaras de tráfico… ―suspiró Lila, y Chloe se giró hacia ella abruptamente.
―¿Qué estás insinuando?
―Solo digo que es muy conveniente que la única persona que podría haber corroborado tu historia haya desaparecido misteriosamente… ―sugirió Lila, sin una pizca de remordimientos.
A esas alturas la indignación de Chloe se había convertido en un miedo paralizante.
Toda la clase ―menos Alya, Marinette y Adrien― estaban convencidos de que Chloe le había hecho algo a Markov.
Sabrina, por su parte, se había encogido en su asiento, haciéndose la invisible porque, precisamente porque era la que mejor conocía a Chloe, también sabía que su amiga era bien capaz de deshacerse del robot.
Y además no había estado con ella la tarde del viernes (porque Chloe había sido llamada por Hawk Moth ese día).
Al ver que ni siquiera Sabrina estaba dispuesta a apoyarla, Chloe comenzó a darse cuenta de que el asunto iba en serio. Cuando Lila había vuelto la clase en contra de Marinette para alejarla de Adrien, le había parecido rastrero aunque divertido. Ahora que ella era el objetivo de esa serpiente, ya no le parecía tan entretenido.
Casi sin pensarlo, Chloe se giró hacia la persona que representaba su última esperanza: Adrien. Al fin y al cabo, Adrien la había puesto en contacto con Chat Noir, Adrien sabía que la historia sobre ayudar a los héroes era cierta, y además Chloe era consciente de que Adrien tenía cierta influencia sobre la clase, porque así como Marinette, era bien sabido que nunca haría daño ni a una mosca y que jamás soltaba una mentira.
Adrien y Marinette eran los dos angelitos de François-Dupont, nadie dudaría de sus palabras.
Así que Chloe se giró hacia Adrien con una expresión de súplica. Su mirada era casi desesperada, pero Adrien dudó. No porque no quisiera defenderla, sino porque el tema de Markov le tocaba demasiado cerca, y sobre todo porque en ese momento estaba temblando de culpa porque Chloe estaba siendo acusada de algo que él había hecho.
La fracción de segundo que tardó en intervenir fue suficiente como para que otro de sus compañeros se le adelantara y le robara el turno de palabra: Nino, de todas las personas.
―Chloe, todo el mundo sabe que… ―iba a decir, pero Alya le pegó un codazo para callarlo y Nino cerró la boca de golpe.
Miró a su novia confundido, pero ella negó con la cabeza como para decirle que no podían hablarlo ahí. Luego Nino se giró hacia Adrien buscando su complicidad, pero su mejor amigo estaba manteniendo una conversación silenciosa con Chloe que no parecía hostil en absoluto.
¡Incluso Marinette estaba mirando a Lila, y no a Chloe, como si quisiera arrancarle los ojos!
Nino no entendía nada.
Y entendió muchísimo menos cuando Adrien se levantó de repente de su pupitre y se dirigió a la clase con una determinación que rara vez mostraba en público:
―Chloe está diciendo la verdad.
Todo el mundo, pero especialmente Lila, volcaron su atención en él con sorpresa.
Adrien continuó, la voz firme y sus ojos paseando entre sus compañeros como para asegurarse de que todos lo estuvieran escuchando:
―Chat Noir contactó con Chloe a través de mí. Pensó que yo tendría más posibilidades de convencerla que él. Tenía la sospecha de que Hawk Moth podría acudir a anteriores asociados para que hicieran su trabajo sucio, y Chloe es uno de esos anteriores asociados.
―¿Ves? ¡Chloe ya ha trabajado con Hawk Moth antes! ¿Cómo podemos fiarnos de…?
―Aún no he acabado, Lila ―la interrumpió Adrien, duro y frío como un témpano de hielo―. Después de la batalla, Chat Noir se pasó por mi cuarto para contarme cómo había ido la misión, para que dejara de preocuparme por Chloe. Me dijo que Luka la había llevado inconsciente hasta el hotel, estoy bastante seguro de que Juleka podrá confirmarlo. ―Mientras decía esto, Adrien miró a su alrededor en busca de las mechas violetas de Juleka, pero no la encontró. No pasaba nada, era solo cuestión de tiempo que la mitad más tímida de los gemelos Couffaine llegase al colegio.
―Chat Noir también me hizo un resumen de lo que ocurrió en el Arco del Triunfo, y por lo que estuvo contando Chloe, sus versiones coinciden ―añadió Adrien, clavando la mirada en Lila, desafiándola a que se defendiera con una mentira que sería fácil de desarmar.
Lila apretó los puños con rabia, pero no se atrevió a llevarle la contraria.
Adrien estaba de parte de Chloe, Luka también lo estaría si lo llamaban, y con él Juleka y seguramente Rose. Alya había participado en la batalla aunque no pudiera decirlo, así que no apoyaría a Lila. Y si Adrien y Alya creían a Chloe, Nino y Marinette también lo harían.
Era cuestión de números. De alianzas. Y Lila no tenía ninguna.
Además, la intervención de Adrien la había tomado por sorpresa. No se había ni imaginado que estuviera involucrado. Tendría que decírselo a Hawk Moth…
Por su parte, Marinette observaba la escena pero su mente estaba lejos tanto de Chloe como de Markov. Estaba pensado que Chat Noir habia huido del Arco del Triunfo antes de poder tener una conversación seria con Ladybug, ¿y sin embargo había tenido tiempo de pasarse por la mansión Agreste? ¿Adrien, un civil a quien apenas conocía, había sido su prioridad por encima de su compañera? Marinette no sabía cómo sentirse al respecto.
En circunstancias normales Adrien hubiera zanjado el asunto en ese momento. Hubiera dejado que Lila se lamiera las heridas en paz, pero manteniendo su dignidad de una pieza. Sin embargo, estaba enfadado, se sentía tremendamente culpable por lo de Markov y sobre todo no podía permitir que quedara ningún rastro de duda sobre Chloe que pudiera volverse contra ella más tarde.
No podía dejar que le cargaran el muerto a Chloe por algo que él había hecho, así que, a sabiendas de que estaba a punto de entrar en terreno peligroso, añadió:
―Además, todo el mundo sabe que fuiste Volpina, Lila. No una, sino dos veces. Si hay alguien aquí que pueda estar trabajando con Hawk Moth voluntariamente, esa eres tú.
―¡Hawk Moth me akumatizó, no era consciente de lo que hacía! ―se defendió ella, casi a la desesperada.
―Así que admites que tú eras Ophidia. ―Sorprendentemente, no fue Adrien el que intervino, sino Alya, que acababa de sacar su móvil y se había puesto a grabar la respuesta de Lila.
Lila miró a la cámara con pánico, abrió la boca, pero solo salieron balbuceos.
Entonces Marinette dio un paso adelante
