Capítulo 8

1

Media noche, todo Pueblo Paleta estaba silenciosa y la residencia Ketchum no iba a ser una excepción. La casa permanecía a oscuras, todos dormían pues ya tenían un objetivo para la mañana siguiente, y debían estar descansados y concentrados, pues el tercero de los hermanos Ketchum los necesitaba. Pero, no todos tenían el mismo plan allí.

Gold había estado esperando la llegada de las 00:00 horas, pues es cuando todos dormían profundamente y no notarían cuando él se escabullera de la casa.

El chico era impaciente y no iba a esperar al amanecer o a que todos estuvieran preparados, él iba a ir, pues sentía que, entre más tiempo pasara, más se alejaría el Rey de Pokelantis, y más estaría perdiendo el rastro de su hermano.

No necesitó dormir, ni siquiera pudo hacerlo pues no dejó de pensar en su plan para irse, encontrarlo y enfrentarlo. Ya llevaba puesta su ropa, no había tiempo de cambiar a sus Pokémon por otros que tenía en el rancho del profesor Oak, como lo dijo Red, confiaba que sus habilidades serían suficientes.

El chico se acercó a la entrada principal, todo estaba oscuro pues no encendió ninguna luz, pero no la necesitaba ya que conocía muy bien su casa y podía orientarse en esa oscuridad. Así que fue donde se guardaba la llave de la puerta, la tomó y quitó el cerrojo, luego la dejó nuevamente en su lugar.

—Así tenga que obligarte a entrar a una pokeball, no dejaré que salgas por tu cuenta a buscarlo—

Gold ya no salió cuando escuchó esa voz. Era la inconfundible voz de su hermano mayor.

La sala de estar se iluminó con una tenue luz, y allí estaba Red, mirándolo con seriedad y molestia. Ya había supuesto que su hermano intentaría hacer esto e irse, pero, irónicamente, él parecía haber pensado en la misma idea que él.

Gold miró a Red, lo revisó bien, este también llevaba su ropa puesta, su cinturón con sus pokeballs y su mochila. Había planeado lo mismo que él. Ninguno de los se hablaron, solo sostuvieron las miradas, hasta que Gold fue quien rompió el silencio con una broma típica de él.

—Parece ser que Kimberly no te dejó dormir. ¿Ronca mucho? —

—Déjate de bromas— le reprochó Red— sabía que ibas a tratar irte, pero todavía esperaba que fueras más sensato—

Gold no se inmutó al notar el enfado del mayor, era algo que esperaba.

—¿Y esa es tu nuevo pijama? No me engañas, ni engañarías a nadie, nunca has sabido mentir. También querías ir a buscarlo tu solo—

Red no le respondió nada, trató de mostrarse impasible como siempre, pero debía admitir que se estremeció ante la afirmación de Gold—¿Es tan obvio? — sonrió tratando de bromear, pero estaba claro que no le era tan fácil como le resultaba a Gold.

Red también había pensado en irse durante la noche, y lo había ideado desde la tarde, pero ya suponía que Gold sería su único inconveniente, pues, por lo que se dice, lo que piensa un Ketchum, los piensan los demás Ketchum también. Pero las intenciones de Red eran diferentes a las de Gold.

—Quédate aquí, y deja que yo me encargue—continuó Red colocándose firme— es muy fuerte. Si vas o van los demás, pueden resultar heridos—

—Y como siempre, Red al rescate— dijo Gold con sarcasmo y enfado— ¡Sé que es muy fuerte! ¡Casi me rompe las costillas! ¿Lo recuerdas? —se señaló con el dedo pulgar— pero no me asusta. No eres el único con fuerza para enfrentarse a ese demonio enano. Esta es mi batalla también—

—¡Eres un necio! —Red comenzaba a fastidiarse.

—¿Y ahora te crees mi mama? —

Red se acercó hacia Gold. Su semblante no era el de siempre, alegre y apacible, parecía enfadados, pero no por la aptitud de su hermano para con él, sino a la situación, sabía que sería difícil convencer a Gold o a alguien más de quedarse e ir solo a buscar a Ash, pero tenía que hacerlo pues sentía temor. Temía que algo le llegara a pasar a Gold; o a Blue; o a Dawn; o a cualquiera, incluyendo a Ash. no quería que nadie sufriera ningún tipo de daño, así tuviera que hacer lo que fuera, hasta enfrentarlos con tal de mantenerlos alejados del peligro, así tuviera que ser el único que sufriera algún daño. Así era Red, siempre poniendo a los demás, seres queridos, conocidos o Pokémon antes que a él.

Por su parte, Gold no dejaba de mirar a su hermano mayor. Mirándolo como si estuviera retándolo, pero realmente se estaba preparando mientras él se iba acercando. Si tenía que tener un enfrentamiento contra él o contra alguien más no le importaba, lo que fuera que le llegara a pasar allí no se comparaba con el terror que Ash debía estar pasando.

—¿No puedes entender que te lo pido para que ni tu ni nadie salga herido? —continuó Red ya frente a él— Es demasiado peligroso—

—¿Y tú no puedes entender que no me importa? —contestó Gold— Esa cosa está en el cuerpo de Ash. ¡Nuestro hermano! Y mientras más tiempo perdamos aquí él rey se irá haciendo más fuerte y tendrá más control sobre él—

—lo sé. Yo también estoy preocupado por él. Pero no puedo permitir que tú o los demás salgan heridos—

—¿Eso es lo único que te preocupa? El enano debe estar atemorizado, el Rey puede hacer lo que sea con su cuerpo. ¿Y solo te importan los demás y no él? —

A Red le molestó lo dicho por Red. Nunca le había importado que Gold hiciera conclusiones tan rápidas y tan erróneas, pero en esta ocasión le fastidió pues ponía en duda su preocupación por su hermano menor.

—Yo no dije eso—

—¡Pero yo sí! Te estás preocupando tanto por los demás, que quieres ir tu solo a buscarlo sin saber si eres tan fuerte por ti solo, para vencer a esa cosa con la fuerza de Groudon—ahora sí, Gold lo estaba retando.

— También estoy preocupado por Ash—

—¡Si fuera así, dejarías que los demás fuéramos a rescatarlo! —

—¡Tu ni siquiera piensas en Ash! ¡Siempre has pensado en ti y solo en ti! —le reclamó Red enfadado y harto.

Gold se detuvo, y cayó.

—Esto ni siquiera se trata de Ash, si no de ti y tu orgullo. Estás enfadado porque nos venció y te arrojó lejos. ¿No es así? —

Gold continuó sin decir nada.

—Solo quieres ir para pelear con él y vengarte por humillarte en batalla. ¡Solo estás pensando en tu orgullo como siempre! —

Habían sido pocas las veces que perdía el control como esa, pero la presión lo estaba dominando. En momentos como estos, se requiere de una figura con la cabeza fría que diera confianza que el problema tendría solución, y, regularmente, era él esa figura, pero en esta ocasión, el problema podría llegar a sobrepasarlo pues estaba en juego la integridad de su hermano menor y eso le abrumaba, por primera vez, se sintió limitado en sus opciones.

Por su parte, Gold se estaba tranquilizando, incluso agachó la cabeza levemente, pero no fue por Red, sino por lo que le dijo, pues era verdad, de cierta forma estaba pensando solo en él, pero no porque el rey lo hubiese vencido en batalla, sino por los sucesos del pasado cuando eran niños.

Cuando todos vivían consternados por Ash, y por los intentos del rey para recuperar el control, Gold se frustraba, pues quería ayudarlo, pero no podía hacer mucho siendo un niño, y desconocía a lo que se estaba afrontando pues solo en la televisión había visto algo así. Pero le frustraba ver a su hermano tan temeroso y vulnerable, quería hacerle frente al rey, batallar contra él y vencerlo, así salvaría a su hermano y se convertiría en su héroe, pero en ese tiempo, solo podía esperar a que alguien más tuviera la solución.

Gold seguía sin decir nada, Red seguía esperando una respuesta pues, conociéndolo, un simple reclamo no bastaba para cambiar la opinión de su hermano.

—Iré solo yo. Él rey puede lastimarme a mí, pero no a ti; ni a Blue; Dawn; ni a mamá. Puedo resistirlo y puedo vencerlo. Traeré a Ash, solo confía en mi—

—Si tú vas, yo también iré—

Gold le volvió a responder, y antes que Red pretendiera decirle algo, el chico volvió a mirarlo a los ojos directamente, determinado, y continuó.

—Esta también es mi batalla. ¿Y sabes qué? Si soy un egoísta. ¿Esa cosa cree que puede burlarse de los Ketchum y librarse? Yo no se lo permitiré—el chico colocó su mano sobre el pomo de la puerta— así que iré, le patearé su malévolo trasero, y traeré de vuelta a nuestro Ash antes de la cena. Con o sin tu ayuda. ¡Pero el rey verá mi rostro antes de desaparecer para siempre—

Con eso, abrió la puerta… y allí estaba él.

2

El hecho de haber podido dormir, no quería decir que Dawn descansaba. La chica parecía intranquila mientras dormía, y las gesticulaciones de su rostro lo delataban, pareciera estar pasando por un mal sueño, uno en especial, como sintiendo que alguien o algo la acosara dentro del mundo onírico.

A su lado dormía su Pokémon Piplup, y el Pokémon de Ash, Pikachu, quien también parecía pasar por la misma situación que ella, pues se sentía extraño de no dormir junto a su entrenador. Pocas eran las veces que se separaban, pero nunca había sido por tanto tiempo, y al menos, había podido presentir que él estaría bien pues la sinergia entre ellos era tan fuerte que se entendían más allá de la barrera de las diferentes hablas entre humano y Pokémon. pero ahora, no presentía nada, como si esa conexión hubiese desaparecido o, por lo menos, la estuvieran debilitando.

La frágil paz que Dawn había podido obtener estando dormida, fue interrumpida cuando la ventana se abrió de pronto gracias al viento, y el estruendo fue tal que despertó a la chica, aunque, a decir verdad, cualquier cosa la hubiese despertado en el estado que se encontraba.

La chica se levantó y se dirigió a la ventana para cerrarla, pero al asomarse, allí lo vio.

Dawn se asombró y quedó quieta, el hecho de recién haberse levantado le hizo dudar de lo que veian sus ojos, hasta que estos se volvieron a acostumbrar a la poca luz y quedó claro que lo que veía era a Darkrai. Estaba frente a la casa, erguido, pero con la cabeza agachada.

Estaba claro, algo debió haber pasado para que el Pokémon volviera a la casa donde todo comenzó. La chica corrió fuera de la habitación, y Pikachu y Piplup la siguieron, ella pensó que podría tener una pista sobre su amigo.

Abajo, Red y Gold se quedaron inmóviles luego de abrir la puerta, pues estaban preparados para enfrentarse al Rey de Pokelantis, o a algún Pokémon que poseyera cuya fuerza fuese potenciada como con Gible, pero no creyeron que fuera tan pronto. Cuando abrieron la puerta, en medio de su acalorada discusión, allí estaba el Pokémon de la oscuridad frente a su casa. no sabían que planeaba, pues parecía estar observándolos, no parecía estar preparándose para atacar, solo estaba allí, erguido e inmóvil.

Dawn habia bajado, y antes que Red y Gold hicieran algo, ella salió de la casa con prisa, sin importarle que ellos estuvieran allí. Cuando ellos reaccionaron, ella estaba dirigiéndose hacia el Pokémon, y detrás de ella, Pikachu, quien iba más rápido que Piplup.

El campo estaba oscuro, la luz de la luna no ayudaba a ver con claridad las facciones del Pokémon que parecía ser más oscuro durante la noche. Pero, a pesar de no verlo bien, algo le inquietaba a Dawn pues Darkrai no se movía, no decía nada, y las pocas partes que tenia de colores diferentes al negro, se veían opacas. A pesar de la oscuridad, esas partes siempre eran distinguibles, pero esta vez no, y su ojo, esa enorme pupila azul brillante, lo mantenía cerrado.

—¡Dawn espera! —escuchó la voz de Red, pero Dawn no le hizo caso, solo siguió corriendo hacia Darkrai.

Cuando Dawn estuvo a un escaso metro de Darkrai, se detuvo, pues la sensación de inquietud la invadió cada vez más hasta sentir que ocupaba todo su cuerpo, quizá, se iba a convertir en temor si no controlaba la situación. Los primeros en llegar a su lado fueron Pikachu y Piplup, ambos se pusieron en alerta, preparados para atacar en cualquier momento, pero Pikachu se mostraba enojado, con algo de ira.

—Darkrai— fue lo primero que dijo ella. Tan bajo, casi como un susurro. Volvió a hablarle con más fuerza, pues pensó que lo mejor era mostrar coraje—¡Darkrai! ¿Puedes oírme? —

Aunque le gritó, siguió sin recibir respuesta, el Pokémon permanecía inmutable. Ella iba a volver a hablarle, cuando Red y Gold la alcanzaron y se colocaron a su lado.

—¡Explotaro! ¡Prepárate! —

Gold adoptó una posición amenazante, sacando a su Typhlosion y preparándolo para atacar a la primera tentativa, no pensaba con sensatez solo quería luchar contra los responsables que Ash desapareciera y Darkrai era uno de ellos. Muy por el contrario de Red, quien se preocupaba más por la seguridad de su hermano y la chica, parecía creer que podía evitar una batalla, pero, de no ser así, ya tenía en la mano lista la pokeball de su Hitmonchan, un Pokémon fuerte y de tipo lucha, ideal para un Pokémon siniestro.

—¡Comienza a hablar, cosa! ¿Dónde está el enano? — dijo Gold con euforia en su voz.

Al ver la molestia del chico de ojos dorados, Dawn quiso intervenir—¡Gold espera! —

—¡Aléjate Dawn! ¡Puede ser peligroso! — Red la interrumpió abruptamente.

Ambos hermanos no confiaban en que Darkrai estuviera allí, o quizá, debían estar desesperados. Para ellos, el pokemo representaba una amenaza, pero para Dawn no era así, al contrario, Darkrai le parecía raro, incluso más raro de lo que el Pokémon podría llegar a ser.

Aunque Red y Gold le gritaban y amenazaban a Darkrai, este seguía sin moverse, ignorándolos. Los chicos no parecían notar esto, pero Dawn sí. Quizá, Ash no fue el único daño colateral par parte del Rey de Pokelantis, quizá Darkrai también lo fue y no lo sabían.

—¡Se acabó! —Gold, desesperado por no recibir una respuesta decidió lanzar el primer ataque, esperando una reacción de Darkrai o infringirle daño— ¡Explotaro! ¡Explosión! —

El Typhlosion se puso sobre sus cuatro patas, y de su espalda brotaron llamas que alcanzaron gran altura, estaba dispuesta a atacar con bastante poder y con un gran estruendo, pero se detuvo cuando la chica de cabello azul se colocó justo delante suyo con los brazos extendidos, interviniendo entre él y Darkrai.

—¡Detente Gold! —

Tanto Gold como Red se sorprendieron por esta acción de Dawn, pero fue Gold quien reaccionó de manera abrupta.

—¿Qué estás haciendo? ¡Muévete! —

Dawn solo le miró con seriedad y se mantuvo firme—¡Tienes que detenerte! Algo no está bien— ella volteó a ver a Darkrai— él… no está bien—

Ahora que lo tenía más cerca, Dawn podía decir que Darkrai parecía sin atisbo de vida, como una negra carcasa vacía; los movimientos de su cabeza, que siempre parecían moverse como una columna de humo, se movía lentamente.

A pesar de estar inmóvil, y parecer ignorar a los chicos a su alrededor, Darkrai habló.

—Me venció…—

Tan seco y sepulcral, su voz se notaba más profunda que en esa tarde, e hizo eco.

Lo dicho por el Pokémon solo avivó la intriga y el misterio, al menos confirmaban que no había llegado con las intenciones de atacarlos, pero seguía sin darles alguna pista sobre el paradero de Ash, que era lo importante. Pero su voz inquietó a la chica, ya que parecía más escalofriante, como no lo hubiese escuchado antes.

Nuevamente, el Pokémon quedó inmóvil.

Dawn no sabía por qué el Pokémon quedaba en esa especie de estado catatónico y fue cuando decidió acercarse.

—¡Dawn, detente! —

Red se preocupó cuando la chica se dirigió hacia Darkrai, así que se acercó a ella, pero aun así no evitó que ella lo tocara al final.

Dawn posó su mano sobre Darkrai, y su mano traspasó al Pokémon. Ella se preocupó, pero no era miedo, no era temor de ser víctima de lo mismo que le ocurrió a Ash esa tarde, pues su mano no se hundió o fue absorbida por una temible energía oscura, sino que su preocupación era el Pokémon, porque no era tangible, sino que parecía gaseoso, como un fantasma, y Darkrai no era así.

—Dawn, aléjate— Red tomó del brazo a la chica, y la alejó de Darkrai. Su mano volvió a salir del cuerpo de este.

—Darkrai no está bien— le dijo Dawn al hermano mayor de su amigo— algo le pasó—

Dawn sabía que Darkrai no era malvado, trató de salvarlos en Pueblo Alamos y siempre se alejaba para no causar pesadillas, por eso, ella no podía creer que lo sucedido a Ash fue enteramente culpa suya, al contrario, estaba considerando que algo le había hecho el Rey de Pokelantis.

—Me venció…— volvió a decir Darkrai.

—¿Te refieres a Ash? ¿Sabes dónde está? —le preguntó Dawn sin recibir respuesta.

Red se habia mantenido al margen de la situación, a diferencia de los otros dos, analizando la situación pues, si bien no confiaba en él, así como su hermano, también estaba teniendo un raro presentimiento sobre Darkrai, así como Dawn.

—¿Qué te ocurrió? —volvió a preguntar la chica.

Red no bajaba la guardia, seguía en alerta y preparado al primer movimiento abrupto que viera por parte de Darkrai, pero, después de todo ese rato sin que este se moviera, comenzó a pensar que Dawn tenía razón y algo no estaba bien con el Pokémon. Si decía que lo habían vencido, entonces lo habían vencido ¿no? ¿Se habría encontrado con Ash? sea como sea, necesitaba las respuestas a esas preguntas, así que decidió darle a Darkrai el beneficio de la duda, él podría ser clave para encontrar a su hermano.

—Dices que te venció— comenzó a decirle sin soltar la pokeball de su Hitmonchan, al contrario, la colocó delante de él, mostrándola al Pokémon siniestro— ¿Fue él? ¿Fue el Rey? —

Sin respuesta.

No iban a lograr nada así. Darkrai no les iba a responder más allá de las escasas palabras que ya había dicho, más bien parecía que no reaccionaba. Si esto seguía así, no iban a tener nada que los ayudara a encontrar a Ash, a menos que lo hicieran reaccionar. Y fue allí que Dawn tuvo una idea, quizá podía hacer que Darkrai reaccionara pues ya había pasado en los Jardines de Godey.

—¡Tengo una idea! ¡Tengo que ir por mi mochila! ¡Tengo algo que podría ayudarnos! —

La chica dio media vuelta y se dispuso a irse de nuevo a la casa, pero al pasar al lado de Red, este le llamó y la detuvo.

—¡Espera Dawn! ¡Mira! —

Dawn cuando volvió a voltear, vio lo que Red le quiso decir. Allí, frente a todos, Darkrai comenzó a descender y su cuerpo traspasó el suelo nuevamente, iba a irse y a desaparecer. Esto iba a cambiarlo todo, ya no había tiempo de buscar una solución para que reaccionara, tenían poco tiempo pues, si se desvanecía allí mismo no sabían si volverían a verlo pronto, tenían que actuar rápido. Ante el pánico que empezó a hacerse notar entre los chicos, pues si se iba, se iría con él la oportunidad de encontrar a Ash.

—¡Darkrai no! ¡No te vayas! —

A pesar del grito de súplica de Dawn, el Pokémon se desvanecía frente a ellos. Todos ahora notaban más el estado del Pokémon, su opacidad y sus frases cortantes, daba la impresión de estar frente a un alma que vagaba por la tierra, y el temor se acrecentó cuando se dieron cuenta que eso pudo haber sido a causa del Rey de Pokelantis, pues, cuando sufrió su primer ataque, no se vio en tan deplorable estado como ahora, sin duda debió haber sido obra de aquel ser, y si pudo haberle hecho eso a tan poderoso Pokémon creador de pesadillas, ¿que no podría hacerle a Ash ahora que usurpaba su cuerpo?

—¿Él te hizo esto? ¿Fue el Rey de Pokelantis? — le gritó Red.

Algo pasó en Darkrai, a pesar de no haber interactuado, el Pokémon tuvo una ligera reacción cuando escuchó ese nombre, como si algún recuerdo se hubiese disparado dentro de su memoria, aunque, él sabía que eso no debía pasar, ya que ahora era únicamente esencia, una esencia que no podía permanecer allí.

—¡Debes ayudarnos a encontrarlo! —

Las acciones y recuerdos de Darkrai se habían estado desvaneciendo conforme pasaba el tiempo, pero era cierto que debía ayudarlos, había regresado allí para eso. Sus pensamientos ya no los tenía tan claros, y eso también incluida su memoria que se desvanecía cada vez más.

—¡Dinos donde te enfrentaste con Ash! —

Ash, ese era el nombre del chico que había ayudado a salvar ese pueblo que era su hogar, y que ahora se encontraba bajo la influencia de ese ser malicioso. Aunque su cuerpo ya estaba muy cerca de desaparecer en el suelo, Darkrai pronunció unas últimas palabras, de lo último que recordaba de aquella terrible batalla que había acabado con él.

—Bosque Verde—

Y Darkrai… se fue. Había desaparecido frente a ellos.

Los Pokémon se asombraron, Darkrai no los había atacado, solo se había ido. Ellos se tranquilizaron y bajaron la guardia, pero aun así se preguntaron qué había pasado realmente, y ellos no habían sido los únicos, sus entrenadores también lo hicieron. Realmente, ¿Darkrai había sido una amenaza?

El Boque Verde, fue lo que dijo Darkrai. Dawn lo recordaba de cuando llegó allí, pues el tren donde viajó lo rodeó para llegar a Ciudad Verde. Ash y Brock le explicaron que era el hogar de Pokémon salvajes y feroces, Pokémon muy territoriales que han tenido muy poco contacto con las personas. Sonaba a que atacarían a todo aquel intruso que los amenazara.

—Debe seguir allí. Demonio, espectro, espíritu del bosque o lo que sea, debe descansar. ¿No crees? — Gold encaró a su hermano, se veía más determinado que antes, pues ahora ya sabía dónde encontrar a Ash, o al menos donde iniciar su búsqueda. Eso aumentó su motivación para ir en ese momento tras el chico, aunque eso significase enfrentarse primero a Red, pero la respuesta fue diferente a la esperada.

Red asintió—tendremos que ir sobre Aero para llegar rápido y que no se nos escape—

El chico de ojos rojo no iba a discutir con Gold sobre esto, pues sabía que sería inútil tratar de convencerlo, y todo en lo que podía pensar era en irse de prisa a donde Ash podría estar. Una discusión sin sentido significaría perder el tiempo y en ese momento no podía permitirse eso. Iba a ir en busca de Ash, y si eso significaba que Gold también fuera, aun cuando él no lo quisiera, pues lo dejaría, pero en lo que pensaba, esa sería la única excepción.

Dawn escuchó la conversación y los planes del nuevo enfrentamiento de los dos Ketchum. Si iban a ir al bosque Verde, ella también iría, iba a ayudarlos, iba a ir a ayudar a Ash también.

—¡Yo también iré! ¡Iré con ustedes! — les dijo, pero la respuesta no era la que esperaba.

—¡No! —le dijeron al unísono.

Sin duda, fue abrupto, rápido e inesperado para la chica. Realmente, no esperaba una negativa por parte de los chicos, había imaginado que aceptarían aceptando su ayuda, o por lo menos, eso hubiera esperado de Ash.

Red y Gold le dieron razones a Dawn para que no fuera, eran cortas y firmes, casi como ordenes de quedarse a explicaciones. Dawn les refutaba, pero todos se detuvieron cuando otra voz les habló y les sorprendió detrás de ellos.

—Déjenla ir— era la voz femenina y de avanzada edad inconfundible de Kimberly.

Los chicos voltearon a ver detrás de ellos, allí estaba la tutora Pokémon, de pie frente al patio de la casa. con mirada seria, pero esta vez, un poco más comprensiva, quizá un poco afligida. Ella se acercó a los chicos, y los veía consternados, realmente la presencia de Darkrai les pudo haber causado extrañeza o alguna perturbación.

—Abuela ¿Cuánto tiempo llevas allí? —

—El tiempo suficiente como para haberlo escuchado todo— respondió la señora al muchacho mayor.

La señora se colocó frente a ellos. Los chicos dejaron de refutar y preguntar, sentían un profundo respeto por su tutora y por ende siempre dejaban que hablara primero, aunque siempre volvieran a las refutaciones.

—Deben ir. Los tres—

—abuela. Eso puede… — Red inició, pero fue interrumpido por la señora.

—Puede ser muy peligroso. Lo sé—

—Red y yo podemos encargarnos de él solos— le dijo Gold, casi encarándola como lo hacía por lo regular. Ella solo lo miró.

—También lo sé. Son fuertes. Pero esto es diferente—La señora los miró a ambos, podía sentir la impaciencia de ambos por irse de allí. Volteó a ver a Dawn sin haberles dicho nada a ellos—¿También estás preocupada por Ash? —

Dawn no esperaba esa pregunta, creía que era claro que, siendo su amiga, por supuesto que lo estaría y no solo eso, sino que estaba dispuesta a ir a buscarlo. Si Kimberly habia estado escuchando, debía saberlo. Ella le asintió.

—Entonces, debes de ir—

La señora volvió a mirar a los chicos, aunque sabía que podían refutar nuevamente, se apresuró en decirles.

—Son fuertes chicos. Y están orgullosos de eso, los tres. Y los tres han sido muy unidos desde siempre, por eso sienten que es únicamente su responsabilidad el tener que salvar a uno de ustedes, sienten que solo es un problema de los Ketchum, así como lo hicimos hace ocho años. Y quizá ese fue el problema. Esto no va a ser fácil, sobre todo si ese ser tiene el poder de la oscuridad del Pokémon Darkrai, esto podría ir mucho más allá de sus habilidades, necesitarán ayuda—

Kimberly dio una pausa, aunque no dejaba su seria mirada, su voz parecía desanimada, como si supiera que estaban destinados al fracaso. Los chicos notaron esto y le refutaron un poco, pero ella lo ignoró y volvió a mirar a Dawn, quien no parecía no inmutarse tanto cuando la miraba, como si quisiera que la tomara enserio.

—Esto amerita mucho más que la fuerza y las estrategias. Estamos hablando del corazón puro de Ash. Debe estar allí, oculto entre toda esa energía oscura del Rey, debilitándose. Solo está esperando a que un corazón igual pueda sincronizarse con el de él—

La chica no había tenido la oportunidad de tratar con Kimberly, pero la primera impresión que tuvo fue un tanto escalofriante para ella, ciertamente esperó que fuera dura con ella, así como lo era con los chicos, pero por el contrario, pareciera como si la señora tuviera confianza en ella.

Kimberly continuó—Tienes que ir con ellos. Tu corazón está en el lugar correcto. Estoy segura que mi muchacho espera que lo ayude—

La situación dio un cambio por completo para Dawn, quien vio toda la confianza que Kimberly estaba depositando sobre ella sin siquiera conocerla. Quizá la señora no necesitaba conocerla, quizá solo necesitaba saber que Ash confiaba ella. Ash tenía razón, era una noble mujer que tomaba sabias decisiones.

Red pareció resignarse, aunque seguía pensando que Dawn no debía ir, pensando más en lo peligroso que sería, no iba a seguir cuestionando a su tutora, quizá podría tener razón—Está bien. Iremos los tres— dijo

Dawn se sorprendió un poco y miró a Red, después de la negativa de ambos hermanos, las palabras de Kimberly los convencieron de aceptar su ayuda. Ella volvió a mirar a Kimberly quien le sonreía.

—Ve. Prepárate. Mi nieto te necesita—

Dawn le sonrió, y le agradeció—gracias, nana Kimberly— diciéndole de la misma manera que había oído a Ash decirle.

Con la aprobación de los chicos, Dawn corrió hacia la casa con Piplup y Pikachu detrás, este último podía quedarse con los hermanos de su entrenador, pero siempre prefería seguir a la chica.

La chica fue a su habitación por un cambio de ropa, por sus Pokémon y su mochila. Al tomar esta, la abrió y buscó una cosa en particular, aparte de sus objetos personales, no guardaba tantas cosas como Brock, un par de pociones y pokochos, pero quería cerciorar que aún tenía una cajita que guardaba dos cosas importantes de su viaje por Sinnoh: una pluma bicolor, amarillo y verde, era una pluma curveada con un par de adornos en la base; era el Ala Lunar que había comprado en pueblo Álamos, una pluma proveniente de Cresselia, el protector de los sueños y contrario a Darkrai. Y una hoja silbato que obtuvo gracias a Alice cuando estuvo en pueblo Álamos junto a sus amigos. Si la situación lo ameritaba, quizá estos objetos podrían ayudarlos, ya habían demostrado ser útiles y efectivos en emergencias donde se involucraba a un Darkrai, podrían ayudarlos en esta ocasión que se suscitaba algo similar.

Luego de cerciorarse que tenía todo listo, salió y volvió a donde los chicos. Al volver al patio, Red había sacado a su Aerodactyl, iban a volar él. Aero era el más rápido de los Pokémon voladores con que contaban, y precisaban llegar con prisa al bosque Verde, para que el Rey de Pokelantis no se les escapara.

Cuando los tres ya se habían subido al lomo del Pokémon prehistórico. Y este comenzó a elevarse, gritando como siempre lo hacía cuando emprendía el vuelo, se dirigía con rumbo al oscuro bosque Verde y lo chicos solo pensaban en como encontrarían a Ash y como se enfrentarían a él.

Kimberly solo vio como ellos se iban elevando y alejándose. A decir de ella, realmente no sabía que esperar, si iban a regresar a salvo o heridos, o si iban a encontrar a Ash pronto o les tocaría perseguirlo sin descanso, pero lo que sí sabía que eran lo suficientemente capaces para vencer al ser, los había entrenado por si ocurría un escenario similar, solo esperaba que eso fuera suficiente.

3

Algo debió haber pasado. Ash no podía saberlo pues no tenía contacto con el mundo, pero si podía sentir algo, en la oscuridad que lo rodeaba.

La oscuridad lo presionaba, se sentía atrapado y presionado, como si estuviera siendo aplastado. Esa misma oscuridad le estaba sofocando. Sentía como si esa oscuridad se hubiese vuelto voluminosa y hubiese aumentado de tamaño y eso empeoraba las cosas para él. Pero ¿cómo?

Quería alejarse, quería estar lejos de allí. Solo quería volver a ver las cosas y saber que ya no volvería a estar oscuro. Tenía miedo. Uno como nunca antes imaginó que tendría.