Capítulo 9

1

Aquel Pokémon de pelaje blanco y con un cuerno de media luna sobre la cabeza, había estado corriendo sin parar por la región de Kanto, su destino era Pueblo Paleta, su hogar, pues debía reencontrarse con su entrenador, aunque él sabía que ya era demasiado tarde pues el desastre ya había ocurrido.

Un Pokémon que había dejado su estado salvaje desde hacía un tiempo, pero que salía de su hogar para viajar a otros lugares, entre Kanto y Johto, sin que su entrenador interviniera pues este sabía que su propósito era evitar catástrofes en diferentes ubicaciones, pues el Pokémon siempre se anticipaba a estos desastres pues ese era su don, así era Absol.

Este Absol siempre volvía a Pueblo Paleta cuando terminaba su labor en una zona de desastre, allí descansaba junto con sus compañeros Pokémon en aquel terreno propiedad del profesor Oak. Pero en esta ocasión, tuvo que volver antes de lo esperado, pues tuvo un nuevo presentimiento, uno aun mayor y que involucraba a su entrenador.

El Pokémon que presagiaba catástrofes se unió a su entrenador por una amenaza en su región natal, Hoenn, y supo de las catástrofes que amenazarían a la región del norte donde estuvo después, y ahora, podía presentir que su entrenador volvía a estar en peligro y recién había vuelto a casa. Cuando lo sintió, quiso llegar cuanto antes con él para prevenirlo, pero por desgracia, ya había sido demasiado tarde, ahora solo esperaba llegar y poder ayudarlo, pues su esencia había desaparecido y debía recuperarla antes que se perdiera en la eternidad.

2

—¡Agáchense! — gritó Gold, quien dirigía a tu Typhlosion, y había visto una rama grande y cerca de sus cabezas a la cual se acercaban.

Red y Dawn, quienes iban también sobre el Pokémon de Gold, detrás de este, hicieron caso a la advertencia y agacharon la cabeza para evitar que la rama los golpeara. Red sintió que casi perdía la gorra, pero logró retenerla sobre su cabeza.

—¡Gold! ¡cuando veas un árbol con raíces de fuera, dirígete a la derecha! — Red conocía mejor el bosque Verde, había entrenado anteriormente allí y sabía que caminos tomar para llegar al corazón del bosque, que era a donde esperaban que estuviera el Rey de Pokelantis. Solo esperaba que estuviera en lo correcto pues, es bien sabido que el bosque sabía cómo jugar con la orientación de las personas que se adentraran a él, como si el mismo boque quisiera alejar de si a los intrusos.

—¿Ver algo con esta oscuridad? Claro— respondió Gold con el sarcasmo que lo caracterizaba.

Red, Gold y Dawn se habían adentrado al bosque Verde sobre la espalda de Explotaro, el Typhlosion de Gold. Habían bajado de Aero en la entrada del bosque, llegaron rápido pues era uno de los Pokémon voladores más rápidos conocidos y también de los más grandes, si se adentraban al bosque sobre él se arriesgaban a algún accidente, pues la oscuridad allí era absoluta.

—¡Explotaro cuidado! —gritó Gold.

Sobre sus cabezas, sobrevolaba un Froslass que pertenecía a Dawn, Pokémon tipo hielo/fantasma que ella capturó en el camino hacia ciudad Punta Nueva luego de un incidente que su grupo tuvo con este Pokémon. Froslass era su Pokémon más habilidoso si se trataba de ataques especiales. Estaba usando Destello, movimiento que permite iluminar lugares oscuros como cuevas o como el bosque Verde para este caso.

El pokemon hembra tenía la apariencia de una bella y coqueta dama con largos brazos, parecidos a las mangas de un kimono congelado. A simple vista, parecía carecer de boca. Sobre su cabeza había dos trozos de hielo rotos como si hubiesen sido tarros que le trozaron y en su cintura un listón rojo que terminaba en un moño en la espalda. Dawn le enseñó a Froslass a usar Destello, una técnica que obtuvo en ciudad Rocavelo como un regalo de la líder de gimnasio de la ciudad, Maylene luego de haberse hecho amigas, pero debía usarlo levemente, solo para ver una fracción del camino pues si usaba más intensidad podrían alertar al Rey de Pokelantis, y lo que más querían era sorprenderlo.

A pesar del movimiento destello, a Gold le era muy difícil ver en aquella oscuridad tan perpetua, debía estar en alerta, como en aquel momento. Lo que vio había sido arrojado, como si lo hubiesen aventado con fuerza y en dirección a ellos, un objeto grande, como del tamaño de un melón. Lo vio momentos antes que chocara con él, un poco más, y hubiesen perdido el control.

Dawn prestaba más atención a lo que tenían alrededor, lo que veía era gracias a Froslass pero su brillo solo permitía ver hacia adelante, era poco lo que se notaba hacía atrás y a los lados. Ella estaba de ultimo sobre Explotaro. La chica no sabía mucho del bosque Verde, cada región tenía sus propias leyendas sobre lugares como ese, pero este lugar le recordaba a un bosque en una región lejana donde vive su abuela, un bosque tan cerrado como este y que de niña le atemorizaba por lo oscuro y lúgubre que se veía. El bosque Verde tenía arboles grandes y frondosos, tanto que estos inhibían la entrada de luz, era abrumador el estar allí.

A su alrededor, había varias figuras de diferentes tamaños, arrojadas al suelo. No podía estar segura, pero Dawn tenía la sensación de que eran Pokémon ya que aquellas figuras parecían tener leves movimientos. Algunos parecían temblar, aunque eso podía indicar la llegada de la próxima tormenta que se avecinaba, pero realmente, todavía no había suficiente fresco ni la temperatura había descendido lo suficiente como para eso. No. Eso podía significar algo más escabroso que una tormenta.

Se escucharon los sonidos de aves, de muchas aves que estaban sobre ellos. Al voltear hacia arriba, había, no una, ni dos, varias parvadas de aves de diferentes especies. Decenas de aves que se oían furiosas se dirigían a la misma dirección que ello. Era raro, se suponía que todos los Pokémon estarían durmiendo para esas horas de la noche. Más ruidos, esta vez de frente a ellos, pero, lejos de ser gritos de Pokémon enojados, esto parecían más quejidos, quejidos de dolor y lamentos.

—¡Parece que la batalla es allá adelante! — señaló Gold.

—¡Deben ser los Pokémon! ¡Parecen estar luchando! —dijo Red.

En efecto, eran los ruidos de una batalla que se estaba efectuando más adelante, pero esa batalla parecía que los Pokémon la iban perdiendo y que iba a estar pronto a terminar.

—¡Estamos cada vez más cerca! —

Gold apresuró el paso de su Typhlosion, podía sentir como el viento que chocaba sobre su rostro se intensificaba, podía escuchar como los gritos y quejidos de los Pokémon se hacían más fuerte, y eso le desagradaba, parecían estar adoloridos, parecían estar sufriendo, iban aumentando, y de pronto… silencio, por completo.

Los gritos y gemidos cesaron, los Pokémon había cayado por completo. Los chicos no dijeron nada, permanecieron en el mismo silencio que dominaba en toda el área pues querían escuchar algo más, tenían esas esperanzas que volverían a escuchar algún sonido de algún Pokémon tratando de luchar o tratando de huir, lo que fuera, pero también, el temor les decía que, sino permanecían en silencio, estarían expuestos a que el ser que estaban buscando los sorprendiera a ellos primero.

Se centraban más en lo que podían ver y oír, lo hacían con tal concentración que incluso podían escuchar el latir de sus propios corazones, un latido fuerte que parecía que iría acelerando mientras más tiempo pasaban. No se dieron cuenta que Explotaro había disminuido su velocidad, y que seguiría haciéndolo paulatinamente.

Un golpe en seco se escuchó adelante y eso les hizo reaccionar. Y luego otro, y otro más. Varios objetos comenzaron a caer al frente y luego al lado de ellos, uno detrás del otro y el golpe era diferente, seguramente por diferentes tamaños que tuvieran estos objetos. Eran los Pokémon ave que habían pasado sobre ellos hacía poco, estaban siendo derribados por algún ataque que no vieron.

Las cosas habían cambiado, ellos sabían que el Rey estaba allí, más adelante. Habían estado preparados para la batalla que se llevaría a cabo, pero no habían considerado el tipo de artimañas que el Rey usaría para vencerlos, no habían considerado alguna especie de consecuencia más grave que unas heridas. Los Pokémon del bosque solo habían estado defendiendo su territorio, y el Rey de pokelantis debió haberlos lesionado, esos Pokémon debieron haber sufrido tanto como Darkrai. No cabía duda que el Rey pudo haberse hecho más poderoso, y si ellos no tenían cuidado, podría pasarles algo peor y más dañino que lo sucedido en la tarde.

Explotaro se sacudió y esto captó la atención de los chicos, y sobretodo de su entrenador. El Pokémon dio un quejido tras esto, con el impulso que llevaba dio un último salto y cayó con su vientre sobre la tierra y con los chicos sobre su lomo, el peso extra causó un mayor dolor sobre su cuerpo cuando cayó.

—¡Explotaro! —

Gold bajó de inmediato del Pokémon y se colocó frente a él, este se había desmayado. Lo que haya sido, lo que hizo que los gemidos de los Pokémon cesaran y que las aves cayeran, debió haber afectado también a Explotaro como para hacerlo caer.

—¡Explotaro que te ocurre! — Gold sonaba preocupado pues era la primera vez que su Pokémon hacía algo similar.

Las llamas de la espalda del Pokémon aun iluminaban a su alrededor, pero iban disminuyendo poco a poco, iba a llegar el punto que se apagarían. Red y Dawn se acercaron a revisar a Explotaro, no tenían conocimientos como Brock o Crystal como para saber que le había ocurrido y como sanarlo, pero quizá algo podrían hacer si por lo menos se enteraban que le pasaba.

Froslass se acercó a ellos, para poder iluminarlos mejor. Explotaro no estaba tranquilo, se retorcía en su sitio y agitaba sus patas como si quisiera seguir corriendo; se quejaba mientras apretaba la mandíbula para mantenerla cerrada, como si quisiera evitar gritar, Red jamás había visto algo parecido, el Pokémon parecía estar atemorizado por algo, parecía como si estuviera teniendo una pesadilla de la cual quería despertar.

Una pesadilla. Así como en pueblo Álamos, pensó para si Dawn, pues la reacción del Typhlosion parecía la misma que la de los Pokémon que habían sido atrapados por "Brecha Negra" de Darkrai. Quizá, los Pokémon de este bosque no solo habían sido vencidos, quizá también estaban siendo víctimas de extrañas pesadillas, y para contrarrestar las pesadillas provocadas por el Pokémon oscuridad existía el Ala Lunar.

Dawn buscó en su mochila la cajita donde guardaba el Ala Lunar y la hoja silbato, no sabía si el Ala ayudaría realmente, su poder era efectivo contra Darkrai, pero dicho Pokémon no se encontraba cerca, no sabía si resultaría realmente contra un poder desconocido que podría venir del Rey de Pokelantis, pero no perdía nada con intentarlo. Pero al abrir la bolsa, notó que un ligero brillo salía de esta. Al encontrar la cajita, vio que el brillo provenía de esta y salía de entre su abertura. El brillo se parecía mucho al que le pareció ver cuando la busco en la casa de los Ketchum, justo después que Darkrai se fuera.

—¿Qué es eso Dawn? — preguntó Red cuando la chica sacó la caja de su mochila, y al abrirla, dejó libre aquel brillo que iba incrementando en su fuerza. A pesar que la caja era suya, Dawn parecía estar muy sorprendida por lo que estaba viendo, como si fuera la primera vez que algo así estuviera pasando o no hubiese imaginado que eso pasaría. Sacó algo de allí, una pluma la cual era el origen de aquel resplandeciente brillo.

—Es un Ala Lunar. Una pluma del Pokémon legendario Cresselia— respondió Dawn con la pluma entre sus dedos, mirándola extrañada pues jamás había visto que eso pasara alguna vez—quizá, esto podría ayudar a Explotaro—

Los chicos no sabían qué haría aquella pluma que Dawn tenía, jamás habían visto un objeto similar pero también era cierto que nunca habían estado en una situación similar.

Dawn acercó la pluma a Explotaro. Gold por un momento pensó que el brillo se intensificaría y que su Typhlosión sería rodeado por un halo de luz brillante y casi celestial, pero no pasó. Explotaro se retorció, pero abrió sus ojos apenas sintió la pluma cerca de él, lo que sucedería a continuación no era la reacción que habían esperado.

Explotaro gritó con furia y de pronto se levantó sobre sus cuatro patas alejando a los dos chicos, Dawn casi perdía el equilibrio y caía, pero lo evitó. El Pokémon se veía aturdido, miraba a todos los lados sin detenerse y las llamas de su espalda se intensificaban, su mirada parecía la de quien está atemorizado pues sus ojos se notaban rojos, como si le estuvieran ardiendo y le dolieran.

—¿Esto tenía que ocurrir? —preguntó Gold a la chica que estaba tan sorprendida como él.

—¡Estaba segura que sería diferente! —respondió la chica. Realmente, ella esperaba una reacción más tranquila y casi fantástica.

Explotaro cerró los ojos con fuerza y comenzó a agitar la cabeza de lado a lado, se estaba alterando de poco a poco. Sus gritos se hacían más fuertes y pronto sonó de manera gutural, pues estaba abusando de los músculos de su garganta para gruñir y gritar como si lo estuvieran amenazando.

—¡Gold! ¡Debes guardarlo en su pokeball! — grito Red a su hermano. Se fijó que los movimientos de Explotaro se estaba haciendo más y más violentos y comenzó a preocuparse, si no escuchaba a su entrenador entonces podría perder el control como un Pokémon salvaje.

Gold no le importo lo que Red le dijo, en cambio siguió llamando a su Pokémon esperando una respuesta y una señal de mejora, pero Explotaro no le escuchaba, al contrario, parecía que se preparaba para atacar pues de su espalda volvían a salir las llamas incandescentes e irían incrementando su tamaño. Abrió su boca y una bola incandescente de fuego se formó rápidamente allí.

—¡Gold! —Red no alcanzo a llamar la atención de Gold y volver a exigirle que guardara a su Pokémon en su pokeball, pues Explotaro uso lanzallamas y el chico de gorra volteado estaba justo frente a él. Red actuó rápido y saco a su hermano fuera del alcance del ataque justo en el momento que las llamas salieron de las fauces del Typhlosion, y para su fortuna él también evito ser quemado pues estas llamas alcanzaron una significativa longitud.

Ya a salvo, Red volvió a gritarle a su hermano— ¡Gold! ¡Debes guardarlo en su pokeball!—

Las llamas iluminaron toda la zona donde se encontraban y Gold pudo ver el enfado de su hermano mayor por no haber escuchado sus órdenes cuando hubo tiempo para evitar un ataque así, o quizá estaba alterado por la extraña reacción de Explotaro y lo poco que él había actuado.

Gold no tenía explicación para lo que le pasaba a su Pokémon, de no haber sido por Red hubiese sido atacado pues su mente estaba consternada por tratar de saber que le estaba pasando a su Typhlosion. Su fiel Pokémon nunca antes lo había atacado sin razón, pero todo parecía indicar que si existía una razón la cual solo Explotaro sabía.

Cuando Gold no le respondió, Red entendió que él estaba más preocupado por su Pokémon que en el peligro en el que estuvo expuesto y que todos seguirían estandolo si no controlaban al Pokémon tipo fuego. Desde aquella tarde, cuando Ash desapareció, Gold había cambiado su arrogancia típica por una preocupación por todo y que le estaba impidiendo actuar

—olvídalo—

Red saco de su cinturón una pokeball y llamo a su Pokémon tipo agua/lucha, Poli, su Poliwrath, y la orden que el entrenador dio fue que detuviera a Explotaro con chorro de agua, y así lo hizo. El lanzallamas y el chorro de agua chocaron, ambos con la misma potencia y esa potencia iría en aumento por ambas partes. El plan de Red era someter al Typhlosion con ataques tipo agua, pero el Pokémon de su hermano era tan fuerte como el suyo y no cedería con facilidad.

Poli iba a continuar con su ataque hacia Explotaro, pero Gold tenía otra idea y aprovecharía que su Typhlosion estuviera distraído. Gold se levantó ágilmente y se dirigió hacia Explotaro y ante esto los otros dos chicos se sorprendieron pues no habían esperado esta reacción, ni siquiera Red., quien sabía que algo así era de esperar si se trataba de Gold.

Cuando Gold estuvo cerca del Pokémon, saltó sobre él y aplastó el cuerpo de su amigo con el suyo, deteniendo así el lanzallamas pues sus mandíbulas se cerraron cuando chocó con el suelo. Al sentirse atrapado, Explotaro se movía erráticamente queriendo safarse y liberarse. Las llamas de su espalda no se apagaban y Gold veía difícil el seguir sujetándolo pues tenía que evitar quemarse con ellas, pero el calor era intenso e iba a afectarle y pronto volvería a soltar al Typhlosion, si quería que su plan funcionara debía actuar rápido.

—¡Gold! ¡Tienes que soltarlo! — le gritó Red. La idea era seguir usando a Poliwrath pero si Gold seguía sujetándolo estaría en riesgo de peligro por la alta presión con la que se disparaba el chorro de agua.

Gold no le prestó atención a Red sino a Dawn, a quien le dijo—¡trae el ala! ¡Explotaro se despertó cuando te acercaste con el Ala Lunar! ¡Puede controlarlo si lo vuelves a intentar! —

Gold podría arriesgarse siempre en situaciones tensas, pero no siempre era de forma impulsiva, él era tan atento como Red y sus acciones tenían una justificación. Él se había fijado que está reacción tan esporádica de Explotaro se dio como consecuencia al Ala Lunar y solo cuando Dawn la acercó, si lo exponían más tiempo a ella probablemente recupere el control de si, pero para eso debían someterlo pero no quería que resultará herido o se debilitara pronto, así que decidió actuar él.

—¡Dawn! ¡Dame la pluma!

Dawn debía actuar pronto, pero no confiaba que Gold contuviera al Pokémon el tiempo suficiente, regularmente, cuando parecía sencillo era cuando más problemas le traería y, en ese momento, Explotaro se veía muy agresivo y el riesgo a ser empujada con fuerza, nuevamente, era demasiado, pero ella debía ayudarlo aunque fuese peligroso. Dudando aún, iba a acercarse a Gold lo más rápido posible para evitar peligro alguno, cuando Red pasó a su lado.

—¡Poli! ¡Que no vuelva a usar lanzallamas! — fue la orden del mayor de los hermanos Ketchum a su Pokémon.

Red sujetó las patas traseras de Explotaro y se puso sobre el Pokémon al igual que Gold, había entendido el plan de su hermano de exponer al Pokémon tipo fuego al ala lunar por más tiempo, pero necesitaría ayuda para mantenerlo quieto. Sería fácil pedirle a su Poliwrath que se encargara de sujetar a Explotaro pero creyó que Gold quería hacer esto con el menor daño posible para su Pokémon, si lo hacía él, su amigo saldría ileso. Red iba a ayudarlo gracias a esa unión que ellos siempre habían tenido frente a problemas como estos.

—¡Puedes hacerlo Dawn! ¡Nosotros lo sostendremos! —Le gritó Red a la chica esperando inspirarle confianza.

Dawn se asombró. Ambos chicos estaban arriesgándose a ser quemados o lesionados con tal de someter a Explotaro y ella se acercara con el Ala lunar. Aunque Red se notaba más fuerte que Gold, el Pokémon de casi cien kilos podría fácilmente safarse y embestirlos lejos y sobretodo estando tan furioso, pero a ellos no parecían importarles sino que estaban más preocupados por el Pokémon que por ellos, sin duda, Ash haría lo mismo si se tratara de alguno de sus Pokémon, y, sin duda, ella también estaría dispuesta a ayudarlo.

Dawn se acercó a los chicos con el brazo extendido para acercar más la pluma a Explotaro, y mientras se acercaba, esta comenzó a brillar con más intensidad como si tuviera voluntad para incrementar su poder para contrarrestar lo que fuera que afectara al Pokémon. El calor que emitía el Typhlosion era descomunal e iría aumentando cuando más se acercaba. Dawn podía notarlo, no solo en ella sino en los chicos que sudaban como si estuvieran bajo el sol a medio día. Por un momento creyó que la pluma se quemaría y todo saldría mal, pero no fue así.

Cuando el ala lunar estuvo frente al rostro de Explotaro, este abrió sus ojos de manera inmediata y después gruñó hacia el objeto, era un gruñido de rabia. Sus movimientos se hicieron más bruscos y las llamas de su espalda crecieron hasta casi llegar al metro de alto, finalmente el bosque tenía algo de iluminación gracias a ellas. Explotaro intentaba levantarse, y aunque el peso de los dos chicos se lo impedía, ellos no lo habían logrado inmovilizar por completo.

—¡No está funcionando! — gritó Red.

—¡Funcionará! ¡Lo hará! —Le respondió Gold quien sujetaba con fuerza el cuello de su Pokémon para evitar que este tratara de alejarse del ala lunar— ¡Si es necesario haré que se trague esa pluma! —

Los Pokémon estaban preparados para atacar, Piplup estaba dispuesto a usar el chorro de agua más potente que podría con tal de detener un nuevo lanzallamas del Typhlosion, sus intenciones eran buenas pero el pequeño Pokémon desconocía la diferencia de poder entre él y un Pokémon de múltiples victorias en batalla. Poli y Pikachu, viejos conocidos, mantenían sus posiciones alertas y preparados para atacar así como Piplup y Froslass, pero ellos esperaban no hacerlo pues tampoco querían lesionar a su compañero Pokémon en un estado confuso como el actual.

Aunque Explotaro hizo todo lo posible por safarse, y alejarse de la chica y de aquel objeto brillante, ella no se retiraba sino que parecía más determinada a acercar la pluma. Hasta que el Pokémon no pudo más, cerró los ojos con fuerza para evitar volver a abrirlos y gritó lo más que su garganta le permitió, y después, se desmayó.

La oscuridad volvió a cubrir todo alrededor de los chicos pues las llamas de Explotaro se apagaron y el Ala Lunar había dejado de Brillar. Explotaro había caído rendido finalmente y lo único en que todos pensaban era si había funcionado el plan de usar aquella pluma de Cresselia.

Gold no soltaba el cuello de su amigo aunque esté se hallara inconsciente, si volvía a levantarse, bien o mal, quería estar cerca suyo.

Explotaro se retorció y todos se preocuparon por esto, colocándose en alerta por cualquier reacción del Pokémon, pero para su fortuna, el Pokémon solo despertó.

Él Pokémon estaba más tranquilo y se notaba confundido. Trató de incorporarse nuevamente levantándose sobre sus cuatro patas, pero tuvo que estirar su cuerpo pues sintió un poco de dolor debido a los agarres de los chicos. Las llamas de su espalda ya tenían una intensidad moderada. Al ver la gorra de su entrenador en el suelo, la recogió con la boca y se la colocó a él en la cabeza.

—ya era hora que volvieras amigo— le dijo el chico al sentirse aliviado que su Pokémon recuperará la calma.

Todos sintieron el mismo tipo de alivio que Gold, tanto los chicos como los Pokémon, pero para Red, lo ocurrido era preocupante. Esto fue lo que había temido, una situación peligrosa que amenazara a los demás, pero fue peor de lo que él llegó a pensar. Haberse tenido que enfrentar contra uno de los Pokémon del equipo, y que su fuerza dependiese de su ira y temor, le daba una idea del tipo de poder que tenía el Rey de Pokelantis y de la amenaza que representaba. Sin el Ala Lunar de Dawn, no hubiese sabido cómo resolver algo así si eso le hubiese pasado a Salir, a Poli o a Aero.

— sé lo que dirás—

Red no había dicho nada y no había insinuado que lo iba a hacer. No solo necesitó recuperarse del forcejeo o del acaloramiento, sino que estuvo reflexionando de lo sucedido, pero dejó aquello cuando Gold le habló.

—vas a decir que esto era lo que querías evitar. Que me puse en peligro y Dawn también— continúo Gold mientras se levantaba. Pero su mirada de estar retando al chico mayor no desaparecía— ¡Anda dilo! Ya no importa, pues estamos aquí y ya no me iré—

Gold no estaba tan equivocado, no era la primera vez que él desafiaba a Red haciendo lo que no debía y Red se lo advertía. Sus roces por esto eran comunes y a veces terminaban como Red lo había temido, y, aunque en esta ocasión fue una situación similar, Red no planeaba darle una reprimenda a su hermano.

—bien. Porque no lo haré— respondió el chico de ojos rojos—esto iba a pasar aunque no hubiesen venido. No dudo que el rey tuviera algo que ver. De no ser por ustedes y el ala Lunar de Dawn, hubiese tenido que luchar contra todos mis Pokémon antes de enfrentarme al rey—

Gold no iba a admitirlo, pero no era la respuesta que esperaba, y realmente sentía un alivio al saber que no lo recriminaría el haber ido. Nunca fue ávido a reconocer sus errores, pero tampoco le gustará se los remarcaran. Sin duda, saber que Red fue quien se equivocó era algo que disfrutaba saber.

—si Blue hubiese venido, también estaría disfrutando oírte decir eso— bromeó Gold como siempre, pareciera que esa era una marca personal suya.

—Si… procura no contárselo— también bromeó Red.

Red y Gold rieron levemente, pareciera que ese chiste fue una buena forma de liberar tensión luego de un largo y fatídico día de malos acontecimientos. Aunque casi se habían enfrascado en un pleito, ambos trabajaron juntos para ayudar a Explotaro a recuperar el control, como un gran equipo, y seguirían trabajando así hasta rescatar a quien les hacía falta. Sin duda, algo que maravilló a Dawn pues era así como siempre se imaginó el tener a una hermana, alguien con quién contar siempre. Aunque todo pareciese estar mal y estar perdido, un hermano o hermana estaría dispuesta a ayudarle, así como Red y Gold estaban haciéndolo por Ash, y no le cabía duda que Ash haría lo mismo por alguno de ellos.

La tranquilidad que ellos sentían en ese momento fue circunstancial para que la preocupación abandonara a los tres chicos, por un momento ignoraron que estaban en lo profundo del bosque Verde y que varios Pokémon yacían inconscientes a su alrededor. Pero esa tranquilidad duro poco cuando Explotaro volvió a gruñir.

Por un momento, todos creyeron que él Pokémon volvería a descontrolarse, pero se dieron cuenta que gruñía al frente. Este Pokémon se colocó en posición de alerta, al igual que Froslass, quien se colocó frente a su entrenadora y extendió los brazos, preparada para atacar si acaso algo apareciera entre toda esa oscuridad.

Al frente, más profundo en el bosque, no se veía nada, y eso les inquietaba, pues parecía que Explotaro gruñía a alguien en particular dentro de la oscuridad. Pikachu y Piplup llamaron a Dawn, y ella al verlos notó que estaban ansiosos, como queriendo advertirles que habían llegado a su verdadero destino, pero a la vez preocupados, como si presintieran algo malo allí más adelante y no quisieran saber que se trataba.

Nadie dijo nada, pues sabían de qué se trataba. Más adelante debía estar el Rey de Pokelantis, y eso puso en alerta al Pokémon tipo fuego. El motivo de todo este desastre en el bosque Verde estaba muy cerca, en el medio del oscuro lugar.

Red volteó a ver a su Poliwrath y este le devolvió la mirada y asintió, ambos sabían que era el momento de enfrentarse al rey para recuperar a Ash, y que debían ir primero. El entrenador y su Pokémon se dirigieron hacia el frente, no les importaba si se llegarán a quedar en completa oscuridad, gracias a sus exuberantes entrenamientos allí mismo en el bosque, podían ver y luchar en la oscuridad. Pero aún así, no iban a estar oscuras tanto tiempo, Gold los siguió al lado de Explotaro, el Pokémon controló sus llamas para que solo iluminarán un pequeño diámetro en el cual se encontraban, y así no advertir de su presencia.

Dawn fue la última en seguir el ruido, lo que vería sería sin duda lo más difícil de asimilar pues no sabía en qué condiciones encontraría al Rey de pokelantis, o Ash. Froslass la volteó a ver y le dijo algo, como queriendo preguntarle que le ocurría y Dawn le miró de vuelta. Miró a su pokemon, y miró a los otros dos más pequeños, el suyo y el de Ash, y los comparó con Explotaro y Poli.

Red y Gold Eran hábiles entrenadores, por lo que le había dicho Ash, orgullosos e imbatibles, sus Pokémon tenían la fuerza y agilidad para enfrentarse a Pokémon de gran tamaño, fuerza y poder. Pikachu sin duda la protegería, Piplup también sin importarle su tamaño siempre estaría allí dispuesto a batallar hasta caer rendido. Pero, ¿Y si no era suficiente?

Froslass, le volvió a hablar, ella le había demostrado ser la más leal de todos sus Pokémon, sin importarle nunca su delicada complexión, el pokemon tipo hielo resistiría ataques de fuego solo para que estos no afectaran a la chica. Pikachu y Piplup también se acercaron a ella, estaba dudando y lo notaron. En lugar de pedirle que caminaran, parecieran que le estaban apoyando para no desalentarse, sabían que la chica podía dudar sobre el camino que tomaba, pero siempre demostró tener el coraje suficiente para intentarlo aun así y encontrar la forma de salir con una victoria.

Dawn a veces deseaba tener esa extraña habilidad que tenía Ash para comprender lo que los Pokémon decían, nunca supo cómo funcionaba en él, solo lo hacía. Pero no necesitó hacer lo mismo que él para entenderlos en esta ocasión. Estos tres Pokémon confiaban en ella, Pikachu podía estar confiando incluso más en ella que en los hermanos de su entrenador. La chica era importante para ellos y tenía que saberlo. Y Blue se lo había dicho antes, seguramente Ash también estaba confiando en ella, y no debía defraudarlo.

Dawn a veces detestaba que pudiera desanimarse con facilidad, pero agradecía siempre tener amigos que le ayudaran a encontrar nuevamente su valor y coraje, y en ese momento, los había recuperado gracias a sus Pokémon.

La chica prendió la pluma en su falda, si la llegara a necesitar no querría volver a sacarla de su mochila y perder tiempo, luego le ordenó a Froslass que detuviera el movimiento de destello, no quería llamar la atención, iban a valerse de la iluminación proporcionada por las llamas del Typhlosion de Gold. La chica y los Pokémon se apresuraron para alcanzar a los chicos antes de quedarse sin la luz de Explotaro, aunque para Froslass, la oscuridad no representaba un problema para ella ya que era del tipo fantasma, y podía moverse fácilmente por el bosque. La técnica le sería muy útil a ella en ese momento, pero mejor lo guardaría no advertirle al rey que estaban cerca, por lo menos hasta que lo tuvieran de frente y necesitaran más iluminación. Una vez que alcanzaron a Red y Gold, caminaron a la misma velocidad que ellos.

Cuando Froslass se separó del grupo y se alejó con rapidez un par de metros más adelante, Dawn creyó que había sentido la presencia de Ash, pues siempre sabía dónde encontrar al chico. Froslass ya tenía una historia con el entrenador, pues lo había capturado en una trampa de hielo y secuestrado para tenerlo a su lado en su guarida el día que la conocieron. Algo tenia Ash que agradaba al Pokémon hembra más que al resto de sus Pokémon. Pero cuando el Pokémon se detuvo en seco, los tres chicos se pusieron en alerta.

El equipo se preocupó por si Froslass estaba sufriendo lo mismo que Explotaro, pero esa idea se desmorono cuando Froslass levantó un brazo y volteó a verlos; les asintió y eso era una señal que ella estaba bien y que presentía que el Rey estaba cerca.

—Está aquí— dijo Red, tenía un don natural de líder, su hermano y Dawn lo estaba tomando como tal en su improvisado equipo— debemos tener más iluminación—

Dawn asintió ante la declaración del chico mayor—déjenmelo a mí— y entonces ordenó— Froslass, usa Destello—

El Pokémon tipo hielo cerró los ojos y extendió los brazos, y los cristales de hielo de su cabeza se iluminaron como bombillas brillantes. Pronto, una gran sección del bosque quedó iluminada como si de una habitación con luces se tratase. Ahora podían ver todo a su alrededor, y vieron lo más abrumador que jamás hubiesen imaginado.

Cinco… siete… no, ocho Pokémon de diferentes tamaños y especies, estaban flotando en el aire, muy lejos del suelo.

Un Beedrill que ya no podía batir las alas y parecía estar esforzándose para moverse; un Noctowl cuyas alas estaban cerradas alrededor de su cuerpo y parecían estar presionándolo; y un Victreebel que tenía la hoja de su cabeza tapando su boca, evitando así que el Pokémon profiriera el grito más fuerte y de miedo y dolor que jamás hubiese hecho antes. Eran solo los primeros Pokémon que los aterrorizados chicos vieron cuando Froslass trajo la iluminación al lugar.

Todos los Pokémon parecían estar sujetos gracias a una fuerza descomunal que los mantenía elevados, una fuerza que se relacionaba al aura azul y negra que los rodeaba y ejercía presión sobre sus cuerpos como si los apretara, los asfixiara y les estuviera lastimando. Así lo comprobaron cuando un Nidoking, el más grande y fuerte de los Pokémon allí presentes, se quejó y retorció su cabeza hacía atrás, fue el más impresionante pues era un Pokémon tan imponente y parecía que se había rendido de luchar por su liberación y ahora solo imploraba por ella, caso contrario al Venomoth que se encontraba al lado suyo tratando de esforzarse por salir pero era tan débil, a comparación de Nidoking, que lo más que podia lograr era retorcerse y parecia que entre más lo hacía, la presión sobre su cuerpo aumentaba.

Dawn y los chicos no sabían que decir o cómo reaccionar. Sus corazones latían con fuerza, impresionados de ver tanta crueldad sobre los Pokémon como nunca antes lo habían visto pues parecían que serían estrujados hasta que sus cuerpos no soportaran más presión y fueran cesados. Pero lo que más les perturbaba, o más bien, les dolía ver, era que, en medio de los Pokémon, y de quien provenía esa terrible aura azul y negra, era Ash, aquel chico que amaba a los Pokémon y que jamás le haría algún daño a ninguno.

Aunque sabían que era solo su cuerpo, y que el verdadero causante de esto era el Rey de Pokelantis, no pudieron evitar estremecerse cuando este volteó a verlos, pues había notado su presencia, y les sonreía, la sonrisa más grande que el chico jamás hubiese hecho pues parecía estar deformando su rostro solo para mostrar cuanto estaba disfrutando el torturar a aquellos Pokémon que solo quisieron proteger su hogar. Se veía, de alguna forma, más fuerte y prominente, y en sus ojos, habían desaparecido cualquier atisbo de aquel Ash Ketchum tan jovial y entusiasta que ellos conocieron.

Los chicos tenían miedo, por la descomunal maldad del Rey de Pokelantis, y tenían miedo que hubiese cumplido lo que les dijo, y que el verdadero Ash Ketchum hubiese desaparecido.