Cuando Ladybug le explicó a Viperion cómo había perdido los miraculous, Luka tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no estallar a carcajadas.

Ladybug había perdido los miraculous porque le había intentado entregar el miraculous del perro… ¿al portador del miraculous del gato?

Luka había pensado que ya había alcanzado su cupo de ironía después de descubrir que Adrien y Marinette llevaban dando vueltas alrededor del otro durante años debido a sus identidades secretas, pero ¿esto? Esto estaba a otro nivel.

Sin embargo, reírse cuando Ladybug parecía tan arrepentida le pareció poco apropiado, y además nadie entendería qué le hacía tanta gracia. (Bueno, puede que Chat Noir, pero prefería no arriesgarse.)

―Así que por eso es tan importante capturar a Felix ―remató Ladybug, sentada junto a Rena Furtive, Chat Noir y Viperion en una azotea de París.

Luka se tapó la boca con la mano, fingiendo un gesto pensativo, cuando en realidad estaba tratando de ocultar una sonrisilla. Asintió varias veces, hasta que las ganas de reír se le hubieron pasado, y entonces dirigió la mirada hacia el edificio que Ladybug le había señalado antes: el número 151 de la calle de Sant Honoré,

―¿Y creéis que Felix se esconde en ese edificio? ―preguntó Luka. Marinette asintió―. ¿Cómo lo habéis descubierto?

―A través de su primo, Adrien Agreste ―contestó Chat. Eso mismo le había dicho a Ladybug cuando le había preguntado, bien consciente de que ella no se atrevería a pedirle detalles a Adrien.

O por lo menos Chat rezaba para que Ladybug no apareciera de repente en su habitación para interrogarlo sobre cómo había conseguido la dirección de Felix.

Chat prefería que no se asociara ninguna de sus dos identidades con Markov.

Dios, se sentía como un criminal…

Pero tenía que alejar esas preocupaciones de su mente. Debía estar centrado, era una misión importante.

Era la tarde del lunes y por fin iban a emboscar a Felix.

La espera había terminado.


Ladybug dejó que Rena y Viperion se adelantaran y llevaran a cabo el primer reconocimiento de los alrededores del edificio. Ella, porque podía hacerse invisible; él, porque si había alguna trampa preparada en el exterior, se podía permitir caer en ella y luego retroceder en el tiempo. Pero la razón más importante que tuvo Ladybug para enviar a ambos por delante fue para quedar a solas con Chat Noir.

Chat Noir, que había perdido el control de sus poderes la tarde anterior. Que dos días antes había aparecido destrozado en la panadería porque "su padre no era quien creía que era". Y que ahora estaba plantado a su lado, con los brazos cruzados y los labios fruncidos de pura concentración, pero sin dar signo alguno de querer hablar sobre aquello que pesaba sobre ambos pero que ninguno se atrevía a sacar a colación.

Al final, Ladybug tomó aire. Por muy poco dispuesto que estuviera Chat Noir a hablar de ello, ya había interferido con su deber como héroe al haberle hecho perder el control de sus poderes. Y Ladybug pensaba que era su obligación como líder del equipo ofrecerle una mano amiga, por lo menos.

―¿Qué pasó en el Arco del Triunfo? ―preguntó.

De inmediato, notó cómo Chat Noir se tensaba como si una descarga eléctrica hubiera atravesado su cuerpo.

Su compañero apartó la mirada durante una fracción de segundo, pero un momento después, Ladybug vio cómo todos sus músculos adoptaban una postura relajada pero calculada, como si las cámaras estuvieran grabando y él quisiera mostrar la mejor versión de sí mismo.

Cuando Chat Noir por fin se giró hacia ella, la sonrisa más antinatural del mundo brillaba en su rostro. Ladybug contuvo una mueca; esa expresión resultaba tan artificial en Chat Noir que le revolvió el estómago.

―Plagg dijo que perdí el control porque desarrollé los nuevos poderes demasiado pronto. Pero no te preocupes, no volverá a pasar. ―No era del todo una mentira, pensó Adrien. Solo estaba ocultando parte de la verdad.

Sin embargo, la palabra que apareció en la mente de Marinette fue precisamente «mentira», en letras grandes y de neón.

Ladybug respiró hondo. No era el mejor momento para presionar a Chat Noir. Atrapar a Felix era demasiado importante y además Viperion y Rena Furtive estaban volviendo a ellos en ese mismo instante.

Nada más reunirse los cuatro, tanto Luka como Alya hicieron el gesto de "no hay moros en la costa".

Entonces Ladybug y Chat Noir se giraron el uno hacia el otro e intercambiaron una mirada muy significativa, larga e intensa.

¿Sería ese el día en el que conocerían la verdadera identidad de Hawk Moth?

Él se estremeció con miedo; ella con anticipación.

De lo que Ladybug no se dio cuenta fue de cómo Chat Noir comenzó a apretar los puños una vez ella dejó de prestarle atención.

Incluso Chat se sorprendió de la ira que estaba creciendo en su pecho. No era consciente de que le guardase tanto rencor a su primo.

En el fondo, Adrien sabía que Felix no era el responsable de los eventos de los últimos días. El monóculo, Markov… él solo había sido el mensajero.

Pero Dios sabe que Felix había cometido otros crímenes… Crímenes que ahora Adrien sabía que eran imperdonables. Traicionar a Ladybug, robar los miraculous y, lo que era aún peor, entregárselos a Hawk Moth, condenando así a una ciudad entera.

Felix podía no ser el principal culpable de las desgracias que París había estado sufriendo, pero tampoco era inocente.

Así que, si Adrien no podía descargar su ira contra el verdadero responsable —Hawk Moth, su padre… quien fuese—, Felix no era un mal substituto.

Adrien tenía mucha ira acumulada. Ira cimentada en miedo, lo sabía, pero ira de todas formas. Y apenas había tenido oportunidades para liberarla.

Estaba enfadado.

Muy enfadado.

Y no pensaba contenerse.


Primero comenzó a distinguirse el contorno de una figura humanoide. Después, alrededor de su cuerpo la piel comenzó a tomar color, y de inmediato comenzó a ser envuelta por un traje negro y elegante. Lo último que apareció fue el cabello, una hermosa trenza rubia que le caía por encima del hombro como una cascada de oro.

Cuando acabó, Felix se había quedado sin fuerzas, pero había merecido la pena.

Delante de él se erguía el amok más perfecto que había creado jamás. Una copia bellísima, precisa al detalle, de su madre, Amelie Graham de Vanily.

Una de ellas estaba lista. Faltaba la otra.

Así que Felix dio un paso a un lado, sintiendo que el poder que le quedaba dentro no eran más que los restos del que había tenido al comenzar la creación del primer amok.

Pero aun así, lo intentó.

Extendió su mano hacia delante, cerró los ojos y se concentró.

Se concentró por segunda vez en su madre.

Qué tonto había sido Gabriel al elegir alimentarse de energía negativa, creía Felix. La energía negativa era fácil de obtener y expropiar, pero duraba poco y no siempre podía ser domada. En cambio, la energía positiva que Felix estaba usando para crear su amok ―el amor por su madre―, era duradera y mucho más estable, aunque menos destructiva.

Sin embargo, ni la energía negativa ni la positiva serían suficientes como para defenderse de Ladybug y Chat Noir, y era por eso que Felix estaba tratando de compensarlo llegando a la Segunda Evolución lo antes posible. Es decir, crear un segundo amok.

Felix se concentró en esa sensación ―el amor por su madre― para poder crear otra copia de ella. Había más personas en cuya relación poder basar un sentimonstruo: su tía, su primo… Pero crear una copia de su tía hubiera resultado demasiado doloroso y Felix ya tenía bastante con un gemelo suyo andando por ahí, no quería otro.

Y sobre su padre, Colt Fathom… no tenía muy claro que pudiese controlar ese amok.

Así que exprimió el amor que le profesaba a su madre todo lo que pudo, esperando que fuese suficiente como para alimentar dos clones.

Estiró y estiró su amor, su cariño. Su madre era la persona que más amaba en el mundo, entonces ¡¿por qué no era suficiente?!

Se imaginó su cabello rubio, sus enormes ojos verdes… nada. No lograba reunir suficiente poder en la pluma y la pequeña canica que apretaba en su puño como para que un amok comenzara a formarse.

Se concentró entonces en su amor por ella, en vez de un características físicas. Abrazó su deseo desesperado de protegerla, de salvarla. De devolverle el favor, porque ella le había salvado la vida a él, cediendo su energía vital para mantenerlo vivo.

Nada…

…un momento…

…sí había algo…

…una chispa, una semilla.

Felix no tenía muy claro de dónde venía, pero era poder de todas formas, así que lo acogió.

En vez de proyectar la imagen de su madre en su mente, Felix se concentró en la sensación. Amor. Amor ciego.

Dejó de ver a Amelie en su cabeza para ser envuelto por una completa oscuridad, pero una oscuridad más cálida de la que había experimentado nunca.

No pasó mucho rato hasta que Felix notó cómo la sensación en su pecho mutaba en algo diferente, algo más intenso, como si se hubiera quedado sin energía pero lo hubieran vuelto a enchufar a la corriente. Así que no se resistió al cambio.

El sentimonstruo comenzó a cobrar forma, pero Felix no abrió los ojos por miedo a perder la sensación.

Continuó volcando su amor en su creación hasta que sintió que estaba casi acabado.

Entonces abrió los ojos esperando ver a su madre, pero…

Dos largas coletas negras.

Una sonrisa traviesa y tan molesta.

Pantalones cortos en invierno.

El corazón le dio un vuelco.

Esa no era su madre.

Era Bridgette.

Felix perdió la concentración tan rápidamente que la figura descolorida de Bridgette se deshizo como una estatua de cera en un microondas, fundiéndose de golpe en un charco viscoso que se formó a los pies de Felix y que, un segundo después, se fue reduciendo hasta convertirse en una gotita, que pronto desapareció.

Felix se quedó helado.

¿Qué acababa de pasar?

Acababa de crear un sentimonstruo de Bridgette sin querer, y estaba casi seguro de que la emoción que había usado para hacerlo era… ¿amor?

―¡No seas tonto, Felix! ―se gritó a sí mismo porque, total, estaba solo y nadie podía mirarlo raro.

Felix estaba convencido de que no quería a Bridgette, mucho menos amarla.

De solo pensarlo… ¡puaj!

Bri no era más que un parásito. Era ruidosa, poco inteligente y extremadamente pesada. Si podía considerarla más que una conocida era porque se había pegado a él durante la mayor parte de sus años de instituto, y había llegado un momento en el que dejarla seguirlo a todas partes en vez de tratar de huir de ella había resultado menos fastidioso.

Definitivamente no la… quería.

O eso se repetía siempre. Desde hacía años.

Antes de que esos pensamientos lo confundieran aún más, deshizo la transformación y dejó que Duusu se abalanzara sobre el plato de almendras que descansaba sobre el escritorio del estudio. (Regla número uno de ser un fugitivo buscado por los superhéroes más poderosos de París: mantener a tu kwami bien alimentado.)

Acto seguido, Felix se giró hasta el amok que acababa de crear.

Era una copia perfecta de Amelie Graham de Vanily, tan perfecta en sus imperfecciones que hubiera engañado hasta el ojo más crítico. Casi sin darse cuenta, Felix dio un paso hacia ella y le acarició la mejilla.

La echaba tanto de menos y le resultaba tan desagradable engañarla… Aún le mandaba diariamente fotos alteradas con Photoshop para que pensara que su hijo estaba viajando alrededor del mundo en vez de estar tramando un plan para decodificar el diario de Emilie y poder romper la maldición.

El único problema era que Felix no había avanzado ni un solo paso desde que había robado los miraculous.

Estaba comenzando a perder la paciencia.

Frustrado, chasqueó los dedos y el amok de Amelie desapareció, dejando a Felix con dos plumas blancas y dos canicas normales y corrientes en las manos. (Regla número dos de ser un fugitivo buscado por los superhéroes más poderosos de París: tener siempre a mano un objeto amokatizable.)

Porque ella siempre era de lo más oportuna, el móvil de Felix comenzó a sonar sobre el escritorio, tan de repente que asustó a Duusu, que se estaba dando un festín.

Solo había dos mujeres que pudieran estar llamándolo ―no se planteó que fuese Adrien, él ya había desistido―, y Felix rezó para que fuera su madre.

No era su madre, así que Felix se limitó a presionar el botón de "rechazar llamada" y a otra cosa mariposa.

Nope. No iba a pensar en Bridgette en lo que quedaba de tarde, mucho menos hablar con ella.

Y entonces sintió la punzada de la ira.

Se giró hacia Duusu como impulsado como un resorte y descubrió que su kwami también lo miraba sorprendido.

―¿Esto es…?

―No es mi miraculous ―contestó el kwami.

Felix arrugó el entrecejo preocupado.

Una ira ardiente se estaba acercando y Felix no sabía a quién pertenecía.


Ladybug, Chat Noir, Rena Furtive y Viperion se infiltraron en el edificio bajo el manto de invisibilidad que Rena echó sobre ellos. Lanzar una ilusión que imitara sus alrededores, ocultándolos así de miradas indiscretas, era complicado y requería mucha concentración, pero Alya había estado practicando toda la mañana.

El mayor problema era que no sabían en qué piso se escondía Felix, así que tenían que inspeccionarlos uno a uno hasta encontrarlo, teniendo mucho cuidado de no alertarlo antes de que llegasen a él, para que no pudiera escapar.

Así que lo primero que hizo Chat Noir fue activar sus sentidos aumentados y agudizar el oído. Descartó de esa forma el primer piso y el tercero, en los que vivían ruidosas familias con niños. El segundo, cuarto y quinto, sin embargo, estaban sumidos en el silencio.

Luka también trató de cerrar los ojos y captar alguna melodía malvada, pero si Felix de verdad estaba en el edificio, su melodía no era especial.

Lo que sí captó fue la furia de Adrien, por mucho que él intentara ocultarla. No era solo furia, se dio cuenta Viperion después de un rato; había miedo entrelazada en ella.

¿Miedo de qué?, se preguntó Luka. Aunque dado que estaban tratando de capturar a su propio primo, que había resultado ser un traidor, las posibilidades eran infinitas.

Aun así, esa ira le preocupó. Entendía que Adrien quisiera una explicación por lo que había hecho Felix y Luka no podía ni imaginarse lo que sería averiguar que un miembro de tu familia hubiera condenado a París voluntariamente, pero… solo esperaba que Chat no lo llevase demasiado lejos.

Con esos pensamientos, descubrieron que en el segundo piso vivía un viudo que dormía como un muerto y se marcharon sin despertarlo.

Cerraron la puerta con cuidado —el poder de Ladybug repararía la cerradura rota más tarde— y se dirigieron al tercero.


Felix corrió hacia el Tomo II y pasó las páginas frenéticamente hasta llegar al capítulo que trataba sobre el miraculous del pavo real. Le echó un vistazo rápido para comprobar que no hubiera pasado nada importante por alto, pero no había nada allí que pudiera explicar la misteriosa sensación que se abría paso hasta su mente en aquel momento.

Una ira creciente aunque ajena estaba taladrándole el cerebro y poniéndole los pelos de punta.

Felix podría haberla combatido como aquella primera ola de horror que sufrió el viernes, pero no era la clase de persona que dejaba un misterio como aquel sin resolver, así que, al darse cuenta de que ni el libro ni Duusu eran capaces de darle respuestas, decidió sentarse en el sillón del escritorio, reclinarse hacia atrás y cerrar los ojos.

Extendió su consciencia hacia el vacío, buscando a tientas el origen de esa ira. Al cabo de un rato, comenzó a sentir un cosquilleo.


El Equipo Miraculous (o lo que quedaba de él) estaba subiendo la escalera que daba al cuarto piso cuando Chat Noir, a la cabeza de la comitiva, se detuvo de golpe.

—¿Chat? —lo llamó Ladybug, y al ver que no respondía, lo sacudió un poco.

Nada.

Durante una fracción de segundo Marinette se preparó para lo peor. Se temió que Chat estuviera a punto de perder el control de nuevo y que…

Sin embargo, antes de que pudiera acabar ese pensamiento, la cabeza de Chat se disparó hacia arriba con los ojos muy abiertos y dijo:

—Está aquí.

—¿Felix?

—Está aquí. En el quinto piso.

—¿Cómo lo…?

Pero antes de que Ladybug pudiese acabar la pregunta, Chat echó a subir las escaleras corriendo, dejando atrás el cuarto piso y dirigiéndose hacia el quinto como un cohete.

Sorprendentemente, el primero que decidió seguirlo fue Viperion. (Luka no creía en esos disparates del "sexto sentido" que compartían los gemelos, pero había vivido suficientes imposibles como para tener una mente abierta.)

Ladybug y Rena, en cambio, intercambiaron miradas dubitativas, pero al final no tuvieron más remedio que echar a correr detrás de los chicos.


Felix se incorporó en el sillón tan de golpe que estuvo a punto de caerse hacia delante.

La otra mente, la que le estaba enviando esas sensaciones, le había… ¿mordido?

Había contraatacado, aunque Felix tenía la corazonada de que había sido más bien una respuesta instintiva a la presencia de Felix que un ataque consciente. Ninguno de los dos comprendía qué pasaba, así que su rifirrafe se parecía más a una riña infantil, si es que se podía llamar riña.

Fuese como fuese, Felix tenía una cosa clara: quien quiera que estuviera al otro lado del vínculo, se estaba acercando.

Era hora de huir de ahí por patas.

—Duusu, ¡esparce mis plumas! —gritó Felix, privando a su kwami de su pequeño festín de almendras. Esperaba que Duusu se hubiera alimentado lo suficiente.

Su primer objetivo fue la caja fuerte en el estudio, que estaba oculta detrás de una fila de libros falsos. Retiró los libros y se apresuró a introducir el código. Cuando acabó, la caja se abrió con un simple clac y Felix sacó el diario de Emilie, cuidadosamente envuelto en una bolsa de plástico para preservarlo en condiciones. Era lo más valioso que había en el piso.

Acto seguido guardó su móvil y otros objetos personales dentro de una bolsa de deporte que había preparado precisamente para ese tipo de situaciones, aunque nunca se había esperado que lo que lo forzaría a huir sería una presencia mágica en el fondo de su mente.

Para concentrarse en su huida, sin embargo, Felix estaba bloqueando esa ira ardiente, así que no reparó en la proximidad de Chat Noir hasta que fue tarde.

Felix volvió corriendo al estudio, dispuesto a recoger su última pertenencia: el enorme Tomo II de los Miraculous. Se acercó al escritorio donde el libro descansaba, alargó el brazo, y cuando estaba a punto de rozar el Tomo II…

¡BAM!

…el bastón de Chat Noir atravesó la madera como una lanza, partiendo el escritorio el dos y a punto de arrancarle la mano a Felix.

El chico se giró como un resorte, para descubrir que bajo el umbral de la puerta se encontrada una figura negra, esbelta aunque poderosa.

Felix no tuvo que usar los poderes del pavo real para saber que la ira era suya.

—Te dije que te encontraríamos —gruñó Chat Noir, apretando los dientes.


¡Hola!

Gracias por leer

Quiero publicar el segundo capítulo de Hijo de Hawk Moth esta semana, y además el siguiente capítulo de Última Jugada está siendo difícil de escribir.

Así que Última Jugada se actualizará el próximo LUNES.

(No sé si os habéis dado cuenta, pero he estado actualizando los lunes desde hace varias semanas. Voy a seguir haciéndolo, y en cuanto pille ritmo actualizaré también los viernes.)