Felix nunca se había considerado una persona cobarde.

Su padre lo había criado para tener la cabeza fría, para no dejar que las emociones le nublasen el juicio.

Pero cuando el bastón de Chat Noir partió el escritorio del estudio en dos y estuvo a punto de arrancarle la mano, un solo pensamiento invadió la cabeza de Felix: huye.

Así que eso hizo.

Ya había recogido sus pertenencias más importantes en una bolsa de deporte, incluido el diario de Emilie, que era lo único que no podía dejar atrás bajo ninguna circunstancia. El Tomo II había quedado enterrado bajo las astillas del escritorio, y Felix fue vagamente consciente de que no era una buena idea entregarles una fuente de información tan valiosa a sus enemigos, pero Chat Noir no le dio otra opción.

Felix no pensaba tentar a la suerte tratando de recuperar el Tomo II.

La ira que estaba percibiendo de Chat Noir… no se iba a arriesgar.

Así que hizo lo que cualquier persona cuerda haría: saltó por encima del escritorio hecho trizas y se lanzó por la ventana. Por suerte estaba vistiendo el traje del pavo real, lo que le otorgaba una rapidez y una agilidad sobrehumanas que le permitieron agarrarse al marco de la ventana e impulsarse hacia arriba hasta el tejado.

En cuanto tuvo vía libre, Felix esprintó sobre los edificios de París sin mirar atrás. No comprobó que Chat Noir lo estuviese persiguiendo. Sabía que lo estaba haciendo.

Solo esperaba que los segundos que probablemente hubiera perdido recogiendo su bastón fueran suficientes como para poner distancia entre ellos.

Supo que sus esperanzas no se habían cumplido cuando un rugido bestial cruzó el cielo y le puso los pelos de punta:

—¡FELIX!


«Es rápido», pensó Viperion mientras subía las escaleras hasta el quinto piso.

Había perdido a Chat de vista en el descansillo del cuarto, y ahora hacía lo que podía para alcanzarlo, pero la velocidad de un gato no era comparable a la de una serpiente.

Cuando Viperion por fin llegó al quinto piso, descubrió que la puerta de la entrada había sido arrancada de sus goznes, y también la que había al fondo del pasillo, que daba a lo que parecía un estudio. El escritorio estaba destrozado y en la ventana había marcas de garras, como si Chat Noir hubiera estado demasiado enfurecido como para controlar su fuerza.

Un escalofrío recorrió a Luka.

—Esto no me gusta —dijo Ladybug, entrando en el estudio un par de pasos por detrás y fijándose en lo mismo que él.

Su preocupación era evidente, pero además Viperion pudo escuchar la canción siniestra que sonaba en su cabeza: Marinette tenía miedo. No de Felix, sino de Chat.

Aquello solo hizo que Viperion se estremeciera otra vez.

Sass le había advertido que las emociones de Adrien estaban descontroladas, pero Viperion no se había percatado de cuánto hasta entonces. Sin embargo, las marcas de garras en la ventana, el escritorio hecho añicos, la forma en la que había salido corriendo sin esperar a sus compañeros… Viperion comenzaba a entender qué había preocupado tanto a su kwami.

—Tenemos que encontrarlo —ordenó Ladybug. Se le escapó un ligero temblor en la voz, casi imperceptible excepto para el oído experto de Luka.

—Encontrarlos —la corrigió Rena, frunciendo el ceño.

Ladybug se limitó a asentir sin mirarla. Puso rumbo a la ventana y, siguiendo las marcas de garras, subió hasta el tejado.

Medio minuto después, Viperion y Rena se encontraban a su lado, los tres escrutando sus alrededores, pero no había ni rastro Chat Noir.

Rena trató de escanear las azoteas con su flauta/telescopio, pero nada. Por si fuera poco, las chimeneas de París, los tejados escalonados y los edificios de diferentes alturas lo hacía aún más difícil.

—¿Cómo han tenido tiempo de alejarse tanto? —se quejó.

Viperion tampoco lo entendía. No había perdido de vista a Chat Noir hacía más de cinco minutos.

Puede que no estuvieran en los tejados. Que hubieran bajado la pelea a la calle. O que hubieran irrumpido en algún apartamento.

Demasiadas posibilidades.

—Puedo intentar localizar su melodía —propuso—, pero no sé si funcionará.

Sin esperar respuesta, Viperion cerró los ojos. Por eso no se dio cuenta de las miradas extrañadas que le dirigieron Ladybug y Rena, acostumbradas, sin embargo, a sus metáforas musicales.

Pero Luka no estaba utilizando ninguna metáfora.

Nunca lo había hecho.

Luka afinó el oído. De inmediato, el ruido de la ciudad lo envolvió: coches, semáforos, voces de niños y familias, de televisores, de radios... Era una sinfonía urbana que a Luka siempre le había parecido abrumadora.

Sin embargo, no era el momento de dejarse llevar por esa marea de ecos. En cambio, trató de concentrarse en la melodía de Chat. Puede que no conociera bien a Adrien, pero estaba comenzando a comprender cómo funcionaba su mente, y la ira que Luka había escuchado antes era inequívoca.

Era como una banda de instrumentos de viento desafinados, tocando a todo pulmón pero sin partitura.

Era ruido, no música.

Era puro caos.

Por suerte eso lo hizo más fácil de encontrar. Cuando Luka por fin captó tal insulto al arte, abrió los ojos con una sonrisa triunfal.

—Por aquí —dijo Viperion, y echó a correr.

Ladybug ni siquiera lo cuestionó; estaba desesperada y no tenía un plan mejor.

A Rena le pareció que tanto Chat como Viperion habían perdido un tornillo, pero como Marinette se puso a seguir a Luka, Alya no tuvo más remedio que hacerlo también.


Estaba tan cerca, tan cerca.

Podía ver el sudor que empapaba la nuca de Felix. Estaba prácticamente a media azotea de distancia.

Chat se había demorado un poco al arrancar su bastón del escritorio y luego, durante un instante, había temido haber perdido a su primo cuando este salió por la ventana y subió al tejado, pero entonces había divisado el traje azul de Felix y desde ese momento no le había quitado el ojo de encima.

Felix estaba delante de él, tan cerca, tan cerca. Solo era cuestión de tiempo que Chat lo alcanzase.

Casi podía saborear la victoria.

Chat era más rápido. Se dio cuenta apenas comenzó a perseguirlo, saltando de chimenea en chimenea con su bastón. Felix, en cambio, parecía planear cada vez que saltaba, como si la gravedad no le afectara de la misma forma.

Pero sus poderes no lo salvarían.

Nada lo haría.

Por fin, Chat se vio lo suficientemente cerca como para atraparlo, así que se abalanzó sobre él sin previo aviso, desde atrás, y pudo notar cómo los músculos de su primo enrigidecían por la sorpresa mientras ambos caían hacia delante.

Qué delicia. Chat podía oler su miedo, escuchar su respiración irregular, y era una sensación maravillosa. Jamás hubiera pensado que capturar a su presa sentaría tan bien; su corazón latía a cien por hora debido a la adrenalina.

Clavó sus garras en los hombros de Felix, profundamente, con fuerza. De no haber tenido Felix el traje del pavo real, probablemente le hubieran atravesado la carne.

Sin embargo, haciendo uso de su amplio conocimiento de artes marciales, Felix aprovechó la inercia del ataque para agarrar a Chat del antebrazo y hacerlo rodar sobre su espalda.

Chat se estrelló contra el tejado de espaldas, rompiendo varias tejas bajo su peso, momento que Félix aprovechó para darse a la huida otra vez, sin perder ni un solo segundo.

Chat no tuvo claro por qué hizo lo que hizo a continuación. Tal vez fuera el instinto de depredador dentro de él, o tal vez se estaba volviendo adicto a la emoción de la caza.

Fuese como fuese, en vez de lanzarse tras su primo de inmediato, se levantó del suelo y contó hasta tres.

Le dio ventaja. A propósito.

Si no, ¿qué gracia tendría?

Perseguir. Cazar. Capturar.

¿Por qué lo estaba disfrutando tanto?

Una sonrisa diabólica apareció en su rostro.

Cuando la cuenta atrás acabó, retomó la persecución.


—¡Allí! —gritó Viperion, señalando a un punto en la distancia.

A lo lejos, los tres héroes pudieron divisar dos figuras vestidas de colores oscuros: uno de negro, otro de azul marino. Chat y Felix, sin lugar a duda.

La distancia entre ellos se estaba acortando a un ritmo alarmante. Chat pronto alcanzaría a su presa y la verdad era que Ladybug prefería estar cerca cuando lo hiciera.

Por suerte, Felix debía de haber dado algún rodeo para intentar perder a Chat —que claramente no había funcionado—, así que el trío no se estaba acercando a ellos por detrás, sino transversalmente. Si ambos grupos seguían corriendo en línea recta, pronto se cruzarían.

—¡Vamos! —apremió Ladybug, pegando un acelerón—. ¡Tenemos que alcanzarlo a toda costa! —A cuál de los dos se refería, ni ella lo sabía.

No se dio cuenta de que dejó atrás a Viperion y Rena en cuestión de segundos. Viperion trató de acelerar también, pero no pudo igualar la velocidad de Ladybug.

Rena, por su parte, tenía la boca abierta. ¡¿Cómo demonios había podido Luka localizar a Chat solo "escuchando su melodía"?!


—Hola, hola, pajarillo.

Felix giró la cabeza hacia la izquierda para encontrar al maldito Chat Noir corriendo a su lado.

Corriendo.

A su lado.

Como si estuvieran haciendo footing juntos.

Tenía una sonrisa lobuna en la cara y… ¿esos eran colmillos?

De inmediato, Felix saltó hacia la derecha para tratar de quitárselo de encima, pero Chat saltó tras él sin una pizca de alarma. Como si ya tuviera a Felix entre sus garras y supiera que no se le podía escapar.

Aterrizaron a la vez en la azotea contigua, el sonido amortiguado de sus botas casi simultáneo.

Entonces Felix decidió dejar de huir. Era evidente que el gatito era más rápido, y no solo eso, parecía estar disfrutando de la persecución como si fuera un juego.

Era imposible que Felix le diera esquinazo, por lo menos no si se limitaba a correr. Si quería escapar tendría que usar su ingenio.

Pero, ¿cómo?

—Te diré qué vamos a hacer —comenzó a decir Chat Noir, su voz suave como si quisiera seducirlo. Sin embargo, había demasiadas emociones mezcladas en su tono como para que Felix pudiera identificar solo una: había ira, por supuesto, pero también había burla y una pizca de diversión. De verdad, Felix jamás comprendería a ese loco—. Me entregarás el miraculous del pavo real, luego te llevaré de vuelta al piso y le dirás a Ladybug el verdadero nombre de Hawk Moth.

—¿Y si no quiero hacerlo? —lo desafió Felix.

Una parte de su cerebro funcionaba a toda velocidad, analizando sus alrededores e intentando averiguar la forma de aprovechar el complicado entramado de calles de París en su beneficio.

La otra mitad de su cerebro, sin embargo, había entrado en estado de alarma debido al brillo inquietante en los ojos de Chat Noir.

Hacía un momento Chat Noir ardía de ira.

Ahora la emoción de la caza había despertado otra clase de instintos.

Y eso lo hacía demasiado impredecible para el gusto de Felix.

—Si no haces lo que te digo, te despedazaré aquí y ahora le enviaré los cachitos a tu madre —fue la respuesta de Chat. Picardía y furia se mezclaban de una forma que ponía los pelos de punta.

Sin embargo, eran palabras vacías; Felix sabía que el héroe no podía hablar en serio, por algo era un "héroe". Aun así, tragó saliva.

Miró de nuevo a sus alrededores sin saber qué hacer. No había nada cerca que pudiese darle ventaja.

Chat dio un paso adelante. Felix dio un paso atrás.

Uno, dos, tres pasos.

Hasta que se topó de espaldas con un muro.

Entonces Chat dio un paso adelante y su primo —que no sabía que era su primo—, no tuvo a dónde huir. Estaba acorralado.

—¿Sabes qué? Ya me he hartado de esperar —dijo Adrien de repente, haciendo que Felix pegase un brinco—. Dime quién es Hawk Moth.

—Capullo… —escupió Felix por toda respuesta.

El semblante de Chat Noir se endureció. Ya era hora de dejarse de juegos.

—Quién. Es. Hawk Moth —repitió Chat. Se acercó aún más a Felix de forma que sus máscaras casi podían tocarse, pero Felix no se dejó amedrentar.

En cambio, le sostuvo la mirada para darle a entender que no le tenía miedo. Que sus tácticas de interrogación no funcionarían.

Al fin y al cabo, ¿qué era lo peor que podía hacerle Chat Noir si se negaba a hablar? ¿Cosquillas?

Mucho ladrar y poco morder, así era Chat. Por muy amenazante que quisiera parecer, toda París sabía que era un blando. No le haría daño ni a una mosca.

Esa era la mayor desventaja de ser un héroe: los escrúpulos.

Así que Felix se mantuvo inmóvil, pero con la boca cerrada. Solo necesitaba ganar tiempo hasta que se le ocurriese una forma de engañarlo, de escapar. Y entonces…

—¿Es Gabriel Agreste? —La pregunta interrumpió sus pensamientos como una flecha corta el aire.

Felix se quedó helado, todos sus músculos se volvieron de piedra de golpe.

¿Acababa de escuchar correctamente?

¿Cómo…?

¿Cómo demonios lo había descubierto?

Sin embargo, trató que la sorpresa no se mostrara en su expresión. Frunció los labios y arrugó la nariz en un gesto de desafío, pero debió de haber algo en su mirada, algún cambio que lo delatara, porque de repente los ojos de Chat Noir se abrieron como platos y dio un paso atrás, tambaleándose.

—¿Por qué no lo has negado de inmediato? —murmuró, con cierto tremor en la voz que Felix malinterpretó como incredulidad.

—No seas ridículo. ¿Gabriel Agreste? ¿De dónde has sacado esa idea tan estúpida?

«¿Por qué lo estoy protegiendo?», se preguntó Felix, pero las palabras ya habían salido de su boca.

Chat lo escrutó de arriba abajo, analizando su postura, cada surco en su rostro, intentando determinar si su primo le estaba mintiendo. Sin embargo, Felix tenía mucha práctica en el arte del engaño y no había nada que lo delatase, por lo menos no tras vencer su sorpresa inicial.

Como Chat había dado un paso atrás, Felix pudo respirar un poco más tranquilo. Por desgracia, ese alivio solo duró un instante porque, en un movimiento tan veloz que Felix no lo vio venir, la garra de Chat se ciñó alrededor de su cuello y lo aferró como si quisiera asfixiarlo.

De repente, Felix no podía respirar. Boqueó instintivamente pero el aire no le llegó a los pulmones. Lentamente, Chat alzó el brazo y, aunque los pies de Felix no llegaron a separase del suelo, quedó de puntillas.

Si Chat lo levantaba un poco más, quedaría colgando.

Puede que hubiera cometido un error al asumir que Chat Noir no se atrevería a hacerle daño.

—No me mientas —gruñó Chat entre dientes.

Mierda. La ira había vuelto, se dio cuenta Felix, y más fuerte que antes. No solo ira. Ahora que estaban así de cerca, el extraño vínculo que por alguna razón los conectaba envió una emoción bien distinta hacia él: miedo.

¿Miedo?

¿Por qué Chat Noir tendría miedo de que Gabriel Agreste fuese Hawk Moth? ¿Y cómo lo había descubierto?

Pero lo que era más importante: ¿por qué Felix sentía una conexión con él? ¿Por qué las emociones de Chat Noir se filtraban a él aunque Duusu tratase de bloquearlas?

¿Por qué…?

Y entonces cayó en la cuenta.

Joder.

El destino tenía unos caprichos muy crueles.

La garra de Chat Noir aún se cerraba alrededor de su cuello, cada vez apretando más fuerte. La cara de Felix estaba enrojeciendo debido a la falta de oxígeno, pero Chat Noir no parecía darse cuenta.

No lo estaba mirando a él. Estaba viendo más allá. Estaba tratando de discernir lo que se escondía tras los ojos de Felix, en su mente. Tratando de decidir si estaba mintiendo o no.

Y aun así, casi sin aire, Felix logró murmurar:

—A-Adrien…

El efecto fue inmediato.

Felix sintió que la garra alrededor de su garganta daba un apretón repentino que le hizo soltar un gemido, pero luego se aflojó.

Los ojos de Chat Noir estaban abiertos como platos. Sus pupilas se habían convertido en finas líneas verticales. Su ira fue sustituida por la sorpresa, y un instante después, por un miedo atroz.

Felix había descubierto su identidad.

Su concentración dejó de estar en sonsacarle verdad a su primo, así que Felix pudo liberarse forcejando un poco. Cuando por fin pudo respirar con normalidad, se apoyó sobre el muro a sus espaldas mientras se llevaba una mano al cuello, donde probablemente la garra de Chat hubiera dejado una marca.

La garra de Adrien hubiera dejado una marca.

Era difícil de asimilar.

Mientras tanto, al sentir que agarraba solo aire, el brazo que Chat había mantenido en alto cayó a su costado como un peso muerto.

Felix había averiguado su identidad.

Mierda.

¿Qué lo había delatado? ¿Se había tomado la persecución demasiado personal, tal vez?

Ya daba igual. Tenía que haber supuesto que Felix no tardaría mucho en descubrirlo. Al fin y al cabo, tenían la misma cara. Era solo cuestión de tiempo.

Chat no sabía qué hacer. Ladybug lo iba a matar. Y si Felix llevaba su descubrimiento a Hawk Moth…

Entonces Adrien levantó la vista hacia su primo y sus miradas se encontraron. Fue entonces cuando cayó en la cuenta, aunque un poco tarde, de que Felix no estaba haciendo ningún intento de huir.

En cambio, su mandíbula había tocado el suelo. Parecía tan en shock como él.

Felix jamás había parecido menos un genio del mal y más un adolescente que había perdido el rumbo como en aquel momento.

—Felix —dijo Adrien.

—Adrien —dijo Felix.

El momento hubiera resultado bastante incómodo de no haber sido tan dramático.

Pero Felix no estaba tratando de huir. Y Chat no hizo el amago de querer perseguirlo.

Se habían quedado atrapados en un especie de limbo en el que ninguno de los dos se atrevió a hacer el primer movimiento.

¿Y ahora qué?, era la pregunta que flotaba en el aire.

Después de un rato, fue Chat el que hizo acopio de valor y dio un salto de fe. En vez de aprovechar su confusión para apresar a su primo, que hubiera sido la decisión lógica, dio un paso atrás para darle espacio, y luego ladeó la cabeza esperando que Felix entendiera la pregunta: «¿Esto cambia las cosas?».

Otro silencio. Otro intercambio de miradas de incredulidad.

Felix abrió la boca, pero no supo qué contestarle. ¿Sí? ¿No? ¿Puede?

Dejó de pensarlo porque entonces se dio cuenta de que, si Adrien era Chat Noir, le había dicho a Adrien que Amelie estaba muriendo por la misma razón que Emilie.

Felix palideció.

El objetivo de toda esa odisea era averiguar cómo deshacer la maldición de los Graham de Vanily. La mejor forma de hacerlo hubiera sido a través del diario de Emilie, que solo Adrien podría descifrar.

Felix había elegido el camino largo —traicionar a Ladybug, conseguir a Duusu— porque no creía que Adrien tuviese el estómago como para compartir la carga.

Lo había creído débil. Había pensado que no soportaría la verdad y que era mejor dejarlo disfrutar de la ignorancia mientras pudiera.

Y durante todo ese tiempo… Adrien había estado arriesgando su vida enfrentándose a los akumas, dominando el poder más peligroso —el de la Destrucción— y luchando en contra de un villano cuyo objetivo era devolverle a su madre.

Felix se mareó. Demasiada información en una sola tarde.

Definitivamente, el destino tenía unos caprichos muy crueles.

—Tengo… tengo que pensar… —acabó murmurando, pero Chat lo escuchó alto y claro.

Aun así, no fue suficiente.

—Felix, esto es serio —le dijo—. ¿Tienes idea de lo peligroso que sería que Hawk Moth se hiciera con nuestros miraculous?

Felix no contestó.

—¿Sabes cómo funciona El Deseo? —continuó Chat. Su primo negó con la cabeza. Los Tomos que él había leído no contenían esos detalles—. El miraculous del gato, mi miraculous, destruye el universo tal como lo conocemos. Entero. Y luego el miraculous de la mariquita lo reconstruye según los deseos de su portador. Es como hacer borrón y cuenta nueva.

»Pero lo que se destruye no se puede reconstruir tal y como estaba. Siempre hay inconsistencias. Cambios imprevisibles. Podrías no haber nacido. O alguien que te importa podría no haber nacido. Francia entera podría desaparecer del mapa. O, ¿quién sabe?, la raza humana podría tener cuatro brazos en vez de dos.»

Felix escuchó con atención, preguntándose por qué nunca se había planteado cómo funcionaba exactamente El Deseo.

Pero ahora que Chat —Adrien, joder, Adrien— se lo estaba explicando… tenía que admitir que sonaba bastante mal.

Chat se inclinó sobre su primo para dar énfasis, y Felix tuvo la impresión de que una montaña estaba cerniéndose sobre él.

¿Había Adrien resultado siempre tan intimidante, o es que Felix siempre lo había subestimado?

—Felix, ahora que sabes quién soy, tienes que decírmelo… —susurró Chat (Adrien)—. ¿Es mi padre Hawk Moth?

Cuando Felix se tensó ante aquella pregunta, a Adrien se le cayó el corazón al suelo. De repente sintió que le picaban los ojos y que lágrimas amenazaban con derramarse por sus mejillas.

Pero se contuvo. No quería sacar conclusiones precipitadas.

Felix bajó la cabeza. Abrió la boca. La cerró. La abrió otra vez, pero solo salió un "eeeeh" vacilante.

Su silencio fue más revelador que sus palabras, pero Adrien se negó a creérselo a menos que escuchara una respuesta clara.

Necesitaba una confirmación que no dejara lugar a dudas.

Y entonces un chillido desesperado los interrumpió:

—¡CHAT NOIR! ¡ALÉJATE DE ÉL!


Ladybug no le veía la cara a Chat Noir porque le daba la espalda, pero todos sus músculos estaban en tensión y sus puños estaban apretados. Estaban… ¿hablando?

Fuese lo que fuese que se estaban diciendo, no parecía una conversación amistosa.

De repente, Chat se inclinó sobre Felix de forma amenazante. A Ladybug no le dio buena espina, así que aumentó la velocidad, pero ambos parecían tan lejos, tan inalcanzables. Cuando Felix agachó la cabeza como amedrentado, a Ladybug le dio un vuelco al corazón.

Si había algo que tenía claro de Felix era que no se inclinaba ante nadie.

Si había agachado la cabeza ante Chat Noir de esa forma, sumado a lo cerca que estaban el uno del otro (estaban casi susurrando)…

Ladybug comenzó a imaginarse lo peor.

Ojos negros y el poder descontrolado de la Destrucción sobre la piedra blanca del Arco del Triunfo le vinieron a la cabeza e hicieron que sus piernas alcanzaran una velocidad sin precedente.

—¡CHAT NOIR! ¡ALÉJATE DE ÉL! —gritó.

Veréis, a lo largo de los años, Chat Noir había desarrollado el hábito de obedecer a Ladybug antes incluso de detenerse a pensar en las consecuencias. Si su lady quería que se tirase por una ventana, Chat no se lo discutiría. Estaba grabado a fuego en su código fuente que las órdenes de Ladybug eran incuestionables.

Justo por eso, nada más escuchar ese "Aléjate de él", Chat Noir dio un salto tan grande hacia atrás que acabó encaramado a la chimenea del edificio contiguo. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, ya era tarde.

Felix no perdió tiempo en ponerse en movimiento y saltar de la azotea hasta la calle, desapareciendo de su vista en cuestión de un instante.

Chat no lo persiguió.

Una fracción de segundo después, Ladybug lo rebasó en dirección hacia donde había saltado Felix y se asomó a la vía pública.

Por desgracia, lo que tenían debajo era la Avenida de la Ópera, una de las calles más concurridas de París. Felix ya se había mezclado con la muchedumbre y había desaparecido sin remedio.

Lo habían perdido.

Entonces Ladybug giró la cabeza hacia atrás, hacia Chat. Se libró de un enorme peso en cuanto comprobó que los ojos de su compañero eran de su habitual color de verde, y no negros como el poder de la Destrucción. Lo que no la alivió en absoluto fue su expresión calmada.

—¿Por qué no lo has perseguido? —le preguntó. No estaba enfadada, por lo menos no del todo.

Había temido que Chat hubiera perdido el control y estuviera a punto de matar a Felix. Que Felix hubiera huido no era el resultado óptimo de la misión, pero tampoco era el peor de los casos.

Antes de contestar, Chat tomó aire, lenta y calmadamente.

—Hemos tenido una… charla —explicó, la mirada perdida en algún punto en la lejanía—. Volverá, no te preocupes.

Ladybug puso los ojos en blanco. Vale, puede que sí fuera para enfadarse.

—¡¿QUE VOLVERÁ?! —chilló—. ¿Y tú has sido lo suficientemente estúpido como para creértelo?

Entonces Chat bajó la mirada a ella, tratando de transmitirse toda la seguridad que guardaba.

«Tengo que pensarlo», había dicho Felix.

Adrien tenía esperanzas.

—Volverá —le aseguró Chat a Ladybug.

Y ella, que había aprendido por las malas las consecuencias de no confiar en su compañero, decidió creerlo, pese a que sus instintos le gritasen lo contrario.


¡Enhorabuena a todos los que habéis llegado hasta aquí!

Aún queda una cantidad considerable de capítulos, pero digamos que este es... el principio del fin.

Felix sabe la verdad sobre Chat Noir, y tendrá que replantearse sus decisiones hasta el momento.

Después de este capítulo viene "Tomo II", y después viene el arco argumental que yo llamo "Masquerade", aunque bien podría ser titulado "Marichat". Es el más corto y es una especie de intermedio antes del arco final. La calma antes de la tormenta.

El proximó capítulo será publicado (seguramente) el viernes 8. Y mañana (lunes 4) publicaré el capítulo "Akuma" del fanfic "Hijo de Hawk Moth" (para los que estéis siguiendo también ese).

¡Gracias por leer!

P.D.: No os lo digo suficiente, pero adoro vuestros comentarios.