Capítulo 10
1
Dawn trató de encontrar a su amigo, buscándolo a través de sus ojos, la ventana del alma, tenía la esperanza de encontrar aun así ese brillo tan característico del muchacho y que reflejaba la bondad en él. Pero ya no estaba. En cambio, se cruzaba con la oscura y vacía mirada del Rey de Pokelantis, lleno de odio y maldad. Aquel ser que le devolvía la mirada, estaba disfrutando de mostrar a los tres chicos su nuevo y gran poder, quebrantando la voluntad de aquellos Pokémon salvajes que intentaron detenerlo.
Un Pinsir que ya no podía abrir las enormes pinzas de su cabeza, y un Vileplume cuya flor parecía estar adoptando un tono más opaco como si estuviese enfermando. Pero de entre todos esos Pokémon, destacaba un Pidgeot en particular, uno grande, y que era el que más se esforzaba por liberarse, pues no quería aceptar que esto estuviera pasando, porque era inconcebible que ese chico de gorra roja, siendo el ser con el corazón más puro para con humanos y Pokémon, estuviera lastimándolos a él y a todos en el bosque.
Luego de un largo día sin saber nada de Ash desde que desapareció, lo encontraron rodeado de algunos Pokémon y lesionándolos sin usar sus manos, sino con aquella extraña aura oscura que él mismo emanaba. Era una escena desastrosa, no solo para los chicos que debían soportar ver este ejemplo de maltrato hacia los Pokémon, sino porque sabían que Ash sería la primera persona en enfurecerse con todo aquel que hiciera algo similar.
—han pasado siglos desde que Ho-Oh me encerró. Estaba olvidando como se sentía todo este poder de la oscuridad— dijo el Rey a los chicos, quienes no le respondieron— el cuerpo de Ash ha sido la vasija perfecta, resistente y adaptable. Aceptó muy bien toda esta oscuridad—
Para los chicos era molesto escuchar eso, pues para el Rey, Ash solo era un artículo que podía usar para sus malévolos fines, algo que a Ash le desagradaba. Pero si de desagrado se hablaba, el desagrado que se tenían el Rey y Ash mutuamente había sido inmensurable durante años.
Los Pokémon estaban listos para atacar, tanto los de Red y Gold, como los de Dawn e incluso Pikachu, quien sabía que su amigo podía soportar sus ataques. Solo necesitarían el poder suficiente para hacerlo reaccionar y que el Rey dejará su cuerpo, o al menos eso era lo que quería que pasara.
Los Pokémon que flotaban fueron estrujados una última vez, se pudieron escuchar algunos crujidos, seguramente habían sido sus huesos de los vertebrados pues estos retorcieron sus cabezas y gritaron, lo hicieron lo más fuerte a donde sus gargantas se los permitían, gritaban de dolor pues el Rey les había hecho daño, y seguramente fue tan inmenso el dolor que todos se quedaron quietos y callados al poco tiempo, habían quedado inconscientes. El Rey parecía satisfecho. Dejó caer a todos esos Pokémon como una demostración de su antipatía hacía los seres vivos, era su forma de provocar a los chicos, pues había esperado varios ataques a la vez por parte de ellos, pero no pasó.
Se centraba en Red y Gold, los más experimentados en combates y la familia de Ash. Eran quienes el Rey tenía cierta preocupación, pues temía que pudieran hacer que el verdadero dueño de ese cuerpo reaccionara, pero claro, el como pudiera hacerlo era algo que solo él sabía y que no dejaría que se enteraran.
El silencio reinaría sino fuese por Gold. El chico rechistó y después se rio a carcajadas, eran más forzadas que sinceras, pero demostraban la poca preocupación que tenía por estar frente al rival más peligroso que alguna vez tendría.
—¿Estás listo? — dijo Red quien sabía que burlándose era la forma que el chico se preparaba para atacar.
Gold detuvo en seco sus carcajadas. Le sonrió al Rey y dijo en voz alta, pero hablando a sus compañeros— yo solo sé que pide que lo golpee hasta que se arrepienta de haber vuelto— y dio una orden extendiendo su brazo hacia su objetivo—¡Explotaro! ¡Usa Lanzallamas! —
El Typhlosion se puso sobre sus cuatro patas, las flamas de su espalda crecieron, y de su boca salieron enormes llamas que se dirigieron hacía el Rey, quien no se movió y recibió de lleno el ataque hasta que las llamas alcanzaron su misma altura al punto que desapareció entre ellas. El calor aumentaba, las llamas podrían ser calcinantes y eso lo sabían Gold y su Pokémon, pero trataban de convencerse que no era Ash sino al Rey de Pokelantis a quien atacaban. Explotaro no iba a detenerse en ningún momento hasta cerciorarse que el Rey cayera frente a ellos, así era también como lo quería su entrenador. En la tarde ya habían cometido un error atacando directamente, esta vez no querían cometer un error como ese, así que iban a atacar a distancia pero con toda la fuerza que pudieran.
—¡Gold! ¡Ya es suficiente! —Le gritó Red, el calor era impresionante, y comenzó a preocuparse por Ash, al fin y al cabo, era su cuerpo el que Gold atacaba, y la sensación de temperatura que Red presentía era comparable a la que llegaba a sentir en el volcán de la isla Canela en un día de poca actividad. Pero Gold no le escuchó, por lo menos, hasta que Dawn les gritó.
—¡Miren! —
El calor generado por Typhlosion era inmenso. Dawn estaba detrás de Gold y aun así ella presentía ese calor como si le fuese a quemar con tan poco más se acercara. Sus pokémon también estaban sorprendidos por la fuerza del ataque, Froslass tuvo que alejarse un poco pues la sensación térmica le estaba afectando a su complexión hecha de hielo, y Piplup, quien también comenzaba a sentirse cansado, como si se sofocara, tanto el Pokémon como la chica se preguntaron como el Poliwrath de Red seguía d pie y pareciera que el calor no le afectaba. Pero a pesar del poder del ataque, Dawn se fijó que el Rey no estaba siendo afectado, más bien, ni siquiera lo había recibido.
Un gruñido se escuchó en el punto de impacto, el gruñido de un Pokémon embravecido. Gold detuvo el ataque, y cuando Explotaro le obedeció se vio a Primape, el primate Pokémon de Ash que había sobresalido en la conferencia del Valle Lily, estaba en frente del Rey, había sido él quien había recibido todo el impacto del estallido, y al ser del tipo fuego, no le afectó.
Infernape se veía igual a cuando hacía uso de su habilidad Mar Llamas. La llama sobre su cabeza había crecido, y se veía como si fuese un rio de lava fluyendo. Sus ojos, rojos por la ira, pero había un nuevo agregado, pues, así como a Ash, Infernape era rodeado por aquella aura negra. Pareciera que el Rey, no solo había tomado el control de Ash, sino de todos los Pokémon de este.
—Ahora estas criaturas me pertenecen—les dijo el Rey— después de todo. Necesito de un equipo fuerte para crear mi nuevo reino. ¿Y qué mejor que el equipo de un campeón? —
Ningún ataque podría afectarle, eso les decía el Rey burlándose de aquel intento para debilitarlo. Sabían que iba a ser difícil vencerlo, pero la situación se complicaba cuando él mismo se escudaba con los Pokémon del chico.
—Les demostraré lo que esta criatura puede hacer ahora—
Infernape comenzó a correr hacía ellos. Al ver que era una amenaza, Gold iba a atacar en respuesta, pero Red se adelantó y dio la primera orden a su Pokémon.
—¡Poli! ¡Hidrobomba! —
Poliwrath se apresuró en erguirse al frente de su equipo, y en su pecho se concentró el agua de su cuerpo. Al tener suficiente líquido, disparó toda esa agua directamente al Pokémon de tipo fuego e impactó de lleno sobre su pecho. Se suponía que el ataque iba a causarle daño y hacerlo retroceder, pero Infernape tan solo se detuvo un momento, que fue cuando impactó el chorro de agua sobre él. Como si no lo estuviesen atacando, como si no le afectara en nada el agua ni la presión de esta, el Pokémon corrió nuevamente.
Para los chicos fue sorprendente ver como Infernape siguió corriendo sin que el agua le afectara. El chorro de agua de Poliwrath era potente pero no pareciera ser suficiente para impedir que el primate intentara atacarlos.
El puño de Infernape comenzó a emitir un brillo que se fue intensificando al punto que la luz que irradiaba era blanca. El primate dio un salto y levantó el puño y dirigiéndolo a Poliwrath. Red hizo que su Pokémon dejara de usar chorro de agua y estaba listo para dar una segunda orden que contrarrestara el ataque de Infernape, tenía que ser rápido antes que se diera el impacto. Pero una orden de Dawn fue más rápida que la suya.
El ultrapuño de Infernape no impactó en Poliwrath sino en Froslass, quien intervino a tiempo y se colocó frente al Pokémon tipo agua por orden de su entrenadora. El Pokémon recibió el ultrapuño, y recibir es mera forma de decir puesto que el puño ni siquiera la tocó. Su cuerpo, aunque hecho de cristal de hielo, no se vio dañado pues era un fantasma, al cual, los ataques tipo lucha no le afectaban. Pudo haber usado protección, sabía aquel movimiento, pero Dawn prefería que usara otro ataque.
—¡Ahora Froslass! ¡Usa Bola Sombra! —
Habían sido muchos los ataques que Dawn tuvo que enseñarle a Froslass, pero Bola sombra era uno que ya conocía este Pokémon desde antes que fuese capturada. Un movimiento fuerte en el tipo fantasma.
Los cristales de su cabeza dejaron de emitir aquel brillo provocado por el movimiento destello, ahora solo dependerían de la luz emitida por las llamas de Explotaro y de Infernape. El Pokémon tipo hielo juntó sus brazos y formó una esfera hecha con la oscuridad a su alrededor y con su energía. Cuando alcanzó un tamaño como el de un Voltorb, lo lanzó impactando de lleno al Infernape que tenía aun de frente, esto hizo que el rival retrocediera a su posición original.
Los chicos se asombraron, pero ese asombro les ayudó a animarse más pues habían logrado acertar contra el Rey. Tenían una ventaja con Froslass sobre Infernape y podían batallar mientras ideaban una forma para vencer a su rival. Ahora, su batalla para recuperar a Ash iba a comenzar.
Gold y Red animaron a Dawn, y confiada, la chica dio su siguiente orden.
—¡Froslass! ¡Vuelve a usar Bola sombra! —
El Pokémon de Dawn volvió a formar aquella esfera y la lanzó hacía su rival. La esfera era rápida y fue lanzada con fuerza, Infernape no tendría suficiente tiempo para escapar, pero lo que pasaría no se lo esperaban.
—¡Castigo! —
Aunque la voz del Rey era grave y profunda a comparación de la de Ash, Infernape aceptó sus órdenes y obedeció. Hizo su brazo hacia atrás, y el aura oscura que lo rodeaba se concentró en su puño. Cuando la bola sombra estuvo frente a él, Infernape lo golpeó con su puño, deshaciendo la esfera de inmediato.
La sorpresa fue enorme. ¿Cómo pudo destruir la esfera? Era prácticamente imposible para un Pokémon tipo lucha tocar al tipo fantasma, pero eso era castigo, un movimiento tipo siniestro, y eso confundió más a Dawn, pues Infernape no sabía ese movimiento, nunca antes lo había usado o siquiera intentado hacerlo. ¿Fue influencia del Rey que aprendiera un movimiento tipo siniestro?
Una nueva orden del Rey fue la de volver a atacar. Infernape corrió hacía su rival y volvió a concentrar la energía oscura en su puño. Esta vez, acertó un golpe directo en el Pokémon que le afectaban los ataques tipo siniestro, y el golpe fue tan fuerte que Froslass sintió su delicado cuerpo fracturarse, nunca había sentido un golpe tan fuerte como ese. ¿Así era como un Pokémon tipo hielo sentía los ataques de un Pokémon tipo lucha? Nunca lo había sentido gracias a su segundo tipo.
—¡Froslass! ¡No! —
Froslass cayó cerca de su entrenadora y esta fue a buscarla y atenderla. Era de sus Pokémon más fuertes, casi no había caído en una batalla y nunca había sido vencida de aquella manera tan brutal.
Esta noche había sido extraña y con muchos peligros, y para Pikachu y Piplup empezaba a ser cansado. El ver como Infernape, su amigo desde que era un Chimchar, golpeaba sin remordimiento a Froslass, ambos Pokémon se sintieron furiosos pues entre ellos no se atacaban de una forma tan feroz, aunque fuese una batalla. Pero para ellos, Infernape no era responsable de sus acciones, pues para ellos la culpa recaía en el Rey de pokelantis, así como usaba al entrenador, también usaba a sus amigos Pokémon para sus malévolas acciones. Eso no se lo iban a permitir.
Pikachu corrió hacía Infernape, mientras que Piplup usó rayo burbuja. El roedor iba a usar Tacleada de Voltios, había espacio suficiente para cargar su ataque e impactar en Infernape.
Infernape recibió el ataque de rayo burbuja, pero no le afectó realmente, prácticamente, con calentar su brazo y agitarlo podía reducir el impacto del ataque. Pero sabía que ese era más una distracción, pues el ataque del cual debía cuidarse era el de Pikachu que se iba acercando más y más. La energía eléctrica dentro del cuerpo del Pokémon amarillo estaba acumulándose a su alrededor y haciendo que él obtuviera un inusual color dorado.
Pikachu esperaba una respuesta de Infernape, y lo confirmaba el hecho que el Pokémon tipo fuego estuviera haciendo su brazo hacía atrás preparando nuevamente un ultrapuño. Pero no había imaginado que la agilidad de Infernape fuese tal como golpearlo con el ultrapuño justo en el momento que Pikachu iba a impactar contra él. Pikachu era rápido al atacar con Tacleada de Volteos, nunca antes había sido detenido con un solo golpe, hasta ese momento que sintió el golpe en su cabeza.
Un segundo golpe arrojó a Pikachu lejos de Infernape. El pequeño Pokémon fue despedido por el aire. Todos se preocuparon por Pikachu y como caería al suelo con la misma brutalidad que Froslass, pero fue este Pokémon quien se levantara para atrapar a Pikachu entre sus brazos, aunque estos le dolieran al levantarlos. Pikachu se mostró agradecido con el Pokémon hembra, quien se comportaba como una protectora para él y para Piplup, quizá por ser más pequeños que ella.
—Sus ataques son inútiles contra esta criatura. Le he otorgado la misma fuerza y resistencia que poseo gracias a la oscuridad del ser pesadilla—
Había quedado en claro que el grupo de chicos no tenían una verdadera estrategia. ¿Solo habían planeado en batallar hasta que el Rey cayera al suelo y saliera del cuerpo de Ash? Probablemente sí, y probablemente se veía más fácil en la mente de los Ketchum. Pero con poco que estuvieron allí, se dieron cuenta del verdadero poder del Rey pues el Pokémon que controlaba ya había derribado a dos Pokémon y resistido dos de sus más fuertes ataques. Necesitaban comenzar a pensar con más claridad que el simple hecho de querer recuperar a Ash, y lo primero era vencer a un Pokémon que nada le hacía daño aparente.
—¡Poli! ¡Torbellino! —
El agua del cuerpo de Poliwrath se concentró en el punto medio de su cuerpo, y comenzó a girar siguiendo la dirección del patrón en forma de espiral de su vientre hasta crear un torbellino que aumentó rápidamente su tamaño hasta los tres metros.
El ataque se dirigió hacía Infernape. El Pokémon quiso moverse y evitar el ataque, pero algo se lo impidió. Aunque se vio claramente que trató de saltar hacía un lado, pero alguna fuerza lo detuvo en su lugar. Los chicos no lo supieron, pero había sido el Rey quien decidió que no se moviera y que recibiera aquella manga de agua.
El Torbellino atrapó a Infernape y este quedó en el centro del vórtice formado en medio del bosque. Infernape se encorvó, pareciera que quiso aferrarse a ese sitio, pero no sirvió puesto que el torbellino separó sus pies del suelo y lo levantó. Infernape giró junto con el torbellino. El fuego de su cabeza y brazos disminuía, pero Infernape hacía un gran esfuerzo para evitar que se apagara. Mientras más tiempo pasaba dentro del torbellino, el Pokémon se retorcía, pues toda aquella agua lesionaba su cuerpo, no solo la presión, sino la falta de oxígeno.
Los chicos veían los intentos de Infernape por liberarse del ataque, pero parecía que algo se lo impedía y no podía ser el Torbellino, era algo más fuerte que eso pues, si la Hidrobomba no le afectó, el torbellino tampoco debería estar haciéndolo.
Dawn volteó a ver al Rey, allí de pie, mirándolos. No parecía preocupado por lo que le ocurriera a Infernape, ni siquiera le prestaba atención. Solo estaba mirándola a ella y a los chicos con aquella sonrisa arrogante, pues algo debía estar planeando y debía tener plena confianza en eso.
—¡Ahora! —
Infernape dejó de retorcerse apenas escuchó la voz del Rey. En ese momento gruñó, y mantuvo ese gruñido como si estuviera furioso, o más bien, como si estuviese concentrándose. La llama de su cabeza creció y de sus brazos también surgieron llamas. Pronto, aquel fuego comenzó a rodearlo y su cuerpo quedó cubierto por completo por estas llamas.
—¡Eso es Bombardeo! —gritó Dawn.
—¡Quiere evaporar el agua! ¡Va a liberarse con eso! —les advirtió Gold, pues muchas veces había intentado hacer algo parecido con Explotaro pero no lo había logrado a la fecha.
La iluminación iba en aumento gracias a las llamas de Infernape que crecían, y mientras más lo hacían, el agua se iba evaporando. De un momento a otro, la temperatura del cuerpo del Pokémon debió haber aumentado exponencialmente a más de los cien grados Celsius, puesto que el agua del torbellino comenzaba a bullir; eventualmente, la temperatura alrededor aumentaba debido a los vapores que esto generaba.
—¡Poli! ¡Aumenta la fuerza con Hidrobomba! —
El Poliwrath obedeció y usó Hidrobomba para fortalecer el torbellino. Las aguas aumentaban y con este la velocidad que giraban, pero aun así el agua seguía bullendo sin detenerse.
Los ataques de Poliwrath no estaban bastando, pues Infernape no debilitaba su ataque con fuego. Dawn ordenó a Piplup apoyar a Poliwrath con Torbellino igual, pero el ataque de Piplup era más débil todavía, y Gold iba a hacer lo mismo. Llevó la mano al cinturón de su cintura y buscó la pokeball de su Pokémon tipo agua y uno de los más fieles.
—¡Será mejor que vengas a ayudarnos Poltaro! —
—¡Cuidado! —
Gold ya no sacó a su Pokémon de su pokeball. En ese momento, que Infernape alcanzó una temperatura peligrosa que bulló toda el agua del torbellino, y se evaporó en un solo instante. Los vapores se expandieron al rededor, y esto hubiese quemado severamente a los chicos pues la temperatura era de más de cien grados, de no haber sido por Froslass, quien usó Nieve Polvo alrededor de los chicos y los Pokémon para aminorar la temperatura, no requirió una orden directa de su entrenadora, su instinto de protección la motivó a hacerlo. Ese instinto que desarrollo en su vida salvaje para protegerse de cazadores y entrenadores, pues un Froslass salvaje siempre era muy cotizada, ese mismo instinto que le decía que debía de cuidar de su entrenadora, quien no pudo actuar de inmediato ante la rápida forma que el Pokémon de tipo fuego evaporó el agua.
Infernape cayó de pie en el suelo. Pero está vez, se vio cansado finalmente.
Un aura roja y anaranjada a la vez rodeó a Infernape. No eran las llamas como tal, pero si era similar pues aquella aura surgía gracias a Mar Llamas, la habilidad de Infernape. Dawn la reconoció, pero sabía que ésta solo surgía cuando el Pokémon tenía muy poca salud. Pero, ¿Y si así era? ¿Y qué tal si el Rey forzó a Infernape a hacer todo? ¿Lo habría obligado a usar su fuerza al máximo y a resistir los ataques enemigos, pero sin darle realmente una protección a su organismo? De ser así, la fuerza oscura que el Rey tanto mencionaba no había potenciado el poder del Pokémon solo lo obligaba a maximizar sus esfuerzos.
—¿Eso es todo? ¿Todo el potencial de los mejores entrenadores? — se burló el Rey— Estoy decepcionado. ¡Es hora que ataquemos! —
Infernape volvió a correr hacía los Pokémon rivales. Red ordenó a Poliwrath usar corpulencia, a lo que esté Pokémon se colocó al frente del Typhlosion, pero mientras estaba cargando el movimiento para poder resistir el ataque del también Pokémon tipo lucha, Infernape le asestó el ultrapuño en el centro de su estómago, pero el golpe fue tan fuerte que no importó que ya hubiese cargado por lo menos la mitad del "Esfuerzo," el golpe desestabilizó el equilibrio de Poliwrath y lo aventó hacía los pies de su entrenador. El Pokémon quiso volver a ponerse de pie, no estaba vencido aun, pero el golpe le hirió como nunca antes. Fue golpeado con una fuerza inmensurable que nunca hubiese imaginado en un pokemon como Infernape.
Todos habían quedado perplejos al ver a Poli casi derrotado, pero ese sentimiento perduró en ellos cuando Explotaro pasó por lo mismo.
Nuevamente, el rey dio la orden de atacar al Pokémon tipo fuego. Con Gold desconcertado no pudo reaccionar con rapidez e Infernape pudo atacar a su rival con el mismo ataque que con Poliwrath. Explotaro recibió el ultrapuño, aunque tenía las intenciones de esquivarlo, no reaccionó a tiempo pues estaba tan confundido como su entrenador. Los Pokémon de Gold tenían la fama de atacar sin que su entrenador les ordenara que hacer, pero hasta ellos podían sentirse desorientados cuando el chico lo estaba.
El Typhlosion también cayó. Con él, Poliwrath, Froslass y Pikachu derribados, y cada uno de un solo golpe, no cabía duda que la fuerza de Infernape era atroz. Red y Gold no recordaban que el Rey pudiera controlar algún Pokémon de esa forma, no era algo que haya hecho antes. Pero antes no había tenido tanto poder como ahora.
Infernape regresó a su posición inicial, pero mientras él Rey hacía alarde de su triunfo sobre los chicos, el Pokémon se notaba comenzaba a tener síntomas de fatiga. Respiraba con dificultad, se veía cansado, aunque se mantenía erguido; pareciera que quería tirarse al suelo pero era obligado a quedarse de pie. Era aquella fuerza oscura que lo rodeaba.
No cabía duda que el Rey de Pokelantis era quien controlaba aquella aura maligna, y no había duda que las cosas que hacía Infernape se cumplían por su voluntad. Obligó al pobre Pokémon a usar el máximo de su capacidad, aunque esto lo estuviera debilitando, lo obligó a resistir ataques que por sí solo no podría resistir y sobretodo, lo obligó a resistir la presión y la falta de oxígeno de haber estado en el interior del torbellino. Su cuerpo debería estar débil y lesionado, pero eso no le importaba al Rey, no tenía consideración por nadie, ni humanos o Pokémon.
El rey volvía a hacer alarde de su fuerza y poder cuando Dawn, molesta, le interrumpió.
—¡Basta! ¡Tienes que parar ahora! —
Dawn se plantó firme al frente de sus Pokémon captando la atención de los presentes. En ese momento, no pensó si estaba expuesta, pues ella no estaba considerando que al frente, el ser causante de todo este caos, no era aquella entidad, sino que era su amigo, aquel chico que siempre vio por todos, tanto humanos como Pokémon, antes que por sí mismo, y que sin duda alguna estaría sintiendo repugnancia por todo lo que estacaba causando el rey usando su cuerpo. Pero para la chica, Ash solo era la víctima, pues nada pasaría si él fuese consciente de sus actos. Por eso se paró firme y retó al Rey, pues lo hacía por Ash, ella sabía que él podría seguir allí dentro de su cuerpo, oculto.
El Rey, como era de esperar, le restó importancia a la petición de Dawn, y se rio de la chica, pues consideraba una burla lo que ella estaba diciéndole cuando la ventaja para el triunfo la tenía él.
—¡Absurdo! —le respondió— He vencido a sus criaturas. tan fuertes como son, y todos cayeron ante una sola de mis criaturas. ¿Qué te hace creer que cumpliría a tu petición de detenerme? —
Y era cierto, todos habían caído ante la fuerza del Rey, o al menos, eso fue lo que se pensó.
—¡Espera un momento! —gritó Gold— ¡En ningún momento he dicho que me rendía! —
Nada sorprendía al Rey de Pokelantis, en los años que caminó sobre la tierra, con su propio cuerpo, había visto muchas cosas increíbles y que sobrepasaban los límites de la realidad, y él incluso había hecho cosas impensables para el ser humano como lo fue luchar con Ho-Oh por mil días. Pero, no había esperado que la criatura de Fuego del hermano de Ash Ketchum se levantara aun después de haber recibido aquel ataque tan poderoso, y se colocara junto a su entrenador. Estaba cansado sí, pero su mirada seguía siendo la de furia y determinación al igual que la del chico de gorra negra con amarillo.
—¡Explotaro y yo solo queríamos hacerte creer que tenías la ventaja! —
No solo aquella criatura, sino que también la criatura azul con poderes de agua se levantó. Con su mirada retadora, y sus puños al frente, también se colocó junto a su compañero entrenador y asintió, como diciéndole que estaba preparado para continuar.
—Seguiremos combatiendo, hasta que te hayas ido para siempre— dijo Red a la vez que sacaba una segunda pokeball de su cinturón. Su mirada podía ser menos arrogante que la de Gold, pero había algo en esa mirada que levantaba un estado de alerta en las personas. Como si no se pudiera mantener la baja guardia estando frente a él.
Aunque Dawn no lo había ordenado, Froslass igual se levantó y se colocó frente a ella. Seguía herida, pero trataba de restaurar su cuerpo de hielo con Nieve Polvo, aunque solo fuese algo temporal. No pretendía dejar a su entrenadora sin protección, porque, aunque cuando la encontraron era un Pokémon muy bravío, solitario y hasta egoísta, el Pokémon fantasma respetaba a su ahora entrenadora, pues había sido ella quien le demostró que podía relacionarse con humanos y otros Pokémon, ella junto con ese chico al cual ahora estaban enfrentando.
El Rey no había esperado que sus Pokémon continuaran combatiendo. No esperaba que el coraje de los chicos fuese tan inquebrantable. Había causado terror donde quiera que fuera que él estuviera en el tiempo que tuvo su propio cuerpo, todos se doblegaban ante él y su fuerza, y cuando poseyó a Ash por primera vez, había logrado tener a sus hermanos y familia en una constante inquietud y temor, pero ese recuerdo provocó que empezara a subestimarlos.
El Rey sonrió para sus adentros, se dio cuenta que estaba cometiendo un error y que si ellos se daban cuenta podrían acertar sus ataques y sus planes cambiarían, pero para su suerte, se dio cuenta de ello a tiempo.
—¡Poli! ¡Hidrobomba una vez más! —
—¡Explotaro, Doble Filo! —
Explotaro fue el primer en preparar su ataque, pues antes que Poliwrath usara su ataque tipo agua, ya estaba corriendo y preparando Doble Filo, era rápido, pretendía golpear a Infernape antes que Hidrobomba lo alcanzara. Un ataque combinado, una de las mejores opciones que los hermanos Ketchum tenían cuando la situación lo ameritaba. Sus Pokémon podían coordinarse casi a la perfección para que uno de sus ataques no afectara al otro.
Tanto Infernape como el Rey estaban esperando el ataque, pero el Rey tenía otra intención, estaba más interesado en la potencia de ambos Pokémon ahora que estaban un poco más débiles. Por su parte, Infernape estaba preparando el Ultrapuño, el Typhlosion estaba más cerca de él y a su alrededor ya se formaba aquella aura blanca referente al tipo elemental del ataque, no le haría mucho daño, pero aun así, no iba a dejar que lo golpearan.
—¡Ahora Froslass! ¡Usa Bola sombra! —
Infernape se distrajo. Mientras esperaba el ataque de frente de Explotaro, por su lado izquierdo llegaba aquella esfera de energías paranormales formada por el Pokémon tipo fantasma de la chica. Tenía que pensar rápido, pero para su desgracia, actuó antes que pensar.
Infernape tuvo que interrumpir su ataque tipo lucha, pues no sería efectivo para destruir la bola sombra que venía contra él, pretendía usar nuevamente castigo y para esquivar a Explotaro saltaría a un lado, pero Bola Sombra fue más rápido que él y lo golpeó de lleno apenas separó sus pies del suelo al saltar. El ataque, por si solo, no fue suficiente para causarle un daño que sintiese, pero fue circunstancial para detenerlo y que Explotaro impactara sobre su cuerpo, Dawn había acertado en ordenar aquel ataque para distraer al Pokémon y que Explotaro pudiera atacarlo.
El golpe dio directo en el torso de Infernape, y lo hizo retroceder. Estaba desorientado, lo suficiente para no notar cuando el tercer y último ataque lo alcanzó. Hidrobomba impactó sobre él, y a comparación de la vez pasada que lo resistió, esta vez fue arrastrado por la presión del agua a varios metros lejos de su punto inicial.
Esta noche había sido radical para Infernape. Solo sabía que debía atacar, atacar y atacar. Su ser no tenía otra sensación que no fuese la de atacar a sus rivales al frente. Había recibido los ataques al principio y lo único que podía hacer era seguir erguido y atacar. Estaba cansado, pero mientras su cuerpo siguiera entero seguía teniendo esa sensación. Pero cuando sintió esos dos ataques, sintió como su cuerpo dejaba de reaccionar, y cuando la Hidrobomba impactó en él, no pudo usar un ataque para evaporar el agua o aferrar sus pies al suelo, solo dejó que lo llevara varios metros hacia atrás hasta que impactara con un árbol que lo detuvo, y fue allí donde dejó de moverse. Había quedado inconsciente luego de aquel impacto.
El Pokémon había quedado allí bajo el árbol, sin moverse. Ahora, aunque el Rey manipulaba al Pokémon con su esencia oscura, ahora que estaba inconsciente no podía hacer nada. Los chicos habían acertado un gran golpe contra el Rey de Pokelantis y sin ninguna baja, aunque sus Pokémon aún seguían adoloridos. Fue desigual, es cierto pues fueron los ataques de tres Pokémon contra uno solo, no había posibilidad que los esquivara todos, pero fue necesario tomando en cuenta la enorme fuerza que habían visto en el Pokémon hace rato. Pero mientras ellos se alegraban por su reciente triunfo, era él Rey quien más emocionado estaba pues tenía un nuevo objetivo.
El objetivo del Rey de reinstaurar un nuevo reino requería de volver a colocar su nombre entre toda la gente de la región, que todos supieran quien era él y que se doblegaran mediante el miedo. Pero, así como lo hizo en su tiempo, requería de criaturas fuertes, que fuesen imposibles de vencer y que causaran terror por donde quiera que pasaran. ¿Qué mejor que las criaturas de un campeón como Ash, ahora que dominaba su cuerpo y todo lo suyo? Pues la respuesta estaba frente a él, las criaturas de dos campeones que han entrenado para no ser vencidos en batalla.
—Perfecto. Esta demostración de la fuerza de sus criaturas ha sido más que perfecto— dijo el Rey, no se oía conmocionado o furioso como lo esperaban los chicos, sino que seguía sereno y confiado a como lo había estado haciendo.
Gold fue el primero en señalarlo y responderle— ¡Di lo que quieras! ¡Sabemos que estás frustrado pues te vamos a vencer! —se oía emocionado, hacer alarde de sus cualidades y triunfos siempre era motivo de emoción para el chico.
—Es bueno ver que tu animo nunca se verá afectado— dijo Red con sarcasmo, a veces le disgustaba que su hermano fuese tan fanfarrón, pero admitía que esa característica suya era lo que lo mantenía fuerte y determinado. Su ánimo y autoestima siempre terminaba contagiando a Red, pues pareciera que nada podía tirar sus ansias de triunfo, ni una situación como esta.
—Sus criaturas me han demostrado tener una excelente condición y resistencia para el combate. Por eso Ash los ha admirado por mucho tiempo, son dignos rivales para combatir— les dijo el Rey, pero sus palabras se hicieron más enérgicas cuando elevó los brazos y les gritó— ¡Por eso! ¡Debo poseer esas criaturas! —
Con un movimiento de sus brazos, la energía oscura que rodeaba al cuerpo de Ash se acercó a los tres chicos. Al principio ellos se preocuparon pues fue sorpresivo el como aquella aura se acercó a ellos con rapidez y de frente. Pero aquello no iba por ellos, no fue por sus Pokémon, sino que fue hacía sus cinturas donde tenían sus pokeball.
En un abrir y cerrar de ojos, aquella aura los rodeó y sus pokeball se separaron de sus dueños y se elevaron. Una a una, cinco pokeball de Red, tres de Gold y tres de Dawn, once pokeball en total se colocaron encima de ellos. Frente a sus ojos, el aura entró a las pokeball por medio de la abertura donde abrían, solamente fueron exceptuados los Pokémon que estaban en el campo de batalla, y extrañamente, unas cuantas pokeball en los cinturones de Dawn y Gold.
—¡Ustedes serán testigos del poder que impongo sobre todas las criaturas mágicas que posea! —les gritó a los chicos quienes quedaron inmóviles ante lo que presenciaban frente a ellos. Se oía emocionado, como nunca antes lo hubiese estado— ¡Serán los primeros en ser sometidos ante mí para la creación de mi nuevo reino! —
Una de las pokeball se abrió y, en lugar de un brillo rojo, fue un brillo tan oscuro como el aura que la rodeaba. Era una de las pokeball de Red y el Pokémon que salió era su Venusaur, con las mismas condiciones que había presentado Infernape, rodeado por aquella aura y con una forzosa mirada de ira hacía los chicos, siendo sus nuevos objetivos.
—¡Ataca! —
Cuando el Pokémon recibió la nueva orden, lanzó un gruñido, pero en lugar de ser el que regularmente daría para atacar, fue lo más aproximado a un quejido como si lo hubiesen golpeado en alguna parte para que atacara.
El Pokémon dio un par de pisadas fuertes sobre el suelo, de donde brotaron algunas raíces de gran tamaño que fácilmente podía ser comparada con el grosor de un Seviper. Las raíces se dirigieron hacia los chicos, sobresaliendo de entre la tierra.
—¡Es planta feroz! — señaló Red advirtiendo del ataque.
Una raíz salió de debajo de Poliwrath, era de gran tamaño y grosor, la fuerza con la que salió fue suficiente para empujar hacia arriba al Pokémon de casi sesenta kilos de peso. Mientras Poliwrath permanecía en el aire una segunda raíz salió del suelo y lo golpeó, luego otra. Tres golpes eran suficientes para ir debilitando a un Pokémon que era débil a un ataque tipo planta. Pero no fue el único al cual afectó, pues al Typhlosion, un Pokémon que no le afectaría un ataque como este, también estaba siendo castigado por los golpes y rasguños que las raíces le provocaban. El Pokémon, tratando de no caer pues no había sido arrojado al aire como su compañero tipo agua/lucha pues era un tanto más pesado, aumentó la potencia de las flamas de su espalda esperando quemar las raíces, pero esto no pasaba, las raíces no parecían afectarles el fuego, como si el aura negra que envolvía al Pokémon también le sirviera como escudo protector al fuego. Explotaro trató de usar lanzallamas, ya arto y desesperado de ser atacado, pero las mismas raíces que lo golpeaban se lo impidieron.
Las raíces no se limitaron solo a atacar a los Pokémon, también se dirigieron a sus entrenadores, luego de haber atacado a los dos Pokémon siguieron sin parar hacía los dos Ketchum.
Ambos Ketchum eran agiles, pudieron evitar las primeras raíces que salieron del suelo, pero estas volvían a la tierra para volver a salir. Las raíces se movían con rapidez, e iban raspando a los chicos, el chaleco de Red sufrió unos rasguños y las mangas blancas se rasgaron, su gorra cayó pero no le importó, no podía distraerse y bajar el ritmo, pues si lo hacía sería golpeado. Pero la tierra a su alrededor se había ablandado por las raíces, y en una de esas, simplemente perdió el ritmo, se retrasó un momento y una raíz lo golpeó en el estómago elevándolo casi un metro del suelo y dejándolo vulnerable para que el ataque continuará.
A Gold no le fue mejor, cayó antes que su hermano. Mientras esquivaba las raíces, su pie chocó levemente con una de ellas que volvía al suelo con gran velocidad, esto lo desbalanceó por poco, pero fue suficiente para que una raíz le golpeara en la mandíbula aturdiéndolo y haciéndolo caer.
Dawn había sido la última en recibir el ataque. Cuando vio que la raíz se acercaba a ella, retrocedió un par de pasos, Pikachu y Piplup también lo hicieron, pero se colocaron justo frente a ella queriendo estar allí para protegerla. Fue Froslass quien actuó más rápido pues usó rayo hielo para congelar el suelo frente a ellos y crear un muro de hielo a su alrededor como una especie de fuerte donde pudieran protegerse. Lo hizo rápido, pero tenía el poder suficiente para hacerlo alto y con suficiente grosor como para contener el ataque, o por lo menos, eso pretendía.
Las raíces llegaron a ellos y fueron contenidas. Habían pasado unos metros debajo de la capa de hielo que cubría el suelo, pero se detuvieron al llegar a la barrera. Por un momento pareciera que estaban a salvo, incluso se alegraron, pero eso cambió cuando el hielo comenzó a fracturarse. Una pequeña grieta surgió, y después fue creciendo y se expandió a toda la barrera. La primera reacción de Froslass fue seguir lanzando rayo hielo para fortalecer el muro de hielo, pero se encontraba un poco exhausta, había actuado bastante en esa noche, más de lo que su cuerpo hecho de hielo podía soportar, estaba sobrepasando todas sus facultades, se esforzaba mucho por contener los ataques de quien fuera, pero lo hacía con tal que no afectaran a su entrenadora. Su amiga.
Piplup también quiso ayudar al Pokémon hembra usando igual rayo hielo, pero sus esfuerzos combinados no surgieron efecto pues el muro de contención de hielo se rompió en miles de diminutos cristales que se dispersaron por todos lugares.
Dawn y los Pokémon se cubrieron (a excepción de Froslass), Dawn interpuso su antebrazo frente a su rostro para evitar que este fuese alcanzado por los cristales, pero su barbilla estuvo un poco expuesta, cuando un cristal de hielo de, quizá, una pulgada de tamaño se acercó a ella rozó debajo de su mejilla abriendo una pequeña herida de la cual no se percató en aquel momento. Su brazo y sus piernas estaban sintiendo como el hielo los raspaba y algunos se incrustaban levemente en ellos, y aunque la chica podía sentir el punzar de estos cristales de hielo tan afilados, en ese momento no fue su mayor preocupación, no habría de percatarse de algún tipo de dolor hasta llegada el amanecer.
Aunque el muro de hielo había sido destruido, las raíces se detuvieron, ya no la atacaron ni a ella ni a los Pokémon que la acompañaban.
El Rey parecía estar disfrutando de aquel caos que generaba, había vencido a los Pokémon del bosque Verde, había vencido a los Pokémon de estos entrenadores y a ellos. Los había vencido, y él ya había sabido que lo haría apenas lo encontraron.
Los observó, vigiló sus movimientos y analizó sus estrategias en cuestión de minutos. Infernape no fue una muestra de su poder, solo fue un capricho suyo para distraerlos y jugar con sus esperanzas. Solo se divirtió con ellos haciéndoles creer que tenían una oportunidad mínima de vencerlo.
Una nueva orden y los látigos sepa de Saur salieron de su cuerpo. Gold aún permanecía en el suelo, y aunque trató de levantarse las lianas lo sujetaron y lo levantaron hacia lo alto. El chico no gritó, ni se quejó, ni maldijo, no pudo proferir palabra alguna pues estaba aturdido por el golpe en su mandíbula, golpe el cual también pudo haber fracturado esta.
Ante la imagen de su hermano siendo elevado cual muñeco de trapo sin que este pusiera resistencia, Red se percató que seguía él pues uno de los látigos sepa de su Pokémon se acercaba. Pero el entrenador todavía estaba consciente, así que intentó huir, pero al levantarse sintió aquel dolor agudo y punzante en el vientre, sintió como sus órganos retrocedieran y se pegaran a su espalda. Esquivó el látigo cepa la primera vez que se abalanzó contra él girando su cuerpo a un lado, puso su mano allí mismo donde recibió el golpe de la raíz que lo tumbó al suelo y se levantó a duras penas para tratar de correr, pero la liana del Pokémon lo alcanzó y lo tomó del tobillo izquierdo. Al ser detenido, Red cayó de bruces al suelo, y estando vulnerable para que el Pokémon lo elevara, así como lo hizo con el otro Ketchum. Levantarlo no era problema para un Venusaur ni mucho menos para Saur a quien había entrenado para cargar un peso equivalente al de su Snorlax.
Red se resistió más que Gold, quien finalmente reaccionó una vez que ya lo habían levantado muy lejos del suelo, a pesar del dolor en sus cuerpos, se esforzaban para tratar de zafarse del agarre, pero la liana del látigo sepa recorrió sus cuerpos y los rodeó para inmovilizarlos.
Gold no tenía la misma fuerza y resistencia que Red pero trató de liberarse cuando las lianas rodearon su cuello, cubriendo su boca y buscando cubrir sus ojos. Muy a su estilo de tomar decisiones espontaneas en situaciones exasperantes, trató de morder la liana, pero su mandíbula seguía inutilizable después del golpe que recibió.
El Venusaur estrujaba sus cuerpos con las lianas de su cuerpo cual Seviper, sentían como sus corazones palpitaban cada vez con más fuerza y sus pulmones ardían. La vista de ambos se se les nublaba, y no sabían si era por las lágrimas que brotaban a la fuerza, por la irritación de este fluido salado sobre sus ojos o por el oxígeno que comenzaba a faltarles. Sus movimientos ya eran inútiles no podían liberarse del fuerte agarre de Saur, pero debían liberarse pronto o caerían ante la ausencia de oxígeno y la presión sobre sus cuerpos.
Froslass y Piplup usaron rayo hielo sobre Venusaur, mientras que Pikachu usó impactrueno. Los tres ataques dieron de lleno al Pokémon pero este no se inmutaba, ni siquiera tuvo el más leve retroceso, siguió estando firme en su sitio y lo único que hizo fue dar un gruñido.
—Los hermanos de Ash Ketchum, los seres más amados del chico y poseedores de su admiración y respeto, sometidos ante mí— resaltó el Rey mirando a ambos chicos sobre él— ya nada hace falta, he acabado con su vida por haberme encerrado en su cuerpo durante todos estos años—
Cuando el Rey volvió a hablar, a Dawn le pareció despreciable. Aquel ser le estaba expresando su desprecio hacia su mejor amigo, un chico que era completamente lo contrario a él, un chico que había buscado su sueño de ganar una liga Pokémon y convertirse en maestro Pokémon, un chico que amaba a su familia, amigos y Pokémon, un chico que buscaba el bien para todos por igual y que en ese momento se veía reducido a nada. El Rey parecía haber forjado odio iracundo hacía el chico que había servido como vasija para aquella maligna esencia. Sin duda quería acabar con todo lo que a Ash le importaba y alguna vez le había importado, sus logros y su familia.
—¡Solo unos minutos más! ¡y ellos también habrán de desaparecer! ¡Y no habrá nada ni nadie que pueda traerlo de vuelta y detenerme! —con eso dicho por el Rey, las lianas de Saur apretaron más a los chicos, pudiendo ser el último esfuerzo que aplicaría en ellos.
—¡Basta! ¡Ash debes parar esto! —
El Rey se sorprendió, en toda la noche era la primera vez que lo hacía, ¿y por qué? Por la chica que le había gritado mencionando el nombre de del chico al cual le pertenecía ese cuerpo.
—¡Sé que puedes escucharme Ash! ¡Sé que puedes hacerlo! —
Dawn captó la atención del Rey, él la volteó a ver con aquella mirada tan oscura y profunda que podría robarte el alma cual Shedinja. Ese ser le atemorizaba, sí, era natural en él que lo hiciera, pero no iba a dejar que lo supiera.
No quería atacarlo, no solo porque sus ataques pudieran no hacerle daño y solo lo insitaran a atacarla de regreso, sino porque no quería dañar al chico. Sea como sea, seguía siendo el cuerpo de su mejor amigo, en algún punto, seguía siendo Ash, y mantenía la esperanza que él podría escucharla y detener a su peor pesadilla.
—¡Tu no controlas a Ash! ¡Yo sé que él todavía puede volver! —
Con cada segundo que pasaba, cada segundo que el Rey permanecía atónito mientras la miraba, ella iba ganando cada vez más coraje, pues estaba dándoles tiempo a sus amigos, y estaba deteniendo a su rival. Quizá, aquella esperanza que tenía que Ash la escuchara podría cumplirse.
—¡Sé que Ash puede detenerte! ¡Sé que puedes oírme! —
El Rey no había despegado la mirada de Dawn, estaba conmocionado, a pesar de todo lo que ella presenció, seguía firme, no se había desmoralizado todavía, siendo ella la última de quien el Rey se hubiese preocupado, pero teniendo a las otros dos Ketchum al borde de la agonía, ella seguía siendo el menor de sus problemas.
El Rey volvió a sonreír, mostrándole a la chica los casi perfectos dientes que Ash siempre le mostraba cuando estaba emocionado pero esta vez, al ver aquella sonrisa se estremeció.
—Ingenua— le dijo— tan ilusa como para creer que sus palabras y deseos surtirán efecto. Me he desecho de toda la vida en este bosque. Y he derrotado los seres que tu amigo más amaba. ¿Simplemente no lo entiendes? ¡Ash Ketchum ha desaparecido! —
Eso ultimo golpeó a Dawn en su ser. No quería creer que eso fuese cierto, pero en alguna parte dentro de ella podía presentir que tenía una parte de razón. Pero a pesar de eso, siguió firme sin despegar la mirada de aquellos oscuros ojos del Rey, ojos que alguna vez tuvieron un brillo de sueños e ilusiones.
—Quizá esto te haga entender—
EL aura oscura se dirigió hacia un nuevo objetivo, primero fueron los Pokémon, Froslass, Piplup y Pikachu fueron rodeados por esta aura que rápidamente los inmovilizó. No les hizo nada más solo les impidió moverse, y por más que ellos trataron de resistirse era inútil pues permanecieron en el mismo lugar y la misma posición. Luego fue Dawn.
La chica no tuvo tiempo para tratar de huir, rápidamente su cuerpo fue envuelto por aquella aura oscura, pareciera que sujetaban sus brazos y sus piernas para mantenerlas pegadas a su cuerpo. Ahora, el Rey había capturado a los tres chicos, ya no podían serle de estorbo pero su atención aún seguía centrada en Dawn.
El Rey se acercó a ella, no le importaba, ella no podía hacer nada contra él y aunque no estuviera libre, tampoco haría nada. Dawn sentía como era estrujaban su cuerpo, y por la desesperación respiraba agitadamente, pero por la presión sobre su cuerpo pronto a sus pulmones les costaba cumplir con su labor. El Rey estaba disfrutando esto, para acabar la noche, iba a mostrarle a la mejor amiga de Ash una escabrosa imagen que nunca se imaginó en el chico, iba a tener la idea de su amigo atacando Pokémon y a su familia, y sería el rostro del chico lo último que vería esa noche y lo último que vería en su vida.
—Esta noche mi reino resurgirá, pues después de esta noche no habrá nadie que pueda detenerme. A partir de ahora este cuerpo me pertenece y nadie volverá a encerrarme en ninguna vasija de piedra o humana. ¡Mi reino se levantará y yo gobernaré nuevamente! — acercó su mano hacía Dawn y la tomó del mentón—y lo único que tengo que hacer es un ligero movimiento de mi mano—
A pesar del guante sobre la mano del Rey, la chica sintió aquella mano totalmente fría. Ya no era cálida, ya no era la mano del chico que a veces tomaba y corrían juntos y emocionados hacia un destino que ambos disfrutarían. En ese momento, sintió una repentina tristeza golpear en su corazón, pues estaba viendo a su mejor amigo frente a ella pero ya no era él, pues él nunca hubiese puesto su mano alrededor de su cuello como lo estaba haciendo en ese momento, él nunca le haría daño, pero ya no era su amigo.
Cuando fue el desastre de pueblo Alamos, ambos se abrazaron en el momento que creyeron que la ciudad sería destruida por los Pokémon míticos del tiempo y el espacio, si iba a ser su fin ellos estarían juntos, y ahora que podía a ser el fin definitivo de ambos, también estarían juntos, pues Dawn aun confiaba que Ash seguía dentro de su cuerpo, mirándola sin poder hacer nada.
El Rey de Pokelantis tenía su mano sobre el delicado cuello de la chica, estaba extasiado pues volvía a hacerlo desde su encierro. Solo necesitaba un ligero movimiento, y tanto ella como los hermanos de Ash habrían sido eliminados para siempre. Observó a la chica por última vez, y después… sintió dolor.
