Alya no se lo podía creer.
Chat había dejado escapar a Felix, a propósito, y lo que era peor: Marinette no se estaba subiendo por las paredes.
—Volverá —le aseguró Chat a Rena por enésima vez.
—¿Y tú confiaste en su palabra? —replicó ella, tratando de atenuar el enfado en su voz. Le parecía una locura.
No quería montar un escándalo, no tenía derecho a hacerlo, pero hacía una semana Ladybug no hubiera permitido que Chat Noir se saliera de rositas después de tal metedura de pata (o por lo menos así lo veía ella).
La dinámica del equipo había cambiado mientras Rena había estado ausente, aunque ella no había tenido tiempo de notarlo hasta ahora, y a Alya no le gustaba ni un pelo.
—Por si sirve de algo, yo creo que fue la decisión correcta —intervino Viperion, pero Rena le dirigió un gesto que significaba que, en efecto, sus palabras no servían de nada.
Habían vuelto al estudio de Felix a buscar pistas sobre su paradero, pero nada más entrar por la ventana, Rena y Chat se habían puesto a discutir. O más bien, Rena se había puesto a insistir en que dejar a Felix marchar no había sido una buena idea, esperando que su mejor amiga la secundase, pero Ladybug se estaba manteniendo al margen y Chat estaba contestando a Rena con una calma digna de Adrien.
Al ver que no tenía vela en ese entierro, Viperion decidió alejarse de aquel lío. Desde su punto de vista, Adrien probablemente había tenido sus razones. Al fin y al cabo, él era el que mejor conocía a Felix, ¿no?
Aun así, se alegraba de que Marinette estuviera comenzando a confiar en Adrien. Esos últimos meses habían sido todo un desafío para su relación —la mayor parte del equipo se había dado cuenta—, así que Luka pudo respirar más tranquilo al saber que por lo menos no tendría que preocuparse por ese frente en su misión de "vigilar a Adrien" (aunque aún no tenía muy claro en qué consistía su misión exactamente).
Viperion comenzó a pasearse por el estudio. Había polvo en las esquinas, señal de que nadie había vivido allí durante mucho tiempo y que Felix solo había hecho una limpieza superficial. Además, como Ladybug aún no había usado su poder, el escritorio seguía hecha pedazos y la puerta que Chat había arrancado de sus goznes seguía partida en dos encima del sillón.
Viperion se escribió una nota mental para nunca retar a Adrien a un pulso.
Se acercó al escritorio. Lo único que había hecho Chat, según le había contado por el camino, había sido lanzar su bastón hacia la mesa, y sin embargo parecía que una bola de demolición le había caído encima.
Luka se lo quedó mirando durante unos segundos, teorizando sobre el poder de la Destrucción.
Y entonces vio algo rojo entre las astillas.
—Chicas —los llamó, apartando los trozos de madera—. ¿Qué es esto?
Con cuidado, Viperion sacó el Tomo II del Grimorio de los Miraculous de debajo de los restos del escritorio.
—Esto es… Esto es….
Ladybug no tenía palabras para describir lo que estaba viendo.
Seguían en el piso de Felix, pero ya había usado sus poderes para reparar los destrozos, así que el escritorio estaba de una pieza otra vez y el equipo se había podido reunir alrededor de él para examinar el gran descubrimiento de Viperion.
Ladybug pasaba las páginas incrédula. Chat y Rena tenían los ojos clavados en el libro. Luka, en cambio, no tenía ni idea de por qué estaban tan sorprendidos, pero se contagió de su asombro.
Fuese lo que fuese ese libro, parecía antiguo, y por lo tanto importante.
—No puede ser… —dijo Ladybug cuando llegó a cierta página, y levantó el libro para enseñárselo a Chat.
Chat Noir contuvo el aliento en cuanto reconoció a un antiguo portador del miraculous del gato —aunque al estilo japonés— apuntando con una pequeña bola de destrucción hacia la estatua de un ave.
Era un dibujo del Disparo Cataclismo.
Sin pedirle permiso a Ladybug, Chat pasó a la siguiente página, que era un poco más críptica dado que no podía entender el texto, pero la ilustración era lo suficiente reveladora. Era un portador de la Destrucción, como él, que parecía estar escuchando a un… ¿mosquito?
—Estos son mis nuevos poderes —murmuró maravillado, y acto seguido le devolvió el libro a Ladybug, que intercambió con él una mirada igual de impresionada—. El Maestro Fu nunca nos dijo que hubiera más Grimorios.
—Tenemos que decodificarlo cuanto antes —añadió ella.
—¿Cómo? —preguntó Viperion.
—Tenemos el otro Grimorio, que ya está traducido. Con suerte la clave será la misma. No sé si este libro fue escrito por la misma persona, pero…
—Es una continuación —la interrumpió Chat—. Es el Tomo II. Lo vi cuando lo abriste. —Como Ladybug no pareció entenderlo, Chat se tomó la libertad de estirar el brazo y pasar las páginas hasta llegar a la cara interior de la portada—. Aquí —dijo, señalando unos símbolos.
En la primera página, escrito a mano con una caligrafía que no se correspondía con la del resto del grimorio, había varios símbolos que Ladybug había asumido que eran en código. En un segundo vistazo, sin embargo, se dio cuenta de que eran caracteres chinos.
—Esto creo que es tibetano. No sé qué dice —explicó Chat, señalando la primera línea. Luego bajó el dedo hasta la segunda—. Pero esto de aquí abajo es mandarín, y estoy bastante seguro de que pone "Volumen" o "Tomo" dos. Este libro es una continuación del que ya tenemos.
Ladybug parpadeó confundida.
—¿Sabes chino?
Chat simplemente se encogió de hombros.
—También sé morse, ¿y te sorprende lo del chino?
Vaya. Ese chico era toda una caja de sorpresas, pensó Marinette.
Mientras tanto, Rena los miraba a uno y a otro atónita, pero no por el Tomo II.
¿Nuevos poderes? Alya era consciente de que acababa de reincorporarse al equipo y que por lo tanto tenía muchas cosas con las que ponerse al día, pero… lo de los nuevos poderes de Chat le parecía bastante importante. Marinette había tenido tiempo de sobra para contárselo, y no lo había hecho. Eso, sumado a la aparente indiferencia de Ladybug ante lo de dejar ir a Felix…
Definitivamente, a Alya no le gustaba nada la nueva dinámica.
—¿Y cómo demonios ha conseguido Felix el Tomo II del Grimorio de los miraculous? —preguntó Luka con bastante tino—. Por el aspecto del libro, no me parece que haya muchas copias.
—Los Grimorios son únicos —convino Ladybug, pensando que Luka acababa de plantear una buena pregunta. Una pregunta de la que por desgracia no sabía la respuesta.
—Se lo preguntaremos a Felix en cuanto regrese a nosotros —contestó Chat con total naturalidad, aunque por dentro tenía dudas sobre que su primo realmente fuera a cambiar de bando después de conocer su identidad.
Si escuchó el gruñido de disconformidad de Rena, lo ignoró.
Sin embargo, ni uno ni otro tuvieron la oportunidad de iniciar una discusión porque entonces Ladybug cerró el libro con un golpe tan fuerte que resonó por todo el piso.
—Se acabó la misión —dijo—. Ahora tenemos una tarea más importante entre manos.
Adrien se paseaba de un lado a otro de su habitación como si tuviera hormigas en los pantalones.
Ladybug le había prometido enviarle una copia del Tomo II por email junto con el código para descifrarlo y Adrien llevaba esperando casi una hora. Había incluso tomado precauciones: había activado la VPN en su ordenador para que no rastrearan su IP y se había conectado a internet a través de los datos móviles, en vez de la WiFi de su casa que su padre controlaba.
Al fin y al cabo, debía proteger sus secretos, en especial después del extraño silencio de Felix cuando Chat le había preguntado si Gabriel Agreste era Hawk Moth. (Aunque Adrien seguía pensando que no cambiaba nada; no se lo creería hasta que obtuviera una confirmación explícita de su primo.)
Adrien tenía el email abierto —el email de Chat Noir— en el ordenador pero aún no había noticias de Ladybug.
Plagg, por su parte, estaba agotando sus reservas de Camembert a un ritmo alarmante, pero se mantenía callado, más callado de lo normal. Adrien supuso que la razón estaba relacionada con el Tomo II, pero debido a las restricciones de la magia de los kwamis, Plagg no se lo podía confirmar.
Por fin, tras una espera larga y tortuosa, tanto uno como otro levantaron la cabeza de golpe cuando el ordenador emitió el sonidito de una notificación. Adrien prácticamente voló hasta su escritorio e hizo clic en el email que acababa de recibir.
—No te emociones tanto. Ya te he dicho que tienes prohibido evolucionar sus poderes hasta próximo aviso —le advirtió Plagg, flotando perezosamente hacia él mientras su portador introducía la contraseña que desbloqueaba el archivo ZIP y esperaba a que el PDF que contenía se descargase.
Adrien iba a contestar con un "ya lo sé" resignado cuando reparó en su extraña elección de palabras.
—¿Evolucionar? —preguntó, levantando una ceja—. ¿Como los Pokémon?
Entonces Plagg abrió mucho los ojos, como si Adrien le acabase de revelar los secretos del universo.
—¡Evolucionar! —exclamó Plagg, asombrado—. ¡Evolucionar! ¡Evolucionar! ¡Evolucionar! ¡Evolucionar!
—Eso ya lo has dicho —se extrañó Adrien, pero ignoró a su kwami en cuanto el PDF acabó de descargarse.
Con el corazón desbocado debido a la expectación, abrió el archivo. Allí estaba, en fotos que podrían ser de mejor calidad pero eran perfectamente legibles: el Tomo II de los miraculous. El grimorio mágico que, de alguna forma, había acabado en manos de su primo. (La verdad era que no le extrañaba en absoluto que Felix hubiera conseguido hacerse con algo así. Había robado todos lo miraculous, al fin y al cabo; después de eso ya nada que hiciera podría sorprender a Adrien.)
Lo primero que hizo Adrien fue comenzar a pasar las páginas en busca de la que explicase qué demonios era el Orbe y cómo sacarle provecho, pero antes de que llegara a eso, Plagg le pegó un latigazo a su mano sobre el ratón.
—¡Aparta! —le gritó. Tomó el control del teclado y comenzó a pasar las páginas hacia atrás—. ¡Mira! —le espetó en cuanto encontró lo que buscaba, y luego tiró del flequillo de Adrien para acercarle la cabeza a la pantalla—. ¡Lee! ¡Y lee bien, tonto del culo! Ahora entenderás por qué no quería que evolucionaras tus poderes.
Adrien se frotó la frente, un poco dolorido por la brusquedad de Plagg, pero acabó haciéndole caso y comenzó a traducir, sílaba a sílaba.
Esto era lo que ponía el Tomo II:
Miraculous de la Destrucción – Gato Negro
Uno de los dos miraculous originales. Una de las dos mitades del universo.
En oposición al miraculous de la Creación, el miraculous de la Destrucción canaliza la energía negativa, lo que le permite desintegrar la materia, la energía y el espacio a nivel subatómico.
Las fuentes más comunes de energía negativa son: antimateria, energía oscura, caos, emociones negativas. Para una lista detallada de las emociones negativas, consulte la página 21.
Adrien estuvo a punto de buscar la página 21, pero Plagg se lo impidió bajando el puntero del ratón hasta el borde inferior izquierdo de la página en la que estaban.
Sin cuestionar las decisiones de su kwami, Adrien hizo zoom en esas pocas palabras —escritas de forma más descuidada que el resto del texto— y comenzó a traducir.
Se trataba de una especie de nota al pie que decía:
Este kwami solo puede tener un portador si las circunstancias son desesperadas o si el miraculous de la Creación lo requiere para mantener el equilibrio. En cualquier otro caso, JAMÁS DEJARLO LIBRE.
Cuando acabó de leer, Adrien se dejó caer hacia atrás en la silla con un resoplido.
Sus ojos se habían quedado clavados en las dos palabras de arriba —emociones negativas— y en las implicaciones.
No era un nuevo descubrimiento, en realidad, sino más bien una confirmación de lo que ya sabía: que habían sido sus emociones negativas las que lo habían hecho no solo mejorar sus habilidades a un ritmo alarmante, sino también perder el control en el Arco del Triunfo.
Porque habían sobrecargado sus poderes, razonó Adrien.
Pero verlo así expresado, como si fueran las instrucciones de un libro de cocina, hacía que se le revolviese el estómago. (Ingredientes para destruir el mundo: miedo, dolor y un padre terrorista.)
Y sobre la advertencia que alguien había añadido debajo… jamás dejarlo libre, en letras bien grandes. De verdad Plagg, ese perezoso kwami glotón, ¿era tan peligroso?
—Si mis poderes se alimentan de mis emociones negativas, entonces los de Ladybug se alimentan de sus emociones positivas, ¿no? —dedujo Adrien, dirigiéndose a Plagg, que asintió—. Y como Ladybug no ha estado en su mejor momento últimamente, no ha podido descubrir nuevas habilidades como lo he hecho yo.
—La palabra exacta es evolucionar tus poderes —aclaró el kwami—. Y tú lo has conseguido precisamente porque no has estado en tu mejor momento. No es algo de lo que debas estar orgulloso.
—Lo sé —dijo Adrien, mientras chasqueaba la lengua con hastío—. ¿Pero no es bastante injusto? ¿Significa eso que solo seré útil para el equipo mientras sea infeliz?
—¡No, claro que no! —exclamó Plagg—. No todas las emociones negativas son malas, Adrien. La vida es una montaña rusa. Los nervios antes de la boda, el miedo a suspender el examen de conducir… son inevitables y siempre acompañan a los momentos importantes. Cuanto más vivas, más sentirás, tanto lo bueno como lo malo. El truco es almacenar esas emociones para cuando de verdad sean necesarias. Para eso está el Orbe.
—¡Ooooooooh! —exclamó Adrien, larga y sonoramente. De repente todo cobró sentido: por qué el Orbe absorbía sus emociones, por qué se hizo más grande tras devorar el dolor de Chloe… Ese era su fin: era una batería portátil para sus poderes.
Lo único que aún no entendía era el extraño dolor físico que había sufrido al crearlo.
—El problema, Adrien —continuó Plagg, flotando entre los ojos de su portador con los bracitos en jarras—, es que el Orbe no fue creado para absorber tus sentimientos en exclusiva, sino también para absorber los sentimientos de otras personas y usarlos para cargar tus poderes.
—¿De otras personas? ¿Como lo que hice con Chloe esta mañana?
Plagg asintió.
—Alimentar el miraculous con tus propias emociones negativas, como has estado haciendo hasta ahora, no es sano. El Orbe es la forma fácil de reprimir tus emociones, pero si reprimes demasiado corres el riesgo de no saber lidiar con ellas una vez las liberes. Y si eso ocurre, perderás el control otra vez.
—Así que eso fue lo que pasó… —suspiró Adrien mientras se frotaba la barbilla. De alguna forma, la explicación no le estaba sorprendiendo en absoluto, pero eso no la hacía más agradable—. ¿Y cómo es que me lo puedes explicar ahora y no antes?
—Mira, eso pregúntaselo a Tikki, ¿vale? Yo nunca presté mucha atención a las reglas de la Orden, que fueron quienes escribieron el grimorio. Pero supongo que es porque ahora tienes el libro —contestó Plagg señalando a la pantalla.
Adrien volvió la atención al grimorio. Lo que le estaba contando Plagg le daba mal rollo, tenía que admitirlo, pero no era nada que aún no hubiera deducido por sí mismo.
Además, aunque le había quedado muy claro que no podía evolucionar sus poderes —por lo menos no a propósito, porque no es que hubiera estado tratando de "evolucionarlos" antes—, eso no significaba que no pudiera averiguar cómo hacerlo, ¿verdad? En caso de necesidad.
Si sabía cómo hacerlo, al fin y al cabo, podría evitar hacer lo que quisiera que hiciera falta.
Ese fue el razonamiento que llevó a Adrien a volver a tomar el control del teclado y pasar a la página siguiente, donde aparecía el dibujo del Disparo Cataclismo, que el libro llamaba Primera Evolución.
Luego pasó a la segunda hoja que, como era de esperar, se trataba de los sentidos aumentados.
La tercera, en cambio, era más interesante.
—¡Oye, oye! ¿Qué haces? ¡Te he dicho que tienes prohibido evolucionar tus habilidades! —lo regañó Plagg, pero Adrien simplemente puso los ojos en blanco.
—¡Y no lo haré! Pero no hará daño saber qué me espera si lo intento, ¿no? ¿Tú no tienes curiosidad? ¿O es que ya lo sabes?
Plagg frunció el ceño, pero Adrien no lo vio porque había vuelto la vista a la Tercera Evolución.
Se trataba de múltiples Cataclismos. En concreto, el número máximo de Cataclismos que podía usar antes de que la cuenta atrás de su anillo comenzara había aumentado a siete. La verdad es que Adrien sintió cierta decepción al leer esto; después de la pelea contra Miracle Queen, antes de perder el control en el Arco del Triunfo, había creído que su transformación ya no tenía límite de tiempo.
Al parecer ese no era el caso. El aguante del miraculous simplemente había aumentado.
La Cuarta Evolución era el Orbe, al que el libro le dedicaba dos hojas enteras. Adrien hizo las cuentas, sin embargo, y se dio cuenta de que, si recordaba bien, él había creado el Orbe antes de conseguir lo de los múltiples Cataclismos. O por lo menos había creado el Orbe antes de descubrir lo de los múltiples Cataclismos.
¿Se había saltado una Evolución? ¿O simplemente no se había dado cuenta de que había alcanzado la Tercera? Fuera como fuera, que hubiera alcanzado la Cuarta en un par de días era de por sí impresionante, aunque supiera que en realidad no era para dar saltos de alegría, sino más bien lo contrario.
Mientras tanto, Plagg se había sentado en el borde superior de la computadora y miraba a su portador con los ojos entrecerrados y lo que a Adrien le pareció un puchero enfadado.
—¿Quieres que pare? —preguntó Adrien, con un dedo sobre el botón izquierdo del ratón. No tenía claro que fuera a obedecer a Plagg si le decía que sí.
Sin embargo, Plagg se encogió de hombros.
—Tú mismo. Ya sabes lo que se dice: la curiosidad mató al gato.
Su tono pasivo-agresivo descolocó a Adrien, pero la curiosidad lo venció de todas formas. Acabó pasando la página… y se la encontró vacía.
Las palabras "Quinta Evolución" estaban escritas en letras grandes en el margen superior, pero no había dibujo ni explicación. Tampoco había texto en la Sexta, Séptima, Octava, y Novena Evoluciones, y la Décima era una cosa muy rara llamada Liberación que sin embargo Adrien no se molestó en traducir.
—¡¿Por qué está en blanco?! —exclamó Adrien, mientras pasaba las páginas de delante a atrás como si así pudiera cambiar mágicamente su contenido.
Plagg se limitó a examinarse las garras con fingida indiferencia. Oh, ese pequeño demonio ya sabía que las hojas iban a estar en blanco y lo había retado a comprobarlo a propósito.
Pero, ¿por qué estaban vacías? ¿Era porque Adrien solo había llegado a la Cuarta? ¿Tal vez el grimorio era mágico y no mostraba más de lo que el portador debía saber?
Adrien esperó a que Plagg contestara. Estaba seguro de que querría restregarle su ingenuidad. Por desgracia, lejos de soltar algún comentario ingenioso, la respuesta de Plagg fue:
—Porque todos tus predecesores murieron antes de llegar a la Quinta.
Adrien sintió que su corazón se detenía.
Puede que se hubiera tomado todo eso de las Evoluciones y las advertencias sobre las emociones negativas un poco a la ligera.
Era hora de volver a ponerse los pantalones de adulto.
Satisfecho con la reacción que sus palabras habían causado, Plagg se apresuró a aclarar:
—No es tan grave como suena, ¿vale?, o por lo menos no lo será si me haces caso. Controlar la energía negativa es difícil, aún con la ayuda del Orbe. Es tentadora, y es muy fácil dejarse devorar por ella.
»Por si fuera poco, la Orden siempre ha tratado de… um… contrarrestar mi naturaleza destructiva emparejándome con viejos estirados cuyo único objetivo era mantenerme a raya, en vez de aceptar mi poder tal y como es. ¿Recuerdas cuando te dije que eras el mejor Chat Noir que he tenido en mucho tiempo? —Adrien asintió—. Bueno, pues el listón no estaba tan alto.»
—Sé claro, Plagg —le pidió Adrien—. ¿Cómo de peligroso será si intento llegar a la siguiente… cómo era… Evolución?
Su kwami le dirigió una mirada de indignación asesina.
—¡¿Pero tú me estás escuchando?! ¡Te he dicho que ni lo intentes! No se trata del peligro, Adrien, sino de que no estás preparado.
—Vale, vale —concedió el chico levantando las manos en señal de rendición, y bajó la vista de su kwami a la pantalla, de nuevo. El PDF seguía en la página de la Décima Evolución, la última, la que rezaba "Liberación"—. ¿Qué significa "Liberación"?
Plagg le quitó hierro con un gesto.
—Olvídate. Nadie ha llegado a la Liberación conmigo, y tú eres muy joven para siquiera intentarlo.
—Ya, pero, hablando hipotéticamente, imagínate que Ladybug quiere hacerme un quiz sobre el Tomo II para asegurarse de que lo he leído, y me pregunta por la Liberación. ¿Qué debería contestarle?
Plagg suspiró. Ese chico era demasiado curioso para su propio bien… pero nadie había superado la Quinta Evolución desde que la Orden había tomado control del miraculous de Plagg, así que supuso que no haría daño explicarle algo que, de todas formas, estaba tan fuera de su alcance.
—Hace más milenios de los que puedo recordar, los kwamis aceptamos ser encerrados en los miraculous a cambio de poder vivir pacíficamente en el mundo humano. Sin algo que nos ancle a la existencia física, no somos capaces de materializarnos en la Tierra.
»Pero lo que sea que nos ancle a este mundo no tiene porque ser una joya. Las Evoluciones son, en teoría, una forma de preparar el cuerpo y la mente del portador para la Liberación. Con la Liberación, el portador se convierte en nuestra ancla al mundo humano a cambio de acceso sin límite a nuestro poder. El humano se convierte en el miraculous, y solo puede ser separado del kwami cuando muera.»
«Interesante», fue lo único que cruzó la mente de Adrien. Al fin y al cabo, Plagg le había dejado muy claro que no estaba preparado para llegar a la Quinta Evolución, fuese cual fuese, por no decir la Liberación.
—En resumen, que a mí el Tomo II no me sirve de nada… —suspiró, entre resignado y frustrado.
—No desesperes. Por lo menos el encuentro con Felix fue bien.
—"Bien" es un término relativo. Si con "bien" quieres decir "inesperado", entonces sí. Lo único que tengo es fe en que… —estaba diciendo Adrien, pero entonces cayó en la cuenta de algo que había pasado por alto y sus ojos se abrieron como platos.
Plagg se estremeció en cuanto percibió el miedo de su portador, la forma en la que su corazón comenzó a dar tumbos de puro terror. Su respiración se volvió tan irregular que Plagg se temió lo peor, que se hubiera olvidado de algo importante y que ahora París corriera el peligro de ser reducida a cenizas.
Sin embargo, en cuanto Adrien tomó aliento y fue capaz de hablar, aunque entrecortadamente, lo que dijo fue:
—Si yo estoy leyendo esto… entonces Ladybug también lo está haciendo, ¿no?
—Sí… —contestó Plagg, sin tener muy claro a dónde quería ir a parar su portador.
—En ese caso… habrá leído lo de las emociones negativas. —Adrien lo dijo como si fuera el fin del mundo y Plagg no entendió por qué—. Mierda, Plagg. Esto es un desastre. Un maldito desastre. No se suponía que Ladybug tuviera que enterarse. ¡Ella no tenía que saber nada!
Plagg frunció el ceño. ¿Qué era lo que Adrien estaba tratando de ocultar? ¿Qué su estabilidad mental era un caso perdido? Pero eso Marinette ya lo sabía. Al fin y al cabo, el propio Adrien había acudido a ella, destrozado y llorando, cuando había visto el video en el monóculo de Felix.
Oh, claro. Pero Adrien no sabía que Marinette era Ladybug, así que había asumido que le había estado ocultando sus problemas a Ladybug con éxito, cuando en realidad ella ya lo sabía todo y se estaba muriendo de la preocupación desde la noche de la Gran Revelación.
A Plagg le entraron ganas de reír. A Adrien no le hacía ninguna gracia.
—Mierda, mierda, mierda —comenzó a soltar Adrien, mientras se llevaba las manos a la cabeza al borde de un ataque de pánico—. Querrá explicaciones, Plagg. Seguro que está a punto de llamarme. ¡¿Qué demonios le voy a decir?!
Plagg suspiró exhausto. Como siempre, las identidades secretas traían más problemas de los que evitaban…
En efecto, en la panadería de los Dupain-Cheng, Marinette releía una y otra vez el párrafo sobre Chat Noir y la energía negativas y de golpe todo cobró sentido. Un sentido horrible.
Primero, Chat Noir aparecía destrozado en su balcón. Al día siguiente, perdía el control de sus poderes. No eran hechos aislados, como Marinette ya había deducido; pero leer la confirmación en el grimorio le dio el empujón que necesitaba para tomar cartas en el asunto.
—Tikki —la llamó, su voz impregnada con tanta determinación como con preocupación—. No puedo darle más espacio a Chat Noir. No va a salir de esta solo.
Tikki frunció el ceño.
—Marinette, no te ofendas, pero has intentado que se abra a ti muchas veces y no lo ha hecho. Dale tiempo, ¿vale? Cuando esté listo, hablará.
—Ladybug ha intentado ayudarlo muchas veces. Después del incidente en mi balcón, Ladybug trató de consolarlo, y él se cerró en banda. Después de perder el control en el Arco del Triunfo, Chat Noir huyó en vez de quedarse a dar explicaciones a Ladybug. Y hoy mismo, antes de entrar en el piso de Felix, Ladybug trató de hablar con él y Chat solo dio largas. Marinette, sin embargo, aún no ha tenido oportunidad.
A Tikki no le gustaba cómo acababa de sonar eso, el tono distintivo con el que Marinette estaba nombrando sus dos identidades. Intuía lo que su portadora estaba insinuando y no le daba buena espina.
—Tikki, ¿podrías ir a hablar con Plagg? —le pidió Marinette.
Tikki arrugó la nariz.
—¿Y qué quieres que le diga?
—Quiero que Plagg convenza a Chat Noir de hacerle una visita a Marinette. Dile que tiene que disculparse conmigo, por marcharse sin decir adiós. Conociendo a Chat Noir, no será fácil engañarlo si nos aprovechamos de su sentimiento de culpa.
—Marinette… no creo que se una buena idea… Las identidades secretas deben…
—¡A la mierda con las identidades secretas! —gritó Marinette, tan alto que si sus padres no hubieran estado fuera de casa en ese momento, hubieran subido a comprobar qué pasaba—. Chat Noir está sufriendo, Tikki. Y no puedo aguantarlo más. Ya he cometido el error de apartarlo de mi lado una vez. No voy a tropezar con la misma piedra dos veces.
Tikki bajó la cabeza en silencio. Se planteó probar suerte a ver si podía hacer que Marinette cambiara de opinión, pero… la determinación en sus ojos era inquebrantable.
Su amor por Chat Noir —qué tipo de amor, Tikki no lo sabía— no le iba a dejar dar su brazo a torcer. Tikki sabía que Adrien no estaba en su mejor momento, aunque Plagg no quisiera explicarle qué había sido el desencadenante.
¿Felix? ¿El estrés? ¿Su padre?
Dios, había tantas posibilidades…
Tal vez, solo tal vez, pensó Tikki, el riesgo mereciera la pena.
—Muy bien. Iré a hablar con Plagg. Si es cierto que Chat Noir necesita tu ayuda, dudo que se niegue a tu plan.
Felix no bebía, no fumaba ni tomaba drogas, pero en ese momento tenía ganas de hacer todas esas cosas y más.
Adrien era Chat Noir.
Adrien era Chat Noir.
Adrien era Chat Noir.
Y Felix no sabía qué hacer con esa información.
¡Hola! Aqui likethelastwoman. Me parece que os prometí este cap para ayer pero no me dio tiempo.
En fin, ¡Marichat dulce Marichat!
Esta semana necesito un tiempo para releer los caps anteriores y organizar un poco lo que viene a continuación, por el bien de la coherencia de la historia. Así que la próxima actualización será probablemente o bien el fin de semana que viene o bien el lunes 18.
