Capítulo 11
1
¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Una hora? ¿Un día? ¿Una semana o un mes? No lo sabía, Ash solo se había centrado en el hecho que estaba atrapado nuevamente en esa especie de celda hecha de paredes negras, no había contemplado cuanto tiempo había pasado ya, pero calcular el tiempo es difícil en ese lugar donde pierdes la percepción de todo, donde no puedes ver, oír ni sentir nada. El chico estaba sintiendo que llevaba allí toda su vida, cuando realmente solo habían sido horas las que habían pasado.
Ash pensaba que no vería algo que no sea negro en mucho tiempo, sus pensamientos eran lo único que le quedaba luego de haber dejado de sentir su cuerpo y los latidos de su corazón. Pero todo eso cambió.
Cuando no lo esperaba, sintió su cuerpo ligero nuevamente, como si lo que lo estaba presionando lo haya dejado. Sintió como sus parpados se abrieron, abrió los ojos pero aún no podía ver nada, todo seguía siendo oscuridad. Inhaló profundamente, no sabía que respiraba pues no había aire pero sintió como sus pulmones volvían a llenarse de aquel fluido tan importante y volvían a trabajar. Exhaló por su boca, y no solo sintió esta parte de su cuerpo sino que logró escuchar cuando arrojó ese soplido. Estaba recuperando los sentidos.
No sabía si podía sentirse emocionado, desde hacía rato que solo se había sentido amedrentado, pero sin duda era un alivio que parte de sus sentidos regresaran, aunque le faltaba ver más que solo negro.
Había perdido también la orientación, desconocía si estaba de pie, acostado, parado de manos o los tres al mismo tiempo, pero quería mover uno de sus miembros y le daba lo mismo si era un brazo, una pierna o incluso con el simple hecho de ladear su cabeza hacía un lado era suficiente, solo quería saber si podía sentirlo, entonces lo hizo, y lo que pasó fue mejor aún.
Fue un brazo lo que levantó, no solo lo sintió, lo estaba viendo y, ¡sorpresa! Si podía sentirse emocionado, y no era para menos. No lo veía con nitidez, de hecho, estaba bastante borroso, como varios puntos del color de su piel unidos y formando su brazo, pero se alegró de ver algo más que negro.
Levantó su otro brazo y allí estaba. Genial, ahora solo le faltaba mejor visibilidad. El chico cerró los ojos, nuevamente oscuridad, pero estaba dispuesto a esa oscuridad, por unos segundos más, y esos segundos pasaron, y no los abrió. Algo le pasó a Ash que no quiso abrir los ojos nuevamente, pues se hizo un par de preguntas que nunca se había hecho y que sin duda nunca habían sido algún impedimento en su vida… ¿Qué pasaría…? ¿Y qué tal si…?
¿Qué pasaría si los abría? ¿Y si los abría y volvía a aquella oscuridad perpetua? Cerrarlos pudo haber sido un error pues ya no sabía si volvería a ver aquellos colores diferentes, y deseaba verlos de nuevo aunque no tuvieran forma, solo no quería volver a esa oscuridad.
Quiso abrir los ojos, pero algo lo obligó a cerrar sus parpados con más fuerza. Tenía miedo de abrirlos. Pegó sus manos a su cabeza tratando así de forzar a su mente a dar la orden de abrir los ojos nuevamente, se sentía mal por estar atemorizado, por primera vez en mucho tiempo no se sentía así de impotente.
Ash nunca lo dijo, nadie lo sabía, pero odiaba sentir miedo, desde aquella primera vez que llegó a ese lugar tan inhóspito. Esa sensación de impotencia por no poder hacer nada, de estar paralizado, de solo estar esperando lo peor a cada momento, solo le hacían culparse a sí mismo por no poder enfrentarlo, por no ser más valiente y confrontarlo, así como sus hermanos, así como su padre.
Nunca dijo nada sobre el Rey, porque temía recordar cada detalle de esos momentos que fue intimidado por ese ser de malévolas intenciones. La época de su infancia que solo soñaba con que el Rey le haría daño a él y a su familia, que lloraba en múltiples ocasiones porque no sabía qué hacer y nadie había dado con la solución para el mal que le aquejaba. Eran esos momentos que creía que iba a permanecer así para siempre.
Había deseado ser como Red, como Gold y como su padre, ellos nunca habían tenido miedo, ellos siempre se enfrentaban a todo sin dudar pues eran valientes, más valientes que él. Si estuvieran en una situación como la suya, ya lo habrían resuelto desde un principio. Y fue por ese pensamiento que recordó como enfrentaba cada situación peligrosa en que se metía.
¿Qué harían ellos?
Su familia, sus amigos, todos ellos podían enfrentar situaciones peligrosas y difíciles, ellos siempre actuaban pues sabían que hacer. ¿Y él? Él también podía hacerlo, o quizá debía, después de todo, también era un Ketchum, debía hacer lo mismo que ellos.
Sus pensamientos y recuerdos estaban desordenados, no podía concentrarse, pero debía hacerlo, debía recordar que él ya había vencido sus miedos, que ya había enfrentado situaciones como estas y lo había hecho sin titubear. Lo había hecho antes y podía hacerlo ahora, solo debía recordar que le podría decirle su familia.
"No podrías pensar en una buena estrategia, aunque lucharas contra un Dunsparce"
Definitivamente… no debió haber iniciado con un recuerdo de Gold de quien siempre esperaría una burla para atacar su orgullo, por alguna razón él siempre era la primera persona que recordaba aunque esto pudiera hacerlo enfadar con él. A veces en estos casos, se decía que, si no fuese un recuerdo, le aventaría una piedra a la cabeza. Pero no todo era malo, pues después de Gold, siempre pensaba en su otro hermano mayor.
"¿Enserio se puede esperar que alguien como tu pudiera realizar algún tipo de hazaña?"
Un momento… ¿Qué fue eso?
"Nunca has podido lograr algo solo ¿Y ahora nos necesitas para solucionar tu propio problema? Lo mejor sería que te quedarás allí por siempre"
No, espera. Red nunca diría algo como eso. Él no lo haría. Red siempre veía lo mejor de él, era su mayor apoyo.
Algo no estaba bien, sus pensamientos no parecían ser los suyos, o por lo menos no eso que recordó. Sus hermanos, su familia no pensaba eso de él… ¿O si lo habían hecho?
"Decepción tras decepción. Generaciones de Ketchum llenos de triunfos, y luego estás tú. El de más errores de entre todos"
—pa… ¿Papá? No, espera…—
"Tres hijos. Y solo el ultimo ha manchado mi nombre. No mereces nuestro apellido"
—Papá no… no pienses eso de mi—
"¿Sabes la vergüenza que paso cuando me preguntan por ti? ¡Hola Delia! ¿Tu hijo ya logró algo o sigues esperando a que el fruto de tu vientre reciba una revelación divina?"
—¡No mamá! ¡Yo no quería! —
"Fuiste un error. Fue mi culpa por no haberme detenido con los primeros dos, tendré que cargar con tus errores por siempre"
—¡Perdón mamá! ¡Perdóname, por favor! —
"Desperdicié tiempo entrenándote. ¿Qué estaba pensando? Nunca aprendiste a hacer nada ¿y todavía crees que un golpe de suerte en Sinnoh fue gracias a tus habilidades?"
—Nana, no. No fue así. Yo… yo…—
Algo no estaba bien. Todo eso… ¿Así lo veían sus seres más amados?
Esos pensamientos lo estaban agobiando, no podía ponerlos en orden. No podía recordar si alguna vez había escuchado eso de sus padres, de sus hermanos y de su nana. Tampoco podía recordar si ellos habían estado satisfechos con él. Su memoria estaba bloqueada, su mente era un caos, algo le impedía pensar con claridad.
Trató de pensar que todo era falso, que quizá nunca pasó así como lo estaba recordando, pero, ¿Qué tal si así era, y realmente había sido la decepción de su familia? Después de todo, él también era un Ketchum, uno con varios fracasos en su historial.
Familia, amigos, todo aquel que había conocido en su vida. Decepcionados de él, reclamándole sus errores. ¿Alguna vez habría hecho algo bien? Se preguntaba, quizá todos a los que recordaba tenían razón y realmente era un desperdicio estar con él.
Una última persona pasó por aquellos recuerdos de Ash…
—No. Ella no. ¡Ella jamás diría eso! —
La última persona que sabía que diría algo tan acusador sobre él.
Despegó sus manos de su cabeza y trató de ubicarlas justo frente a él. Iba a abrir los ojos, y esperaba ver algo.
Las voces de sus conocidos reclamándole sus errores y decepciones se hacían cada vez más fuertes. Hablaban al mismo tiempo pero podía entenderlos a todos y cada uno, pero no le importó, iba a abrir los ojos aunque ellos estuvieran allí con sus miradas acusadoras. Podían ser falsas, todo aquello que oía podía no ser cierto, y debía demostrar que así era y solo debía separar sus parpados, y así lo hizo.
Vio esa marca, esa maldita marca en su mano que se hizo el día que tocó esa pokeball de piedra y esa intensa luz le quemó la palma. Era la línea central de la pokeball y el botón de esta, se veía tan nítida, tan clara, finalmente podía ver algo diferente nuevamente. No sabía si sentirse emocionado o mal, pues siempre detestó esa marca pues era el recuerdo del día que liberó a su peor pesadilla.
Pasó sus dedos por la marca, y sintió una punzada de dolor, sintió un ardor en ella como si recién se la hubiese hecho. Siempre la ocultó a la vista de todos, usó guantes y siempre mantenía la palma hacía abajo cuando no los llevaba puestos, no quería que nadie lo supiera, no quería que nadie le hiciera preguntas, o más bien, no quería recordar nunca más ese día. Pero en ese momento no le importó verla ni tocarla, no podía ser peor que el hecho que estaba allí dentro nuevamente.
Revisó su cuerpo, estaba completo eso era un hecho. Su ropa, sus zapatillas, todo estaba como lo recordaba. Tocó su cabeza, ¿Dónde estaba su gorra? Podía sentir su cabello, jugó con él, tan alborotado y enredado como siempre, el cuidado de esto definitivamente no era su prioridad.
Todo estaba en orden y en su lugar, a excepción de su gorra y sus guantes. No sabía por qué. No sabía que le había pasado al Rey, pero sin duda debió haber sido algo bueno como para que sus sentidos hayan vuelto.
Escuchó un gemido… Dolor y angustia fue lo que se escuchó en aquel sonido gutural. Luego más, y más, varios quejidos parecidos. Debió haber venido de afuera, pues no recordaba haber escuchado un ruido tan atroz.
Se angustió, los quejidos continuaron, eran de Pokémon no había duda.
"¡Explotaro!"
"¡Poli!"
Esas voces. Eso que escuchó eran voces humanas y eran inconfundibles para Ash. Se regocijó pues eran sus hermanos. Ellos estaban en alguna parte, pero estaban allí, probablemente para encontrarle, pero se escucharon alterados, como si algo los estuviera exaltando.
"¡Froslass!"
Era Dawn, no solo sus hermanos también su mejor amiga había llegado en su búsqueda, sin duda era motivo de alegrarse pero algo le perturbó, ellos sonaban angustiados. Deseó poder verlos, tenía que saber qué era lo que pasaba con ellos allá afuera. ¿Pero cómo podía hacerlo? Era imposible cuando ni siquiera sabía cómo funcionaba aquel lugar.
Cerró los ojos, fue lo único que se le ocurrió pues la oscuridad que le proporcionaban sus parpados era más tolerable que aquella abrumadora oscuridad que podría incluso asfixiarlo. Habían sido muchas las sorpresas desde lo primero que sintió, y esas sorpresas no se detuvieron cuando volvió a abrir los ojos.
Frente a él, estaba la espalda de su Pokémon de tipo fuego, Infernape, y con las llamas de su cabeza podía ver un poco alrededor. Frente a él, en la oscuridad, estaban Gold, Red y Dawn junto a sus amigos Pokémon.
—¡Chicos! — Eran ellos, tenía razón, familia y amigos habían llegado por él, para ayudarlo.
Estaba emocionado, de pronto se sentía otra vez como cuando niño y volvía a ver a sus hermanos luego de estar un año sin verlos. Pues una de las características más destacables de Ash era su constante optimismo, y Dawn se lo había dicho en ocasiones, que siempre se encontraba alegre y optimista ante todo aunque la situación fuese devastadora. Era cierto, así era como lo habían conocido y así era como ya estaba acostumbrado. Pero desde que volvió a aquel lugar tan detestable, donde sus peores recuerdos y pensamientos se hacían presentes, no había encontrado la fuerza suficiente para sentir aquella sensación que le podía invadir el cuerpo, que le hacía tener la necesidad de reír y de gritar de jubilo. Pero ahora que podia ver a sus hermanos y a su amiga frente a él, había encontrado nuevamente una motivación para emocionarse… aunque no reparó que ese sentimiento suyo era algo muy leve en aquel momento.
—¡Red! ¡Gold! ¡Dawn! ¡Qué alegría verlos! —
Ash quiso dirigirse hacia ellos, pero sus piernas no le obedecieron. Se mantuvo en el mismo lugar y la duda llegó a él. Agachó su cabeza y levantó la pierna, pero esta no se movió. Levantó su brazo, y este tampoco se movió. Podía sentir sus extremidades, sintió cuando las movió pero no podía verlos realizando esta acción. Solo podía mover la dirección de su mirada.
— ¡Chicos! ¡Oigan chicos! —les gritó, e incluso agitó los brazos como si estuvieran a una gran distancia de separación.
—¡Pika Pi! —
Se escuchó con claridad la voz de su compañero Pokémon, Pikachu. Al oírlo, la ilusión volvió a Ash pues creyó que su amigo lo reconoció e iba a ir de regreso con él, pero al voltear a verlo, notó primero como Piplup usó rayo burbuja contra Infernape, y después Pikachu se iba acercando mientras usaba tacleada de volteos.
—¡Pikachu espera! —
Pikachu no lo escuchó, prosiguió con su ataque con dirección a Infernape, pero al llegar con él, el primate le golpeó con ultrapuño, y después lo arrojó lejos con otro golpe similar.
Ash se sorprendió por este hecho. Pikachu se veía furioso contra Infernape, no pareciera que lo atacaba como en algún entrenamiento o batalla, parecía algo peor como si Infernape fuese un enemigo suyo. Pero sin duda, lo más sorpresivo fue ver Infernape lo atacara sin compasión y lo hiciera apenas moviéndose, deteniendo la tacleada de volteos de un solo movimiento.
—¡Pikachu! — se preocupó, pero se tranquilizó cuando vio que el Froslass de Dawn lo atrapó justo a tiempo antes de caer o chocar contra algún árbol— ¡Infernape! ¿Por qué hiciste eso? — y entonces, se dio cuenta de lo que pasaba a su alrededor.
Infernape no se veía igual a como siempre, algo le estaba pasando. ¿Qué era eso que lo rodeaba? ¿Es una especie de humo negro? Aunque luego notó que ese humo fluía como fuego a su alrededor, negro, tanto como el lugar donde había estado aprisionado.
" Sus ataques son inútiles contra esta criatura"
Esa voz. Tan ronca y viniendo del fondo de su garganta. El Rey, era el Rey pero, ¿Dónde estaba? Se paralizó. Lo escuchó con claridad, el Rey debía estar muy cerca de él y no sabía si estaba preparado para encontrárselo.
¿Cómo puede ser posible que estuviera libre? Creía que era prácticamente imposible que alguna vez saliera a falta de un cuerpo físico, y por eso debía usurpar el suyo. Esa voz era sin duda la de él, lo había escuchado en múltiples ocasiones en sus peores pesadillas cuando fue atormentado por él la primera vez. Pero si podía oírlo, entonces podría llegar a verlo, y no sabría cómo reaccionaría a su peor pesadilla si esta se había hecho realidad. ¿Pero dónde es que estaba?
Red ordenó a su Polirawth que atacara con Torbellino, pero el ataque fue directo hacía él e Infernape. No estaba entendiendo, todo parecía concentrarse en él pero no sabía el porqué, como si el Rey tuviese razón y su familia y amigos lo hubiesen odiado desde siempre y era el momento de hacérselo saber, pero esa idea era imposible, sobretodo tomando en cuenta que no había estado dentro de su cuerpo en todo ese tiempo que estuvo en aquel lugar oscuro.
Las llamas de Explotaro le estaban ayudando para verlos a ellos y a su alrededor, le pareció extraño que tanto aquel Pokémon, como Poli, Pikachu y Froslass se vieran lesionados y cansados, debieron haber estado en una gran batalla como para estar así.
Se escuchó un nuevo quejido, más leve aún, casi una agonía. Volteó a ver a su alrededor, y sintió que toda su sangre bajaba a sus pies, y que su corazón sintió como si hubiese recibido un golpe certero, no era el Rey pero era algo igual de horrible. A su alrededor, algunos Pokémon yacían inmóviles y heridos.
No se movían, y sus respiraciones eran casi imperceptibles. Habían sido masacrados y dejados a su alrededor deliberadamente. ¿Quién había hecho esto?
Nuevamente el quejido. Volteó a ver el origen de este, era de un ave, no podía reconocerlo bien pero estaba seguro que era el sonido de un Pidgeot, un Pidgeot que le dolía el intentar levantarse.
Volteó a ver a Infernape, había sido atrapado entre el torbellino, pero no significó que se quedara inmóvil, pues después de usar bombardeo y evaporar el agua, volvió a quedar libre y dispuesto a contraatacar a sus agresores. Entonces pensó que el causando de este caos a su alrededor había sido Infernape, aquel Pokémon que se dejaba dominar por la ira, y sus hermanos trataban de detenerlo. Pero Infernape no pudo haber actuado completamente solo, necesitó de alguien que diera la orden… él.
Esto no podía ser posible, no podía ser verdad, Ash nunca hubiese hecho daño a nadie, pero todo parecía mostrar que ya lo había hecho. De todo lo que le había pasado, de entre todas las cosas, hacer daño a un Pokémon (fuera de una batalla o en defensa) era lo último que se le hubiese ocurrido, iba contra los principios que sé que se había impuesto desde que supo que quería ser entrenador Pokémon.
Ash perdió el color en ese momento. Se le secó la garganta y sintió como si se le fuese a nublar la visión pues parecía que iba a desfallecer. Sabía que el Rey podía tener control sobre sobre su cuerpo, ya había pasado una vez, y sabía que iba a hacer cosas horribles que el detestaba y aun así enfrentarse a la nueva realidad que había cometido esa clase de actos tan aberrantes fue tan terrible como recibir el golpe más fuerte en el estómago.
—¡Basta! —
Dawn. Ella quien había pasado tantas peripecias junto con él, había llegado ahora para detenerlo. Era de esperar, así como él, ella no permitiría que alguien le hiciera daño a los Pokémon o persona, no importaba si ese alguien fuese él.
—¡Debes de detener esto ahora mismo! —
—No… ¡Espera Dawn yo no…! —
Ni siquiera sabía que estaba haciendo. Ni siquiera sabía cómo había llegado a eso. Lo único que sabía que nunca hubiese hecho esto si hubiese tenido voluntad, pero, si dejó que el Rey le controlara tan fácilmente, ¿Cuánta fuerza de voluntad había tenido realmente?
Tantas cosas que pensar, pero sus pensamientos aun no estaban claros. Cerró los ojos, nuevamente y se apretó la cabeza. No sabía si había alguien en el mundo que se golpeara la cabeza para pensar, pero estaba dispuesto a ser el primero si no lograba poner su mente en orden.
Escuchó al Rey hablar. Seguía allí, y después a sus hermanos, volvió a abrir los ojos, seguro ellos tenían un plan para solucionar este problema, quizá ellos todavía confiaban en él, pero al separar los parpados, volvió a la oscuridad.
Pero si solo hacía un rato que podía ver a los chicos, a los Pokémon… a sí mismo. No pudo haber vuelto a aquella prisión de oscuridad, si ya había salido de ella no entendía como había regresado. Fue allí que se dio cuenta que ni siquiera entendía como había abandonado aquel lugar tan oscuro, en primer lugar.
Volvió a cerrar los ojos, y al abrirlos seguía viendo negro por donde quiera que giraba la cabeza. Entonces los volvió a cerrar con más fuerza, y al abrirlos, nuevamente nada. Seguía tan confundido como al principio. Los cerró una vez más, y al abrirlos finalmente pudo volver a ver el exterior, nuevamente allí estaban sus hermanos y la chica con sus Pokémon a un lado, pero se veían a azorados, mirando hacia arriba como si una visión se tratase. Cuando Ash volteó a ver lo que les inquietaba, se fijó que era por sus pokeball que flotaban por encima de sus cabezas, siendo rodeados por la misma oscuridad que había rodeado a Infernape. Sin duda, él también estaría atónito de ver sus pokeball flotando mientras esa especie de aura se iba metiendo a ellas por el centro, y eso era lo peor.
Escuchó una burla del Rey, cerró los ojos y al abrirlos, nuevamente estaba rodeado de oscuridad.
Nunca había salido de aquel lugar, no había estado en el mismo lugar que los chicos, solo había sido un engaño del Rey de Pokelantis.
El Rey le hizo creer que su pesadilla había terminado y ya no estaba oculto tras de él, pero fue un engaño así como le hizo creer que todas esas voces que escuchó hace pertenecían realmente a su familia. Solamente le estaba permitiendo ver algunas ocasiones del exterior, las partes que le disgustaría a Ash.
Jugaba con él, estaba usando sus sentimientos para disminuir su coraje. Quería destruir sus ilusiones, destruirlo usando sus mayores miedos y lo que más detestara. Sin duda el Rey tenía más influencia sobre él de la que pensaba, era igual que cuando niño, siempre afectaba a lo que más amaba y él Rey contaba con eso, así era como quiso liberarse en ese entonces, y así es como retiene a Ash en la actualidad.
Ash sintió una mezcla entre temor y cólera, quería estar allí junto a Gold, Red y Dawn combatiendo a este ser tan abominable, quería detenerlo aunque tuviera que tirarse sobre él como de seguro lo haría Gold, pero a la vez no quería verlo. Desde los ocho años que el Rey está en su cuerpo, Ash le ha visto a los ojos en varias ocasiones, esos ojos llenos de odio y que denotaban la ausencia de corazón y que lo habían atormentado desde que era un niño, y era así como se sentía ahora, como aquel niño que nunca supo cómo enfrentarse a una amenaza así.
¿Qué podía pensar un niño de ocho años cuya vida podía verse arruinada por un error? Que todo había sido por culpa suya. Y si el Rey cumplía sus amenazas y su familia terminaba lesionada, también sería su culpa. se recriminaba por haber tocado esa pokeball de piedra en primer lugar, si no hubiese sido tan tonto, si hubiese hecho caso a su tío Spencer de no tocarla, el Rey jamás habría sido liberado, jamás hubiese tomado control de su cuerpo, todos esos Pokémon a su alrededor no hubiesen sufrido por él, de alguna forma, todo esto se desató por su culpa.
"¡Es planta feroz!"
Ash escuchó la voz de Red, y se escuchó alterado, preocupado por lo que veía. Había comprendido que solo podría volver a ver el exterior si solamente cerraba los ojos, así que así lo hizo y al abrirlos ya no vio a Infernape pues ese estaba bajo un árbol completamente inconsciente, había sido derrotado. Pero le preocupaba el Pokémon que tenía ahora al frente, era Saur, el Venusaur de su hermano mayor.
Esto no eran buenas noticias. Ash sabía que él rey no solo tenía el control sobre su cuerpo sino que también sobre sus Pokémon, pero tener el mismo control sobre los Pokémon de otros era algo que no se le había ocurrido, pues Saur era rodeado por la misma especie de aura oscura que había rodeado a Infernape, tenía el mismo aspecto que él. Esa aura oscura, toda la maldad del Rey concentrada en aquella aura.
Raíces salieron del suelo y golpearon directamente a Poli y a Explotaro, aunque este último tenía ventaja poco pudo hacer para evitar caer por esas grandes raíces espinosas que golpearon su cuerpo que carecía de protección. Lo mismo para Poli, aunque su cuerpo era musculo desarrollado, no pudo resistir los golpes de estas raíces que lo arrojaron lejos en el aire.
Ash quedó sorprendido al ver como dos de los Pokémon de sus hermanos fueron derrotados con un solo movimiento de un solo Pokémon rival, no había podido imaginar la inmensa fuerza que habría de tener alguna de estas criaturas si fuese controlada por los poderes del Rey, por esa razón habían demorado para derrotar a Infernape.
Haber visto que los Pokémon fuesen derribados por el ataque de planta feroz era una cosa a la que Ash pudo haber soportado, pero se preparó para ver como las raíces atacaban a Red y a Gold de igual forma, y aun así se estremeció al verlos saltar para esquivar las raíces, y aun así ser golpeados.
Red y Gold cayeron, heridos y aturdidos. Quedaron inmóviles luego de haber recibido tremendo ataque directo.
Al oír sus lamentos y quejidos de dolor, Ash perdió el poco control que había logrado conservar.
—¡No! ¡No, detente! —
Saur levantó a los chicos con las lianas de látigo sepa y estas los fueron rodeando a los chicos hasta cubrirlos casi por completo.
Una mezcla de desespero e impotencia comenzó a surgir en Ash, empezó a temer por sus hermanos y por lo que les fuera a ocurrir pues bien sabía que el Rey no tenía ningún tipo de misericordia por nada ni nadie. El chico se sintió abrumado, quería salir, sentía la necesidad de estar allí con ellos y ayudarlos, pero ¿cómo podría hacerlo si ni siquiera sabía cómo salir de aquella prisión que se encontraba dentro de su cuerpo?
Ash debía encontrar la forma de ayudar, debía ser más fuerte que el Rey y salir de allí. Cerró sus ojos y se concentró en el exterior, se concentró en su familia y quiso así aumentar su voluntad, pero al abrirlos nuevamente, seguía allí, solamente viendo lo que el Rey le permitía ver.
Volvió a intentarlo, pero seguía sin tener resultados. Desesperado, gritó. No sabía si era escuchado por el Rey o por alguien, solo lo hizo para desahogar su frustración, pero aún así era inútil pues seguía sintiéndose fatal por esto.
—¡Maldición! ¡Maldición! —se decía y después gritó a viva voz— ¡Déjalos en paz! — le gritó al Rey.
Cada que abría los ojos, allí estaba la imagen de Red y Gold siendo estrujados por las lianas con la intención que sus cuerpos dejaran de responderles. Esto sin duda no debió haber ocurrido, se suponía ellos no iban a ser lesionados, él se había resignado a que estaría junto al Rey (cuando niño) pero prefería eso a que alguno de sus seres queridos saliera lastimado, como estaba pasando ahora.
—¡Por favor déjalos! — comenzó a suplicar pues ya no sabía qué hacer para detener a este ser y salvar a sus hermanos— ¡Ya ha sido suficiente! —
Se sentía humillado, sabía que el Rey estaba burlándose de él y que disfrutaba estos momentos de debilidad del chico. Ash lo admitía, había sido derrotado en un juego en el que nunca tuvo una oportunidad de ganar.
Sin duda, había planeado el ataque a sus seres queridos con tal de hacerle daño a él más que a nadie, después de todo, estamos hablando que fue su cuerpo el que se usó para contenerlo durante unos cuantos años, aquel espíritu tan lleno de odio tendría deseos de venganza contra él casi como si fuese su naturaleza.
Solo quería que se detuviera, pero que fuera definitivo. Dejar de ver la oscuridad, que nadie más resultara herido… dejar de sentirse culpable por todo aquello. El Rey había ganado, ahora solo quería que dejara de hacerle sufrir.
—¡Basta! ¡Ash debes parar esto! —
Esa voz, pudo escuchar la voz de Dawn. Se oía tan desesperada como él pero a la vez la firmeza en su voz denotaba confianza en algo. Ash quiso verla, afortunadamente pudo hacerlo, allí estaba ella, se notaba un poco temerosa, era de esperar, pero parecía que estaba más determinada en confrontar a aquel ser.
Dawn se oía enojada con el Rey aunque se notaba el ligero temblar de sus labios al hablar, pero a Ash no le importó este detalle, el saber que ella no lo veía a él como el villano del momento, sino que parecía conservar la esperanza que él aun podía hacer algo contra el Rey, parecía ser un alivio para el chico quien ya estaba perdiendo todo tipo de esperanza.
Dawn ha sido su amiga más reciente, y una con un gran corazón como para siempre ver la mejor parte de todas las personas. Había estado temiendo este día desde su primer pesadilla pues no quiso que ella, entre todas las personas, supiera que el corazón más cruel del mundo se ocultaba dentro de él.
La conversación iba escalando y mientras más tiempo pasaba Ash más se preocupaba, pues el Rey le estaba prestando más atención de la necesaria. Dawn le estaba intrigando, un ser que estaba acostumbrado a ser temido estaba siendo confrontado por una adolescente, y eso no le gustaba.
—No… No… ¡No! — el chico estaba temiendo lo peor.
El Rey sin duda se divertía atormentando a sus rivales, lo hizo con él, y lo hizo con sus hermanos a quienes tenía sujetos en el aire, y lo hará con quien tuviera enfrente.
Sus temores se hicieron realidad cuando el Rey pronunció una última amenaza y el aura oscura a su alrededor se extendió hacía la chica, como si hubiese estado ansiosa y solo esperaba esa orden.
—¡No! ¡A ella no! —
No importaba cuanto gritara, el Rey no le iba a escuchar, pero en ese momento solo quiso una forma para detenerlo y evitarle problemas a su amiga. Pero al no haber pasado nada tuvo que soportar ver como el aura oscura rodeó a los Pokémon, inmovilizándolos y después a Dawn.
Ash quiso actuar, quiso hacer algo para detener al Rey y liberar a Dawn, pero no podía pensar, realmente no tenía nada en su cabeza. Era desesperante esa situación de impotencia mientras el Rey se iba acercando a la chica.
"Esta noche mi reino resurgirá… "
Veía a Dawn inmóvil, queriendo huir mientras el Rey pasaba su mano por su rostro. Sin saber qué hacer, Ash se golpeó en el estómago pensando que quizá el Rey pudiera sentir lo que él sintiera desde allí, pero no funcionó, ya no tenía ningún tipo de control sobre su cuerpo.
"después de esta noche no habrá nadie que pueda detenerme"
Gritó nuevamente, iba a hacerlo hasta que se lastimara la garganta, no le importaba. Grito a Pikachu esperando que su Pokémon lo escuchara y ejecutara una orden, pero seguía siendo en vano.
Ash creía que todo su esfuerzo estaba siendo inútil y que no influía de ninguna manera en el Rey. Pero ignoraba que en su cuerpo su órgano más importante comenzaba a trabajar a un ritmo un tanto diferente, un ritmo tan leve que fue imperceptible para quien ahora poseía el cuerpo, pero que era un ritmo el cual le desagradaba a este. Ash no sabía que su corazón le estaba haciendo caso ya que su espíritu volvía a tomar fuerza como antes.
"y lo único que tengo que hacer es un ligero movimiento de mi mano"
Al ver como el Rey pasó su mano al cuello de Dawn, Ash exhaló y dio el grito más fuerte que jamás haya hecho.
—¡NO LASTIMES A DAWN! —
Y después de eso, luego de haber estado viendo oscuridad por tanto tiempo y sin esperarlo, vio algo de luz.
2
El profesor Oak se levantó de su cama luego de un estruendoso ruido que lo despertó. Era el ruido de una batalla, pero era una batalla bastante inusual pues lo que se oía era aun mayor a un par de ataques chocando entre si, parecían ser varios ataques a la vez, como si varios pokemon fuesen los que estuvieran participando.
Escuchó varios gritos, algunos de dolor, probablemente por haber recibido un ataque. Pero otros parecían gritos de angustia. Los gritos de angustia pronto fueron más, distintos pokemon estaban uniéndose como si algo les molestara, y venían desde el rancho.
Se asomó a la ventana que daba en dirección al terreno donde proporcionaba un hogar a los pokemon que los entrenadores capturaban y servían para sus investigaciones sobre la convivencia de estos. A pesar de ser de noche, pudo notar que el tiempo iba empeorando, una tormenta estaba aproximándose y varias nubes estaban ocultando a la luna, pero aun así la escasa luz le permitió ver unas lianas se alzaban y después caían queriendo atrapar algo. Esas lianas pertenecían a un pokemon tipo planta y tenía el presentimiento de quien pudiera ser.
El profesor tomó su bata y la abotonó para salir, sería lo único que usaría. Esto se debía tratar de un nuevo enfrentamiento entre dos pokemon que se volvieron rivales con el tiempo, iba a tomar unos minutos ver sus acciones y después volver a dormir, después de todo era su trabajo estudiar el comportamiento de los pokemon sin importar la hora.
En el lugar donde se produjo el ataque, se escuchó a otro pokemon gruñendo y lanzando un ataque tipo agua. Lo raro fue que se escucharon los ruidos de otros pokemon diferentes.
Al llegar al punto, era como lo esperaba, Venusaur y Feraligatr, ambos pokemon que le pertenecían a Ash Ketchum y que tenían desde sus viajes por Kanto y Johto respectivamente. Venusaur tenía sujeto a Feraligatr con sus lianas a su alrededor, y este en cambió usaba Chorro de agua para atacar al rostro de Venusaur, aunque este ataque no le afectaba mucho a su rival.
Cuando eran un Bulbasaur y un Totodile eran bastantes llevaderos, y al evolucionar en Ivysaur y Croconaw se volvieron más competitivos entre sí, pero al alcanzar sus últimas evoluciones se volvieron rivales por diferencias entre ellos.
Las lianas de Venusaur se acercaron a la boca de Feraligatr y este aprovechó a morderlo. Su mandíbula era tan fuerte como para arrancar la liana de un mordisco, pero su intención no era ese. Feraligatr sabía que no iba a poder debilitar a Venusaur con un ataque el cual resistiría, pero sería lo suficientemente molesto para distraerlo y hacer que se acercara para morderlo y liberarse de su agarre.
Feraligatr es un pokemon territorial, le gusta ser el pokemon dominante y mantener el control sobre el lugar donde habita. Aunque como Totodile era muy carismático, ahora parecía que solo quería intimidar a todos a su lado con su gran tamaño y feroz apariencia. Fue un gran cambio de personalidad en un pokemon después de evolucionar, por eso al profesor Oak le gustaba estudiar el comportamiento del Feraligatr de Ash, ya que hay un debate entre la comunidad de las ciencias de los pokemon si Feraligatr puede ser clasificado como pokemon con el tipo siniestro como subtipo, y creía que este pokemon podría concluir con la discusión.
Ya libre, Feraligatr usó rayo hielo sobre su compañero y rival, Venusaur no era muy ágil por ende no pudo esquivar el ataque. El rayo congeló las lianas del pokemon planta/veneno, aturdido por ver sus extremidades congeladas, el pokemon le dio tiempo a Feraligatr para dirigirse hacia él corriendo sobre sus cuatro patas pues le era más fácil y golpeándolo con demolición. Venusaur retrocedió, pero no iba a quedarse así, aprovechando sus lianas congeladas, usó el peso extra de ellas para golpear al rival en la espalda.
A diferencia de Saur, el Venusaur d Red y de otros pokemon en el rancho. Cuando llegó siendo un Bulbasuar, le fue de gran ayuda al profesor pues comenzó por si solo a instaurar orden entre los pokemon del rancho, evitando conflictos entre ellos y evitar daños colaterales. Pronto, se hizo respetar entre la mayoría de los pokemon del Rancho. Pero Feraligatr era un poco celoso de esto. Como su instinto le indicaba, debía pelear por ser el pokemon dominante del rancho y eso significaba luchar contra todo aquel que dominara el lugar. Y así como a Venusaur.
Ambos pokemon se veían más enojados entre ellos que de costumbre. Como si esta batalla tuviera más valor para ambos, como si definieran algo. ¿Su batalla final quizá?
Oak Escuchó el rápido batir de unas alas, seguramente de un insecto. Se iba acercando hacía él. Al voltear a ver detrás suyo se espantó al ver quien se acercaba y debió agacharse o algo muy malo pasaría. Era un viejo Scyther, cuyas afiladas guadañas en los brazos formaban una X, de no haberse agachado hubiese sido rebanado, pero él no era el objetivo, lo era Venusaur.
Scyther atacó a Venusaur con Tijera X y rebanó parte de los pétalos de la flor del lomo de este. Venusaur se quejó del dolor.
En el rancho, Ash Ketchum era el entrenador que le enviaba más pokemon a Samuel Oak, y también era quien capturaba a los pokemon con el comportamiento más inusual y prueba de ello es este Scyther cuyo color verde se estaba opacando gracias a los años encima. Por lo regular es un pokemon violento cuando ve el color rojo (y por un momento, Samuel agradeció haber cerrado su bata blanca, pues su pijama roja hubiese sido el detonante para que Scyther desatara toda su ira sobre él), pero este en particular lo era en todo momento, todo el tiempo buscando luchar con quien quiera con tal de demostrar su superioridad en combate, o quizá ganar batalla tras batalla era su método para negarse a envejecer.
Scyther regularmente luchaba contra Skartaro, el Skarmory de Gold, como un método de afilar sus guadañas y porque la mayoría de los pokemon del rancho prefieren alejarse de él debido a que constantemente altera la tranquilidad de ellos (cuando las plumas de Skartaro se abollan lo suficiente se caen y crecen unas nuevas, y este metal restante es usado por el entrenador de ojos dorados para venderlos como materia para cuchillos y varios objetos de metal).
Scyther se acercó a Venusaur y estaba dispuesto a atacar nuevamente usando cuchillada. Levantó un brazo y este brilló. Era raro que Scyther se metiera en medio de una batalla ajena ya que, por lo regular, prefería librar sus propias batallas, pero esta vez lo estaba haciendo y tomando como enemigo al pokemon que procuraba el orden en el rancho, siendo que Scyther no se unió junto a Feraligatr, era un pokemon solitario que nunca se apollaba e ningún otro.
Scyther iba a lanzar su ataque cuando fue embestido. Un Heracross había usado Megacuerno contra él y lo había empujado lejos de Venusaur. Este Heracross igual le pertenecía a Ash. Scyther cayó lejos, y al levantarse fue inmovilizado pues ya lo habían esperado un par de pinzas que lo apretaron con fuerza y le impidieron usar sus brazos. Era Pinsaro, el Pinsir de Gold.
Heracross y Pinsir son rivales por naturaleza, igual por razones territoriales pues compiten para hacerse de los árboles de savia de las cuales se alimentan. Y estos dos ejemplares no iban a ser ningún tipo de excepción a la regla, pues, así como sus respectivos entrenadores, estos dos pokemon también peleaban a cada rato, siendo Pinsaro más violento regularmente. Estos dos pokemon por lo regular chocaban entre sí, no se toleran, pero a veces lo hacían cuando se trataba de Scyther. Scyther también consumía la savia de los árboles, así como ellos, y constantemente luchaba contra ellos cuando los veía. Debido a la fiereza con la que luchaba Scyther, estos dos rivales tenían que trabajar juntos para detenerlo. Aunque regularmente pasaba cuando Scyther los atacaba, nunca se metían en sus peleas ajenas, así que parecía raro que ambos pokemon lo detuvieran cuando ahora que atacaba a Venusaur.
Scyther trataba de zafarse pero le era imposible, el agarre de las tenazas de Pinsaro era tan fuerte como para levantar arboles con ellas. Pero también parecía ser una noche difícil para Pinsaro pues este pokemon no tolera el frio, nunca antes se le había visto n una batalla durante la noche.
El ambiente se sintió más frio y no fue por un descenso natural en la temperatura. Glaylie otro pokemon de Ash, se acercaba y usó viento helado contra los pokemon insecto. Al sentir tanto frio, Pinsaro soltó y Scyther y este lo golpeó para alejarlo. Aunque Scyther tenía debilidad contra el tipo hielo, el ataque no le afectó como para dejarlo rendido, solo fue una estrategia por parte del pokemon de hielo para que Scyther pudiera salir libre.
Glalie era un pokemon que atemorizaba a cualquiera, pero este en particular era bastante amigable con los pokemon del rancho, era raro ver a este pokemon provocando una pelea o uniéndose a otra, pero esta vez estaba atacando a dos pokemon que en nada le habían afectado a él.
Cuando Pinsaro soltó a Scyther, Glalie no se detuvo allí y usó rayo hielo contra Heracross y su aliado temporal, quería alejarlos, como si ellos le estorbaran.
Uno más se había unido a la batalla, y Samuel Oak comenzaba a preguntarse cuantos más lo harían. Pero era raro, tanto Feraligatr como Scyther y Glalie se veían desesperados por deshacerse de sus rivales, como si quisieran irse y Venusaur y los pokemon insecto solo les estuvieran estorbando en su camino, impidiéndolo. ¿Qué cosa era tan importante como para luchar contra sus compañeros pokemon? y más importante aún ¿Cuántos pokemon más tendrían esa misma sensación y comenzarían a hacer lo mismo?
Nuevamente, los gritos de angustia de hace rato se volvieron a escuchar, y esta vez con más intensidad como si más pokemon se hubiesen unido. Y después de esos gritos, varios mugidos de los pokemon toro, treinta para ser exactos.
Pareciera que la respuesta a la segunda pregunta de Oak estaba siendo respondida. Los pokemon que luchaban eran de Ash Ketchum, y si ellos se comportaban tan violentamente, seguramente sus treinta Tauros lo harían igual, y el caos se apoderaría del rancho como siempre pasaba cuando esos treinta bovinos se alteraban.
