Capítulo 12
1
La mano del Rey presionando su cuello tembló, y después se alejó. Dawn sintió como igual como el aura iba disminuyendo a su alrededor, iba retirándose poco a poco dejándola con un poco más de movilidad. Volteó a ver a sus Pokémon y a Pikachu, ellos igual parecían estar liberándose de la influencia del aura oscura, y lo mismo pasaba con Red y Gold.
Los hermanos Ketchum dejaron de esforzarse para liberar sus cuerpos del agarre de Saur cuando este aflojó las lianas para dejar de estrujarlos y comenzó a bajarlos lentamente. El aura oscura a su alrededor parecía disminuir levemente. Antes de llegar al suelo, las lianas se aflojaron lo suficiente como para que ellos resbalaran y cayeran al suelo, siendo Gold quien llevara la peor parte pues al estar volteado cayó sobre su cabeza.
Los chicos se ponían de pie aun con dificultad, pero sus cuerpos ya comenzaban el proceso para recuperarse de los golpes y heridas. Al levantarse, voltearon a ver a Saur y este no se veía tan amenazador como creyeron que sería. El pokémon parecía estar sufriendo, el aura podría estar lastimándolo, o más bien, como si tratara de resistirse a su influencia pero la misma aura lo forzaba para contenerlo.
Al voltear a ver a la fuente del aura, al Rey de Pokelantis, este continuaba justo en frente de Dawn, pero se estaba alejando de ella.
El aura negra alrededor de Dawn se retiró y pareció volver a su lugar de origen, el Rey. Parecía estar recibiendo un ataque en su interior. Sus parpados se estaban retrayendo dejando ver sus ojos casi por completo, los vasos sanguíneos dentro de estos se dilataron con rapidez, en cualquier momento pudieran reventar. Abrió la boca, quizá iba a gritar o gemir, pero se contuvo y en su lugar apretó la mandíbula para evitarlo.
Como el Rey aún tenía su brazo en dirección a Dawn, ella notó cuando este le tembló, rápidamente. No solo sus brazos, también sus piernas comenzaron a temblar, y el Rey perdió el equilibrio levemente y retrocedió, se alejó de Dawn un par de pasos.
El Rey sentía una presión inmensa dentro de su pecho, precisamente era el corazón que había tomado como suyo, aquel órgano cuyo palpitar varía dependiendo de las sensaciones de uno. Sentía unos extraños movimientos en este, pues primero sintió que iba a detenerse, y después un latido normal que luego volvió a hacerse lento, y volvió a acelerarse. Como si el órgano tuviera voluntad propia y decidiera por si solo a qué ritmo ir con tal de desestabilizarlo.
El Rey comenzaba a ponerse nervioso y no quería que la chica o que los dos Ketchum lo supieran, pero era inevitable. Sus extraños movimientos, que ya no concordaban con la confiada y altiva actitud que mostraba hacía rato, eran cada vez más evidentes pues ahora su cuerpo se inclinaba hacia abajo, clavando la mirada al suelo y sus brazos se estuvieron contrayendo poco a poco.
—Detente…— dijo entre dientes y muy en lo bajo pues no quería ser escuchado, pero incluso él dudó si eso lo dijo por sí mismo, o fue obra de quien estaba dentro de aquel cuerpo.
Esto no debería estarle pasando, en definitiva no debería pasar.
No solo se estaba alterando su cuerpo sino también el aura oscura a su alrededor, esta pareció atenuarse levemente y no paraba de hacerlo.
Sin duda, Ash Ketchum estaba reaccionando y le detuvo cuando sus amigos más lo necesitaron. El Rey sabía mejor que nadie que la fuerza de voluntad de Ash era tan fuerte como para encontrar una solución de último minuto cuando parecía estar perdiendo, logró someterlo instaurando miedo en su espíritu, aquello que solo es una esencia dentro de su cuerpo, logró adueñarse de su cuerpo y seguir desvaneciendo coraje, y aún así él encontró la forma de intervenir en aquel momento y detenerlo.
Fue la chica, de seguro fue la chica. Ash la nombró justo antes que los dolores comenzaran. Sus hermanos habían sido masacrados, sintió como Ash se quebraba por ellos, pero aún así fue que la chica estuviera en peligro lo que lo hizo reaccionar y tomar el control brevemente. Había subestimado a la coordinadora.
Aunque todos veían lo que le ocurría al Rey, fue Dawn quien vio una oportunidad de triunfo, pues quizá no pudieran vencerlo ellos, pero si pudiera hacerlo su amigo. Todo este tiempo había estado esperanzada que Ash todavía estaba allí en alguna parte de su cuerpo y que podría volver a retomar el control de sí, después de todo, fue el Rey quien dijo que tendría a Ash en el mismo lugar donde él estuvo por todos estos años.
—D…— el Rey iba a decir algo y al darse cuenta que no correspondía con algo que él fuese a decir, se forzó a cerrar la boca y a desviar la mirada de Dawn. Pero pronto fue inevitable y terminó hablando— Dawn…—
La voz del Rey parecía ir cambiando a un tono menos grave, el Rey no les había llamado por sus nombres quizá por su complejo de superioridad que no lo veía necesario, al escuchar que pronunció el suyo creyó que, más bien, ese fue Ash quien realmente lo dijo.
Dawn comenzó a acercarse, aunque sus Pokémon se sorprendieron por esto, no trataron de impedírselo solo estuvieron alerta y Froslass se mantuvo más cerca de ella. Igual Red y Gold, aunque Gold no pudo gritarle que se mantuviera lejos, tuvo las ganas de ir tras ella a detenerla pero Red se lo impidió colocando su brazo frente a él.
—También sé que es peligroso. Pero debemos dejarla— era raro. Red, quien nunca quería que se suscitaran daños colaterales a sus amigos, estaba permitiendo que la chica se acercara al ser que casi acababa con ellos— esta vez… creo que fue por ella que se está debilitando, solo prepárate para cuando te diga—
Red no tenía ni idea de que quería lograr Dawn, pero sin duda había logrado una reacción en el Rey que no habían logrado en toda la noche, fue de una forma que nunca consideraron, quizá porque su plan había sido venciendo al cuerpo físico y olvidando que la esencia de Ash todavía podía permanecer allí, olvidando que él todavía podía reaccionar, quizá fue eso lo que fallaron y por dicha razón el Rey les venció.
Kimberly lo había previsto, por eso la mandó con ellos. Quizá todavía podían derrotar al Rey.
Dawn se acercó al Rey, este quizá quiso alejarse, pero solo pudo hacer su torso hacía atrás pues las piernas no le respondieron como para retroceder.
—Ash ¿Puedes oírme? —no tuvo respuesta a esta pregunta, el Rey se negaba a verla pero insistió— ¡Sé que me oyes! ¡Estás allí! —
La chica se estaba emocionando, pareciera haber señal de su mejor amigo. Por su parte, por más que el Rey trataba de alejarse de ella, su cuerpo, o más bien, ese cuerpo pareciera reaccionar de forma diferente, incluso podía sentir dolor al tratar de ordenarle a sus extremidades intentar hacer algo. La chica estaba cada vez más cerca, se aproximaba con más confianza y ya no con temor, eso no era lo que él quería. Su única preocupación se estaba haciendo realidad, Ash estaba recuperando parte del control sobre su cuerpo y era tan fuerte como el control que él mismo estaba teniendo.
—Dawn…— su voz ahora sonaba más humana, más como la de Ash. El aura a su alrededor había disminuido hasta estar concentrado únicamente a su alrededor. Su adversario dentro de él estaba actuando muy rápido y si no lo controlaba volverían a luchar por someterse uno al otro como hacía ocho años atrás.
—¡Ash! ¡Eres tú! ¡Sé que eres tú! —el entusiasmo de la chica se avivó cuando lo escuchó decir su nombre nuevamente. Sin duda era la voz de Ash quien volvió a sonar como siempre la había escuchado.
Dawn se acercó demasiado al Rey, lo tenía de frente y casi lo hubiese abrazado, el escuchar a Ash, o lo más parecido a su voz le llenó de emoción y por una fracción minúscula de tiempo olvidó que todavía era el Rey. Froslass se preocupó cuando su entrenadora pasó a estar frente al rival casi de un salto, y Red y Gold igual.
—¡Dawn! ¡No te acerques demasiado! —le advirtió el único de los Ketchum que aún podía hablar. Aunque confiaba en ella para debilitar al Rey, recurriendo a su esperanza de apelar a Ash, aún se preocupaba por lo que fuera a pasarle si el Rey se descontrolaba nuevamente e intentara apartarla, de ser así, él y Gold estaba preparándose para atacar.
La chica no escuchó la advertencia, se siguió acercando y cuando lo hizo el Rey pudo alejarse, finalmente sus piernas reaccionaron a como él quería. Pero aunque él se alejara unos pasos, a la chica no le importó y se volvió a acercar aunque un poco más atenta.
El Rey no quería cruzar la mirada con ella, no quería que estuviese cerca de él. ¿Estaba sintiendo miedo? ¿Estaba temiéndole a ella? Lo que si era un hecho que estaba perdiendo control sobre ese cuerpo y todo parecía indicar que era ella la causante.
—¡Tienes que alejarte! —le gritó el Rey un tanto desesperado. Era la primera vez que todos lo oían así.
—¡Tú tienes que dejar a Ash en paz! ¡Él no merece nada de esto! —
Por lo regular, el Rey no hubiese respondido a una contestación como esta, pero en este momento se sentía amedrentado y lo único que pensaba era alejarla de una u otra forma, así que le gritó en respuesta— ¡Él me liberó de mi prisión y después me volvió a encerrar dentro de su cuerpo¡ ¡Todo esto ha sido consecuencia de sus actos!—
Dawn no se iba a poner a pensar si el Rey tenía razón por una parte o solo estaba tratando de intimidarla, solo sabía que cada cosa que decía sobre su amigo lo repudiaba— ¡Le has atemorizado toda su vida! ¡Es el chico con el corazón más noble que conozco y tu solo lo has querido lastimar! —
—¡No me hables de su corazón! ¡Yo más que nadie sé sobre el corazón más noble! —
Y en ese momento que le gritó, el Rey sintió como si le hubiesen golpeado en aquel órgano que mencionó, como si la sola mención del corazón del chico hizo que el suyo, el más egoísta de todos, se contrajera sufriera movimientos arrítmicos. Se quedó inmóvil, tenía que detenerlo pero se le estaba dificultando, Ash ya no iba a ser tan fácil tenerlo dominado.
El aura oscura alrededor del Rey estaba disminuyendo, limitándose solo a su alrededor, fue cuando Dawn se acercó para quedar frente a él.
—¡Ash! ¡Sé que puedes escucharme! ¡Soy Dawn! — le dijo, estando cerca, no le importaba si al Rey no le gustaba y trataba de apartarla, solo quería que su amigo la escuchara— ¡Debes pararlo! ¡No puedes permitir que siga usando tu cuerpo! —
—¡Cállate! —le gritó el Rey.
Pero por más que el Rey lo exigía, Dawn continuó y sus palabras hacían eco dentro de su mente. Entre más atención le prestaba, más fuerte se volvía su adversario, y fue allí que se le ocurrió un plan, un tanto arriesgado, pero podría otorgarle más control de la situación.
El Rey agachó la cabeza para que la chica no lo viera a los ojos, y de pronto, se detuvo, su cuerpo dejó de reaccionar y dejó de hablar.
Dawn se preguntó que le ocurría, si había sido obra de Ash o un nuevo truco del Rey, pero la sorpresa la invadió cuando el aura oscura desapareció a través de los poros de quien estaba frente a ella.
El cuerpo se debilitó, y cayó al suelo de rodillas. No había nadie que lo controlara, pareciera un muñeco que fue dejado en reposo.
—A… ¿Ash? —
El cuerpo levantó levemente la cabeza, alguien ya lo controlaba. Comenzó a temblar, y después levantó ambos brazos, los estaba observando y luego tocó uno. Estaba nervioso, como quien descubre algo nuevo.
—¿Ash? ¿Eres tú? —
El chico frente a ella tuvo un ligero sobre salto, y después volteó a verla. Estaba sorprendido, como si verla fuese lo más inesperado en su noche—¿Dawn? —
2
Era brillante. Lo que Ash veía era brillante y le hacía sentir confortable. No podía explicarlo, pero frente a él había algo brillante que parecía un fragmento de su prisión oscura, pero está encontró la manera de verse diferente entre tanto negro.
Era pequeño pero su brillo era intenso, tanto así que cuando lo vio tuvo cubrirse por un momento pues sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y ya estaba olvidando como se sentía una radiante luz en ellos. Pero ese brillo era algo diferente a lo que había estado viendo allí, y le hizo sentir feliz nuevamente, de hecho, estaba recordando cómo se sentía la felicidad.
Desde que regresó a aquel lugar oscuro, sus pensamientos eran lo más confusos posible y pareciera que solo estaba destinado a sentirse miserable, pero ese pequeño resplandor le ayudó a sentirse diferente, incluso le estaba restando importancia a lo le estaba pasando a sus hermanos por causa del Rey, su concentración estaba ahora en aquel brillo.
"¡Increíble! Después de tres impresionantes batallas, ¡Ash Ketchum se convierte en campeón de la conferencia del Valle Lily!"
El día que ganó la Liga Pokémon de Sinnoh, quizá el más importante de lo que llevaba de vida.
"Perdí contigo. Me venciste. La Medalla Roca es tuya"
Su primera medalla de gimnasio otorgada por Brock, quien se convirtiera en su mejor amigo a partir de ese día. Un gran amigo que siempre estuvo allí para enseñarle estrategias, el cuidado de los Pokémon y para ser la voz de la razón en su equipo. Y ¿por qué no? para cuidarlo pues sabía que sin él moriría de hambre.
"¡Ya sé! ¿Por qué no viajo con ustedes!"
El día que conoció a Dawn y que a partir de allí se convertiría en una importante amiga, con la cual compartió momentos difíciles, pero que siempre le animó para continuar batallando aunque a veces pusieran en riesgo sus vidas, pues ambos compartían el mismo amor por los Pokémon al igual que compartían un mismo sentido de justicia.
"¡Hola Pikachu! ¡Mi nombre es Ash y seré tu entrenador! ¡Vamos a ser los mejores amigos!"
Y el día que conoció a su mejor amigo, seguido después del primer impactrueno que recibiera en su vida, pero eso fue más algo divertido ahora.
Mientras más miraba aquel objeto brillante, momentos importantes de su vida regresaban a su memoria y eran los mejores momentos de su vida. De alguna forma, el deprimente y lúgubre lugar donde estaba aprisionado, ahora ya no le importaba, la presión asfixiante sobre él se hacía cada vez menos.
"Esta es mi primera medalla Ash. Y quiero que tú la tengas, y así te animes a buscar las tuyas cuando inicies tu primer viaje Pokémon"
Red, el día que regresó a casa luego de ganar la liga de la Meseta Añil y que Ash le prometiera que ganaría una liga como él. Red siempre tan optimista y el modelo a seguir del chico.
"Quizá no ganaste ahora, pero eso no te debe preocupar. Demostraste a todos que eres un excelente entrenador como para llegar allí y que lo seguirás siendo hasta llegar a tu meta, hijo"
Su padre, el día que volvió a casa luego de la liga de la Meseta Añil. Ash creyó que estaría decepcionado de su derrota, pero no fue así, su padre le demostró que no era importante si ganaba o no, que sus preocupaciones por deshonrar su apellido eran absurdas pues no dejaba que su progenitor se sintiese orgulloso de él. Desde ese momento, cada que se sentía decepcionado consigo mismo recordaba ese día y lo recordaba a él, el Ketchum con más triunfos, pero a la vez el más humilde.
"Que alegría hayas vuelto hijo. Te había extrañado tanto y temía que te estuvieras olvidando de tu madre"
Su madre, quien siempre la recibía con un abrazo y con su comida favorita cuando regresaba a casa. El día que ganó en la competencia de las islas naranjas, y ese fue su primer triunfo, ella trató aquella victoria como si fuese un acercamiento a la meta de ser un maestro Pokémon. Para ella no era importante si triunfaba o no, sino lo que era importante para su hijo menor.
"¿Enserió ese es tu primer trofeo? ¿Estás seguro no es el premio de consolación?"
Y por supuesto, Gold. Como olvidarlo. Pero aún así, no podía negar que su afecto por su hermano era tan grande como el que tenía a todos en su familia, aunque el chico de ojos dorados se esforzara por ser detestable, Ash no podía imaginar una vida sin él, quizá, su familiar más querido.
Sus recuerdos iban regresando a él. Familia, amigos y todo aquel conocido que haya repercutido en la vida del chico. Buenos y malos momentos por igual, pero todo lo había conservado en su memoria como tesoros de sus viajes, de cada cosa que aprendió de Pokémon y de las personas, pero siempre era agradable recordarlos a todos, incluso a Paul, quien a pesar de todas las humillaciones que pasó consideraba como el rival que lo terminó ayudando a pulir su estilo de batalla. Todo terminaba siendo un agradable recuerdo para el chico.
Mientras más recuerdos regresaban, se dio cuenta que había sido engañado por el Rey todo este tiempo. Había tenido tanta influencia sobre él, que pudo bloquear los recuerdos del chico e implementar unos nuevos que se hicieran pasar por verdaderos. Pues él sabía que esos recuerdos eran preciados para Ash y que siempre recurría a ellos cuando necesitaba concentrarse o relajarse en momentos estresantes.
Múltiples sentimientos también llegaron con el chico, emoción, alegría, sorpresa. Pareciera que todos sus recuerdos, todo lo que había pasado en su vida, los estaba reviviendo y le hacía olvidar en donde estaba, que estaba pasando con sus hermanos y sobretodo, le restaba importancia a su peor pesadilla.
El reflejo ya no era tan pequeño, ahora era tan grande como Pikachu y, de hecho, iba haciendo más y más grande a medida que Ash se sintiese más dichoso y tranquilo. Pareciera que estaba relacionado a lo que estaba sintiendo.
Ash volvió a mirar a través del Rey, esta vez, lo hizo a voluntad y no por disposición del maligno ser. Le sorprendió el hacerlo, de hecho, se sentía diferente, pues fue una muestra que ahora tuvo un poco de control sobre algo en su cuerpo.
Dawn seguía frente a él, pero lo miraba extrañada y no preocupada o temerosa. El Rey aún no le había hecho nada. La mano del chico se alejó de ella, Ash se sorprendió pues fue él quien quiso que eso pasara. Vio como el Rey se alejó dando pasoso hacía atrás. Fue increíble, se emocionó cuando pasó eso pues quería decir que estaba teniendo control de sus acciones nuevamente.
El Rey retrocedió unos pasos hacia atrás. El chico quiso ver a sus hermanos y su cuello volteó a ver hacía ellos, Saur los estaba dejando sobre el suelo nuevamente. El Rey cerró sus parpados para evitar verlos.
Ash estaba emocionado, estaba recuperando el control de su cuerpo poco a poco. Su cuerpo le estaba obedeciendo aun cuando el Rey seguía siendo su portador. A su alrededor, el brillo se hacía más grande.
La oscuridad a su alrededor parecía que iba alejándose de él. Retrocediendo entre más grande se iba haciendo el brillo resplandeciente. Ya no estaba influyendo en Ash, el temor y angustia que le hacía sentir, estaba desapareciendo.
Hubo nuevos intentos por parte del Rey para alterar a Ash y la voluntad de este volviera a debilitarse. Le mostró momentos fatales y otros lamentables, e incluso algunos que Ash llegó a dudar si pasaron realmente. Pero ya no le importó al chico, no les prestaba atención. Ahora solo quería averiguar cuanto más podía hacer ahora que recuperaba su confianza, aquella que el Rey trató de desvanecer.
La chica se veía emocionada, aquella emoción que sentía cuando la situación iba a salir bien, esa emoción que le contagiaba a Ash y lo animaba cuando todo parecía ser un caos irremediable. Así como se lo prometieron, siempre pelearon como uno solo.
Ash quería salir de allí. Estar allí y decir que finalmente todo había acabado. Estaba seguro que pronto sería así y quizá el Rey también creía lo mismo pues hacía todo lo posible por alejarse de la chica y no verla.
—¡Dawn! ¡Escúchame soy yo! — gritaba el chico.
Sus palabras no se escucharon en el exterior, pero no le importó a Ash, la esperanza estaba volviendo al chico y ahora tenía la confianza de comunicarse con los chicos y que supieran que todavía estaba dentro de su cuerpo aunque solo vieran al Rey.
La esencia oscura se alejaba más del chico mientras que el brillo resplandeciente, que le regresó a Ash los recuerdos de sus mejores momentos, lo rodeaba cada vez más e iba superando a la oscuridad. Ahora era evidente para Ash, que el Rey le privó de sus emociones y solo le permitió las que podían dañarlo, pues era así como podía tener control sobre él y su cuerpo.
—¡Dawn! —volvió a gritarle a la chica con fuerza, y esta vez repercutió en el exterior.
La alegría de Ash se intensificó cuando Dawn demostró impresión, le había confirmado que le escuchó cuando él gritó, superó al Rey y su voz logró oírse.
La chica hablaba para que él la escuchara, pero cuando trató de responderle como lo hizo hace poco, el Rey intervino y le contestó a Dawn. Hubo una discusión entre el Rey y la coordinadora, pues el Rey no quería que ella siguiera hablando, pues parecía que la culpaba que Ash pudiera haber reaccionado y enfrentarse a su poder.
A Ash le disgustaba que el Rey tuviera una confrontación con la chica aunque esta fuese verbal, de hecho, esta ira sobre él provocada por el rencor, parecía provocar una alteración en el brillo que afectaba a la oscuridad a su alrededor.
Entre más tiempo pasaba, el Rey sonaba más desesperado. La oscuridad retrocedía más y Ash sabía que idearía algo para recuperar el control. Pero no sabía que sería hasta que lo sintió.
El Rey cerró los ojos, y Ash dejó de ver lo que ocurría en el exterior. Por más que intentó concentrarse, sus parpados no se abrieron y no pudo volver a ver nada. Sintió un alivio mayor al que sintió cuando apareció el brillo, pero ese alivió fue porque la oscuridad retrocedió casi por completo, dejando un completo vacío el cual el resplandor comenzó a llenar.
Ash comenzó a sentirse raro. Dejó de sentir las extremidades, como si estas se estuvieran despegando de su cuerpo. Un mareo apareció y sus ojos se nublaron. No sabía que había hecho el Rey pero fuese lo que fuese le estaba afectando.
Igual cerró los ojos, y cuando los abrió ya no veía su cuerpo ni el brillo, nuevamente quedó a oscuras cual ciego. Tampoco sentía sus movimientos, brazos, piernas, parpados, estaba como al inicio. Sintió como si su cabeza se hubiese separado de su cuerpo y la hubiesen puesto a girar. Parte de su mente pareció sufrir una especie de migraña y después, esta se apagó.
Ash no supo absolutamente nada de lo que ocurrió en ese momento, quedó completamente inconsciente, y cuando recobró el sentido, sus extremidades le pesaron, como si hubiesen recuperado volumen.
Un viento frio le pegó en la espalda, y sintió como enfrió el sudor de su cuello, sudor de mucho esfuerzo. Olía a césped y tierra, y finalmente sintió que sus rodillas estaban sobre una superficie.
El chico abrió los ojos, y vio la tierra sobre la que estaba, estaba oscuro pero esta vez no era abrumadora sino era una oscuridad familiar, era la oscuridad de la noche. Su cuerpo estaba normal, y elevó sus brazos para verlos nuevamente, y allí estaban, nuevamente podía ver, sus brazos, sus guantes habían vuelto a sus manos. Todo estaba normal.
—¿Ash? ¿Eres tú? —Era la voz de Dawn, pero esta vez, estaba frente a él y la oyó con demasiada claridad.
El chico dudó por un momento, pues ya no sabía si era real lo que creía o un nuevo invento. Pero sus ganas, su deseo que realmente fuese su amiga, y que eso significara que ya había abandonado su prisión oscura, era tan fuerte ese deseo que le hizo voltear a ver al rostro de Dawn.
Allí estaba ella, mirándolo preocupada y aturdida.
—¿Dawn? —
Cuando cruzaron miradas, le quedó claro a Ash, era la chica de ojos azules y cuya esencia se coordinaba con la suya para ser una sola persona. Ya no había duda que era ella.
Dawn pareció como una niña que vio el regaló que deseaba el día de navidad. Dio un grito de júbilo y dijo.
—¡Ash! ¡Volviste! —
La emoción y alegría invadieron por completo a Dawn, y ella se agachó para estar frente a Ash. Cuando sus miradas estuvieron a la misma altura, ella notó como Ash estaba conmocionado, como si fuese la primera vez que la viera, pero comprendió que debía estar confundido después de tantas cosas por las que tuvo que pasar.
Ella no sabía por dónde empezar, ni que decirle, seguramente todo era raro y complejo de asimilar para el chico pues ella todavía no podía hacerlo del todo. Sin nada que decirle, fue cuando decidió solo abalanzarse hacía él y abrazarlo. Quería sentir si todavía conservaba esa calidez que desprendía cuando estaban juntos.
Ash se sorprendió cuando Dawn lo abrazó, estaba sintiendo el tacto con ella, podía olor el aroma de su champú en su cabello, y al estar tan silencioso el lugar que pudo escuchar los latidos de su corazón que iban aumentando su ritmo. Sin duda, era ella, y él había vuelto a la normalidad. El Rey se había retirado.
Ash abrazó a la chica con fuerza, como si con eso quisiera prometerle que ya todo estaría bien y el Rey no volvería a apartarlo. No quería volver a alejarse de ella, ni de sus hermanos, ni de nadie de una forma tan agobiante.
3
Era increíble, tanto Red como Gold estaban impresionados. La chica, a quien Ash llevaba solo un año de conocer, lo hizo regresar a la normalidad e hizo retroceder al Rey. Ellos siendo sus hermanos y estando más unidos a él, solo pensaron en luchar contra su malvado adversario así como habían resuelto varios problemas en el pasado. Nunca imaginaron que, lo que realmente ayudaría sería la unión de Ash con alguien a quien tanto quería.
El abrazo era tan emotivo, no querían interrumpirlos por más que querían ir con el chico también. Les darían un momento juntos, y luego irían ellos, después de todo, Ash había regresado, ya todo volvería a la normalidad. Pero esa creencia les duraría poco.
Pikachu sintió algo extraño, el peligro no se había ido por completo. Lo mismo presintió Red, y al ver más detenidamente a Ash, vio que aquella esencia oscura volvía a salir de su cuerpo lentamente, una ligera capa comenzaba a cubrir cada una de sus extremidades, y esto era preocupante, el Rey todavía planeaba un último truco.
—¡Dawn! ¡Aléjate de él! —gritó el mayor, sorprendiendo a Gold quien estaba a su lado.
Red comenzó a correr hacía los chicos, y Gold se quedó atrás viéndolo, al fijarse más en Ash, notó lo mismo que Red pues el aura oscura se hacía más evidente en él. El adolescente se preocupó igual, esta mala noche aún no terminaba y la chica estaba muy cerca. Al igual que Red, corrió hacía ellos.
Dawn se sorprendió al oír el grito de Red, se separó levemente de su amigo y notó lo mismo que los chicos mayores, el aura oscura estaba volviendo a cubrir al cuerpo de Ash. Asustada se quedó paralizada, esperando a que lo peor ocurriera.
—¡Aléjate! —
Nuevamente fue esa voz tan profunda y grave del Rey, no se había retirado, solo los había vuelto a engañar a todos. Y después, Dawn sintió como fue empujada lejos.
El Rey había vuelto a tomar el control de Ash, y el aura oscura a su alrededor volvió a rugir y a hacerse fuerte, por lo menos lo suficiente para arrojarla por los aires varios metros hacía atrás. De no ser por Froslass que la sostuvo a tiempo, la chica hubiese caído sobre su espalda en el suelo.
El Rey se levantó nuevamente, se veía más furioso que antes, y no era para menos, perdió el control de su cuerpo y de la situación por completo, siendo un megalómano, eso sin duda es frustrante.
—¡Sujétalo! —
Red y Gold habían alcanzado al Rey, y antes que este pudiera hacer algo ellos ya lo tenían sujeto. Red le mantenía la cabeza, inmovilizándolo con su antebrazo alrededor de su cuello. Y Gold, aprisionaba sus brazos. Froslass vio el intento de los chicos de someter al rival, y ayudó usando rayo hielo para congelar las piernas del Rey, una capa gruesa de hielo cubrió las extremidades inferiores del ser impidiéndole huir.
En el momento que el aura oscura volvió a aparecer y a tomar fuerza, esta cubrió también a Saur quien estuvo confundido un momento. Cuando el Rey fue atrapado por los chicos, Saur tuvo que actuar y ayudar al ser. Usó nuevamente látigo cepa y los estiró hacía Red y Gold, pero no llegaron a su destino. Tan pronto vio esto, Explotaro se lanzó hacía una de las lianas y la mordió para contenerla y evitar que fuera a su destino. Poli hizo lo mismo pues la liana que quedó la sujetó con fuerza entre sus dos manos. Ambos Pokémon estaban deteniendo a Saur para que sus entrenadores siguieran reteniendo a su rival. Los Pokémon seguían cansado, adoloridos pero sus ansias de seguir batallando seguían firmes y no se iban a dar por vencidos tan fácilmente.
Contener al Rey no era tan fácil como pensaban, esa aura negra a su alrededor los intentaba apartar pero los chicos procuraban aumentar la fuerza en sus agarres. Ya había pasado un buen rato desde que inició la batalla contra él, y finalmente lo estaban sometiendo, no podían perder esta oportunidad de vencerlo pues no sabían si volverían a tener alguna otra.
El Rey estaba nuevamente en ese duelo, sabía que hacer que Ash saliera al exterior por un momento era algo arriesgado pero consiguió controlar al chico nuevamente, pero no del todo, ya no afectaba a su cuerpo pero, ahora que Ash volvió a ocultarse, no podía concentrarse del todo como para deshacerse de Red y Gold. Tenía que librar dos batallas, una en el mundo real y otra con Ash en su prisión oscura.
—¡Dawn! ¡Usa la pluma! — gritó Red
Red tenía razón. La pluma de Cresselia que tenía prendida en su falda. Había funcionado con Explotaro entonces funcionaría contra el Rey, después de todo, contrarrestaba el poder de Darkrai. La chica tomó la pluma, esta comenzó a brillar con intensidad, sintiendo la energía oscura del Rey.
El aura oscura llegó a ella como un viento, y le quitó la pluma de sus manos alejándola. Por un momento pareciera que la iba a perder, pero fue Pikachu quien rescató el artículo saltando a tiempo para evitar que se fuera. La chica quedó agradecida que el Pokémon fuese tan vivido y ágil. El roedor llevo la pluma a su dueña, de entre todos, era el "pequeño amarillo" (como a veces lo llamaba su entrenador) quien más quería que la noche acabará y volviera a tener a su amigo junto a él.
Pikachu corrió y se la devolvió a Dawn. La chica se acercó a los chicos, tenía la esperanza que el poder de Cresselia, Pokémon cuya finalidad era curar enfermedades y desvanecer las pesadillas, sirviera para alejar al ser hecho de maldad pura.
Cuando estuvo justo enfrente al Rey y la pluma lo estaba tocando, esta comenzó a absorber el aura negra. La esencia que rodeaba al Rey iba dejando al cuerpo del chico y dirigiéndose a la pluma, los tres chicos quedaron asombrados pues no imaginaban que eso iba a ocurrir, que la pluma iba a ser la nueva vasija donde contener toda esa maldad. Pero esa no iba a ser una solución absoluta.
Entre más aura absorbía, la pluma iba adoptando un tono más opaco y grisáceo, pronto su brillo iba desvaneciéndose, hasta que al final, la pluma quedó por completo negra. Ahora la sorpresa era casi de terror, la pluma había absorbido todo lo posible y ya no hacía más. Ahora, pareciera estar inservible.
Los chicos estaban sorprendidos, centrados en lo que pasó con el objeto. Estaban distraídos y esto era una oportunidad para el Rey.
El agarre de Red y Gold fue menos que hacía rato, pero el Rey usó su el aura a su alrededor para empujarlos lejos de él. Pareció una pequeña explosión, donde el aura también rompió el hielo que atrapaba sus piernas. Ahora estaba libre pero no pudo hacer más después de eso, extrañamente, se sintió cansado, parte de su energía se había ido luego que la pluma actuara sobre él y atrapara parte de su esencia. Aunado a esto, los dolores provocados por su batalla contra Ash continuaron luego de haber alejado a los chicos, cada cosa que hacía contra ellos tenía repercusiones ahora. El vencerlos ya no sería tan sencillo cuando él mismo estaba quedando indispuesto.
Cuando los entrenadores fueron arrojados hacia el suelo, Explotaro y Poli sabían que debían actuar, aunque estuviesen cansados aún tenían suficiente fuerza como para un último intento de someter al Rey.
Poli soltó la liana de Saur al igual que Explotaro, pero este último se colocó delante del Pokémon tipo planta antes que este pudiera atacar, y usó Infierno contra él. Llamas incandescentes surgieron del suelo desde su posición hasta llegar a Saur, pareciera lava saliendo a borbotones y rodeando al Pokémon con debilidad al fuego, sin duda lo detendría y así evitar que protegiera al Rey de Pokelantis.
Por otro lado, Poli corrió hacía el Rey preparando el movimiento "Sumisión," un ataque que aprendió luego de practicarlo junto con la Machamp de Blue, Machy. Iba a sujetar al Rey y después arrojarlo lejos con toda la fuerza de sus músculos, pero nunca llegó a tocarlo.
Cuando el Rey vio que ese Poliwrath se acercó ferozmente hacía él, quiso detenerlo, pero su oscura aura se sintió débil por lo menos como para actuar por si sola y detenerlo. Tuvo que centrarse en el Pokémon y con su brazo le ordenó que se detuviera, y así lo hizo, el Pokémon fue atrapado por el aura oscura parándolo en seco. Pero el Pokémon se esforzaba por continuar, intentaba volver a moverse y al Rey le costaba contenerlo cada vez más, su fuerza iba debilitándose de a poco en poco. Tenía que tener toda su concentración para parar a Poliwrath pero no podía prestar atención a su alrededor.
Pikachu fue quien aprovechó que el Rey solo se centraba en Poli y decidió atacar. Corriendo hacía el Rey, volvió a usar Tacleada de Volteos con toda su energía guardada en su cuerpo. Corrió y los relámpagos que lo rodeaban se hacían cada vez más grande, eran tan intensos que todo el claro en que se encontraban se iluminó.
El Rey se cercioró que Pikachu se acercaba, pero era demasiado tarde para detenerlo.
Aunque lo intentó, tuvo que soportar el impacto en su pecho, pikachu era pequeño y no pesaba más que seis kilos, pero en ese momento se sintió como una roca sobre él. Seguido del millón de volteos que recorrió todo su cuerpo y sin dejar ni un solo lugar sin recibir la descarga. Ash siempre había soportado ataques como este y siempre bromeaba que ya no sentía nada, pero no era así, el dolor era insoportable. Todos sus músculos se tensaban, y se sintieron como hilos que en cualquier momento se romperían; su piel podía consumirse quemada y sus órganos se contraían y parecían que iban a estallar, pero no lo harían porque ese cuerpo estaba acostumbrado a sobrevivir a eso. El Rey, por primera vez, sintió un arrepentimiento de haber tomado el control de ese cuerpo, pues nunca antes había sentido un dolor parecido, de hecho, no lo hubiese soportado de estar en su propio cuerpo o en algún otro.
El impacto de Pikachu empujó al Rey varios metros atrás. El ser intentó colocarse firme pero sus extremidades no le obedecieron, solo retrocedió hasta chocar de espalda con un árbol.
Pikachu no se detuvo allí, continuó alimentando la energía del ataque con toda su energía, no se iba a detener hasta tener una señal de que su amigo entrenador había vuelto. Pero esa señal no llegó, y la sobrecarga del ataque fue tal que terminó provocando una explosión que levantó una cortina de polvo que lo cubrió por completo junto con el Rey.
Nuevamente oscuridad, y ahora se le sumaba el polvo que se levantó y que el viento llevaba hacia los chicos, por lo que cubrieron sus ojos con sus brazos.
El sonido de una pokeball abriéndose se escuchó y la luz roja de un Pokémon saliendo de ella fue lo único que se vio en ese oscuro lugar.
—Froslass, usa Flash— ordenó Dawn. La oscuridad no era su aliada, y si el Rey preparaba otro ataque no estarían preparados si no podían ver nada. Pero antes que Froslass pudiera iluminar el lugar, se escuchó el grito de un Pokémon. "Ala-kazan" fue lo que se escuchó.
Cuando los cristales de la cabeza de Froslass se llenaron de luz y todo el lugar se iluminó, ya no estaban ni Saur ni Infernape quien había permanecido bajo el árbol luego de su derrota; ni las pokeball, también habían desaparecido. Solo estaban ellos, sus Pokémon y la polvareda en donde estaban pikachu y el Rey, la cual aún no bajaba.
—¡Poli! ¡Chorro de agua! —
Poliwrath uso chorro de agua sobre el suelo para que la nube de polvo disminuyera y así lo hacía, lentamente iba bajando todo ese polvo, y cuando pudieron ver, el asombro ahora fue de preocupación. Se dieron cuenta que fueron burlados nuevamente pues el Rey de Pokelantis ya no estaba allí. Se había esfumado. El único que había quedado era Pikachu, quien estaba sobre el suelo y exhalando pesadamente, se había sobre esforzado en su último ataque.
Dawn reaccionó y fue a buscar al pequeño roedor amarillo, se preocupó por él pero admiró su intento de derrotar al Rey por sí solo. Mientras tanto, Red y Gold solo podían ver atónitos el lugar frente a ellos mientras analizaban lo que recién acababa de pasar. Fueron vencidos, atacados y burlados por el Rey nuevamente. De seguro fue por Kazam, el Alakazam de Red, quien sabía Teletransportación y ahora estaba bajo el poder del Rey.
Ambos chicos se sintieron humillados, fue poco lo que lograron hacer contra el Rey y aún así no entendían muy bien cómo hacerle frente o que hacer ahora. Estaban sin un plan nuevamente.
Gold era a quien más le afectaba una derrota así, pues su presunciosa personalidad se veía afectada pues eran pocas las ocasiones que era derrotado en combate como en cualquier otra cosa, pero esta vez le afectaba pues se suponía que iban a ayudar a Ash, y fracasaron, y como le dijo Red, terminó siendo una batalla por su honor en contra del Rey, y falló igual. Aunque su quijada aún le dolía, ya no se sentía rota, ya podía articular palabras.
—¡Maldición! —fue lo primero que gritó, o más bien intentó gritar.
