Recap (porque no he subido en un par de semanas): Ladybug sabe que algo le ocurre a Chat: apareció en su balcón llorando, perdió el control de sus poderes contra Miracle Queen y, según el Tomo II, sus nuevas habilidades son alimentadas por emociones negativas. Sin embargo, Ladybug no ha sido capaz de que Chat se abriera a ella, así que decide intentar ayudarlo como Marinette.

Como resultado, Chat y Marinette acabaron desarrollando una especie de arreglo en el que él se pasa por su habitación prácticamente cada noche.

Mientras tanto, Felix aún trata de asimilar que Adrien es Chat Noir y sigue replanteándose sus decisiones hasta el momento. Sass (que sabe que Gabriel es Hawk Moth) le ha pedido a Luka que le eche un ojo a Adrien. Y Alya no está nada contenta con la nueva dinámica entre Chat Noir y Ladybug. Nino está mariposeando por ahí también.

edit: Dios, lo siento muchísimo! Publiqué este cap en Wattpad el lunes pero me olvidé de publicarlo en Fanfiction.


El repiqueteo de sus largas uñas de plástico contra la puerta de la limusina era lo único que sonaba en el coche. Sabrina, a su lado, se mantenía prudentemente callada, con un centenar de invitaciones sobre el regazo.

Chloe sostenía otras tantas, pero su mirada no se encontraba sobre ellas, sino al otro lado de la ventanilla, en la calle, en el camino hacia el instituto. Hordas de plebeyos caminaban hacia la misma dirección como un rebaño de ovejitas. No tenían ni idea del gran regalo estaban a punto de recibir.

Cuando por fin reconoció el edificio de su escuela y la limusina se detuvo delante, Chloe tomó una gran bocanada de aire, cogió el montón de invitaciones en su regazo y esperó a que Sabrina le abriera la puerta.

Una vez fuera del coche, se plantó en medio de la acera, separando la multitud de alumnos que iban de aquí para allá como Moisés separa las mareas. Echó un vistazo panorámico a sus alrededor y reconoció a Nath-emo, junto a su todavía-no-novio Mark, y a Max "Lágrima Fácil" (no había dejado de llorar desde que Markov había desaparecido, hacía ya una eternidad: dos semanas).

Pero no había ni rastro de Marinette.

—¿Dónde está Adrien? —escuchó Chloe, y reconoció la voz de DJ Pelo Aplastado desde algún lugar dentro de una multitud en la que ella no pensaba meterse.

Chloe afinó el oído porque donde estaba DJ Pelo Aplastado estaba Miss Metomentodo, y donde estaba Miss Metomentodo estaba Miss Llevo El Mismo Peinado Desde Los Cinco Años.

No se equivocó, porque la respuesta de la gafotas fue:

—No lo sé. Marinette tampoco ha llegado.

—Ya, pero Marinette es Marinette. No la esperes antes de que suene el timbre —contestó DJ Pelo Aplastado.

Chloe puso los ojos en blanco. Por supuesto que Miss Me Comí El Despertador iba a llegar tarde a clase… pero Chloe no era de esas a las que dejaban esperando.

Así que, en vez de quedarse en frente del instituto, puso rumbo a la panadería de los Dupain-Cheng.

La suerte le sonrió, sin embargo, porque en cuanto dobló la esquina descubrió a Marinette caminando hacia ella.

Un poco más nerviosa de lo que estaba dispuesta a admitir, Chloe se retocó el peinado con la mano y se alisó las arrugas de la chaqueta. Luego alzó la barbilla y, tiesa como un poste, esperó a que Miss Soy Moralmente Superior se diera cuenta de su presencia.

No lo hizo.

Marinette caminaba sin mirar al frente porque tenía la vista clavada en su teléfono. Una sonrisilla bastante irritante bailaba en su rostro, junto con cierto rubor en sus mejillas

Chloe carraspeó. Le dio unos toquecitos a la acera con la punta del zapato. Tosió, tan alto que algunas cabezas se giraron hacia ella. Pero nada funcionó.

Marinette estaba tan absorta escribiendo y leyendo mensajes en su móvil que, aunque el mismísimo Jagged Stone estuviera dando un concierto en la escuela, ella no se habría enterado.

Marinette estaba cada vez más cerca de Chloe. Más cerca. Más cerca. Y seguía sin mirar hacia delante.

Por eso se llevó un susto de muerte cuando Chloe se impacientó y decidió estamparle una de las invitaciones en la frente, sin esperar a que levantara la cabeza del teléfono.

—Hay una fiesta este sábado en Le Grand Paris —soltó Chloe ante la mirada atónita de Marinette—. Es una gala formal, así que —La examinó de arriba abajo y arrugó la nariz—, más te vale vestirte apropiadamente.

Dicho esto, Chloe giró sobre sus talones y se alejó hasta el instituto con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Cuando entró por la puerta de la escuela, encontró a Adrien semiescondido en una esquina del patio, sonriendo como embobado a uno de esos teléfonos plegables antiguos que ni siquiera tenían pantalla táctil.

Puaj. Qué asco de tortolitos.


—Al parecer ella no organiza la fiesta en sí —explicaba Alya mientras consultaba en su móvil las redes sociales de Chloe—. Es una especie de encuentro de ricachones en Le Grand París, una cena social organizada por un tal… Gérard Kanes.

—Qué nombre tan raro… —comentó Nino, al mismo tiempo que Adrien decía:

—Pues a mí me parece que es un gesto bonito que haya invitado a toda la clase. Tal vez quiera arreglar las cosas.

Alya soltó un resoplido escéptico.

—Todos sabemos lo que ocurrió la última vez que intentó "cambiar". Se portó decentemente durante una semana y luego estuvo a punto de condenar al mundo aliándose con Hawk Moth.

—Redimirse no es tan fácil —la rebatió Adrien, y su mente se escapó hacia Felix durante un instante, pero espantó el pensamiento como quien espanta moscas—. Yo voy a ir. Si es un evento organizado por los Bourgeois estoy seguro de que mi padre querrá que vaya.

—No seas tan ingenuo, Adrien —replicó Alya—. Las personas no cambian así como así. Marinette, tú estás de acuerdo conmigo, ¿verdad?

Alya se giró hacia Marinette, que estaba sentada a su lado. Adrien y Nino también volvieron la vista hacia ella desde los pupitres de enfrente, pero Marinette no estaba siguiendo la conversación, sino que tenía la vista clavada en su regazo, en su móvil.

Alya trató de inclinarse discretamente para leer sus mensajes —algo que hacía a menudo, y Marinette nunca se había molestado por ello—, pero esa vez su mejor amiga se apresuró a ocultar la pantalla con la mano y luego le dirigió un puchero enfadado.

Su enfado fue pasajero, sin embargo. Un momento después, alzó la cabeza hacia el grupo como si nada.

—Perdona, ¿qué decíais? —preguntó, mirando a Alya y a Nino alternativamente, pero no a Adrien.

Al darse cuenta de que Marinette había estado distraída consultando su teléfono, Adrien se inclinó para meter la mano en su bolsa. Sin sacar el brazo de ella, abrió su móvil plegable —una reliquia del pasado, pero imposible de rastrear— e hizo clic en la aplicación de SMS. En efecto, tenía un nuevo mensaje de la única persona que conocía ese número.

Marinette le había enviado la imagen de una avestruz con plumas violetas —Photoshop, seguramente—, con la leyenda de «Te presento a Miss Mendeléiev».

Adrien se mordió el labio para contener la risa.

El chiste no era gracioso, la foto no era nada del otro mundo… pero que Marinette hubiera pensado en él cuando había encontrado esa foto en Internet le hacía sentir mariposas en el estómago.

Le respondió con una pieza sacada de su extensiva colección de memes de gatos que rezaba «Cuando encuentras a tu hermano perdido» y mostraba a dos gatos grises, idénticos, que parecían bailar la macarena uno detrás del otro.

Cuando sacó la mano de la bolsa, sacó también su botella de agua, para disimular.

Medio minuto después, escuchó un graznido-risa a sus espaldas, y le produjo una inmensa satisfacción ser la razón de esa risa tan bonita.

Sin embargo, la risa de Marinette fue silenciada por el suave gruñido de Alya.

Aún sin darse la vuelta —porque sabía que a Marinette le incomodaba su atención—, Adrien supo exactamente lo que había pasado: Alya se había molestado porque Marinette no le había dejado cotillear sus mensajes.

Por alguna razón, Marinette aún no le había hablado a Alya sobre sus encuentros con Chat Noir, aunque a Adrien no le importaba que se lo dijera. De hecho, no entendía muy bien por qué Marinette prefería mantenerlo en secreto. ¿Qué tenía de malo admitir que pasaba tiempo con un amigo, aunque fuese un amigo enmascarado?

Como fuese, Alya no discutió con Marinette, sino que retomó el tema:

—Estábamos hablando de la fiesta de Chloe. Adrien dice que va a ir. ¿Y tú? ¿Piensas atender?

«Seguro que dice que no», pensó Adrien con un resoplido. Últimamente, donde estaba él no estaba Marinette y viceversa. Su relación había retrocedido casi hasta el principio, cuando Marinette rehuía la mirada de Adrien incluso en clase. Habían vuelto a saludarse por los pasillos y a ser las carabinas de Nino y Alya, pero sin ir más allá.

Era tremendamente frustrante.

Sin embargo, Adrien ya había superado esa etapa una vez, estaba seguro de poder hacerlo de nuevo. Además, aún pasaban tiempo juntos como Chat Noir, y tenía que admitir que la relación entre Marinette y Chat Noir era mejor de lo que nunca había sido su relación con Adrien.

Los tres esperaban la respuesta de Marinette, que para sorpresa de todos fue:

—¿Sabéis? Creo que deberíamos ir los cuatro a la fiesta.

El sonido de las uñas de Alya arañando la madera resonó por toda la clase.

—Estas de broma, ¿no?

Marinette se encogió de hombros (aunque Adrien no lo vio).

—Nos lo pasamos bien la última vez. Además, llevo un par de semanas diseñando un vestido de gala y necesito una ocasión apropiada para lucirlo.

Adrien frunció el ceño. ¿Un vestido de gala? Recordaba partes de un vestido de gala en el bloc de dibujo de Marinette, y también recordaba haberla ayudado a elegir el tono de rojo adecuado, pero Marinette aún no había comenzado a coser el vestido y Adrien juraría que ni siquiera había acabado de diseñarlo.

Estaba bastante seguro, de hecho, porque Chat conocía el portfolio de Marinette de memoria.

—Es lunes, ¿seguro que podrás acabarlo para este sábado? —preguntó de repente, girándose hacia atrás.

En cuanto sus miradas se cruzaron, Marinette contuvo una especie de chillido y volvió la vista a Nino como un rayo.

—Sí, sí. Está a medio hacer —contestó, mirando a Nino como si él hubiera sido el que había planteado la pregunta.

«Mentira», pensó Adrien. Se pasaba todas las noches en la habitación de Marinette, si estuviera trabajando en un vestido, él lo sabría.

Sin embargo, no se le ocurrió ninguna razón que Marinette pudiera tener para mentirle. Aunque, por otra parte, tampoco tenía ninguna razón para deberle la verdad.

Así que se limitó a volver la cabeza hacia delante —el suspiro de alivio de Marinette fue bien audible—, justo en el momento en el que Miss Mendeléiev aparecía por la puerta, poniendo fin la conversación.

Lo que Adrien no escuchó, porque Alya se lo susurró a Marinette directamente al oído, fue:

—Chica, si quisieras mirarlo más de dos segundos te darías cuenta de que está coladísimo por ti.

—Tonterías —contestó ella, también en susurros—. Ya lo he superado, ¿vale? Adrien es cosa del pasado. Ya no estoy enamorada de él.

Alya alzó una ceja escéptica, tal y como había hecho las otras cien veces que Marinette le había repetido la misma frase. (Palabra por palabra, como si la hubiera memorizado.)

Pero no dijo nada, por la simple razón de que los chicos estaban demasiado cerca.


Resultó que sí había un vestido.

Según Marinette, había estado cosiendo los detalles antes que el cuerpo del vestido, y esos detalles los guardaba en un cajón, por eso Chat no los había visto antes.

En ese momento, sin embargo, la prenda se encontraba oculta bajo una tela de color verde que tapaba el maniquí por completo. Chat se quejó varias veces —¿por qué no podía ser parte del proceso creativo?—, pero Marinette se negó enseñárselo hasta que estuviera acabado.

Sobre lo que Chat —más bien Adrien— sí había tenido razón era que Marinette tenía el tiempo justo para acabar el vestido antes de la fiesta. Trabajaba en él día y noche, hasta el punto de quedarse dormida en los brazos de Chat cada vez que intentaban ver una película.

Por supuesto, Chat se había ofrecido a dejar de pasarse por allí para dejarla trabajar. (Marinette se negaba a que viera el vestido a medias, así que no podía coser con él presente.) Sin embargo, ella le decía que el descanso le venía bien, y además se dormía más rápido con él cerca.

Así, el lunes se convirtió en jueves, y luego en viernes. La víspera de la gala había llegado y el vestido seguía escondido bajo la tela verde.

—¿Seguro que te dará tiempo a acabarlo para mañana? —le preguntó Chat a Marinette—. Podría ayudarte, ¿sabes? Sé una cosilla o dos sobre costura.

Se habían puesto a ver Thor: Ragnarok y Marinette estaba cómodamente acurrucada junto a Chat, aunque sus párpados estaban comenzando a cerrarse solos.

Sin embargo, le quedaba suficiente energía como para burlarse de su ofrecimiento:

—¿Tú? ¿Sabes coser?

—Bueno, no —admitió él. Se había pasado la vida bajo los focos, pero jamás había usado una aguja—. Pero puedo sujetar los volantes para que tú los cosas. Tengo buen pulso.

—El vestido no lleva volantes —contestó Marinette poniendo los ojos en blanco—. Y antes de que lo preguntes, no pienso decirte qué tipo de adornos lleva.

Chat chasqueó la lengua.

—Tenía que intentarlo…

Marinette no fue capaz de contener una risilla. Chat llevaba así durante días: mendigando detalles, suplicándole que le dejara echar un vistazo al vestido.

Pero Marinette no iba a dar su brazo a torcer. Puede que su obstinación no fuera más que una tontería infantil, pero quería darse por lo menos ese capricho.

Eso de "tener una oportunidad para ponerse el vestido de gala" había sido una mentira. Marinette había comenzado a coser el vestido no por amor al arte, sino para poder lucirlo delante de Chat.

De hecho, lo había diseñado con el traje de Ladybug en mente. Con la idea de que hiciera juego con el traje negro de él. Con la idea de poder lucirlo para él.

Era una tontería, un capricho absurdo, pero a Marinette se le había metido entre ceja y ceja y no había quien la hiciera cambiar de idea.

Quería sorprender a Chat con el producto final. Quería ver la expresión en su cara cuando apareciera en la fiesta con una prenda que ella misma había cosido. Quería ver la admiración en sus ojos cuando cayera rendido ante ella y…

Vale, tal vez estaba exagerando el asunto.

El caso era que quería sorprenderlo. Si no, ¿qué gracia tendría coser un vestido deslumbrante?

Era una tontería infantil, Marinette lo sabía. Y aún así iba a seguir adelante.

Así que no, no le iba a dejar echar un vistazo antes del baile.

—¿Tienes ganas de ir? —le preguntó Chat a Marinette de repente—. A la fiesta, quiero decir.

Ella se encogió de hombros.

—No lo pasé mal en la última fiesta que organizó Chloe. Aunque esta vez no la está organizando técnicamente ella. Simplemente ha invitado a nuestra clase.

«Es cierto. La última fue divertida», pensó Adrien, porque en la última había bailado con Marinette.

De hecho, la canción que habían bailado juntos no había abandonado su cabeza desde entonces. Cuando la bailaron también en Nueva York, a Adrien se le había ocurrido que tenía que ser más que una coincidencia; tal vez Marinette tuviera un hada madrina que se encargara de esas cosas.

Ahora que lo pensaba… Adrien había bailado con Marinette ya dos veces. Chat Noir tendría que igualar el marcador.

Ese inocente pensamiento resultó ser mucho más intrusivo de lo que parecía, porque Chat no pudo evitar comenzar a imaginarse a sí mismo bailando en la terraza de Le Grand Paris junto a Marinette.

Como ella era más bajita y no solía llevar tacones —no que él recordara, por lo menos—, era muy probable que tuviera que mirarla desde arriba. La boca de él estaría a la altura de la frente de ella, a una distancia perfecta para depositar bajo su flequillo cuantos besos quisiera.

Aunque quizá Marinette decidiera apoyar la mejilla en su pecho, como tanto parecía gustarle hacer. Chat se lo permitiría con gusto e incluso dejaría que el salvaje latido de su corazón transmitiera el alcance de sus emociones.

Y si Marinette llevaba tacones y se cansaba de bailar durante tanto tiempo, Chat le dejaría colocar sus pies sobre los de él y la guiaría durante el vals.

No sabía por qué se estaba imaginando un vals. Supuso que porque era el baile más romántico que conocía.

Se le escapó una sonrisa cuando echó la mirada al maniquí, oculto bajo la tela verde. Si su vestido era rojo, entonces él iría de negro. Chat siempre había pensado que el rojo y el negro combinaban como ninguna otra pareja de colores lograba hacerlo.

Adrien se puso a repasar mentalmente su numerosa colección de esmóquines, seleccionando cuidadosamente cuáles eran los que mejor combinaban con un vestido rojo.

Sin embargo, entonces se dio cuenta de un detalle importante: iría a la fiesta como Adrien, no como Chat. Lo que significaba que no habría forma de convencer a Marinette para que bailara con él.

Se le cayó al alma a los pies.

Marinette no querría darle a Adrien ni la hora del día, mucho menos concederle un baile. Adrien había estado soportando la situación con paciencia —no era la primera vez que Marinette se sentía incómoda a su lado—, pero no poder aprovechar esa oportunidad de oro para bailar con ella le dolía bastante.

Justo en ese momento Marinette se arrimó a él y la sonrisa volvió a su cara.

—¿Vas a estar ahí? —preguntó Marinette de golpe, y la sonrisa de Chat Noir se desvaneció de nuevo.

—¿Dónde? —La respuesta era evidente, pero aun así ella contestó, con la vista clavada en la película en vez de mirarlo a los ojos:

—En la fiesta de Chloe.

Chat Noir guardó silencio.

Marinette no debería haberle hecho esa pregunta y ambos deberían saberlo.

Ya era suficientemente peligroso que pasaran tanto tiempo juntos. Que Marinette hubiera descubierto sin querer que la madre de Chat estaba muerta era prueba de ello. Un par de deslices más, y era cuestión de tiempo que atara cabos.

Por si fuera poco, Chloe no había estado regalando invitaciones a cualquiera. Se había asegurado de que todo Francois-Dupoint recibiera una, pero que el resto de escuelas recordaran lo desgraciados que eran por no contar con la gran Chloe Bourgeois entre sus filas.

Así que contestar que sí que iba a asistir a la fiesta era como admitir abiertamente que estaba matriculado en la misma escuela.

No podía contestarle.

—Chat, ¿me has escuchado? —preguntó Marinette al reparar en el largo silencio de Chat.

Chat trató de que su dilema no se reflejara en su rostro.

Marinette no era estúpida, pensó Chat. Sabía perfectamente qué podía preguntar y qué estaba prohibido. Y esa pregunta entraba claramente en la segunda categoría.

Así que, ¿por qué estaba insistiendo?

—¿Vas a venir a la fiesta? —repitió ella

Chat no sabía qué responder.

Si decía que sí, estaría estrechando el cerco alrededor de su identidad.

Si decía que no, estaría mintiendo, y Chat no quería mentirle a Marinette.

Conque no tuvo más remedio que conformarse con un punto intermedio:

—Puede.

Marinette parpadeó confundida, como si no se hubiera esperado una respuesta tan vaga.

(Qué raro. Además de plantear una pregunta que sabía que no debería plantear, ¿se extrañaba al recibir una respuesta ambigua? Chat supuso que el cansancio había podido con ella.)

Sin embargo, Chat se limitó a plantarle un beso en la frente y volver la atención a la película.

Ojalá pudiera dejar de ocultarle cosas, pero si le hubiera contestado con la verdad, hubiera sido como darle carta blanca para que lo buscara en todos los chicos rubios de su clase. Y solo había un chico rubio en su clase.


Marinette observó las facciones de Chat contraerse en una mueca incómoda al contestar «Puede» y el corazón le dio un vuelco.

Durante todo ese tiempo, a Marinette no se le había ocurrido la posibilidad de que Chat la dejara plantada en la fiesta. Al fin y al cabo, si él no iba y no veía el vestido antes que nadie, todo el esfuerzo de Marinette sería en vano.

Pero Chat jamás la dejaría plantada, sobre todo después de haberle prometido que iría.

Marinette recordaba con claridad el momento hacía tres días en el que él mismo había preguntado «Seré el primero en ver el vestido, ¿verdad?» y ella había contestado que sí sin pensárselo dos veces.

Marinette sabía que tendrían que ser discretos, claro, si querían bailar por lo menos una canción en la fiesta. Chat Noir era una celebridad, no podía aparecer así como así en el baile de Chloe, aunque a ella le hubiera encantado.

Marinette tendría que dar esquinazo a Alya, cubrir el vestido con algún tipo de capa hasta llegar al hotel… Aún no habían discutido los detalles, pero se las arreglarían.

¿Y ahora él le decía que tal vez no fuese capaz de ir al baile?

A Marinette le entraron ganas de pegarle un puñetazo.

También le entraron unas ganas mortales de sonsacarle a la fuerza las razones por las que no podía prometerle su asistencia, pero sobre eso no podía hacer nada. Aunque se lo preguntase —que sería una muy mala idea—, Chat no iba a ser capaz de contestarle.

Con un gruñido de frustración, Marinette se volvió con brusquedad y hundió la cara en el pecho de Chat. Lo notó tensarse ante el repentino movimiento, pero un segundo después, su compañero ya estaba acariciándole la espalda para tranquilizarla.

—Lo siento… —musitó. Puro arrepentimiento impregnaba sus palabras.

Seguro que tenía una buena razón para faltar a la fiesta, pero ella no podía preguntárselo.

Marinette ya estaba harta.

Estaba harta de ver a Chat sufrir y no poder hacer nada.

Estaba harta de guardarle secretos.

Estaba harta de que él le guardara secretos.

Estaba harta de tener miedo de un gato blanco que hacía tiempo que debería haber superado.

Al fin y al cabo, la razón por la que Marinette había iniciado su pequeño "arreglo" —eso de que él se pasara por su habitación cada noche— había sido para ayudar a Chat a superar lo que fuese que lo había llevado hasta su balcón aquella fatídica noche hacía tres semanas.

Habían hecho avances —Chat parecía acudir a la panadería de los Dupain-Cheng para huir de lo que fuese que le esperaba en casa— pero no era suficiente.

Aún había cosas de las que no podían hablar con libertad. Aún había temas tabú sobre de los que andaban de puntillas.

Marinette era terriblemente consciente de que había cavado su propia tumba, y que restregárselo a sí misma solo la hacía sentir más y más frustración.

Como resultado, cada día que pasaba con Chat estaba un paso más cerca de mandar todo a la mierda y quitarse la máscara. Y arrancarle la de él con los dientes, ya de paso.

Por desgracia, Hawk Moth andaba suelto y era más poderoso que nunca. Si ambos conocieran la identidad del otro, solo tenía que llegar a uno de ellos para obtener ambos miraculous.

Era algo que Ladybug se recordaba a cada hora, para evitar cometer un error del que no podría retractarse.


Chat le echó último vistazo al maniquí tapado antes de marcharse de la panadería a medianoche. Marinette tenía planeado trasnochar para darle las últimas puntadas y se pasaría toda la mañana del sábado durmiendo. Por eso Chat preguntó:

—¿A qué hora quieres que me pasé por aquí mañana? ¿Después del mediodía?

Marinette alzó una ceja.

—¿Pero qué dices? Pienso aprovechar cada minuto que tenga antes del baile para dormir —contestó.

Chat trató de que no se reflejara la decepción en su rostro.

Le hacía mucha ilusión ser el primero en ver el vestido, pero supuso que Marinette ya se había olvidado de su promesa.

En fin, tampoco era para tener un berrinche, pensó. Se reuniría con Marinette, Alya y Nino en la entrada del Le Grand París al día siguiente. En el peor de los casos, sería la tercera persona en ver el vestido.

(Chat no tenía muy claro por qué le importaba tanto.)

—Nos veremos mañana, Princesa —se despidió, y tras una reverencia exagerada, se marchó hacia la mansión Agreste.