Capítulo 18

1

Ruby y Crystal no despegaban la mirada del pokédex del chico. El pokédex mostraba un mapa virtual de la región de Kanto, y un punto rojo que titilaba. De pronto, aquel punto dejó de parpadear y desapareció.

—otra vez. ¿Qué crees que signifique? — preguntó Crystal al chico del gorro blanco.

Ruby se veía muy concentrado, quizá, tratando de analizar los hechos y dar una resolución concisa.

—no tengo idea— bueno, a veces una mirada seria solo significaba que no entendía— tu eres la científica. Eres la que sabe sobre esto—

A Crystal le sorprendió la respuesta— ¿De qué hablas? El profesor Birch te dio este pokédex, debes de saber sus funciones—

Ruby se cruzó de brazos— dije que era su asistente. Nunca dije que me interesaban este tipo de cosas—

Dawn solo se quedaba mirándolos sin entender muy bien que esperaban encontrar en el pokédex. Los tres estaban en el lobby del hotel de ciudad Plateada, esperando a que pasará la torrencial lluvia de afuera para que volvieran sus amigos.

—Se supone que debe mostrar la ubicación de Jirachi cuando aparece. Por eso te lo actualizó el profesor Birch antes de venir aquí. ¿No es así? —

Ruby solo miró a la chica de su edad un tanto extrañado— ¿Eso hace? —

Crystal no podía creerlo. Se suponía que iban a investigar el paradero de Jirachi junto con aquel chico, quién tendría mucha información sobre el singular Pokémon debido a que el profesor Birch era quien más lo había investigado, pero Ruby parecía poco o nada interesado en ello.

—te lo dije— indicó Dawn quién cargaba a Piplup y a Pikachu— a mi primo no le interesa otra cosa que no sea su ropa o su gorro—

La pokédex había comenzado a marcar aquel punto, poco después de haber vuelto al hotel. Había apuntado en la ruta 3, dónde hacía poco habían estado, pero el punto no había aparecido en el momento. El punto marcado desaparecía de vez en cuando, y después volvía a aparecer. Ahora había desaparecido y no volvió a aparecer, y Crystal quería deducir que pasaba y cuál era la razón por la cual hacía aquello.

Una cosa era cierta, debido a que Ash había desaparecido, hizo que los chicos dejaran en segundo plano su búsqueda principal, el encontrar al Pokémon deseo, Jirachi, recabar datos y enviarlos a los profesores Oak, Rowan y Birch. De hecho, Dawn finalmente estaba junto con la asistente del profesor Oak y el asistente del profesor Birch, a quienes buscaba para dicha tarea, pero eso no les importaba ahora.

Era difícil para todos pensar en encontrar a un Pokémon que casi nadie ha visto, cuando tenían que concentrarse en encontrar a un adolescente con un severo problema de posesión demoniaca y cabía resaltar que no habían avanzado mucho en aquello último. Incluso Crystal no tenía idea de que hacer si llegasen a encontrar a Jirachi por simple casualidad, su mente no estaba centrada. Ella había estado esperando a que el chico enviado por el profesor Birch tuviese información al respecto sobre el Pokémon, y que estuviera más concentrado en su búsqueda que ella, pero no imaginó que sería el primo de la chica que recién había conocido y al cual su única preocupación era el que no se le arrugara la camisa.

Mientras Crystal discutía con Ruby sobre el funcionamiento de la Pokédex, Dawn se alejó un poco hacía la entrada del hotel. La lluvia seguía allá afuera y no pensaba detenerse. Los chicos aún no habían llegado, seguramente ellos seguían buscando y solo habían querido que ella se alejara del lugar, debió suponerlo, pues Ash hubiese hecho lo mismo en una situación similar.

Pikachu y Piplup la vieron pensativa nuevamente, le hablaron y Dawn solo les dijo— la lluvia no cesa…—

No terminó su frase realmente. Quería continuar diciéndoles que le estaba causando una mala sensación, como si la lluvia les estuviera advirtiendo que algo malo estaría por pasar. Parecía una idea sacada de la ficción, pero ella misma se decía que no debió haberse ido del Monte Moon.

Los Pokémon parecieron haber presentido lo mismo que la chica, pues ambos voltearon a ver hacia afuera, en alerta en espera que algo se acercara.

—¡Pika! —Pikachu saltó de los brazos de Dawn y se encaminó hacia afuera del hotel, deteniéndose en el camino.

—¡Pikachu! ¿Qué haces? —

Se escuchó un rugido a la distancia.

Afuera, por los lados del camino, lleno de comercios y restaurantes donde todavía había personas cubriéndose de la lluvia, o degustando de una cena caliente, todos voltearon hacía el cielo de dónde provino el rugido. Las voces de sorpresa surgieron, y algunas personas señalaron al enorme Charizard que voló sobre ellos sin importarle la lluvia. Sobre el Charizard iba montado un chico al cual muchos murmuraron su nombre al reconocerlo.

Dawn también reconoció al Pokémon y al chico que lo montaba—¡Es Red! — dijo llamando la atención de los chicos que la acompañaban.

Zard volaba con rapidez, pasó por encima del hotel y siguió de frente. Una sirena se oyó a lo lejos, cabía recordar que no se permitía sobrevolar las ciudades sobre Pokémon voladores, así que era de esperar que la oficial Jenny de la ciudad lo seguiría. Todos miraban al Pokémon, pero fue Pikachu quien se dio cuenta que Zard llevaba sobre si a alguien más aparte de Red, pues el chico parecía sujetar a alguien más, a quien Pikachu reconoció de inmediato como su entrenador.

—¡Pika! —

Pikachu comenzó a correr en dirección a donde Zard se dirigía, no esperó a Dawn ni a nadie más.

—¿Pikachu a dónde vas? —

Dawn iba a salir del centro Pokémon olvidando la lluvia del exterior. Esto alertó a Ruby quien le había advertido que no lo hiciera, así que decidió "ayudarla" con uno de sus Pokémon.

—¡Popo! ¡Usa día soleado! —

Lanzó una pokeball, y de allí salió un pequeño Pokémon de color gris de cuerpo redondo como una pelota y pequeñas protuberancias en su base que eran sus patas. Era un Castform al cual él llamaba popo. Cuando el Pokémon salió del hotel, se transformó, su cuerpo ahora se volvió azul con la forma de una gota de agua, y sus pies ahora simulaban una nube de tormenta, el Pokémon adoptó la forma correspondiente a la lluvia.

El Pokémon siguió a la chica y usó día soleado para que dejara de llover alrededor de ella.

Dawn se sorprendió cuando a su alrededor dejó de haber lluvia y ahora parecía ser un día normal en verano, pero a un par de metros más, seguía lloviendo. Al voltear hacía arriba, vio al responsable.

—un… un Castform— ahora el Pokémon se volvió naranja con pequeñas esferas alrededor de su cabeza, pareciendo un pequeño sol con una nube blanca debajo. Estaba usando día soleado como su entrenador le había indicado, pero solo en una sección, en el cielo, las nubes se habían alejado alrededor de aquella fracción donde Castform usaba el movimiento.

—¿Haz enloquecido? — le gritó Ruby desde la entrada, captando la atención de la chica— ¡Te dije que no te mojaras! ¡Puedes arruinar tu cabello y tu ropa se lava en seco! —

Dawn se había impresionado por el Castform, finalmente Ruby estaba actuando en pro de alguien más… para después demostrar que solo estaba interesado en la ropa que ella usaba.

—¡Dawn! ¡Es Gold! —advirtió Crys.

Gold se acercaba a ellos sobre Explotaro. Iba con prisa, pero al menos el camino estaba libre pues la gente estaba a los lados resguardándose de la lluvia. Muchos de los que lo estaban viendo supieron de quien se trataba, algunos murmuraron, y se preguntaron la razón de su prisa.

—¡Es el chico que me dijo tus medidas! — Ruby… también lo reconoció.

Gold se bajó de la espalda de su Pokémon antes de llegar a la parte iluminada por el día soleado de Castform, mientras que el Pokémon se acercó a aquella zona para secarse, Dawn sintió como el calor aumentó gracias a las llamas de Explotaro que aumentaban su intensidad.

Gold se veía exaltado, abría la boca para tomar grandes bocanadas de aire, y se notaba desesperado. Pareciera que quería decirle algo a ella pero la falta de aire se lo impedía. La chica iba a decirle algo, pero el chico mayor que ella se le adelantó, luego de recuperar un poco el aliento, logró decir.

—Encontramos a Ash… Lo encontramos finalmente…—

Era la noticia que todos quería oír. El corazón de Dawn latió con fuerza, la felicidad a surgir y quería llenar su cuerpo, pero era detenida, pues estaba intrigada, Gold parecía más serio que emocionado de haberlo encontrado.

—Está muy mal. Red lo está llevando ahora al hospital—

Y de nuevo, la impresión y el miedo volvieron a apoderarse de Dawn.

Gold volvió a correr y se alejó de ella en dirección hacia donde Red iba. Explotaro lo siguió y pronto el chico volvió a subirse a su lomo. Dawn solo los observó irse.

—¡Espera! —

Dawn quiso seguir al hermano de su amigo, pero Ruby salió del hotel, se colocó frente a ella y la detuvo.

—¡Espera Dawn! ¡Detente! —

—¡Déjame Ruby! ¡Tengo que ir tras él! —

Ruby tenía sujeta a Dawn de ambos hombros, ella quería alejarlo y comenzar a correr detrás de Gold, pero su primo era más grande que ella y, aunque no lo aparentaba, era más fuerte.

Hubo un pequeño forcejeo, pero Ruby logró tranquilizar a la chica un poco. Tomo una de sus pokeball y la lanzó, sacando a un Pokémon azul con baldosas naranjas y grandes aletas en la cabeza y una cola curveada. Era un Swampert, un Pokémon agua/tierra y que, siendo sinceros, Dawn jamás creyó que Ruby tendría un Pokémon como ese, sobretodo porque, desde niños, a él nunca le gustaron los Pokémon iniciales de Sinnoh ni de Hoenn por no considerarlos bonitos, y ni mucho sus evoluciones finales (a excepción de uno, Empoleon).

—Zuzu puede correr a través de caminos mojados y enlodados—

El Swampert se agachó un poco para que Dawn pudiera subirse sobre él. La chica quedó asombrada de este gesto del chico, pues, pareciera que era una acción egoísta, común en él, pero examinando más sus acciones, se dio cuenta que estaba ocultando sus verdaderas intenciones, el mantenerla protegida y queriendo ayudarla, aunque lo hiciese bajo esa actitud egoísta suya.

—¡Popo! ¡Sigue a Dane hasta que llegue al hospital! — ordenó a su Pokémon.

Dawn agradeció el apoyo de Ruby, y este regresó a la entrada del hotel. Dawn subió a la espalda de Zuzu junto con Piplup y después este comenzó a correr en la dirección que tomó Gold. Popo siguió a la chica manteniendo el movimiento de día soleado.

Fue cierto lo que le dijo Ruby, las patas de Zuzu le permitían correr por el camino mojado casi como si se deslizara, y la luz solar de Popo mantenía seca a la chica. Andar sobre un Swampert no era un método rápido, sobre todo si se compara a las grandes velocidades a las que podría llegar un Typhlosion, pero al menos si era más eficaz que si ella corría, sobre todo al tomar en cuenta que ella nunca había podido correr grandes distancias por tanto tiempo, cuando intentaba alcanzar a Ash, ella siempre se quedaba atrás suyo por muchos metros de distancia e incluso terminaba cansándose con más rapidez mientras que él seguía con energía suficiente hasta para escalar una montaña.

Mientras tanto, Red finalmente visualizó el hospital de ciudad Plateada, así que ordenó a Zard descender al suelo. A lo lejos escuchó las sirenas de policía, era de esperar, seguramente la oficial Jenny estaba yendo tras de él, y sería raro ver que el siempre correcto Red estaba faltando a la ley de no sobrevolar la ciudad con un Pokémon volador, pero en ese momento no le importaba, pues su mayor preocupación era la salud de Ash y volando llegaría más rápido.

Llegó al pabellón techado que conectaba la calle con la entrada del hospital. Había gente allí resguardada, probablemente esperando a alguien que se encontraba adentro, sin duda, todos aquellos se sorprendieron al ver a aquel gigantesco Charizard llegando a la entrada, y la sorpresa aumentó al ver a quien bajaba y quien tenía herido.

Algunos de los presentes murmuraron, y aunque trataron de hablar lo más bajo posible, Red aún así los escuchó, su sentido del oído era muy bueno, el mejor entre su familia, una ventaja de haber entrenado en áreas naturales y lejos del bullicio de la urbanización, todos hablaban sobre quien era.

—Lo siento— dijo para sí mismo.

Red se sintió avergonzado frente aquellas personas, pues iba buscar preferencia en el hospital para que atendieran a Ash a pesar que todos los allí presentes tenían a alguien conocido quien también necesitaba la ayuda y quizá llevaban esperando horas.

En la entrada estaba un guardia de seguridad con un Machamp, le iba a impedir ingresar con prisas, pero Red le gritó— ¡Está muy mal herido! ¡Debe ser atendido de inmediato! —

El guardia dejó entrar a Red y este pasó al pasillo principal, un largo pasillo que igual tenía algunas personas allí esperando, pero todos se hicieron a un lado al ver al chico mal herido que Red llevaba en brazos.

Más adelante estaba la recepcionista. Al ver al chico que caminaba por el pasillo, todo empapado y con alguien más, salió del escritorio y se acercó a él. A primera vista parecía rondar los treinta, de cabello negro e inusuales ojos purpuras. Era casi tan alta como Red, y el uniforme de enfermera se entallaba a la perfección a su cuerpo.

—Señor, no puede pasar así. Tenemos gente esperando—

—Cayó del Monte Moon. Su pulso es muy débil, necesita que lo atiendan— Red se apresuró en decir.

La enfermera se sorprendió al escuchar al chico frente a él. Volteó a ver a quien tenía en brazos. El chico de menor edad tenía un sorprendente parecido a él, ella dedujo que se trataba de su hermano.

La enfermera le tomó el pulso al chico, como dijo el chico, era muy débil. Le echó un vistazo superficialmente, su chaleco y su camiseta blanca estaban teñidas con su propia sangre, de hecho, todavía se podían ver las heridas en su piel, pero, extrañamente (o afortunadamente), la sangre se estancó y ya no brotaba más. El chico mayor lo sostenía con cuidado, y realmente, que bien que lo hacía pues el cuerpo ahora se veía tan frágil que cualquier movimiento brusco podría provocar una mala reacción que afectaría a su corazón.

—Debió haber sido terrible su caída. No debiste haberlo traído tu solo— regañó la enfermera— debiste haber llamado a emergencias y esperar a la ambulancia. Es muy peligroso moverlo sin los cuidados necesarios—

Era muy común los accidentes de ese tipo en el monte Moon. Gente que escalaba por la superficie buscando llegar a la cima, como una especie de demostración de destreza o prueba de riesgo. Siempre llegaban heridos así al hospital, su opción más cercana, por ende, el hospital de ciudad Plateada estaba equipado para tratar a pacientes que necesitaran operaciones y tratamientos de emergencia para estos casos, pero desgraciadamente para este chico, llegó en mal momento.

—Por favor. Tienen que ayudarlo— suplicó el chico de gorra roja.

La enfermera lo miró— lo admitiremos y mantendremos su pulso. Pero desgraciadamente. Estamos saturados, no hay ningún doctor disponible. Mire a su alrededor—

El chico le hizo caso y volteó a ver a todas las personas en el corredor, las miradas sobre él eran variadas, algunos lastimosos por la situación del menor, y otros con fastidio.

—Todos aquí tienen a una persona en sala de urgencias, o están esperando a que se les atienda, lo cual no podemos por falta de médicos. Y lo lamento igual por él, pero por ahora solo podemos internarlo y mantenerlo con vida lo más que se pueda—

Red no podía, o más bien, no quería creer lo que la enfermera le decía. Era increíble que se le negara a su hermano la ayuda médica, no quería decir que culpaba a la enfermera o a las demás personas que allí esperaban, pero se sentía frustrado.

—pediré una camilla, y se le asignará una habitación— dijo la enfermera mientras se dirigía al escritorio. Allí, había un botón en el teléfono que llamaba únicamente a los camilleros disponibles. Después, sacó una hoja de formulario— mientras tanto, necesito que me de los datos del chico y los suyos para ingresarlo—

Red titubeó un poco, pero se lo dijo— él es Ash Ketchum. Recientemente, campeón de la Liga Pokémon en Sinnoh—

La enfermera escribió la mitad del apellido, y se detuvo. Ketchum había sido la palabra mágica.

La mujer volvió a mirar al chico que tenía enfrente, y lo observó más detenidamente.

—Es mi hermano menor. Soy Red Ketchum, campeón de la liga de la meseta añil—

La enfermera pareció petrificarse, quedó en shock luego de enterarse con quien había estado hablando todo este tiempo.

—Por su… ¡Por supuesto! ¡Lo vamos a atender! —

Llegó el camillero y con un gesto de sus manos la enfermera le pidió que se apresurara y subiera al chico en la camilla con mucho cuidado. Le dio unas instrucciones al camillero quien se sorprendió, pero pronto también entendió la razón cuando la mujer le dijo a quien estaban atendiendo.

El camillero le asintió a la enfermera, después de haber acomodado a Ash en la camilla, se fue con este.

—Cuidaremos bien de su hermano— le dijo la enfermera a Red— haremos todo lo posible para curar todas sus heridas—

El cambio en la atención fue completamente diferente, pero era el esperado por Red. Detrás de él, algunos murmullos de quejas y reclamos empezaron, y Red pensó que tenían razón.

Aquella preferencia que se les daba solo por mencionar su nombre, era sin duda, lo que Red detestaba. En otra situación, de ser él el herido, hubiese preferido que se le atendiera a todos los que habían estado esperando justamente, y dejándolo a él hasta que llegase su turno, pero en esta ocasión, para él solo importaba su pequeño hermano.

En una ocasión se quedó sentado en la sala de espera del hospital de ciudad Mazapán, con los brazos y la cabeza sangrante luego de un incidente, tenía vendajes improvisados pero habían sido mal colocados y sus heridas seguían sangrando, de no haber sido por el guardia de seguridad que usó a Machamp para someterlo, Red se hubiese quedado allí en la sala formando un charco de sangre solo para que no le dieran la preferencia a él.

—¡Déjeme entrar! ¡Tengo que pasar! —

Se escuchó un escándalo en la entrada del hospital. Al voltear a ver, Red vio que en la entrada estaba Gold forcejeando con el guardia para que lo dejara entrar, mientras que Explotaro hacía lo mismo con el Machamp del guardia.

—¡Soy Gold Ketchum! ¡Ketchum! ¡Mi hermano está allí dentro! ¡Mi hermano está allí dentro! —

Red suspiró, por más que su padre les había instruido de no usarlo solo para obtener beneficios, Gold parecía no tener ningún problema de faltar a esta regla. Pero solo por esta ocasión, tenía razón de usarlo, así como él lo hizo.

Red se dirigió a la entrada, iba a tener que pedirle al guardia que lo dejara entrar.

—¡Allí viene mi hermano! ¡Él le explicará! —volvió a gritar Gold cuando vio que Red se acercaba a la entrada.

Hubo algo más. En la entrada del pabellón, se escuchó la sirena de la motocicleta de la oficial Jenny, quien bajó de esta y se dirigió hacia ellos, debían dar una buena explicación, solo que, ambos sabían que no se libraban de las consecuencias de saltarse una ley.

2

Dawn llegó al hospital. En la entrada al pabellón, se bajó de Zuzu y entró a este que estaba cubierto por un techado.

—Gracias chicos— la chica les agradeció a los dos Pokémon— será mejor que vuelvan con Ruby. Yo estaré bien—

Los dos Pokémon asintieron y retomaron el camino de vuelta a donde su entrenador.

—¡Pika! —

Dawn volteó a ver de dónde vino el gritillo. Pikachu venia hacía ella, ya había llegado al hospital antes que ella. Apenas la vio corrió junto a ella.

—Pikachu. Ya estabas aquí. ¿Y los chicos? —

Pikachu le señaló a la chica hacía el frente, hacía la puerta del hospital. Allí estaba la oficial Jenny dándole la espalda, y frente a ella estaban los dos hermanos de Ash, y por las acciones de Gold, pareciera que estaban recibiendo una amonestación. Después de todo, habían usado a sus Pokémon para transformarse dentro de la ciudad. Lo cual no está permitido a menos que sean lugares específicos. Agradeció que no la viera montar a Zuzu o ella también tendría una amonestación.

La oficial Jenny había estado escribiendo en una libreta—Lamento lo de su hermano. Ash ha sido de mucha ayuda cuando lo he requerido— arrancó dos hojas, parecieran ser infracciones— pero por petición de su padre. No puedo hacer excepciones—

Les entregó la infracción— Deseo que su hermano se reponga pronto. Manténganme informada y díganme si requieren de algo— Dio media vuelta y comenzó a caminar para alejarse de ellos.

Dawn puso atención en las palabras de la oficial Jenny hacía los chicos. En donde quiera que había estado, la oficial correspondiente a cada ciudad siempre era muy amable y atenta, pero esta en particular, pareciera que estaba muy interesada en los chicos, y hasta pareciera que los conocía muy bien.

—Genial. Otra infracción al expediente—se quejó Gold mirando el papel— al menos, esta vez, el siempre correcto Red también recibió una—

Red suspiró y guardó su infracción en su bolsillo trasero—ahorita no tengo humor, Gold—

Los chicos iban a volver adentro del hospital, pero Dawn los abordó antes que entraran.

—¡Chicos! ¿Qué fue lo que pasó? ¿Dónde está Ash? —

Los dos hermanos guardaron silencio por un rato. Era difícil dar explicaciones y sobretodo en una situación tan delicada como esta, de hecho, sabía que debían dar muchas más explicaciones a muchas más personas. Pero con Dawn debían esperar cualquier reacción, después de todo era amiga de Ash. o más bien, la amistad de la que ellos habían hablado era mucho mayor a lo usual.

Ash había viajado mucho, y había conocido a muchas personas y hecho muchos amigos, y conocieron a muchos de estos amigos, y ambos estaban seguros que todos estarían igual de preocupados por Ash si estuvieran viviendo esta situación. Pero con Dawn, los dos Ketchum tenían una sensación diferente, como si su preocupación era casi fraternal en ella.

Dawn llegó a su casa, y por lo que dijo Crystal, ella estuvo muy atenta esperando a la llegada de Ash cuando este se fue con Gold a buscar a Red, como si no se sintiese cómoda en aquella casa si no estuviese Ash allí, a pesar que su madre le había pedido que se tomara la libertar de estar allí como si fuese su propio hogar. Ella simplemente quería que su amigo estuviese allí con ella.

Ella había insistido en ir con ellos al bosque Verde. Esa noche no iban a decirle nada a nadie, porque sabían que Blue o Crystal los seguirían, de ellas era obvio que podría pasar pues estaban apegadas a su familia y a Ash, pero de la chica que recién conocían no lo hubiesen esperado, y mucho menos que fuese tan insistente. Y de hecho, de no haber sido por ella, ellos por si solos no hubiesen traído a Ash de vuelta aunque fuese un momento.

Tantas cosas que habían pasado en aquellos últimos días, la situación más peligrosa en la que nunca antes se habían metido, y ella estuvo con ellos todo el tiempo, junto con ellos, buscó el mismo fin, encontrar a un amigo al cual llevaba conociendo apenas un año, pero, sin duda, él era muy importante para ella, así como ella lo era para él.

—Gold—inició la chica al ver que los dos chicos no tenían la intención de decirle algo— tú me dijiste que Ash estaba mal. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué le pasó? —

Red iba a decirle, como su hermano le decía siempre, él era la mejor opción para dar explicaciones. Solo esperaba que la impresión no fuese tan grave— Dawn. Gold encontró a Ash en el monte Moon. Parece que cayó desde lo más alto—

Pareciera que la sangre de Dawn cayó hacía sus pies y abandonó el resto de su cuerpo. Su estómago pareció estrujarse y su corazón bajó su ritmo. Por un momento detuvo su respiración, su mente quedó en blanco, ya no pensó ni en lo que pudo pasar ni en lo que le hubiese gustado que pasara, solo esperó, atenta, a lo que dijera el chico mayor.

—Estaba… todo su cuerpo había sufrido daño— Gold trató de tomar parte en la conversación y explicar la situación de Ash, pero su voz se entre cortaba, le costaba mantenerla en el mismo tono y que no vararía, se notaba que no que no quería contarlo, pero se forzaba para hacerlo— debió haber perdido mucha sangre. Simplemente, él estaba… quiero decir, pareciera que no…—

—Es realmente sorprendente. Un milagro. Que todavía viva— Red lo interrumpió. Gold no refunfuño por esto, en otra ocasión lo haría, pero esta vez, no se sentía cómodo así que lo permitió.

Dawn había tratado de mantenerse fuerte todo este tiempo, no quería mostrar debilidad porque sentía que, de hacerlo, le imposibilitaría actuar para salvar a su amigo, pero cada vez le era más difícil mantenerse así. Porque, ahora que conocía su verdadera condición, solo pudo atinar a lamentarse. Lamentarse por él, porque toda esta travesía era por el afecto que le tenía, porque ella misma pensaba que el chico, siendo tan bueno, no debía ser usado solo para los fines de un ser malévolo. Y lamentarse por ella, porque, por más que lo intentó, volvió a fallar.

Algunas lágrimas se asomaron por los ojos de Dawn, pero no quería que Red y Gold la vieran llorar, por más que ella quería hacerlo, pues ya no sabía que más hacer. Llevó su antebrazo al rostro y secó sus ojos, aunque los mantuvo cerrados por un momento.

—Pero él…— abrió los ojos y miró fijamente a los chicos— Se pondrá bien ¿No es así? Lo trajeron a tiempo aquí, lo van curar—

Gold solo miró a Red esperando su reacción, pero, increíblemente para él, Red no decía nada de hecho, solo miraba a la chica y en su mirada parecía sentir lastima por ella. Gold se extrañó, Red era quien siempre actuaba con optimismo, en cualquier caso, y siempre que alguien sentía sus esperanzas caerse, Red podría animarlo gracias a la confianza que emitía, pero esta vez no era así, de hecho, Gold podía asegurar que Red se veía triste igual, como si él también tuviese bajas expectativas.

—Red… ¿Tu no crees…—

—¡Ash estará bien! —Dawn se desesperó por la negativa de Red a responderle su primera pregunta, y antes que Gold pudiera decir algo desagradable, lo interrumpió para mostrar aquellas palabras optimistas que los tres sabían que hacían falta— ¡Él siempre está bien! —

Gold se sorprendió por la errática reacción de la joven chica, pero se dijo que era de esperar, era su forma de negar que algo malo podría pasar.

Gold le asintió a la chica—Lo hará— y volteó a ver a Red— ¿No es así? —

Red siguió sin decirles nada, de hecho, desvió la mirada para ya no ver a Dawn mientras tomó la visera de su gorra y la bajó un poco. Dio media vuelta y colocó sus manos en los bolsillos de su chaleco aún húmedo—Por supuesto que lo hará—

Red caminó y volvió a entrar al hospital, dejando a Gold y Dawn, no quería que lo vieran, mucho menos su rostro, que se enrojecía poco a poco mientras que su mandíbula se apretaba más para mantener su boca cerrada.