Capítulo 24
1
¿Milagro médico? ¿Intervención divina? O simplemente, había algo raro con Ash Ketchum que lo hizo sobrevivir a una caída de unos cuantos kilómetros de altura y recuperarse por completo y en un corto, y muy extraño, lapso de tiempo. Proctor, ciertamente, no sabía la verdadera razón de la recuperación de Ash y del hecho que despertara esa misma mañana.
Ya era muy extraño que su cuerpo curara por si solo las heridas. Más extraño, todavía, que Ash estuviese solo en una especie de sueño profundo y se despertara a como lo hacía todas las mañanas. Cuando la enfermera le informó que su paciente había reaccionado y se había levantado, Proctor se apresuró en llegar a su habitación y lo encontró en una pequeña batalla junto a sus hermanos mayores. ¿Cómo podía moverse con tanta naturalidad luego de la operación?
Red tuvo que golpear a Gold para alejarlo de Ash. Le dejó un moretón en la quijada, y Ash tenía algunos rasguños y pequeños golpes en su cuerpo causados por Gold. Pareciera que ambos olvidaron que Ash había sufrido una caída y decidieron actuar a como siempre y con la misma intensidad. O quizá, no les importaba porque ambos sabían que el chico no iba a ser afectado. Cuando volvió a ver a Gold, solo unos minutos después, el moretón se había desvanecido de su rostro.
Al revisar a Ash a solas, el chico se mostró emocionado al verlo. Por supuesto que lo recordaba, e incluso le dijo el tiempo y la situación en que se conocieron. Era una buena señal, su memoria no había sido afectada y eso era signo de buena salud mental. En lugar de estar confundido o conmocionado, en lugar de preguntar sobre el lugar donde estaba, o el tiempo que estuvo allí, como era lo usual en pacientes que pasaron lo mismo que él, el chico solo preguntaba por su ropa normal pues llevar puesto la bata le era incómodo, y más, sabiendo que sus amigos irían a verlo pronto. Ash actuaba como si fuese una simple revisión de rutina y como si solo hubiese estado dormido durante una sola noche. Tenía la misma energía que el día que lo conoció, y no presentaba los típicos síntomas post operación que el resto de pacientes, él incluso hizo una broma diciendo que no despertó hablando otro idioma como lo vio en una película.
Todo eso era extraño. Sin duda. Pero más extraño fue cuando le preguntó sobre lo que le había ocurrido en el Monte Moon y lo llevó a caer de la cima. Ash lo recordaba, no tenía ningún tipo de laguna mental que le hiciera olvidar el momento que cayó, incluso le comentó la experiencia que tuvo al estar cayendo. Sin dudar ni tartamudear, Ash le dijo que estaba entrenando en una cueva como lo hizo su hermano Red, pero cuando quiso relajarse a solas, dejó sus pokeball en la cueva y salió a tomar el aire, fue un accidente el haberse tropezado y tambalearse hasta caer desde más de cuatro kilómetros de altura.
Proctor no podía creerle. Ash relató los hechos con confianza y actuando con naturalidad. Proctor no se dedicaba a estudiar el comportamiento humano, pero podía intuir cuando los pacientes mentían para evitar relatar la verdadera razón de sus accidentes. Pero Ash no parecía estar mintiendo, no daba ningún indicativo de hacerlo. Pero sin duda, su versión no era la verdadera, pero Ash sostenía que si.
Proctor no podía hacer más. Presionar al chico para que le ayudará a despejar sus dudas sería un abuso de la confianza entre doctor y paciente y podría estresar al chico que necesitaba descansar, pero eso último realmente lo dudaba. Solo quedaba ir a su oficina improvisada y preparar sus cosas para irse, ya no era necesario que estuviera allí, las enfermeras podrían encargarse de revisar al chico partir de ese punto. Pero debía tener por lo menos una sola respuesta de entre tantas que buscaba, y la única persona quién podría dársela era un miembro de la familia Ketchum, o más bien, alguien que pertenecía a ellos sin llevar su sangre.
La enfermera entro a la oficina— doctor. Encontré a la abuela del paciente—
—que pase. Y déjenos solos. Por favor—
Quien entró a la oficina fue Kimberly, Proctor pidió verla para conversar sobre sus protegidos.
—por favor señora. Tome asiento— dijo Proctor, amablemente, invitando a Kimberly a sentarse en una silla frente a su escritorio. Pero la respuesta que recibió fue tajante.
—no hace falta. No demoraremos mucho. Sé de lo que usted quiere hablar conmigo. Lo sé desde que vi su rostro de estupefacción luego de salir de la sala de urgencias—
Proctor no conocía a la señora, pero había oído hablar de ella. Todos en Kanto conocían la historia de la guardiana de los grandes movimientos Pokémon, y de su relación con los Ketchum, desde el patriarca Wells Ketchum, el maestro Pokémon y padre de Ash, y, por supuesto, con los hermanos Ketchum. Pero al menos, de entre todas las cosas que se decían sobre ella, lo que podía confirmar como cierto era su forma directa de hacer las cosas.
Proctor asintió— usted sabía que Ash pasaría la operación con éxito— Kimberly le asintió—Y sabía que no tardaría en despertar— ella asintió de nuevo— a diferencia de la señora Delia, usted no parecía tan mortificada, usted sabía muy bien que Ash sanaría rápido y es porque hay algo extraño con él y su cuerpo. ¿No es así? —
Kimberly guardó silencio. tardó un rato en responderle, estaba considerando su última respuesta, pero, nuevamente, ella asintió.
—usted me buscó para saber el tipo de anomalía que ocurre con Ash. ¿No es así? —
Proctor asintió— no solo con él. Con todos en su familia— abrió el cajón de su escritorio y sacó varias carpetas— investigué sus registros. Sus hermanos mayores, y su padre. Todos son un ejemplo de perfecta, pero extremadamente perfecta, salud. Ninguno ha ingresado al hospital ni una sola vez. Pero según las historias, por sus heroicas y peligrosas hazañas, ellos deberían haber sufrido, por lo menos, una fractura en el brazo o la pierna. Pero no es así—
—y, seguramente, buscó el historial de su abuelo. Pero No lo encontró porque no existe— Proctor asintió afirmativamente a la señora— conozco muy bien a Wells. Nunca creyó en la medicina moderna ni permitiría que un brazo robótico intentara jugar con sus órganos. Él prefería esperar a que le saliera un tercer brazo y cortarse el que estuviese roto, antes de entrar a un hospital—
—solamente. Encontré algunos casos en Delia y en usted. Quienes no comparten rasgos biológicos con ellos. Mi pregunta es. ¿Qué ocurre con los Ketchum realmente? ¿Qué clase de anomalía especial tienen ellos que sus cuerpos son resistentes? —
Los grandes lapsos silenciosos de Kimberly estaban desesperando al doctor. Pero debía ser paciente si quería obtener las respuestas que quería. Esta era su única oportunidad.
Kimberly le respondió— la única respuesta a eso. Viene en sus genes. Simple herencia familiar que se transmite y se hace más fuerte de generación en generación—
—la única de las respuestas que no quería escuchar— dijo Proctor con sarcasmo.
—es difícil de creer. Yo tampoco lo hice hace sesenta años. Pero es cierto. Todo se debe a la genética de los Ketchum, sus cuerpos poseen está especie de regeneración celular que cura sus cuerpos de todo tipo de fractura. Todos los Ketchum lo saben, incluso los que solo llevan o llevarán el apellido—
Ahora fue el doctor quien no dijo nada y solo quedó mirando a la señora. Trataba de analizar sus palabras, pero realmente, no las creía del todo. Negó con la cabeza, y le dijo.
—se dice que Ash vio a Ho-Oh, y que esté lo protege. Que pasa sus veranos en el árbol del comienzo y que juega allí con el mítico Mew. Que por las tardes monta en la espalda de Giratina y que por las mañanas tiene conversaciones frente a frente con Arceus—
Kimberly estaba enterada de todos los rumores e historias que se contaban sobre sus nietos. No eran rumores, muchos de ellos llegaban a ser exagerados, pero es normal cuando los rumores pasan de una persona a otra, nunca se acercan a la historia original.
Proctor continuó— bien. Me inclino a aceptar que hubo intervención divina en la recuperación de Ash. Que él es amigo de todas estas criaturas y alguna de ellas realizó un milagro con él para mantenerlo con vida. O que convenció al emisario de la muerte y al emisario de la vida para que despertara con tanta facilidad. Todo eso es más creíble, que la idea que su completa restauración de su salud fue obra de la simple genética—
—no es simple genética, doctor. El gen Ketchum es uno muy especial y único. Ya lo dijo, todas sus peligrosas hazañas los han lesionado, pero es el gen, el encargado de mantenerlo vivos. Es una extraña anomalía, pero es la única explicación al hecho que han sido electrocutados, quemados, ahogados y casi partidos en dos y aún así siguen vivos y sin rasguños—
Proctor seguía incrédulo y se negaba a creer en la explicación de la guardiana— como le dije, es difícil creer que sea el único humano con esa condición, una condición nunca antes vista en nadie más—
Kimberly le sonrió— voy a mostrarle la fuente de la juventud de Delia. Ese que está en el patio de su casa y todas las tardes se baña Suicune allí—
—al menos, usted conoce el sarcasmo—
No servía de nada seguir preguntando. Kimberly sostendría que la información en el ADN de los Ketchum era la responsable de curar su cuerpo con rapidez. Y de ser así, solo le estaba creando más preguntas a las cuales solo tendría la misma pregunta.
—una cosa más, señora Kimberly. Ash dijo que se cayó por accidente del Monte Moon. Tropezó y cayó. ¿Usted cree que sea cierto? —
La señora tomó una gran exhalación— aún no he hablado con él al respecto. Pero puede ser muy probable—
—¿Uno de sus protegidos cometió un descuido tan grande que pudo costarle la vida? ¿Salva al mundo de la destrucción, pero muere por tropezarse? —
—mis muchachos no son los chicos más listos. Doctor—
Ambos se miraron fijamente, y con eso, se dio por terminada la conversación y Kimberly se retiró.
Ella mentía. Ash pudo haberse mostrado seguro de lo que decía, pero ella no creía que un tropiezo haya sido el responsable de la caída del chico. La conversación con ella no lo llevó a nada. Y sobre el gen Ketchum, era ridículo e imposible de creer. No existía ningún antecedente al respecto, pero quizá, si no existía antecedentes, era porque es cierto y ellos han mantenido el secreto para si mismos durante generaciones.
Como sea. Proctor debía volver a disfrutar de sus vacaciones, pero dudaba que pudiera relajarse luego de aquel enigma que ahora estaba llenando su cabeza.
2
Blue y Crystal eran amigas desde hace mucho. Habían compartido juntas muchas situaciones y habían visto cosas increíbles que no hubiesen visto cada una de forma individual. Y ambas, se habían conocido gracias a Red y Gold, respectivamente. Pero realmente, nunca habrían imaginado estar viendo a ambos chicos, sentados en el suelo a un lado de la cama de Gold, del cuarto que compartían, dormidos uno al lado del otro y con una gaseosa abierta cada uno.
—esto es raro. Hasta para Gold— dijo Blue con una mano en la cintura.
—creo que es la primera vez que veo a Red tan exhausto— dijo Crystal admirando a ambos chicos.
Red y Gold habían salido del hospital, luego de cerciorarse que Ash estaba completamente bien. Iban a tomar un baño cada uno, cambiarse de ropa y después volverían. Se negaron a dormir, asegurando que lo harían esa noche, pero no en el día. Pero de eso ya había pasado mucho tiempo y las chicas fueron a su habitación, solo para encontrarlos de esa manera.
—¿están seguras que así es como ellos duermen? Pareciera que la fraternidad entre hermanos es algo extraña— dijo Ruby, quien acompañó a las chicas. Se refirió al hecho que era hijo único, debido a su narcisismo no era muy común que compartiera tantos momentos emotivos con otras personas, como sus amigos, por ejemplo, así que desconocía la naturaleza de este tipo de actos realizados por estos dos sujetos. Dudaba que el hiciera algo similar de haber tenido un hermano menor o mayor
Con Ash despierto, Dawn quería pasar tiempo con él, pero su primo, al no tener nada mejor que hacer en una ciudad donde lo habían vetado de todos los salones Pokémon, iba a ser un estorbo mientras trataba de peinar el desarreglado cabello del chico con las marcas en las mejillas. Por eso, la mejor idea que tuvo Crystal fue que él las acompañara, aunque tenía miedo que tratase de tomar sus medidas exactas nuevamente. Aunque Blue parecía más flexible a la idea, el chico sería útil para divertirse un rato.
—realmente, parece que ambos iban a celebrar juntos que Ash haya regresado a la normalidad— Crystal revisó ambas latas de gaseosas en las manos de los dos Ketchum.
La tradicional celebración de los hermanos Ketchum. Un par de gaseosas, sentados en el suelo, mientras contaban los chistes que habían oído de algún otro sujeto o de los programas de media noche en la televisión. Pero, pareciera que el cansancio y el sueño los había superado en esta ocasión, quizá siendo la primera vez que ocurría. Era de esperar, fueron varias noches angustiados, noches en las que no dormían y se desgastaron luchando. Merecían dormir, y lo hicieron a la primera oportunidad que tuvieron.
Blue sonrió— parece que nos preocupamos por nada. Es raro verlos así, pero hasta se ven lindos. Si se quedan así un rato más no importa— Crystal asintió, estaba de acuerdo con ella en dejarlos dormir en la misma posición— Lastima que no traje mi cámara para tomarles una foto— ella volteó a ver a Ruby, quien, con los brazos cruzados, no dejaba de mirar fijamente a los hermanos mayores de Ash— parece que eres muy afortunado Ruby. Estas a solas, con dos lindas chicas junto a ti y ellos no harían nada al respecto para impedirlo—
No obtuvo respuesta por parte del chico de gorro blanco.
—no creo que te haya puesto atención "reinita"— dijo Crystal, recibiendo un regaño de Blue pues detestaba ese sobrenombre que le había dado una de las personas que más detestaba— si lo que dice Dawn, sobre él, es cierto. Ahorita mismo está más interesado en el chaleco de Red que en lo que dijiste—
—no puedo creer que Gold use sudadera en esta temporada— dijo Ruby con seriedad, al parecer, ese tipo de cosas eran importantes para él.
—debiste verlo con sudadera sin zipper y con pantaloncillos cortos. Te ibas a volver loco— bromeó Blue, a lo cual, pareció que solo molestó más al coordinador.
Ciertamente, había llegado un momento de paz a los conocidos de Ash. Pero solo era eso, un momento. Todavía quedaba un inconveniente, el que había pasado con el Rey de Pokelantis, porque, seguramente, todavía debían preocuparse por él pero desconocían de qué forma podía afectarlos ahora. Por supuesto que Ash se los diría, pero cuando él sintiese que era momento de hacerlo, no podían presionarlo.
Ambas chicas conocían muy bien a Red y a Gold. Apenas sepan lo que ocurrió con el Rey, se dedicarán a erradicarlo por completo. Nunca les gustó dejar los problemas sin terminarlos por ellos mismos, pero ese era su nuevo temor, que se metieran en más problemas de los cuales podrían salir mortificado, después de todo, fue por culpa del Rey que Ash cayera del Monte Moon. Pero, antes que eso pase, ambos hermanos merecen disfrutar de este pacífico momento.
3
Ruby era un chico interesante. Con muchas habilidades y una muy en particular que casi nadie conocía pues sabía, y podía, esconderla muy bien.
Todos creían que él sólo pensaba en las mismas cosas, en moda, belleza, sus Pokémon y en sí mismo, lo cual era cierto. Estando en aquella habitación, podía estar imaginando mejores vestuarios para las dos chicas al lado suyo. Vestían de forma casual, pero no resaltaban sus verdaderos atributos como bellas mujeres. Y también podía seguir quejándose de lo simple del vestuario de los dos chicos dormidos en el suelo. Muchas veces se quejó del poco buen gusto que tenía la gente en Kanto, y todos en aquella habitación parecían darle la razón sin quererlo.
Junto a eso, podía estar pensando que, los Pokémon del chico que cayó del Monte Moon eran muy lindos. Tenía un tierno y adorable Pikachu que parecía un muñeco de peluche en cada posición que estuviese; y tenía un Absol cuyo pelaje, perfectamente blanco y sin manchas, era revuelto por el viento. No conocía al amigo de su prima, en lo absoluto, y por lo que ella le comentó, era un desastre, pero quería ver más Pokémon suyos. Quería verlos todos y saber que otras hermosas criaturas tenía.
Pero, también pensaba sobre sus preocupaciones fuera de su egoísta existencia. Porque lo hacía. Le preocupaba las personas a su alrededor. Quizá tenía algo en común con los Ketchum, Ruby igual haría todo lo posible por proteger a quienes amaba, incluso arriesgarse por ellos. Y ahora, quien le preocupaba era su "pequeña" prima.
Todos a su alrededor hablaron del mismo tema que le platicó Dawn unos días atrás. El llamado Rey de Pokelantis y como había sido él causante de haber tenido a Ash Ketchum en el hospital. Cuando su prima se lo contó, no lo creyó, pero ella parecía tan preocupada que prefirió quedarse a su lado, después de todo, podía terminar metiéndose en problemas. Pero, ahora, estaba considerando que todo lo que oyó sobre ese Rey era real, y de ser así, Dawn podría correr el mismo riesgo que su amigo, pero no contaría con la misma suerte de sobrevivir.
En su bolsillo estaba su Pokedex, y el rastreador de Jirachi había estado alertando que estaba cerca, había estado así todo el tiempo que estuvieron allí. Pero no podía centrarse en aquel ser ahora, si lo mencionaba, la asistente del profesor Oak lo haría ir en su búsqueda y dejaría a Dawn sola con ese chico, y siendo así, no podría protegerla si aquel Rey de Pokelantis volviese a aparecer. Debía priorizar una cosa y la protección de su prima superaba a su misión de investigar al Pokémon de los deseos.
4
—¿Qué le trajiste Brock? — preguntó Dawn a su amigo oriundo de aquella ciudad.
—ya sabes. Un emparedado, es rápido de hacer, fácil de ocultar y delicioso para Ash— contestó Brock, quien escondía una bolsa de comida en su chaleco para que nadie lo notara.
—dime algo que no le guste comer a Ash— se burló la joven coordinadora y rio. Recordó la ocasión que ella se quedó sola junto a Ash en una cabaña, ya que Brock saldría a comprar suministros y tardaría todo el día. Como ella demoró en preparar la comida, Ash terminó compartiendo una lata de comida Pokémon con Pikachu pues "moría de hambre."
Ambos amigos iban por los pasillos del hospital, dirigiéndose a la habitación de Ash. Habían pasado todo el día con él, al igual que su madre, pero, a pesar de la alegría y entusiasmo que Ash sentía de verlos nuevamente, pasó todo el día quejándose de la comida que las enfermeras le proporcionaron en el desayuno. Por ende, Brock y Dawn le traían algo luego que ellos almorzaran en el hotel.
Al entrar a la habitación, Ash estaba sentado en la cama con Pikachu a un lado y acariciando el pelaje alrededor del cuello de Absol. Aquel Pokémon tan atemorizante, que todos le temían y procuraban alejar, parecía un tierno felino hogareño al estar junto a su entrenador. El chico ya llevaba puesta su ropa habitual, su gorra, sus zapatillas deportivas, pero hacían falta sus guantes en sus manos.
—Ash. Ya volvimos— dijo Dawn entrando a la habitación y acercándose a la cama.
Ash volteó a verlo con su tan habitual sonrisa— qué bueno que llegaron. Acaban de darme el almuerzo, y es horrible— dijo, esperanzado en que ellos trajeran algo que pudiese masticar, ellos lo conocían, y sabían que daría su reino por una galleta dulce.
—sabemos que detestas la comida del hospital. Por eso te traje algo que puedas digerir fácilmente— dijo Brock, entregándole la bolsa con el emparedado.
Ash comenzó a comer el emparedado, pero parecía impaciente por devorarlo con rapidez.
—más despacio Ash. No olvides masticar antes de tragar— dijo Dawn al ver que su amigo ya había comido casi la mitad del aperitivo.
—no puedo evitarlo. Siento que, si paso más tiempo aquí, moriré envenenado por la comida. Nunca creí que hubiese comida más horrible que la de Blue—
Los chicos rieron de aquello. Pero a Dawn le llegó la intriga de saber más de aquella chica que a veces actuaba como una bondadosa mujer y otras como una psicópata.
—¿Blue no sabe cocinar? —
Ash negó con la cabeza— digamos que, una vez hubo una competencia de comida entre ella y la líder de gimnasio de ciudad Celeste, era el cumpleaños de Red y querían impresionarlo. Pero lo que prepararon era incomible, el único que lo disfrutó fue Muk— volvió a reír.
Ash estaba de muy buen humor, a pesar de todo. El Rey no pudo acabar con eso, con su entusiasmo y alegría que lo había caracterizado por demasiado tiempo. Si Ash ya no mostraba preocupación alguna, si había estado todo ese tiempo sin mostrar aquella misteriosa aura oscura y sin que el Rey apareciese, entonces, todo parecía indicar que el muchacho ya estaba bien y la situación iba a mejorar.
El chico hablaba con sus amigos, como en cualquier otro almuerzo, incluso les comentó sus planes de volver a casa y tener esa batalla contra Red que quedó pendiente. Partía pedazos del emparedado para darle a Pikachu y a Absol. Ambos Pokémon igual parecían alegres de tenerlo de vuelta, sobretodo Absol quien no había visto a su entrenador desde el incidente en pueblo Álamos.
Al acabar el delicioso almuerzo— para chuparse los dedos— dijo y eso fue exactamente lo que hizo, y esto fue lo que llamó la atención de sus amigos.
Brock había conocido a Ash durante cuatro años. Y en todo ese tiempo, él nunca se había quitado los guantes de entrenador, ni siquiera para comer. Los guantes que su madre le había traído, estaban sobre la cómoda a su lado, todavía, pareciera que no se los había puesto en ningún momento. Luego de saber su historia con el Rey de Pokelantis, el hecho de nunca quitarse los guantes tenía sentido ahora, y volvía extraño el hecho que no los usará ahora.
—siempre estás entusiasmado al comer. Pero esta vez parece ser diferente a otras ocasiones— le dijo el moreno con serenidad.
—si. Es el primer buen almuerzo que tengo desde hace una semana. Y la horrible comida del hospital ayudó a que supiera delicioso—
—no me refería a eso— Brock volteó a ver los guantes en la cómoda y después volvió a ver a Ash— no estás usando los guantes. Y es la primera vez que te veo sin ellos—
Ash dejó ese ánimo que lo acompañaba. No. No se entristeció ni pareció estar atemorizado o dudoso, simplemente, quedó serio.
Dawn miró a su amigo. Tardaba en responder, lo dudaba. Él colocó ambas manos sobre sus rodillas y con las palmas hacia abajo. Ella se sentó a su lado y colocó su mano sobre la de él, esto sorprendió al muchacho quien volteó a verla.
—Ash. Nos contaron toda la historia. Y ahora lo entendemos todo. Incluso lo que sentías por ver… bueno… tu marca—
Ash volteó a ver su mano, todavía sobre su rodilla. Suspiró. Y después la levantó para verla y mostrarla a sus amigos. No había ninguna cicatriz, su palma estaba limpia por completo. Dawn y Brock habían esperado ver la marca en forma de pokeball que sus hermanos dijeron que tenía. Pero no había nada en aquella mano.
—por lo regular. Cuando tengo una herida, está solo cicatriza y después desaparece. Es una extraña condición en mi cuerpo. Pero esa cicatriz siempre fue la excepción— Ash no despegó los ojos de su mano— desde ese día. El día que toqué la pokeball de roca y liberé al Rey. Esta cicatriz me ha acompañado. Nunca desapareció… hasta ahora—
Difícilmente, Dawn había visto a Ash tener miedo alguna vez. La única ocasión que lo hizo, fue cuando la vio entrar por un espejo y llegar al mundo inverso. Él se apresuró en tomar su mano y sujetarla con fuerza, pero sin duda, en su rostro se veía atemorizado que a ella le ocurriera algo o qué se perdiera en un lugar desconocido. Pero, con ese día como única excepción, nunca lo vio sentir miedo alguna vez e incapaz de realizar algo por lo mismo, por ende, era difícil imaginarlo atemorizado por ver su propia mano, y hacer lo posible para evitar verla.
Dawn no sabía que había ocurrido con el Rey. Si seguía con él, y estaba esperando aparecer nuevamente, ella y Brock estarían preparados para enfrentarse a él.
—no te preocupes. Estamos aquí contigo—
El chico hizo un trazo con su otra mano, sobre su palma derecha. Era el trazo de la figura de la pokeball, justo donde había estado la cicatriz— desapareció la noche que caí del Monte Moon. Nunca imaginé deshacerme de la cicatriz. Quizá porque nunca imaginé deshacerme del Rey. Todos creían que había desaparecido, pero yo todavía creía que estaba conmigo. Oculto. Pero, tan oculto que podía hacerlo desaparecer si, simplemente, lo ignoraba hasta que desapareciera. Pero nunca lo hizo—
Ash nunca comentó sobre el Rey de Pokelantis antes, con nadie en lo absoluto, y lo hizo para evitar recordarlo. Tal era el miedo que le tenía, que prefería ocultar aquella cicatriz en su mano. Quería olvidar que dentro de él existía un ser hecho de oscuridad, pero aquella marca evitaba que lo hiciera.
—la cicatriz se fue de mi mano… porque el Rey se fue de mi cuerpo—
Tanto Dawn como Brock se sorprendieron. En esa habitación, en ese momento, solo existían cinco seres. Solo estaban Dawn, Brock, Ash y los dos Pokémon. El Rey de Pokelantis no figuraba en una ninguna parte, ya no iban a preocuparse por él porque se había ido.
—¡Eso es fantástico Ash! ¡Finalmente te libraste de él! — Dawn era la más emocionada. Incluso más que Ash. Su mejor amigo estaba fuera de peligro, él iba a dejar de preocuparse por aquel ser lleno de maldad y que le causó tanto daño.
—es una buena noticia. Deberías de estar feliz por eso— dijo Brock. A pesar de lo bueno que era por aquello, Ash permanecía con la misma seriedad, como si siguiera preocupado y eso inquietaba al ex líder de gimnasio.
Ash no les había respondido. Ni siquiera los miraba. Permanecía en silencio y sumido en sus pensamientos. Solo él sabía lo que ocurrió con el Rey de Pokelantis. Solo él sabía lo que estaría haciendo y lo que haría. Y estando allí, encerrado en una habitación con comida horrible y solo con dos Pokémon, aumentaba las posibilidades que el Rey lastimara a alguien más. Solo él sabía cómo detenerlo, pero no podía hacer nada allí.
Estaba preocupado, el Rey era una amenaza para todo mundo, y para sus amigos y familia. Sabía cómo actuaba, sabía lo peligroso que era y debía detenerlo. Lo sentía por sus amigos, quienes esperaron mucho por volver a tenerlo cerca, pero sus preocupaciones no terminarían hasta que se hayan desecho, por completo, del Rey.
Dawn también notó la seriedad con la que Ash estaba tomando la noticia. No sabía si todavía no lo asimilaba por completo, o si había algo más que le estaba preocupando.
—¿Qué ocurre Ash? Finalmente eres libre de su control. Has recuperado tu cuerpo y estás con nosotros. Él se ha ido. ¿No es fantástico? —
—No… no es fantástico— Ash se levantó. Y se dirigió a una ventana cercana. Quería relajarse al momento de decirles la verdad sobre el Rey, pero mirar el exterior solo empeoró las cosas. Le hacía recordar que el mundo era extenso, y que su peor pesadilla pudiera estar en cualquier parte justo ahora— él no desapareció. Él solo se separó de mí. Y está allí afuera, en cualquier parte. Arruinando la vida de alguien como lo hizo conmigo—
Como no sorprenderse, y al mismo tiempo tener miedo de las palabras de Ash. Aquel ser seguía existiendo, seguía causando problemas. Pero la pregunta era, ¿Cómo fue que lo hizo? De por sí, era imposible imaginar cómo fue que se adueñó del cuerpo de Ash, ahora, era igual de imposible imaginar cómo hubiese salido de su cuerpo, y como luciría ahora.
—¿Cómo? ¿Cómo pudo haberlo hecho? ¡Eso es imposible! — dijo Dawn un tanto alterada. Realmente creyó que sus problemas habían acabado, pero al oír aquello, pareció desesperarse.
Era imposible de creer, si. Pero la última semana habían pasado por muchas cosas igual de imposibles. Además, Ash no les mentiría sobre eso. Por eso, Dawn sabía que era cierto, y era lo que más miedo le causaba. No estaban fuera de peligro, aquel ser todavía podía causarles daño.
—él encontró a Jirachi. Estaba en el Monte Moon— Ash continuó relatando lo sucedido en el Monte Moon, o por lo menos, lo que recordaba— traté de evitarlo. Quise que Jirachi huyera, pero al final lo atrapó—
— fue su deseo— dijo Brock con seriedad— deseó separarse de ti—
Ash volteó a verlos y asintió.
Se suponía que iban a estar allí para investigar sobre Jirachi y enviar toda la información posible al profesor Rowan. Debían descubrir el alcance del poder de Jirachi a la hora de cumplir deseos. Ahora, Dawn quedó impactada lo que un deseo de aquel Pokémon, hecho con malévolas intenciones, podían hacer.
—¿Él deseó hacerte eso? ¿Jirachi cumplió ese deseo tan horrible? —
—el Rey siempre quiso deshacerse de mí. Lo sé. Lo intentó muchas veces cuando era niño. No sé que deseó, exactamente, hay cosas que no sé. Pero no creo que él le haya deseado eso, no le pidió a Jirachi deshacerse de mí, no estaría aquí de ser así. Creo que solo le pidió separarse de mi, tener un cuerpo para sí solo. Y él se encargó de arrojarme de la cima—
Afortunadamente, para Ash, podía hacer de lado cada uno de los recuerdos de todo lo que vivió aquellos días bajo el control del Rey. En su cabeza estaban de nuevo sus estrategias, sus planes, los rostros de sus amigos y muchas cosas más en las que siempre había pensado. Podía ignorar, muy fácilmente, aquel fragmento de su vida. Pero ese fragmento seguía allí. Listo para ocupar sus pensamientos cuando la oportunidad llegue, y desgraciadamente, la oportunidad estaba allí, pues, de solo mencionar el nombre de su peor pesadilla, aquellos recuerdos volvían a asaltarlo.
—si me hizo eso a mí. No le importará a hacérselo a nadie más. A ustedes, y a cualquiera que esté frente a él. Debo detenerlo antes que él continúe con eso. Pero… no sé cómo… —
Brock conocía muy bien lo que estaba pasando por la cabeza de Ash. Era ese sentimiento suyo de responsabilidad por los males que aquejaban a todos, aquel que lo hacía, o más bien, que lo obligaba a actuar para resolver todo aún a costa de su propio bien. Siempre tomaba los problemas de otros como propios y le afectaban de la misma manera. Ahora, era más intenso pues creía que la liberación del Rey era su culpa.
Los amigos del chico estaban pasmados. Cada que se hablaba del Rey, siempre había algo nuevo que los sorprendía otra vez. Si había pedido un nuevo cuerpo, solo quedaba una pregunta por hacer, pero no sabían que tanto podría afectar al entrenador de gorra roja.
—Ash… ¿Cómo se ve? ¿Cómo es él? — Dawn fue quien hizo la pregunta.
Allí estaba. Esa pregunta trajo el peor recuerdo de entre todos.
Ash trató de continuar con su apariencia normal y serena, pero la imagen del Rey de Pokelantis, luciendo idéntico a él, comenzó a intranquilizarlo. Su respiración se hacía más agitada y su boca se secó. Pues el haberse visto a su mismo, rodeado de aquella aura oscura y con los ojos negros como la noche, profiriendo esa risa grave y llena de malas intenciones, le aterró, simplemente tenía a aquella imagen.
Sin darse cuenta, sus manos temblaron y sus piernas se sintieron débiles. Ya no estaba conectado al electrocardiograma, pero sabía que, de estarlo, mostraría la irregularidad en sus palpitaciones cardíacas pues iban en aumento. Se sentía nuevamente como un niño temiendo que vería al monstruo bajo su cama, desgraciadamente vio a aquel monstruo. Lo vio y deseaba borrar esa imagen por siempre.
Ash volvió a quedar en silencio y sus amigos lo notaron. De hecho, él pareciera que no quería hablar y que incluso dejó de hacer contacto visual con ellos. Debía ser muy difícil, para él, tener que relatar lo sucedido, y tener que describir el rostro de aquel ser, luego que él intentara arrebatarle la vida.
Son sus amigos. Y están junto a él, reunidos nuevamente, y era para ayudarlo a olvidar aquellos amargos momentos en los que no tuvo control de si mismo. Dawn y Brock se acercaron a Ash y Dawn colocó su mano sobre su hombro.
—no tienes que decirlo si no quieres. Ha llegado el momento que descanses de todo eso—
La voz de Brock. Aquella voz siempre llena de sabiduría que lo regresaba a la sensatez cada que sus pensamientos se nublaban.
—estamos aquí para ti, en todo momento. No dejaremos que vuelva a pasarte algo. ¿Lo recuerdas? Siempre nos apoyamos—
Dawn, su buen corazón, el que tanto conocía, fue el apoyo que requirió para contrarrestar la fuerza del Rey y evitar caer en cada trampa que su rival le puso.
Ash escuchó a sus dos amigos, y pensó que ellos siempre estuvieron junto a él en las buenas y las malas. Son indispensables para darle valor y coraje, y sin duda, sabía que podría superar la adversidad por la que pasaba, porque ellos estaban junto a él.
Ash colocó sus brazos alrededor de los cuellos de sus amigos y los acercó a él. Ellos estaban sorprendidos, por lo regular, solo lo hacía en las ocasiones que rebosaba de excitación y felicidad. Pero aunque Ash parecía un tanto temeroso, en su abrazo podía sentirse aquella fraternidad con la que siempre los trató, aquella con la que los unía a su familia.
—él me amenazaba con ustedes— dijo Ash de repente— para tenerme bajo su control, me mostraba lo peor que he imaginado… decepcionarlos a todos, a mi familia, a mis conocidos… y perderlos a ustedes—
Tanto Brock como Dawn no pudieron creer lo que oyeron. Ash lo dijo tan repentinamente, que pareciera haber sido la peor cosa que había imaginado, y que quiso decirla rápido para sacarlo de su cabeza pronto. Al momento que él lo dijo, sus brazos parecieron temblar un leve momento para recuperar su rigidez rápidamente.
Dawn fue quien quedó más impactada por la revelación. El Rey usó el punto débil de su amigo, y lo hizo de forma cruel y sin escrúpulos, y ella era parte de ese punto débil. De inmediato, sintió un profundo coraje contra el Rey, por haber logrado que su amigo temiera de ella por un momento. Le habían dicho que ella podía darle valor a Ash, pero ahora sabía, que también podía causarle daño.
—todo lo que me hizo oír. Lo que me hizo ver. Lo que me hizo pensar. Realmente estaba creyendo que todo era cierto y ustedes me odiaban por no ser fuerte. Por haber permitido que alguien como él quedara libre y no saber detenerlo. Me hizo sentir tan impotente… que simplemente… yo…—
Dawn miró el suelo. Un par de gotas cayeron allí desde el rostro de su amigo. Fueron un par de lágrimas que él derramó.
—no es cierto— dijo la chica captando la atención de sus amigos, aunque Ash no la miró directamente— ¡nada de lo que te dijo es cierto! —
Ash era muy especial para ella. Para ella, para Brock, y para muchas personas. Y él lo sabía…
—eres la persona más fuerte que conozco Ash. Me has apoyado cada vez que yo… que yo me sentí igual. Y has ayudado a muchas personas a costa de tu propio bien. Somos testigos de lo bueno que eres y todos lo saben. El Rey se equivoca si cree que te va ha vencer así, yo te prometo que no será así—
Si el Rey quiso que Ash olvidara eso, ella se encargaría de recordárselo.
—nadie te odia. Todos te apreciamos, después de todo, eres el chico con el corazón más noble de la tierra. Incluso Paul te aprecia—
Ash tardó en decir algo. Primero aclaró su garganta, y después, solo soltó una palabra antes de dar otra pausa— chicos…—
—Dawn tiene razón. Nunca te abandonaríamos Ash— fue el turno de Brock, la euforia con la que Dawn expresó sus ánimos hacia él, fue contagiosa para el ex líder de gimnasio— eres muy importante para nosotros. Siempre estaríamos junto a ti en todo momento—
Ash guardó silencio por otro momento. Sus brazos parecieron temblar nuevamente antes de decir algo más— chicos… ustedes son los mejores amigos que pude haber tenido—
Un par de lágrimas volvieron a ver, pero estás no eran acompañantes de temor y tristeza. Eran las acompañantes de alivio y un profundo sentimiento de afecto hacia sus amigos.
Ash no soltó a ambos chicos de su abrazo. Los quería cerca de él, y ellos se quedarían allí. Después de todo. Eran el mejor grupo de amigos de siempre.
5
Nadie sabía, nadie del grupo que estaba en la ciudad esperando a Ash se había percatado que los estaban vigilando. Alrededor del hotel, y del hospital, había unas cuantas criaturas observando pacientemente todos sus movimientos.
El Rey no tenía rumbo ahora, cuando estaba junto a Ash sabía dónde ir pues el chico era su fuente de información, ahora, desconocía por donde encontrar a su objetivo, Jirachi. Usando algunos de los Pokémon que le quitó a los Ketchum, de los más fuertes, les ordenó vigilar a sus rivales y esperar por una pista que lo condujera al Pokémon deseo, después todo, ellos lo habían estado investigando.
No le importaba esperar demasiado tiempo hasta que encontrará la pista que buscaba. Esperar unos días más, luego de siglos de espera, no importaba.
