Capítulo 27

1

La batalla no concluía, y ambos lados comenzaban a frustrarse por igual. Por un lado, estaban los Pokémon de Ash, Infernape y Staraptor, quienes a pesar de los golpes que recibieron se mantenían de pie y sin intenciones de abandonar la pelea. Pero sus cuerpos, un tanto temblorosos por el cansancio, y con sus respiraciones incontrolables, parecía que exigían un descanso con urgencia, pero ellos insistían en continuar. Para Dawn, sin duda era por influencia del Rey de Pokelantis quien controlaba sus acciones a pesar de no estar presente.

Por su lado, Blasty y Missmion igual parecían cansados. A pesar que Blue y Crystal parecían hacer bien equipo estando juntas, no podían evitar todos los ataques e igual los movimientos que empleaban requería mucha energía y fuerza de sus Pokémon. Aunque la aparición de Ruru, el Gardevoir de Ruby, fue de ayuda para tener ventaja tres a dos, contra ellos, aun así seguía siendo una ardua batalla pues los rivales parecían haber incrementado la intensidad de sus ataques. Parecía que ninguno de los dos bandos parecía tener ventaja para obtener la victoria.

Tanto Blue como Crystal no sabían que esperar, sus Pokémon comenzaban a llegar al límite, pero, de un momento a otro, los dos Pokémon comenzaron a actuar de extraña forma.

Tanto Infernape como Staraptor pretendían lanzar otro ataque, pero ambos Pokémon comenzaron a retorcerse poco a poco como si la energía escapara de sus cuerpos. Comenzaron a producir una serie de gemidos, como si algo estuviera estrujando sus cuerpos y esto les doliera.

Todos se sorprendieron por esto, en lugar de atacarlos, ambos Pokémon se detuvieron por completo, y ninguno dio un paso adelante. El aura oscura que rodeaba a ambos Pokémon pareció comenzar a disminuir poco a poco, como si fuera a dejarlos por completo, y alguien del grupo pensó que esa sería la pequeña ventaja que esperaban para ganar.

—¡Chicas! — llamó la atención de las entrenadoras de mayor edad— ¡Deben atacar ahora!— sin duda, la petición de la coordinadora fue extraña para ambas féminas— ¡Es nuestra única oportunidad de vencerlos!—

Dawn tenía razón. Con ambos Pokémon imposibilitados para defenderse, esquivar o contraatacar, podían usar sus ataques más poderosos para garantizar que queden imposibilitados para continuar luchando.

—¡Blasty! ¡Hidrocañón! —

Debían usar ataques de gran poder, así podrían vencer. Y, aunque significaba mucho esfuerzo para el Pokémon de la enorme coraza en la espalda, era fuerte y aún podía llevar acabo el ataque. Así que, de ambos cañones de su espalda, disparó dos chorros de agua. Fue una gran cantidad, y con tanta presión que cuando cada chorro impactó en cada Pokémon, ambos fueron empujados hacía atrás.

—¡Missmion! ¡Usa Bola Sombra! —

Crystal también ordenó atacar, para evitar que los Pokémon se levantasen nuevamente. Y el ataque de bola sombra se dirigió hacia ellos, y al impactar, pareció una explosión pequeña que levantó una nube de polvo, pero lo suficientemente eficaz como para acabar con sus rivales.

Cuando el polvo se disipó, los Pokémon estaban tirados en el suelo, seguían retorciéndose y el aura oscura seguía disminuyendo, pero seguían conscientes. Si se sumaban los últimos dos ataques, más al cansancio con el que ya contaban, se suponía que sus cuerpos se quedarían en el suelo definitivamente y sus conciencias se habrían desvanecido. Pero ese no fue el caso.

El par de Pokémon se esforzó para volver a erguirse, aunque en sus rostros se notara el sufrimiento causado por sus músculos a punto de reventar. La boca de Infernape se llenó de llamas ardientes de fuego, pero su rostro mostró una mueca de dolor, como si su mismo fuego le estuviese afectando desde adentro. Lo mismo ocurrió con Staraptor, quien batió sus alas para tratar de volver a colocarse en el aire, pero parecía que la energía de Staraptor estaba escasa.

Ambos Pokémon no estaban listos para seguir combatiendo, pero, a pesar de ello, insistían en seguir. ¿Qué ocurría con ellos? Fue la pregunta que todos se hicieron. Era como si se obligaran a levantarse y continuar batallando, o como si los obligaran a hacerlo.

—¡Ruru! ¡Brillo Mágico! —

Ruby fue quien ordenó ahora. Un poderoso ataque, por parte de su Gardevoir, quien despidió un rayo de luz brillante hacía ambos Pokémon. Brillo mágico, era el nombre que Ruby dijo, pero, era un movimiento que ninguno de los otros chicos había escuchado o visto anteriormente. Pero, sin duda era un ataque poderoso, y quedó claro cuando el ataque terminó, y ambos Pokémon quedaron tirados en el suelo, sin posibilidad de moverse. Estaban vencidos.

Todo el grupo quedó aliviado. Finalmente, la batalla había concluido pues los Pokémon de Ash, que estaban siendo controlados por el Rey, habían sido derrotados. Y todo había sido gracias al Pokémon de Ruby, y de aquel desconocido, pero poderoso ataque. Después de todo, ¿Qué se podía esperar de un chico que había viajado por regiones en otro lado del mundo?

—¿Qué fue eso? —preguntó Blue sin esperar una respuesta en concreto.

—Sin duda. Fue el poder del Rey actuando— dijo Brock, puntualizando que la mayoría de los presentes no habían estado frente al Rey de Pokelantis desde aquel primer día. A excepción de una—Dawn ¿así fue cuando lo encontraron en el bosque Verde? —

Dawn asintió—sí, pero, aquella noche el Rey estaba presente. Esta vez, solo fueron dos Pokémon. Quién sabe dónde está él—

—¿Creen que el Rey los esté controlando a la distancia? —sugirió Crystal. quien volvió a voltear a ver los dos Pokémon tirados en el suelo para cerciorarse que no volviesen a levantarse. Aún así, ni ella ni Blue pretendían llamar a sus Pokémon de regreso a sus pokeball.

La pequeña teoría de Crystal podría no ser tan errónea. Al principio, el grupo de chicos creyó que el Rey andaría cerca de ellos y que en cualquier momento haría acto de presencia, pero no fue así. Pero, ahora, si lo que decía Crys era cierto, y el Rey controló a aquellos Pokémon desde una zona lejana y segura para él, podría significar que pudiera enviar más Pokémon a atacarlos, después de todo tenía todos los Pokémon de Ash, Red, Gold y los de Dawn.

—¿Y por qué nos atacaron? —Volvió a preguntar la chica de blusa azul y falda roja— ¿Por qué a nosotros? — Pero nadie supo responderle, solamente podían hacer conjeturas al respecto.

—Nosotros estamos junto a Red, Gold y Ash. no es extraño imaginar que el Rey nos ve como una amenaza igual— volvió a decir Brock. Pero, ante dicha declaración, le hizo pensar a la asistente del profesor Oak en otra teoría.

—Pero la última vez que el Rey supo sobre Ash, fue en el monte Moon. ¿Creen que sepa que Ash sobrevivió a la caída y esté aquí por él? —

Luego de lo que Crystal sugirió, todos comenzaron a hacerse la misma pregunta que ella, y el temor dentro de ellos incrementó. Quizá el que estaba corriendo peligro, realmente era Ash y a ellos solo estaban distrayéndolos para evitar ir tras su ayuda. Pero, aunque el temor por Ash era algo que, a todos, y sobre todo a Dawn, preocupaba bastante, la coordinadora igual tenía que preocuparse por su único familiar presente, pues, ambos Pokémon parecían haber tenido interés en Ruby.

—¿Estás bien? — preguntó la chica de Sinnoh, mientras se dirigía junto a su primo.

Ruby estaba sacudiéndose el polvo de su ropa y quejándose al respecto— ¡Odio las batallas! ¡lo único que logran es empolvarlo todo! —

Dawn sonrió —sí, parece que estás bien—

Ruby sacó su pokédex y la activó— parece que todavía funciona. Quizá el impacto no le afectó—

Habían hecho un desastre en el patio del hotel. Las mesas y sillas estaban tiradas en el suelo. debían dar muchas explicaciones al hotel, de hecho, algunas personas ya estaban en las puertas viendo los resultados de la batalla y esperando haya terminado. Pero, a pesar que los Pokémon estuvieran noqueados, el equipo todavía estaba alerta en el caso de un nuevo ataque sorpresa, pero no esperaban que les llegaría desde el suelo.

Un agujero se abrió en la tierra justo al lado de Ruby, y de dicho agujero salió el pequeño dragón de tierra de Ash. Gible saltó y atrapó la mano de Ruby con su gran boca. Los dientes del Pokémon lastimaron al chico y aflojó el agarre de su pokédex. Gible soltó la mano de Ruby, y este inmediatamente la revisó.

La pokédex cayó al suelo, y Gible la sujetó en su boca. Aunque el ataque volvió a sorprender a todos, no hubo un segundo ataque por parte del dragón, al contrario, este comenzó a retroceder un par de metros hasta que volvió a excavar un nuevo agujero en el suelo para poder irse.

—¡¿Estás bien Ruby?!— preguntó Dawn, preocupada y tan sorprendida como el resto del grupo.

—¡Increíble! — Ruby parecía alterado y molesto por lo ocurrido, y por la expresión de su rostro, parecía estar sufriendo un agudo dolor… pero… —¡Rompió mi guante! — dijo mientras mostraba su mano a su prima. Su guante tenía un agujero provocado por la mordida, pero al parecer su mano solo contaba con un pequeño rasguño pero ninguna otra herida.

Ante la declaración de su primo, Dawn se molestó con él—¡Podrías dejar de preocuparte por eso! ¡Y preocuparte más por su bienestar! —

—¡Se llevó la pokédex! — Crystal llamó la atención de todos —¡Y allí estaba la ubicación de Jirachi! —

—Y si el Rey está en la búsqueda de Jirachi— Brock continuó— quiere decir que Gible va a dirigirse a donde él está para dársela—

No era un ataque al azar o de distracción. Ambos Pokémon tenían un objetivo, el obtener la pokédex con la ubicación del Pokémon deseo. No habían pensado en eso, pero, ahora que lo sabían, debían actuar rápido y seguir al pequeño Pokémon.

—¿Qué estamos esperando? —dijo Blue— ¡Debemos seguirlo! —

Antes que corrieran sin un rumbo en específico, Brock sacó de su pokeball a su Steelix, Pokémon que podría ayudarlos a saber el camino que Gible siguió debajo de la tierra, después de todo, Steelix igual era del tipo tierra, pero también del tipo acero.

Una gran llama de fuego apareció frente a ellos y se levantó de tal forma que pareció un gran muro ardiente. El responsable había sido Infernape, quien, había tenido que esforzarse una última vez para poder emplear un ataque de fuego tan poderoso. Tuvo que esforzar sus pulmones para exhalar de su boca todo ese fuego, y al terminar, cayó al suelo completamente cansado e inconsciente.

Las llamas no fueron un problema por controlar, pero mientras más tiempo pasaban allí, podrían hasta perder el rastro de Gible.

2

El Rey cayó sobre su rodilla, luego de aquel ataque eléctrico, cayendo directamente sobre él. Pikachu y Absol volvieron a colocarse junto a Ash y en posición de alerta para volver a atacar, lo mismo que hicieron Zard y Explotaro con sus respectivos entrenadores.

El malévolo ser estaba estupefacto, no podía creer lo que le estaba ocurriendo. Su cuerpo, aquel que le pidió a Jirachi, comenzó a sentirse extraño, todos sus músculos parecían contraerse y sus órganos quería colapsar. Su nuevo cuerpo estaba sintiendo las consecuencias de haber sufrido un ataque directo.

Sin duda, era muy diferente a cuando tenía el cuerpo de Ash. si sufría un ataque similar, él simplemente volvía a levantarse y sus sistemas volvían a funcionar como si nada, pero ahora, su cuerpo estaba tembloroso, y lo peor de todo, el sentimiento más natural, primitivo y común de la humanidad, comenzaba a surgir dentro de su ser, el miedo. Estaba temiendo por un ataque similar, estaba temiendo a que no lo resistiría como creía que lo haría, estaba temiendo, nuevamente, a desaparecer tan pronto, y por culpa de aquel chico al cual siempre consideró débil de carácter.

Levantó la cabeza levemente, y ante él estaban los tres chicos, y nuevamente, la confianza regresaba a ellos, o quizá nunca se fue. Era desagradable para él, pues debían tenerle miedo, Ash debería estar temblando y dudando, más no lo están haciendo, no le temen.

Queriendo burlarse de ellos y su ingenuidad, se rio. Carcajeándose con fuerza a la vez que trataba de levantarse, queriendo ignorar el dolor que sentía su cuerpo al hacerlo. Pero, no iba a mostrarles eso a sus rivales, sin duda, si lo vieran de esa forma, no le temerían y les daría esperanza de poder derrotarlo.

—Buen truco. Pero ahora…—sintió dolor— es mi turno—

Así como él, los cuatro Pokémon bajo su control también se levantaron, con mucho esfuerzo pues, si bien él controlaba sus voluntades y, con su poder oscuro, los forzaba a hacer lo que ordenase, sus cuerpos debajo de aquella aura oscura se sentían débiles y cansados, y el Rey no sabía cuánto más durarían sus cuerpos antes de quedar inutilizables.

—¡Ya déjalos! — gritó Ash— ¡Los estás lastimando! —

Allí estaba nuevamente, el corazón puro del chico volvía a hacer acto de presencia preocupándose por la integridad de las cuatro criaturas.

—Están esforzándose demasiado— continuó el Ketchum más alto y de mayor edad— ¡a este paso van a llegar a su límite! —

—¡ni siquiera tu podrías ser tan cruel! —dijo Gold. Sus egoístas acciones hacía los demás le habían costado cierta fama, pero todos sabían que su amor hacía los Pokémon superaba aquella faceta del chico.

El Rey sonrió, estaban frustrándose nuevamente, justo como él quería.

—No importa cuánto me ataquen. Volveré a levantarlos y a hacerlos combatir— los cuatro Pokémon se posicionaron justo frente a él— Estás criaturas ahora solo me sirven y protegen, porque yo se los ordeno— dijo, y si, obtuvo las miradas de coraje y odio, que quería, por parte de los Ketchum.

Torterra gritó, para después plantar sus patas sobre la tierra, golpeando el suelo al hacerlo. La tierra comenzó y esto afectó a los Pokémon cerca de él, como Kazam y Zone, estaba usando terremoto. El temblor se aproximaba hacia los Pokémon de los tres chicos con gorras, y al ser un movimiento tipo tierra, sin duda podría debilitar a Pikachu, pero, antes de eso, Zard actuó con rapidez.

El Pokémon de Red se posicionó frente a sus dos compañeros Pokémon, y le dio la indicación a Pikachu y a Absol que saltaran sobre su lomo, lo cual hizo. Después, Zard sujetó a Explotaro por el pescuezo, y aunque esto tomó por sorpresa al Pokémon tipo fuego, luego se dio cuenta que era para librarlo del ataque pues el Charizar comenzó a elevarse, y al ser tipo volador estaba a salvo de los ataques tipo tierra, aunque, quizá Zard todavía guardaba rencor a Explotaro por la batalla que tuvieron junto a sus entrenadores.

El Rey quedó fastidiado, pero debía hacer otro intento, debía ganar tiempo hasta que los otros tres Pokémon que envió con el resto de chicos apareciesen, además, no iba a dejarse vencer fácilmente.

Apenas cesó el ataque terremoto, el Magnezone, quien había caído al suelo, tuvo que levantarse y ejecutar un ataque eléctrico hacía el Zard, si lograba derribarlo en el aire sería más efectivo y el resto de criaturas caerían al suelo vulnerables. Pero el plan no salió como lo esperado.

—¡Pikachu detenlo! —

Pikachu subió a la cabeza de Zard, el punto más alto que podía alcanzar, y después saltó en dirección al ataque eléctrico para que este diera de lleno a él, absorbiendo el poder del ataque y así evitando que impactara en el Pokémon volador. Después, volvió a caer sobre el lomo del Charizard.

El conjunto de Pokémon, reunidos sobre uno solo, se dirigieron hacía los Pokémon del Rey. Zard era un Charizard más grande que el promedio, y también, más fuerte de lo normal, capaz de cargar con todos aquellos Pokémon sobre su espalda y seguir volando como si no cargara con ningún peso. Al estar tan cerca, el Rey volvió a hacer que Torterra atacara nuevamente, usando Roca Afilada.

El suelo volvió a temblar levemente, pero esta vez se partió y de él salieron varias rocas que se elevaron hasta querer alcanzar al Charizard.

—¡Cola de hierro! —volvió a ordenar Ash, pero esta vez a sus dos Pokémon.

Tanto Pikachu como Absol saltaron del lomo de Zard y dieron una vuelta sobre su eje para que sus colas quedaran en dirección a las rocas. Sus colas brillaron como el metal y golpearon con las rocas afiladas, con tal fuerza que las destrozaron y dejaron el camino libre para que Zard continuara con su camino.

—¡Usa Lanzallamas Explotaro! — gritó Gold a su Pokémon.

—¡Tú también Zard! —y Red hizo lo mismo con el suyo.

Zard voló hasta quedar al frente del Rey y su equipo de cuatro Pokémon. Ambos abrieron sus fauces y usaron lanzallamas al mismo tiempo, combinando ambos flujos de llamas ardientes en uno solo que alcanzó a los cuatro Pokémon.

Las llamas eran tan intensas que unas pocas alcanzaron al Rey, teniendo este que cubrirse con el brazo para evitar que abrazaran su cara. Sin duda, el solo hecho de estar sintiendo el intenso calor era mala señal pues quería decir que su equipo Pokémon se debilitaría más. Las cosas no salían como lo había planeado, había tomado una mala estrategia y las criaturas bajo su control comenzaban a debilitarse más, y si llegan a su limite, tal como le dijo Red, y se desvanecen, tendría menos probabilidades de lograr su meta principal de llegar hasta Jirachi. Debía retirarse, pero todavía no había terminado allí, faltaba que los otros Pokémon volvieran. Afortunadamente, para él, uno lo hizo.

Un agujero se formó justo al lado del Rey, y de allí salió Gible y justo entre sus dientes tenía una pokédex, casi como la de Ash. El Rey quedó sorprendido, no era exactamente lo que esperaba, pero sin duda tomó la pokédex roja de la mandíbula de Gible. Al abrirla, mostraba un mapa con un punto rojo, y si, era justo lo que quería, la ubicación exacta del Pokémon deseo.

Sintió alivio, finalmente podría proseguir con su plan, pero igual, podría irse de aquel lugar. No había podido acabar con la existencia de los tres Ketchum como había querido, pero no podía permanecer allí. Con el mapa en sus manos, él sabría a donde ir para encontrar a Jirachi, y el grupo de Ash Ketchum no lo encontraría.

La tierra volvió a temblar debajo de sus pies, y otro agujero se formó en la tierra, pero este era mucho más grande. De dicho agujero salió un enorme Pokémon serpiente hecho de acero y de descomunal cabeza, un Steelix. Sobre su lomo estaba uno de los amigos de Ash, Brock. Había seguido a Gible.

El resto de los chicos llegaron detrás. Dawn y Blue llegaron sobre el Blastoise de la chica mayor, y Crystal llegó junto a otro chico sobre el lomo de su Tropius. Todos habían llegado, pero no importaba. Tenía lo que necesitaba.

3

Le dijeron a Blue que el Rey de Pokelantis era un ser malévolo, rodeado de un aura oscura con el que podía controlar Pokémon. Le dijeron que había poseído a Ash, y luego que se había separado de él con un cuerpo físico aparte. Pero no imaginó que, cuando finalmente lo viera, estaría viendo a dos Ash Ketchum en lados opuestos del campo. De hecho, parecía que nadie allí se lo esperaba.

Todos estaban tan sorprendidos como ella de ver al infame Rey de Pokelantis con una copia idéntica del cuerpo de Ash. lo supo cuando Dawn exclamó, Ash ni siquiera le había dicho a ella la verdadera apariencia del Rey. Era como ver dos facetas completamente distintas del mismo chico.

El Rey tenía la pokédex de Ruby, la que Gible había robado, en las manos. Parecía satisfecho al tenerla y, pronto, su sonrisa se volvió en risa a carcajadas. El Rey estaba rodeado por todos ellos, y los Pokémon que tenía al frente estaban tirados en el suelo casi debilitados, y aún así, parecía no preocuparle en lo absoluto.

Alakazam se levantó del suelo, pero, no parecía ser él quien forzaba a sus piernas a colocarse de pie, sino que parecía ser el aura oscura quien controlaba sus extremidades tal marioneta. Cuando se irguió, levantó los brazos y las cucharas de sus manos comenzaron a brillar. Y, por lo que ya había pasado antes, era obvio lo que el Rey planeaba.

—¡Va a escapar! — gritó la chica de diecisiete años.

Al ver las intenciones de su rival, Ash decidió dar una orden a sus Pokémon.

—¡Pikachu! ¡Impactrueno! ¡Absol! ¡Viento Cortante! —

Y no fue el único en atacar.

—¡Explotaro! ¡Lanzallamas! —

—¡Tú también Zard! —

Los tres Ketchum sabían que era su mayor oportunidad para vencer al Rey, estando él tan débil, así que debían unir las fuerzas de sus Pokémon para evitar que se fuera y vencerlo. Y a esto, se unieron el resto de sus amigos.

—¡Blasty! ¡Hidrocañón! —

—¡Steelix! ¡Poder pasado! —

—¡Tropion llueve hojas! —

—¡Piplup! ¡usa chorro de agua! —Dawn sacó de su Pokeball a su Pokémon tipo fantasma— ¡Froslass! ¡Bola sombra! —

Todos unieron los ataques de sus Pokémon en una amalgama extraña, pero poderosa de ataques para poder retener al Rey de Pokelantis. Incluso Ruby hizo que su Gardevoir atacara usando aquel movimiento al que llamaba brillo mágico, podría no estar al tanto del problema al que debía atacar, pero entendía que en situaciones peligrosas debían recibir el mayor apoyo posible, incluyendo el suyo.

Los ataques combinados fueron directamente hacía el Rey. Al momento de impactar, levantaron una gran y densa nube de polvo, como ya se les estaba haciendo costumbre cada que combatían contra él en conjunto, pero, esta vez, por la intensidad de los ataques combinados, la nube de polvo se expandió hasta alcanzarlos y cubrirlos.

Todos tuvieron que cubrir sus ojos para que el polvo no lastimara sus ojos, y cuando la nube comenzó a disiparse a su alrededor, luego de un largo rato, la oscuridad no permitía ver por completo el punto al cual atacaron. La nube todavía permanecía cubriendo el punto donde estaba el Rey, y todos los chicos no podían estar más tensos esperando ver al Rey, si habían logrado derrotarlo o iba a aprovechar la nube de polvo para atacarlos por sorpresa. Pero, mientras esperaban, la desesperación podía apoderarse de uno de ellos.

—¡Pikachu! ¡Absol! ¡Ataquen otra vez! —

Ash ordenó a sus dos Pokémon atacar de nuevo al mismo punto que antes.

—¡Ash! ¡Detente! —le gritó Red, pero Ash lo ignoró. Por supuesto, entre más atacaba aquel punto, más polvo levantaba e impedía que vieran el resultado final, pero eso no pareció importarle al chico.

—¡Sigan atacando! —

Blue miró a Ash. su ceño fruncido, y mirando fijamente a la nube de polvo. Blue se sorprendió de verle su semblante, lo conocía desde que era un niño y nunca lo había visto con tanto odio en su mirada, odio hacía el Rey y como nunca se había visto antes en él. Su intención al atacar era para cerciorarse que el Rey no tuviera la oportunidad de contratacar, y de ser posible, ni siquiera para levantarse. Jamás hubiese creído que el noble corazón del chico se permitiese tener tanto rencor hacía alguien, a pesar de todo lo que pudiera haber sufrido a causa de alguien más, él nunca sentía un coraje tan profundo y arraigado en su ser, pero al parecer, lo sentía hacía el Rey.

Al ver que no iba a escucharles, sino que, por el contrario, seguiría atacando, Gold y Red decidieron sujetarlo para bloquear sus extremidades y cubrir su boca para que dejara de dar órdenes a sus Pokémon. Y, aunque Ash trató de soltarse, sus hermanos eran más fuertes que él.

—¡Pikachu! ¡Absol! ¡deténganse! —Red dio la orden.

Los dos Pokémon se detuvieron, y voltearon a ver al hermano mayor de Ash. dicen que los Pokémon solo obedecen a la voz de su entrenador, pero, la voz de Ash y la de Red se asemejaban tanto, que ambas criaturas podían confundirlos y de hecho, voltearon a ver confundidos a Red, cuando se dieron cuenta que fue él quien dio la orden.

Sin los ataques de los Pokémon, el polvo finalmente terminó de disiparse, pero cuando pasó, su mayor preocupación terminó siendo cierta. Allí donde atacaron, solo había un gran boquete en la tierra provocado por los ataques combinados, pero no había rastro del Rey ni de ninguno de los Pokémon que lo acompañaban. Kazam había usado Teletransportacion justo a tiempo, antes de ser alcanzado por los ataques.

Ash mordió el dedo de Gold, quien cubría su boca. Cuando Gold sintió el repentino ataque, lo soltó permitiendo hablar al chico.

—Se ha ido. ¡Se volvió a ir! —dijo, sonando eufórico.

Una desafortunada noche. De hecho, una desafortunada noche más. ¿Cuándo sería el día que descansarían de este tormento?